Capítulo 25
Tipo de incógnito
-Las cuentas vuelven a estar peladas… ¿Qué pasó con ese pluriempleo que llegaste a pillar, el de las cajas? ¿No has vuelto a hacer nada?
-Ah… no, es que el capataz se ha marchado por una temporada y hasta que no vuelva no voy a poder seguir con eso…
-Vaya, qué mal, esos seis mil dólares diarios que conseguías traer la verdad es que nos aliviaban bastante.
-Ya, es una putada… déjame ver eso.
Y así era, por mucho que la doliese los seis mil dólares diarios que Philips la daba por traficar con armas antes de que se fuera repentinamente conseguían mantenerles a flote aunque sólo fuera un poco. Ahora que había dejado de recibirlos, podían volver a notar el peso de los apuros económicos echándose sobre ellos otra vez, volviendo a la carga. Y las cuentas bien lo atestiguaban.
-Maldita sea, apenas nos da para mantener los cultivos… y una cuarta parte para comida y poco más-masculló Applejack, molesta por la situación.
-Sí, esto empieza a ser preocupante…
Tanto como ella como Big Mac se quedaron callados, pensando en posibilidades, aunque visto lo visto estaba todo bastante complicado. En un momento dado su hermano inquirió.
-Bueno, ahora que lo pienso… Berry Punch vino al entierro ¿no?
-Sí, estuve hablando un rato con ella.
-Es una vieja amiga de la familia… ¿y si… la pedimos ayuda?
Esa frase hizo reaccionar a Applejack, suspirando de seguido.
-Sabes que no me gusta hacer eso…
-Sí, lo sé, lo sé, pero piensa que ella siempre ha estado ahí, y nunca la hemos pedido nada, igual si se lo pides adecuadamente…
La granjera cerró los ojos, con gesto compungido. Desde siempre Applejack ha tenido un estricto código de honor que la impedía pedir así sin más a los demás, por muy cercanos que estos fueran. Sin embargo la crucial situación económica familiar actual la hacía replantearse, por primera vez, sus principios.
-Está bien, pero espero no tener que volver a hacer esto.
-Bien. Llévate a Apple Bloom, está muy mustia últimamente.
-Sí, seguramente quiera venir.
Applejack se levantó, dejando a Big Mac en el salón con las cuentas, y subió hasta la habitación de su hermana pequeña. De un tiempo a esa parte la niña había perdido gran parte de la vitalidad que la caracterizaba, ya no estaba fuera de casa tanto tiempo como antes, y se pasaba más tiempo en su habitación distrayéndose con cualquier otra cosa. Por suerte era sábado y no tenía clase, por lo que aprovechó para visitarla y avisarla de sus planes.
-Hey Apple Bloom…-murmuró ella, tocando levemente a la puerta entornada.
La abrió un poco y vio a la niña tumbada en la cama, leyendo un libro con gesto centrado; Applejack se acercó hasta ella y se sentó a su lado, inquiriendo de seguido.
-¿Qué lees?
Como contestación la niña le mostró la portada, donde se podía leer: Formas sencillas de hacer dinero.
-¿Qué haces leyendo eso?
-Simple curiosidad.
-Ya, pero por ahora estos libros no son los que más deberías leer… ¿has hecho todas tus tareas?
-Sí, pero no son tan prácticas como este libro, por ejemplo.
-¿Qué quieres decir?
-Nada…
Applejack esbozó un gesto preocupado, aunque por el momento prefirió no presionarla mucho, comentando de seguido.
-Por cierto, venía para decirte que voy a ir a las colinas de Tongva a hacer una visita a Berry Punch ¿quieres venir?
-¿Va a estar Piña Colada?-inquirió entonces la niña, repentinamente interesada.
-Sí, supongo que sí… ¿quieres venir?
-¡Sí, vale, hace mil que no la veo, vamos, vamos!-exclamó ella, emocionada.
Y no era para menos, ya que Piña Colada era una de sus primeras amigas que hizo desde que era más pequeña y vivían en el valle de Tongva. Era la hermana pequeña de Berry Punch y tenía su misma edad, no la había vuelto a ver desde la mudanza.
La niña comenzó a prepararse para el viaje y Applejack la imitó, estando lista en poco menos de diez minutos, aunque en cuanto bajó las escaleras Apple Bloom ya estaba en el pasillo junto a la puerta, esperándola.
-¡Vamos, Applejack, eres muy lenta!
-Ya, ya voy, no seas impaciente… bueno, me voy a eso, estaremos de vuelta para comer-murmuró la chica dirigiéndose a su hermano.
-Vale, ya me contarás-se despidió Big Mac, sin apartar la vista del libro de cuentas.
Se dirigieron al granero pequeño para coger el coche y se pusieron en camino hacia las colinas de Tongva, habiendo un buen trecho desde donde estaban. Primero debía de dirigirse a la ruta 68, por lo que se dirigió primero en dirección hacia Sandy Shores mientras ambas hermanas iban hablando por el camino.
-¿Y cómo es que te ha dado por ir a ver a Berry Punch?-quiso saber Apple Bloom en un momento dado.
-Bueno, hace tiempo que no la he vuelto a ver…
-¿No estuvo en el entierro de la abuela?
-Sí, desde el entierro, quiero decir…
-Tampoco ha pasado mucho tiempo.
-Ya, pero bueno, ya sabes que es una vieja amiga de la familia, y siempre es importante mantener el contacto aunque ya no vivamos al lado…
-Pues sí… ¿saben que vamos?
-No, va a ser una visita sorpresa.
-¡Genial! Ya quiero ver la cara que va a poner Piña Colada en cuanto me vea…
-Seguro que se alegra mucho de volver a verte.
Llegaron a Sandy Shores en poco menos de diez minutos, pasando al lado del viejo pueblo turístico y girando a la izquierda al lado del paso a nivel, aunque tuvieron que parar ya que en ese momento los semáforos se iluminaron, al tiempo que las barreras bajaban y empezaba a sonar una estridente campana, ya que iba a pasar un tren de mercancías.
-Oye Applejack ¿puedo hacerte una pregunta?
-Sí, claro.
-¿A dónde fuiste antes de ayer? Estuviste fuera durante casi todo el día y volviste a casa a las tantas de la madrugada…
La chica se percató enseguida de lo que estaba preguntando exactamente, esbozando un gesto preocupado casi imperceptible; sabía muy bien que debía proteger a su familia a toda costa, y por ello absolutamente nadie debía saber lo que ocurría, y menos aún alguien como Apple Bloom. Por suerte se había preparado algo por si alguien la preguntaba.
-Ah, sí, estuve haciendo algunas gestiones en la ciudad que me llevaron mucho tiempo, haciéndome volver a las tantas…
-Pues qué raro, con lo poco que te gusta a ti la ciudad…
-Ya, lo sé, fue muy tedioso pero necesario, estoy con los del banco con un tira y afloja tremendo, qué ganas de que todo esto acabe y nos den el dinero.
La niña no dijo nada más, quedándose convencida y sin preguntar nada más al respecto. Por su parte Applejack lamentó el haberla mentido de esa forma, odiándose en ese aspecto y odiando su compleja situación que la ataba en todos los sentidos y la dejaba a merced de Sunset y sus matones.
En ese momento el tren terminó de pasar y la campana se detuvo, al tiempo que las barreras subían y el tráfico volvía a rodar. Por su parte Applejack metió primera y aceleró de seguido, tratando de olvidarse de todo ese asunto aunque sólo fuera por una vez. Ahora iban a ver a una vieja amiga de la familia y al menos eso la ayudaba a distraerse aunque sólo fuera un poco.
El viaje continuó hasta las antenas parabólicas que hacían esquina con Panorama Drive, justo al lado del Yellow Jack Inn, la cantina local más famosa del desierto de Señora, y a partir de ahí fue todo recto por la ruta 68 hacia el oeste, atravesando gran parte del desierto. Dejaron atrás Harmony y comenzaron a bordear el río Zancudo, siguiéndole durante varios kilómetros y pasando justo al lado de la iglesia y el cementerio donde enterraron a Granny Smith. Un poco más adelante llegaron a una pequeña bifurcación donde empezaban a verse un buen montón de viñedos repartidos a lo largo y ancho de las colinas cercanas.
-¡Ya falta poco!-exclamó Apple Bloom, emocionada.
-Sí, llegamos dentro de nada-asintió Applejack, girando el volante a tope.
La carretera comenzó a serpear entre las viñas mientras iban subiendo la ladera, viendo desde la distancia la figura de unas bodegas que ellos conocían bastante bien. Finalmente y tras unos pocos kilómetros más llegaron a su destino, una gran casa bodeguera de una sola planta junto a un pequeño aparcamiento y un cobertizo.
Applejack aparcó justo enfrente del cobertizo y tanto ella como Apple Bloom se bajaron del coche, respirando el aire fresco que tanto caracterizaba a las colinas de Tongva. Y es que si por algo eran conocidas esas colinas eran sobre todo por sus vinos, todos ellos cultivados, criados y embotellados en ese mismo lugar propiedad de Berry Punch, vieja amiga de la infancia de Apppejack y una de las viticultoras más famosas de la costa oeste.
La fama de los Viñedos Marlowe la precedía, y no era para menos, puesto que había obtenido el certificado de calidad del propio gobierno de San Andreas y habían sido galardonados multitudes de veces con premios varios gracias a la buena calidad de sus vinos. Las uvas que allí se cultivaban eran muchas y muy variadas, algunas autóctonas de allí y otras traídas de otras partes del mundo como Francia, Italia o España. Debido a esto la demanda era casi constante y trabajaban durante casi todo el año para abastecer todos los pedidos procedentes de otras partes del país.
En ese justo momento aparecieron dos jornaleros hablando en español y Applejack se dirigió a ellos para preguntarles acerca del paradero de Berry.
-Disculpen ¿saben dónde puedo encontrar a Berry Punch, la dueña?
-Sí, la patrona se encuentra en la casa preparándola para los invitados, no más-la informó uno de ellos.
-Vale, muchas gracias. Vamos Apple Bloom.
Las dos se dirigieron a la puerta principal de la casa y Applejack llamó al timbre, resonando con fuerza desde el otro lado. Al cabo de unos pocos segundos de espera abrió la puerta una criada con aspecto latino que les atendió.
-¿Sí, qué desean?
-Hemos venido a ver a Berry Punch, la dueña, somos unos amigos.
-Ah, sí, pasen y esperen aquí junto al recibidor.
-Vale, gracias.
