Una conversación con su padre hace que Artemisa tome conciencia de golpe y con rudeza que lo que le pasó le cambió la vida, le guste o no, y que depende de ella tomar las decisiones adecuadas. En el Inframundo, Hades está feliz, al igual que sus espectros. Aiacos hace una *fuerte* declaración de principios.
¡HOLA A TODOS! A estas alturas, en el Santuario de Athena, los eventos del quinto capítulo del fic Nec Spe, Nec Metu se están desarrollando. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Este es un fic oscuro, por eso la clasificación que le doy, aun así los dioses y espectros del Inframundo no dejan de meter las patas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Clasificación M, porque cada tanto, por culpa casi exclusiva de Minos de Griffin, y ocasionalmente de Hades, hay lenguaje y algunas situaciones sugestivas. Del mismo modo, hay escenas de violencia.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!
"XVIII. Nemo Me Impune Lacessit."
("Nadie Me Hiere Impunemente")
Clausura: En resumidas cuentas…
Olimpo. Palacio de Zeus.
24 de mayo. 8:43 horas.
Llevaban dos días en el Olimpo. Ni bien les habían dado el alta, los ángeles regresaron junto con su diosa, tras despedirse y agradecer a Athena por la ayuda brindada en su santuario. Dos días que habían pasado como un borrón, en la que todos tuvieron que soportar el ir y venir de dioses metiches, bienintencionados, preocupados o maliciosos, con sus comentarios fuera de lugar o uno que otro buen consejo entre tanta chismorrería.
¡Qué Agotador!
Hasta ese momento Artemisa había estado en una suerte de negación respecto de la criatura que crecía en su vientre. No había hablado con nadie de esa realidad, excepto con sus ángeles quienes, desplegando un inusual criterio, mantenían el asunto con el perfil más bajo posible, incluso haciendo un excelente trabajo controlando cualquier comentario que pudiera herir a su señora. Artemisa ni siquiera había querido comentar nada con Leto: le hacía creer que el peque no existía mientras no pensara en él.
Leto se sentía un poco dolida al respecto, pero de alguna manera comprendía a su hija. Claro que la actitud la preocupaba un montón: tanta negación no era para nada sana, y aunque no le gustase la idea, debía enfrentarla, o nunca tomaría una decisión. ¡Porque tendría que tomarla pronto!
Artemisa simplemente no pensaba en lo que le sucedía, incluso cuando comenzaba a detectar por instinto algunos primeros síntomas, que bien podrían haber sido psicosomáticos. Solo sus ángeles le hacían preguntas y de alguna manera la mimaban como podían. El único, para variar, que trataba de que saliera de ese estado de negación era Touma, lo que ya les había costado una discusión. ¡Dije que no quiero saber nada de él!, habría dicho ella. ¿Ni cuando te empiece a patear la vejiga?, había respondido él.
Ciertamente pensar en el pequeño le generaba angustia, pues inevitablemente volvía a revivir todo lo que le había pasado. Sin mencionar que su actual estado, por mucho que hubiera sido forzosamente impuesto en ella, le causaba un tremendo conflicto ético: nunca había tolerado a las víctimas de violación (¿cómo es posible que no se haya podido defender ni hacer respetar?), tampoco los embarazos accidentales (¡accidentales mis polainas! ¿Qué esperaban? ¿Lavadoras?), ni mucho menos la mezcla de ambos. ¡Y hela ahí, teniendo que atravesar justamente por una situación así! Si hubiera sido otra persona, la hubiera rechazado sin pensarlo dos veces, tildándola de débil, de poco carácter, pero…
… no se pudo defender, no pudo imponer su voluntad, no pudo quitarse al sujeto de encima. ¡Además que el mismo hecho hizo pedazos su corazón! Con voto de castidad o sin él, hubiera querido tener la libertad de elegir con quién… con quien pasaba su primera vez. Eso se lo habían arrancado de su alma y esencia. ¿Qué darse un baño en las aguas del Lete ayudaban? ¿Qué devolvían la pureza? ¡¿QUÉ DEMONIOS?! Mnemosine nunca olvidaría lo que le pasó, el recuerdo quedaría en la memoria universal por mucho que ella no lo recordase. Además… ¡la criatura! Perpetuo recordatorio de lo que le pasó.
Iba a perder devotos. Era una hipócrita, y de las peores, más considerando que lo que estaba escuchando le estaba poniendo los pelos de punta. Antes que se diera cuenta había pasado de un extremo a otro de la tangente. Lo que hasta hacía unos instantes había sido una decisión tan lejana y metida en la nebulosa, por mucho que Touma intentara aterrizarla, se había convertido en casi un dogma para ella, en el espacio de un segundo, únicamente porque aquella amenaza se había vuelto tangible. Por primera vez desde que la habían rescatado se puso las manos sobre el vientre en instintiva actitud protectora y hasta retrocedió un paso.
"¡¿Qué dices, padre?!"
"Que no tienes opciones. Sin duda me siento defraudado de que no hayas dejado que Apolo te sacara a esa cosa cuando tuvo la oportunidad, pero que no tomes una decisión, o que la retrases y te niegues a enfrentarla, me duele mucho más."
Artemisa se sintió palidecer. ¿Era cierto lo que le estaban insinuando? Ciertamente no quería tener nada que ver con la criatura, cuya tímida conciencia la rondaba como si la fueran a fulminar de un momento a otro, pero eso no quería decir que la quería muerta. No la quería consigo, la quería lejos, pero ¿muerta? La sola mención le heló el espinazo. ¡¿Muerta?! ¿Así como aniquilada? NO. ¡Por favor, no! De pronto aquella noción le paralizó hasta el cosmo.
"No hay ninguna decisión que tomar, padre. No puedo, ni quiero, impedir el nacimiento de esta criatura." Artemisa se puso seria e irguió su espalda. "Una vez que nosotros, olímpicos, empezamos a existir, aunque nos aborten, seguimos vivos. ¡Eso lo sabes! No podemos morir. ¿O el cómo nació Dionisos no te…?"
"Sí, sí, lo sé. Con la diferencia que Dionisos era querido. ¿O me vas a decir que quieres a esa aberración?"
"¡Padre! ¡No Lo Llames Así! ¡Es Mío!"
"¡No te pongas así! Piensa en eso como si fuera un tumor que hay que sacar."
"No es un tumor, es… es mío y yo lo quiero." Se sorprendió diciendo Artemisa. Se tapó la boca y abrió los ojos a un tamaño imposible, sintiendo una extraña sensación en la espalda, como si le estuvieran volteando agua tibia. "Es mi bebé. ¡Lo quiero!" Repitió asustada.
