Mis amores, enserio mil disculpas por la espera, la Universidad me tiene totalmente ocupada, y no puedo dejarla de lado, solo me queda decirles paciencia, porque se me vienen mas trabajos y me tomara tiempo unu
Cuando desperté a la mañana siguiente, el sol iluminaba las montañas que rodeaban el valle. Ya no estaba en el lado de mi cama. Diablos, ya no estaba en la cama. La mitad de mi cuerpo estaba sobre el pecho de Sasuke. Nuestras piernas estaban entrelazadas debajo del edredón. Uno de sus brazos estaba alrededor de mi cintura como una banda de acero. Mi mano sobre su estómago. Podía sentir su corazón latiendo en mi mejilla, constante y fuerte.
Me quedé allí, mi respiración atorada en mi garganta.
Había algo íntimo en la manera en que estábamos sobre el otro en la cama. Como amantes. Un fuego dulce y ardiente se apoderó de mi piel y apreté mis ojos cerrados. Cada centímetro de mí estaba súper consiente de él. De cómo mi cuerpo encajaba con el suyo, la forma en que sus muslos presionaban contra los míos, la dureza de su estómago en mi mano.
Mis hormonas se apoderaron de mí como una patada en el estómago. Rayos de fuego atravesaron por mis venas. Por un momento, pretendí. No que no éramos de dos especies diferentes, porque yo no lo veía así, pero que realmente nos gustábamos.
Y luego él se movió y rodó. Estaba sobre mi espalda y él aún seguía moviéndose. Enterró su cara en el espacio de mi cuello y hombro, suspirando. Dulce niño Jesús… Su aliento cálido bailaba sobre mi piel, enviando millones de escalofríos por mi cuerpo. Su brazo era firme contra mi estómago, su pierna entre la mía, empujando más y más arriba. El aire abandonó mis pulmones.
Sasuke murmuró algo en un idioma que no entendí. Fuera lo que fuese, sonaba hermoso y suave. Mágico. Sobrenatural.
Podría haberlo despertado, pero por alguna razón no lo hice. La sensación de él tocándome era mucho más fuerte que cualquier otra cosa.
Su mano estaba en el dobladillo de la camisa prestada, sus largos dedos acariciando la piel expuesta entre el dobladillo de la camisa y la banda de los pantalones de pijama. Su mano se deslizó debajo de la camisa, a través de mi estómago, donde disminuyó ligeramente. Mi pulso se disparó a un ritmo cardíaco. Las yemas de sus dedos rozaron mis costillas. Se movió, su rodilla presionada contra mí.
Solté un gritito ahogado.
Sasuke se detuvo. Ninguno de los dos nos movimos. El reloj de la pared marcó la hora.
Y me estremecí.
Él levantó la cabeza. Sus ojos como la noche oscura me miraron con confusión. Éstos rápidamente se aclararon, volviéndose filosos y duros en cuestión de segundos.
—¿Buenos días? —chirrié.
Usando sus poderosos brazos, se levantó. Sus ojos nunca dejaron los míos. Sasuke tomó una respiración profunda. Y no estaba segura si la dejó escapar. Algo pasó entre nosotros, silencioso y pesado. Sus ojos se estrecharon. Y tuve la extraña sensación de que estaba analizando la situación y que de alguna manera yo sería la culpable de sus —muy, muy agradables— caricias.
Como si nada de esto fuera mi culpa.
Sin decir palabra alguna, su peso abandonó mi cuerpo. La puerta se abrió y se cerró de golpe detrás de él sin que tuviera la oportunidad de vislumbrarlo.
Me quedé allí, mirando el techo, el corazón palpitando enloquecedoramente. Las mejillas enrojecidas y mi cuerpo muy, muy, acalorado. Sin saber cuánto tiempo había pasado, la puerta se abrió de nuevo a una velocidad humana.
Hinata se asomó con los ojos muy abiertos. —¿Ustedes dos…?
Era gracioso que de todo lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas, esa era la pregunta que tenía que cuestionar.
—No —dije, apenas reconociendo mi propia voz. Me aclaré la garganta—. Quiero decir, dormimos juntos, pero no dormimos, dormimos juntos.
Me di la vuelta, enterrando la cara en la almohada. Ésta olía como él —crujiente y cálido. Como hojas de otoño. Gruñí.
