Capítulo 25- ¿Recuerdas aquél nombre?

Lucy estaba sentada en una silla, con las manos temblorosas y la mirada hacia el suelo. Erza estaba a su lado, recostada en una cama. El rostro de la pelirroja estaba comenzando a recuperar el color. Tenía un pañuelo remojado en agua en su frente y su brazo izquierdo estaba vendado. Por suerte la bala solo había hecho una herida superficial, pero aún así Erza había perdido mucha sangre.

Lucy no dejaba de culparse por todo lo que había pasado, ¿y cómo no hacerlo? Había vuelto a Magnolia para reencontrarse con Natsu… o eso ella quería hacerse creer, la cruda realidad es que estaba escapando de su inminente muerte, lo peor de todo es que arrastró a sus amigos a todo esto, a Natsu, a Sting, a Gidarts y a personas inocentes como Erza salieron heridas.

Lucy se odiaba. Mientras todos arriesgaban sus vidas para salvarla de un sicario, ella no hacía más que sentarse, temblar y llorar, realmente era una pena. Se preguntó cuánto tiempo su padre había sido perseguido por aquél asesino.

—Lucy…— dijo Erza en un intento de habla, pero su voz apenas y era audible.

—E-Erza, no deberías hacer esfuerzo— dijo Lucy levantándose de su silla, exaltada.

Erza suspiró y negó con la mano la ayuda de Lucy, con algo de esfuerzo logró sentarse por sí misma en la cama.

—No te preocupes— dijo esbozando una sonrisa—, ¿ves? Estoy bien.

Lucy no se tragaba esa historia de «estoy bien». Erza se veía realmente herida, pero ella no quería preocupar a Lucy, cosa que empeoraba la culpa que sentía la rubia.

—Erza… realmente lo siento.

Erza enarcó las cejas.

—No debes disculparte. Si esto pasó es porque decidí ayudarte—. Erza le dedicó la sonrisa más tierna y sincera que podía darle—. Soy parte del grupo Salamander y Titania, es mi deber ayudar.

Lucy estuvo a punto de romperse a llorar. Aquella sonrisa que Erza le dedicó… le recordaba tanto a la sonrisa que su madre le dedicaba a Lucy. Erza realmente era una mujer increíble y Lucy solo le traía problema… no solo a ella, sino a todos: Natsu, Sting, Gray, Mira, a todos.

Lucy ensombreció su mirada, luego se dio vuelta.

—Gracias por todo, Erza— dijo saliendo de la habitación, dejando a la pelirroja confundida.

Cuando la puerta se abrió, Natsu y Sting retrocedieron un poco algo temeroso… y descubiertos.

—E-esto… —dijo Sting con una gota resbalando de su frente—. N-no es como si estuviéramos espiando… ¡La culpa es de Natsu!

—¡¿Qué?!— dijo Natsu exaltado—. ¡Maldito, no fui yo el que suplicó que le acompañara a espiar la conversación!

—¡Jamás suplicaría a alguien como tú!

—Desgraciado…

En ese momento ambos comenzaron a pelearse. Lucy se rió y luego ensombreció nuevamente su mirada.

—Gracias, chicos…

Comenzó a alejarse, dejando a Natsu y Sting confundidos.

—Natsu…—dijo Erza con un aura oscura a su alrededor—. ¿Así que espiando?

… … …

Lucy se tumbó en la cama. Natsu le había dejado dormir en su cuarto- después que Erza literalmente le obligó a hacerlo- mientras que él dormiría en el sofá.

