Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.

Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.

Agradezco a todos los que se animen a leer esta historia.


Capítulo 21: No debería afectarme

Esa conversación había sido casual, Víctor la recordaba. La mirada suave de Yuuri tras el orgasmo era una de las cosas que más le gustaba mirar, bajo la luz de la pequeña lamparilla a su espalda. Le daba a sus ojos un color casi cristalino, como si fuera bombones de chocolates de la más alta calidad, brillantes y encendidos. El sonrojo no había abandonado a su rostro y Víctor podía recordar aún la sensación del sudor secándose tras su espalda marcada por los dedos de Yuuri, dejándole aún el ligero ardor tan delicioso.

—¿Has pensado en ser entrenador?

Yuuri lo había mirado con sorpresa, con aún los labios ligeramente hinchados por los besos que estuvieron presentes pocos minutos antes. Sus piernas entrelazadas se movieron un poco, solo para evitar un calambre, pero no dejaron de mantenerse juntas y rozándose con suavidad.

—¿Un entrenador? —Había repetido Yuuri, como si aquello en realidad jamás le hubiera pasado por su cabeza.

Para Víctor, le pareció una opción obvia. Sobre todo al notar como Yuuri estaba ayudando a Yuri a volver a clavar los saltos ahora que sus extremidades estaban alargándose y estaba perdiendo su anterior punto de equilibrio. Yuri se enojaba, pero pese a todo, era a la única persona a la que atendía y a la única a la que le permitía sin refunfuñar que le diera instrucciones además de Yakov. Víctor lo había notado, se le hacía evidente.

No quería pensar que hubiera algo más.

—Creo que serías uno bueno. Tienes paciencia, eres buen observador y creo que entenderías los corazones frágiles de los patinadores mejor de lo que lo hago yo.

—Es una conversación muy extraña para después del sexo. —Acotó Yuuri, pero había en sus ojos un brillo de genuina diversión, mientras pegaba su frente a la de Víctor.

—Oh, es que acabo de acordarme.

—Pues, no lo había pensado. Pero… ¿por qué no? Sería otra manera de perseguirte.

A Víctor se le había revuelto el corazón. Le había temblado las pestañas, se le había inflado el pecho ante esa declaración. Yuuri le había sonreído con seguridad, con esa expresión de certeza que le revolvía el alma con la felicidad, la espera, la ansiedad. Le besó suave y Víctor se vio en la necesidad de profundizar el beso. Y hubo una nueva ronda, una ronda perfecta, profunda, apasionada, mientras él mencionaba "entrenador Katsuki" y Yuuri se llenaba de colores, de fuerza, de vitalidad enterrandolo en la cama.

Pero aquel golpe lo volvió a la realidad, al ahora donde Yuuri no estaba, donde esa como todas las promesas se quedaron en el olvido, y donde Yuuri no querría perseguirlo porque simplemente ya lo había sobrepasado y de él sólo quedaba una sombra. La realidad donde Yuuri no estaría haciendo eso para llegar a él, donde ahora él estaba con Yuri en la casa y donde un teléfono se estrelló al suelo partiéndose.

Víctor pestañeó. Sus ojos estaban más opacados de lo normal y era incapaz de darle forma a la espalda de Yuri y a la imagen de su pantalla plana, mostrando señores que se movían mientras la reportera rusa volvía a acotar, una y otra vez, como si pudiera olvidarse, que Yuuri Katsuki volvía como entrenador y estaba dispuesto a tomar el oro.

Entonces la saboreó. Había rodado hasta sus labios, hasta mojar la carne deshidratada y permitirle saborear su salada naturaleza. Víctor subió su mano hasta su rostro y atrapó otra más, que caía sin permiso, sin demora, mientras otra más estaba detrás de ella. Dio otro paso hacia atrás, y la espalda de Yuri era como una amenaza latente. La posibilidad de mostrarse en la peor forma, en la forma en la que solo Yuuri, Christofer y Yakov lo conocían, le aterró.

No lo permitió. Se dio media vuelta y se apresuró hasta su habitación hasta golpear su espalda contra la puerta cerrada. Sus dedos temblaron alrededor de la manilla, y sus rodillas sintieron que no podrían sostenerlo más. Pero en la oscuridad de la habitación (la que fue de ambos) pudo ver la cama (que compartieron los dos) y notar el vacío (que antes era llenado por los dos). Y eso fue suficiente para hacerle temblar mientras se vio asaltado por tantas emociones que no pudo darle nombre a ninguna.

Estaba en shock, se dio cuenta porque ni siquiera había arrugado el rostro, ni siquiera había salido un sonido de su boca y nada más lo acompañaba que el temblor de sus extremidades y el sabor a sal de la lágrima fugitiva. Pero podía escuchar la voz de Yuuri en su oído, pegada en la punta de su lóbulo y repetir esas palabras. Podía verlo, mejor que nunca, mucho mejor de lo que jamás imaginó que podía estar sin él. Siguiendo su vida, no como una penitencia, no por obligación, no porque tenía que ayudar a alguién más. Sino por convicción, porque así era Yuuri. Porque no podía ser de otra forma.

¿Era alegría? ¿Era tristeza? ¿Era rabia? ¿Era decepción? ¿Era nostalgia? ¿Era miedo?

Víctor no lo supo, pero Yuri sí.

Yuri supo que lo que sentía era rabia, odio, miseria, humillación y envidia.

