Disclaimer: Inuyasha y todos sus personajes originales son propiedad de su autora Rumiko Takahashi, los tomo prestados para medios recreativos sin fines de lucro.
Safe Haven
Por: Hoshi no Negai
25. En la mira
Era el tercer día consecutivo que Sesshomaru se desvelaba por la sobrecarga de trabajo. Las cosas en la compañía estaban demasiado tensas y la cantidad de reuniones no parecía tener fin después del ataque a los servidores. Los altos mandos estaban muy alterados por esto y era difícil que no cundiera el pánico. Tenían motivos de sobra para creer que sucedía algo turbio en Kyouko No Nishi, pues no todos creían la versión que Sesshomaru había dado: que un tercero había plantado falsa evidencia para incriminar a los demás e iniciar un injusto juicio en su contra.
Su padre, quien se había obligado a creer en las palabras de su hijo, hizo uso de todo su poder para mantener la situación lo más controlada posible. Pese a que sabía lo improbable que era que su empresa tapara asuntos tan sucios bajo sus narices, el escepticismo se incentivó ante la actitud de su hijo mayor. No es que creyera que él tuviera nada que ver, pero sí presentía que sabía más de lo que quería expresar, y que aquellas palabras no habían sido otra cosa más que una excusa para desviar las atenciones. Pero por más que le pidió que se explicara, Sesshomaru se mantenía firme en su versión, alegando su falta de razones para mentir en un asunto tan serio como ese, además de la corroboración de la propia policía japonesa que le daba la razón a su teoría.
Aquella noche se quedó de nuevo hasta tarde, con el fiel Jaken a su lado. Habían tenido otra reunión durante la tarde, pero en lugar Hitomi hacer acto de presencia, envió a dos representantes para que ocuparan su lugar.
No le servía para nada aumentar la sospecha e iniciar una paranoia, pues no era raro que muchos de los citados cedieran sus asientos a representantes, pero no podía evitar hacerlo.
―Señor, nos acaba de llegar el correo del informante ―avisó Jaken. Eran más de las diez de la noche, y el cansancio era bastante evidente en su asistente, quien se había mantenido tan ocupado como él durante los últimos días. Sesshomaru se dirigió a su bandeja de entrada e inició la impresión del documento.
Eran más de cien hojas con los resúmenes de las actividades bancarias de Hitomi durante los últimos tres años, y gracias a sus excelentes contactos entre los auditores, había conseguido una copia de los libros de contabilidad de Kanto Imperial Trading y pasaría los próximos días estudiándolos cuidadosamente.
―¿Has recibido algo de los estudios clínicos?
―Quedaron en entregarnos el perfil mañana en la mañana, señor ―le dijo Jaken, chequeando el expediente de Hitomi en otra empresa de la que era accionista. Apenas podía mantener los ojos abiertos. Tal vez era demasiada carga de trabajo para dos personas, pero no tenía confianza en nadie más para hacerlo. Después de todo aquello no era algo precisamente legal, y las cosas podrían complicarse si se implicaba a un tercero.
El suave zumbido de su celular lo distrajo momentáneamente; era un mensaje de Rin.
Por favor, no te excedas con tanto trabajo. Sé que no me harás caso, pero al menos inténtalo. Y ten mucho cuidado cuando vayas a casa, está alerta por si ves algo raro. Cuídate mucho y avísame cuando llegues, ¿está bien?
Todos los días más o menos a esa misma hora, Rin se encargaba de enviarle un mensaje similar para demostrarle que seguía preocupándose por él. Sesshomaru hacía lo propio respondiéndole algo breve, pues solía llamarla al menos durante unos minutos durante la hora del almuerzo para decirle las novedades y asegurarse de que ella estuviera a salvo.
Desde aquella incómoda pero reveladora conversación, no había podido dejar de darle vueltas a la turbulenta historia de Rin. Todo lo que tuvo que sufrir, la crueldad, el dolor, la desesperanza... un nudo se apretaba en sus entrañas cada vez que se imaginaba pequeñas partes del relato, especialmente cuando añadía sus propias cavilaciones en los detalles más rocambolescos que ella no quiso dar.
Podía volver a sucederle... podían atraparla de nuevo, si él no lo evitaba. Si no atrapaba a Naraku, si no corría su máscara y revelaba su verdadera identidad. Había una razón para que Hitomi se fijara con cínico interés en Rin, había una razón por la que siempre le había dado mala espina. Debía ser él. Tenía que ser él. Y no descansaría hasta demostrarlo.
Le envió un mensaje de texto como respuesta y continuó centrado en lo suyo por un par de horas más, hasta que una ligera tos le llamó la atención. Dándole una rápida ojeada a su asistente, se percató de que tenía los ojos enrojecidos por el cansancio, pero aun así intentaba mantenerse lo más despierto posible.
―Retírate, Jaken.
―¿Señor?
―Puedes continuar en la mañana, no serías útil si te quedas dormido durante las juntas.
―Señor Sesshomaru, le aseguro que puedo continuar. No puedo retirarme cuando hay tanto por hacer.
―Lo harás. Ha sido suficiente por hoy ―espetó contundente, aunque manteniendo la voz suave mientras su mirada seguía estudiando los números. Por un segundo creyó que Jaken replicaría, pero por algún motivo volvió a cerrar la boca y asintió al tiempo que se ponía en pie.
―Como usted diga ―carraspeó. Sesshomaru lo vio recogiendo todo el material que había estado investigando, lo ordenaba y se lo colocaba en una carpeta bajo el brazo. Lo más probable era que continuara revisando la documentación en casa, era tan testarudo y leal que le sorprendería lo contrario―. Hasta mañana, señor Sesshomaru. Que tenga buenas noches.
Taisho lo despidió con un leve gesto y tras un rato más de lectura, siguió sus pasos al igual que su propio consejo. Era frustrante no conseguir nada que lo delatara en ninguno de esos libros o informes, Hitomi parecía tener todas sus cuentas en regla y daba la apariencia de ser un empresario modelo en todos los aspectos. En cuanto encontrase un tiempo libre durante la mañana siguiente se ocuparía de darle un buen vistazo a sus generosas donaciones e investigar las instalaciones que las recibían, pero por el momento tendría que conformarse con sus escasos avances.
Guardó el material en su maletín y emprendió el camino hacia el estacionamiento, encontrándose únicamente con los guardias de seguridad que estaban más que acostumbrados a verlo en el edificio a esas horas. En cuanto llegó a su departamento se permitió soltar un gruñido bajo y preparó algo rápido para su fuerte dolor de cabeza. No le estaba haciendo mucho caso a las peticiones de Rin, pero tampoco tenía tiempo para darse ese lujo. Sólo necesitaba respuestas, fueran cuales fueran.
Tal vez mañana tendría mejor suerte.
...
La rutina de Rin no había cambiado demasiado más allá de las grandes dosis de cafeína que debía consumir para no quedarse rendida sobre el escritorio. Por más que le aconsejaran descansar, se negaba a quedarse encerrada sin hacer nada, por lo que se esforzaba en mostrar su mejor cara a cada paciente para que no notaran ninguna diferencia. Parecía funcionar con ellos, pero Kagome sabía perfectamente la clase de cosas que tenían ocupada su cabeza.
―¿Esperamos a alguien más hoy? ―le preguntó hacia el final de la jornada. La chica negó con la cabeza. Estaba haciendo el cierre contable y poniendo en orden las facturas de los seguros médicos de los pacientes―. Pasa un momento conmigo, por favor. ¿Cómo te sientes?
―Si no fuera por el café, creo que estaría muerta ―bromeó para aligerar la tensión mientras se sentaba. Ben se quedó afuera mordisqueando un juguete―. He estado mejor, pero... también he estado peor.
―Sango me cuenta que casi no estás durmiendo.
―Es algo difícil conciliar el sueño. No puedo dejar de pensar en lo que puede pasar ahora.
―¿Es por Sesshomaru? ¿Has estado hablando con él?
―Muy poco, sólo llamadas cortas o mensajes de texto. No quiero molestarlo, siempre está demasiado ocupado.
―No creo que le moleste que quieras hablarle.
―Yo tampoco, pero prefiero que haga sus cosas sin que esté distrayéndolo a cada rato ―respondió incómoda―. Me preocupa mucho dónde se está metiendo, y aunque le pida mil veces que no continúe, sé que no me hará caso. Por eso espero que no encuentre nada y no tenga necesidad de seguir buscando.
―¿Prefieres que dé con un callejón sin salida en lugar de encontrar algo útil?
―Sí ―dejó salir un suspiro y se encogió un poco―. Si el tal Hitomi es Naraku y se entera de que Sesshomaru está metiendo la nariz en sus asuntos... ―negó con la cabeza con un escalofrío―. Créeme, es mejor que esté lo más lejos posible de la verdad, que esté equivocado y se dé cuenta a tiempo. Naraku puede hacerle la vida imposible sólo por diversión; ya lo está haciendo. Pero... ¿y si Sesshomaru acierta? No quiero ni imaginar lo que podría pasarle...
―Estás viendo todo esto desde un ángulo muy fatalista, Rin ―comenzó Kagome, pero la menor la detuvo sacudiendo una mano.
―Sé de lo que estoy hablando, Kagome. Lo que hemos visto ahora es como... el acto de entrada. Los hostigamientos por correo no son nada en comparación a lo que puede llegar a hacer. Después de ver lo que le hizo a Kagura durante años; su propia hermana... ¿qué podría hacerle a alguien más que puede dejarlo en evidencia?
―Deberías decírselo a Sesshomaru.
―Lo intenté. Lo he estado intentando durante meses desde que comenzamos a salir, incluso se lo dije mientras le contaba mi historia. Pero no escucha, cree que es intocable... pero no lo es ―cerró nerviosa los ojos―, nadie lo es.
―¿No le puedes decir a Sango lo que está haciendo? Quizá si la policía interviene...
―Dudo que lo que Sesshomaru está haciendo sea legal. Me parece que está sacando información de Hitomi que se encuentra fuera del alcance público, y eso puede meterlo en más problemas de los que ya tiene.
―Pero Miroku sabe lo que está haciendo, ¿no es así? Fue él quien habló con Sesshomaru y le pidió su ayuda.
―Sesshomaru ya se la dio. Le pasó todo lo que era legalmente posible darle y escuché cómo el señor Miroku le advertía que se detuviera. Pero sé que él no parará tan fácilmente.