Se colocó en posición fetal y cerró los ojos, ignorando todo ruido a su alrededor. Tenía mucho sueño y su cuerpo pedía a gritos descansar, pero aún así no podía dormirse. No podía dejar de pensar en Whal. Era uno de sus viejos amigos, sí, no se habían visto en casi diez años, es obvio que en ese periodo de tiempo iba a cambiar al menos un poco, pero nunca se iba a imaginar que intentaría asesinarla. Aquél chico tan amable, lleno de sueños e ideales…

Lucy no podía creer que él fuese capaz de asesinar, pero fue Whal el causante de la muerte de su padre. Al principio no lo reconocía, después de todo su rostro estaba casi tapado por completo, pero aquellos ojos no podían engañarla, eran casi los mismos de hace diez años, excepto que esta vez había algo más en ellos: demencia. Los ojos de Whal esta vez eran los de un asesino; llenos de ira, llenos de sadismo.

Pero, ¿que habían hecho ella y su padre para ser perseguidos por él? ¿Acaso no eran amigos? Lucy comenzó a temblar. No se sentía segura, y los que estaban a su alrededor tampoco lo estaban. Erza se salvó de una muerte segura, pero no correría con la misma suerte si Lucy seguía con ellos.

La puerta del cuarto sonó. Lucy no se movió de su lugar, dejando que la puerta sonara por segunda vez.

—Lucy— habló Gildarts detrás de la puerta—. ¿Puedo pasar?—. Una vez más no hubo respuesta por parte de la chica—. Nah, de todos modos entraré.

La puerta se abrió y Gildarts entró con una sonrisa y una bandeja con una taza de café y una viga de pan. La sonrisa de Gildarts desapareció al ver el estado en que se encontraba Heartfilia.

—Erza no te culpa por nada— dijo dejando la bandeja en la mesita de noche.

—Tal vez ella no, pero yo sí— contestó Lucy sentándose correctamente.

Gildarts se rascó la nuca, luego suspiró y se sentó al lado de Lucy, en la cama.

—Jude era un gran hombre— dijo mirando el techo— fue un gran hombre, un buen esposo, un fiel amigo y un increíble padre.

Lucy arqueó las cejas, no entendía a que venía todo eso, pero en algo estaba segura: no fue un buen padre. Nunca hizo caso a Lucy. Cada vez que volvía a casa a penas y tenía tiempo para sentarse a comer en la mesa con ellas. Anna, la mamá de Lucy siempre lo excusaba diciendo que trabajaba duro para cuidar de ella, pero Lucy estaba segura que ni su madre estaba segura de lo que decía, cuando Anna murió, Lucy escapó de su casa precisamente por la frialdad de Jude.

—Realmente te quiso— prosiguió Gildarts.

—Nunca lo demostró— bufó Lucy, abrazándose con las rodillas.

—Jude siempre fue un hombre cortante, incluso con tu madre, pero estoy seguro que Anna no dudaría que las amó, a ambas.

Lucy recordó lo que una vez le dijo su madre «Tu padre es un hombre especial. Puede parecerte serio y distante, pero hay algo que nunca debes dudar de él: el amor que siente por ti.» Ahora que Lucy lo pensaba, nunca se dio la oportunidad de conocer mejor a su papá, nunca tuvo una conversación que pudiera considerarse «normal » más que un simple hola o ¿cómo te fue en el colegio?, y ahora nunca tendría ésa oportunidad.

Lágrimas comenzaron a amenazar en salirse y los labios comenzaron a temblar en Lucy.

—Lucy, no sé lo que tú querrás, pero tu padre quería que tengas amigos en los que confiar y refugiarte cuan estés en peligro, nosotros somos ésos amigos. No actúes inconscientemente y quédate con nosotros.

Gildarts se levantó y sonrió a Lucy, luego salió del cuarto, dejando a Lucy sola y con ganas de llorar.

…. …

Pasaron alrededor de media hora cuando Lucy logró tranquilizarse. «Confía en nosotros» había dicho Gildarts. Lucy confiaba en ellos, pero el problema no erradicaba en la confianza. Lucy no quería ver a gente cercana ser heridas por su culpa.