A Yuri le temblaban el cuerpo y el alma, le temblaban las extremidades. Viendo los restos de su movil, el cual se partió por la caída, solo podía pensar en el rostro de Yuuri, en lo mucho que se veía cambiado y en la idea de que Minami Kenjiro, sería quien estaría con él todos los días, a cada hora, disfrutando de su presencia y teniendo sus programas. La ira que se acumulaba cada vez que la idea volvía a su cabeza iba a matarlo.

Sin saber que hacer, Yuri miró hacia atrás pero ya Víctor no se encontraba allí. Sus manos temblorosas pasaron por su cabello y se jaló varios mechones mientras intentaba coordinar sus pensamientos, los cuales eran frenéticas secuencias de imágenes y pensamientos que chocaban dentro de su cabeza. Quería gritar y al mismo tiempo quería llorar y ambas cosas, lo hacían odiarse a sí mismo por el patetismo que significaba admitirselo. Admitir que Yuuri aún tenía poder sobre él.

Se sentó de nuevo, tratando de poner en orden a su propia mente. Los comentaristas seguían hablando, ahora comentando lo que había ocurrido en la reciente rueda de prensa.

"—Definitivamente tendremos una interesante temporada este año, Russell. No sólo Yuuri Katsuki vuelve como entrenador, sino que Jean-Jacques Leroy también anunció que esta temporada sería su regreso y según sus palabras, viene para tomar su oro.

—J.J es sin duda alguna el principal favorito, pero Minami Kenjiro no solo es el mejor patinador de Japón, también ha tenido una importante trayectoria en la última temporada. Si Yuuri Katsuki con la motivación de tener a Víctor Nikiforov como entrenador, pudo pasar del sexto lugar del GPF a la medalla plata, ¿qué podemos esperar de Minami Kenjiro que ya tiene la plata?

—Al menos un nuevo récord."

Yuri levantó la mirada enrojecida de furia, mirando la pantalla y escuchando los comentarios de los dos periodistas mientras pasaban imágenes de las últimas presentaciones de Minami Kenjiro.

"—Sólo falta que Rusia confirme quienes son los que intentaran recuperar el poderío Ruso del Grand Prix y el mundial. Ya son cinco años que los han mantenido a raya en las grandes competiciones del patinaje artístico.

—Después de Víctor Nikiforov, parece que no ha llegado quien pueda representar a Rusia en el hielo y pueda mantener a Rusia en el status de campeón. Aunque la nueva estrella de la categoría Junior Louis Petrov puede cambiar el panorama.

—¿Podría ser estar una motivación para que Yuri Plisetsky regrese al ruedo?

—Después de sus lamentables años de competición, dudo que aunque regrese pueda enfrentarse a..."

Tenía ganas era de patear el televisor, patearlo, destrozarlo, destruirlo bajo sus pies. Pero no lo hizo, suponía que aún en medio de la locura de su cabeza, sus neuronas habían logrado analizar que primero: ese televisor era de Victor y segundo, no tendría dinero para reponerlo, así que lo apagó jalando el cable y agarró su abrigo para salir corriendo de ese lugar y de las voces.

...

En el mundo, el hashtag #ThePhoenixJapan y #KatsukiCoach se volvieron en tendencia. En Rusia, los hashtag #YuriPlisetsky #VandaloRuso #KatsukiFake #KatsukiSucks fueron los más mencionados dentro de su territorio, mientras que en Japón el hashtag #KatsukiCoach #ThePhoenixJapan #KenjiroMinami #KatsukiYuuri abundaron dentro de sus fronteras. Hubieron millones de vistas en sus videos y se agregaron en menos de 3 horas, más de quince subtitulos en distintos idiomas. La noticia había sido un boom a nivel internacional.

Minami leía todo a través de su móvil mientras esperaba que el desayuno que tenían después de la rueda de prensa llegara a su mesa. Todos estaban sentados, en un restaurante tradicional de muy alta categoría donde la JSF habían invitado al nuevo entrenador y su alumno a comer. Yuuri veía con hambre cada uno de los platillos que estaban sirviendo, acompañado de bellas mujeres vestidas con preciosos kimonos que engalanaron el lugar. Yuuri no le prestaba atención a la mujeres, no lo que otros seguramente estaban haciendo (incluyendo Minami), solo veía lo bellísimo que se veía los colores y las formas en las telas y lo muy bien que se veían en ellas.

Escuchó un bufido y Yuuri dirigió la mirada había Minami, quien había decidido dejar de leer los tweets. Conforme se iba despertando la otra mitad del mundo, los tweets aumentaban y se volvían cada vez más agresivos, eufóricos, intimidantes. Parecía que todos los fans de Yuri Plisetsky estuvieran despertando y lanzaban comentarios usando el hashtag que había nacido por Yuuri. No quería pensar cuando al fin despertara Canadá. Las JJ Girls seguramente seguirían a las Yuri Angels. Afortunadamente habían muchos fans tanto suyos como de Yuuri sobre todo en Asia y en Estados Unidos, por lo cual no dejarían que la balanza cayera de aquel monstruoso lado.

Cuando Minami vio a Yuuri en el teléfono, se preocupó al pensar que pudiera estar viendo los tweets o las noticias, pero por la sonrisa de Yuuri y el brillo de sus ojos, era evidente que no se trataba de eso.

—Phichit nos manda saludos, mira esto. —Le mostró la fotografía de su amigo, en su habitación, tomando su emblemática selfie donde tenía detrás de él una pancarta hecha a manos con mensajes de superación. Minami tuvo que reír, emocionado al ver ese apoyo—. También Guang Ho. —Anunció, y su joven amigo chino, ganador del anterior GPF, les había enviado una fotografía con él vistiendo la medalla de oro y un mensaje que sonaría como un desafío si no fuera por su expresión tan preciosa y feliz. Era bueno tener contendientes amistosos.