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Si alguien me hubiese dicho que algún día yo me encontraría sentada en una habitación junto con una media docena de alienígenas un sábado por la tarde, le hubiera dicho que dejara de consumir drogas. Sin embargo, aquí estaba yo, sentada en un sillón reclinable en la casa Uchiha, con las piernas dobladas debajo de mí pero lista para correr hacia la puerta si era necesario.
Sasuke estaba sentado en el brazo del sillón, con sus brazos cruzados sobre el pecho. El mismo pecho en el cual había dormido. El rubor llegó hasta mi garganta. No habíamos hablado. Ni una sola palabra, lo que estaba de perlas para mí.
Pero su posición actual había sido notada por todos. Hinata parecía extrañamente feliz. Karin y Menma tenían sus ceños fruncidos, pero el hecho del por qué Sasuke estaba jugando al perro guardián ensombrecía cualquier razón.
El Sr. Densetsu se había quedado mudo. —¿Qué está haciendo aquí?
—Ella está iluminada como una jodida bola de discoteca —dijo Karin con tono acusador—. Tal vez podría verla desde Virginia.
De alguna manera, ella hacía que todo eso de la luz extraterrestre sonara como si estuviera cubierta de ampollas en lugar de luz. La fulminé con la mirada.
—Ella estaba conmigo ayer por la noche cuando los Arum atacaron, —Sasuke respondió con calma—. Ustedes saben. Las cosas se pusieron un poco… explosivas. No había manera de que pudiera inventar una excusa para lo que pasó.
El Sr. Densetsu pasó una mano por su pelo azabache. —Sasuke, tú, de todas las personas, esperaba que fueras más cuidadoso.
—¿Qué rayos se suponía que debía de haber hecho exactamente? ¿Noquearla antes de que los Arum atacaran?
Karin arqueó una ceja. La expresión de su rostro decía que esa no era una mala idea.
—Sakura ha sabido sobre nosotros desde el comienzo de la escuela— dijo Sasuke—. Y créanme cuando les digo que hice todo lo posible para evitarlo.
Uno de los chicos Uzumaki contuvo la respiración. —¿Ella ha sabido acerca de nosotros todo este tiempo? ¿Cómo pudiste permitirlo, Sasuke? ¿Nuestras vidas están a manos de una humana?
Hinata puso los ojos en blanco. —Obviamente, ella no ha abierto la boca, Menma. Relájate.
—¿Relajarme? —El ceño de Menma era la misma perfección que el de Karin. Y ahora sabía quién era Menma, ahora sí podía distinguirlos. Menma tenía un arete en la oreja izquierda. Naruto, quien hasta el momento aún seguía en silencio, no lo tenía—. Ella es una estúpida…
—Ten cuidado con lo que digas después. —La voz de Sasuke era baja, pero furiosa—. Porque lo que no sabes y lo que no puedes comprender te ganará un rayo de luz en el rostro.
Mis ojos se abrieron, al igual que los demás. Karin tragó fuerte y volteó su rostro, dejando que su cabello rojizo cubriera su semblante.
—Sasuke —dijo el Sr. Densetsu, dando un paso adelante—. ¿Amenazando a uno de tu especie por ella? No esperaba eso de ti.
Sus hombros se tensaron. —No es así.
Tomé una respiración profunda. —No le diré a nadie sobre ustedes. Sé los riesgos que eso conlleva para ustedes y para mí si lo hiciera. No tienen nada de qué preocuparse.
—¿Y quién eres tú para que podamos confiar en ti? —preguntó el Sr. Densetsu, sus ojos entrecerrados en mi dirección—. No me malinterpretes. Estoy seguro que eres una buena chica. Eres inteligente y pareces tener los pies sobre la tierra, pero esto es de vida o muerte para nosotros. Nuestra libertad. Confiar en un humano no es algo que podemos pagar.
—Ella me salvó la vida ayer en la noche. —dijo Sasuke.
Menma rió. —Oh, vamos, Sasuke. Los Arum debieron haberte pegado duro. No hay manera de que un humano pudiese haber salvado nuestras vidas.
—¿Cuál es tu problema? —Le espeté, incapaz de contenerme—. Te comportas como si nosotros no fuéramos incapaces de hacer algo. Claro, ustedes son lo que sea, pero eso no quiere decir que nosotros somos organismo unicelulares.
Una risa ahogada escapó de la garganta de Naruto.