Lucy se quedó mirando la bandeja que seguía en la mesita de noche. No había tocado ni la taza de café ni el pan. Se sentó en la cama, completamente rendida. Enarcó una ceja al sentir algo raro debajo de ella. Se levantó y apartó la sabana, encontrando una carta en donde ella estaba sentada.

Lucy cogió la carta y la observó por unos segundos. No tenía remitente, cosa que extrañó a Lucy. Al abrirla, solo había una cosa escrita en ella: te espero y una dirección. Lucy abrió los ojos de par en par. Ésa carta… la había enviado Whal. La estaba incitando a que vaya junto a él, la estaba guiando a su propia muerte.

Lucy suspiró y cerró los ojos. No podía enseñar esa carta a nadie. No quería que nadie más se involucre. No podía permitir que sus amigos vuelvan a lastimarse por su culpa. Lucy apretó la carta con toda su fuerza… había tomado una decisión.

… … … …

Natsu estaba sentado en el sofá, recostando su espalda por el espaldero y mirando al techo. No podía creer que Whal era un asesino, no podía creer ahora fuese un asesino. Natsu recordó la primera vez que lo conoció.

Flasch Back.

Hace siete años.

Un niño de siete años se encontraba escondido en una esquina, observando seriamente a los transeúntes de la ciudad. Tenía el cabello desaliñado y sucio de color negro. Su ropa estaba rota y andrajosa, con algunas manchas de suciedad, pero lo más llamativo de él… era que no tenía el brazo izquierdo. El niño miraba la calle con odio, desprecio e intimidación.

Miraba fijamente a una tienda ambulante que se encontraba en la otra cuadra, delante de él. En la tienda había miles de alimentos: sandias, vigas de panes, bananas, entre otros. El niño se acercó lentamente a la tienda, mientras miraba de reojo a todos a su alrededor, receloso.

El vendedor se encontraba frente a la tienda, contando el dinero ganado mientras sonreía de oreja a oreja. El niño se acercó a él disimuladamente y rápidamente agarró una viga de pan.

—¡Hey!— gritó el vendedor— ¡deja eso!

El niño se asustó y echó a correr. El vendedor empezó a seguirlo. El niño corría rápidamente, evitando y empujando a los transeúntes con su mano derecha mientras que el vendedor gritaba a todos que lo detuvieran.

El niño miró hacia atrás y por un descuido chocó con alguien, cayéndose de espaldas. Cuando abrió los ojos, vio a un joven de cabellera rosada mirándolo seriamente. Los ojos del joven eran iguales al de él: llenos de dureza y desconfianza. Pero había algo más en ellos, algo que el niño no tenía: confianza.

—¡Oye, detén a ése niño!— gritó el vendedor a lo lejos.

El niño miró hacia atrás, luego hacia el joven de nuevo. Se levantó a toda prisa, pero el vendedor lo sujetó del brazo.

—¡Suéltame!— gritó, con el rostro lleno de desesperación.

—¡No te irás a ninguna parte, maldito ladrón!— espetó el vendedor.

El joven arqueó las cejas, luego sujetó al vendedor del hombro.

—¿Qué ha hecho?— preguntó seriamente.

—Ha robado una de mis vigas de pan.

Miró al niño detenidamente, se detuvo en que no tenía brazo y suspiró. Se agachó y cogió la viga de pan.

—No se preocupe— le dijo al vendedor, pasándole un poco de dinero—. Yo pago por él.

El vendedor contó las monedas, luego miró al niño con desdén.

—Tienes suerte, niño— luego se alejó dando zancadas.

El niño se encogió de hombros, cohibido, luego miró al joven. El peli-rosa le dio el pan y luego comenzó a caminar hacia delante.

—¡Espera!— dijo corriendo para alcanzarlo—. No te he dado las gracias.

—No es necesario— dijo el peli-rosa.

—¿Por qué me ayudaste?

El peli-rosa se detuvo por unos segundos, luego comenzó a caminar de nuevo.

—Porque me recuerdas un poco a mí.