Las dos pasaron al interior, al tiempo que la criada cerraba la puerta y desaparecía hacia el interior. La casa era bastante grande y señorial, con una decoración exquisita y muy basada en la madera de nogal, con parqué, paredes de piedra y techo abombado. Las paredes estaban decoradas con multitud de cuadros de campiñas, viñas y eras, de pintores variados. En ese sentido se notaba que a Berry la iba bien y no la faltaba de nada, aunque había sido sobre todo gracias a su esfuerzo y su trabajo.
Aunque en ese momento una voz familiar la sacó de sus pensamientos.
-¡Applejack, qué sorpresa!
-¡Berry! ¿Qué tal estás?
Ambas mujeres se dieron un efusivo abrazo que duró sus buenos segundos, aunque luego la viticultora se dirigió a la niña y la saludó de igual forma.
-¡Apple Bloom, me alegro de verte! ¿Cómo estás?
-Bien, muy bien… oye Berry ¿sabes dónde está Piña Colada?-inquirió la niña, yendo al grano.
-¿Piña? Sí, está en las viñas del este, pasada la carretera.
-¡Vale, voy a ir a verla!
-¡Ve con cuidado!-exclamó Applejack, preocupada.
-¡Sí, descuida!
La niña desapareció por la puerta y ambas mujeres aprovecharon para hablar entre ellas.
-¿Qué tal todo por aquí, Berry?
-Ah, pues bien, me pillas preparando la terraza para una cata de vinos que va a haber después de comer, si vieras la demanda que hay últimamente, no doy abasto, todos los ricachones de Los Santos vienen aquí para probar lo que tenemos, es increíble, beben como esponjas.
-¿Quieres que te ayude?
-No hace falta, ya casi está, ven a verlo si eso.
La parte de atrás de la casa destacaba por tener una espaciosa terraza con una fuente y un buen montón de mesas y sillas, todas ellas dispuestas para una cata en condiciones con varias copas, servilletas de seda, catadores y descorchadores. Tenía además unas escaleras que daban acceso a la parte norte de las viñas, desde la barandilla de piedra se podía ver gran parte de sus terrenos, todos ellos llenos de hileras que ocupaban gran parte de las colinas, extendiéndose a su alrededor y envueltas por grandes y altos pinos. Al fondo del todo se podía ver la figura de Fort Zancudo recortándose en la lejanía, recordando a Applejack aquel infausto día, aunque enseguida pensó en otra cosa, comentando de seguido.
-Qué buenas vistas tenéis…
-¿A que sí? aunque ya me las conozco bien no me canso de ellas. Y cuéntame ¿Qué te trae por aquí?
-Oh, pues ya sabes, de visita…
-¿Qué tal todo por allí, estáis bien?
Applejack abrió la boca para contestar, no muy segura de qué decir; miró por un momento a su vieja amiga, la cual la miraba con gesto inquisitivo y algo preocupado, hasta que finalmente suspiró y comenzó a hablar.
-Pues… me gustaría decirte que sí, Berry, pero… por desgracia no es así…
-¿Por qué, qué pasa?
-Pues es… todo. Desde que la abuela murió nos ha ido de mal en peor, después de perder la cosecha tuvimos que plantar lo poco que teníamos, pero aún falta mucho para recoger lo sembrado. Intenté acceder a la herencia que la abuela me dejó, pero hay problemas en el banco y no he podido, y debido a eso me tuve que pluriemplear de repartidora. Estuve casi una semana trabajando y cobrando diariamente, lo cual nos alivió un poco, pero ahora lo del reparto se ha quedado parado y volvemos a estar en números rojos. Sabes que nunca te he pedido nada, Berry, pero esta vez las circunstancias me obligan. Por favor, ayúdanos…
El silencio posterior se sintió bastante denso, sobre todo para Applejack, que de alguna forma se sentía particularmente incómoda. Sin embargo por su parte Berry se pronunció enseguida.
-Oh, Applejack ¿por qué no me lo dijiste antes? Sabes que estoy dispuesta a ayudaros con lo que haga falta, nos conocemos desde que éramos pequeñas…
-Ya, ya lo sé, pero es que… sé que te ha ido muy bien, y es por eso, se trata de tu trabajo, no quería aprovecharme de él…
-¿Aprovecharte de…? ¡Oh, por favor, Applejack, no digas chorradas! ¡Siempre hemos estado ahí la una para la otra, apoyándonos mutuamente! ¿Cómo no voy a ayudaros?
-Sí, lo sé, lo sé muy bien, y es que es eso, tú siempre has estado ahí, trabajando duro y creando tu imperio vitivinícola, mientras que yo tan solo soy una simple granjera…
-Applejack, no dices más que tonterías, siempre has sido igual de cabezona…
-¡No son tonterías! Es tu trabajo y tu esfuerzo después de todo, y en el fondo eso es lo que importa, siempre lo decía la abuela…
-Ya, y también decía que, aunque no fuésemos familia, siempre nos apoyáramos los unos a los otros, y en ese sentido tenía razón. Voy a ayudarte, Applejack, por mucho que tú digas lo contrario.
Ante la seguridad y contundencia de Berry, la granjera de quedó callada, mirándola a los ojos fijamente hasta que no pudo más, echándose sobre ella y dejando escapar algunas lágrimas. La viticultora la asió entre sus brazos, dejando pasar el tiempo y comentando en un momento dado.
-¿Te acuerdas cundo éramos niñas y yo bajaba al valle para jugar contigo?
Ante eso Applejack tan solo asintió levemente con la cabeza, secándose las lágrimas.
-Recuerdo que Granny Smith siempre me saludaba al llegar, ofreciéndome algo de beber antes de ir a verte. Aunque no era mi abuela per se, su carácter afable la hacía tan cercana que más de una vez la llegué a llamar abuela yo también, pero a ella no la importaba y me trataba como si fuera una nieta suya más. Y una vez me dijo que nunca me separara de ti, puesto que siempre habías sido como una hermana para mí. Yo la prometí que nunca lo haría, y pienso cumplir esa promesa, Jackie.
Para entonces ambas ya estaban lo suficientemente emocionadas, dándose otro gran abrazo con lágrimas en los ojos. Tras unos buenos minutos así las dos se separaron y Applejack susurró.
-Gracias, Berry…
-Ni lo menciones, Jackie. ¿Cuánto necesitas?
-Ah, pues… no lo había pensado, la verdad…
-Bueno, en ese caso vamos a empezar con… cincuenta mil.
-¿Cincuenta? Eso es mucho…
-Es igual, necesitáis un empujón y yo os lo voy a dar, y no pienso bajar de ahí. Venga, regatéame, sé que se te da bien…
Ante eso Applejack no pudo evitar sonreír, siguiéndola el juego y sintiéndose mucho mejor, al tiempo que un leve viento de poniente agitaba las vides cercanas.
Por su parte Apple Bloom cruzó la carretera rápidamente, aun a pesar de que ese tramo en concreto no era muy transitado, personándose enseguida en las viñas del este. Desde donde estaba se podían ver un par de arroyos que regaban el lugar, provenientes de una serie de acuíferos subterráneos situados en lo alto de las colinas que siempre manaban a lo largo de todo el año. Eso, unido a los terrenos irregulares, la rica tierra fértil de los mismos y el normalmente clima cálido de San Andreas hacía a ese el lugar perfecto para el cultivo de la vid.
Comenzó a zigzaguear entre las hileras, buscando a su amiga, hasta que finalmente la encontró, exclamando de seguido.
-¡Piña!
La aludida, una niña de su edad de pelo rosa claro y ojos verdes, reaccionó de seguido, viendo entonces de quien se trataba y exclamando.
-¡Apple Bloom!
Ambas niñas se dieron un gran abrazo, dejando pasar el tiempo y recreándose en ese mismo instante. Tras eso Piña Colada fue la primera en hablar.
-¿Qué haces aquí?
-¡Pues de visita! Applejack está hablando con Berry.
-¡Qué bien, me alegro de volver a verte, hacía tiempo desde la última vez!
-Sí… ¿Qué tal todo por aquí, qué haces?
-Oh, pues dando un paseo y vigilando los cultivos… mira, todas estas vides de aquí son de tempranillo y garnacha traídos de España, tienes que probarlas.
La niña asió uno de los racimos y empezó a comprobar las uvas, concretamente las más cercanas al tallo y las más escondidas; escogió entonces dos y las arrancó, ofreciéndole una a su amiga.
-¿Esta cuál es?
-Garnacha, pruébala.
Ambas niñas probaron las uvas y Apple Bloom exclamó.
-¡Vaya, qué buenas son!
-¿A que si? Y mira, las de tempranillo están aquí, están cerca de madurar por lo que están aún más buenas.
Caminaron unas cuantas hileras más abajo, donde los racimos tenían un color negro azulado más prominente que el de la garnacha. Realizando el mismo procedimiento Apple Bloom la probó, quedándose bastante impresionada.
-Vaya, estas también están buenas…
-¿A que sí? un poco más arriba, en las viñas del suroeste, tenemos toda una cosecha de cabernet sauvignon y una más pequeña de merlot, y en las viñas del norte tenemos uvas blancas como albariño, moscato giallo y verdejo y en las de un poco más al norte otras variedades como moscatel, napoleón y riparia gloire-explicó Piña Colada, con todo detalle.
-Caramba, sí que controlas…
-¡Pues claro! después de todo ayudo en lo que sea a mi hermana siempre que puedo, ella me está enseñando todo lo que sabe sobre vinos ya que algún día yo también trabajaré aquí y heredaré los viñedos.
Esas palabras dieron que pensar a Apple Bloom, la cual comentó de seguido.
-Bueno, al menos tú lo tienes claro, porque lo que es yo…
-¿Eh? ¿Y eso por qué?
-Pues porque… yo no sé lo que quiero hacer. Siempre me ha gustado ayudar a mis hermanos en la granja, pero desde que murió la abuela todo parece haber cambiado. Veo cómo mis hermanos tratan de que salgamos adelante y yo apenas puedo hacer nada al respecto, y eso me frustra más de lo que yo misma me hubiera esperado.
Ante eso Piña Colada se quedó callada, sin saber muy bien cómo responder al respecto, aunque en un momento dado comentó.
-Bueno, tal vez aún no lo tengas del todo claro, pero míralo así, por ahora la única forma de la que puedes ayudar es con las tareas, pero piensa que eso te ayudará en un futuro cuando heredes la granja.
-Ya, pero… si te soy sincera no me veo trabajando en la granja-anunció Apple Bloom.
-¿Ah, no? ¿Y dónde te ves entonces?
La niña miró a su amiga con gesto inseguro, pero al final suspiró y comentó.
