¡Se destapa el pastel!

Besos y abrazos! Gracias por los RW!

LECCCIONES PRIVADAS EN CUIDADO DE CRIATURAS MÁGICAS

Sylvain se sorprendió del fervor con que esa noche atacó a Draco nada más cruzar el umbral de su puerta. Realmente sus hormonas estaban completamente revolucionadas… Todas la peleas y riñas habían sobre estimulado sus instintos, y estaba frenéticamente caliente. No tenía otra descripción. La caída…esa caída había roto algo, una barrera, un freno, la ultima resistencia dentro de él. ¡Sus instintos primarios podían demandar que Draco pelease por él, pero su parte humana ya había tenido más que bastante! ¿Y quién decía que no podía ayudarle un poco cuando la competencia no se atenía a las reglas? Sylvain había tenido que contener los deseos de masticar a Krum, literalmente. O churruscarle un poquito…

Volar juntos, realmente juntos había sido delirantemente exhilarante. Absolutamente fantástico. Y el afrodisíaco más intenso que pudiera haber imaginado. Sabía que sus padres adoptivos se ponían "mimosos" volando juntos, pero no tenía ni idea de que el efecto fuese tan vorazmente achicharrante. Le parecía estar envuelto en una llamarada, y la zona donde Draco le había tocado estaba literalmente ardiendo… parecía imposible que sus escamas no estuviesen derritiéndose bajo tan intenso calor… Cuando Emerald se sumergió bajo el dosel del Bosque Prohibido, tras dejarle finalmente a salvo, su cuerpo y su mente eran un absoluto torbellino de pasión. Por un instante, le tentó la idea de usar su especial giratiempo…pero igualmente, la desechó. No podía hacerlo. Era muy muy arriesgado cambiar el pasado…y objetivamente, ¿era necesario? Draco estaba bien…y eso era lo único importante. Entrometerse sin sentido no le garantizaba que el resultado fuese lo que él deseaba. Todos estos caóticos pensamientos duraron apenas unos segundos, y cuando aterrizó cambiando inmediatamente de forma, Daisy ya había respondido a su último bramido y se materializaba ante él. En apenas unas palabras, Sylvain pidió su escoba y que le volviera a depositar en su asiento en las gradas. Y desde ahí…voló para reunirse con Draco en el perjudicado tejado del palco. Dando gracias a que el trayecto era corto, cortísimo…porque volar con semejante…problema entre las piernas, era dolorosamente incómodo. Cuando se besaron, Sylvain supo instintivamente que ya no había vuelta atrás…Para bien o para mal…Draco era suyo. Y él era de Draco.

Draco había aceptado sin dudas la explicación a la presencia de Sylvain y de su escoba. Realmente, llamar a la elfina para pedirle la Saeta de Fuego no era tan descabellado. Y todo había sucedido tan rápido…que nadie notó la coincidencia de su reaparición con la de la retirada de Emerald. El moreno agradeció a todos los dioses que gracias a su desilusionamiento ninguna foto hubiese captado su salto al vacío. Y que el público cercano hubiese tenido su atención centrada en las evoluciones de los jugadores. La foto de la portada de la edición extraordinaria de esa tarde de El Profeta mostraba a Draco a lomos de Emerald, al igual que otros muchos noticiarios, en distintos ángulos. Corazón de Bruja optó por una instantánea diferente, con Draco lanzando un puñetazo a Krum, y Sylvain separándoles, bajo el titular: "Duelo de buscadores. Un triangulo amoroso". Y un poster central con el pasional beso de reencuentro de los jóvenes sobre el tejado del palco.

Finalmente a solas en sus habitaciones, tras abandonar la enfermería con el brazo de Draco en una ligera férula y cabestrillo además de sus costillas vendadas; Sylvain se enroscó como un pulpo en torno a Draco, tironeando de sus ropas, ignorando lo todo lo demás, los labios firmemente sellados en los del rubio. Sin quejas e ignorando los desgarros que estaba causando en su uniforme, el rubio se deshizo como pudo con prácticamente una sola mano de las molestas ropas, apresando a su vez al moreno contra la pared. Su mano izquierda se deslizó bajo la túnica de Sylvain y este empezó a desnudarse, gimiendo en su boca, mientras Draco tironeaba de su largo cabello rizado con la otra. Nada que no hubiesen hecho antes, pero todo era más vehemente, apresurado e intenso. Con un gruñido, el moreno empujó a Draco hacia su cama, sin dejar de manosearle, notando la dura erección del otro frotándose contra la suya. No tardaron mucho en estar ardientemente revueltos sobre la cama, tan pronto uno como otro adoptando una posición de momentánea dominancia, el cabestrillo desligado e ignorada la extraña molestia de la sujeción que impedía al rubio mover libremente el brazo derecho, las gasas que cubrían su torso o los cardenales que aun adornaban diversas partes de su anatomía. Ninguno de los dos podía prestar atención a esas cosas en aquel instante. Con ojos oscurecidos hasta un tono casi azulado, enturbiados y dilatados por la pasión Sylvain murmuró roncamente, tras haberse situado nuevamente sobre Draco, las manos enredadas en el cabello platino:

-Te necesito tanto…no sé que necesito más, si esto o morderte…

Draco miró en las profundidades de esos inmensos ojos verdosos y tras un nuevo y entusiasta beso murmuró apasionadamente:

-¿Quien dice que tienes que elegir? Puedes tener las dos cosas a la vez…

Y ladeó el esbelto cuello hacia un lado, arqueando sus caderas y enroscando una de sus largas piernas sobre una firme nalga y después entre las piernas de Sylvain, refregándose contra él como un gato en celo. Sylvain retomó gruñendo los besos, enarcándose sin vergüenza igualmente contra el rubio, atenazado entre los brazos de Draco. Con gran cuidado, tras lamer y besuquear su piel en la unión del cuello y el hombro, Sylvain clavó los colmillos en la blanca piel marfileña. La sangre fluyó en su boca, inflamando sus ya estimulados sentidos. Con un sonido entre un gemido y un gruñido, el moreno se incrustó contra la dura erección bajo la suya, sin separar los labios de la piel magullada entre sus mandíbulas. Las sensaciones se multiplicaron y acrecentaron para ambos, y sus embates se volvieron más y más violentos y delirantes. Luchando contra el impulso de mover la cabeza de lado a lado, pateando la cama y aferrándose a los negros cabellos y a los hombros de Sylvain, Draco notó crecer la presión en su interior, mientras un nuevo deseo brotaba en él. Con un salvaje gruñido, el rubio semiveela clavó las uñas en la piel que se le ofrecía y el sutil aroma de una sangre que no era la suya terminó de hacerle abandonarse a los nuevos instintos. Mordió con fuerza en la base del cuello del moreno, hasta que sus dientes rompieron la piel y la sangre se deslizó en su boca. Sylvain se tensó, desencajando la mandíbula, todos los músculos vibrando y con un violento grito ahogado en su hombro, se corrió, desencadenando su propia descarga, en una pegajosa y caliente reacción en cadena. Jadeando el uno contra el otro, y mientras el moreno lamía con cuidado las heridas dejadas por sus colmillos, Draco contemplaba hipnotizado como serpenteantes hilillos de sangre se deslizaban por la sudorosa piel desde la impronta casi circular de la mayoría de su dentadura, demasiado sorprendido por su propia reacción como para entender la fascinación que la visión de la sangrante herida le provocaba. La huella de su mordisco, impresa en el otro, como una marca…Una marca que deseaba ver ahí para siempre…

Saliendo poco a poco de su obnubilamiento, y rodando para situarse semi acostado sobre Sylvain, Draco murmuró:

-Esto…¿esperabas algo así?

Sylvain asintió, y susurró delicadamente:

-Era una más que probable posibilidad, sobre todo teniendo en cuenta que eres en parte veela…Mi propia sangre reclama una prueba tangible…y el mordisco ritual encaja perfectamente para ambos. No es algo realmente vinculante, pero podría llegar a serlo…

Con un suspiro, y deslizando las manos por las vendadas costillas del rubio Sylvain murmuró:

-Es muy tarde…y aun no estás totalmente recuperado. Pero mañana…mañana tendremos todo el día para nosotros, solos los dos.

Draco le besó con pasión, su mano acariciando los desordenados cabellos por detrás de su cuello y se acurrucó satisfecho contra el pecho de Sylvain, su otra mano jugueteando torpemente con las gotas de sangre semicoaguladas en la dorada piel, sus plateados ojos cerrándose lentamente bajo el influjo del cansancio acumulado y las pociones curativas… además de la creciente laxitud tras el brillante sexo. Bostezando, el rubio se durmió completamente confortable, escuchando los latidos del fuerte y familiar corazón.

HP&DM

Después de un decadente y sensual tardío desayuno-almuerzo en la cama, condimentado por sexo… y más sexo, hasta que los ojos de Draco rodaron dentro de sus órbitas en cegadora ola de placer, los jóvenes amantes dormitaron un rato más. El moreno comprobó que Draco estaba recuperado de sus lesiones – los hematomas tardarían en desaparecer, pero no había dolor y sus costillas y brazo solo llevaban vendas y férulas a modo de protección – e insistió en salir fuera. Algo sobre enseñarle algo muy especial. Una vez duchados y vestidos en ropas de vuelo, ambos se deslizaron lentamente sobre las copas de los árboles, Sylvain guiando el camino con seguridad.

