"Cero a la izquierda"

— ¿Estás segura de esto? Sabes que no…

— Lo sé.

Aun con la oscuridad de aquella habitación fui capaz de ver a la perfección las maltrechas facciones de aquella mujer, por increíble que pareciera en verdad se preocupaba por mi.

— Gracias.

Fue inesperada esa necesidad de agradecerle a aquella bruja, tenia que estarlo, tenia que darle las gracias ya que si aquello salía bien a partir de día todo iba a cambiar, todo iba a mejorar.

— Es algo tonto al no amarte.

Una triste sonrisa de mi parte fue lo que siguió después de esa declaración, en mi mente la molesta vocecilla de mi sub consiente me gritaba que él lo hacia, que en verdad no había necesidad de hacer aquello, pero mi consciencia no entendía, ella… ella no sentía.

La mujer tomo con cuidado mi mano, a estas alturas para nada me sorprendía la frialdad de su piel, así como tampoco me sorprendía que en su cara ninguna emoción estuviera presente, esa… esa había sido la razón por la cual me había decidido a hacer aquello.

La promesa de no sentir… la promesa de que ya no va a doler.

Un suspiro sale de mi pecho justo en el momento que ella me recuesta en aquella mullida cama, el latir de mi corazón aumenta de manera considerable como si este supiera lo que seguía.

Al escuchar mi suspiro aquella mujer sonríe de medio lado, casi podía jurar que vi un poco de nostalgia en su mirada pero no puedo estar del todo segura, inmediatamente da media vuelta mientras yo me limito a cerrar los ojos.

Fue entonces y mientras escuchaba los débiles pasos de la mujer al moverse por la habitación que la parte racional de mi cerebro me cuestiono con fuerza. ¿En verdad aquello era necesario? ¿Era tan cobarde como para rebajarme a aquel ritual de la más pura magia negra? ¿Era tan débil?

Puedo sentir las cálidas lagrimas recorrer mis mejillas, si… era débil, o tal vez sólo me había cansado, por mucho tiempo había aprendido a vivir con eso, tanto que hasta en cierto punto pensé lo había controlado, después de todo él me daba lo necesario para vivir.

Estaba equivocada.

Aprieto los puños con fuerza al recordar aquel día, uno de tantos cuando estúpidamente había ideado en mi cabeza la más patética y feliz historia, aquel día cuando creí en verdad algo podía cambiar.

Todo era mentira.

Un sollozo escapa de mi garganta al sentir de nuevo ese dolor… inmediatamente las frías manos de la mujer toman las mías obligándome a abrir los ojos de nuevo y verla a la cara, no se lo que vería en mi rostro porque aunque eso era imposible me vio con pena.

— Acabara, no sufras mas… acabara.

Unas palmaditas en mis hombros que solo me recordaron aun más aquella escena que tanto trataba de olvidar.

La falsa sonrisa en tu rostro, la promesa que aquello no tenía por qué cambiar.

Lagrimas que salen sin control alguno de mis ojos, el dolor que me vence… duele… mata…, tu mirada cargada de pena al verme así, la disculpa que no necesitaba, que no quería escuchar.

Un inesperado abrazo de tu parte, un cálido beso sobre mis labios mientras al otro lado de la habitación, todos festejan.

Todo va a estar bien… te amo.

Otro beso que era como mi sentencia de muerte, me abrazas con más fuerza y en un segundo te separas de mí, ellos te esperan.

La puerta se cierra con un lento movimiento, lo suficientemente lento para que yo pudiera ver como a ella la cargas con tus brazos y frente a la multitud le gritas tu eterno amor… siempre fue así, siempre seria así.

Un sollozo que sale sin que pueda hacer algo por evitarlo, me derrumbo… no, no otra vez, entrecierro los ojos y me concentro en solo irme de ahí, el lugar, el lugar ahora no importaba.

Las lagrimas nublan mi vista, siento los temblores recorrer cada célula de mi cuerpo quiero, quiero, acabar con todo aquello de una buena vez.

— ¿En verdad acabara?

La bruja me sonríe mientras asiente con la cabeza.

— No hay corazón….

— No hay dolor.