El niño se detuvo, sorprendido por la respuesta de aquél chico. Comenzó a seguirlo, tomando un poco de distancia. No sabía porque, pero tenía la certeza de que si lo seguía, algo bueno le iba a pasar.

Caminaron por varios minutos, sin intercambiar palabras alguna. Por alguna extraña razón, el peli-rosa no lo había ahuyentado, ¿no se había dado cuenta que estaba allí? Se detuvo al ver aquella casa: era enorme y de dos pisos. Se veía que tenía varios años de antigüedad porque estaba algo descuidada; algunas ventanas rotas; la pintura descuidada y sucia; algunas tejas se había caído o se habían roto.

Cuando el niño salió de su trance, vio como el peli-rosa entró a la casa. El niño titubeó antes de entrar. Al entrar en la casa, se asustó al ver que el peli-rosa no estaba solo: una chica de doce años más o menos estaba abrazando al joven. Tenía el pelo largo y de color rubio. Sentado en un sofá sucio y viejo se estaba otro joven, un año menor que el peli-rosa. Tenía el pelo alborotado y de color rubio también, con los ojos color azul y una cicatriz en su mejilla.

—¿Quién es él?— preguntó la chica.

El niño retrocedió un poco, algo intimidado. Miró al peli-rosa.

—Natsu, ¿qué le pasó en el…?

—Sting, cállate— dijo el peli-rosa, que al parecer se llamaba Natsu.

—De acuerdo— dijo Sting cruzándose de brazos.

—¿Cómo te llamas?— preguntó la chica, acercándose a él.

El niño dio un paso hacia atrás, pero en ese momento la puerta se abrió estrepitosamente, de ella entraron dos personas más: un joven de melena negra y semblante serio se encontraba cargando una bolsa llena de panes sobre su hombro. Su melena era larga y estaba posicionada de tal modo que le tapaba el ojo izquierdo. El otro hombre se veía como el más viejo en la sala, como unos dieciocho años. Tenía el pelo rubio revoltoso y terminado en puntas. Tenía unos aros de color negro. Tenía una cicatriz que cortaba su ceja izquierda y terminaba bajando hasta la comisura de su labio.

—Han tardado, Rouge, Laxus— dijo Sting levantándose—¿ Y bien?

—Tuvimos suerte— dijo Rouge enseñando la bolsa victoriosamente.

—Fue pan comido— dijo Laxus sonriendo sacando un pan de la bolsa.

Laxus arqueó una ceja, cayendo en la presencia del niño.

—¿Y éste?

El niño miró la bolsa de pan, con los ojos brillando y la boca echando agua. Natsu sonrió, sacó un pan de la bolsa y se lo lanzó. El niño agarró el pan y comenzó a devorárselo.

—¿Nadie les siguió?— preguntó Natsu a Laxus.

El rubio negó con la cabeza, luego le dio un mordisco a su pan.

—Ya te lo dije, fue sumamente fácil—. Miró al niño, el cual seguía devorando el pan, literalmente—. ¿Quién es el mocoso?

Lucy se acercó al niño, el cual retrocedió un poco.

—No te preocupes— dijo sonriéndole—. No te haremos daño, ¿cómo te llamas?

El niño ladeó la cabeza, luego esbozó una sonrisa.

—Whal.

Fin del Flash Back.

Natsu salió de sus recuerdos cuando Gildarts entró a la sala.

—Sabes— dijo recostándose por la pared—. Este departamento dejó de ser tranquilo desde que llegaste.

—¿Ah, sí?— dijo Natsu sonriendo—. De nada.

Gildarts sonrió, luego miró hacia la ventana.

—Lucy realmente está hecha trizas— su sonrisa se desvaneció—, realmente la compadezco.

Natsu bajó la mirada, luego apretó los puños.

—No la he visto hace siete años, y cuando nos reencontramos, pasa todo esto… les fallé, a los tres.