—Ella sí me salvó la vida. —Sasuke se puso de pie, atrapando la atención de todos—. Eran tres Arum los que atacaron, los hermanos del que maté. Fui capaz de aniquilar a uno, pero los otros dos me dominaron. Me tenían atrapado y ya habían comenzado a absorber mis poderes. Era un hombre muerto.
—Sasuke, —dijo Hinata, palideciendo—. No nos dijiste nada de esto.
El Sr. Densetsu aún parecía tener sus dudas. —No veo cómo pudo ella haberte ayudado. Ella es humana. Los Arum son poderosos, indiferentes y viciosos. ¿Cómo puede una chica hacerles frente?
—Le había dado la navaja de obsidiana que llevo y le dije que corriera.
—¿Le diste la cuchilla cuando tú podrías haberla utilizando? —Karin sonaba sorprendida—. ¿Por qué? —Sus ojos me observaron—. Ni siquiera te gusta.
—Ese puede ser el caso, pero no la iba dejar morir por el hecho de que no me agrade.
Me estremecí. Boom. Un dolor se instaló en mi pecho, como un carbón encendido, a pesar de que no me importaba.
—Pero podías haber sido lastimado. —protestó Karin. El miedo tiñendo su voz—. Podías haber sido asesinado porque le diste tu mejor defensa a ella.
Sasuke suspiró, regresando a su posición antigua en el brazo del sillón. —Tengo otras maneras de defenderme. Ella no. No corrió como le indiqué. En su lugar, volvió y mató al Arum que estaba a punto de terminarme.
Un orgullo renuente brilló en los ojos de mi profesor de biología. —Eso es… admirable.
Puse los ojos en blanco, sintiendo un dolor de cabeza abrirse paso.
—Eso fue mucho más que admirable —intervino Hinata, mirándome atentamente—. Ella no tenía por qué hacerlo. Eso cuenta por algo más que admirable.
—Es valiente —dijo Naruto silenciosamente, mirando a la alfombra—. Es algo que cualquiera de nosotros hubiera hecho.
—Pero eso no cambia el hecho de que ella sabe sobre nosotros, — contraatacó Menma, lanzando una mirada de desprecio a su gemelo—. Y se nos prohíbe decírselo a un ser humano.
—No se lo dijimos —dijo Hinata, removiéndose en su lugar—. Sólo fue algo que sucedió.
—Oh, como sucedió la última vez. —Menma rodó los ojos y se volvió hacia el Sr. Densetsu—. Esto es increíble.
El Sr. Densetsu negó con la cabeza. —Después del fin de semana del Día del Trabajo, me dijiste que algo ocurrió, algo de lo cual te habías encargado.
—¿Qué pasó? —Preguntó Karin, claramente esta era la primera vez que oía sobre ello—. ¿Están refiriéndose a la primera vez que estaba radiando?
Al parecer, era como una luciérnaga.
—¿Qué sucedió? —preguntó Naruto, curiosamente.
—Me puse frente a un camión. —Esperé por la inevitable mirada "duh," la cual recibí.
Karin miró a Sasuke, sus ojos azules lanzándole dagas. —¿Detuviste el camión?
Él asintió con la cabeza.
Una expresión de derrota apareció en su rostro mientras miró hacia otro lado. —Obviamente eso no podía explicarse. ¿Desde entonces ha sabido?
Pensé que ese no era el momento para decirles que tenía mis sospechas desde mucho tiempo atrás.
—Ella no se asustó. —dijo Hinata—. Nos escuchó, entendió por qué es importante y eso es todo. Hasta anoche, ni siquiera habíamos tenido un solo problema.
—Pero me mintieron, ambos, —dijo el Sr. Densetsu recargándose contra la pared, entre el espacio de la televisión y una estantería abarrotada de libros—. ¿Cómo debo confiar en ustedes nuevamente?
Un dolor agudo punzó detrás de mis ojos.
—Miren, entiendo el riesgo. Más que ninguno de ustedes en la habitación —dijo Sasuke, frotándose el pecho donde el Arum había metido su mano oscura—. Pero lo hecho, hecho está. Tenemos que continuar.
—¿Te refieres a contactar al Departamento de Defensa? —Preguntó Menma—. Estoy seguro de que ellos sabrían que hacer con ella.
—Me gustaría verte intentarlo, Menma. Realmente me gustaría, porque incluso después de anoche y todavía no estoy completamente cargado, aun así puedo patearte el culo.
