Hola gente bella! Cómo están? Qué tal su finde? El mío algo agitadito, pero muy lindo, espero que el de ustedes también!

Bueno, aquí estoy de vuelta actualizando con el penúltimo cap de esta historia. Sí, sí, uno más y ya se termina :'(

En esta ocasión les traigo un episodio que quedó bastante largo… Porque hay de todo un poquito, novedades (algo predecibles, no lo voy a negar), tensiones, emociones, confesiones… Surtidito, surtidito jeje!

Pero no quiero adelantarles mucho, así que lxs invito a leer el VEINTITRÉS en paz y después me comentan qué les pareció :)

Todos los personajes pertenecen a su autora, NaokoTakeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Besitos per tutti! Y la próxima nos leemos en el final!

Bell.-


:: Capítulo Veintitrés ::

Un año después…

Serena finalmente se había mudado al departamento de Darien al poco tiempo de regresar de sus pequeñas vacaciones, y durante este tiempo ya habían hecho algunos viajes más, recorriendo el país como ninguno de los dos lo había hecho antes.

La convivencia marchaba perfectamente bien, día a día su relación se afianzaba cada vez más, se complementaban, se comprendían, se comunicaban abiertamente, se aceptaban, compartían todo lo que tenían y todo lo que hacían. Eran plenamente felices juntos.

Por su parte Serena había conseguido un cargo de docente en otra escuela primaria, y se sentía completamente satisfecha al poder dedicarse a su vocación como siempre había soñado. Y Darien seguía trabajando en la fundación de Andrew.

Un viernes por la tarde, él regresaba al departamento después de una agotadora semana de trabajo. Guardó su auto en la cochera, tomó el ascensor y apenas entró a su casa arrojó su saco y su maletín en una silla y se tumbó en el sofá.

Se quitó los zapatos y estiró las piernas sobre la mesita. Reposó su cabeza en el respaldo, se llevó una mano a su rostro para acomodarse el cabello hacia atrás y soltando un largo suspiro cerró los ojos para descansar unos instantes.

No se percató de que Serena estaba ahí hasta que escuchó que bajaba lentamente por las escaleras y se acercaba a él para sentarse a su lado. —Serena, ¿estabas aquí? —dijo sorprendido al verla y ella se recostó junto a él apoyando su rostro en su pecho. Él la abrazó por los hombros y volvió a acomodarse contra el respaldo del sofá—. Creí que aún estarías en la escuela.

—Estuve —dijo ella en voz muy baja—, pero regresé más temprano porque pensé que ya estarías en casa —volteó a mirarlo con una melancólica expresión—. Llegaste tarde.

Darien seguía con los ojos cerrados y la mano en la cabeza. —Sí, hoy fue un día fatal en la oficina y espero no tener que ir mañana de nuevo —suspiró molesto—. Odio trabajar los sábados —la miró y notó cierta preocupación en su rostro—. Amor, ¿estás bien? —la acarició con dulzura y ella sonrió de lado.

—Estoy bien —respondió Serena y le dio un corto beso en los labios—, sólo que te extrañaba mucho —dijo mientras aflojaba el nudo de su corbata y acomodaba el cuello de su camisa—. Y te estaba esperando hace rato.

—Lo siento, damita —se disculpó él, también sonreía tranquilo—, no me di cuenta de lo tarde que se había hecho y no pensé que ya estarías aquí —tomó su rostro—. ¿Estás bien? —volvió a preguntar preocupado—. Te noto un poco triste.

Serena se separó de él y suspiró. Darien vio que tenía algo entre las manos que apretaba con fuerza y se preocupó más al no terminar de comprender lo que le pasaba. —No estoy triste, Darien, estoy… Tengo que hablar contigo —lo miró de nuevo con cierto temor—, de algo importante.

Él se acercó de nuevo a ella también temeroso. —¿Sobre qué? —preguntó impaciente.

—Darien… —dijo ella con voz temblorosa—. Darien, yo… —y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Qué sucede, Serena? No me asustes —dijo él más impaciente y miraba sus manos y su rostro alternadamente intentando entender qué era lo que sucedía. Serena volvió a suspirar y le enseñó la cajita que tenía en sus manos—. ¿Qué es esto, Ser… —y apenas vio lo que era se quedó sin habla.