—¿Intenta ganarla? ¡Ya verás, Guang Ho!

Seung había enviado un mensaje muy corto y preciso, con un: "Felicidades Yuuri, ahora podré vencerte como entrenador" y otro por parte de Celestino, que según sabía estaba en China preparando a Guang para la siguiente temporada. Le había escrito que estaría a la orden en caso de que necesitara algún consejo y que le alegraba mucho saber que lo verá de nuevo.

Eran mensajes esperanzadores, mensajes que le llenaban el espíritu a ambos, pero en especial a Yuuri. Jamás había pensado en cuánto lo extrañaba, hasta ahora que lo tenía de nuevo de vuelta. Sus ojos brillaban con fuego, felicidad, calor.

—Seguramente Leo estará durmiendo. —Musitó Yuuri, mirando a Minami de cerca . El muchacho al notar la cercanía, se sonrojó y desvió la mirada hacía otro lado.

—Seguro… ¡pero deberíamos tomarnos una selfie para Phichit y Guang!

Minami no esperó una respuesta positiva cuando ya se había puesto a su lado y colgó el brazo detrás de Yuuri, sobre sus hombros. Se juntó lo más que pudo, intentó no recostarse sobre él, y esperó que Yuuri se hallara cómodo en la posición. La sonrisa de Minami fue grande, enorme, mostraba la tonelada de felicidad que le embargaba. Yuuri destinó una pequeña, pero igual de expresiva, que demostraba cómo los años habían convertido de un joven adulto a un adulto cerca de los treinta. Sus lentes le daban un aspecto conocedor y su cabellos ya lacio tras perder el efecto del gel caía sobre su frente dándole un aire natural.

Enviaron la fotografìa y no tardó en recibir respuestas de ambos. Phichit estaba encantado y eufórico porque había visto a Yuuri sonreir. Guang Ho solo respondió con emoticones emocionados. Se sentía bien volver…. no imaginaba que tanto.

No tardaron en recibir ahora llamadas y mensajes de sus familias. Minami de sus padres y hermanos, a los que contestó emocionados mientras les era servido el té, y Yuuri de su hermana, de Minako y Yuko. A las tres les respondió amablemente y les prometió que las llamaría cuando acabaron la comida, para poder extenderse cuanto quisieran.

Un periodista se acercó a la mesa y las fotos oficiales comenzaron. Yuuri sabía que esas fotos serían subidas como partes de las publicaciones de la JSF, y sabía qué sonrisa entregar en cada ellas: una formal, perfecta que demostrara seguridad. Esta vez no se sentían planas y vacías.

Minami aprovechó y revisó en la red social el perfil de Yuuri y encontró para su alegría las publicaciones de varios que tenían como amigos, todas animándole, felicitándole y mostrándose ansioso por verlo pronto en el hielo y conocer el programa, al Fénix. Entonces notó que Yuuri había cambiado la foto de su perfil en el chat por la foto que Minami había publicado de sus patines y en la portada de su página, una imagen del fénix. Yuuri apenas había tenido movimiento en la red, el último había sido hacía más de seis meses. El hecho de que ahora lo hiciera, lo llenó de una innegable felicidad.

—¡Ya hay arts! —Exclamó Minami al ver la publicación de varios artistas que para darles la bienvenida, estaba dibujándolos en versión manga y anime, y algunas hacían unos artes dignos de alabanzas. Hubo uno en particular que a Minami le iluminó la mirada, uno donde Yuuri estaba de pie en el hielo y en sus manos alzadas, se dibujaba las alas de fuego de un ave de azul subiendo, mientras el reflejo de sus llamas iluminaban la oscura y fría superficie del hielo.

Era irónico como habían personas que sin conocerlo, habían entendido quién era el fénix para él y Yuuri no lo hiciera. Era irónico y extraño, pero lejos de desanimarse, se sintió feliz de que ya los demás lo vieran. Era el inicio, solo el inicio.

—¿Tan pronto? —Minami le mostró uno en donde estaban ambos dibujados, en una perfecta simetría. Ambos rostros miraban al frente, partido a la mitad, y sus ojos estaban llenos de fuego y vida. Detrás, la bandera de Japón se agitaba. El mensaje rezaba: por el oro.

—Sí. Estoy impresionado. ¡Todos están contentos!

—Yo también lo estoy. —El tono de voz sincero llenó de color a las mejillas de Minami, y podría jurar que estaba preparado para chillar de felicidad. Yuuri era felicidad, estaba feliz. Nada podría salir mal.

—Yo estoy feliz, porque tú lo estás —dijo en un tono suave y comedido.

Se sonrieron en sintonía y disfrutaron del resto del evento con satisfacción y esperanzas del futuro. La comida se agotó y las bebidas terminaron. Con un fuerte apretón de mano y una reverencia. Yuuri volvió a mirar su teléfono, que empezaba a vibrar constantemente, mientras Minami se estiraba, satisfecho por la comida. Salieron del restaurant y caminaron en la calle, hasta que Yuuri se detuvo. Sus ojos se abrieron hasta lo imposible.

—¿Pasó algo Yuuri?

—Dame un momento…

Yuri llegó después de haber dejado su alma en el hielo. No fue difícil conseguir entrar a una pista de hielo abierta al público y que no tenían a nadie por las horas. Total, lo que necesitaba era desfogar de algún modo su furia implacable ¿y qué mejor que en el hielo? ¿Qué mejor que lastimando sus manos al caer una y otra vez sobre el hielo? Sus rodillas, tobillos, pies, espalda…

No le importó llegar lleno de moretones por el contacto de su piel con la pista. No le importó llegar con el frío en los huesos y la piel maltratada por el clima. No le importó porque en todo caso, nada había logrado aplacar las llamas en su pecho, la rabia metida en su corazón.