-El caso es que no lo sé, quizás en Los Santos, haciendo dinero para así poder ayudarles… aunque no sé si Applejack se lo tomaría muy bien, no la gusta nada la ciudad, aunque últimamente pase más tiempo en ella que por aquí…
-Bueno, no lo veo mal, después de todo siempre hay algo que hacer en LS. Hagas lo que hagas yo siempre te voy a apoyar, Apple Bloom, después de todo eres mi mejor amiga…
-Gracias Piña…
Una vez más ambas niñas se abrazaron con cariño, aunque en un momento dado la futura viticultora rompió el abrazo y comentó.
-¿Quieres probar la cabernet sauvignon?
-¡Vale, vamos!
Las dos echaron a correr entre las hileras de viñas, dirigiéndose esta vez hacia los cultivos más elevados. El rumor del agua de los arroyos se combinaba con el mecer de las ramas de los pinos agitadas por el viento, conformando una hermosa melodía natural.
-Entonces quedamos en cincuenta y dos mil…
-Sí, bueno, sí a ti te parece bien…
-Pues claro que sí, ya sabes que quiero ayudarte, no le des más vueltas.
-Está bien, está bien, cincuenta y dos mil.
-Venga, que sean cincuenta y tres.
-Oh, venga ya, y luego me dices que no le dé más vueltas…
-Vale, cincuenta y tres.
-Qué tonta eres…
-Lo sé.
Por un momento las dos se miraron fijamente, Berry con expresión divertida y Applejack con el ceño fruncido. Finalmente las dos se rieron confidentemente, al tiempo que la granjera rodaba los ojos y se ajustaba su sombrero, comentando.
-Eres un caso…
-Más que tú lo dudo…
Habían estado dando una vuelta por las viñas del norte mientras acordaban una cifra para prestarla, al tiempo que hablaban de trivialidades varias entre medias. En momentos como ese era cuando Applejack descansaba de verdad, olvidándose de todo lo demás y disfrutando de la compañía de una vieja amiga, la cual estaba a punto de hacerla un enorme favor. Y es que la cifra no era para nada desdeñable, con ese dinero seguramente podrían salir adelante durante los siguientes meses mientras terminaban de adecentar un poco más los terrenos y ordenaban las cifras.
-Gracias por todo, Berry, te debo una bien grande…
-Ah, no lo pienses más, en serio, es lo mínimo que puedo hacer por mi vieja amiga-murmuró la aludida, sonriéndola y pasando un brazo por sus hombros.
Ante eso Applejack sonrió y la abrazó directamente, dándola las gracias igualmente. En ese justo momento un jornalero apareció de improviso dirigiéndose a Berry.
-Ah, señorita Punch, acá está, la estaba buscando…
-Dime Diego.
-Han llegado los invitados de la ciudad, están esperando dentro de la hacienda…
-Ah, vale, ahora voy, que vayan sacando las botellas, están guardadas en el cobertizo.
-Sí señora.
El jornalero se fue colina arriba y las dos le siguieron, volviendo a la casa rápidamente.
-Vale, pues esta tarde hago sin falta la transferencia.
-Muchas gracias, Berry, de verdad…
-Nada, ya sabes… ¿dónde se ha metido Piña? Me gustaría que me ayudara con la cata…
-Estará con Apple Bloom, espera que la llamo.
Antes de que Berry dijera algo más, Applejack se llevó el índice y el pulgar derecho a la boca y emitió un alargado silbido, seguido inmediatamente después por uno más corto que resonó por las colinas.
-Vaya, curiosa forma de llamarla…-comentó la viticultora.
-Es el silbido de llamada, lo conoce bien, estarán de vuelta enseguida.
Y así fue, en poco menos de tres minutos tanto Apple Bloom como Piña Colada regresaron a la casa por el lado izquierdo de la carretera, saliendo de las viñas del suroeste y con los labios algo manchados. En cuanto las vio Berry murmuró.
-¿Otra vez comiéndote uvas, Piña? ¡Que nos dejas sin cosecha!
-Sólo las estábamos probando, nada más…
-Ya, ya… necesito tu ayuda, ya han venido los de la cata.
-Ah, vale.
-Por nuestra parte nos vamos ya, volveremos a visitaros otro día de estos.
-Está bien, veníos a comer un día de estos y estamos todos juntos, tráete a tus primos también-la sugirió Berry.
-Está bien.
Tras las despedidas Apple Bloom y Applejack montaron en su coche, despidiéndose una vez más de ellas con la mano y volvieron por donde habían venido, regresando a la ruta 68 bajando por las colinas. Por su parte Applejack estaba algo más tranquila, ya que ese dinero podría ayudarlos a salir adelante durante un buen tiempo.
-¿Qué tal con Piña?
-Ah, pues bien, hemos estado hablando y probando algunas uvas, sabe un montón.
-Bien, me alegro…
-¿Y tú qué tal con Berry?-inquirió entonces la niña.
-Ah, pues bien también, hemos estado hablando, ya sabes, recordando los viejos tiempos…
Por su parte Apple Bloom no dijo nada más, mirando el paisaje. Applejack la imitó, ya que tampoco tenía por qué saber que Berry les iba a prestar dinero, concentrándose en la carretera. Tras media hora de viaje dejaron atrás las verdes riberas del valle de Tongva para volver a ver el árido y seco paisaje del desierto de Gran Señora, llegando a la intersección con Señora Road y parándose ante el stop; en ese justo momento pasó un grupo de varios moteros dispuestos a modo de convoy, por un instante le pareció ver a Rainbow montada en una de las motos y acompañando al grupo, cosa que la dejó bastante extrañada. Quiso mirar otra vez, para asegurarse, pero en ese momento apareció una caravana justo detrás de ella que la obligó a seguir hacia delante, alejándose del grupo y quedándose con la duda.
Rainbow entrecerró los ojos con fuerza, llegando a rascarse ligeramente al notar un poco de arena entrar en uno de ellos.
-Agh, mierda de desierto, y yo sin gafas…
El viaje desde la ciudad hasta Stab City se había dado sin mayores complicaciones, incluso la reunión con Joseph había ido mejor de lo que ella misma se hubiera esperado. Quedó con Al cerca de allí, concretamente en la plaza de los juzgados, al lado del monumento a Martin Luther King, y al cabo de unos pocos minutos de espera el líder hizo acto de presencia junto a varios hermanos más. Tras eso se dirigieron directamente a la dirección que esos Ballas la dieron el otro día, el 323 de Roy Lowenstein Boulevard, siendo una pequeña casa adosada justo enfrente de la línea de tren que cruzaba esa parte de la ciudad. Les abrió otra persona que les llevó directamente hasta Joseph, el cual les dio la bienvenida y se quedó mirando fijamente a Rainbow durante unos breves pero intensos segundos. No la dijo nada, pero tan solo esbozó una breve sonrisa antes de hablar.
-Entonces habéis venido a hacer negocios con nosotros…
-Así es, sabemos que les interesan las anfetaminas que producimos en el condado de Blaine, podemos ofrecerles un buen cargamento.
-Bien, aunque supongo que habréis traído alguna muestra…
-Claro.
Uno de los moteros que vino con Al sacó una pequeña bolsita de su chaqueta de cuero y la abrió, mostrando una serie de trozos de color blanco opacado muy parecidos al cristal, de ahí a que también se le llamara cristal. Por su parte Joseph arrugó el ceño, comentando de seguido.
-Está sin cortar.
-Sí, es una muestra sin cortar para que la vieran, tenemos otra cortada-añadió Al rápidamente.
Al punto otro de los moteros sacó esta vez una bolsita con el cristal cortado y preparado, viéndose más como si fuera sal gorda. Joseph cogió un cuchillo y lo usó para hacerse una raya, probándolo de seguido esnifándola. Dejó escapar un ligero aspaviento, saboreándola, hasta que finalmente murmuró.
-Nada mal… probadla, negros, a ver qué os parece.
El resto de Ballas que acompañaban a Joseph también probaron un poco, saliendo bastante satisfechos al poco rato.
-Vaya, ya se me está durmiendo la garganta…
-Sí, nada pero que nada mal…
-Es mierda de calidad, negros…
Una vez que todos la probaron y le dieron el visto bueno, Joseph se dirigió a Al.
-Muy bien, pues a la vista de esta calidad, podemos pediros una buena cantidad… ¿Qué tal cinco kilos?
-Bien, podemos proporcionároslos-aceptó Al, sin vacilar.
-Estupendo. Hablé anoche con los otros OGs y ya me dijeron lo que requerís a cambio, aunque primero queremos tener el género antes de hacer nada.
-Lo entendemos, lo tendrán para esta misma tarde.
-No, no podemos esperar tanto, queremos darla utilidad cuanto antes y así poder daros lo que nos habéis pedido rápidamente, así todos salimos ganando. Llevad los cinco kilos al viejo aserradero abandonado del bosque de Paleto en el parque natural del monte Chiliad hoy a mediodía, os estarán esperando allí-indicó Joseph.
-Ah, está bien, allí la tendréis.
-Bien. Encantado de hacer negocios con ustedes.
Debido a ese mismo apremio, tras la reunión tuvieron que moverse rápidamente; nada más salir Al hizo un par de llamadas y tras eso se dirigió a Rainbow.
-Vale, las cocinas de Stab City ya están avisadas, están preparando el cargamento para llevárselo a los Ballas. Rainbow quiero que vayas con ellos y escoltes la mercancía hasta el lugar de entrega.
-Está bien.
-Cuando llegues llámame para confirmarlo, esto ha de salir bien, vamos.
Al se fue de vuelta al cuartel de Mirror Park, al tiempo que Rainbow y el resto de moteros se pusieron en camino hacia el desierto, donde ahora mismo se encontraban, a pocos kilómetros de distancia.
-¿Estamos muy lejos?-inquirió la chica en un momento dado.
-No, llegamos enseguida, hay que cruzar el puente e ir todo recto, no tiene pérdida-indicó el motero.
Y así fue, en poco menos de diez minutos llegaron a Stab City, un pequeño parque de caravanas a orillas del mar de Álamo y rodeado de palmeras; muchas de ellas destacaban por estar especialmente corroídas y en bastante mal estado, con algunas estructuras en ruinas cerca de la entrada. Un camino de tierra rodeaba el lugar formando un circulo, justo en el centro había una serie de caravanas dispuestas concéntricamente, formando de esta forma una pequeña plaza donde había más moteros cargando una furgoneta slamvan negra con el logo de los Lost grabado en su carrocería. Pararon justo al lado de la misma y uno de los Lost de allí se dirigió a ellos.