—Es un test de embarazo —soltó ella al fin—. Tengo un atraso, Darien —y no pudo contener más las lágrimas—. Creo que estoy…

—¿Embarazada? —él estaba totalmente perplejo con lo que Serena le estaba diciendo—. ¿Estás embarazada? —no sabía qué decir, qué pensar.

—Aún no lo sé, todavía no me hice el test. Te estaba esperando para hacerlo contigo y…

—Embarazada —repetía Darien confundido.

—Todavía no lo sé, te dije. Sólo tengo un atraso, ¿no me escuchaste?

—Sí, sí, te escuché pero…

—¿Pero qué?

—Pero… pero…

—¡Deja de balbucear y habla con claridad, Darien! —exclamó Serena nerviosa—. ¿Qué estás pensando?

—No lo sé, esto es tan inesperado, yo… No comprendo.

—¿Qué es lo que no comprendes?

—Cómo pasó, cuándo.

—Darien, ¿me estás hablando en serio? —ella comenzaba a molestarse.

—Es que no lo entiendo, si nosotros nos cuidamos, la mayoría de las veces nos cuidamos y…

—La mayoría de las veces no es lo mismo que todas las veces.

—Sí, pero… pero…

—¡Lo sé, lo sé! —Serena se puso de pie y empezó a caminar de un lado a otro—. No fue algo planificado ni premeditado como tú esperabas, pero tarde o temprano esto iba a pasar. Y sucedió así, Darien, sin preverlo, sin programarlo —se detuvo y lo miró con una dura expresión—. Y si es lo que es y tú no estás preparado para asimilarlo, entonces…

—No, no, no —Darien también se puso de pie y se acercó a ella para tomarla de las manos—. ¿Qué estás diciendo, Serena? No pienses eso de mí.

—¿Y qué esperas que piense? —ella se soltó enojada—. Mira nada más cómo estás: No reaccionas, no me dices nada, no te alegras, no te enojas. ¡No sé lo que sientes, Darien, lo que piensas sobre esto! —cada vez subía más el tono de su voz.

—Serena, cálmate —él intentó tomar sus manos de nuevo pero ella no lo dejó—. Tranquilízate, Serena y escúchame bien —ella ya no podía contener más su llanto—. Yo no soy impulsivo como tú, necesito procesar esto un momento, ¿sí?

—¡Pero te la pasas procesando y reflexionando todo, Darien! —ella gritaba nerviosa sin dejar de llorar—. ¡¿Cómo puedes ser tan frío?! ¡Por dios, te estoy diciendo algo muy importante! ¡Un hijo, vamos a tener un hijo y a ti no te importa! ¡Y yo como una tonta estuve esperándote toda la tarde con este maldito test en la mano muriéndome de la ansiedad! ¡Y todo para que tú vengas y reacciones como un témpano de hielo como siempre! ¡Eres insufrible, Darien, no te soporto…! ¡No te soporto! ¡Eres…

—¡Tranquilízate, Serena! —la interrumpió él y la tomó de los hombros intentando calmarla—. ¡Deja de gritar y escúchame! —ella obedeció—. Ya hemos hablado de esto muchas veces, los dos sabemos muy bien que queremos formar una familia juntos, que es nuestro sueño, ¿verdad? ¿Verdad que ambos lo tenemos bien claro? —Serena asintió haciendo pucheros—. Pues si tener un hijo es algo que los dos queremos, entonces que tú estés embarazada ahora, aunque haya sido de manera algo inesperada, para mí significa… —inspiró profundo para poder seguir hablando con claridad—. Esto significa para mí… que si este maldito test llegara a dar positivo —le enseñaba la cajita que tenía en su mano—, me vas a hacer el hombre más feliz del mundo, Serena.

—Darien… —ella lo abrazó con fuerza.

—Claro que me importa —decía él emocionado—, si es lo que más quiero, Serena. Lo que más deseo es que tengamos un hijo juntos, una familia.

—Lo sé, lo sé. Perdóname —Serena se separó sin soltar el abrazo y comenzó a besarlo—. Perdóname por haberte gritado así, por haberte dicho todas esas tonterías —decía entre besos y Darien poco a poco podía tranquilizarse—. Es que estoy muy nerviosa, mi amor, estoy asustada, y temía tanto cómo ibas a reaccionar. Perdóname, por favor —y lo miró a los ojos acariciando su rostro con suavidad.