"No, no lo quieres. No tuviste la culpa de lo que te pasó, pero no tienes por qué seguir torturándote con ese bastardo creciendo en tu vientre. Es una deshonra a toda la familia, ¡a mi orgullo! Mientras antes te deshagas de ella, antes podrás superarlo."
"¿Me estás subestimando, padre?" Preguntó Artemisa de mal humor, irguiendo la cabeza, llena de un súbito coraje. "Esto es difícil, pero ciertamente no imposible. ¡Voy a salir de esta e incluso más fuerte!"
"Hijita mía… te violaron: eso destroza a cualquier mujer."
"¡Claro Que Sí! Pero Si Te Piensas Que Me Voy A Dejar Derrotar Por Esto, Estás Muy Equivocado. ¡Soy Artemisa y…!"
"Y harás lo que se te diga." Atajó Zeus con firmeza. "Arráncatelo ahora que puedes, así tendrás menos secuelas y más rápido te recuperas. Yo me encargo de lo demás: no sentirá nada. Creo."
"¡No Voy a Abortar a mi Hijo!" Exclamó Artemisa pateando el suelo. "¡Ni a permitir que lo mates!" Añadió fiera.
"¡Va a morir de todas maneras!" Exclamó Zeus, también dando una patada. Padre e hija se miraron algunos segundos a los ojos. "No lo quiero en el Olimpo, Misi. Lo fulminaré allí donde lo vea. Eso será cruel para ti y para ese engendro de Xibalbá, porque solo atrasarás lo inevitable. ¡No tiene donde ir!"
"¡Tiene muchos lugares donde estar! Ni lo vas a sentir: Lo sacaré de aquí, nunca estará en el Olimpo. Lo voy a dar a una buena familia y…"
"Siempre sabrá que eres su madre y guardará rencor contra el Olimpo. Querrá continuar la obra de su padre y nos destruirá a todos por despecho. ¡Creí que eras más sensata!"
"¡Padre por favor! Eso no lo sabes, quizás toma un camino diferente. ¡Al menos deja que crezca fuera de aquí!" Suplicó Artemisa, controlando apenas la histeria. "Puedo mantenerlo lejos del Olimpo, nunca te molestará." Insistió cada vez menos convencida… no por decidir dejarlo vivir, sino por ese pequeño detalle de alejarlo de su lado…
… como que de pronto no lo quería dejar ir…
"No. No tienes opciones, solo elegir en qué momento muere." Los ojos de Zeus centellearon. "Ya sea ahora o después, Artemisa, lo voy a fulminar ni bien lo vea."
Artemisa nunca en la vida había cambiado de opinión, o decidido algo, tan rápido. La sola noción que algo así le pasara a su pequeño le heló la sangre, pero al mismo tiempo la llenó de una valentía que hasta la hizo sentir de acero. Se puso delante de su padre con los brazos extendidos y los ojos llenos de lágrimas.
"¡Entonces Hazlo! Está En Mi Vientre, De Ahí No Se Mueve. Si Lo Vas A Fulminar, ¡Adelante Ahora Que Puedes!"
La actitud de Artemisa tomó a Zeus por sorpresa. La recordaba más fría y sensata, pero ahí estaba con los brazos extendidos sin intención de moverse y más decidida que un agujero negro cuando se traga una estrella. Retrocedió un paso, honestamente acongojado. Bien podía pensar en eliminar a una aberración que no conocía y por la que no sentía ningún tipo de aprecio, pero otra cosa muy diferente era lo que tenía enfrente.
"¿Qué te pasa, Misi?" Preguntó Zeus algo alterado. "¡¿Me estás pidiendo que te fulmine junto con ese bastardo?! Eres mi hija. ¡¿Me Estás Pidiendo Que Mate A Mi Propia Hija?!"
"Es lo que me estabas pidiendo hace un rato. Que exponga a mi hijo a una muerte segura." Altiva, levantó la cabeza. "Si yo pierdo a mi hijo, tú pierdes a tu hija. ¡Todos ganan!"
Zeus retrocedió dos pasos, sintiendo como el ácido del estómago le subía por la garganta, horrorizado por la sugerencia de su hija, pero al mismo tiempo tuvo que celebrar la astucia de Artemisa. Bajó los brazos, sin dejar de observar a la diosa que tenía delante de sus ojos. Frunció el ceño al mismo tiempo que su hija caía sobre sus rodillas y manos en actitud de súplica.
"Te juro, padre, por el Estigia, que nunca más volveré a pedirte nada que me beneficie directamente, ningún capricho, pero te suplico que dejes vivir a mi pequeño." La diosa apretó los ojos con fuerza, reprimiendo las lágrimas. "¡Es mi único hijo!"
Zeus no sabía si estar harto o conmovido, ciertamente algo comenzó a tirar de un nervio en su conciencia. Igual era un niño, parte de su hija, también llevaba su sangre…, pero su orgullo no lo dejó retroceder. ¡Era un bastardo! Hijo de un dios extranjero, producto de una violación. Se sentía ofendido por el daño hecho a su honra, a su familia, y por lo mismo la necesidad de cobrar venganza y eliminar toda mancha hacía que le picaran las manos.
No… él era Zeus, no era una bestia sedienta de venganza. Nunca había visto a su orgullosa hija, Artemisa Agrotera, suplicar así… quizás… solo quizás… Bajó la mirada…
"… Mientras puedas protegerlo dentro de ti, o a tu lado, no le pasará nada. Dejaré que nazca, pero si lo llego a ver solo, lo mato." Zeus le dio la espalda, quizás para no tener que ver la mirada que le puso su hija: le provocó un extraño nudo en la garganta. "Eso en lo que a mi respecta al menos. Pero si algún otro dios atenta contra la vida de esa aberración que llamas hijo, no moveré ni un dedo por impedirlo. Hasta incluso puede que ayude."
"¿Lo juras por el Estigia, Padre?" Añadió con voz temblorosa. Zeus hizo un desprecio y rodó los ojos.
"Sí, sí, por el Estigia. Conténtate con eso y deja de tentar tu suerte."
Zeus avanzó por el salón y se alejó de Artemisa a paso calmo, al mismo tiempo que la diosa se ponía de pie y echaba a correr fuera, sin destino conocido. Al poco andar, el padre de los dioses se cruzó con Hera, quien lo esperó tranquilamente a que pasara.