Lo entendía, había investigado mucho acerca de ese ritual, era considerado un completo tabú en el mundo mágico, no fue fácil, me tarde el tiempo suficiente para ver que como ellos planeaban su vida, como para sentir que con cada palabra de amor entre ellos a mi me apuñalaban, estaba cansada… no podía mas. Era difícil y patético ser el cero a la izquierda, esa absurda cosa sin valor que solo valía cuando él lo necesitaba.

— Es hora.

Respiro profundamente escuchando los que tal vez serian los últimos latidos de mi corazón, mi consciencia me grita huya de ahí, que aun es tiempo, que había otras alternativas, pero, no quería otras alternativas, solo… solo quería que dejara de doler.

— Herzen stirbt, niemand braucht dich, herz stirbt.

Fue como sentir una fría y profunda puñalada, grite… rogué que parara, el frio pasó a ser aun mas intenso, con esto aun podía percibir la mano de la bruja que trataba inútilmente de calmarme.

— Todo acabara, todo acabara… ya no va a doler.

Al escuchar sus palabras me arme de valor y me concentre en eso, esto seria lo ultimo que sentiría, a partir de ahora seria inmune al dolor… inmune al amor… seria libre… seria…

No supe mas, la inconsciencia se apodero de mí y simplemente no pude mas, en mi mente solo unas palabras daban vueltas sin control.

La promesa de no sentir… la promesa de que ya no va a doler.

-oooooOOOooooo-

Era maravilloso vivir sin él… era magnifico no sentirlo latiendo en mi interior, era interesante saber que a partir de ahora todo será fácil… sencillo.

Ya no dolía.

Sonrió satisfecha, aquel hechizo había funcionado a la perfección, no podía negar que la temperatura de mi cuerpo era algo incomoda, pero ¿Qué mas podía esperar?

Y ahora ahí me encontraba, en la prueba final.

Moría por cruzar esa puerta, ver sus ya conocidas escenas y simplemente no sentir nada.

Una histérica carcajada escapa de mis labios, me atreví incluso a imaginarlos, ella, ahí… tan orgullosa, tan segura, él… a su alrededor mirándola con esos ojos de amor que tantas veces me dedico a mi…

Mentiras.

Maravillosa era la manera en como aquel ya conocido pensamiento no causaba estrago alguno en mi interior, era bueno… era perfecto vivir sin dolor.

Decidida respiro profundamente, quería ante todo restregarle en la cara a aquel que ahora no me importaba lo que hiciera, era libre… ya no dolía.

Con una sonrisa en los labios cruzo la puerta, lo que vi… era lo esperado, la viva imagen de la perfección, la feliz pareja que como siempre festeja y grita su amor, la feliz familia rodeándolos, todos en un perfecto cuadro que…

Algo no iba bien.

Lo supe justo en el momento que él sacaba una pequeña caja de su bolsillo y ante la atónita mirada de todos se ponía de rodillas frente a una pelirroja que radiaba dicha.

— ¿Te quieres casar conmigo?

Al escuchar esto con un lento movimiento llevo la mano hacia mi pecho donde sabia, había todo menos un corazón…. Sin corazón, no hay dolor… no hay amor…

Engaño.

No pude evitar las lagrimas que burlándose de mi dolor salieron sin control alguno. Un "si" que retumbo en mis oídos, nadie se había percatado de mi presencia seria fácil huir, seria fácil esconderme, después de todo nadie me extrañaría… nadie lo notaria.

Doy media vuelta alejándome de aquello, ¿Porque? ¿Por qué seguía ahí? Espasmos de dolor barren mi interior, ahora incluso peor, es como si el fantasma del asesinado corazón regresara proclamando su territorio.

Dolor… no había mas que dolor.

Llego a los limites de aquellos arboles que gloriosos rodean la madriguera, se que debo aparecerme, sé que debo salir de ahí, pero no puedo… menos cuando siento como una conocida mano se posa en mis hombros, entrecierro los ojos sintiendo como algo helado recorre cada célula de mi cuerpo.

— Todo va a estar bien, no tiene por qué cambiar… te amo.

Un sollozo que se escucha por aquel apartado lugar, un abrazo que lo quisiera aceptar o no, necesitaba… un amor, un amor que me mataba… un amor que ya no dolía…

Mentira.

La promesa de no sentir… la promesa de que ya no va a doler.

En mi mente y como si se tratara de una cruel broma empiezo a visualizar la vida que simplemente nunca podría ser mía, una dicha que no me pertenecía porque yo… yo solo era el cero a la izquierda.

Fin