Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mí, sino a la genial Jane Austen y a sus descendientes.
Segundas Oportunidades
Capítulo 25: Lo que no podemos olvidar
—Tienes que ir, Lizzie —declaró Rhiannon, mientras se probaba un par de aros y se miraba al espejo. Estaba arreglada como para ir de fiesta, mientras que Lizzie estaba sentada en su cama, con un grueso libro entre las manos. La chica recalcó el "tienes", señalándole a su amiga que no tendría más opción que hacerle caso.
—No quiero, y es mi última palabra —fue la respuesta desafiante de Lizzie —. Sabes que eso no puede ayudarme a sentir mejor.
Rhiannon resopló exasperada y se dirigió a su amiga, tomándola del brazo y obligándola a levantarse con decisión. Lizzie se sorprendió de la fuerza de su amiga, y de la facilidad con que ésta la había levantado de la cama. Quizás había influido el hecho de que ella estaba dispuesta a hacerle caso.
—Vas a ir, y nos vas a discutir más —dijo, señalando el baño. Viendo que toda protesta era sólo desperdicio de saliva, Lizzie se dirigió al baño, refunfuñando un poco para sus adentros.
Sin muchos ánimos, abrió la llave del agua caliente y se desnudó antes de meterse a la ducha. El agua caliente golpeando su piel pareció despertarla de la especie de atontamiento que la había invadido desde el final del partido. Quizás la idea de Rhiannon no era tan mala: ir a la fiesta de celebración que se había organizado para festejar la victoria. Lo pasaría bien y podría relajarse un rato. Después de la semana de exámenes que había tenido, eso era lo menos que merecía.
Sintió como la puerta del baño se abría y como algo caía en el suelo, antes de escuchar como la puerta se cerraba con brusquedad. Demoró un par de minutos su salida de la ducha, disfrutando de la sensación del agua sobre su piel. Con un gesto decidido, cerró el grifo y tomó su toalla. Al correr la cortina, vio que Rhiannon había dejado un montoncito de ropa para ella en el suelo del baño. Lizzie sonrió, agradecida por la preocupación que mostraba su amiga, con esos pequeños detalles. Sabía que ella quería alegrarla un poco, y también le agradecía por ello. Rhiannon no era precisamente Jane, pero era un buen reemplazo cuando su hermana no estaba cerca.
Unos minutos después salió del baño, vestida y secándose el pelo con una toalla. Rhiannon se abalanzó sobre ella rápidamente y la terminó de arreglar.
—Tienes que verte perfecta —murmuró, mientras sacaba de su estuche de maquillaje una serie de sombras de ojos, que apoyaba junto a la piel de Lizzie para ver el efecto que hacían.
—¿Para qué? —Preguntó Lizzie, dejándola hacer. Después de un tiempo de convivencia, sabía perfectamente que cuando Rhiannon actuaba así, había que dejarla hacer sin discutirle.
—Para que Darcy te vea y se arrepienta, obvio —se burló Rhiannon, dándole unos toques de rubor a las mejillas de Lizzie y alejándose unos pasos para admirar su "obra de arte" —. Es broma, no me mires así. Pero tienes que verte linda para sentirte linda, así es más fácil empezar de nuevo.
"Está bien, tienes razón", pensó Lizzie, pero no dijo nada. En lugar de darle la razón a Rhiannon, le devolvió una especie de gruñido, mientras se paraba para tomar su chaqueta y vaciar el contenido de su bolso en sus bolsillos.
-o-
El lugar que habían elegido para hacer la fiesta de celebración era un club que estaba muy de moda entre los estudiantes de Oxford. Darcy había llegado casi obligado por sus amigos, quienes le habían dicho que no podía perderse una ocasión así. A él nunca le habían gustado mucho los clubes, se sentía incómodo entre tanta gente desconocida, pero aún así, había aceptado.
—¿Qué te parece, Darcy? ¿Es tan terrible como lo pensabas? —Le preguntó O'Sullivan, riendo al ver el ceño fruncido de su amigo. Darcy se encogió de hombros y paseó la mirada por el club. Los chicos se habían instalado en las mesas del sector VIP, que estaban un poco elevadas por sobre el resto del club.
El lugar estaba lleno, al parecer el triunfo del equipo de Oxford había encendido pasiones y aumentado la energía de todos los estudiantes, a pesar del pesado trimestre que estaban viviendo. Por todos lados se veía a chicos y chicas bailando y saltando, y los miembros del equipo eran saludados con entusiasmo. Darcy vio como una chica saltaba sobre uno de sus compañeros de equipo y le plantaba un apasionado beso en los labios.
—Eso es un interesante giro en los eventos… —murmuró, en dirección a John, que estaba a su lado. John sonrió al escuchar el comentario de su amigo.