-Llamó Al esta misma mañana, estamos cargando la mercancía, espero que esto sirva de algo, nos han dejado casi sin existencias.
-Tranquilo, lo hará, es una inversión de negocio, ganaremos mucho con esto-aseguró uno de los que la acompañaban.
En cuanto el último de los fardos fue cargado, Rainbow aprovechó para llamar a Al.
-Al, todo bien por aquí, esto ya está listo para entregar.
-Muy bien, pues ya sabes, escóltala para que llegue de una pieza hasta el aserradero, dame otro toque en cuanto esté hecho.
-Vale.
Tras eso regresó a su moto al tiempo que el resto de moteros que la acompañaban rodeaban a la furgoneta, formando así un convoy de protección a su alrededor.
-¡Dash, colócate justo detrás para cerrar la comitiva!-indicó uno de sus compañeros.
-¡Vale!
-¡Toma esto, lo necesitarás si la situación lo amerita!-añadió entonces, lanzándola algo de improviso.
Siendo rápida de reflejos Rainbow interceptó lo que la lanzó, viendo entonces que se trataba de una escopeta recortada. La guardó en una de las bolsas laterales de la moto y, tras eso, fue la última en ponerse en posición, formando de esta forma una escolta preparada para defender la furgoneta en caso de ataque. A una señal del conductor de la misma se pusieron en movimiento de nuevo, abandonando Stab City y poniendo rumbo hacia el norte con destino al aserradero.
Una forma rápida de llegar a donde se dirigían era encaminarse al túnel que atravesaba parte del monte Chiliad y que desembocaba directamente en las zonas altas del parque natural, estando el aserradero a pocos metros de distancia desde allí. Además la ruta era ideal para evitar posibles emboscadas al estar bastante más aislada que otras más convencionales.
Aunque el ritmo del convoy no era muy rápido, el viaje en sí no fue muy lento, llegando rápidamente al parque en poco menos de media hora; desde lo alto del camino de tierra que salía del túnel se podía ver la figura del viejo aserradero situado en las faldas del monte y envuelto entre los altos pinos y abetos que conformaban el parque, comenzando a bajar hacia allí.
En su momento el aserradero del bosque de Paleto era la principal fuente maderera del sur del estado, llegando a cercenar grandes hectáreas del mismo bosque que lo albergaba ya que no cumplían con la normativa establecida de repoblar lo que se talaba. Debido a esto el bosque estuvo a punto de desaparecer, y para entonces muchos hippies y otras personas provenientes de diversos movimientos verdes ya se manifestaban en contra de la tala indebida, logrando llegar hasta el ayuntamiento y haciendo que el gobernador anterior consiguiese escuchar sus quejas. Este comprobó de primera mano el daño que el aserradero había hecho al bosque y decidió cerrarlo rápidamente, cortando así el flujo de madera y teniendo que abastecerse de otros estados. Gracias a esto el bosque de Paleto consiguió salvarse y toda su zona y sus alrededores se declararon parque natural y zona protegida, logrando que el bosque volviese a crecer de nuevo. Actualmente el aserradero permanecía cerrado y abandonado, siendo un lugar perfecto para tratos e intercambios. El viejo edificio se alzaba impertérrito al lado de la vía del tren, de color rojo aunque bastante desgastado y con restos de algunos troncos y tablones de madera amontonados en la parte posterior del complejo.
Nada más llegar a la hora justa, vieron a un pequeño grupo de no más de siete Ballas junto a un par de coches morados justo en medio de la parte delantera del aserradero, parando a pocos metros de distancia de ellos. Todos desmontaron de sus respectivas motos y los que iban en la furgoneta bajaron de ella, yendo a recoger la mercancía. Entre varios la descargaron al tiempo que Rainbow y un vocal de la banda cercano a Al se acercaban a los Ballas que se adelantaron.
-Tal y como nos pedisteis, aquí van cinco kilos de cristal ¿algo que objetar?-inquirió el motero.
-No, aunque nos gustaría verificarlo si no os importa.
Ni el motero ni Rainbow pusieron ninguna pega y otros Ballas se encargaron de comprobar uno a uno que los fardos eran auténticos y estaban todos los cinco kilos presentes.
-Simple precaución, nada más-murmuró el Balla, sin darle mayor importancia.
Por su parte Rainbow le miró algo recelosa, pensando en sus propias cosas. Aunque iba todo bien y sin incidencias, la chica no podía evitar pensar que los Ballas se estaban tomando demasiadas molestias, sobre todo a la hora de comprobar algo que, de por sí, ya estaba hablado. ¿Acaso no se fiaban de ellos? Las palabras de Angus resonaban en su mente, ahora con más fuerza que nunca, llena de dudas e incertidumbre.
Sin embargo, y en contra de lo que ella misma se esperaba, nada raro pasó, sin que se diera cuenta siquiera el intercambio se terminó tan pronto como empezó y los fardos acabaron en el interior de los maleteros de los coches de los Ballas. El que antes se dirigió a ellos lo volvió a hacer con el mismo tono de voz.
-Muy bien, pues con esto ya está hecho. Tendréis lo que queréis en poco menos de una semana, os avisaremos a su debido tiempo cuando hayamos terminado. Estaremos en contacto.
Tras eso los Ballas se fueron de allí en dirección norte, perdiéndose entre los árboles del bosque. Una vez solos, el vocal se dirigió a los demás.
-¡Muy bien, pues esto ya está, en breve tendremos un nuevo territorio y podremos expandirnos rápidamente!
La noticia fue recibida con júbilo, al tiempo que varios moteros festejaban entre sí; en un momento dado uno de ellos exclamó.
-¡Eh, tíos, vayamos a celebrarlo al Hookies!
-¡Sí, esto merece una buena birra! ¡Ven con nosotros, Dash, lo has hecho bien hoy!
-Ah, vale, supongo… ¿Qué es el Hookies?-inquirió la chica, extrañada.
-Es una marisquería que está en Chumash Norte no muy lejos de aquí, los hermanos de por aquí siempre paran allí, es un punto de paso.
-Está bien, vamos.
Las motos y la furgoneta se pusieron en movimiento y todos salieron a la autopista de Great Ocean, dirigiéndose hacia el sur desde donde estaban. Por el camino Rainbow seguía inmersa en sus propios pensamientos, aunque sin duda lo que más la molestaba era el hecho de que Joseph parecía haberla reconocido esa misma mañana, pero no había dicho nada al respecto. Eso la inquietaba bastante por una razón que no terminaba de comprender, aunque quizás fuera por el hecho de que era el OG del set más cercano a donde Scootaloo vivía. Por un momento llegó a pensar si algo de todo esto podría llegar a tener algún tipo de repercusión en ella, pero dado que la niña no tenía nada que ver con la banda enseguida lo descartó, sin embargo las dudas y la incertidumbre seguían ahí, haciéndola compañía.
Tras un cuarto de hora corriendo por la autopista llegaron finalmente a la marisquería, aparcando las motos justo al lado y dirigiéndose a la terraza. Aun y con todo el intercambio había salido bien, por lo que aprovechó para darle el mencionado toque a Al.
-¿Sí?
-Ya está hecho, nos han dicho que en una semana como mucho tendremos el territorio.
-Bien, estupendo, buen trabajo, Dash, lo has hecho bien, tomaos algo de mi parte.
-Sí, a eso vamos ahora.
-Vamos hablando.
Todos se sentaron en la terraza y Rainbow los acompañó, mientras iban pidiendo algo de beber. Un brillante día alumbraba San Andreas, con varias nubes decorando el limpio cielo.
Para Twilight no había mejor forma para pasar el rato que en la biblioteca. Desde que descubrió su existencia en el barrio de Rockford Hills se pasaba siempre que tenía la ocasión, zambulléndose en sus libros y evadiéndose de la realidad, siendo perfecta en ese sentido ya que debía pasar desapercibida. Fundada en 1990 tenía una colección bastante amplia y de temas de todo tipo, llegando a leer de todo, sobre todo sucesos varios acerca de la historia de la ciudad.
Y es que en cuanto a sucesos se refería Los Santos destacaba por ser bastante famosa en ese sentido, habiendo una gran cantidad de casos de todo tipo, desde desapariciones, asesinatos, secuestros, robos y otros tantos crímenes. Sin embargo el caso más famoso de todos fue el cruento y bastante mediatizado asesinato de Leonora Johnson, una joven aspirante a actriz que llegó a debutar en la película Rum Runner de 1973, en la cual interpretaba a una prostituta discapacitada bromista. No aparecía mucho, pero en todas las escenas en que lo hizo las robó casi todas, sobre todo por su físico ya que destacaba por ser una mujer bastante atractiva.
Nacida el 29 de agosto de 1952 en el Medio Oeste, la vida de Leonora era de todo menos glamurosa. Hija de un criador de pollos y una lechera, nunca destacó por ser especialmente brillante, de hecho fue una estudiante bastante mediocre, pero gracias a su físico conseguía destacar ampliamente entre los demás. Siendo consciente de ello, Leonora supo al instante que su sitio estaba entre los sets y tras las cámaras, por lo que a los quince años dejó la escuela y se fue haciendo autoestop a Los Santos con el sueño de convertirse en una estrella del cine y modelo.
Al principio estuvo trabajando de camarera en diferentes sitios, saltando de establecimiento en establecimiento, hasta que finalmente su belleza natural y su ingenuidad atrajo la atención de la industria del entretenimiento, convirtiéndose en una cara común en los circuitos de fiestas de Vinewood y los castings de la zona. Para principios de 1970 Leonora ya comenzaba a hacer sus pinitos como modelo en anuncios impresos, televisión y algún que otro papel menor en algunas películas. Fue entonces en 1973 cuando consiguió su papel en Rum Runner, el cual la permitió darse a conocer más y mejor, viéndose como una joven promesa dentro del panorama cinematográfico Vinewoodiense. Hasta que finalmente ocurrió la tragedia.
Hacia principios de 1975 se comenzaba rumorear que tal vez Leonora fuera a conseguir el papel femenino principal en la aclamada cinta Las múltiples mujeres de Alfredo Smith, pero antes de que pudiera firmar nada fue asesinada por un misterioso asesino en la madrugada del 17 de enero de ese mismo año, aunque antes pasó por una horrorosa tortura de la cual se cree que duró tres días. Su cuerpo fue encontrado a raíz de una denuncia anónima a la policía, aunque previamente también se había puesto sobre aviso a la prensa, la cual fue más rápida que la policía y se personó en el lugar donde se encontró el cuerpo, al lado de la presa de Land Act en las montañas Tataviam, muy a las afueras de la ciudad. Los reporteros se encontraron entonces con una auténtica carnicería.