―Sí, los Taisho suelen ser extremadamente tercos en ese aspecto ―Kagome resopló levantándose un par de mechones del flequillo―. Pero tienes razón, Naraku es un tipo peligroso y lo mejor es que nadie fuera del cuerpo policial se involucre en el caso, sin importar las buenas intenciones que pueda tener. Tienes que hablar seriamente con él.
―No me escuchará.
―Debes seguir insistiendo hasta que lo haga. Si alguien puede convencerlo de algo, ésa eres tú. Al igual que estás preocupada por él, Sesshomaru también está preocupado por ti, por eso no se detiene. Y por esa misma razón debes sentarte a decirle todas tus preocupaciones cara a cara. Aunque esté trabajando, hará un espacio para ti.
―¿Eso crees? Está tan ocupado que apenas puedo llamarlo por unos instantes, y los mensajes que le envío siempre los responde muy tarde.
―Rin, Sesshomaru te adora. Si necesitas hablar con él sólo debes decírselo.
La muchacha apenas se sintió sonrojar. Estaba demasiado intranquila como para pensar en otras cosas. Kagome alcanzó el celular que Rin había dejado a un lado cuando se sentó en el diván y se lo extendió.
―Llámalo y acuerden un encuentro, aunque sea de unos minutos. Tienes que hablar con él.
Tomó el teléfono y asintió. Era cierto, necesitaba hacerlo entrar en razón antes de que fuera demasiado tarde. Marcó su número y esperó a que el tono de llamada terminara.
―Debe estar en una reunión ―musitó al finalizar el tercer intento, frunciendo el entrecejo―. Le dejaré un mensaje para que me llame en cuanto pueda, quizás tenga suerte y podamos vernos mañana. O mejor dicho... ¡Al diablo! Voy ahora mismo a esperarlo, no me importa cuánto tarde o si tengo que quedarme toda la noche en Kyouko No Nishi.
―Ésa es la actitud ―asintió la psicóloga, contenta de que su paciente decidiera tomar las riendas del asunto. Estaba segura de que con Osuka haciendo guardia no habría ningún problema―. Avísale a Sango y a Miroku si decides quedarte allá hasta tarde.
―Claro ―asintió al tiempo que Kagome iba al área de espera a atender el teléfono. Debía ser algún paciente solicitando información a última hora, como siempre.
Rin prefirió decirle la verdad a Miroku con una corta llamada, puesto que Sango no estaba demasiado enterada de las ilícitas actividades de Sesshomaru y era mejor que se mantuviera así por el momento. Sin embargo, después de contar con la aprobación del marido de su amiga, procedió a dejarle saber a la detective de su iniciativa, al menos de manera parcial. Se acercó a la recepción cargando el bolso de Kagome para ir cerrando el consultorio de una vez.
―¿Y bien? ―quiso saber la psicóloga una vez se acabó la llamada.
―No estaba muy contenta, pero quedó en avisarle a Osuka y al detective de guardia para que me escoltara hasta allá. Me pidió que no demorara más de dos horas.
―Es mejor que nada. ¿Apagaste la computadora al salir?
―Eh... no. Hablaba con Sango y se me olvidó.
―No pasa nada ―en ese momento el teléfono volvió a sonar mientras Kagome encendía de nuevo la luz de su consultorio―. Debe ser la persona de antes, creo que se le cayó la llamada hace un momento.
―Voy ―se llevó el aparato al oído y compuso su voz de recepcionista. Le era imposible sonar normal si hablaba por ese teléfono―. Buenas tardes, consultorio de la doctora Higurashi, ¿en qué puedo ayudarlo? ¿Hola? ―esperó un momento. Sonaba algo de interferencia. Rin apretó los labios al intuir quien podría estar al otro lado de la línea. Sin embargo, tratando de sacudirse aquella críptica idea, se forzó a continuar. Podía ser un paciente―. Disculpe, ¿me escucha? Creo que debe tener algún problema, suena...
―Hola, pequeña bailarina.
La sangre se le heló en el acto y todo su cuerpo se tensó. Esa maldita voz...
Ben tuvo que sentir su súbita subida de adrenalina, puesto que soltó su juguete y se puso en pie, tenso.
―¿Qué tal el trabajo hoy? ―continuó aquella voz grave y susurrante―. Apuesto a que no te diviertes tanto como antes. ¿No prefieres regresar conmigo?
―Lista para irnos ―apareció Kagome por el umbral del consultorio. Pero su rostro deshizo la tranquilidad que llevaba para darle paso a la alerta. Sólo tuvo que ver los ojos desorbitados de su amiga para saber qué estaba escuchando. Sin perder el tiempo, le hizo una seña antes de marcar el número de la detective.
Rin estaba a punto de entrar en un ataque de pánico, pero sacó valor de donde no sabía que tenía y compuso unas palabras de respuesta. Sabía lo que tenía que hacer.
―En tus sueños.
―Oh, ¿por qué a la defensiva? ¿No me has extrañado en todo este tiempo? Sé que no soy Onigumo, pero de todas formas somos buenos amigos, ¿no?
―No estoy tan indefensa como antes, no puedes llegar a mí.
―No, no lo haré. Serás tú quien venga a mí.
―Ya quisieras ―Rin no permitió que su voz temblara, pese a que el resto de su cuerpo se sacudiera sin control. No sabía si aquello era miedo o rabia, y poco podía importarle.
―Es lo que quiero. Y tarde o temprano, lo que tendré ―aseguró la calmadamente voz. Rin vigilaba el segundero de su reloj rogando para que pasara rápido el minuto. Le dio una mirada a Kagome, quien había comunicado la situación a Sango y el equipo de la comisaría ya debía estar rastreando la llamada en ese momento. Sólo debía mantenerla en línea un poco más.
―¿Lo que tendrás? ¿Cómo estás tan seguro de eso?
―Sólo espera, bailarina. Espera y escóndete tras tus buenos amigos. Como esa linda doctora con la que estás. Me gustaría conocerla. Tan comprensiva y amable, debe ser una amiga incondicional. Sería una pena que algo le ocurriera, ¿no crees? ―la respiración de Rin se cortó de golpe y su corazón comenzó a bombear con una fuerza dolorosa. Casi pudo verlo sonreír cruelmente ante su mutismo―. Tomaré eso como un sí. Hasta luego, pequeña bailarina. Sé paciente.
―¡E-espera! ―gritó intentando hacer más tiempo―. Dime lo que quieres que haga y lo haré, ¡pero no te atrevas a meterte con ella!
Hubo unos escasos segundos de silencio hasta que Naraku finalmente habló:
―¿Intentando cumplir el minuto para que me rastreen? Qué pena. Casi lo logras.
Y colgó.
Separó el auricular lentamente de su oreja y lo observó con ojos desorbitados y cristalinos. Según la pantalla digital debajo de la bocina, la llamada había durado 48 segundos. Sus manos temblaban y ni siquiera consiguió colgar apropiadamente el aparato. Tuvo que aferrarse al escritorio para que sus piernas no cedieran ante su peso. Ben soltaba agudos lloriqueos mientras restregaba la cabeza en sus caderas para distraerla.
―¿Qué te dijo? ―se acercó preocupada Kagome. Rin levantó el aterrado rostro hacia ella.
―Cierra la puerta ―dijo rápidamente, haciendo su mayor esfuerzo para no entrar en pánico―. ¡Ahora, pásale llave!
Kagome no perdió el tiempo y en lugar de cuestionarla, corrió a buscar las llaves en su bolso. Rin apagó las luces de la recepción y le indicó que fueran hacia el consultorio, cerrando la puerta con seguro detrás de ellas. A la doctora no le dio tiempo de enterarse exactamente de lo que pasaba, pero podía hacerse una idea muy clara. La más joven se apresuró en llamar a Sango.
―Sango, esto es malo.
―Lo sé. Cierren las puertas y no se muevan, le avisaré a Aikawa.
―Por favor, que no se demore.
―Estará ahí en un minuto.
―Gracias, Sango ―finalizó la llamada y al ser incapaz de soportar el temblor de sus piernas, se sentó en el diván, con Ben apoyando la cabeza en sus rodillas, como siempre hacía cuando su dueña estaba especialmente nerviosa.
―Rin... ¿qué te dijeron? ―Kagome tomó su correspondiente puesto, inclinándose un poco para verla a la cara. Sus ojos seguían excesivamente abiertos.
La chica levantó la vista hasta su amiga, recordando las burlonas palabras de Naraku mientras examinaba sus preocupados ojos azules. Debía decirle, no podía quedarse callada para protegerla, necesitaba que estuviera tan alerta como ella de ahora en adelante.
―Te mencionó, Kagome ―reveló en un susurro―. Sabe que estamos juntas aquí...
El rostro de la doctora palideció al momento que se balanceaba ligeramente hacia atrás. La barbilla de Rin se arrugó al distinguir el miedo en sus facciones y no pudo ocultar el sollozo que había estado reprimiendo desde que Naraku colgó la llamada.
―Sabíamos que era una posibilidad― Kagome avanzó con toda la calma de que era capaz―. ¿Cuáles fueron sus palabras exactamente?
―Que esperara y me escondiera tras mis amigos. Como la... doctora con la que estaba, una amiga incondicional y que sería una pena que algo te pasara. Dijo que era cuestión de tiempo para que yo fuera con él...
―Está fanfarroneando, Rin. Busca asustarte, como siempre. No puede hacer nada con tanta vigilancia que tienes encima.
―Naraku siempre encuentra la manera de saltarse todo... y ahora tú estás en su mira, Kagome. Santo cielo... ―se cubrió la cara con ambas manos. Ben soltó un lamento y se removió intranquilo.
―No dejes que esto te supere. Que me haya mencionado no significa nada, es sólo su manera de aterrorizarte.
―¿Que no significa nada? ¡Kagome! ¿Tienes idea de lo que estás diciendo? ―saltó ella de repente, respirando tan fuerte que su pecho subía y bajaba a gran velocidad―. Sabes muy bien de lo que es capaz ese tipo, ¡no puedes decirme que no me lo tome en serio!
―No te digo que no te lo tomes en serio, sino que lo tomes con calma ―espetó manteniendo un tono firme. Rin abrió la boca de nuevo para reclamarle, pero la doctora la detuvo alzando una mano a centímetros de su nariz―. No digas nada. Mírate cómo estás, te va a dar un ataque de pánico. Respira lentamente, cuenta hasta diez y exhala. Vamos, empieza. No hablaré contigo si todo lo que haces es gritar.