—No te imaginas lo que puede hacer una victoria como la de hoy —se burló John, apuntando a otra escena similar que se desarrollaba un poco más allá. Una chica besaba apasionadamente a otro de los jugadores del equipo, mientras el chico parecía sorprendido por ello. Darcy levantó las cejas, mostrando su sorpresa por esa situación. —De repente, parece que todos ustedes tienen un sex-appeal que atrae a todas las chicas. Tal vez podrías tratar de superar… ciertas cosas —agregó, titubeando un poco frente a la mirada asesina que le lanzó Darcy al escuchar esa última frase.
Al parecer, el resultado del partido había creado muchas pasiones en los estudiantes de Oxford, y la mente de Darcy no pudo evitar pensar en cierta jovencita de pelo castaño y ojos oscuros. ¿Habría cambiado en algo el resultado del partido? Sacudió la cabeza, esperando deshacerse de esos pensamientos, que sólo lo molestaban más de lo que podía imaginar. Entonces fue cuando la vio.
Lizzie estaba entrando al club, acompañada de la chica rubia que era su compañera de habitación. Vio que la chica sonreía, y que parecía estar animada por alguna razón. De pronto, deseó que la chica rehiciera su vida y se olvidara de él. Quizás era lo mejor que podía pasar. Tal vez no estaban hechos para estar juntos.
—¿Qué pasa, Darcy? —Le preguntó su amigo, mirándolo fijamente. Al parecer, algo había pasado con su amigo, quien se había quedado ensimismado mirando al horizonte.
—Nada —murmuró Darcy, negando con la cabeza. Había cosas en la que era mejor no pensar. Sin embargo, a pesar de que todo le decía que no lo hiciera, se levantó y se dirigió al lugar donde había visto a la chica.
-o-
Lizzie y Rhiannon entraron al club, que estaba muy animado. Por todos lados se veía gente que celebraba la victoria contra Cambridge, y los gritos era cosa común. Las chicas se abrieron paso entre la gente, dirigiéndose a la pista de baile, que estaba abarrotada. Rhiannon había quedado de verse con unas amigas, y cuando las encontraron, empezaron a bailar con ellas.
Mientras bailaba una pieza muy animada, Lizzie sintió que una mano se apoyaba en su hombro. Era un chico que la invitaba a bailar, con una sonrisa simpática. La chica estuvo tentada a decirle que no y seguir bailando con las chicas, pero Rhiannon le dirigió una mirada significativa, y ella terminó por aceptar. ¿Qué mal podría hacer?
-o-
Darcy atravesó la multitud hasta la pista de baile, donde había visto a Lizzie por última vez. Su mirada detectó a Rhiannon, que bailaba al medio de un grupo de chicas. ¿Dónde estaría Lizzie? Paseó la vista por la pista de baile hasta que la encontró; estaba a corta distancia de las chicas, bailando con un tipo que a Darcy le cayó mal a primera vista.
¿Por qué él estaba tan cerca de ella? ¿Con qué derecho la rodeaba de esa forma con los brazo? ¿Cómo se atrevía a sostenerla de esa forma? Darcy desechó esos pensamientos con un movimiento de cabeza. Lizzie y él ya no eran nada, y él no tenía derecho a pensar en ella de esa forma. Su mente divagó hasta recordar la escena del café, unos días atrás. ¿Cambiaba las cosas el que él supiera lo que había pasado?
No sacaba nada con ir por la vida sufriendo por lo que podía haber sido, lo mejor era dejar que la vida siguiera su curso. Con un último vistazo a Lizzie, atravesó la pista de baile. De pronto, se le habían quitado las ganas de fiesta.
-o-
—¿Te importa si voy a buscar algo para beber? —Le preguntó Lizzie a su acompañante. Era un gran bailarín, pero ella se sentía un poco incómoda al bailar con él; nunca le había gustado mucho que la apretujaran al bailar. El chico asintió, y ella se alejó de la pista de baile en dirección a la barra.
Fue entonces cuando una figura alta pasó a su lado, llamando poderosamente su atención. Al parecer, la figura se dirigía a la puerta del lugar. Lizzie la siguió con la mirada, reconociendo algo familiar en ella. Y de repente, sin que ella lo hubiera decidido conscientemente, sus pies comenzaron a moverse hacia la puerta, siguiendo a esa figura que le era tan familiar.
—¡Darcy! —Exclamó, apenas el aire frío del exterior la golpeó en la cara. La figura envuelta en un abrigo la ignoró por completo, echando a caminar por la vereda. Lizzie resopló, pero su mente ya había decido que esa noche iba a acabar con esa tontería. Darcy la iba a escuchar, quisiera o no, y le daba lo mismo lo que pasara después. Ya estaba aburrida de tantas estupideces. Iba a poner el punto final a esa historia, costara lo que costara.
A paso decidido, la muchacha siguió a Darcy, quien parecía no darse por enterado de la presencia de la chica, apenas unos pasos detrás de él. Sus pasos lo llevaron a una pequeña plaza, al centro de la cual había una fuente de mármol de estilo victoriano. La mirada de Lizzie se dirigió inmediatamente a ella, y apartándose por primera vez del camino que marcaba Darcy, se encaminó a ella.