El Sr. Densetsu se aclaró la garganta. —Sasuke, las amenazas no son necesarias.
—¿No lo son? —Preguntó Sasuke.
Un silencio pesado llenó la habitación. Creo que Naruto estaba de nuestro lado, pero estaba claro que Menma y Karin aún no lo estaban. Cuando el Sr. Densetsu finalmente habló, me costó mucho encontrarme con su mirada.
—No creo que esto sea correcto, —dijo—. No con lo que… con lo que sucedió antes, pero no voy a echarte de cabeza. No a menos que me des una razón para hacerlo. Y tal vez no lo harás. No lo sé. Los humanos son… criaturas volubles. Lo que somos, lo que podemos hacer, tiene que ser protegido a toda costa. Creo que entiendes eso. —Hizo una pausa, aclarándose la garganta—. Tú estás a salvo, pero nosotros no.
Menma y Karin no parecían estar muy contentos con la decisión del Sr. Densetsu, pero no objetaron. Después de intercambiar miradas entre sí, avanzaron a buscar la manera más firme de atacar al último Arum.
—Él no esperará. No son conocidos por tener paciencia, —dijo el Sr. Densetsu, sentándose en el sofá—. Podría avisar a los otros Luxen pero no estoy seguro que sea la decisión correcta. Nosotros podemos confiar en ella, pero ellos no lo harán.
—Y además está el problema de que ella ahora parece ser una bombilla radiactiva en este momento —añadió Karin—. No importa que no digamos nada, en cuanto ponga un pie en el pueblo sabrán que algo sucedió de nuevo.
Fruncí el entrecejo. —Vale, no sé qué hacer al respecto.
—¿Tienen algunas ideas o sugerencias? —dijo Sasuke—. Porque entre más pronto deje de tener la luz, mejor.
Sí, porque apostaba a que él moría de ganas de cuidarme otra vez.
—¿A quién le importa? —dijo Menma, poniendo los ojos en blanco—. Tenemos al Arum para preocuparnos. Él la verá sin importa el lugar dónde la pongamos. Todos nosotros, en este momento, estamos en peligro. Cualquiera de nosotros que esté cerca de ella está en riesgo. No podemos esperar. Tenemos que encontrar al último Arum.
Hinata sacudió la cabeza. —Si podemos borrar el rastro de ella, entonces ganaremos tiempo para encontrarlo. Deshacernos de su luz debe ser nuestra prioridad.
—Yo digo que la llevemos a un lugar lejos en medio de la nada y dejemos su trasero allí. —musitó Menma.
—Gracias —dije, frotándome las sienes—. Estás realmente aportando al tema.
Él me sonrió. —Hey, sólo estoy ofreciendo mis sugerencias.
—Cállate, Menma, —dijo Sasuke. Menma rodó los ojos.
—Una vez que el rastro desaparezca de ella, estará a salvo, —insistió Hinata, colocando un mechón de su cabello detrás de su oreja—. Los Arum no se meten con los humanos, de verdad. Rin… ella estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Después todos se enfocaron en otra discusión sobre que era más importante: encerrarme en algún lugar, lo cual no tenía sentido puesto que la luz se podía ver a través de todo, o buscar alguna otra manera de eliminar el rastro sin tener que matarme. Y Menma realmente lo consideraba una opción válida. Idiota.
—Tengo una idea —dijo Naruto. Todos lo miraron—. La luz alrededor de ella es un subproducto de nuestros poderes, ¿verdad? Y nuestros poderes se concentran en la energía. Y nosotros nos debilitamos entre más usamos nuestros poderes y usamos más energía.
El Sr. Densetsu parpadeó, sus ojos brillando con interés. —Creo que te entiendo.
—Pues yo no —murmuré.
—Nuestros poderes se desvanecen más cuando los usamos, entre más energía ejercemos —Naruto se volvió a Sasuke—. Debería ser igual con nuestros trazos, ya que la huella es la energía residual que le dejamos a alguien. Tenemos que ejercerle su propia energía; y la luz que está a su alrededor desaparecerá. Tal vez no del todo, pero sí a un nivel al cual no atraerá a cada Arum en la Tierra hacia nosotros.
Eso no tenía sentido para mí, pero el Sr. Densetsu estaba asintiendo con la cabeza. —Puede funcionar.
Sasuke se rascó el pecho, su expresión dudosa. —Y cómo vamos a conseguir que ejerza su energía.