Los puños de la joven se cerraron, pero acató las órdenes apretando los dientes antes de iniciar las respiraciones guiadas por la psicóloga. Mientras tanto, Kagome se levantó y fue a traerle un vaso con agua del anexo de la cocina.
―Si estamos en peligro de nada serviría que te desmayaras o actuaras ciegamente. Te necesito tranquila ―cerró la mano en su muñeca para tomarle el pulso y hasta que no estuvo satisfecha no le permitió detenerse―. Mejor.
Justo entonces escucharon una animada melodía. El celular de Rin mostraba una llamada, pero fue Kagome quien lo tomó.
―Entiendo. Ya vamos, gracias. Aikawa está en la puerta, nos escoltará de ahora en adelante ―le extendió el celular, que Rin guardó en su bolsillo. Antes de salir del consultorio asomó la cabeza cuidadosamente, y hasta que no reconoció la silueta de la policía detrás de la puerta de vidrio no accedió a salir.
―Buenas tardes, Noto, doctora Higurashi. He visto la vía despejada por el momento, así que no hay peligro ―las saludó la mujer, de nuevo ataviada en su atuendo de civil. Las tres mujeres y el pastor alemán se pusieron en marcha, sin intercambiar muchas palabras, hasta el auto aparcado. Rin y Ben ocuparon como siempre el asiento trasero mientras Kagome hacía lo propio en el del copiloto, reanudando la escasa conversación con la agente que iba al volante.
―Kagome... ¿El señor Inuyasha llegará muy tarde hoy? No me gustaría que te quedaras sola ―le preguntó cuando estaban arribando al edificio.
―Ya le pedí que saliera temprano. De cualquier manera me quedaré con unos vecinos mientras tanto, no te preocupes.
―Ten a mano el teléfono en todo momento, ¿está bien? Y no salgas de la casa de tus vecinos hasta que llegue el señor Inuyasha ―instó angustiada, pero luchando por mantener la calma.
―Eso haré. Estaré escribiéndote ante cualquier cosa, y a Sango también. Aunque dudo mucho que pase algo.
―Nunca te lo tomes a la ligera, por favor ―musitó, negando con la cabeza. Aún sentía escalofríos y dudaba que fuera a perderlos en algún momento―. Las amenazas de Naraku siempre se cumplen tarde o temprano.
―Lo sé ―aseguró la psicóloga viéndola por el espejo retrovisor―. Sé que hay que tener cuidado con ese sujeto, pero me refiero al tiempo. Acaba de mencionarme, es muy pronto para que llegue más lejos que eso. Primero debe atemorizarte, después continuará el hostigamiento y ya más adelante intentará hacer algo más osado. Creo que estoy a salvo por ahora.
―De cualquier manera la estación ya está al tanto de esto, Higurashi ―aseguró Aikawa con tono firme―. Haremos unas rondas y aseguraremos un perímetro para evitar cualquier percance.
―No la tendrán muy fácil ―concluyó Kagome para tranquilizar a su paciente. No tardaron mucho más en alcanzar el complejo de apartamentos, donde la doctora le indicó como siempre que abordara el puesto del copiloto. Rin le pidió a la agente que no se marcharan hasta que Kagome les avisara que ya estaba con sus vecinos, y no fue hasta que recibió su mensaje tres minutos después que se dio el lujo de regular la forzada respiración.
―¿Vamos a la estación, verdad? ―cuestionó mientras dejaban atrás el edificio.
―Así es. No podemos dejarte sola ahora, el lugar más seguro para ti es la comisaría.
―¿Saben...? ¿Saben si Naraku llamó a alguien más? ¿Se contactó con Sesshomaru, tal vez?
―Por ahora no hemos recibido aviso de más movimientos de su parte, así que puedes relajarte.
―Ojalá pudiera... ―suspiró al encogerse en el asiento. No quería que todo volviera a comenzar, no quería que las cosas empeoraran y las personas que amaba sufrieran las consecuencias, pero... ¿qué más podía hacer que advertirles? ¿Cómo podía detener a Naraku cuando la misma policía japonesa tenía tantos problemas para mantenerlo a raya?
Apretó el celular en sus manos tras enviarle un nuevo mensaje a Sesshomaru: Te lo ruego, no investigues nada más de ese sujeto. Por favor. No te involucres más, deja las cosas como están. Debía estar ocupado todavía, pues aún no había ni leído el que le había enviado antes. Sin embargo, pese a que prefería llamarlo, le escribió de nuevo para decirle lo que acababa de ocurrir en el consultorio, añadiendo de nuevo sus preocupaciones por él y lo mucho que necesitaba detener su investigación a Hitomi. Podría estar en lo cierto, podría equivocarse, pero... si la persona incorrecta se enteraba de sus movimientos, sin importar lo lejos que estuviera de alcanzar la verdad, podrían tomarlo como un objetivo mucho más serio y...
No puedo pensar en eso ahora. No quiero ni imaginarlo.
Una jaqueca comenzaba a cernirse sobre ella para cuando arribaron a su destino varios minutos después. Apenas le prestó atención al camino mientras recorrían la ya muy conocida estación hasta llegar al piso correspondiente. Aikawa se despidió de ella en la pequeña área de recepción del departamento, donde se reunió con sus compañeros que le hacían señas de reconocimiento.
Rin sólo tomó asiento en las sillas metálicas, con Ben fielmente posado a su lado. Mantenía el teléfono entre las manos sin perderlo de vista, con el corazón en vilo esperando recibir las tan acostumbradas malas noticias.
Durante el tiempo que siguió se quedó muy quieta y callada, con la jaqueca aumentando al igual que el nudo que sentía en la boca del estómago. No había sucedido nada relevante con Kagome. Su último mensaje decía que Inuyasha ya estaba con ella y ambos estaban bien. Ignoraba si la psicóloga pondría al tanto de la situación a su marido, y era algo en lo que por el momento prefería no especular demasiado. Ahora que su amiga estaba a salvo, sus preocupaciones se centraron más bien en lo que pasaría en los próximos días, intentando hacer un esquema mental del paso a paso en el acoso de Naraku a sus amigos en Kioto. ¿Seguiría el mismo patrón o se arriesgaría a hacer algo más osado?
¿A qué se refería al decir que sería ella quien iría hasta él? ¿Qué podría hacer para que prefiriera el terrible destino que le aguardaba en sus garras a su tan ansiada libertad, por más estrangulada que fuera?
Tenía demasiado miedo de pensar en ello.
―Hola, Rin ―Sango llegó a su lado con una taza de humeante té en las manos. La chica la aceptó, pero no fue capaz de beberla―, ¿cómo te encuentras?
―Como es de esperarse ―respondió ásperamente. No quería ser grosera, pero tenía los nervios demasiado descontrolados como para cuidar sus modales―. ¿Pudieron localizar la llamada?
―No, la señal se cortó justo antes. Aunque sí pillamos parte de la conversación ―compuso una mueca de desprecio―, qué sujeto más...
―Desagradable.
―No era la palabra que tenía en mente, pero sí ―se encogió de hombros, tomando asiento a su lado mientras soltaba un suspiro. Parecía tan o más frustrada que ella por todos los callejones sin salida que resultaban ser aquel caso―. ¿Has hablado con Kagome?
―Ya está en casa con el señor Inuyasha, si no me ha escrito es porque está bien.
―¿Y con Sesshomaru? ¿Te está esperando?
―No ha respondido todavía mis mensajes, debe estar muy ocupado.
Sango le dedicó una rápida mirada frunciendo levemente los labios.
―¿Qué es lo que está haciendo realmente Sesshomaru? Miroku me dijo que le ayudó pasándole información de un tal Hitomi, pero tengo la impresión de que no se quedó solamente con eso. Debe haber un motivo por el que quieras ir a verlo tan urgentemente, ¿o me equivoco?
―Estoy preocupada por él, es todo. Después de lo que pasó con Kagome... ¿y si él es el próximo?
―Querías ir con él antes de que recibieras esa llamada ―apuntó inteligentemente Sango, evadiendo su falsa inocencia―. ¿Está pasando algo que no me quieres contar?
Rin contuvo el aire un segundo antes de desviar la mirada. Con eso ya le había dicho más que suficiente.
―No quiero que se meta en problemas.
―¿Con quién, con Naraku o con nosotros?
―Con ninguno ―gruñó en respuesta.
Sango imitó a Rin y retuvo el aire por un tiempo para después soltarlo en un prolongado resoplido. La muchacha casi podía palpar el monumental sermón que le esperaba.
―¿Osuka está al tanto de lo que hace Sesshomaru?
―Eh... no lo sé. Ni siquiera yo sé exactamente qué está haciendo, pero lo intuyo. Por eso estoy tan preocupada.
―Me pondré al tanto con ella para que le preste apoyo. Si va a meterse en algo turbio, al menos que lo haga con una experta en la materia ―musitó un tanto inexpresiva mientras sacaba su celular del bolsillo y lo activaba.
―Ya le he pedido que se detenga, quizás...
―Pero sabes muy bien que no se detendrá hasta conseguir algo ―señaló enarcando una ceja―. Es un tipo astuto y de muchos recursos, pero no está de más darle algo de ayuda profesional, ¿no crees?
Rin le miró extrañada y hasta escéptica. ¿Aquella era la misma Sango que siempre le daba pláticas interminables de seguridad y le recordaba las cláusulas de confidencialidad a las que estaba sometida?
―¿No lo vas a delatar?
―En lo que a mí respecta, Osuka está a cargo de una investigación en solitario sobre un sujeto que encontró sospechoso. Taisho sólo ayudó a corroborar sus sospechas y brindó la información inicial.
La otra quedó sorprendida por la simpleza con la que Sango había resuelto todo, sacando del fuego a Sesshomaru como si nunca hubiera estado implicado en primer lugar.
―¿Por qué? Pensé que como civil no debía intervenir, sabes lo arriesgado que es.
―Claro que lo sé, pero también sé cuándo una pelea está perdida. Los Taisho son famosos por su terquedad, llevo diez años de amistad con Inuyasha como para comprobarlo y sé que su hermano es incluso peor. Le daré mi advertencia y haré que Osuka se encargue de ahora en adelante, pero francamente, no tengo forma de detenerlo si quiere continuar por su cuenta. Además... ¿para qué meterlo en más problemas de los que ya tiene? No soy tan cruel para exponerlo.