Caminó hasta la cocina, con la idea de buscar un vaso con agua helada. Sus ojos ardían, su garganta estaba reseca y sus manos dolían por los contactos raspones provocados por el hielo. El agua desapareció apenas llegó a sus labios, necesitaba tragarla con premura, hasta devolver el vaso sobre el mesón. Allí se mantuvo quieto.

Estaba contenido, se sentía como una presa a punto de estallar. La poca calma se había evaporado, el viaje a Moscú había perdido sentido solo porque Yuuri Katsuki se había atravesado en su camino y odiaba la parte de él que pensaba que sería muy buena idea agarrar el primer vuelo a Japón para llegar y demostrarle que no podía escapar de él. Y esta vez, no porque Yuuri le hubiera prometido algo. Nunca le prometió nada.

Yuuri siempre fue muy claro con lo que podía dar, hasta donde podía llegar.

Las facciones de Yuri estaban transformadas por la rabia y la miseria. Su cabello sudado y reseco por el frío estaba sobre su rostro, sin nada que lo apartara para dejar ver el brillo encendido de sus ojos. Y además estaba la molestia allí bulleando, la de saber que había echado a perder su móvil y ahora no podría llamar a Mila o a Otabek para soltar la rabia. No quería ni abrir su laptop, ya se imaginaba todas las notificaciones que llegarían y no quería tener que enfrentarse a eso. Aún no.

¿Y Víctor?

Caminó hasta el borde de la puerta de la cocina, mirando hacía el otro lado donde la puerta estaba cerrada. Víctor seguramente estaría allí, pero no tenía idea de con qué expresión. ¿Estaría angustiado? ¿Estaría muriendo de celos como él? ¿Cómo tomaría las ganas frenéticas que él tenía de correr hasta Japón para retar a Minami y ganar su derecho de ser el patinador con el que estuviera Yuuri?

Hizo una mueca con sus labios, irritado. ¿Por qué debería importarle lo que Víctor pensaba? ¿Por qué debería sentarle mal abandonarlo? Sentía que si lo seguía pensando, tendría jaqueca.

Volvió la mirada a la cocina. Ni siquiera tenía nada en mente, podría justificar su reciente ataque de ansiedad y falta de sueño como las culpables de estar registrando la nevera buscando algo. No había bebidas y bien que se le antojaba, pero empezó a revolcar para agarrar un cartón de huevo y pensar si freírlos todos para comer y morir de gastritis en su habitación.

Con la vista, empezó a buscar algo con que entretener sus manos y sus ojos chocaron con la emblemática carcasa del móvil de Víctor. La miró con demasiada atención, sintiendo que el hecho de que el objeto hubiera quedado abandonado allí podría significar muchas cosas.

La idea le sedujo, como una serpiente enroscándose en su cuello. Escuchó el siseo de su lengua ponzoñosa, la sensación que se arrastraba por su nuca y su espalda, la necesidad invisible de tomar el equipo y mirar la pantalla, donde una foto de Makkachin durmiendo en un mueble le dio la bienvenida. La clave…

Yuri marcó la misma que usaba Víctor para el wifi, y bufó al notar que había acertado. "Katsudón". Víctor no podía ser más patético al guardar fantasmas y cadáveres en todo lo que le rodeaba, como si con eso pudiera ocultar su penosa vida. Pero por el momento le agradecía, le agradecía porque necesitaba el maldito equipo desbloqueado.

Navegó hasta la aplicación de mensajería instantánea y al entrar buscó de inmediato en la lista de contacto. Bingo, allí lo tenía. Típico de Nikiforov que seguía guardando cosas viejas en aquella habitación, las matryoshkas al lado de su cama, "katsudon" de clave de wifi y teléfono. Era obvio pensar que aún seguía con el contacto de Yuuri Katsuki. Su línea de Rusia y la de Japón. Las probabilidades de que Yuuri aún la mantuviera era mínima…

No. No lo eran. Por supuesto, Yuuri no era de los que desaparecen sin dejar huellas. Era de los que se iban y mataban con la indiferencia. Por supuesto guardaba su número, por supuesto aún lo estaría usando, por supuesto utilizaría la foto de su perfil con los emblemáticos patines con el que Minami ya había advertido que Yuuri estaba con él.

La mano le tembló de nuevo y sus ojos se llenaron de una decepción desbordante. Sus pestañas rubias vibraron y sus ojos verdes en medio de las penumbras, marcaron las primeras de muchas palabras.

"Vaya, vaya. ¿Quién iba a decirlo?"

Fue el inicio el inicio para una catarata de pensamientos que se convirtieron en letras bajo sus dedos, en legible ruso, sin importarle nada. El inicio de una necesidad de desahogarse, de decirle a Katsuki lo que era, lo que ahora pensaba de él, el odio que sentía, las ganas que tenía de aplastarlo y humillarlo. Sacó todo, apretando los labios, sintiendo aguar sus ojos. Escupió todo, sin detenerse, sin dejar de escribir, y solo viendo como se iba marcando la señal de que no solo el mensaje salía, sino que llegaba y se leía. Siguió escribiendo hasta que sus dedos dolieron y su alma se sintió descosida.

El mensaje era de Víctor. ¡El mensaje era de Víctor! Yuuri prácticamente salió huyendo de Minami, buscando un lugar donde pudiera tener privacidad en la enorme Tokyo, la ciudad que jamás dormiría ni le dejaría tener respiro entre millones de habitantes.