"Tienes cara de reclamar, Hera. ¿Qué es lo que hice mal ahora? Solo velo por el bienestar de mi hija."
"Sigo estando de lado de Artemisa." Le dijo Hera con tranquilidad, dándole la espalda y alejándose sin la más mínima intención de esconderse. Zeus solo frunció el ceño.
De regreso con Artemisa, esta salió corriendo del palacio a todo lo que le daban los pies. Apenas se despidió de Iris y pasó por el lado de sus ángeles sin detenerse a nada. Si antes tenía un conflicto emocional de proporciones, ahora no podía pensar claro. ¿Qué se supone que tenía que sentir sobre esta criatura? ¿La odiaba? Si la detestaba, ¿por qué había arriesgado su vida, sin pensarlo siquiera? Zeus bien pudo fulminarla si hubiera estado más decidido. ¿Por qué de súbito no toleraba siquiera que le pasara algo a la criatura? Se le vino a la mente cada uno de sus rechazos, y le ardieron como ácido. ¿Esto quería decir que lo quería? ¡No Sabía! No tenía idea, no quería pensar.
Siguió corriendo, zigzagueando entre los dioses, derecho a la parte más tupida de los jardines, Quería estar sola, quería llorar, no quería pensar, quería hacerlo todo al mismo tiempo, ¡Quería ignorar al pequeño que se retraía cada vez más dentro de sí mismo! Cuya pequeña vida no había sido sino un terror continuo desde su misma concepción. ¿Por qué se retraía? Al principio, pese a que ella lo ignoraba, trataba de llamar su atención constantemente, pero llevaba días cada vez más callado, menos responsivo y exhausto. Por cada vez que le había prestado atención para pedirle que dejara de molestarla, el pequeño se había quedado quieto, como si no quisiera provocarla, como si supiera que su mera presencia le causaba un conflicto de proporciones. El pequeño sabía que no era querido por casi nadie.
¡¿Qué Había Hecho?!
Artemisa se sujetó de un árbol, perdiendo de golpe todo el aire de los pulmones por la sorpresa. ¡Por todos los dioses! ¡La criatura sabía que nadie lo quería! Que su vida tenía precio, que su familia lo quería muerto… ¡Ni ella misma le había mostrado algo de aceptación siquiera! Se tapó la boca, pero no pudo cerrar los ojos. Por momentos tuvo la impresión que el suelo no existía y que todo alrededor suyo giraba a un ritmo imposible.
Era su único hijo…
Por todo el universo… ¡Era mamá! ¡Era la mamá de alguien!
¡¿Qué clase de madre era?!
Se sintió muy mal. El mundo dio giros vertiginosos alrededor de ella, las rodillas apenas la sostenían y con suerte tuvo tiempo para inclinar la cabeza sobre un arbusto y vomitar de lo lindo, hasta la ambrosía del desayuno del día anterior. Se mareó al levantarse y retrocedió, aunque al poco andar le fallaron las piernas: hubiera caído al suelo si Touma no la hubiera sujetado a tiempo. Esto no tenía nada que ver con su embarazo, era una respuesta meramente emocional al violento vórtice en el que había caído. Artemisa se aferró de Touma y se dejó abrazar por él, hiperventilando y sin poder sosegar su corazón.
Sintió como aquella pequeña y retraída conciencia parecía acariciar su cosmo, como tratando de consolarla, y al mismo tiempo con timidez, como si temiera molestarla. No le gustaba verla sufrir así.
"¿Ella está bien?" Preguntó Teseo angustiado, acercándose con cautela.
"No." Dijo Touma, acomodando a la diosa en sus brazos, frotándole los brazos, intentando ser fuerte por ella. Artemisa no dijo nada, solo se dejó querer. "Está con una crisis nerviosa."
"Iré a despejar una ruta más privada." Se apresuró en decir Odiseo. "¿Teseo?"
"Iré a ver que todo esté dispuesto en las estancias de la señorita…"
"La llevaré en un momento, pero que primero se tranquilice un poco."
Los tres asintieron al mismo tiempo y se dispusieron a cumplir su parte. Teseo le dejó una botella con agua a Touma antes de salir corriendo en dirección de las estancias de Artemisa, mientras Odiseo se adelantaba por el camino para asegurar que la diosa tuviera privacidad en lo que se regresaba a la intimidad de sus estancias olímpicas. Cuando se hubieron alejado, Touma ayudó a Artemisa a sentarse en el suelo y le dio un poco del agua de la botella. Cuando se hubo tranquilizado un poco, la sujetó por la barbilla y la instó a mirarlo a la cara.
"¿Qué pasó?"
"… quiere matar a mi pequeño. Mi padre lo quiere muerto."
Esto no era novedad para nadie, el rumor había corrido como pólvora en el Olimpo desde el rescate de Artemisa, y los ángeles se enteraron del mismo ni bien pisaron la morada de los dioses. Seguramente la diosa de la caza también sabía, pero que se lo hubieran dicho a la cara debió ser impactante.
"¿Y tú?"
"…"
"¿Artemisa?"
"… No tengo dudas. ¡Me siento muy mal!" Como relajándose, bajando los hombros y suspirando profundo, Artemisa recuperó algo de su dignidad. Miró a Touma a los ojos y esperó unos segundos más. "Siempre que me enfrenté a situaciones así en el pasado, renegué de quien se encontraba en problemas. Menosprecié sus dolores y subestimé sus experiencias. Expulsé de mi lado a quienes habían sido atrapados en circunstancias así, incluso los castigué con dureza… siguiendo esa lógica, yo misma debería arrancar a este niño de mis entrañas y permitido que Apolo o Zeus acabaran con él."
Touma esperó paciente, aunque no pudo negar que se angustió a ratos. Ahora que sabía la verdadera naturaleza de la conciencia que solía refugiarse cerca de él, había aprendido a quererla e incluso la cobijaba contra su corazón: hasta jugaba con el pequeño cuando podía. Le preocupaba bastante lo que podría ocurrir, más cuando notaba al enano cada vez más letárgico. Por instinto, deslizó sus dedos y tomó la mano de la diosa, quien lo aferró con fuerza ni bien sintió el contacto.
"¿De que no tienes dudas ahora, Artemisa?"