Menma sonrió desde el otro lado de la habitación. —Podríamos llevarla a un lugar desierto y perseguirla con nuestros coches. Eso suena divertido.
—Vete a la mie…
La risa de Sasuke me interrumpió. —No creo que esa sea una buena idea. Divertido, pero no una buena idea. Los seres humanos son frágiles.
—Ah sí, tal vez debería meter mi frágil pie en tu trasero —le dije, irritada. La cabeza me latía con fuerza y no encontraba ninguna de sus ideas divertidas. Empujé a Sasuke del brazo del sillón y me levanté—. Iré a beber algo. Avísenme cuando se les ocurra algo que probablemente no me mate en el proceso.
La conversación continuó mientras me apresuraba fuera de la habitación. No tenía sed. Sólo tenía que salir de aquí, lejos de ellos. Tenía los nervios de punta. Entrando a la cocina, me pasé las manos por el pelo. El preciado silencio alivió algo del dolor de cabeza. Apreté los ojos cerrados hasta que los puntos pequeños bailaron detrás de mis párpados cerrados.
—Sabía que estarías escondiéndote en la cocina.
Solté un grito ante el sonido tranquilo de la voz de Karin.
—Lo siento —dijo, apoyándose contra el mostrador—. No era mi intención asustarte.
No estaba segura de creerle. —Está bien.
De cerca, Karin era del tipo de chica de las cuales me hacían querer bajar diez kilos y correr hacia el departamento de maquillaje más cercano.
Y ella lo sabía, también. Había confianza en la inclinación de su barbilla. —Esto debe ser mucho para ti, comprender todo lo que somos y luego enfrentarte a lo que hiciste anoche. —Me miró con recelo.
A pesar de que no estaba tratando de arrancarme la cabeza, no me iba a relajar. —Ha sido diferente.
Una pequeña sonrisa cruzó sus labios carnosos. —¿Qué decía ese programa de televisión? "La verdad está ahí afuera."
—Los expedientes secretos X —le dije—. He querido ver Encuentros cercanos del tercer tipo desde que me enteré de la verdad. Parece ser la película más realista sobre extraterrestres que hay.
Otra pequeña sonrisa se dibujó en su rostro y luego me miró. —No voy a pretender que vamos a ser mejores amigas o que confío en ti. No lo hago. Tiraste pasta sobre mi cabeza. —Hice una mueca ante eso, pero ella continuó—. Y sí, tal vez me estaba comportando como una perra, pero tú no lo entiendes. Ellos son todo lo que tengo. Haré todo lo que esté a mi alcance para mantenerlos a salvo.
—Nunca haría nada para ponerlos en peligro.
Ella se acercó, y luché con cada uno de mis instintos para enfrentarla. Para mantenerme segura. —Pero ya lo has hecho. ¿Cuántas veces Sasuke ha intervenido por ti, corriendo el riesgo de exponer lo que somos y lo que podemos hacer? Estás poniendo a cada uno de nosotros en peligro.
La ira atravesó dentro de mí como un fuego. —Yo no estoy haciendo nada. Y anoche…
—Anoche le salvaste la vida a Sasuke. Bravo. Bien por ti. —Ella colocó un mechón súper-liso tras su oreja—. Por supuesto, la vida de Sasuke no hubiera estado en juego si no hubieses atraído a los Arum a él. Y lo que pienses que tienes con Sasuke, no lo haces.
Oh, por el amor de todos los bebés del mundo. —No creo que tenga nada con Sasuke.
—Te gusta Sasuke, ¿no?
Sonriendo, tomé una botella de agua del mostrador. —En realidad, no.
Karin inclinó la cabeza a un lado. —A él le gustas.
Mi corazón no dio un salto estúpido en mi pecho, por supuesto que no. —No le gusto. Incluso tú misma lo has dicho.
—Estaba equivocada. —Se cruzó de brazos mientras me miraba con atención—. Siente curiosidad por ti. Tú eres diferente. Nueva. Brillante. A los chicos, incluso los de nuestra especie, les gustan los juguetes nuevos y brillantes.
Tomé un largo trago de agua. —Bien, este es un juguete con el cual él no tiene intención de jugar. —Cuando está despierto, obviamente—. Y realmente, los Arum…
—Los Arum terminarán matándolo. —Su tono no había cambiado. Era sin emociones—. Gracias a ti, pequeña humana. Él terminará matándose a sí mismo por ti.
Continuara…
