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Los personajes no me pertenecen son de Meyer.
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Antes que nada disculpas por la tardanza, problemas personales de carácter estudiantiles, nada grave, nada resuelto aun, pero con un poco mas de tiempo, pretendo utilizarlo para seguir actualizando.
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Capítulo de transición y dedicado especialmente a Erica f Matt, gracias por la espera linda, ojala te guste lo que sigue.
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Capítulo XXIII.
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—Mami, cuando sea grande quiero que mi pelo sea tan laaaaargo como el tuyo.
Miro el reflejo de mi hija en el espejo, su rostro refleja toda la concentración que pone en la tarea que se a encomendado… peinarme, sus pequeños dedos separan diestramente cada mechon de mi pelo, para terminar siendo coronado con un llamativo moño de color rosado, este es el tercero, en el espejo puedo apreciar, que ya tengo uno de color morado, amarillo y azul eléctrico, nada combina, ¿Pero qué importa? peinarme se ha vuelto su juego favorito, existe un acuerdo tácito entre nosotras, solo me deja peinarla, si ella me peina a mi también.
Me gusta mirar sus estados de concentración… me recuerda a Edward. Ambos tienen esa manía de morderse la lengua cuando están concentrados en algo, como lo está ahora Ness, su expresión cambia a enojo, noto que el peinado no le estar resultando como ella quería y eso inevitablemente la frustra, no tolera bien el fracaso, otra característica que heredo de su padre, no dice nada, pero sé que pronto querrá cambiar de juego… quizás quiera ver una película o la repetición de algún episodio de un programa infantil, se que analizaremos el actuar de los personajes o situaciones sin sentido que ocurren en ese mundo poco verídico que son los dibujos animados.
Amo estos momentos, cuando solo somos ella y yo, amigas, cómplices, más que madre e hija, Ness y Bella… compañeras de vida, la paz me invade, estoy tranquila… feliz, la observo en el reflejo sin poder despegar mis ojos de ella, es tan perfecta, tan única… tan Ness, tan mía.
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El ruido de una puerta cerrándose me despierta, mantengo los ojos cerrados con esperanza de volver a dormir y seguir soñando, pero después de unos minutos de intentarlo y no conseguirlo, me doy por vencida.
Miro el reloj son las 07:20 AM, asumo que fue Edward quien salió, quien mas, solo somos él y yo, en este piso, dirijo mi odio a él, por despertarme, por sacarme de mi lugar feliz.
Me mantengo en la cama con los ojos cerrados y sin realmente pensar en nada, recreando en mi mente lo soñado, su cara, su risa, su olor, una sensación de alivio y paz me invade soy tan feliz cuando ella me visita en sueños, soy tan dichosa de tenerla, de sentirla, aunque solo sea por momentos y en mi imaginación.
Soñar con ella, es mi adicción, un shock de adrenalina para mi alma, un regalo, me da fuerzas, y es que hacerlo es tan placentero, un placebo.
Sonrió.
Corro el cobertor y me obligo a levantarme, el reloj marca las 08:38 de la mañana, otro día comienza, y aunque es otro día sin ella, hoy es un día aceptable, y eso es bueno, hay días que son una mierda…
Es sábado, el día está nublado, prendo el televisor sin realmente ver lo que están dando, no soporto el silencio de este lugar, es abrumador y claustrofóbico, demasiados metros cuadrados para dos personas, pero hay algo que me ata a este lugar, aunque aun soy capaz de reconocerlo en voz alta… sé que es ella.
Me ducho con calma, dejando que mi cuerpo disfrute del placer que provoca el agua caliente a caer en mi piel, cierro mis ojos y me dejo llevar por las sensaciones, me siento extrañamente bien, tranquila, y eso me inquita, siento que esta paz, es el preludio de una gran tormenta, intento alejar esos pensamientos negativos, me ha costado gran trabajo y horas interminables de terapia el estar relativamente bien, quiero seguir así.
Salgo de la ducha envuelta en una bata, mientras me seco el pelo con una toalla, pienso, en lo que hare hoy, no tengo mucho que hacer, quizás recorra el parque más tarde si no llueve, hacerlo es reconfortante, aire libre, y uno nunca sabe con lo que uno se va encontrar, cientos de personas, naturaleza, siempre hay algo nuevo que descubrir.