Sus latidos iban incrementando conforme corría y la sensación de ser perseguido se hizo aún más real. No le importaba, solo quería estar solo. Algo dentro de él lo impulsaba porque sabía que si era cierto, si era Víctor, sería demasiado difícil aparentar tranquilidad.

No lo esperaba tan pronto…. ¿O quizás sí?

Víctor siempre había sido así, dado a la sorpresas. Sorprendía al mundo, lo sorprendía en su vida. Hacía lo que el mundo lo creía incapaz de hacer. Hizo lo que él creyó que era incapaz de hacer. Ahora, en un arranque de impulsividad le había escrito, lo había hecho tras tres años de silencio, tres, porque Yuuri podía recordar el momento exacto en que su teléfono dejó de recibir noticias de él.

Bajó los escalones de la estación del metro, sin prestar atención a su alrededor y chocando con cuánto jóvenes subían sin disculparse. Corrió hasta uno de los pasillos y se apegó a la pared, con su teléfono en la mano, temblandole ante el aviso de más de una docena de mensajes provenientes del teléfono de Víctor.

Lo sabía, lo sabía… Yuuri lo sabía, no era una sorpresa pero aún sentía que algo le estaba aplastando el pecho, le apretaba los pulmones. Había necesitado respirar por la boca, tratando de recuperar el aliento. Había necesitado unos minutos para solo inhalar y exhalar, lo necesitaba para al menos aclarar la vista y tener el valor de ver lo que estaba escrito en la pantalla.

Víctor le había escrito… ¿sería mucho pedir una sinceras felicitaciones?

"Vaya, vaya. ¿Quién iba a decirlo?"

Los ojos de Yuuri se abrieron, palideció. Fue como sentir una daga directo al corazón.

"El entrenador Katsuki Yuuri. ¿Eso es lo que quieres ahora?
Eres un asco, ¡eres tan patetico! ¿Esa es la forma en que volverás?
¡Ah claro! Como no tuviste el maldito valor de quedarte el hielo y competir como lo que eres,
ahora vas a tomar a la patética figura de ese cerillo para entrenarlo. ¡Entrenarlo!
¡Oh si! ¿Otra manera de pretender que las cosas están bien Yuuri? ¿Otra forma de competir contra mí?"

—¿Yuri…?

Ese no era Víctor, era Yuri. Podía reconocerlo, podía sentir su energía transmitida en sus palabras, su odio latigando la espalda, mientras seguía leyendo las líneas que estaban allí y que seguían llegando, una tras otra, sin descanso.

Pero por qué… ¿por qué desde el teléfono de Victor?

"¿Ahora vienes a aplastarme de nuevo? ¡Ni creas que voy a dejarlos!
¡Voy a aplastarlo, voy aplastarlo una y otra vez! Haré que se sienta miserable,
¡que veas cuánto te odio Yuuri Katsuki! ¡Te odio! Te odio porque pretendes quitarme el oro, ¡mi oro!
Me estoy preparando, preparando para aplastarte, para patearte y demostrarte que no te necesito,
que nunca te necesité. Nunca te lo voy a perdonar, cerdo."

Las gotas cayeron sobre el móvil. Yuuri retuvo el sonido en sus manos.

"Nunca te lo voy a perdonar. Nunca te voy a perdonar por abandonarme
como lo hizo mi madre. Jamás Yuuri, jamás… así que si no pudiste soportar el rencor de Rusia,
el desprecio de Víctor, piensa si podrás con mi odio."

—Perdoname, Yuri…

"Creí en tí Yuuri, creí en tí. Me arrepiento de haberlo hecho…"

Minami lo encontró acurrucado contra la pared, con una mano tapando su rostro mientras era un ovillo que la multitud ignoraba. Apretó sus labios al ver ante sus ojos a la figura del fénix convertida de nuevo en cenizas.

Como era de esperarse, no contestó. Yuuri era así, mataba con la indiferencia. Para Yuri no era sorpresa el que Yuuri no hubiera contestado ese mensaje, así como no contestó ninguno de los que escribió cuando lo sabía camino al aeropuerto, para desaparecer.

Se frotó el rostro con las manos. La vista le ardía. Había esperado casi más de una hora por una respuesta que sabía de antemano que no iba a llegar.

Lo odiaba, pero odiaba más saber que no podría odiarlo lo suficiente para que dejara de afectarle. Que no podía usar la indiferencia, porque él mismo no sabía olvidar. No podía hacerlo, no le nacía, y eso era más frustrante que cualquier otra cosa.

Decidió dejarlo así. No iba a perder el tiempo, no iba a pedir de nuevo que alguien se quedara con él. Ya vio el resultado con su madre, ya lo vio con Víctor, ya lo vio antes con Yuuri, no volvería a gastar su tiempo en intentar retener a quien no quería quedarse. Aunque le doliera, aunque se sintiera de nuevo abandonado, Yuri Plisetsky decidió que ya no iba a rogar la presencia de nadie más.

Nadie lo merecía.

Esto es otra cosa que me ha quitado el tiempo.

Presionó el botón y viendo el menú de opciones, marcó la que decía "Borrar Conversación". De este modo, limpiaba todo su rastro en el celular de Víctor y este no se daría cuenta del impulso que lo había llevado a escribirle a un fantasma. Ojalá y así de fácil fuera borrarlo de su vida, pero Yuri sabía que ni todo el tiempo del mundo podría hacerlo.

Cómo dolía.