"… Zeus me dijo que fulminaría a mi niño a la primera oportunidad, y no tuve dudas en suplicar por su vida. ¡No he pensado en él ni una sola vez! Se supone que me debería causar asco y rechazo, pero cuando me dijo que debía abortarlo, que debía morir, se me heló hasta el cosmo. No tengo dudas, ¡No lo quiero muerto! ¡Pero Tampoco Lejos! Lo quiero conmigo, no puedo dejarlo, me lo van a matar. ¡Soy lo único que tiene! Yo… no quiero que sufra… me siento culpable… no puedo tenerlo."
"¿Culpable por qué? ¿Por querer a tu hijo? ¿Por qué no puedes tenerlo? ¿Qué te hace tener esa idea?"
"Culpable Por No Quererlo Muerto. Por querer que viva… porque no quiero entregárselo a nadie, ¡Es Mío!" Un puchero decoró el rostro de Artemisa. "… y no puedo tenerlo porque no es como he actuado en todos estos siglos. ¡Es mi único hijo! Nadie lo quiere… y me siento pésimo por quererlo. Nadie lo hace, todos lo asocian en seguida a la bestia que lo engendró y…"
"Yo no." Touma se cruzó de brazos, muy grave. "Tampoco Teseo u Odiseo. O tu mamá. Lo que vemos es a tu niño, una deidad que es parte tuya. Artemisa: tienes un corazón bueno, por mal genio que seas…"
"¡Touma! ¡No Soy Mal Genio!" Ladró Artemisa.
"Lo eres. Y demasiado buena al mismo tiempo… nada que venga de ti es malo. ¡Este niño es hijo tuyo! Viene de ti." El ángel frunció el ceño. "Eres una diosa, puedes cambiar de opinión todas las veces que se te antojen sin tener que darle explicaciones a nadie. ¡Si al resto no le gusta es una pena! Cierto, quizás debiste ser más empática en el pasado, pero no dejes que eso te atormente o que otros dictaminen qué hacer. ¡Es tu pequeño!"
"… Mi único hijo…" Artemisa hizo un puchero. "Pero yo no soy una madre. ¡Soy horrible! No he hecho más que alejarlo… ¡Y tiene tanto miedo! No sé qué voy a hacer con algo tan… enorme."
"Como que nadie nace sabiendo…"
"… hará preguntas… ¿Qué le voy a decir cuando me pregunte por su padre? ¿Cómo le voy a explicar que… me da miedo aceptarlo? ¿Y si no puedo protegerlo?" Artemisa se tapó la boca y resopló un poco. Fue cuando se dio cuenta que Touma también estaba muy nervioso, que las manos le temblaban, pero se mantenía todo lo firme que podía. El pelirrojo tragó saliva y la miró a los ojos.
"Los dos son víctimas aquí. ¡Ya se te ocurrirá algo! El enano necesita a su mamá. Además…" Touma la quedó mirando con cara de circunstancias. "Eres lo bastante mal genio como para mandar a todo el mundo a freír monos si no les gustan tus decisiones, y que te importe un soberano rábano. ¿No eres la diosa de la naturaleza salvaje acaso? ¿No estoy yo aquí para ayudarte?"
Artemisa parpadeó perpleja, pero no pudo evitar soltar una sonrisa al ver el travieso guiño que le hizo Touma. Casi de inmediato el ángel sacó un pañuelo y le limpió las lágrimas. Se quedaron allí un rato, tranquilizándose en silencio. La diosa, por inercia, se llevó las manos al vientre y buscó con su cosmo a su pequeñito… quien con timidez respondió el contacto. Antes de que se diera cuenta, lo tenía refugiado en su corazón, lloriqueando de alivio. Cierto, se sintió muy rata, pero la sensación que tuvo al percibir eso fue…
… Fue…
Fue toda la confirmación que necesitaba.
"… hubiera querido… que su concepción no hubiera sido tan violenta." Murmuró Artemisa casi en un susurro. "… me hubiera gustado elegir cuando y como… y al papá. ¡Tiene una presencia muy dulce!"
"Supongo. También es bien juguetón." Respondió Touma con una sonrisa, aunque le miró grave. "… Me hubiera gustado que te trataran mejor." Sin querer o darse cuenta, el pelirrojo buscó las manos de la diosa con las suyas y entrelazó sus dedos con los de ella cuando se encontraron.
"… ya no se pudo. Toca salir adelante… tengo un pequeñito que atender." Artemisa suspiró preocupada. Se arrimó más a Touma. "No sé como. ¡Lo voy a arruinar todo! Me va a odiar a los quince."
"Todos odiamos a nuestros padres a los quince." Aseguró Touma muy firme, rodando los ojos. Entonces la miró con ojos de borrego a medio morir, expectante. "¿Asumo que lo vas a conservar?"
"No tengo idea de criar niños. Los ayudo a nacer, nunca he criado… pero este es mi hijo. Lo quiero conmigo. Aunque esté sola."
"No. No lo estás."
Algo en el tono de voz de Touma la hizo sonrojarse, aunque no antes de mirarlo con severa sorpresa. Sonrió finalmente y fijó la mirada en su vientre. Apenas comenzaba el viaje, mejor… comenzaba a hacer algunos arreglos, a preparar las cosas. Cosas básicas, como conseguir un médico (ni loca se acercaba a Apolo o a sus hijos) y una matrona. El pequeño necesitaría ropa, pañales… jugar seguro… ¡Necesitaba ayuda! Y…
¡¿Touma le puso una mano por sobre las suyas?! ¡Pero si las tenía en su panza! ESTO ERA INVASIÓN DE ESPACIO PERSONAL.
"Mortal insolente." Le gruñó entrecerrando los ojos. "¿Qué se supone que haces?"
"Diosa malgenio. ¡Ya estás ladrando!"
"¡Lo ves! ¡Te dije que eras un Insolente!"
"Tsst. Te enojas por todo, mujer."
Artemisa fingió un desprecio y Touma hizo como que no le importaba. Se fijaron en el bosque, en el aroma fresco que despedían los árboles, en la hierba. Los tranquilos ruidos de la actividad del Olimpo permeaba el aire. Los dos suspiraron con pesadez.
"Touma. El Olimpo ya no me da nada de seguridad."
"Lo sé. Tenemos que irnos." Touma se levantó y ayudó a Artemisa a ponerse de pie. "Vamos a tus estancias: tenemos mucho que coordinar."
"Quiero establecerme en Éfeso… Reactivar a mis satélites, mi santuario favorito… No quiero parir aquí en el Olimpo, sino en donde me sienta cómoda. ¡Quiero ir a Éfeso!"
"¡Una genial idea!"
"Cuento con ustedes." Un leve rubor decoró las mejillas de Artemisa. "¿Cuento contigo, verdad?"