—Está bien —él volvió a tomar sus manos—. Está bien, tranquila. Tranquila, damita —la besó de nuevo—. Vamos a hacer esta prueba, ¿sí? —y ella asintió esbozando una sonrisa.

.

.

.

Momentos después, Darien estaba en su habitación sentado en la cama esperando impaciente a que Serena saliera del baño. Cuando ella finalmente apareció, se acercó a él y se sentó a su lado.

Darien la miraba expectante. —¿Y? ¿Qué pasó? —preguntó nervioso.

—Hay que esperar tres minutos —respondió Serena mirando su reloj.

—¿Y dónde está esa cosa? ¿No tenemos que mirar las marquitas?

—Sí, pero la dejé en el baño —respondió ella—. Cuando pasen los tres minutos la buscaré —soltó un largo suspiro—. Si tengo que estar viéndola todo ese tiempo me puedo llegar a volver loca de la impaciencia —dijo riendo.

—Pero Serena, sólo son tres minutos —dijo él más nervioso.

—Lo sé, pero mejor esperemos aquí, ¿sí? —dijo Serena y Darien asintió poco convencido—. ¿Y ahora el impaciente eres tú? —ella volvió a reír.

—No te burles, damita, estoy muy nervioso.

—Yo también estoy nerviosa, amor —ella acarició su rostro—. Pero tenemos que esperar un poquito.

—Está bien, esperaremos. Estoy tranquilo —dijo él al inspirar hondo—, estoy muy tranquilo.

Serena lo abrazó por la cintura y se acomodó contra su pecho. —¿Qué te imaginas que puede llegar a resultar? —preguntó con un suspiro. Darien la abrazaba por los hombros—. ¿Qué esperas que pase?

—Que de positivo, por supuesto —respondió él con firmeza.

—¿Y si es negativo?

—Bueno, si resultara ser negativo, entonces tendremos que volver a intentarlo.

—¿Eso piensas? —preguntó Serena y volteó a mirarlo de frente—. ¿Eso es lo que quieres?

—Sí, damita, quiero tener un hijo contigo —respondió Darien y le dio un tierno beso en los labios—. Aunque es algo que deseo hace tiempo, hasta hace un momento, cuando me lo dijiste, lo veía muy lejano o pensaba que lo planearíamos o sucedería de otra manera. Pero ahora que estamos a punto de confirmarlo me siento más seguro que nunca de que quiero este bebé, lo deseo con desesperación.

—Mi amor —dijo ella conmovida por sus palabras y sus ojos volvían a llenarse de lágrimas.

—Y si resultara ser negativo, pues ahora mismo empezaremos a intentarlo —dijo él con una pícara sonrisa—. Y no nos detendremos hasta que quedes embarazada de verdad —la besó de nuevo.

—Ay, Darien —Serena reía emocionada—, prácticamente lo estamos intentando todo el tiempo desde que estamos juntos. Ha sido una suerte que no haya quedado embarazada cientos de veces.

Darien también reía. —Es cierto, es que eres una damita muy irresistible.

—Una damita que tiene un novio muy insaciable —agregó ella. Volvieron a reír y se besaron largamente abrazándose y acariciándose con mucha ternura.

—¿Cuánto tiempo pasó? —preguntó él al suavizar los besos.

Serena miró de nuevo su reloj. —Dos minutos, falta uno.

—Rayos —Darien se puso de pie y empezó a caminar nervioso por la habitación—, esto es una verdadera tortura —protestó.

Ella se acercó a él y lo abrazó de nuevo. —Tranquilo, amor, ya falta poquito —permanecieron un rato en silencio—. ¿Te das cuenta de que dentro de un minuto nuestras vidas van a cambiar radicalmente? —reflexionó—. Dé positivo o no el resultado de la prueba, lo que sí es seguro es que vamos a tener un bebé, Darien, nuestro bebé, sea ahora o dentro de un tiempo pero —lo miró y sonrió emocionada—, ya lo estamos esperando, ya lo queremos. Tendremos un hijo, mi amor.