Dejó el teléfono en el lugar donde lo había encontrado y apagó todas las luces. No se preocupó por buscar los destrozos de su móvil, tampoco por intentar conectarse a la lap. Cayó sobre la cama, aunque sabía que no podría dormir y miró el techo oscuro como si éste le apretara la cara.

Yuuri sería entrenador de otra persona, competiría el oro por su país, armaría las presentaciones para que aquel le venciera: Yuri tenía que acostumbrarse a eso. Pero no se lo haría tan fácil, por supuesto que no. Empujaría toda la rabia, todo el dolor, toda la frustración para su programa. Le haría saber que se había ido para no volver y que el mentado fénix definitivamente no era él.

Se lo juró.

El vuelo a Fukuoka fue en silencio. Minami se mantuvo a distancia y Yuuri no comentó nada aunque sentía que el silencio era mucho más pesado de lo normal. Cuando Minami había intentado abrazarlo en la estación del metro, Yuuri se escabulló y no le permitió siquiera que le diera una mano. La mirada de Minami había sido muy clara, pero Yuuri estaba demasiado enfocado en su propio dolor como para prestarle atención. De allí solo hubo un silencio consensuado.

Ni en el taxi, ni en el aeropuerto, Minami siguió callado mirando a otro lado mientras su rostro mostraba más edad de la que tenía. Yuuri mantuvo su mirada en la ventanilla, apegando su sien sobre el vidrio. Veía algunas nubes en medio del vuelo, así estaba perdido en sus pensamientos, en la memoria, y en la sensación de sus ojos cocer cuando cada palabra venía con hierro. Pero de algún modo, en el reflejo podía ver el rostro de Minami enfuruñado, la frialdad de su mirada que siempre estaba llena de luz.

Debía estar molesto por él, pensó. Debía estar molesto por encontrarlo en ese momento débil. Debía ser así, pero ya no tenía tiempo como para tratar de remediar aquello y sabía que esa imagen ya lo perseguiría. No quería tampoco explicarle sus motivos.

Al llegar a casa, Minami entró hasta su habitación, sin decirle nada. Yuuri empezaba a resentir la falta de palabras, hubiera preferido mil veces una queja ruidosa, un reclamo abierto, que la dura indiferencia que le hacía recordar cosas dolorosas. Entonces decidió que él también haría lo mismo, dejaría el espacio, al menos hasta que su mente se enfriara. No hubo más mensajes por parte del teléfono de Víctor y ya no quería pensar en las posibles razones por lo cual Yuri tuviera a la mano el teléfono de Víctor avanzada la madrugada en Rusia. Tampoco en la dureza de sus palabras.

Después del baño, fue a la terraza y llamó a Phichit. Necesitaba hablar de lo ocurrido con alguién, y Minami no era una opción, por lo cual se atrevió a ser él quien buscara a su amigo. Phichit respondió la llamada con entusiasmo, pero eso fue mutando conforme explicó lo que había sucedido, los mensajes enviados desde el número de Víctor y cómo se sintió. Phichit entonces hizo un silencio que le hizo recordar al de Minami, comprendiendo al fin él porque le resultaba tan incómodo.

Phichit, que era una persona con tan buen humor, tan alegre, tan entusiasta, muy pocas veces se enojaba. Incluso, podría decir que contaba la cantidad de veces que lo había visto de ese modo, pero solía aplicar ese silencio demencial que iba tan contrario a su personalidad. Un silencio profundo y oscuro que contagiaba la atmósfera que lo rodeaba. Tal como Minami.

—¿Le contestaste? —Preguntó Phichit, y Yuuri renegó. La videollamada le permitió a su amigo verlo—. Es mejor. Borra esa conversación y olvídate de eso. No importa lo que Plisetsky diga, tienes gente que te apoya y tu estabas muy seguro de hacer esto. Quieres hacerlo.

—No he dicho lo contrario. —Le miró a través de la cámara. Phichit estaba muy distinto a la última vez que se vieron, se veía más adulto, incluso más sabio en ese tipo de temas.

—¿Le habías prometido que serías su entrenador o algo así? —Renegó de nuevo.

—Cuando Víctor lo llegó a comentar, siempre refunfuñaba y renegaba. —Para Phichit eso era un claro indicio de que sí habría querido, pero no culpaba a Yuuri el haberse tomado esa respuesta como una negativa.

—Entonces no hay nada por lo cual sentirte culparte. Han pasado dos años, es hora de que hagas las cosas sin sentir que le estás fallando a cualquiera de los dos. Creeme que ellos tampoco se detendrían de hacer las suyas pensando en tí. —Yuuri lo miró de forma comunicativa. No creía precisamente que ellos hubieran hecho nada, empezando con el hecho de que Víctor jamás había publicado nada en sus redes sociales y Yuri se había mantenido al margen, hasta ese momento. Phichit bufó y renegó mirando a su amigo—. ¡Pues tampoco es tu culpa eso! —Exclamó con hastío.

—No te enojes, no estoy pensando detenerme. —Le aseguró.

—¿Me lo prometes? ¿Me prometes Katsuki Yuuri que no te vas a detener por eso? —Asintió—. ¡Quiero una foto de eso! ¡Sonríe Yuuri! ¡Te voy a tomar una foto para que quede enmarcada y no lo olvides!

Yuuri sonrió, tímido, pero agradecido. Sus lentes, el cabello mojado y lació moviéndose por la brisa de la tarde, así como la camiseta fresca que llevaba puesta tras el baño, fueron los ingredientes para la fotografía que luego Phichit le enviaría como adjunto.

"Quiero que cada vez que pienses que no vale la pena veas esa foto y recuerdes que ese día, Katsuki Yuuri le prometió a Chulanont Phichit que no se detendría."