Tras ser torturada le fueron cortadas tanto las manos como los pies, intercambiándolas de lugar, decapitándola y cortando varias características faciales, además de múltiples incisiones en sus pechos; también se le cortó una parte de su muslo escribiendo jamón en él, además de los labios, que se los enviaron a su familia por carta.
Aun a pesar de semejante espectáculo los reporteros no tuvieron ningún cuidado, pisoteando todas las pruebas utilizables y tergiversando la información en sus titulares, inventándose detalles sobre la marcha. Para entonces a la policía le fue muy complicado tomar el control del caso, ya que había tantas versiones y todas tan diferentes que ninguna concordaba con la otra, haciendo muy difícil recopilar pruebas buenas que sirvieran para esclarecer el asesinato. Debido a la falta de pruebas y sospechosos finalmente el caso se acabó por archivar totalmente irresuelto, pasando a la historia como el caso más truculento y conocido de la ciudad.
Durante muchos años el caso se quedó ahí, sin tocar, y olvidado por la policía local. Para la familia fue aún peor, puesto que durante mucho tiempo estuvieron recibiendo cartas y llamadas anónimas por parte del misterioso asesino, llegando a enviarles el medallón de Leonora y sus labios cortados por el aniversario del asesinato. Parecía que nunca habría justicia para la joven Leonora, que con tan solo veintidós años murió de una forma tan cruel y sádica.
Sin embargo, y muchos años después, se llegó a saber que el antiguo dueño de los estudios Richards Majestic Productions, David Richards, tuvo en su momento una carta que, al parecer, fue destruida debido a su contenido. No se supo quién se la mandó ni los motivos que tuvo el señor Richards para romperla, pero de alguna forma los pedazos de esa carta acabaron perdidos y sin posibilidad de ser encontrados. Por un momento incluso se llegó a pensar que esa carta en realidad nunca existió, llegando a ser casi descartada una posible reapertura del caso, pero entonces sucedió algo que puso punto y final al misterio.
Hará cosa de unos pocos meses atrás, se llegó a encontrar el cadáver tiroteado de Peter Dreyfuss cerca de su casa, un famoso actor de la misma época en la que Leonora murió. Junto a él se encontró la famosa carta que se creía perdida recompuesta, en la cual el propio Dreyfuss confesaba que fue él quien mató a Leonora, siendo sus motivos para hacerlo simplemente artísticos. A día de hoy no se sabe quién fue el responsable de recomponer la carta y matar a Dreyfuss, aunque la policía no descarta la posibilidad de que fuera un vigilante clandestino especialmente volcado en el caso.
Aunque el caso de Leonora Johnson era quizás el suceso más famoso de todos los ocurridos en la ciudad, al menos en aquella época, la historia tenía reservada un suceso más grande y a una escala mucho más amplia, principalmente social. Corría el año 1991, en la madrugada del 3 de marzo Rodney King, taxista y delincuente afroamericano en libertad condicional por robo, fue perseguido por la autopista por la policía a altas velocidades, haciendo caso omiso a los avisos de detención, hasta que finalmente se detuvo. Debido a que tenía antecedentes King se resistió al arresto, y como resultado recibió una brutal paliza por parte de los cuatro agentes que le perseguían. El incidente fue grabado por un vecino cercano, permitiendo así su difusión y elevando aún más las tensiones raciales subyacentes entre la población negra y la blanca de la ciudad, que venían de mucho más atrás.
Debido a esto el fiscal del distrito acusó a los agentes de uso indebido de la fuerza, y se decidió llevarlos a juicio mediante un jurado escogido a lo largo de todo el condado de Los Santos, estando compuesto principalmente por blancos, anglosajones y latinos en su mayoría. El juicio se celebró el 29 de abril de 1992, y tras un largo proceso finalmente el jurado rechazó todas menos una de las acusaciones, absolviendo así a los cuatro agentes.
Como resultado, esa misma noche comenzaron entonces una serie de tumultos que se fueron transformando en altercados según se fue conociendo el veredicto y desembocando en unos disturbios que se extendieron a lo largo y ancho de todo Los Santos Sur y parte de los barrios de Los Santos Este. El centro neurálgico de los mismos se localizó alrededor de la esquina entre Davis Avenue y Grove Street, extendiéndose hacia todas las direcciones. Para entonces la violencia se apoderó de las calles, creando así un gran caos y provocando pillajes, robos en tiendas y negocios, palizas, quema de coches y contenedores, incendios y todas las cafrerías habidas y por haber. La policía trató de controlar la situación, siendo casi imposible ya que cuando iban a proteger algún barrio o calle dejaban desprotegido el resto, siendo en ese sentido muy ineficaz su intervención.
Por su parte tanto el alcalde de la ciudad por aquel entonces, Tom Bradley, y hasta el mismísimo presidente, George Lawton, llamaban a la calma añadiendo que no tolerarían ningún tipo de violencia ni anarquía en las calles, pero tan solo sirvió para caldear aún más el ambiente. Los disturbios se extendieron durante unos seis días, durante el segundo Bradley declaró el estado de emergencia y un toque de queda nocturno, al tiempo que al tercer día unos dos mil soldados salían de Fort Zancudo en jeeps y tanquetas para tratar de poner un poco de orden en la ciudad. Para entonces se supo que los miembros del jurado habían salido huyendo, y Rodney King había sido internado en un psiquiátrico, desde el cual, y aún en estado de shock, pedía en declaraciones a la prensa: ¿podemos llevarnos bien todos juntos? Esa misma noche hubo un apagón en todo Los Santos Sur.
Para entonces el presidente Lawton se había reunido con Bradley y el gobernador de San Andreas, Peter Barton Wilson, el cual pedía una intervención federal. Muchos eventos deportivos y de entretenimiento se tuvieron que cancelar, desde partidos de baloncesto, béisbol, cines, el hipódromo de Vinewood y muchos otros negocios derivados.
Para el cuarto día las fuerzas federales del NOOSE se replegaron en la ciudad para combatir la violencia junto al ejército, comenzando a haber una relativa calma en cuanto su presencia se hizo notar. Poco a poco se fue restableciendo la normalidad en subsiguientes días hasta que finalmente para el sexto día se levantó el toque de queda y colegios, bancos y negocios comenzaron a reabrir. Sin embargo el ejército y los federales siguieron por la ciudad unos cuantos días más para garantizar la seguridad, retirándose los federales el 9 de mayo y el ejército el 14 de mayo, aunque algunos soldados se llegaron a quedar hasta el 27 de mayo.
Tras los disturbios la presión popular forzó otro juicio, y para el 17 de abril de 1993 finalmente se emitió un veredicto de culpabilidad que dejó satisfecha a la gran mayoría de la comunidad afroamericana, aunque dos agentes lograron salir absueltos.
La cifras oficiales finales se saldaron entre unas cincuenta y sesenta victimas mortales, dos mil personas heridas de diversa gravedad, daños materiales por valor entre ochocientos y mil millones de dólares, tres mil seiscientos incendios de diversa índole y al menos unas diez mil personas arrestadas. Socialmente los disturbios en sí supusieron un gran impacto en la comunidad de Los Santos, incluso se logró que dos bandas enemigas siempre enfrentadas como los Ballas y los Families llegaran a acordar un alto al fuego mutuo y uniéndose en demandas políticas conjuntas a la policía y los políticos de la ciudad.
-Vaya, esta ciudad tiene una historia de lo más interesante…-pensó Twilight, mientras seguía leyendo.
En ese justo momento notó que la mesa vibraba levemente y enseguida se percató que se trataba de su móvil, el cual lo tenía puesto en modo vibración para no molestar a nadie. Le echó un rápido vistazo y vio entonces de que se trataba de su madre, dejando el libro en la mesa y saliendo un momento fuera de la sala de lectura para poder atenderla.
-¿Sí?
-¡Hola cariño! ¿Qué tal todo por allí?
-Ah, hola mamá, bien, pues bien…
-Por fin sé algo de ti, he estado varios días sin saber nada, empezaba a preocuparme…
Esa frase en concreto dejó un tanto apurada a Twilight, ya que era cierto, entre todo lo que había pasado en los últimos días apenas había vuelto a hablar con nadie más, estando bastante incomunicada en ese sentido. Mordiéndose en labio inferior y sintiéndose mal consigo misma se apresuró a decir.
-Ay, lo siento mamá, es que he estado muy liada últimamente y apenas he tenido tiempo…
-Ya, ya, me lo supuse, pero aun así eso no quita que una madre se preocupe por su hija…
-Lo sé, lo sé, lo siento, de verdad, es que ya te digo que he estado tan liada que no me he dado ni cuenta…-murmuró la chica, tratando de sonar convincente sin que su voz la traicionara.
-Bueno, bueno, si no fuera porque te conozco y sé que muchas veces te ocurre te lo voy a dejar pasar, señorita.
-Gracias mamá…
-Y cuéntame ¿Qué tal todo por la costa oeste?
-Oh, pues bien, muy bien, sí…
-¿Qué tal con el trabajo?
-Ah, pues muy bien también, sí, el otro día me encargaron una reordenación importante de los documentos y me tuvo ocupada durante casi todo el día…
-Entiendo, debiste de llegar a casa agotada entonces.
-Sí, la verdad es que sí, en cuanto toqué la cama caí en redondo…
-Sí, esa es mi hija, tan trabajadora y llena de vitalidad como siempre. Me siento orgullosa de ti, cariño, me alegro de que por fin te haya salido un trabajo que te guste y disfrutes hacer.
-Sí, sí, a mí también…-murmuró Twilight, sintiéndose cada vez peor con cada palabra que decía.
-Spike está por aquí ¿quieres hablar con él?
-Ay, sí, pásamelo.
Hubo un momento de silencio hasta que finalmente oyó una voz familiar al otro lado de la línea exclamar.
-¡Twilight!
-¡Spike! Me alegro de volver a oír tu voz ¿Qué tal estás?
-Bien, muy bien, aunque… te echo de menos, Twilight…
-Ya, lo sé, Spike, yo también te echo de menos…
-¿Cuándo vas a volver?
-Aún no lo sé, Spike, tengo mucho trabajo que hacer por aquí…
-Ya, bueno, tenía que intentarlo, supongo…
Esa frase dejó del todo desarmada a la chica, la cual esbozó un gesto triste en su cara al tiempo que no podía evitar que sus ojos se humedecieran un poco. Quiso decirle algo al respecto, pero tampoco se podía comprometer a volver en un periodo determinado de tiempo. Probablemente Sunset la retendría en la ciudad todo el tiempo que quisiera, encontrándose técnicamente atrapada allí. Sin posibilidad de huir siquiera.