"Siempre." Asintió el pelirrojo con alegría.
Touma le ofreció el brazo, que la diosa aceptó e iniciaron la marcha fuera de aquél bosquecillo.
La aventura apenas comenzaba para ellos.
Inframundo. Giudecca. Arena de entrenamiento.
Unas semanas después. 16 de junio. 9:00 horas.
Tres semanas se habían pasado en un pestañeo. Rápidamente en el Inframundo habían recuperado las rutinas previas a la molesta guerra con Xibalbá, aunque las tareas de reconstrucción ocupaban un buen porcentaje del tiempo útil. Al menos en esta ocasión no tenían que preocuparse de que les fueran a botar los edificios por culpa de un ataque sorpresa, y habían aprovechado para hacer algunas necesarias mejoras en ellos: por ejemplo, arreglar los sistemas eléctricos y de calefacción. O sea, ya que estaban reparando todo lo que no se había caído y reconstruyendo lo que sí, pues aprovechar el esfuerzo. ¿No? Incluso se habían animado a construir una enfermería más decente. Hasta habían publicado las bases para un concurso público que sorprendentemente había tenido una buena acogida: distintas oficinas de arquitectos se estaban deslomando por ganar la licitación. No es que la necesitaran, pero tener los medios apropiado para atender a los espectros malheridos, y otras dolencias, como que les subía la moral.
Ahora, si tuvieran personal de salud de planta sería maravilloso, pero como los espectros eran rudos y no se lastimaban…
Claro. Hubieran visto como temblaban de miedo cuando Electra asistía al galeno de turno en el Santuario de Athena cuando los revisaba. Aunque más de uno se enamoró de ella… sino pregúntenle a Valentine de la Harpía, que había sacado incluso una foto del coscorrón que le dio Electra por haber alterado la paz de sus pacientes. ¿Qué pasó? Intentó escaparse en medio de la noche para volver al Inframundo, pero fue víctima de las trampas que pusieron Pólux y Nathan para evitar que los espectros escaparan… y como al tropezarse cayó encima de otra camilla, se produjo un interesante efecto dominó… y lamentablemente era el turno de Electra.
Fue épico el berrinche de la plateada, más porque llegó Astrea a ver qué se debía el escándalo y entre las dos se potenciaron.
Hades no sabía si estar contento o no. Toda la dinámica del Inframundo había quedado patas arriba y se vio obligado a hacer muchos cambios. Cierto, ganó la guerra, pero perdió casi la mitad de su ejército. Finalmente fueron cincuenta y dos los espectros que perdieron la vida, y de los restantes cincuenta y seis, algunos estaban ilesos (machucados, pero funcionales), y no pocos seguían convalecientes. Fueron bajas importantes que no lo hacían sentir cómodo, aunque podía solucionarlo. No todo lo rápido que le hubiera gustado, pero no se iba a quejar. Los que se iban a quejar eran sus espectros vivos, quienes pronto comenzarían a tener aprendices, pero si sabían lo que les convenía, pues calladitos se veían lindos.
Eso sí, si algo bueno podían sacar de la guerra era que Hypnos y Pasitea parecían estar limando diferencias y tratando de recuperar lo que alguna vez habían tenido. Esto les estaba llevando bastante esfuerzo a ambos, pero a diferencia de las veces anteriores, en las que solo Pasitea parecía querer arreglar las cosas, esta vez tanto ella como Hypnos ponían de su parte. Era curioso y raro verlos cortejándose después de tantos siglos tratándose con tanta lejanía. Eso tenía a los sueños expectantes y alegres, aunque Phantasos estaba muy perpleja… más porque además la relación con su padre estaba dando pequeños pasitos de mejora y lentamente comenzaban a sanar las heridas y a tender puentes entre ambos. Habían tenido dos partidas de ajedrez que rayaron en lo adrenalínico. Esto tuvo la doble ventaja que les permitió pasar tiempo juntos y conversar más. Nunca era malo, eran pequeños pasitos, pero un avance a fin de cuentas. Los demás sueños cruzaban los dedos al respecto… ¡Eso lo ponía de buen humor!
Y lo que sin duda lo hacía reír a carcajadas era la actitud que habían tomado Thanatos y sus sobrinos respecto de las visitas de Huitzilopochtli al Inframundo. Hypnos todavía no se percataba, pero suponía que las cosas se iban a poner bastante divertidas para cuando se diera cuenta. Hades moría por ver su reacción.
Sobre la calavera de zafiro, que contenía las almas de los señores de Xibalbá, estaba al cuidado de Thanatos, quien de momento la usaba como pisapapeles en su despacho. Mientras no se encargasen de Quicxic o Patán, no la lanzarían a lo profundo Tártaro. Sobre la hoguera en donde quemaban los cuerpos de los demás ajawab, ésta todavía ardía con ganas sin querer apagarse: de acuerdo a Hestia, las llamas se apagarían una vez que purificasen toda la maldad de esos cuerpos.
Tendrían hoguera un buen par de milenios por lo visto.
La cabeza de Vucub–Camé que finalmente recuperaron del Cocytos fue fulminada por el Keraunos de Zeus. La cabeza de Hun–Camé sigue desaparecida.
"Muerde un limón, Aiacos. Va en serio." Gruñó Radamanthys, mientras se cruzaba de brazos.
"¿No ves que las sonrisas lo perturban?" Preguntó Minos burlón.
"Además que está envidioso que ustedes dos tienen quien los quiera y él no." Añadió Pandora con elegancia. "En serio Radamanthys, necesitas salir más."
"Yo no necesito salir más, tampoco dormir. Necesito respuestas y poner mi tribunal en orden." Gruñó Rada con mucha seriedad.
"Definitivo: necesitas novia con la que revolcarte." Le dijo Minos, meneando la cabeza. Rada solo entrecerró los ojos. "¡No mires así! Eres el juez soltero que queda: es natural que te hagamos notar tu soledad."
Aiacos solo se limitó a observar la escena y ampliar la sonrisa. Acomodó a Benito en sus brazos y suspiró contento. Las últimas semanas habían sido maravillosas para él. Ya no había guerra, podía reconstruir Antenora con calma y si bien Violate seguía como capitana de la escolta de Perséfone y no volvería a ser su lugarteniente, podía disfrutar de todos los beneficios y sinsabores que acarreaba una relación de pareja estable con su ala derecha. Era mejor de ese modo, que ambos no trabajaran en el mismo sitio. De alguna manera les había permitido que la relación que comenzaban fuera bastante saludable. Les permitía incluso fijar límites y probárselos.