Esa era una buena manera de recordar su palabra.

Después de terminar la llamada Yuuri permaneció contra la baranda, repitiendo las palabras enviadas por Yuri desde ese número. Todavía decidía entre borrar la conversación como había dicho Phichit o dejarla allí, enterrándose entre las nuevas que recibiría y las felicitaciones que iban en aumento conforme se hacía de mañana en el resto del mundo.

—Yuuri. —Escuchó la voz de Minami y giró su cuerpo hacía él. El chico estaba en el borde de la terraza, también vestido con ropa holgada y el cabello húmedo. Su mirada era distinta, muy distinta a cualquier otra. Su mirada se veía quebrada, como si el dolor se filtrara por sus bordes pese a que su rostro solo destilaba seriedad—. Sólo dime algo: ¿te arrepientes?

—No. —Aseguró, sin dudar ni mostrar necesidad de pensarlo—. No me arrepiento, Minami. Vamos a seguir, hasta el final.

Minami suavizó solo un poco la mirada, pero se quedó esperando algo, algo que Yuuri no logró entrever en el silencio. Algo que subsanara lo ocurrido en la mañana, en esa estación del metro, cuando intentó ayudarlo. Algo que sanara la herida hecha cuando intentó consolarle o protegerle de lo que sea que había ido a apagar sus llamas y lo único que recibió fue la mirada enojada, la frialdad de su rostro pétreo intentando ser fuerte.

Pero Yuuri no sabía disculparse, menos por esas cosas que consideraba que la gente debía entenderle porque era así y no pensaba cambiar. Porque sus padres y su hermana siempre lo respetaron siendo así. Porque Minako así lo había hecho, porque Phichit había aprendido a quererlo así y Víctor, en algún momento, también. Porque no podía disculparse de ser quien era. Y no pensaba, en su forma egoísta de ver las cosas, que pudiera lastimar a alguien por ser simplemente así.

Hizo una mueca y bajó la mirada. Minami lucía francamente insastifecho con la respuesta de Yuuri, pese a la solida que había sonado. Aquello sorprendió a Yuuri, quien de nuevo se quedó solo en la terraza, mirando la espalda de su alumno alejarse de él camino a la cocina. Yuuri soltó el aire y volvió la mirada a su celular, donde la ventana de aquella conversación estaba abierta.

La decisión empujó una acción arriesgada, una que no quiso meditar ni razonar. Tomó la imagen que Phichit acababa de tomarle y la envió a ese número, con un mensaje claro. Un mensaje que esperaba que demostrara lo que él pensaba al respecto y que no tenía intención de convertir esto en una guerra. Ya había demasiado daño hecho, demasiado dolor infringido como para pretender revivirlo ahora.

"Nos vemos en la competencia."


Que lindo ha sido leer sus comentarios e impresiones dle interludio. Creo que logré lo que quería transmitir, la escena después de hacer el amor fue la que más me conmovió y dolor relatar. Quería que se sintiera ese quiebre, y es gracioso proque al inicio quizás Yuuri se veía como la persona cobarde que abandonó a Victor tras la lesión, cuando hubo muchas otras cosas. Parecen pequeñas, pero el rechazo cuando se hace constante y tan cruel puede destruir a cualquiera. Es lindo leer que pese a todos, la historia les abre la puerta para entenderlos a ambos, y no verlos como los malos. Sino como personas que se equivocaron.

Con este capítulo, ya vimos como Yuri tomó la llegada de Yuuri en el hielo y sus implicaciones. En el próximo ya veremos ahora la siguiente rueda de prensa. ¿Cómo Yuuri tomara el haber vuelto a ver Victor?


Lady Cisne: ¡Oh Dios! Leer que me has sgeuido desde que estaba en Siant Seiya se ha snetido bonito. Sobre todo porque siento que han pasado mcuhos años ya. No sé que historia habías seguido, porque aquí no publique muchas, más que nada porque me costaba la plataforma, pero me alegra saber que has decidio leerme aquí en YOI.

Amo esta historia, tenía la idea en la cabeza y me arriesgué a darle la oportunidad pese a que sentía que ya había pasado esta etapa. No me arrepiento, porque es lindo leer comentarios como el tuyo y hace que todo valga la pena. Gracias por animarte a escribirme sin esperar a que esté acabado, ¡mi idea es acabarlo sin demora! Me alegra que te haya gustado pese a dejarte como la matryoshka de Yuuri.

Gracias por tus palabras, estoy muy metida dandole forma a los personajes para que se sientan ellos mismos. Esperemos que si logren resolver sus dieferencias y al menos lograr ser felices, y valorar lo que vivieron antes para contruir lo que viviran ahora.

zryvanierkic :Entiendo perfectamente que queden ganas de matar a alguién después de leer el interludio, ¡a mi me quedó también tras escribirlo! Peor me alegra ver que puedes entenderlo a ambos y que no encuentras que uno de ellos sea el desalmado que lo hizo a propósito. Tenían motivos, motivos fuertes.

Ambos fallaron y es algo que quiero que quede de alguna forma plasmado. Victor estaba pasando por un momento terriblemente fuerte, más para un deportista de alto nivel como él. Y Yuuri pese a que aguantó, llegó a caer se hizo constante el rechazo. Su aguante perdió fuerza y se los llevó por delante.

Y sí, seguramente si hubiera renunciado habría sido peor. Victor no quería que renunciara, no por él. ¡Agradezco mucho tu comentario y me alegra ver que sientes lo mismo que sentí yo al escribirlo!