Un ruido proveniente de la sala me saca de mis cavilaciones, haciendo que toda mi atención se dirija a ese ruido, bajo el volumen de la televisión hasta dejarla en silencio, tratando de escuchar de donde proviene, mi corazón late acelerado, dejo la toalla en la cama y abro la puerta lentamente, miro el pasillo que lleva a la sala y no se ve nada.
—¿Edward? —pregunto en voz alta.
Nadie me responde.
Con cautela me dirijo a la sala, no quiero pensar en lo que esto puede significar.
El silencio de este lugar me abruma, creo escuchar el sonido que hacen mis pies al caminar por el pasillo alfombrado, o incluso mi respiración.
Risas… su risa.
Me detengo en seco, sin analizar nada, cierro mis ojos, mi corazón amenaza con salirse de mi pecho de lo rápido que late, a mi alrededor solo silencio, respiro con lentamente tratando de calmarme, de traer paz a mi mente, para evitar que me juegue una mala pasada.
"No es real"
"Solo es tu imaginación"
"No hay nadie más que tú en este lugar"
Me repito como un mantra.
Abro mis ojos y solo en ese momento soy consciente de donde me encuentro, frente a mí una puerta blanca cerrada, toco la manilla, mi mano se cierra entorno a ella, queriendo girarla y entrar a su mundo, la tentación es grande, sería tan fácil caer en lo mismo nuevamente, dejarme vencer y retroceder, guardo silencio y puedo escucharla, sentir su presencia.
Mami… ella llamándome, es tan jodidamente aterrador saber que solo basta con girar la puerta, para perderme en ese mundo de fantasías y alucinaciones, es tan escalofriante saber que la línea que separa la realidad, con la locura es tan estrecha.
La puerta de su cuarto permanece cerrada y yo no me atrevo abrirla, por lo general yo ni siquiera me acerco a este lugar, no es que no quiera hacerlo, es que me da miedo perderme en los recuerdos, en lo que fue y no volverá, es tan fácil vivir forzando la realidad, una parte de mi, quiere dejarla ir definitivamente, otra atarla por siempre a este mundo… a mí.
Soy tan egoísta a veces.
Apretó más fuerte la manilla, la tentación está ahí, latente, como una posibilidad cierta, se lo que hay dentro, su cosas… su mundo, mi adicción, mi locura, mi enfermedad.
Respiro agitada, aprieto tan fuerte la manilla, que mi mano esta roja y mis dedos duelen por el esfuerzo.
Intento ser fuerte y alejarme de la tentación. No quiero atarla a este mundo al que no pertenece. Cierro mis ojos y busco la fuerza de voluntad en mi interior para hacerlo, es tan difícil, dejarla ir, es tan frustrante seguir sin ella…
¿Bella que haces aquí? — la voz de Edward me vuelve a la realidad, esta al comienzo del pasillo mirándome, se que está preocupado por mí y me pregunto cuando llego, que yo no lo escuche llegar.
Nada, solo caminaba. — le respondo, no siendo del todo sincera, veo en sus ojos que no me cree, que sabe el motivo, me siento como una niña a la que pillan en alguna mentira.
No te hace bien, lo sabes ¿verdad? — me dice después de unos segundos de silencio, y me doy por vencida tiene razón.
Lo sé. — le respondo.
Ven vamos a tomar desayuno.
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Miro a Edward comer su desayuno, lo escucho hablar de algo, pero yo no le prestó atención, tampoco como, no tengo hambre, nunca la tengo.
Siento miedo, hace mucho que no escuchaba su voz, su risa, hace mucho pensé que había superado esa etapa y volver otra vez a lo mismo es aterrador, no quiero eso, no ahora, que he avanzado tanto.
No es que no la extrañe, lo hago con toda mi alma, con todo mi ser, es como si una parte de mi ya no estuviese, me siento incompleta, pero a la vez, es liberador saber que donde este, por lo menos ya no sufre.
Amo su recuerdo, amo soñar con ella, pero hubo un tiempo, no hace mucho que me perdí completamente, roce la locura, y me deje llevar por el dolor, la miseria y el auto compadecimiento, alucine, creí escuchar su voz, siendo consciente de que eso no era posible, porque ella ya no estaba, por lo menos no terrenalmente, no físicamente.