El mayor beneficiado de esa relación era Benito, aunque la cara que había puesto la primera vez que los había visto besándose fue tan adorable que casi le provocó un coma diabético a los testigos. El pequeño pasó de la perplejidad a la territorialidad: Aiacos, para su extrema felicidad, acababa de dejarlo en brazos de Violate y al despedirse de ella, la besó en los labios. Benito abrió los ojos como platos y no tardó en empujar a su papá lejos de Violate, molesto. Sorprendido, ambos adultos se lo quedaron viendo sin saber a qué se debía ese despliegue de celos, pero se largaron a reír cuando Benito, frunciendo más el ceño, miró feo a Aiacos antes de abrazarse de Violate y balbuceó "mi mamá"… o algo muy parecido a eso. Celoso les salió el nene.
Así fue como Aiacos se enteró que Benito se refería así a Violate, lo que por cierto no lo incomodó. El peque tenía claros sus roles, lo que nunca era malo, y no tardó en acostumbrarse a que sus papás podían ser más cariñosos entre sí. El juez de Garuda volvió a acomodarse al niño en sus brazos.
"Tengo motivos para estar contento hoy. Los exámenes de Benito salieron estupendos y pude entrenar un rato con mi flor carmesí." Aiacos se agachó y puso al peque sobre sus pies en el suelo. "¡Además miren esto!"
Cuando se vio con los pies en el suelo, Benito, muy concentrado, frunció el ceño y comenzó a hacer equilibrio con los brazos cuando Aiacos lo soltó. Habrá estado unos pocos segundos de pie solo, antes de caer sentado, pero aun así intentó pararse y aunque contaba con la presta ayuda de su papá, no quiso aceptarla. Se levantó solito y de nuevo, permaneció en esa pose unos cuántos segundos. Aiacos entonces lo tomó en sus brazos y se levantó.
"¡Miren eso!" Exclamó Pandora contenta. "Ese pequeño pronto se larga a correr, Aiacos."
"Jajajaja, Ya quiero ver cuando lo estés persiguiendo." Dijo Minos, mientras despeinaba al pequeño, aunque Benito no pareció apreciar el gesto. "¿En qué momento tú creciste tanto, Ben?"
"¡AGURMOFHRG!" Protestó el pequeño.
"Jajaja, ¡Enano Enojón!"
"Hmpf. Creo que venden correas para bebés." Sugirió Radamanthys con toda la seriedad del caso. "¿Cuándo se dieron cuenta?"
"Violate se dio cuenta esta mañana: Benito estaba apoyado en la cuna bailando Big Bang Baby de los Stone Temple Pilots." Explicó con una sonrisa. "Crece rápido sin duda… aunque por momentos no me guste."
"Crece sano, Aiacos, y querido. Es lo que debería importarte." Le dijo Pandora, fingiendo indiferencia. "Benito tiene toda la suerte del mundo."
"Uuuuuuuh, ¡Me siento celoso!" Se burló Minos sin mala intención. Rodeó entonces a Aiacos con un brazo. "Confiesa, Aiacos, ¿Qué se siente pasar las noches con Violetita?"
"Mejor de lo que sientes tú cuando pasas las noches con Ingrid, supongo." Gruñó Aiacos de mal humor. Por alguna razón, puso a Benito en brazos de Pandora. "Sigo sin explicarme como dejó esa mujer que te reprodujeras."
Hacía unas semanas que Minos había anunciado que aparte de casarse con su chica, ambos serían padres. Esto había generado reacciones contrarias, pues Ingrid no caía bien, pero al mismo tiempo se alegraban por la inminente paternidad del juez de Griffin, por perturbador que fuera el advenimiento de un pequeño grifo con el temperamento de su papá. Al menos Minos le había revelado a su novia sobre la verdadera naturaleza de su trabajo y que su labor como corredor de bolsa era solo a tiempo parcial (aunque sí trabajaba para el banco que había dicho… como parte del directorio gracias a que heredó el puesto de su padre, uno de los socios fundadores, pero no le dijo nada sobre esto). No digamos que el extraño oficio de Minos había sido del gusto de la mujer, a quien le estaba costando muchísimo aceptar la situación.
Ni modo, ya se acostumbraría.
"¡Vieras las noches que he pasado con min kjære engel, Aiacos!" El juez de Griffin le dio una palmada en el pecho. "Pero a ella no la comparto."
"Rubia platinada teñida y desagradable." Afirmó Pandora entrecerrando los ojos, acomodando a Benito, quien se había sujetado de sus cabellos. "Ojalá que tu hijo salga igual a ti: te tolero mejor que a esa interesada."
"¡No le digas así a min kjære engel! No entiendo por qué a nadie le cae bien." Rezongó el Grifo.
"Ingrid no es tan mala, solo hay que aprender a tolerarla." Afirmó Radamanthys, mientras le hacía algunas señas a Benito, aunque no parecía muy convencido. "Minos la ama y es mutuo, eso debería bastarnos."
"Ooooh, eso me conmueve." Dijo Minos con los ojos grandes. No se esperaba ese apoyo del juez de Wyvern.
"Además son menos melosos que Aiacos y Violate." Radamanthys le dio un zape a Aiacos. "En serio, tanto vomitar arcoíris y unicornios por culpa de ustedes dos me pone de mal humor."
"Opa…"
"Jajajaja, reconoce que es mejor ese cambio, Radamanthys." Rió Pandora de buen grado. "A ustedes dos se les ve muy bien, Aiacos, no le hagas caso al unicejo." Dijo Pandora, mientras le hacía caras al peque que mecía en sus brazos. "¿Cierto que te gusta que tus papis estén juntos, pequeño rock star?"
"¡AGÚ!" En seguida Benito señaló a Aiacos. "¡Apá!"
"Aaaaaaaaaaaaw." Exclamaron Minos y Pandora al unísono. Mientras la heraldo de Hades se sintió enternecida, Minos sintió en el pecho un insólito anhelo. Cada día que pasaba se enamoraba más de Ingrid y de su hijito nonato: casi no podía esperar a cargarlo y cuidarlo.
"¡Ese es mi muchacho!" Exclamó Aiacos lleno de orgullo.
"No le veo la gracia." Dijo Radamanthys, con cara de circunstancias.
"¡Amáaaa!" Dijo de nuevo Benito, mientras señalaba a la distancia. Violate se acercaba al grupo e iba derecho a tomar al niño.