-¿Twilight, estás ahí?
La voz de Spike la sacó de su ensoñación, respondiendo de seguido.
-Ah, sí, sí, perdona…
-Bueno, tampoco quiero distraerte si estás haciendo algo…
-No, no, para nada, de hecho estoy en pleno descanso, puedo hablar.
-Está bien…
-Y cuéntame ¿Qué tal todo por allí, ya haces todas tus tareas del colegio?
-Sí, en el caso de dudas mamá o papá suelen ayudarme de vez en cuando.
Estuvieron hablando un rato más de banalidades varias hasta que finalmente se despidieron, pasándola de nuevo con su madre, de la cual también se despidió.
-Bueno cielo, te voy a ir dejando por aquí, mucho ánimo con el trabajo, vamos hablando ¿vale?
-Vale, adiós mamá…
-Adiós, cariño, te quiero.
-Y yo a ti…
Tras eso la llamada finalizó y Twilight se permitió el lujo de soltar un largo suspiro, al tiempo que dejaba escapar unas pocas lágrimas. Odiaba todo esto. Odiaba toda esa situación, odiaba su vida, odiaba esa ciudad y odiaba todo lo que ello suponía. Sin embargo había algo que la ayudaba a salir adelante, y eso era el saber que no estaba sola en esa situación. Sus nuevas amigas compartían con ella el mismo destino, estaban juntas en ello, y el simple hecho de saberlo la daba una sensación reconfortante y hasta cálida. Incluso el recordarlo la alivió más de lo que ella mismo se hubiera esperado, sonriendo de seguido y sintiéndose un poquito mejor al respecto. Guardó su móvil en el bolsillo trasero de sus vaqueros y entró de nuevo en la sala de lectura, donde un buen libro la esperaba. Afuera Los Santos respiraba.
-¿Piensas volver alguna vez?
-Sí, claro que sí ¿Qué te hace pensar que no lo voy a hacer?
-No sé, hace ya casi dos semanas desde que estás fuera, te echo de menos…
-Oh, Sweetie, cariño, yo también te echo de menos, pero ya sabes que…
-Sí, sí, ya lo sé, cosas del trabajo, siempre son cosas del trabajo…
Ante eso Rarity no pudo evitar suspirar con aprensión, sabiendo muy bien que su hermanita tenía razón. No sólo no pudo cumplir con su promesa de que en una semana volvería, sino que a todas luces no podría volver hasta que todo el embrollo que la ataba estuviera resuelto, prolongando de manera indefinida su estancia en esa ciudad. Y, por ello, se sentía mal consigo misma ya que, de cierto modo, había defraudado a su hermana pequeña.
-Mira sé que estás enfadada conmigo, y con toda la razón del mundo, pero te voy a pedir que esperes un poco más, cielo…
-¡Sí, espera, espera, como si eso fuera tan fácil! ¡Estoy harta, harta de que te tengas que ir, harta de que no tengas tiempo para mí, harta de todo esto! ¡Eres la gran señora de la droga, la reina de Vice City, la gran narcotraficante de la costa este, y pretendes que todo esté bien entre nosotras! ¡No está bien, nada está bien! ¡Quiero que vuelvas conmigo y que tengamos una vida normal!
Toda esa retahíla de reproches cogió con la guardia baja a Rarity, que no supo ni siquiera qué responder, quedándose muda casi al instante y sintiéndose particularmente dolida.
-Sweetie yo…
Sin embargo la niña no dijo nada más y dejó el teléfono, quedándose la línea en silencio durante unos breves segundos antes de que Hernando dijera algo.
-Se ha ido muy enfadada… ¿quiere que vaya a hablar con ella, señora?
-No, no, déjala sola… ay, Hernando, si es que tiene razón ¿Qué voy a hacer?-masculló Rarity con voz quebrada.
-Yo si fuera usted me plantearía volver, señora…
-Si es que no puedo, Hernando, no puedo…
-¿Por qué, qué ocurre, va todo bien señora?-inquirió el hombre, notando la inquietud en su voz.
-Sí, sí, es solo que…
-No me mienta, por favor.
-¿Eh?
-Sé que tal vez tendrá sus motivos, pero yo también estoy preocupado, la situación por aquí es estable por el momento, pero temo alguna posible amenaza a largo plazo. Por favor, señora, cuénteme qué es lo que ocurre, si necesita ayuda puedo enviar a varios hombres para que…
-No, no, necesitas todos los efectivos posibles para defender la mansión, yo sola me basto y me sobro…
-Pero señora, aun así…
-¡No, Hernando, ya basta, no me discutas!-exclamó Rarity, algo alterada.
Hubo un breve silencio que cayó entre ellos como una losa, inmediatamente después Hernando murmuró.
-Lo que usted diga, señora.
-Lo siento, Hernando, pero es que… la situación es más compleja de lo que parece, te lo contaría, pero no quiero poneros en peligro, y mucho menos a Sweetie. He de hacer esto yo sola.
-Lo comprendo, señora.
Rarity notó cierta frialdad en su tono y suspiró, comentando de seguido.
-Tú también no, Hernando, por favor…
-Es que no sé por qué se arriesga a tanto teniendo a un ejército de hombres dispuestos a lo que sea por ayudarla y protegerla, y más aún yo…
Por un instante el hombre se reprimió, a lo que Rarity contestó de seguido.
-Hernando… sé que me aprecias tanto como yo te aprecio a ti, jamás tendré a un segundo al mando tan leal como tú en toda mi vida, y eso es algo que sé muy bien. Y es por eso por lo que confío en ti tanto como para poner en tus manos el timón de esta organización. No lo olvides nunca.
Las palabras de Rarity calaron hondo en el hombre, el cual masculló.
-Así lo haré, señora. Por usted.
-Gracias, Hernando. Cuida de Sweetie Belle ¿vale?
-Por supuesto.
Los dos se despidieron sentidamente y Rarity colgó de seguido, permitiéndose el lujo de aporrear con todas sus fuerzas la cama por pura frustración. De toda esa situación lo que más odiaba era el hecho de que su hermana tenía razón. Odiaba esa vida, y sin embargo ahí estaba, controlando el flujo de droga de toda la costa este y parte de la oeste. Pero ¿de qué servía eso ahora estando como estaba? Se encontraba atada de pies y manos, no podía hacer nada al respecto sin arriesgar innecesariamente la vida de Hernando y Sweetie, y el no saber lo que sucedería era algo que la mataba por dentro casi sin darse cuenta.
-¿Cómo he acabado así? ¿En qué momento perdí el control de mi vida? Soy grande y poderosa, pero aun así me siento miserable-pensó la chica con pesar.
El solo pensarlo la daba motivos para sentirse aún más frustrada, convirtiéndose eventualmente en tristeza y dejando escapar lo que sentía en forma de gruesas lágrimas. Sin embargo hubo algo que la hizo recordar, concretamente el móvil que tenía en la mano. En un momento dado se serenó, pero al segundo siguiente sintió como la tristeza comenzaba a ser reemplazada por una incipiente ira. Sin apenas pensar hizo mano del móvil, dirigiéndose a la agenda y clicando en uno de sus contactos, concretamente en uno con el nombre de papá. Inmediatamente después dio tono y se lo llevó a la oreja, apretando el aparato con fuerza y rechinando los dientes con furia.
Al cabo de unos breves segundos de espera el receptor lo cogió, oyéndose al otro lado.
-¡Hola cariño! ¿Qué tal estás?
-¿¡Por qué?!-chilló entonces ella, ignorando su pregunta.
-¿Eh?
-¿¡Por qué?! ¿¡Por qué todo esto?! ¿¡Por qué droga, por qué Vice City, por qué todo, maldita sea?!
-¿Cariño? ¿Qué pasa?
-¡No, no me vengas con cariños, quiero saber por qué!
-¿Pero a que te…?
-¡No te hagas el tonto conmigo, sabes de lo que te hablo! ¡Por qué, por qué, dime por qué!
-Pe… pero hija…
-¡No! ¡Dime por qué, quiero que me digas por qué! ¡Por qué, por qué!
Para entonces Rarity estaba irreconocible, su apariencia calmada y sosegada se había transformado en una pared de furia y rabia que opacaba todo lo demás. Estuvo asaltando verbalmente a su padre constantemente, tachándole de miserable y acusándole de mal padre y de haberla arruinado la vida. En un momento dado llegó incluso a quebrarse emocionalmente, quedándose reducida a un cumulo de sollozos y jadeos casi incontrolados.
Entonces, en ese mismo instante, una voz distinta sonó esta vez al otro lado.
-Cariño…
Esa dulce y preocupada voz hizo reaccionar a Rarity, la cual musitó.
-¿Mamá?
-Sí, soy yo… ¿Qué te pasa, cariño, qué te aflige tanto? Habla conmigo, por favor, no me dejes así…
La dulce y tranquilizadora voz de su madre consiguió hacer efecto en ella, calmándola en parte y haciéndola sentir algo más tranquila y relajada, aunque siguió llorando lastimeramente un poco más. En cuanto consiguió calmarse del todo la explicó su situación de forma resumida, para no preocuparla en demasía. Una vez que estuvo enterada Pearl comenzó a hablar.
-Te entiendo perfectamente, cariño, y en parte tienes razón. Tu padre sólo quería lo mejor para vosotras, pero hasta yo le advertí que todo tenía un límite. Y aquí tenemos el resultado.
-Es que es eso, mamá, yo nunca he querido nada de esto, tan sólo una vida normal… y ahora, ahora…
-Ssssh, tranquila, ya está, yo hablaré con él, déjamelo a mí, ya sabes que soy la única que le pone en vereda.
Ese comentario sirvió para relajar un poco el ambiente, consiguiendo hacer reír a Rarity, la cual se sintió mucho mejor. Su madre la tranquilizó un poco más y, tras eso, colgó para ocuparse de su marido. Por su parte Rarity se levantó del suelo, mirándose a sí misma al espejo; el rímel de los ojos se la había corrido, con los ojos y parte de las mejillas ennegrecidas, húmedas y bastante sucias. El pelo lo tenía bastante alborotado y sus rulos se habían enmarañado, viéndose bastante mal y comentando de seguido.
-Por dios, estoy horrible, voy a arreglarme.
En un momento como ese supo que volvía a estar bien, prefiriendo olvidarse de todo siendo ella misma y se dirigió al baño. Afuera Los Santos parecía algo contrariada.
-Son las cinco menos cinco… cinco minutos, cinco minutos…-murmuró Pinkie sin apartar la vista de su reloj y visiblemente emocionada.