Él también sonrió. —No, no tendremos un hijo, Serena —Ella lo miró confundida—. Tendremos una hija —la corrigió y agrandó su sonrisa—, una pequeña damita —ambos rieron contentos y se besaron.

—Es cierto, nuestra pequeña damita —ella lo besó con más intensidad—. Te amo, Darien, te amo tanto…

—Te amo, Serena —dijo él y volvió a abrazarla con fuerza.

—Bueno —Serena miró de nuevo su reloj—, ya es la hora, amor —dijo con una alegre sonrisa—. Iré a buscarlo, enseguida regreso —y se dirigió apurada al baño.

Darien volvía a caminar nervioso. —Por dios, ¡por dios! Tranquilízate, Darien —murmuraba entre dientes para sí—. Sea lo que sea tú estás preparado para esto. No te desesperes, es tu sueño, Serena es el amor de tu vida y te va a dar una hija, la hija que siempre esperaste. Y todo estará bien, todo saldrá muy bien. Podrás con esto, claro que podrás —finalmente apareció Serena con el test en la mano y Darien se detuvo enseguida al verla—. ¿Y? —preguntó impaciente y ella se acercaba a él hecha un mar de lágrimas—. ¿Qué pasó, Serena? ¿Qué dice esa cosa?

—Darien… —Serena no podía articular palabra por la inmensa emoción que sentía—. Darien…

—¡Dime, Serena, por dios! ¡Estoy desesperado! ¿Qué dice? ¿Es o no es?

Ella asintió sin dejar de llorar. —Es…

—Serena —él también comenzaba a llorar.

—Es positivo, Darien, estoy embarazada…

—¡Serena! —Darien corrió hacia ella y la abrazó efusivo. Ahora ambos lloraban con intensidad—. ¡Serena, mi amor! —exclamó emocionado—. ¿Vamos a tener un bebé? ¡Dios mío, vamos a tener un bebé!

—Un bebé, Darien, nuestro bebé, nuestra familia…

—Soy tan feliz —dijo él al besarla en los labios—. Te amo tanto, damita —decía entre besos —Te amo… te amo… te amo…

.

.

.

Durante el fin de semana estuvieron inseparables… Darien no hizo más que mimar y dedicarle infinidad de atenciones a la mamá de su futuro bebé. Cocinó para ella, salieron de compras, pasearon, y se la pasaron a puros arrumacos y besos. No podían sentirse más felices, formar una familia juntos era uno de sus más valiosos sueños y al fin podían concretarlo.

El domingo como ya era su costumbre fueron a lo de los padres de Serena para almorzar con ellos. Habían decidido que aunque aún era algo pronto les darían la noticia ese día, Serena no podía con su impaciencia y Darien accedió no muy convencido a comunicarles la novedad.

Después de comer, él la ayudaba en la cocina a preparar café. —¿Qué hacemos, damita? —le preguntó en voz baja—. ¿Se lo decimos ahora?

—Sí, amor, me estoy muriendo de la ansiedad, quiero que se lo digamos ahora mismo.

—¿Pero estás segura? —insistió Darien, quería intentar hacerla cambiar de opinión y esperar un poco más—. ¿No prefieres esperar a que vayamos al médico y te revisen y…

—No, Darien —lo interrumpió Serena—, quiero que sea ahora.

—Está bien —él suspiró resignado, ella estaba más que decidida y no lograría convencerla—, lo haremos ahora.

—Estoy muy nerviosa, amor —Serena se acercó a Darien y lo tomó de la mano—. Por favor, no sueltes esta mano por nada en el mundo mientras hablamos.

—Jamás te soltaré, damita —aseguró él y la besó en la palma sonriendo con dulzura—. Hablaremos con ellos, le daremos la buena noticia y todo estará bien, te lo prometo.

—Gracias, mi amor —le dio un corto beso en los labios—. ¿Vamos? —preguntó con una alegre sonrisa.

Darien volvió a suspirar para soltar la tensión. —Vamos —y asintió también sonriente.

Regresaron a la sala donde los esperaban los padres de Serena, y ella sirvió el café y unas masitas dulces.

Ikuko y Kenji conversaban entre ellos sobre temas ligeros, y Serena y Darien permanecían callados. Pero Ikuko se dio cuenta de que estaban algo nerviosos. —Chicos —interrumpió a Kenji—, ¿están bien? Los he notado algo extraños el día de hoy.