―Wow, Sango... ―parpadeó sorprendida. No se había esperado tanta solidaridad de su parte, no en un tema tan serio por lo menos―. No sé qué decir. Te lo agradezco.
―Suena como si creyeras que iba a denunciarlo a la Interpol. Sé que soy estricta, pero tampoco es para tanto.
―Tú lo has dicho, eres muy estricta. Jamás imaginé que lo apoyarías de esta forma. A decir verdad, siempre pensé que Sesshomaru te caía mal.
Sango soltó una pequeña risa y negó con la cabeza como si le hubiera contado un chiste.
―Qué va. Intenté ser firme con respecto a él, y me frustra saber que no funciona. No sabes lo estresante que es tener a un civil metiéndose en asuntos delicados, y más cuando es alguien como él.
―Creo que puedo hacerme una idea ―cabeceó Rin formando una mueca―. De todas formas voy a seguir insistiéndole para que deje de hacer lo que sea que está haciendo. Tengo miedo de que, aunque sea una casualidad, investigue a la persona correcta y ésta se entere. Sé que es un tiro en la oscuridad, pero...
―Claro, la duda siempre estará. A todo esto, ¿quién es ese Hitomi? Todo lo que me dijo Miroku cuando le pregunté fue que Sesshomaru había tenido mala espina de este sujeto y quería descartarlo.
―Bueno... algo así ―asintió sin estar muy convencida. Seguidamente procedió a narrarle todas las conclusiones que habían sacado el señor Miroku, Sesshomaru y ella aquella madrugada unos días atrás con respecto a las extrañas coincidencias. Ahora que se lo relataba, daba la impresión de estar exponiendo más bien una teoría conspirativa, encontrando pistas sólo porque sí y forzándolas a encajar. En cuanto terminó, la detective permaneció pensativa antes de dar su veredicto.
―Sí, parece ser algo muy vago. Son coincidencias muy... ¿cómo decirlo? Mundanas. La altura, el color de ojos, la sensación... y a todo esto, que a Sesshomaru nunca le cayó bien. Pero si fuera por esto último, tendríamos miles de sospechosos más porque es raro que a él alguien le agrade ―roló los ojos, arrancándole una sonrisa involuntaria a Rin. No se equivocaba―. Sin embargo... ¿quién sabe? Nunca hay que ignorar el sexto sentido ni un instinto tan básico como reconocer una buena o mala persona. Osuka y Sesshomaru encontrarán la respuesta tarde o temprano, sea cual sea. Si nos ayudan a descartar a alguien, excelente. Y si resulta estar en lo correcto... habrá que darle una medalla a su instinto, supongo.
Rin ablandó su preocupado semblante ante la asombrosa presteza con la que Sango se estaba tomando todo el asunto. Siempre creyó que pondría el grito en el cielo en cuanto se enterara, pero era muy reconfortante contar con ella en una situación que la traía tan angustiada. En circunstancias normales no lo habría dejado pasar, estaba más que segura. Aquella era una prueba del grado de presión y estrés al que se hallaba sometida.
―¿Te encuentras bien? ―quiso saber al verla algo ida en sus pensamientos segundos después. Lo que creyó que era un momento que se había tomado para recibirla en la comisaría, ahora le parecía más bien un corto receso para despejar un poco su mente. Aunque a juzgar por su expresión ausente podía imaginar que le costaba desconectarse.
―A veces no es tan fácil como me gustaría creer ―admitió finalmente―. No me gusta que las cosas se estanquen, que no haya respuestas o que todo parezca estar en contra. No quiero que esto tome más tiempo del que debería... de hecho, me encantaría que terminara ahora mismo, pero no siempre disponemos de esas posibilidades de nuestro lado. Supongo que me siento impotente por no poder hacer más.
―Pero tú no puedes controlar esto, haces todo lo que está a tu alcance.
―Es lo mismo que te decimos nosotras cada vez que algo pasa ―comentó irónicamente―. No me había dado cuenta de lo duro que es escucharlo.
―Oh, sí, apesta que te lo digan porque igual siempre sentirás que es tu culpa, aunque no lo sea.
Sango levantó la cabeza y le dio una pequeña y triste sonrisa. Sus ojeras eran bastante evidentes, además de la palidez de su rostro que le hacía ver ligeramente enferma. Aquel caso la estaba desgastando bastante, y de nuevo el remordimiento de Rin se hizo presente a pesar de lo que acababa de decir.
―¿Te queda mucho tiempo aquí?
―Me temo que sí, lo siento. Y Miroku está fuera esta noche, tendrás que quedarte por unas horas más.
―No te preocupes.
Alguien tuvo que haberle hecho a Sango algún gesto que Rin no llegó a ver, pues la detective se puso rápidamente en pie, recuperando su semblante profesional para volver a su puesto. Chequeó la hora en su teléfono celular, y sacó su billetera del bolsillo interno de su chal policial.
―¿Tienes hambre? Tenemos máquinas expendedoras en el comedor que no están nada mal. O si quieres le digo a alguien que vaya al restaurante que está a unas cuadras para que te compre algo.
―No, no, tranquila, las expendedoras están bien. No tengo mucha hambre, pero sí me gustaría darle de comer y beber a Ben.
―De acuerdo. En esta estación no tenemos perreras ni kennels, pero creo que debemos tener platos de comida por algún lado. ¿Está bien si come algo de la expendedora? ¿No le hará daño?
―Qué va, tiene un estómago de acero. Carne y arroz sin mucho condimento estará más que bien, sólo será por hoy.
―Le diré a Mugeno que te acompañe, ¿de acuerdo? Toma, compra lo que quieras ―le extendió la billetera de cuero vino tinto, a lo que Rin alzó las manos en negación.
―Sango, por favor, tengo más que suficiente conmigo.
―Es lo mínimo que puedo hacer ―le dijo sin bajar el brazo. Rin volvió a sacudir la cabeza.
―Ya estás trabajando más de lo humanamente posible para atrapar a este desquiciado. Además, ¿sabes la responsabilidad que es guardar la billetera de alguien más? Una vez perdí la de mi madre y fue horrible. Mejor no te arriesgues, las cosas se me pierden muy fácil.
La detective resopló con una sonrisita y accedió finalmente. Le indicó que esperara hasta que su colega la llevara al comedor ―era bastante reticente a dejarla deambulando sola, aunque fuera en la misma estación policial―, tiempo que la chica aprovechó en dedicarle atención a su perro. Le pediría al oficial que también la acompañara al estacionamiento o algún área exterior por si Ben tenía que hacer sus necesidades.
Sango regresó un par de minutos después en compañía de un hombre... interesante.
―Rin, este es el agente Mugeno, irá contigo al comedor o a cualquier lugar que necesites dentro de la estación ―señaló. El sujeto era delgado, apenas un poco más alto que Sango, bastante pálido y... bonito. Pero en el sentido de lo bien presentado que iba: ropa impecable y ligeramente más llamativa que la normal comparando el lugar en el que estaban, pelo bien peinado, labios delineados con pintura roja y, si no se equivocaba, una discreta dosis de maquillaje en los ojos.
En líneas generales no podría importarle menos el estilo de otra persona, pero por cómo se veía... le recordaba un poco a Jakotsu, el camarada de Mukotsu que se encargaba de reclutar mujeres de otros países haciéndose pasar por un agente de farándula.
O quizá se me hace parecido porque ambos son gay y los gay suelen vestirse más o menos igual, razonó intentando no sentirse paranoica.
―Un gusto conocerlo ―se apuró en decir, apenada por si se había notado su titubeo. Mugeno le devolvió la cortesía con una reverencia. Su voz era suave, calmada y con un peculiar acento femenino.
―El gusto es todo mío. ¿Adónde quieres ir primero? ¿Al comedor? ¿Quizás a los lavabos?
―Algún sitio donde él pueda ir al baño estaría bien ―tocó la cabeza de su perro que estaba sentado mirando fijamente al sujeto, como cada vez que conocía a un hombre: con un gruñido bajo en la base de la garganta. Le dio unas palmaditas para distraerlo, y poco después los tres se encaminaron al estacionamiento, donde Ben no perdía de vista a Mugeno.
Tras un rato se dirigieron al comedor parcialmente vacío. Era un área rectangular muy sobria, con varias máquinas expendedoras pegadas a las paredes y mesas con sillas tipo banco agrupadas en la zona central. Rin sacó algunas monedas y compró dos raciones de la comida menos condimentada para Ben, quien la devoró como si no hubiera probado bocado desde hacía días.
―¿No piensas cenar? ―le preguntó el agente al ver que se sentaba al lado de la máquina a esperar a que el perro terminara.
―No tengo mucha hambre, la verdad. No sé si podría comerme un plato completo ―admitió. Lo normal sería que en estado de ansiedad su apetito se multiplicara, pero en esa ocasión parecía que su cuerpo se había cerrado a la posibilidad. O más bien dicho, su mente era la que se negaba a hacerlo.
―Quedarse sin comer es malo, te puede doler el estómago en un rato ―le recomendó amablemente―. Si no puedes terminártelo de seguro tu perro te ayudará con el resto.
Rin le dedicó una mirada de soslayo a su mascota que relamía el plato en el suelo, pero que de vez en cuando alzaba los oscuros ojos hacia ella y su acompañante como si estuviera vigilando la situación. Hizo una mueca. Sabía de primera mano lo que se sentía no tener nada de comer y sus espantosas secuelas, no podía permitir que su salud decayera de nuevo. Tenía que hacer un esfuerzo.
―Ése es un buen punto ―terminó asintiendo. Fue a una de las expendedoras para ver sus opciones sin demasiado ánimo. Mugeno se le posicionó al lado.
―El sándwich de pollo es bastante bueno. Y está fresco, lo recargaron hace poco ―recomendó señalando el artículo en la pantalla táctil. Sin ánimos siquiera de pensar, la muchacha le hizo caso y lo compró. Seguidamente el hombre la imitó.
―Aprovecharé, tampoco he cenado. ¿Te molesta si me siento contigo?
―Para nada, adelante ―el agente se sentó con una tranquila sonrisa, como si estuviera pensando en otra cosa, y comenzó a comer sin reparar demasiado en su cohibición. De vez en cuando sacaba por unos segundos su teléfono celular para ver la hora ―suponía ella―, y continuaba gustoso con su cena. Rin no estaba muy segura si le agradaba aquel tipo o no, pero intentó ser lo más cordial posible para no hacer la situación más incómoda.