—¿Tres?— preguntó Gildarts, arqueando las cejas.

—Por mi culpa, Whal es lo que es ahora— dijo Natsu apretando más fuerte su puño—. Todos iban a estar mejor si yo no…

—¡Natsu!— gritó Sting. Se veía realmente desesperado.

—Sting, ¿qué sucede?

—Lucy, no está.

—¿Qué?— preguntó Natsu sorprendido.

Sting se acercó a ellos, luego les enseñó una carta. Natsu empezó a leerlo. Al terminarlo, su expresión cambió de una de desesperación a susto.

—Mierda— dijo arrugando la carta—. Lucy, ¿por qué?

—¿Qué pasó?— preguntó Gildarts, asustado.

—Lucy, decidió ir junto a Whal— dijo Sting apretando los dientes.

—Esa tonta…— dijo Gildarts seriamente.

—Debemos ir a buscarla.

Los tres giraron y se sorprendieron al ver a Erza parada, recostada por la pared y con la frente perlada de sudor. Se veía realmente exhausta, pero aún así logró levantarse.

—Erza, no deberías…— dijo Natsu, pero fue detenida por Erza.

—No deberías preocuparte por mí— dijo levantando una mano para callar a Natsu—, Lucy está sola y va junto con la persona que quiere matarla.

—Pero Erza…

—Ella tiene razón— dijo Sting seriamente—. Debemos impedir que Lucy cometa una estupidez.

Natsu miró seriamente a los tres, luego apretó los puños, impotente.

… … …

Lucy estaba frente a una construcción. Eran cerca de las veintidós de la noche y casi no había nadie alrededor. A penas se podía oír algunos sonidos provenientes de la ciudad, de las luces parpadeantes de os letreros luminiscentes de los negocios y de vez en cuando algún auto.

Lucy había logrado escapar sin problemas del departamento. Siguió las indicaciones escritas en la carta y la había guiado hasta aquí. Delante de ella había vallas que rodeaban a la construcción. Por encima de las vallas se veía la cáscara de un gran edificio.

Lucy rodeó el perímetro, en busca de alguna entrada pero no tuvo suerte. Tenía que escalar la valla, pero no le iba del todo bien eso de escalar. Pudo pasarla con mucho esfuerzo, pero su pantalón se rasgó por debajo de la rodilla.

Lucy imaginó que de día, la construcción ha de ser fantástica, pero de noche era harina de otro costal. Los móviles de carga estaban posicionados de una forma no muy favorable para Lucy: todos estaban cargados y sus ganchos estaban elevados a una altura amenazante. Las vigas de maderas y de hierro junto a otros materiales proyectaban unas sombras aterradoras.

Lucy sintió un escalofrío recorrer toda su espalda cuando una fuerte ventisca sopló. Miró hacia atrás en una de las vigas había un hombre sentado, sonriendo a Lucy.

—Whal— dijo la chica seriamente.

—Me alegro que hayas venido— dijo bajándose de las vigas.

Lucy dio un paso hacia atrás, luego se armó de valor y se puso recta, luego sacó de su bolsillo una pistola y apuntó a Whal.

—Tenemos mucho de qué hablar— dijo seriamente.

Continuará…

¡Hola todos! ¿Qué tal familia?

Tranquilos, no los he abandonado. Primero que nada pido disculpas por mi extenuante y repentina desaparición. Han pasado muchas cosas en este periodo de tiempo, cosas relevantes a mis estudios, algunos temas familiares y amorosos (casi la cago jeje), pero bueno, todo se ha arreglado y ahora he vuelto y para quedarme.

Espera que de todo corazón puedan perdonarme y que no haya perdido lectores, que gracias a ustedes y sus hermosos reviews es que puedo continuar escribiendo, ustedes dan vida a este fic.

Espero sea de su agrado este capítulo y se diviertan leyéndolo. Nos leemos luego ;)