Ellos se miraron entre sí y se tomaron de las manos. —Papá, mamá —dijo Serena—, queremos decirles…

—¡Qué delicia de galletas, hija! —dijo Kenji entusiasmado mientras comía una masita—. ¿Dónde las compraste? Porque seguro que tú no las preparaste —reía y se servía más. Ikuko lo fulminó con la mirada y él ni se dio por aludido.

—Cariño, por favor —le dijo su esposa.

—¿Qué? ¿Qué dije?

—Serena estaba por decir algo, ¿podrías callarte un momento y prestar atención?

—Lo siento. Dinos, hijita, ¿Qué quieres contarnos?

—Bueno —Serena inspiró profundo para tomar valor—, Darien y yo queremos hablar con ustedes sobre algo importante.

—¿Algo importante? —Kenji dejó el café y las galletas en la mesita—. ¿Qué sucede? No nos asunten, por favor.

—Tranquilo, cariño, déjalos hablar —dijo Ikuko.

Darien tomó la palabra. —Bueno —carraspeó intentando disimular su ansiedad—, como ustedes ya saben muy bien, nosotros estamos llevando una relación seria hace ya más de un año, porque nos amamos mucho, porque tenemos muchos proyectos en común, y porque estamos comprometidos a estar juntos en las buenas y en las malas, porque queremos acompañarnos todos los días para poder concretar nuestros deseos y para…

—Eso parece un voto matrimonial, muchacho —lo interrumpió Kenji—. ¿Acaso… —y enseguida comprendió lo que él quería entender—. ¿Acaso me estás por pedir la mano de mi hija? —los miró expectante a los dos—. ¿Se van a casar?

—No, no, no, Kenji, no es eso —Darien intentó explicarle—. Lo que queremos decirles es que…

—¡Mamá! ¡Se van a casar! —exclamó Kenji y abrazó a su esposa emocionado—. ¡Nuestra hija se va a casar con Darien! ¡Esto es maravilloso! —se puso de pie y se acercó a Serena—. ¡Felicidades, hija! —la abrazó con fuerza—. ¡Al fin! ¡Al fin te vas a casar! ¡Ya temía yo que este día jamás llegaría y que…

—No, Kenji, escúchame, por favor —volvió a insistir Darien —No es eso lo que…

—¡Felicidades, hijo! —ahora Kenji abrazaba a Darien—. ¡Por supuesto que tienes mi consentimiento, eres el mejor yerno que podría haber tenido! —y le dio fuertes palmadas en el hombro.

—Cariño —intervino Ikuko—, me parece que en realidad ellos…

—Estoy tan emocionado —continuó Kenji sin hacerle el menor caso—. ¡Esto hay que celebrarlo! Ve, Serena, ve a buscar una botella de champagne. Tenemos que brindar, mi princesa se va a casar, ¡se va a casar! —y repentinamente comenzó a llorar.

—Kenji, por favor, tranquilízate —dijo Darien nervioso—. No es eso lo que nosotros…

—Ay, chicos —Kenji no registraba una sola palabra de lo que le decían—, no veía la hora de que vinieran con esta noticia. Debo reconocer que jamás estuve de acuerdo con que vivan juntos sin casarse primero. Pero tuve que aceptarlo muy en contra de mi voluntad, porque las parejas de hoy son tan diferentes a las de mis tiempos, ¿no es cierto, cariño? —miró a Ikuko que avergonzada por su reacción se llevaba una mano a la cabeza, su esposo la estaba sacando de quicio—. Y tú tenías razón —siguió él—, este día tarde o temprano iba a llegar, sólo teníamos que esperar. Y ahora al fin nuestra princesa… —volvía a emocionarse—. Mi pequeña princesa… —y lloraba otra vez.

—Cariño, tranquilo —Ikuko intentó calmarlo—. Creo que te estás adelantando, ellos no dijeron que…

—¡Soy tan feliz, hijos, tan feliz! —Kenji lloraba intensamente.

—Kenji, por favor, estás interpretando otra cosa —Darien ya no sabía cómo hacerlo entender—. Déjame explicarte, lo que sucede es que…

—¡Mi princesa se va a casar! —exclamó Kenji.

—¡Cariño, por favor! —insistió Ikuko.