Un pequeño zumbido de su móvil la distrajo, y vio el mensaje de Sesshomaru:
¿Dónde estás ahora? ¿Te encuentras bien?
No sucedió nada, tranquilo. En la cafetería de la estación, cenando. ¿Todo bien por allá? y presionó enviar. Tardó sólo unos segundos en recibir su respuesta. Inusualmente rápido, contando que a esa hora debía seguir en la oficina.
Todo en orden.
Sonrió algo más tranquila y le dio unos bocados más a su comida. Sólo le había comentado de manera puntual lo acontecido en el consultorio para mantenerlo al tanto, asegurándole inmediatamente que no había sucedido nada grave para no preocuparlo demasiado. Hasta ahora, no había recibido respuesta de su mensaje anterior, por lo que supuso acertadamente que había estado demasiado ocupado como para ver su celular. Pero si ya tenía tiempo para responder, podía recibir una llamada. Después de todo, aún tenía que volver a advertirle sobre Naraku en vista de la amenaza a Kagome. Quizás ahora sí podría hacerlo reaccionar.
―Ah, veo que te lo terminaste completo ―señaló Mugeno en cuanto Rin acabó. No había dejado más que migajas sobre el envoltorio. Un par de personas de la estación se sentaron en otra de las mesas, conversando en voz baja entre ellos.
―Una vez que comencé no pude parar. Tenía razón, estaba muy bueno ―le devolvió la sonrisa antes de darle un sorbo a su lata de té.
―¿Ya te sientes mejor?
―¿Disculpe? ―levantó la cara de su celular. Le escribía a Sesshomaru para preguntarle si podía llamarlo.
―Arriba tenías mala cara, pero parece que se te pasó. Te ves algo más compuesta.
―Creo que estoy más tranquila ahora, gracias. Han sido unos días bastante malos, no siempre es fácil poner buena cara ―comentó sin querer.
―Oh, sí. He oído de tu caso, y parece bastante complicado ―asintió torciendo la cabeza. Se limpió la boca con una servilleta y la arrugó en su mano―, pero no hay caso imposible de resolver para el jefe Minamoto, es tan inteligente que de seguro lo resolverá pronto, sé que nunca se ha dado por vencido. Y Kuwashima también es muy competente, no descansa hasta que todo acaba para bien. Estás en buenas manos.
―Les tiene mucha estima, ¿no es así? ¿Hace cuánto tiempo trabaja con ellos?
―Oh, no, yo estoy en otro departamento. Acabo de graduarme de la academia y me asignaron a narcóticos. Pero como soy novato intento prestar tanta ayuda como sea posible, independientemente del área que sea. Estoy esperando los resultados de una redada en Edogawa, tengo tiempo para matar mientras los demás regresan.
―¿No va con ellos?
―No, no me tocó. Estoy encargado de hacer los informes finales... trabajo de principiantes, nadie quiere quedarse hasta tarde redactando ―añadió rolando los ojos con una cabezada.
―Ya le tocará ser parte de la acción.
―Mientras tanto queda aguantarse ―se encogió dramáticamente de hombros―. Al menos puedo pasar un tiempo con el jefe Minamoto... es una buena vista ―dijo alzando sugestivamente las cejas.
Rin no pudo contener una corta risa.
―Ah, todo tiene sentido ahora.
―Pero mantenlo en secreto. No quiero que nadie se entere de mis dobles intenciones.
―Descuide, su secreto está a salvo conmigo.
Pese a ser un desconocido, no se sentía tan incómoda como esperaba hablando con él. ¿Era porque era muy femenino o ella estaba mejorando en su condición? Sea como sea, era algo por lo que alegrarse a pesar de las circunstancias. Y mientras se felicitaba mentalmente por estar manejando tan bien esa situación, desvió la mirada en dirección a la puerta, por donde justamente Sango se estaba asomando y le hacía una seña para que se acercara. Extrañada, Rin se levantó de la mesa y fue a reunirse con ella.
―Tienes visitas ―le dijo Sango seriamente. Antes de que la chica pudiera preguntar, abrió un poco más la puerta para revelar quién la estaba acompañando.
―¿Sesshomaru? ―se sorprendió ella. El hombre, como era de esperarse, mantenía su semblante perfectamente serio e inmutable, pero sus ojos... Rin tragó con dificultad al distinguir un pequeño pero evidente rastro de angustia en ellos―. ¿Qué estás haciendo aquí?
Sango frunció levemente el ceño y bufó para responder por él:
―Me llamó diciéndome que estaba en camino y que le diera acceso a la cafetería.
―¿Sucedió algo? ¿Estás bien? ―se preocupó ella, llenándose la cabeza de todo tipo de situaciones de emergencia. Vio asustada a Sango, haciéndole silentemente las mismas preguntas y se acercó un poco más a él para verlo mejor, buscando cualquier clase de indicio que denotara alguna herida.
―Dijiste recibir una llamada de Naraku ―explicó parcamente él, dándole un vistazo rápido y desconfiado a Mugeno, quien había seguido a Rin y estaba unos pasos detrás de ella. Éste lo examinaba con una ceja alzada en interés.
―Sí, pero... te dije que no había sucedido nada ―aclaró ella―. Tanto Kagome como yo estamos bien.
―Si quieren privacidad pueden ir a la cocina ―sugirió el agente sin apartar sus ojos azules de Sesshomaru, quien lo ignoró olímpicamente al tener su mirada puesta únicamente en Rin.
―Regresaré arriba ―informó Sango, dándoles espacio. Se notaba que no estaba muy contenta con la visita repentina, pero necesitaba regresar a sus labores en el departamento―. Mugeno, cuento contigo para tenerle un ojo encima a Rin, ¿está bien?
―Por supuesto, Kuwashima ―asintió él jovialmente.
La detective frunció de nuevo el entrecejo hacia Sesshomaru, como si se mordiera la lengua para no reñirle por no haberle anticipado su llegada con algo más de tiempo, y se fue de la cafetería sin decir nada más. A la joven se le hizo un nudo en la garganta y buscó la atención de Mugeno:
―¿Dónde está la cocina?
―Por allá ―le mostró una puerta en el extremo de la habitación―. No debe haber nadie a esa hora, podrán hablar tranquilamente.
―Muchas gracias. Vamos ―musitó a Sesshomaru, y ambos, más Ben que le pisaba los talones a su dueña aunque intentaba ganarse un mimo o dos del serio Taisho, entraron en la pequeña estancia. Constaba de un amplio mesón con una estufa incrustada, tres microondas y un par de neveras encajadas en la pared, además de un fregadero y un dispensador de agua purificada al lado de la papelera. Como Mugeno había dicho, eran los únicos ahí.
―Me hubieras dicho que venías, no tenía idea...
―Tenía que cerciorarme de que todo estuviera en orden ―le dijo, haciéndola desinflarse. Todas las suposiciones fatalistas que había formulado a toda velocidad se desvanecieron. Sólo quería verla a ella, no comunicarle una mala noticia... qué alivio. No lo había visto desde su incómoda conversación unos días atrás, y le parecía que toda una vida había transcurrido desde ese momento.
―Todo está bien. De hecho, quería ir a verte, pero con lo que pasó tuve que venir directamente aquí.
―Tuviste que haberme llamado.
―Supuse que estarías ocupado porque no contestaste antes. Además de que no quería preocuparte más de la cuenta, no fue tan grave ―trató de negar, como si no hubiera tenido un pequeño ataque de pánico unas horas atrás cuando escuchó la voz de Naraku. Se apoyó en la encimera con las manos en la espalda, mientras él sólo permaneció de pie al lado del dispensador de agua. Por su rostro tenso era obvio que no le creería.
―¿Te amenazó?
―A mí no, realmente... pero a Kagome sí. Sabía que estaba con ella ―Rin tomó sólo un minuto en contarle la inquietante llamada de aquella tarde, tratando de repetir las palabras exactas que había dicho Naraku. También le dijo que por falta de tiempo, la policía no había podido rastrear el lugar de donde se había comunicado.
―Es posible que sólo esté fanfarroneando para asustarte. Según su modo de actuar, parece demasiado pronto para que intente un ataque más directo ―razonó él, pensativo. Ella asintió encogiéndose de hombros.
―Kagome dijo lo mismo. Y podrían tener razón, pero... nada garantiza que siga el mismo patrón que antes ―suspiró pesadamente―. Ojalá puedan al menos cortarle vías de acceso mientras continúa con su acoso... que le dé tiempo a la policía de cubrir todos los puntos ciegos. Moriría si algo le llega a pasar a Kagome por mi culpa.
―Es poco probable que se arriesgue a actuar tan precipitadamente sabiendo la vigilancia que tiene encima.
―Lo sé... pero aun así me asusta. Es por eso que necesito que te detengas.
―¿Que detenga qué? ―cuestionó.
―Sabes muy bien de lo que hablo ―se despegó de la encimera y se le acercó unos pasos hasta estar lo bastante cerca como para tocarlo. Tenía el impulso de tomar su mano, pero no lo hizo―. Es sobre esto por lo que quería ir a verte, necesitas detenerte. Por favor... es muy peligroso. Sé que quieres atraparlo tanto como yo, pero si llega a saber que te estás metiendo puede ir contra ti.
―Lo lógico sería que lo hiciera independientemente de mis acciones en su contra, considerando la relación que tengo contigo ―espetó fríamente. Rin sintió la necesidad de soltar un gruñido, pero tomó una amplia bocanada y lo dejó pasar.
―Sesshomaru, estoy hablando muy en serio. Le dije a Sango que estabas investigando a ese tipo... ―casi anticipó su contestación, pero lo cortó cuando lo escuchó tomar aire para hacerla―, no te meterá en problemas, puedes estar tranquilo. Pero le dirá a la agente que está contigo que te ayude y tome las riendas.
―Rin... ―ella lo interrumpió de nuevo.
―Sé que no quieres que me entrometa y quieres hacerlo todo por tu cuenta, pero... tengo mucho miedo de que te pase algo. Por más que quieras ayudarme, sólo se complicarán más las cosas para ti.