"Saludos, señorías." Les saludó a todos con propiedad y su sempiterno mal genio, pero suavizó las facciones ni bien tomó al peque en sus brazos. "¡¿Quién ha sido un niño muy bueno?! ¿Ya te luciste mostrándole a todos que te puedes tener en pie solito?"
"Este enano sale caminando en cualquier momento, Violate." Dijo Pandora.
"Tocará conseguirle una correa." Dijo la espectro, meciendo Benito.
"¡¿Ven que no es mala idea?!" Rezongó Radamanthys.
"¿No creen que es un poco cruel ponerle una correa a un bebé? Ni que fuera un animalito." Preguntó Minos. Aiacos le dio una palmada en la espalda.
"Cambiarás de opinión a su debido tiempo." Le dijo con conocimiento de causa. Aiacos miró a Violate con aire ofendido. "¿Acaso dormimos juntos que no me saludas, mi adorada flor carmesí?"
"¿Huh?"
"Exijo el beso que devolverá el calor a mis…"
"¡Ya Deja de Decir Ñoñerías, Aiacos! ¡Te Escuchas Ridículo!" Protestó Violate, aunque con un leve sonrojo en las mejillas y el esbozo de una sonrisita que solo fue evidente para el juez.
Si había algo que ponía de muy mal humor a Violate, eran las cursilerías en público. Aiacos se aprovechaba de esto para sacarla de casillas y verla enojada. No se sentía ofendido por este aparente desafecto, pues había aprendido que su ala derecha prefería el trato suave, delicado y de princesa cuando estaban en privado, no en público. Además estaba aprendiendo a conocer a otra Violate muy dulce y atenta con él cuando nadie más miraba. Era una faceta que solo le mostraba a él, su tesoro personal.
"Mal, Violate: ¡Qué bajo has caído que no te haces respetar!" Bromeó Minos. "No como cuando estábamos juntos. Yo sí te respetaba como la ruda mujer que eres."
"¡CIERTO! Minos: te debo algo." Le dijo Aiacos con toda la inocencia del mundo. Perplejo, Minos parpadeó dos veces extra.
"¿En serio? ¡Pues Paga!" Exclamó con una sonrisa.
Acto seguido Aiacos le encajó un soberbio golpe en el estómago, que le sacó el aire de las orejas, los pulmones, del estómago y hasta lágrimas le saltaron de los ojos. Radamanthys puso las manos en las caderas y se largó a reír, mientras las chicas y Benito dieron un buen respingo.
"¡OOMPH!" Minos cayó de hinojos, jadeando por aire y totalmente pillado con la guardia baja. Aiacos se agachó junto él y le dio algunas palmaditas en la espalda.
"Solo un gesto de territorialidad, Minos, ya sabes: Violate es mi mujer, que quede claro. Sé que fui un imbécil ingenuo y lo admito, pero tú sabes a lo que voy." Explicó muy serio. Aiacos llevaba semanas con ganas de darle ese golpe, solo que no había encontrado la oportunidad sino hasta ahora. "Nada personal, son solo negocios, mi buen amigo. ¡Sé que lo entenderás!"
"… serás 'joe****…" Resopló Griffin entre jadeos, mientras trataba de levantarse.
"¡Te lo buscaste, Minos, reconócelo!" Se rió Radamanthys, mientras lo ayudaba a ponerse de pie.
"¿Agú?"
"¿Negocios? ¿Solo, PUAJ, a mí? ¡Más vale que, ARGH, no haya sido el únicocofcof… castigado!" Rezongó entre jadeos. "¡Porque Violetita tampoco hizo mucho por aclarar las cofCOFCosas!" Gruñó entre dientes y sujetó a Garuda por la solapa. "No te devuelvo el golpe no más porque me lo merecía… ¡MOMENTO! ¡¿No le habrás pegado a Violetita, verdad?!" Preguntó Minos escandalizado, soltándolo como quien se deshace de una papa caliente.
"Me puedo defender, Minos, y ya me castigaron, aunque no de ese modo." Violate sonrió enigmática, al mismo tiempo que Aiacos la rodeaba con un brazo y dejaba su mano sobre la cadera de la mujer. "Mi señor Aiacos tiene maneras." Dijo la espectro mirando a su juez a los ojos, con un brillito especial en ellos, tratando de ignorar lo cursi que se debía ver.
Al ver la idéntica sonrisa que puso Aiacos al mirar a su ala derecha, y teniendo la mente tan metida en la alcantarilla como la tenía Minos, el juez de Griffin prefirió no preguntar: hasta se ruborizó un poco. Radamanthys, tras mirarlos reprobadoramente, estalló en carcajadas. Pandora rodó los ojos al cielo.
"¡Par de pervertidos!"
Rezongó la heraldo resignada, pero no derrotada. Quizás la guerra fuera interesante y haya supuesto muchos desafíos, pero tener tiempo para payasadas era también reconfortante… mucho más después de haber ganado la guerra.
Sí… al menos tenía esperanza… las cosas se pondrían muy movidas. Más aun considerando que Hades y Perséfone estaban empeñados en que todos sus ships se resolvieran. Se masajeó las sienes: si estaba leyendo bien los signos, pronto uno de ellos, no sabía quién, pero sospechaba que sería ella o Radamanthys, terminaría en Guatemala o algún país cercano. Los dioses del Inframundo estaban viendo en esa dirección del mundo con súbito interés de pronto.
¡Casi no podía esperar a ver cómo se daban!
FIN DEL FIC.
Por
Misao–CG
PRÓXIMO PROYECTO
"XIX. Adhuc Stantes"
("Todavía en Pie")
Quicxic y Patán han estado esperando el momento para atacar a Artemisa y cuando tienen la oportunidad, la toman y no dejan a nadie indiferente. Esto provoca un sorpresivo y traumático parto, que no solo arriesga la salud de la diosa, sino también a su pequeño.
Lamentablemente, el niño no está a salvo.
Estreno: 20 de julio.
Nota Mental: Reconozco y admito que si no fuera porque Abby Lockhart1 publicó capítulo nuevo, me habría olvidado completamente de que tenía que actualizar hoy. Ocurre que el resfrío que estaba a punto de darme desde finales de abril, me empezó a cobrar cuentas y estos dos últimos días me mató. La siguiente miniserie es la que termina el arco de Artemisa, y tengo en barbecho las miniseries de Phantasos y Radamanthys… porque se vienen y ya están las líneas argumentales trazadas para ellos dos, aunque sigo con mis investigaciones primarias para poder hacer sufrir a esos dos a gusto. De momento les adelanto, como podrán intuir, que dos soles se van a pelear por Phan y que Radamanthys irá a Guatemala en contra de su voluntad. Y se devolverá en contra de su voluntad. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!