Y no era para menos, puesto que dentro de cinco minutos se iba a ver con su hermana Maud, para su gran y eterna suerte. Esa misma mañana la llamó para informarla de que se iba a pasar por la ciudad, concretamente por la universidad de San Andreas, para verse con su director de tesis y pasar una revisión de la misma para que evaluara su estado hasta el momento. Sin apenas dudarlo Pinkie se dirigió hacia allí, donde estuvo esperando a que su hermana saliera para recibirla.
La universidad de San Andreas se encontraba situada en el extremo noroeste del barrio de Richman, y destacaba por tener un campus no muy grande y con la gran mayoría de servicios concentrados en un solo lugar, entre ellos la biblioteca, el rectorado, un centro de entrenamiento, canchas deportivas y una pista de atletismo. También había un edificio anexo en el barrio de Morningwood, donde se repartían el resto de clases y demás servicios del campus.
Estuvo esperando unos cuantos minutos hasta que finalmente dieron las cinco, resonando las campanadas del reloj de la biblioteca por todo el campus; al poco rato pudo ver a su hermana saliendo del rectorado, yendo directamente hacia ella para darla un gran abrazo.
-¡Maudie!
La aludida asió entre sus brazos a su hermana conservando en todo momento la misma expresión en su rostro, al tiempo que decía.
-Pinkie, me alegro de volver a verte.
Estuvieron dando una vuelta por el campus mientras iban hablando de todo un poco.
-¿Qué tal, ya has hablado con tu director de tesis?
-Sí, la ve bastante bien, aunque personalmente creo que podría incluir algo más en algunos puntos…
-¿Cuántas páginas llevas ya?
-Unas trescientas…
-¡¿Trescientas?! ¡Uauh, Maudie, pero eso es increíble, seguro que está perfecto!
-No te creas, hay algunos puntos que me han quedado algo más escuetos que otros, y la parte teórica está algo deshilachada…
-¿¡Bromeas?! ¡Son trescientas páginas, es imposible que falte algo, probablemente hasta sobre!
-Para una tesis doctoral la extensión siempre suele estar en torno a esa cifra, no es tan raro, además, llevo trabajando en ella más de tres años, es necesario incluir toda la información.
-¡Pues espero que tengas la mejor nota, después de todo trescientas página no son moco de pavo!
Tras un breve tour dirigido por Maud alrededor de todo el campus se dirigieron al barrio de Morningwood para tomar algo en un sitio que la chica conocía, habiendo un buen y gratificante paseo desde donde estaban. A lo largo de todo el camino pudieron contemplar el lujo y la opulencia que hacía caracterizar tanto a un barrio como Richman, viendo unas mansiones que no tenían nada que envidiar a las más caras y exclusivas que había en Vinewood Hills. Incluso llegaron a ver la figura de la mansión Richman, donde un famoso magnate multimillonario y propietario de una revista para adultos vivía, además de ser el punto neurálgico de unas fiestas increíbles que normalmente se solían dar en el patio trasero de la mansión.
Una vez en Morningwood se dirigieron directamente al café Vespucci, un fino y conocido establecimiento donde hacían un café latte macchiato muy bueno, pidiendo uno para cada una.
-¿Y qué tienes pensado hacer cuanto termines, Maudie?-inquirió Pinkie en un momento dado, dirigiéndose a su hermana.
-Aún no lo sé, pero probablemente me quede.
-¿No vas a volver a casa?
-No, aún tengo que ver un par de cosas y esperar a ver cuánta repercusión tiene mi tesis. Si por un casual se difunde mucho y me ofrecen algo, probablemente me quede aquí.
-Ya veo…-murmuró Pinkie, algo entristecida.
Ante eso Maud notó enseguida ese cambio de humor, comentando de seguido.
-Ya sabes que lo último que quiero es ser una carga…
-Sí, sí, lo sé, Maudie, no creas que no, pero… yo tengo intención de volver en cuanto todo esto acabe, ya que quiero seguir intentándolo en la escuela de cocina de allí.
-Razón de más para ello.
-Ya, pero te echo de menos, Maudie…
Ante eso la aludida se quedó callada, mirando a su café y conservando en todo momento su inalterable cara de póker; en un momento dado murmuró.
-Yo también te he echado de menos, Pinkie, pero tienes que entender que lo hago para que tú seas feliz. Si tú eres feliz yo también lo soy, eso es lo más importante para mí. Y ya sabes que, si lo necesitas, te ayudaré con lo que sea.
-Ya, pero si no estás tú ¿Cómo quieres que sea feliz?
Esa pregunta cogió a Maud desprevenida, la cual bajó la mirada y se llevó la taza a los labios para beber un poco de su café; por su parte Pinkie aprovechó para seguir hablando.
-Tampoco es que no quiera que triunfes ni mucho menos, pero hasta que no he venido aquí no te había visto desde hacía varios años salvo cuando hablábamos por Skype. Al menos ahora podemos vernos más a menudo, y eso es algo que agradezco mucho, pero si no vas a volver a Alderney después de todo este tiempo… ¿Qué hay de papá, mamá, Marble y Limestone? Ellos también te echan de menos.
Las palabras de Pinkie dieron qué pensar a Maud, mirando hacia la mesa y recapacitando al respecto. En un momento dado la chica cerró los ojos, con actitud segura, hasta que finalmente se pronunció al respecto.
-Sí es verdad que he estado mucho tiempo fuera de casa, pero si lo hice fue para ayudaros a que vivierais algo más desahogados. En ese sentido no me arrepiento porque sé que ahora estáis un poco mejor, si me hubiera quedado allí hubiera sido una carga para todos vosotros.
-Ya pero…
Antes de que Pinkie pudiera decir algo más Maud se adelantó, continuando de seguido.
-Por ahora me ceñiré a lo que te he dicho, me quedaré aquí si veo que las cosas me van mejor, y si al final consigo un buen trabajo y logro ganar dinero iré a visitaros de forma regular.
-Pero Maud…
En vez de contestar la chica la lanzó una cortante mirada que zanjó rápidamente el asunto, a lo que Pinkie tan solo murmuró.
-Está bien, está bien…
Para evitar males mayores la chica prefirió no decir nada más y cambió de tema rápidamente.
El resto de la tarde pasó rápidamente entre chistes varios por parte de Pinkie y algún que otro poema por parte de Maud, haciéndola olvidar casi por completo de los problemas que la acuciaban de un tiempo a esa parte. Cerca de las siete las dos se tuvieron que empezar a mover, ya que Maud tenía que volver a Paleto Bay y debía de ir en autobús, teniendo de coger el de las siete para evitar llegar al pueblo a las tantas de la madrugada, ya que el viaje era de más de tres horas. Para ello fueron en taxi hasta la estación de autobuses ya que era lo más rápido, llegando a pocos minutos antes de que el autobús saliera, teniendo que comprar el billete en tiempo record y despidiéndose de ella rápidamente.
-¿Cuándo volverás por aquí?
-Aún no lo sé, en cuanto tenga intención de pasarme te avisaré.
-Vale, también me pasaré yo por allí en cuanto tenga la ocasión.
Ambas se despidieron dándose un efusivo abrazo, sobre todo por parte de Pinkie, aunque Maud también la devolvió el gesto con la misma intensidad y cariño que ella. Tras eso la chica abordó el autobús y Pinkie la observó irse mientras agitaba la mano hasta que finalmente el vehículo desapareció en la siguiente intersección.
Una vez sola se permitió el lujo de soltar un dejado suspiro, algo triste por las intenciones de su hermana, pero aun así sabía que debía respetar su decisión, por muy dolorosa que esta fuera. Tras eso ella también cogió otro autobús que la acercara a Del Perro, al tiempo que la noche comenzaba a echarse sobre Los Santos, cubriendo el cielo de estrellas.
Desde las alturas de su apartamento, Sunset podía ver la totalidad del skyline de la ciudad, al tiempo que la luz del sol poniente se reflejaba sobre la superficie de cristal de los edificios del centro, pintando la ciudad de un color rojo pardo intenso.
Sin embargo sus pensamientos se desviaban por otros derroteros, aunque en realidad tan solo estaba esperando una llamada por parte de su jefe, por lo que en ese sentido podía sentirse medianamente tranquila. No es que se pudiera decir que su jefe fuera una persona tranquila de por sí, pero algo tenía que tener el poseer la confianza de alguien como él. Después de todo de por sí ya era poderoso, pero en el caso de que sus planes de inversión en esa ciudad consiguiesen llegar a buen término, lo sería incluso aún más, teniendo en su poder ambas costas y todo lo que ello podría suponer.
Aun y con todo Sunset tan solo se limitaba a acatar órdenes sin preguntar ni rechistar, algo particularmente valioso para alguien como su jefe, ya que nunca había sido de explicaciones, sino más de hechos y no tanto de palabras. Debido a esto la chica siempre trataba de ofrecerle lo que él siempre quería ver, resultados, y eso se traducía en un trabajo constante haciendo uso de la inflexibilidad que tanto la caracterizaba. Aunque de por sí esa virtud no era algo que hubiese adquirido desde que trabajaba para alguien como su jefe, sino que era algo que venía de mucho más atrás, concretamente de cuando era pequeña y vivía en Bohan con su madre. Sin quererlo siquiera comenzó entonces a bucear por sus recuerdos, volviendo a otro lugar y a otros tiempos completamente distintos.
Vivir en Bohan es como vivir aparte del resto de la ciudad, como si se tratara de un mundo paralelo que poco o nada tenía que ver con el resto de distritos. Desde la fundación de la ciudad, Bohan había tenido fama de ser pendenciera, rocambolesca y particularmente violenta, y no necesariamente en ese orden. Las sirenas de policía y el eco de los disparos desde las esquinas eran una constante, y raro era el día en el que ninguna de esas dos distantes cacofonías no se oyeran en algún momento de la jornada. Y en medio de toda esa maraña de pandilleros de poca monta, bandas callejeras, pobreza extrema y violencia desmedida, estaba una pequeña niña de ojos celestes y pelo color fuego intenso acompañado de una mujer que se había pasado toda la vida luchando. Con toda seguridad Sunshine Rise podía cerciorar que no había tenido suerte en la vida, y debido a ello su hija había adquirido esa misma suerte, para desgracia de su pobre madre, que tuvo que hacerlo todo con tal de ayudarla a sobrevivir.