―Estoy cerca de conseguir algo ―le dijo con calma, lanzando una mirada sobre su hombro para cerciorarse de que nadie los estuviera escuchando. De todas formas su tono era demasiado bajo como para que ninguna persona pudiera entender sus palabras fuera de esa habitación―. Hasta que lo obtenga, continuaré.
―Sesshomaru...
―No lo dejaré así, Rin. Entiéndelo.
―¿Qué debo entender, que estás tan desesperado en probar que estás en lo correcto que quieres arriesgar tu vida? ¡Por favor! ―se exaltó, haciendo un gesto con las manos para después apretar los puños. Él mantuvo su semblante mortalmente serio.
―No me quedaré de brazos cruzados cuando quien está en peligro eres tú. Sabes que no me mantendré al margen.
La muchacha se quedó callada por unos segundos, sintiendo una extraña combinación entre estar conmovida y volver a querer a gruñir por la exasperación. Sango tenía razón: los Taisho eran extremadamente tercos, y al parecer a ella le había tocado el último escalafón, el nivel más alto de obstinación. Acarició las orejas del perro, quien se había puesto nervioso ante su exaltación, para recuperar un poco de compostura. Sesshomaru la observaba sin ceder ni un milímetro su postura.
―Al menos dejarás que Osuka te ayude, ¿verdad? Nunca puedes ser lo suficientemente cuidadoso ―cuestionó ésta vez más controladamente.
―Aceptaré siempre y cuando ofrezca más de lo que he podido conseguir por mi cuenta ―accedió reticente.
―Te mantendrá seguro y cubrirá tus huellas en caso de que alguien más se entere. Sabes que ella tiene otro grado de influencia que te será muy útil si eso llega a pasar ―siguió insistiendo. Eso ni siquiera él podría negarlo, a pesar de que su rostro inmutable no lo dejara en evidencia―. Por favor, Sesshomaru. ¿Puedes hacerlo aunque sea esta vez? ¿Por mí?
Sesshomaru se tomó unos segundos en responder, entrecerrando los ojos:
―Si te hace sentir mejor, permitiré que me asista. Pero no tomará las riendas ―Rin se mordió la lengua antes de refutar lo contrario, sabiendo al instante que eso ya no estaba en sus manos. Osuka se encargaría de manejarlo de ahora en adelante.
―Supongo que eso es mejor que nada ―dijo aliviada, llevándose una mano a la frente―. Dijiste que estabas cerca de conseguir algo, ¿en qué sentido? ¿Qué estás investigando?
―Su historial médico. Las cuentas bancarias parecen estar limpias hasta donde he llegado, pero quizá sus registros de salud tengan algo más que decir.
―En cuanto todo esto termine me tendrás que decir cómo rayos conseguiste todas estas cosas ―resopló negando con la cabeza―. ¿Cómo está la situación en Kyouko No Nishi? Pensé que te quedarías hasta tarde como lo has estado haciendo estos días.
―Tengo otras prioridades por el momento ―le dijo con seriedad. Rin se sonrojó un poquito, pero intentó evitar que se notara lo feliz que le hacía escucharlo decir eso.
―Enfermarte no debería ser una.
―No está en mis intenciones.
La chica tuvo que bajar la cabeza para despegarse de esos intensos ojos dorados. Sentía la cara muy caliente, y escucharlo decir ser su prioridad no hacía más que intensificar el calor de sus mejillas.
―Te agradezco mucho que hayas venido ―sonrió tímidamente―. Ha sido un día bastante largo, pasaron muchas cosas, y como tardaste en responder mis mensajes, pensé que... ―se detuvo abruptamente. Ni siquiera quería recordar las cosas que había llegado a imaginar en un momento de debilidad―. No importa. Estás bien, y eso es lo que cuenta.
―¿Te quedarás aquí toda la noche? ―preguntó él. Cuando alzó la cara para verlo, le pareció que su semblante se había relajado al menos un poco.
―No lo sé, depende de cuándo terminen Sango o el señor Miroku. ¿Ya cenaste? La comida de aquí no está mal.
―Cenaré más tarde ―negó con una ligera sacudida de la cabeza.
―No deberías saltarte las comidas ni el descanso ―lo regañó con algo más de ligereza, aunque lo decía en serio.
―No lo hago.
―No me digas que regresarás a Kyouko no Nishi ahora ―enarcó una ceja, prácticamente anticipándose a sus intenciones―. Son las ocho de la noche, no deberías seguir trabajando hasta tan tarde.
―Sólo salí para venir aquí, aún tengo asuntos pendientes que atender ―dijo como seca respuesta, pero Rin supo leer entre líneas a lo que se refería. Le había hecho un alto a su trabajo para cerciorarse de que estuviera bien. No con una llamada, sino yendo a verla en persona, aún con lo peligroso que podía ser.
De verdad que no sabía si estar infinitamente agradecida o tremendamente enfadada por ver lo mucho que se arriesgaba por ella. ¿Y si algún secuaz de Naraku sabía que estaba ahí, y si lo seguían y le hacían algo? ¿No se daba cuenta del peligro al que se exponía?
Pero la mortal seriedad de su rostro más la rigidez de su postura le hizo ver claramente que no. Y si lo hacía, no le importaba.
No... no podía enojarse con él. Aquel hombre podía ser el ser más obstinado del planeta, pero... lo era por ella. Y no había forma de que eso no la conmoviera.
―Entonces no te entretengas más y ve a terminarlas, para salir temprano al menos una vez... o relativamente temprano, al menos ―corrigió segundos después. Posiblemente se quedaría en la oficina hasta más de la medianoche como ya era su costumbre esos últimos días―. Me alegró bastante verte... te echaba de menos ―admitió viéndolo de frente y acercándose un poco más. Alargó la mano para estrujar suavemente la suya. Seguidamente se elevó en sus puntillas y dejó un rápido beso en la mejilla masculina, a lo que él, por reflejo tal vez, posó una mano en su cintura―. Muchas gracias.
Pero antes de que ella se alejara, Sesshomaru volvió a acortar la distancia y besó sus labios suavemente, dejándola aturdida. El agarre sobre su cintura se había tensado, apegándola a él en una clase de abrazo ligero pero igualmente significativo.
Leer aquel mensaje que le dejó horas antes le había estrujado las entrañas. Tenía que verla y saber que estaba a salvo, a pesar de que se encontrara en una estación rodeada de agentes armados. Necesitaba confirmar ese simple 'No sucedió nada, estoy bien. No te preocupes'. ¿Cómo no iba a preocuparse? ¿Cómo podía esperar que se tomara las cosas con calma?
Si dependiera de él, la llevaría a su departamento y la vigilaría él mismo, contratando cuanto servicio de seguridad fuera necesario. Guardaespaldas, agentes retirados, la llevaría a una fortaleza donde nadie pudiera salir o entrar sin su conocimiento, lo que fuera. Pero sabía que si intentaba intervenir más de lo que ya estaba haciendo, complicaría las cosas para Rin y podría entorpecer la operación que se llevaba a cabo para atrapar a Naraku. Debía confiar que estaría segura con Kuwashima, por más que le costara.
Ciertamente, el avance de la yakuza había sido en el peor momento posible, pues aunque estaba tentado a aligerar considerablemente su carga laboral, delegando muchas de sus responsabilidades a terceros, no podía simplemente abandonar a la compañía cuando había tanto por hacer y cuando era seguro que tenía más de un par de ojos puestos sobre todos sus movimientos. Tenía que aparentar normalidad, controlarse y esperar a que las cosas mejoraran.
Sin embargo, eso no significaba que dejaría de lado a Rin, por más apretada que pudiera estar su agenda ni su juego de pretensiones para sus enemigos ocultos. Sería cuidadoso, pero estaría tan alerta como le era posible.
Se separó de ella lentamente, encontrándose sus ojos marrones viéndolo pasmados.
―¿Sucede algo? ―cuestionó. Ella se aclaró la garganta por lo bajo para salir de su estupor.
―Es que... después de decirte mi historia... no pensé que querrías...
―Nada ha cambiado ―espetó ásperamente, frunciendo el entrecejo. Rin se le quedó viendo unos instantes más mientras digería sus frías palabras, como si fuera un regaño. Como si le indignara que insinuara lo contrario. ¿Qué había hecho ella para merecer el afecto de semejante hombre?
Apretó los labios poco después y bajó la cabeza, respirando profundamente. Estaba tan emocionada que se le hizo un nudo en la garganta.
―Te acompañaré a la salida ―murmuró, aún sonrojada. Le dio un último apretón a la mano que no había soltado y se separó de él para salir de la pequeña cocina, con Ben levantándose y estirándose un poco para seguirlos muy de cerca. Todo el estrés de las últimas horas de la tarde se había mitigado considerablemente solamente con la presencia de Sesshomaru. La esperanzaba aquella simple pero certera afirmación de que sin importar lo complicado que era su pasado, él permanecería con ella.
Le dio una fugaz mirada a su acompañante y volvió a sonreír. Saber que estaba a salvo y ya no estaría investigando ilícitamente por su cuenta también era un gran bálsamo para sus nervios de punta. Se obligó a pensar que todo estaría bien a partir de ahora, que la protección de Osuka era suficiente para mantener oculto a Sesshomaru y que nada malo llegaría a pasarle a Kagome. Tenía suficiente ayuda como para que eso fuera posible.
El comedor ya estaba vacío para cuando terminaron la conversación. Sólo quedaba Mugeno siguiendo las órdenes de Sango, sirviéndose un vaso de café en la máquina al lado de la puerta.
―¿Todo bien? ―quiso saber el oficial, estudiando las expresiones de ambos. Rin se veía en definitiva más tranquila, pero Sesshomaru había vuelto a endurecer su semblante. La chica asintió con la cabeza.
―¿Quieres un café antes de irte? ―se volvió hacia Taisho, antojándose con el aroma de la humeante bebida.
―Debo volver ahora ―declinó simplemente, por lo que Rin se encogió de hombros y fue con él hasta la entrada de la estación. Ben, como siempre, iba pegado a las piernas de su dueña, y Mugeno estaba unos cuantos pasos atrás para darles espacio. Llegaron al escritorio de recepción bajo la mirada atenta pero discreta del personal que estaba por el lugar, por lo que Rin no fue capaz de despedirse apropiadamente con algo más de efusividad. Sin embargo, volvió a tomar su mano y le dio una sonrisa amplia y agradecida.