Depresión con características psicóticas, medicamentos, terapia intensiva, reiki, yoga e incluso terapias grupales y de pareja, no fue fácil salir de todo eso, llevo tiempo, mucho tiempo, pero lo logre, lo logramos.
Edward siempre estuvo conmigo, mas como amigo que como pareja, acompañándome, superándolo, los decidimos cerrar su cuarto, fuimos incapaces de deshacernos de sus cosas, no estábamos preparados para dar ese paso, y creo que aun no lo estamos, en cierto punto aprendí a vivir con ello, o eso creía, por lo menos hasta hoy en la mañana.
Se eso hace ya más de 5 meses.
Y por primera vez en todo ese tiempo, siento que algo me retiene, como si me atara, y me impidiese seguir adelante.
No quiero olvidarla, no se trata de eso, sino de vivir sin ella, solo con su recuerdo.
—¿Crees que tengo razón? —pregunta Edward, lo quedo mirando sin entender lo que me pregunta, no he escuchado nada de lo que me dice, por lo que solo asiento a modo de repuesta, el sonríe satisfecho.
Miro su rostro, tan distinto al de ella y a la vez tan semejante, y el sueño que tuve esa mañana, nuevamente vuelve a mí, y no puedo dejar de reconocer que sus expresiones fáciles son tan iguales, sus sonrisa, los hoyuelos que se le hacen en las mejillas al hablar o incluso las gesticulaciones que hace con las manos al hablar y por primera vez soy absolutamente consiente, de que, es lo que me impide seguir… él, todo él es tan ella al mismo tiempo.
Y ser consiente de esa realidad absoluta trae un tipo de paz tan avasallador queme paraliza y por primera vez en mucho tiempo se que lo quiero, lo que necesito, para seguir adelante.
Necesito alejarme de él, partir de cero, una nueva oportunidad.
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La semana avanza lentamente y la idea que surgió en mi cabeza cada vez toma más fuerza, cientos de ideas vienen a mi mente, algunas totalmente descabelladas, otras más centradas, solo sé que necesito hacer algo tan radical, que signifique un cambio total en lo que es y a sido mi vida.
Hay una idea que tiene más fuerza que las otras, un viaje, Europa, quizás, América del sur, o recorrer Estados Unidos, conocer otros lugares, otras personas y realidades, experimentar, vivir vivencias, experiencias, tantas cosas.
No estoy prácticamente en todo el día en el departamento, Edward trabaja por lo que ni lo nota, pero ese lugar se ha vuelto mi cárcel, cuando estoy ahí siento que no puedo respirar, y algunas veces me sorprendo con la mitad del cuerpo afuera del ventanal, buscando aire, miro hacia abajo me provoca vértigo, y a veces pienso que seria tna fácil saltar ya cavar con todo.
Me alejo de aquello, de lo negativo, de ese lugar tan cargado de energías negativas, de dolor y sufrimiento, de ausencias, de su voz inexistente, de su presencia, me atemoriza perder la batalla contra la locura, no quiero enloquecer, no quiero perderme en la oscuridad, quiero ver el sol brillar, hacer lo que le prometí que haríamos algún día a ella, recorrer el mundo, ser felices.
En mi cuenta bancaria tengo poco más de 5000 dólares del seguro de vida de ella, que ironía, pero es verdad, con eso me alcanza para empezar con la locura que se gesta en mi mente.
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Siento que estoy siendo injusta con él, por no decirle lo de mis planes, no quiero ser mal agradecida, y el sentir agradecimiento por él, me perturba, no es lo que se necesita para seguir con alguien.
Y no es que seamos parejas, precisamente hace mucho que ya no lo somos, hace mucho que solo compartimos la cama para dormir, somos como compañeros, amigos, no es por falta de amor, porque lo quiero, no sé si lo amo, pero lo quiero mucho, es solo que mi libido murió.
Quizás el tengo otra, no me extrañaría, lo extraño es que no molesta, soy consciente de que él siempre ha sido un hombre muy sexual, y yo no tengo ganas de llenar esa necesidad.