Fruto de una relación pasajera entre ella y un cliente habitual del Triangle Club, el club de striptease local donde Sunshine trabajaba esporádicamente, Sunset nació y creció ajena al mundo que la rodeaba mientras que su madre trataba de protegerla de los peligros que acechaban por las calles, dándola algo que comer y un mínimo de educación. Para ello rascaba de donde fuera y de lo que fuera, haciendo de todo con tal de que su hija saliera adelante, siendo ella lo que la daba fuerzas para continuar. Desde el primer momento en el que nació, para su madre Sunset era su pequeño rayo de sol, como siempre la llamaba, apodo al que la niña cogió cierto cariño. Gracias sobre todo al cariño y amor que sentía por su madre, Sunset pudo crecer al margen de la realidad que acaparaba todas las calles de Bohan, lo que de cierta forma fue una bendición y una maldición al mismo tiempo.
Como su madre hacía de todo para sacar a su hija adelante, desde traficar con drogas, armas y hasta prostituirse de vez en cuando, eso la hizo ganarse cierta fama que a largo plazo le salió caro. En uno de los tratos entre los Spanish Lords y los Albaneses, las dos bandas que dominaban el distrito, algo salió mal y el resultado fueron muchos miembros de cada banda muertos, entre ellas la propia Sunshine, dejando a Sunset sola en el mundo. La noticia de la muerte de su madre fue un mazazo para ella, que por aquel entonces tan solo contaba con diez años de edad, y la realidad se mostró ante ella con su cara más fea, obligándola a crecer de golpe para poder sobrevivir.
Los años pasaron con particular dureza, forjando así a una Sunset Shimmer ruda y de armas tomar, que al igual que su madre hacía de todo con tal de salir adelante. Gracias a que su madre fue bailarina en el Triangle Club, ella también consiguió trabajar allí con asiduidad, logrando cierta permanencia gracias sobre todo a su físico, bien proporcionado y muy esbelto. También llegó a trabajar tanto para los Spanish Lords como los Albaneses, tratando de averiguar entre medias quien fue el causante de la muerte de su madre, ya que desde un principio la policía sospechaba de una posible intervención de unas terceras personas en la refriega. Tras arduas investigaciones supo entonces que el trato salió mal por intromisión de la familia Lupisella, una de las cinco familias italianas que componían La Comisión y que había tratado de acercarse a Bohan para tantear el distrito en una posible expansión, pero al final se desistió al comprobar que no era muy fuerte económicamente hablando. Recabando información logró obtener un nombre, siendo un tal Sonny Honorato el principal artífice de la matanza, yendo a por él en cuanto tuvo la oportunidad y vengando así a su madre. Su venganza llamó entonces la atención de su actual jefe, ofreciéndola trabajar para él al ver su sangre fría y potencial, aceptando de seguido y ayudándole a asentarse en esa parte de la costa este hasta llegar finalmente a ese mismo instante. Una lágrima resbaló por la mejilla de Sunset, susurrando de seguido.
-Mamá…
Al segundo siguiente un ruido insistente la hizo reaccionar, viendo que se trataba de su móvil. En cuanto vio quien era se recompuso enseguida y cogió rápidamente.
-Señor.
-Tengo algo nuevo entre manos que requiere de tu atención.
-Usted me dirá, señor.
-Bien. He conseguido averiguar un poco más acerca de ese tal Formage y he descubierto que tiene cuentas en las islas Caimán, pero la gran parte del dinero que gana sale directamente de Los Santos, así que quiero que partas de ahí. Usa a una de esas chicas, así no levantaremos sospechas.
-Muy bien, señor, en cuanto tenga algo le aviso.
Tras esa corta conversación Sunset colgó rápidamente, comenzando a moverse para tenerlo todo listo para mañana. Afuera la noche se echó sobre Los Santos, arropando el cielo con un manto de estrellas que apenas se veían por la contaminación.
Esa misma noche Rarity se encontraba en la cama de su habitación, leyendo tranquilamente y descansando, sintiéndose algo más tranquila desde lo de esa misma tarde, aunque con algunos detalles todavía rondando por su cabeza. Aun así no dejaba que la afectara demasiado, enfocándose en la trama del libro, una apasionada historia de amor con tintes dramáticos, como a ella más la gustaba.
En ese justo momento su móvil comenzó a sonar y vio entonces que se trataba de su padre. Rarity suspiró, sintiéndose algo mal por haberle gritado de esa forma, pero aun así se armó de valor y respondió enseguida.
-Hola papá.
-Hola hija… ¿podemos hablar?
-Sí, aunque antes de nada déjame decirte que lo siento, no era mi intención gritarte, pero es que estaba tan enfadada que… simplemente estallé.
-Sí, lo sé, tu madre me lo ha explicado todo. Lo siento, hija, no debí meterte en este mundo así sin más…
-Mira, papá, lo hecho, hecho está, ya no se puede hacer nada y sé que a estas alturas de la vida no puedo dejarlo así sin más. Aunque me pese he de llevar las riendas del negocio.
-No, cariño, no podría dejarte sufrir más después de saber lo mal que te has sentido durante todo este tiempo. Me aparté de ti creyendo que estabas lista para sucederme, sin ni siquiera pensar si realmente querías o no ser parte de todo esto, y te involucré sin apenas pensarlo. Lo siento, de verdad.
-Papá, no lo pienses más, después de todo tampoco quiero molestarte así sin más…
-No, para nada, de hecho te llamaba para comentarte que tu madre y yo nos volvemos a casa.
-¿Cómo?
-Sí, retomaré mi puesto como líder del cártel, Hernando me ha explicado que tienes algo entre manos en la costa oeste y no te puedes volver, razón de más para hacerlo. No es que dude de las capacidades de Hernando, después de todo sé que es un buen hombre, pero no quiero que lidies más con un peso que yo mismo te impuse.
-¿Qué? Pero papá, espera, ¿estás seguro, es eso prudente?
Por un momento Magnum no dijo nada, dejando pasar unos leves segundos de repentino silencio hasta que finalmente murmuró.
-Lo que sea por tratar de resarcirme, lo siento cariño, he sido un padre horrible.
-No, a ver, tampoco es eso, yo te quiero, papá…
-Razón de más, entonces, no me merezco que me quieras tanto…
-Papá…
Aun a pesar de todo su padre era un hombre cariñoso y muy familiar, habiéndola enseñado muchas más cosas aparte de los intrincados matices del negocio, por lo que en ese sentido tampoco era tan mal padre al fin y al cabo. Aun así dejó más que clara su postura, por lo que tanto él como su madre se volverían a Vice City mañana por la mañana. La costó un poco pero finalmente Rarity lo aceptó, algo preocupada por el mismo hecho en sí, pero al menos ahora Sweetie tendría algo más de compañía, ya que hacia bastante tiempo desde la última vez que vio a sus padres.
Después de hablar con su padre trató de volver a su lectura, pero la conversación con él aún seguía fresca en su memoria, sin dejarla concentrarse a duras penas, por lo que optó por dejar de leer y acostarse. Se arropó sólo con la manta bajera, ya que hacía bastante calor de un tiempo a esa parte, y trató de dormirse intentando ignorar los acontecimientos más recientes. Finalmente logró conciliar el sueño sin ni siquiera darse cuenta, mecida por una suave brisa que entraba por la ventana de su habitación abierta.
Al mismo tiempo, al otro lado de la ciudad, una figura no descansaba, de hecho había estado muy activa de un tiempo a esa parte, haciendo averiguaciones varias y observando, sobre todo observando. Desde que conoció a esas chicas, la curiosidad de Fluttershy no había hecho más que crecer y crecer conforme más las vigilaba, llegando incluso a desear conocerlas más a fondo y estar con ellas. Pero hasta ella sabía que eso sería arriesgado, prefiriendo seguir vigilando desde la distancia y obteniendo información sobre ellas desde otras fuentes. Hasta el momento lo que más sabía era la información básica de cada una, de donde eran, donde vivían y a qué se dedicaban. Se sorprendió bastante en cuanto averiguó quién era realmente Rarity Belle, aunque lo que más la llamaba la atención era que el resto eran chicas mucho más corrientes sin ninguna conexión con el mundo del crimen, lo cual la extrañaba de cierta forma, sobre todo teniendo en cuenta que habían robado un par de aviones de una base militar recientemente. De la única que aún no sabía nada era la chica de ojos celestes y pelo rojo fuego con destellos dorados que las acompañó en el golpe a Fort Zancudo, de esa no había podido averiguar gran cosa salvo su nombre, Sunset Shimmer. Tendría que seguir buscando para acumular más información. Y eso es lo que haría para llegar a descubrir lo que esas chicas ocultaban.
¡Por fin! Madre mía, este capítulo ha tardado bastante en salir, y no porque estuviera bloqueado ni nada por el estilo, sino porque últimamente no he parado, luego explicaré por qué, ahora comentaré un poco algunas cosillas de este capítulo. Este es el último capítulo antes de volver a retomar la trama principal, por lo que he aprovechado para ir contando más de otros detalles concernientes a cada una. Unos cuantos personajes nuevo y otros ya establecidos pero algo abandonados vuelven a tener algo de foco aquí, ya que lo necesitaban, algunos más que otros, como el padre de Rarity. Cabe destacar que la escena de Rarity estallando no la contemplaba en un principio, tan solo surgió mientras escribía, y cuando eso pasa sé que es señal de que se va por buen camino, por lo que la acepté con sumo agrado, me quedó especialmente bien. También he aprovechado para contar más cosas acerca de la ciudad, el caso de Leonora Johnson es una referencia al caso de Elizabeth Short, más conocida como la Dalia Negra, y los disturbios tienen una prominente base en detalles reales, ya que no se sabe gran cosa acerca de los del juego, los cuales tan solo se mencionan un par de veces y ya, por lo que he aprovechado para meter detalles reales. Aunque sin duda la parte que más me ha gustado escribir ha sido la del pasado de Sunset, que me ha quedado bastante resultona, probablemente suelte más detalles en un futuro, incluso he llegado a pensar en escribir algo aparte en plan spin off que cuente un poco la vida de Sunset viviendo en Bohan desde niña hasta adulta, aunque sólo lo haría una vez que haya terminado con esta historia, claro está. Tan solo es una idea, decidme qué os parece en vuestros reviews. Para el siguiente capítulo se dará el segundo golpe, que será muy distinto al primero, ya lo veréis, ya.
Por otro lado, acerca de haber tardado en publicar este capítulo es porque actualmente voy a opositar para bibliotecas y archivos y voy a empezar a prepararme, así que voy a estar algo más liado que con la carrera, aunque tened por seguro que eso no me va a detener de seguir escribiendo, aunque el ritmo de escritura va a decrecer un poco, eso sí, para que lo sepáis y lo tengáis en cuenta.
Y eso es todo, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