Aterrizaron silenciosamente en el viejo lecho seco de un rio, cerca de un pequeño acantilado en el que se veía la boca de una cueva, bajo un parapeto saliente de roca. Draco miró a su alrededor, desconcertado, y pronto sus ojos captaron los pequeños detalles del lugar. Reprimiendo un escalofrío de nerviosismo y excitación. Miniaturizando su escoba y guardándola en sus ropas como Sylvain susurró:

-¿Esa es… su cueva?

Sylvain asintió y comenzó a caminar por el suelo irregular, trepando a la piedra lavada que se extendía por delante de la cueva. Draco olfateó, aguzó los oídos y finalmente siguió al otro, confiando en los más agudos sentidos del otro. El interior estaba oscuro, pero casi seco y con la luz de sus varitas se internaron en la red de túneles sobre un suave piso de arena lavada en el cual eran visibles en algunos sitios las huellas de las pisadas de Emerald. Reprimiendo una vez más el escalofrío que trepaba por su espalda, Draco siguió avanzando, asombrado de estar penetrando en el santuario de un dragón, por amistoso que fuese. Sus sentidos no percibían a nadie más dentro de aquellas cuevas, pero aun así, era algo fuera de lo común. Llegaron a una cámara, una cueva más grande, con las paredes lamidas por el fuego y en la que encontraron una especie de nido, formado por algún tipo de mineral de asbesto de color verdeazulado y aspecto esponjoso, con un huevo.

Draco dilató los ojos y exhaló el aire, atónito. ¡Emerald tenía un nido! Avanzó un paso, sus ojos fijos en la forma oval del huevo que reposaba entre los pliegues del nido y se detuvo súbitamente. La tentación era muy grande pero…no deseaba que la dragona rechazase aquel lugar y tuviese que buscar un nuevo refugio por su intromisión. Con los ojos fijos en el solitario cascarón, Draco murmuró:

-Deberíamos marcharnos…no quiero perturbarla. No sería justo.

Se giró para encontrar a Sylvain unos pasos detrás de él, respirando pesadamente, la cabeza semi inclinada hacia el suelo. Sin alzar los ojos, el moreno murmuró:

-No lo harás.

Alzando la mirada hasta cruzarla con la de rubio, los verdes ojos llenos de angustia y amor, Sylvain susurró:

-Draco…he elegido…te he elegido a ti. Ya sabes que soy una quimera, parte vampiro, veela, mago y…

-…Y algo más.

Murmuró Draco, notando el levísimo temblor en la voz y los hombros de Sylvain, que asintió tragando saliva en silencio. Draco entendió. Sylvain estaba listo para revelarle esa última parte y el orgullo corrió por sus venas. Avanzó un paso y acarició la mejilla del otro, y murmuró:

-Solo si estás listo, Sylvain…

Sylvain denegó y retrocedió un paso, agitando su varita para deshacerse de sus ropas, todas sus ropas, que se doblaron en una ordenada pila en un resalto de piedra en la pared. Draco parpadeó, no es que la idea de sexo en lugares poco usuales no le atrajese… pero el nido de una dragona era quizás demasiado incluso para él. Sylvain estaba ante él, desnudo –a excepción de su portavaritas firmemente atado a su antebrazo- su piel sutilmente dorada coloreada por un delicado rubor y el pelo ocultando parcialmente sus facciones. Aunque no muy en el humor, a juzgar por su ininteresado pene.

-Es una magnífica sorpresa que me hayas enseñado este lugar, pero el resto de esta…conversación…deberíamos tenerla en otro sitio.

Con voz enronquecida por las emociones, Sylvain murmuró:

-Por favor Draco…no quiero…no puedo esperar más. Necesito contártelo todo, aquí y ahora.

Draco iba a replicar, cuando con un gesto, el encantamiento que mantenía ocultos los numerosos ramilletes que Draco le había entregado se canceló, y el rubio contempló sin entender la hilera de flores perfectamente preservadas. Sin alzar la voz, casi inaudiblemente, Sylvain murmuró:

-Yo soy Emerald…y también soy mucho más.

Draco se giró y el moreno bajó levemente la vista incapaz de soportar la mirada del otro y continuó hablando en voz baja, revelando que la otra parte de su ser era una dragona. De cómo había descubierto lo que realmente era años después, de la caja, las cartas y memorias, del complejo hechizo para forzarle a tener una apariencia humana. De cómo sus amigos habían reaccionado ante la verdad…Sylvain se lo contó todo; todo, pero sin dar un solo nombre. Con un suspiro de desesperada resignación, olfateando el shock de Draco, la quimera añadió, dejando que su cuerpo cambiara:

-Y este es el resultado…

Draco contempló como la figura de Sylvain se transformaba. De sus llamativos mechones coloreados –ahora sospechaba que no eran una adicción cosmética- emergieron delicadas astas doradas. Dos enormes alas de dragón recubiertas de escamas temblaron detrás de él, como si su propietario dudase en envolverse apretadamente en ellas. Todo rastro de vello corporal despareció, sustituido por un complejo trazado de escamas de un sutil color verde con múltiples reflejos. Y un flexible apéndice, una larga cola se enroscó en torno a una de sus pantorrillas. El rubio, boquiabierto por un instante, cerró la boca y examinó detalladamente la exótica apariencia de la quimera, que mantenía la vista baja y respiraba agitadamente. Olfateó, impregnándose del nuevo olor, dejando que su nariz procesase la nueva fragancia, que era diferente pero al mismo tiempo semejante a la de su forma habitual. Venteó a su alrededor, catalogando los aromas del lugar, el olor levemente ahumado de Emerald, el leve rastro del familiar aroma de Sylvain en su otra forma…y el más complejo de todos, él más lleno de matices y múltiples facetas, el que desprendía en esta nueva forma.

Los ojos de Draco se dilataron con súbita sorpresa, mientras sus puños se apretaban. Sylvain se estremeció, notando la ira y el shock del otro…y cerró los humedecidos ojos, las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Con el ceño levemente fruncido, los ojos del color del mar en un día de tormenta, Draco avanzó un paso, y otro, hasta estar justo frente a Sylvain. Temblando, sus alas pugnando por cerrase en torno a él como un manto protector, el moreno alzó los verdes y enrojecidos ojos, sofocando un sollozo. Draco agarró con fuerza un mechón de su largo cabello negro, arrancándole un jadeo y forzándole a permanecer mirándole. Dejando ir un gruñido entre los tensos labios, Draco murmuró:

-¿Tienes una remota idea de lo que me has hecho pasar Potter?

Y aplastó sus labios contra los suyos, en un beso brutal y demandante, lleno de pasión y de rabia, de deseo y enojo. Sylvain dilató los ojos con sorpresa, para entrecerrarlos ante la pasión que le devoraba y se abandonó por completo a Draco y a su fogoso beso.

Cuando los pulmones de Draco chillaron dentro de su pecho ante la falta de oxígeno, el joven los ignoró y solo cuando su cerebro amenazó con desmayarse, consintió el joven semiveela en despegar los labios de Sylvain. Para retomar su ataque segundos después. Sylvain parpadeó, semimareado, estabilizándose en los hombros de un violentamente enrojecido Draco. Deslizando un dedo sobre las escamas que cubrían la cicatriz de su frente, Draco murmuró:

-Shh…está bien, todo está bien. Tu secreto está a salvo. Pero era fácil atar cabos con tu historia…y en esta forma resultas más parecido… y tu olor se asemeja mucho más a lo que recordaba.

Sylvain comenzó a llorar, de alivio, de alegría…realmente no sabía muy bien porque, pero las lágrimas brotaron a raudales mientras Draco le sostenía entre sus brazos, murmurando como siempre se había sentido atraído hacia él, sus celos y rabia al no poder tener su atención, su dolor al pensarle muerto, su inmensa alegría por tenerle entre sus brazos. Y entre sollozos, Sylvain confesó que después de descubrir la verdad, toda su vida se había derrumbado como un castillo de naipes. Sus emociones, su sensación de que la verdad era Sylvain, él era real; Harry Potter era una mentira, un elaborado disfraz, un artificio creado para el público. Draco le besó los hinchados ojos, sujetando sus mejillas y murmuró:

-Por supuesto que eres real Sylvain. Entiendo lo que quieres decir, perfectamente. Yo también me deshice de una máscara…aunque me he quedado con mi nombre.

Sylvain rió débilmente, sonriendo entre lágrimas, los ojos hinchados y los labios amoratados de tan vehemente besos. Draco sonrió de nuevo y murmuró, sus oscurecidos ojos llenos de pasión:

-¿Significa esto que vendrás conmigo a Malfoy Manor para Beltane?

El moreno rió con fuerzas, y besando los sonrosados labios murmuró:

-¿Qué tal si pasamos Walpurgis aquí, y Beltane en tu casa?

Abrazándole con fuerza, Draco asintió y murmuró, palmeándole el firme trasero:

-Trato hecho. Y ahora…movamos esto a un lugar más cómodo…No creo que ese asbesto le siente bien a mi piel…y de todas maneras, prefiero una buena cama.

Sylvain rió con ganas, cambió de forma y se vistió a golpe de varita y murmuró:

-Tendré que tentarte en otro sitio pues.

Enlazados de la mano, los dos dejaron la cámara, y Draco dio una última y nostálgica mirada. Apretó un poco los dedos y dejó que los errores del pasado se perdiesen en la nube de su memoria. Era fantástico tener lo que siempre había querido, justo cogiéndole de la mano.