Lo tengo todo listo, solo queda comunicarle mi decisión y es eso lo que planeo hacer, lo espero nerviosa, no quiero discutir con él, hace mucho que no lo hacemos.
La puerta se abre y se que es Edward.
No puedo dejar de notar que es hermoso, le sonrió y él me devuelve la sonrisa, algo le pasa lo sé, lo conozco se cuando algo le molesta. Y yo no puedo dejar de sentirme una pésima persona.
—¿Qué pasa?. — le pregunto cuándo se sienta a mi lado en el sofá.
—Me gane una beca para terminar medicina en Europa. — me responde sin mirarme.
—Pero Edward, eso genial, es lo que siempre has querido. — le cuestiono.
—Pero eso significa que debo dejarte. —dice irritado.
Me quedo callada, sin saber bien que decir. El tampoco dice nada.
—Creo que deberías aceptarla. —le digo después de un tiempo. — no es justo que te limites por mí.
El se me queda mirando incrédulo.
—¿Qué se supone que harás tu?... no creo que sea una buena idea, sobre todo cuando has vuelto a lo de antes.
—Puedo cuidarme sola… no te preocupes por eso. — le digo con calma, Edward solo me mira, como analizando la veracidad de mis palabras. —Yo también tengo algo que decirte… he tomado una decisión…
Me armo de valor y le cuento mi planes, me mira con incredulidad, pero me escucha en silencio, le hablo de mi necesidad de salir de este lugar, que me asfixia, de partir de cero, de conocer otros lugares, otras realidades, de retomar mi carrera, de salir a vivir experiencias, de mis sueños.
Mientras le cuento todas mis ideas, Edward se levanta y se prepara un trago y otro para mí, me lo ofrece, y siento un deja-vu, toma la copa y bebo un sorbo.
—Creo que ya lo tienes todo planeado.
—Es una buena idea, quizás lo mejor es que sigamos por separado, no debemos solo estar junto porque la tuvimos a ella… no es justo para ti, ni para mi, ni para nadie. — le digo con pena, pero con seguridad.
—¿Crees que solo estamos juntos por eso? —me pregunta, y yo solo asiento.
—Hace mucho que ya no somos una pareja. — le digo a modo de explicación.
—Lo dices por el sexo… o mejor dicho por la falta de el.
—No solo es eso…—intento explicarle, pero él no me deja terminar.
—Solo estaba esperando hasta que te sintieras segura de hacerlo, no quería forzarte a nada…
—Edward va más allá del sexo. — le corto. — Necesito reinventarme, alejarme, necesito partir de cero, lejos de todo lo que me recuerda su partida diariamente… siento que me ahogo… Edward siento que me estoy volviendo loca…— termino de explicarle entre lagrimas, quiero que me entienda, que me apoye.
Edward me abraza, y como siempre, su calor me reconforta.
—No me dejes Bella. — me susurra en mi pelo.
—Solo es por un tiempo, para pensar… a ti también te servirá. —intento convencerlo.
—Bella… yo te quiero mucho… yo te amo. —dice mientras se pega a mi cuello, una escalofrió me recorre entera, porque yo también yo lo quiero mucho.
—Ey. — le digo tomando su rostro entre mis manos, y mirándolo a los ojos.
—Yo también te quiero mucho… te amo… — lo beso, por que hacerlo es una necesidad. — pero necesito reencontrarme conmigo misma… por favor entiéndeme.
Me besa con pasión con desenfreno, yo lo abrazo y me entrego a sus caricias, que hasta ese momento no era consciente de que las necesitaba.
—Promete que cuando estés listas iras por mí. —dice cuando nuestros labios se separan, lo miro a los ojos y sello una promesa.
—Lo prometo. —le digo con seguridad.
Lo beso con urgencia, algo dentro de mí se ha despertado y es la necesidad de él, mis manos recorren su cuerpo, las de él, el mío con desesperación, como intentando abarcar lo máximo posible, nos despojamos de la ropa, me pierdo en sus gemidos, en sus palabras lascivas, en mis suspiros y lo amo y me ama, como si esa fuese la ultima vez, como si no hubiese mañana, como una despedida.
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¿Qué les pareció?
Gracias por sus RR, son mi combustible.
Gracias por leerme aun, después de tanto tiempo.