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Darcy había tratado de ignorar la presencia de Lizzie a sus espaldas, y se sintió aliviado por un momento al no escuchar pasos tras los suyos. Esa sensación, sin embargo, no duró mucho. Unos segundos después, oyó como un cuerpo caía en el agua. ¡Lizzie!
Sin detenerse a pensarlo dos veces, Darcy se devolvió sobre sus pasos, corriendo apresuradamente a la fuente. No era profunda, pero ella podría haberse pegado en la cabeza. ¿En qué estaba pensando esa chica? Con el frío de la noche le daría una pulmonía, ¿acaso no usaba la cabeza? Cuando llegó junto a la fuente, se encontró con que la chica estaba parándose. Al menos no se había golpeado la cabeza, la my testaruda.
Sin decir una palabra, se acercó al borde de la fuente y le tendió el brazo para ayudarla a salir. Hacía mucho frío, y la chica temblaba notoriamente. Darcy bufó y se quitó el abrigo, poniéndolo sobre los hombros de Lizzie con delicadeza.
—Gracias —murmuró ella, sin mirarlo a los ojos. El olor que se desprendía del abrigo la tomó por sorpresa, era el olor de Darcy, el que ella estaba tan acostumbrada a sentir. Y aunque estaba casi acostumbrada a él, seguía atrayéndola como la primera vez.
—De nada —bufó Darcy, mientras pensaba a toda velocidad qué más decirle a esa mocosa impulsiva —, supongo... —vaciló, antes de añadir—: ¿En qué estabas pensando? ¿Te das cuenta de que eso fue una estupidez? ¡Podrías haberte golpeado la cabeza! ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera dado media vuelta?
—Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas —musitó ella, provocando una mirada sorprendida del joven. ¿Lo había hecho a propósito? Nunca iba a entender a esa chica. —Ahora que tengo tu atención, ¿podríamos hablar? —Darcy alcanzó a ver que una sonrisa burlona se había asomado a los labios de Lizzie, pero cuando intentó verla por segunda vez, ya no estaba ahí.
—Lizzie… —empezó a decir, pero la chica lo interrumpió.
—¿Sabes lo que más me molesta de todo este maldito asunto? Que no hayas sido capaz de confiar en mí. Se supone que me demoré meses en obtener tu confianza, para perderla en sólo un segundo —empezó a decir ella, clavando su mirada en los ojos de Darcy, quien se removió incómodo —. No puedo evitar preguntarme si alguna vez confiaste de verdad en mí —su mirada acusadora incomodó aún más a Darcy —. ¿Serás capaz de escucharme ahora? —Preguntó, finalmente.
Darcy se quedó mirándola, sin saber exactamente qué decir. Quería que las cosas se solucionaran, pero eso implicaba dejar su orgullo de lado. Miró nuevamente a los ojos de Lizzie, que lo miraban con frustración.
—Está bien —fue lo único que logró susurrar —. Pero dímelo en el camino a tu residencia, no te vayas a enfriar mucho —agregó, tomando a Lizzie por el brazo y empezando a caminar.
Mientras los dos se dirigían a la residencia, Lizzie le contó la misma historia que le había contado Caroline, de la que Darcy había escuchado sólo el final. Le explicó el resentimiento de Green, los celos de la chica, cómo ella había usado su teléfono para enviarle un mensaje. Le contó todo, y Darcy escuchó en silencio. Él había escuchado una parte de la historia, ese día en el café, pero aún había detalles que no lograba comprender.
—Y aunque no lo creas, idiota, sigo enamorada de ti. No tengo ni idea por qué, pero es así. Es como si no pudiera olvidarme de ti ni aunque lo intentara —terminó de declarar ella —. Entonces, ¿qué dices? —Dijo ella, casi conteniendo la respiración. ¿Darcy le creería? O más importante aún, ¿la perdonaría? Ya estaban casi llegando a la residencia, pero Lizzie no quería llegar.
—No sé —fue la simple respuesta del joven —. Es mucho que procesar, ¿no crees?
Lizzie lo miró frustrada. ¿Qué más tendría que hacer? Darcy no dijo nada más mientras llegaban a la puerta de la residencia. Ahí, le indicó a Lizzie que entrara. Con un suspiro desilusionado, Lizzie hizo el ademán de quitarse el abrigo para devolvérselo.
—No, ya me lo devolverás otro día —la detuvo Darcy, dando media vuelta y alejándose de ella. Lizzie juntó todo el valor del que fue capaz.
—¡Gran partido, Darcy! —Exclamó, y alcanzó a ver como una sonrisa se dibujaba en los labios de Darcy. Tal vez no todo estaba perdido.
¡Hablaron! ¡Hablaron y no se asesinaron mutuamente! Eso es un gran logro para ambos, ¿no les parece? Ahora sólo falta que uno de ellos decida a dar el paso final, para sellar esto. A pesar de que ya está todo claro entre ellos, aún falta que se atrevan a seguir adelante.
Como siempre, muchas gracias a todos los que leen esta historia, en especial a quienes dejan reviews o la agregan a sus alertas y favoritos. ¡Muchas gracias a todos!
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