―Prométeme que te cuidarás, ¿está bien? Debes estar alerta a todo y ser muy cuidadoso. Y me avisas cuando llegues a casa.
―Haz lo mismo ―contestó él con una cabezada ligera―. Buenas noches.
―Buenas noches.
Se quedó ahí hasta que lo vio desaparecer tras las puertas de vidrio y girar hacia el aparcamiento para visitas en el lateral del edificio, cruzando los dedos para que llegara a su destino sano y salvo. Pese a que el susto de la tarde se había apaciguado un poco, no bajaría la guardia tan fácilmente.
Él estará bien, se aseguró mentalmente. Puede cuidarse, no le pasará nada.
―Ahora sí que tienes mejor cara ―comentó Mugeno con humor, apuntándola con su vaso. Rin le dio una sonrisita y echó a andar por el corredor de vuelta a la cocina. Necesitaba un café.
Es el efecto que Sesshomaru tiene sobre mí, quiso comentar. Fue hasta la máquina expendedora y presionó una de las opciones más dulces disponibles para mantenerse lo más despierta y activa posible, y también ordenó algo para ayudar a Sango a resistir esa larga noche.
―¿Le gustaría un refill? ―se ofreció al ver que Mugeno ya estaba tirando su vaso en la papelera de al lado. El hombre negó amablemente.
―Uno es suficiente, te lo agradezco. ¿Lista para volver arriba?
―Sí ―apuró su bebida y tomó la correa del pastor alemán con una mano y el café de Sango con la otra. Juntos abordaron el elevador hasta el piso correspondiente, manteniendo una muy ligera conversación en el trayecto.
―¿Cree que ya hayan llegado sus compañeros? ―le preguntó mientras el sujeto revisaba su celular con hastío.
―Por fortuna ya están en camino. Con algo de suerte terminaré antes de que amanezca. Mejor voy a mi puesto para prepararme ―roló los ojos. El elevador se detuvo, pero Mugeno no salió. Su departamento no estaba en ese piso―. Espero que no salgas demasiado tarde de aquí.
―Ojalá no demore usted tampoco. Gracias por acompañarme ―le hizo una corta reverencia, y cuando se enderezó de nuevo, las puertas ya se habían cerrado. Rin dibujó una ligera sonrisa en su rostro mientras recorría el largo pasillo hasta el área de espera con aquellas odiosas sillas metálicas. Sin lugar a dudas, la espontánea visita de Sesshomaru le ayudaría a hacer la espera más llevadera.
...
Ambas llevaban un par de días de esa semana retirándose tarde de la comisaría, en los que ella no tenía más opción que acompañarla hasta que su jornada terminara para no quedarse sola en el departamento. Aquella noche no fue una excepción.
Eran casi las dos de la madrugada cuando Sango finalmente se liberó de la carga de trabajo y pudieron retirarse. Rin perdió la cuenta de la cantidad de veces que la detective se disculpó por la demora, al igual de la cantidad de veces que ella le respondió que no tenía importancia. Era algo que ya se estaba volviendo rutinario. La estación estaba casi totalmente desierta a esa hora, excepto por aquellos oficiales que estaban de guardia en el turno nocturno o tenían trabajos pendientes.
El jefe Minamoto tuvo la cortesía de escoltarlas hasta el estacionamiento antes de regresar para afinar los detalles de la extenuante jornada del día anterior. Sango le había comentado que sin importar los horarios o si estuviera de guardia o no, el jefe siempre era el último en abandonar la estación.
Dio un vistazo al asiento trasero donde Ben se había echado agotado, esperando pacientemente llegar para descansar como era debido, al igual que las mujeres que iban en los asientos delanteros. El viaje de regreso fue rápido y silencioso gracias a las desérticas calles debido a la hora. La chica observaba atentamente por la ventana, controlando el desasosiego por estar fuera de un lugar seguro cuando era completamente de noche. Sus ojos recorrían las calles y aceras buscando, como siempre, algo que hiciera saltar sus alarmas, y generalmente se alteraba cada vez que lograba ver algún peatón o vehículo solitario a la distancia.
Llegaron exhaustas poco después, listas para una ducha caliente y tirarse a la cama. Rin escribió rápidamente un mensaje para Sesshomaru, quién le había escrito antes para decirle que ya estaba en su apartamento.
Sango y Rin no supieron nada la una de la otra hasta unas horas después.
Eran las seis y media de la mañana cuando Rin se levantó de golpe. Ben se había enderezado súbitamente en la cama, sobresaltándola. Con los ojos empañados prendió la lámpara en la mesita de noche, acariciándole las orejas para calmarlo. Pero no, el animal resoplaba concentrado en algo que estaba escuchando, por lo que decidió pararse y abrir la puerta.
Sango ya se había levantado, pero a juzgar por la oscuridad de la sala, donde daba vueltas hablando por teléfono, era algo reciente. Se asustó al ver su rostro mortalmente serio y oír su alterado tono que musitaba en voz baja frases cortantes y rápidas.
Encendió la luz principal de la sala, haciendo que la otra mujer se diera cuenta de que no estaba sola. Sus ojos abiertos como platos se conectaron por una fracción de segundo con los suyos. Parecía que quería decirle algo, pero su llamada se lo impedía. Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando se le acercó, intentando escuchar qué estaba pasando.
―Kagome ―gesticuló Sango, cortándole el aliento.
Rin se quedó paralizada, dejando de encontrarle sentido a las frases que su amiga dirigía a su interlocutor. No podía ni siquiera insistirle para que le diera más detalles, sus cuerdas vocales no cedían.
No otra vez, pensó aterrada. Por favor, no otra vez. No Kagome. Por favor, ella no.
―Han contactado a Kagome e Inuyasha esta mañana ―dijo Sango en cuanto terminó la conversación. Marcaba rápidamente otro número, pero en el entretiempo intentaba darle todos los datos posibles―. Han dejado sobres en su buzón con fotografías de Kikyo.
Rin sintió que la escasa cena hacía un viaje de ascenso hasta su boca, y tuvo que ir corriendo al baño. A pesar de estar preparada y en posición, no vomitó. Sin embargo, la repulsiva sensación de las arcadas no la dejaba en paz. Escuchó la puerta principal abriéndose y se recompuso lo mejor que pudo para ir a recibir a Miroku, quien acababa de terminar su guardia nocturna en otro distrito. Sango, aún hablando por el celular, apenas le hizo un gesto y el hombre se dirigió a una Rin lívida y con la mirada perdida.
―¿Qué es lo que sabe? ¿Están Kagome y el señor Inuyasha bien? ¿Qué pasó? ―casi se le abalanzó encima, hablando atropelladamente.
―Ambos están bien, no tuvieron ningún contacto con nadie ni hay indicios de que hayan subido hasta el departamento ―le dijo éste con toda la calma que podía manejar en esas circunstancias―. Inuyasha consiguió el sobre esta mañana cuando bajaba a comprar el desayuno. Retiró la correspondencia de los casilleros y ahí estaba, es todo. No había nada más, ni notas amenazantes ni ningún otro tipo de mensaje más que las fotografías de Kikyo.
―¿Eran fotos... como las mías?
―Eso parece. Inuyasha sólo vio algunas y en cuanto reconoció a la hermana de Kagome me llamó. Deben estar recibiendo ahora mismo a una patrulla en el edificio.
―Santo cielo... ―Rin se derrumbó sobre el sofá más cercano, casi aplastando a Kirara que estaba sentada sobre su cojín observándolo todo con sus enormes ojos rojos. La gata saltó y fue a los pies de su dueña, mientras Ben hacía lo propio con la suya―. ¿Va a ir con ellos ahora? ¿Puedo ir? Necesito ver a Kagome y saber que está bien.
―No, Rin. Lo mejor es que te quedes aquí ―negó contundente, aunque sereno―, ya tuviste una noche bastante larga, no es necesario que veas eso.
―Pero Kagome está en problemas, no puedo simplemente...
―Vas a hacerlo. No quiero que vayas, Rin ―dijo entonces Sango a sus espaldas. Había terminado su llamada y tenía puesta ropa de salir. Sus ojeras permanecían, pero no desentonaban con la fiereza de su determinado rostro.
―Sango, no puedes...
―Puedo y lo haré. Miroku estará contigo hasta que regrese, te mantendré al tanto, pero debes quedarte aquí. Es por tu bien.
Rin se le quedó viendo, herida y anonadada. No podía creer que la dejara fuera de todo como si fuera una niña castigada. Sin embargo, a pesar de sus quejas internas, asintió forzosamente con la cabeza y guardó silencio. La detective demoró solo uno o dos minutos más en salir apresurada del apartamento, apenas despidiéndose de los ocupantes que dejaba detrás. El incómodo silencio se cernió sobre ambos como un pesado y oscuro manto.
Una fuerte sensación a déjà vu recorrió a Miroku, quien avanzó hasta la cocina y abrió la nevera.
―Afortunadamente la situación no pasó a mayores, imagino que también deben estar analizando las cintas de vigilancia de la entrada del edificio. Con suerte se conseguirá algo de utilidad. ¿Quieres desayunar conmigo, Rin? Voy a preparar algo para hacer la espera más llevadera.
Ella negó y se quedó sentada por un rato, con la cabeza dándole vueltas. No habían transcurrido ni cinco días y ya los acosos cambiaban de rumbo mucho antes de lo que había esperado. Se sentía sumamente estúpida por haberlo subestimado. En casos anteriores, había prolongado los mensajes y llamadas por varias semanas antes de pasar a la siguiente fase.
Marcó el número de la doctora, pero no obtuvo respuesta las primeras veces que lo intentó. Decidió esperar al menos a una hora razonable y, para no estar con las manos ociosas, fue a la cocina a ayudar al señor Miroku con cualquier cosa que tuviera que hacer. Lo acompañó a desayunar, pero no se vio capaz de tocar la porción que le correspondía a riesgo de vomitar. No tenía el estómago para aguantar nuevas cargas, no ahora.
Las horas pasaron lentamente hasta que se hicieron las ocho y media de la mañana, y un pensamiento golpeó a Rin: ¿qué pasaba con los pacientes de Kagome? No sabía si la doctora pasaría consulta aquel día o si ya había pensado siquiera en eso. Lo habló con Miroku, quien a su vez llamó a Sango para hacerle la misma pregunta. Kagome iría al trabajo, pero sería a partir del mediodía en cuanto saliera de la estación y se tranquilizara.