EmilySweetUchiha: ¡Que lindo ha sido leer este enorme review, en serio! Me hace feliz porque leo lo que vas entendiendo de la historia, lo que logro transmitirte, y puedo comparralo con lo que quiero mostrar y eso me deja la sensación de que voy por buen camino. Voy a tratar de contestar todo, quiero transmitir también que valoro muchos sus comentarios, me gustan, los leo varias veces para captar todo y me emociono porque me siento hablando en un café, con alguién que me lee y entiende lo que quiero expresar. ¡Es una linda sensación!

Así es, los titulos en su gran mayoria estan en la voz de Yuri, solo algunos estan en la voz de otro personaje dependiendo de cual ha tenido mayor relevancia. O incluso en ambos. Por ejemplo este fue en la voz de ambos Yuris. Y es muy interesante porque muchas veces las voces se superponen.

¡Yo también siento lo mismo! De hecho cuando voy a buscar qué leer, busco que sea preferiblemente dentro del anime. Siento que necesito saber más de ellos, verlos más en su ambiente para sentirme feliz, aunque tampoco dejo de leer algunos AUS bien escritos donde pueda ver las personalidades de ellos. Solo que soy más Victuuri shipper xD

Jajaja lo sabía, por eso me contuve xD Aunque Minami es adorable y de hecho ya había escrito un minific de Yuri x Minami que me gustón xD

¡Qué terrible que hayas tenido que pasar por una relación así de tóxica. Es horrible, debe serlo. Yo no la he vivido pero he visto a personas cercanas y da cierra impotencia. Peor muchas veces no se puede hacer nada hasta que los involucrados decidan. En este sentido, Yuuri y Victor no dejaron de amarse, pero el medo, dolor, frustración, logró opacar lo más importante de ellos: el amor. Como dices, para Victor la frustración era abandonar el patinaje de la forma en que lo hizo y es justificable. Esto está basado un poco en la historia de Plushenko, que quiso participar en las últimas olimpiadas del 2014 en Sochi, y tuvo una lesión que se lo impidió. Decían que estaba enojado y frustrado, y considerando todo lo que había logrado, tener que retirarse por una lesión y no por lo alto como otros debió ser un golpe al ego de Victor.

Yuuri podía entender eso, pero no supo como manejar la constante depresión y desprecio de Victor. Tampoco tenía modos de hacerlo si Victor se había alejado de todos y la única forma que logró para soltar su frustración fue a través de la crueldad de su silencio. Ver a Yuuri triunfar era como otro golpe, una y otra vez, pero a esto se juntaba el hecho de sentirse culpable por no poder disfrutar las victorias de su pareja, y al mismo tiempo no querer que Yuuri abandonara el hielo por él. Es decir, Victor no sabía que quería, lo único que sabía era que no quería dejar de sentir la presencia de Yuuri aunque se creyera inmerecedor de ello.

Has logrado dibujar perfectamente lo que sienten Victor y Yuuri a través del interludio y eos me hace sentir satisfecha, porque es justo lo que yo quería transmitir. El que no lo viera era algo peor para Yuuri, más cuando todo empezó con su frase "mirame". Victor siempr egsutó de ver a Yuuri patinar, así que perder eso era una muerte anunciada. Lo que más me alivia ver es que se ve que la separación era necesaria, que la ven justificada y no que fue un capricho de mi parte para dar pie a un fic. De verdad que lo pensé muchp para plantearlo y escribirlo, y estaba basada en las cosas que nos mostraron en el anime: desde la lesión, hasta este desenlace al no poder superar la crisis que derivaba una lesión.

Exactamente no fue un adiós lo que se dijeron, ninguno de los dos lo hizo y parte de esta historia es el cerrar aquel parrafo con puntos suspensivos que dejaron abierto y decidir si quieren seguir escribiendo el resto juntos. También creo fielmente en eso, que cuando se aman al nivel en que se amaron y conocieron ellos, es muy dificil pensar en una vida separados. Pero después de pasar una relación similar y seguir mi vida también sé que no es imposible, uno aprende a vivir sin eso, y quizás llenarlo con otras cosas.

No te disculpes por escribir mucho, me encanta leer estos super comentarios. ¡De verdad! Y mientras pueda sacar tiempo para responder los todo estará bien. Me alegra mucho que puedas sentir mi entusiasmo. Espero que te haya gustado el nuevo capítulo y ¡ya tengo casi escrito el que viene!

Sobre tu postdata, entiendo muy bien esa sensación, es normal, porque al momento de escribir de alguna manera esperamos que todos esten contentos con lo que hacemos y cubrir espectativas. Ya tengo varios años escribiendo y ese sentimiento lo tuve al inicio, pero he aprendido a manejarlo y a confiar un poco también en mis propias corazonadas. Me gusta leer lo que esperan ver, y muchas veces me dan ideas para agregar sin que afecte el camino que ya decidí en la historia, así que puedes sentirte libre de hacerlo que me gusta leer y es genial saber lo que ves del fic. Sobre lo que te pasó con el lemon, ¡te endiento totalmente! Me pasó varias veces atrás, porque mis fics largos en su mayoria tardaban en aparecer el lemon. Yo creo firmemente que el sexo no es necesrio para una buena historia, peor a través del sexo también se puede expresar muchas cosas. Así que depende de qué quieres mostrar. ¡Así que gracias por esta acotación!

rinachi: ¡Lamento mucho haberte hecho sufrir! Por lo que significó escribir este capítulo, ya me imaginaba lo duro que sería leerlo. ¡Gracias por seguir leyendome pese a eso! Y sí, has acertado, ¡uno de ellos tres es el protagonista del siguiente interludio!