Thanatos dice que valió la pena, Nice. Al menos llegaron algunas empanadas que fueron bien aprovechadas. La comida se ha repartido donde correspondía y debo decir que has hecho a muchos espectros muy felices. No siempre reciben regaloneos de este estilo y eso ha provocado toda una revolución en el Inframundo. Me alegra saber que la resolución del lío entre Aiacos y Violate fue de tu agrado: ese encierro llevaba meses en barbecho. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y POR EL APOYO QUE LE DISTE A ESTE FIC! =D
NO HUBO ANIMALES HERIDOS DURANTE LA PRODUCCIÓN DE ESTE FIC.
Excepto los ratones y ratas que atrapa el gato, o el mismo gato, cuando Cerberos logra atraparlo cada tanto. Pero ellos son animales, así que no cuenta.
Desde que se le infectara un arañazo que el gato le dio en la nariz, Cerberos prefiere perseguirlo en modo perro de tres cabezas. Tiene arañazos de gato en las tres narices.
Tuve un par de cortadas de papel, pero nada grave. También me resfríé, pero sobreviviré.
Como Lune de Balrog tiene el corazón roto y anda sensible desde que lo de Aiacos y Violate es oficial, que Valentine de la Harpía lo inscribió en Tinder, con la complicidad de Minos. El pobre no entiende porqué le mandan tantos mensajes.
Hypnos y Pasitea comenzaron a coquetearse de nuevo, lo que tiene a Phantasos algo pasmada (nunca los había visto en ese plan) y al resto de sus hermanos preguntándose si tendrán que hacer baby shower pronto. Independiente de todo eso, al menos esto ha servido para que los dieciséis sueños restantes retomaran las visitas familiares.
Huitzilopochtli se ha convertido en una figura asidua al Inframundo. A Thanatos no le simpatiza ni un poco, y le hablaría pestes a Hypnos sobre el colibrí del sur sino tuviera problemas más importantes… por ejemplo, porqué Afrodita y Xochiquétzal lo miran con cara de desafío, lo cual lo pone en extremo nervioso. Teme por su soltería.
Y a todo esto, la Casa de Leo ha estado recibiendo la visita cada vez más asidua de Touma, o de algún angelito. Athena del mismo modo, ha notado un afán curioso de Artemisa por hacer migas con Marín… y se le nota a la cazadora que no sabe hacer amigas, pero al menos lo intenta: la diosa de la sabiduría está por pedir ayuda.
Varios espectros que pasaron unos días en la enfermería le han estado enviando regalos a Electra del Telescopio, quien intenta sentir algo al respecto que no sea disgusto. Valentine de la Harpía incluso se ha convertido en el más insistente.
Quicxic y Patán están ocultos, pero muy pendientes de lo que haga o deje de hacer Artemisa. Acechan, planean su ataque… están decididos a completar la misión.
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. En todos los capítulos aparecerá el apartado de los Señores de Xibalbá.
Lete: (griego antiguo: Λήθη, olvido) o también Leteo (del latín Lethæus) es uno de los ríos del Inframundo. Beber de sus aguas provocaba un olvido completo. Algunos griegos antiguos creían que se hacía beber de este río a las almas antes de reencarnarlas, de forma que no recordasen sus vidas pasadas.
Algunas religiones mistéricas privadas enseñaban la existencia de otro río, el Mnemósine, cuyas aguas al ser bebidas hacían recordar todo y alcanzar la omnisciencia. A los iniciados se enseñaba que se les daría a elegir de qué río beber tras la muerte y que debían beber del Mnemósine en lugar del Lete. Estos dos ríos aparecen en varios versos inscritos en placas de oro del siglo IV a. C. en adelante, halladas en Turios al sur de Italia y por todo el mundo griego.
Xochiquétzal: O Xochiquetzalli (en náhuatl: Xōchiquetzalli, flor preciosa), también llamada Ichpōchtli (en náhuatl: Chica, jovencita o muchacha), en la mitología mexica es la diosa de la belleza, las flores, el amor, el placer amoroso, y las artes. Es una de las dos diosas relacionada con la fertilidad de la naturaleza y la belleza, quizás por ello se le representa como madre de Centéotl o Cintéotl. Xochiquétzal nació de los cabellos de la diosa madre.
Las flores de cempasúchil están consagradas a ella. Solía invocarse a Xochiquétzal para obtener belleza, sensualidad, para poder sobrevivir en caso de peligro, para hacer manualidades, lograr la fertilidad, el parto, buena cosecha, la danza, la música, el canto, la recuperación después de un desastre, la herbolaria, la libertad sexual, para hablar de amor, lograr un buen tejido, placer sexual, erotismo, y lograr matrimonios estables. Plumas, margaritas y pequeños azulejos con su imagen eran la mejor ofrenda para Xochiquétzal. Es hermana gemela de Xochipilli. Su primer esposo fue Tláloc, aunque también estuvo casada con Ixotecuhtli el dios de la libertad, con Piltzintecuhtli y con Centéotl. Xochiquétzal también fue amante de Tezcatlipoca.
SEÑORES DE XIBALBÁ: También llamados ajawab, son los que rigen en el inframundo en la mitología maya, y son de carácter maligno. Son como siguen:
1. Hun–Camé y Vucub–Camé: Son los gobernantes, los jueces supremos y encargados de señalar sus funciones al resto.
2. Cuchumaquic y Xiquiripat eran los encargados de causar derrames de sangre a los seres humanos.
3. Ahalganá y Ahalpuh tenían como tarea hinchar a los hombres, hacer que las piernas le supuraran y teñirles de amarillo el rostro, a este último padecimiento se le conocía como chuganal.
4. Chamiaholom y Chamiabac eran los alguaciles de Xibalbá y ostentaban como señal de su cargo una vara de hueso; su ocupación consistía en adelgazar a la gente, hasta que no quedaba de ella más que huesos.
5. Ahaltocob y Ahalmez tenían como oficio ocasionar desgracias a los hombres que se dirigían hacia su hogar.
6. Quicxic y Patán eran los responsables de causar la muerte a los que andaban por los caminos, este tipo de fallecimientos se reconocían con facilidad ya que el lugar estaba lleno de la sangre que había vomitado el desafortunado, tras serles estrujados pecho y garganta por estos señores.