Así que le tocó ir en compañía de Miroku hasta la clínica para avisarle a los pacientes con citas programadas para la mañana, pues no llevaba la agenda consigo como para hacerlo desde ahí. Además de que necesitaba desesperadamente mantener la cabeza activa, no quería mortificarse aún más de lo que ya estaba.
Sólo rezaba para que las cosas no siguieran empeorando. O si lo hacían, que sólo la afectaran a ella, no a los demás. Era lo único justo que podría aceptar.
...
Sesshomaru recibió el mensaje de Rin aquella mañana mientras esperaba que Osuka terminara de manejar los asuntos con el hospital. Originalmente le había encargado el trabajo a Jaken, pero no podía negar que la agente tenía más habilidades para mantenerse encubierta, además de que con sus contactos en los laboratorios había asegurado conseguir los resultados en apenas tres días, mucho antes de los cinco a diez días hábiles reglamentarios.
Han empezado a acosar a Kagome con fotografías de su hermana ―le anunció―. Ten mucho cuidado por si intentan llegar a ti otra vez.
Sesshomaru se preguntó si su padre era consciente del hecho, y por su ausencia hasta el momento podía deducir que así era. Lo mejor sería esperar a que su padre o madrastra lo pusieran al corriente y hacerse el desentendido, ya que no tenía manera de mencionar el tema sin dar a entender que estaba indirectamente relacionado con el caso. Era la jugada más inteligente para mantener su plan y la privacidad de Rin intactos.
Intercambió algunos mensajes más una llamada corta con Rin para constatar su paradero y seguridad, y continuó esperando mientras adelantaba trabajo que tenía atrasado. De nuevo comenzaba a dolerle la cabeza, pero no era nada que pudiera detenerlo. Estaba tan cerca de saber la verdad que ni un infarto lo sacaría de aquel despacho.
No fue sino hasta las once de la mañana que Osuka apareció en el edificio, en compañía de Jaken y, sorpresivamente, su padre.
El hombre mayor entró en su oficina, dejando atrás a los asistentes, quienes le dedicaron una mirada llena de circunstancias al vicepresidente. Ellos ya sabían los resultados, pero no podían hacer ningún comentario en presencia de Toga, quien se había sentado en la silla frente al escritorio con aire inquieto y angustiado.
Reuniendo toda su fuerza de voluntad, Sesshomaru les hizo un gesto para que los dejaran a solas.
―¿Sucede algo, padre? ―preguntó fríamente después de que la puerta se cerrara―. Es extraño que llegues a estas horas.
―Estaba con tu hermano en la policía.
―¿Qué ocurrió?
Toga resopló cansado y alzó la mirada endurecida:
―Un degenerado dejó imágenes de la hermana de Kagome en su buzón. Fotos de cuando estaba... ―suspiró de nuevo. Sesshomaru se preguntó si su padre había visto aquellas imágenes como para que se le hiciera tan difícil hablar del tema― secuestrada. La policía está intentando rastrear a ese imbécil.
―¿Han revisado las cámaras de seguridad del edificio?
―Aparentemente el sobre lo depositó el cartero, ahora se lo está interrogando a él porque no tenía remitente.
―¿Dónde están Inuyasha y Kagome ahora?
―Ambos en el trabajo, no hay más que puedan hacer ―negó su padre―. Izayoi se quedó un rato con Kagome, por suerte no la dejaron ver ninguna fotografía. Pero Inuyasha sí vio algunas... fue algo muy serio.
―¿Tú las viste?
―Sólo una. No tuve que haberlo hecho, pero estaban señalando una evidencia de su asesino.
―¿Temes que el grupo que la secuestró vaya ahora por Kagome?
Toga levantó la cabeza. Se veía mucho mayor de lo que era con tal preocupación marcada en su rostro.
―Espero que no. Pero no sé cómo más interpretar ese mensaje.
Sesshomaru sintió un tic de inquietud, barajeando la posibilidad de decirle algo más a su padre. Quizá no fuera especialmente cercano a su familia, pero su frialdad no significaba que gustara de su sufrimiento. Ni el de su padre, madrastra o hermano, con quien siempre tuvo una difícil relación.
Lo pensó durante unos largos segundos en los que su padre se ocupó de darle algunos detalles más.
No, no podía. Había firmado un acuerdo de confidencialidad y debía cumplirlo. Ya quedaba en manos de su cuñada si deseaba revelarles la verdadera razón del acoso al menos a Inuyasha, pero aquel no era su papel.
―Mientras la policía hace sus investigaciones sería conveniente dotar el domicilio de Inuyasha con algunas medidas de seguridad ―dijo tranquilamente Sesshomaru―. Una puerta blindada, por ejemplo. En caso de que el acosador intente algo más.
―¿Crees que intente hacer algo como para colocar una puerta blindada?
―No está de más cubrir todas las posibilidades ―espetó―. No te angusties más de lo necesario. La policía de Tokio es competente, podrán mantenerlos a salvo.
Tuvo la impresión de que el mayor quería decirle algo, refutarle incluso por la forma en la que sus cejas se fruncieron con confusión. Era evidente que sospechaba de él, o al menos pensaba que algo no estaba bien. Fuera como fuese, sus sospechas no fueron expresadas, pues no demoró más en ponerse pesadamente en pie.
―Tienes razón. Le diré a Inuyasha y Kagome que pasen la noche con nosotros, aprovechando que mañana es sábado. Creo que es más seguro eso a que vayan con los Higurashi. Deberías estar con nosotros al menos un rato para apoyar a tu hermano.
―Aún tengo mucho trabajo pendiente ―contestó parcamente al regresar la vista a la laptop, perdiéndose la mirada furibunda que le dedicó su padre.
―Quizás algún día te des cuenta que tu familia importa más que tu trabajo.
Sesshomaru lo miró a los ojos, demostrando la misma determinación que tenía él en defender su punto. Toga Taisho negó con la cabeza resoplando gravemente al darse la vuelta y encaminarse a la salida. Estaba profundamente decepcionado.
―No sé por qué me molesto. Haz lo que quieras ―y cerró la puerta detrás de sí. Sesshomaru relajó los hombros que había mantenido crispados y giró la cara. El trabajo que estaba haciendo era precisamente porque le importaba algo más que no era él mismo. Por primera vez se movía para ayudar a otra persona, cosa que resultaría también útil para proteger a su hermano y cuñada.
Pero no podía dejar que aquella conversación lo distrajera, era el momento de encontrar respuestas.
Jaken y Osuka entraron segundos después de que Toga se encerrara en su despacho. Ambos se abstuvieron de hacer ningún comentario, pero por la expresión que tenían era más que obvio que habían escuchado de más.
―¿Y bien?
Osuka fue hasta su escritorio y dejó una carpeta en la superficie.
―Los resultados de sangre de Hitomi fueron analizados y comparados con el perfil de Kagura que se tenía en Kioto. También se los compararon con los de la niña llamada Kanna para estar más seguros.
Taisho extrajo los documentos y comenzó a leerlos a toda velocidad, pasando las hojas con gráficas y conclusiones de cada una. Echó una mirada para examinar el logo del hospital de donde se habían obtenido ilícitamente las muestras de Hitomi. El Hospital Central de Tokio, ni más ni menos.
No fue necesario que Osuka dijera nada, había encontrado la respuesta por sí mismo.
―No son compatibles.
...
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¡Buenas, chicos y chicas! ¿Qué tal están? Supongo que mejor que Sesshomaru tras recibir esa noticia. Y que Rin, Kagome e Inuyasha tras semejante inicio del día.
Las cosas se van poniendo cada vez más difíciles para nuestros personajes, Naraku está al acecho, acercándose y amenazando desde las sombras. Ésta vez la ha tomado contra Kagome, ¿pero qué tan lejos llegará? ¿Podrán detenerlo antes de que sea demasiado tarde? Las investigaciones de Sesshomaru hasta ahora son un callejón sin salida, especialmente la prueba del ADN que le tuvo que sentar como una patada en los riñones. Naraku no podría dejárselo tan fácil, ¿eh? Sessho tendrá que ser más creativo para demostrar que su instinto es acertado, pero... ante tantas amenazas, ¿lo conseguirá a tiempo? *música de suspenso*
Al menos, entre tanta presión, lo hizo todo al lado para ir a ver a Rin y asegurarse de que estuviera a salvo. ¿Es el hombre perfecto o qué? *-* No se habría podido quedar tranquilo sólo con una llamada, el pobre aunque no lo demuestre con su cara de póker, está muy preocupado. En el fondo. Muuuuy en el fondo xD
En otras noticias, ¡creo que ya me regresó el internet! Y pongo 'creo' porque aún se cae a cada rato, pero a diferencia de antes, ésta vez... sí vuelve xD Es mejor que nada, ¿no? ¡Mil gracias por sus plegarias! Creo que el que tenga el servicio ahora es gracias a ustedes, hicieron que el dios del internet se compadeciera de mí xD
Gracias también a todos los que comentaron durante la semana, ya sea por el capítulo pasado u otros anteriores, ¡adoro leer sus mensajes! No que me guste desesperarlos ni estresarlos, pero... es genial saber que les gusta tanto esta historia, especialmente con lo nerviosa que me tenía antes de publicarla por su temática xD ¡Gracias por el apoyo! MinaaRose, Star fiire -Lupita Reyes, Natsuki Hiroto, Miss Eiko, Glenda, Bucitosentubebida, Foxsqueen, SeeDesire (un fuerte abrazo, ¡qué bueno que pude alegrarte el día!), LilisTaisho, Ginny, Maril Delgadillo, Floresamaabc, Alambrita, Annprix1, Cath Meow, NinaGuzman, Anyels, BABY SONY, Sakura521, Maribel Goncalves, Gina101528, Maryebony, Nohe, Jan Moya Quino (x2), TraviesaK64, Freakin'love-sesshourin, Nancyl1313, Glenda, ASDADS (¿Miroku como villano? Interesante...), Rinxsesshy19, Katy-Ber y Elsascarleth.
Espero que hayan disfrutado la entrega de hoy, ¡nos vamos acercando cada vez más a Naraku! O mejor dicho, Naraku se va acercando más a ellos. Ahora es que la cosa se pondrá buena xD
¡Un beso a todo el mundo, gracias por leer ! Y recuerden: los reviews mantienen sano y contento al escritor, ¡es nuestro combustible! Hasta la próxima semana :D