—Kenji, escúchame —intentó Darien.

—¡Estoy embarazada! —gritó finalmente Serena que había estado callada todo el tiempo. Y ante su repentina confesión se hizo un silencio absoluto e incómodo—. Y no nos vamos a casar —concluyó.

—¡¿Qué?! —el rostro de Kenji se transfiguró al escucharla, toda su alegría y su entusiasmo se desvanecieron de golpe.

—¿Embarazada? —preguntó Ikuko sorprendida—. Por dios, hija, un bebé… ¡Tendrás un bebé! —exclamó feliz y abrazó a Serena—. Un nieto tuyo, Serena, ¡un nieto tuyo! —abrazaba también a Darien—. ¡Felicidades, chicos! ¡Qué hermosa noticia!

—Pero… pero… —Kenji estaba totalmente desconcertado—. ¿Un bebé? ¿Un nieto?

—Sí, papá —continuó Serena emocionada—, Darien y yo tendremos un bebé.

—Pero… ¿Se casarán? —preguntó Kenji algo molesto.

—Bueno, en realidad nosotros… —Serena no sabía qué responder.

—¿Ustedes qué, Serena? —Kenji estaba fuera de sí, y el ambiente se ponía cada vez más tenso—. ¿Van a casarse sí o no?

—Bueno, es que… —Serena miró a Darien en busca de apoyo, pero él sólo permanecía con la mirada fija en la mesa sin decir nada—. La verdad es que aún no hemos hablado de esto. Nosotros estamos muy seguros de que queremos estar juntos y que…

—¿No se van a casar? —la interrumpió Kenji enojado—. ¿Eso es lo que estás queriendo decir?

—No, papá —respondió Serena—. No nos vamos a casar —y bajó la mirada—, al menos no por ahora.

—¿Pero cómo es posible? —Kenji estaba furioso. —Esto ya es demasiado, conviven hace un año, ahora están por ser padres, ¿cuándo piensan formalizar su relación? Si van a formar una familia tiene que ser sobre la base de un matrimonio, como debe ser, como dios manda. Esto de seguir jugando a los noviecitos no es algo serio, no es seguro, sólido —se puso de pie para comenzar a caminar nervioso por la sala y cada vez subía más el tono de su voz—. ¿Qué valores le van a dar a ese niño comportándose de esta manera? —se detuvo y miró a Darien con una dura expresión—. Y tú, Darien, muchacho, lamento mucho decirte esto pero estoy muy decepcionado de ti. Yo creí que…

—Papá —Serena intentó detenerlo, y lloraba desconsolada.

—Yo creí que eras un hombre responsable —continuó Kenji—, con valores y principios más firmes, que respetabas a mi hija, que la tomabas en serio, ¿y la dejas embarazada sin siquiera estar comprometidos? Esto no lo puedo aceptar —volvía a caminar de un lado a otro—. Lo siento, chicos, pero esto es inadmisible para mí, esto…

—Papá, por favor, no digas eso —Serena se puso de pie y se acercó a él—. Darien me ama, me respeta, él está comprometido conmigo, aunque no vayamos a casarnos nosotros…

—Pues si están tan comprometidos, ¿por qué no formalizarlo? ¿por qué no legitimar lo que con tanta seguridad admiten que sienten el uno por el otro? ¿por qué…

—No puedo creer lo que estás haciendo, papá —Lo interrumpió Serena sin dejar de llorar—. No lo puedo creer —y se fue corriendo de ahí.

Darien también se puso de pie y antes de ir tras Serena se acercó a Kenji. —Lamento no cubrir tus expectativas —le dijo en tono cortante—. Pero a pesar de que no sea de la forma que tú esperas, yo a tu hija la amo con locura y no necesito un papel que lo certifique para estar seguro de lo que siento por ella —y sin darle oportunidad a responder, se fue a buscarla.

—¿Puedes creerlo? —Kenji miró a Ikuko molesto—. ¿Escuchaste lo irreverente que fue? ¡¿Cómo se atreve a hablarme de esa forma?! —Y se sentó junto a ella esperando que se pusiera de su lado.

—Querido —dijo Ikuko al fin—, tú y yo tenemos que hablar muy seriamente.

.

.

.

Darien llegó a la antigua habitación de Serena para buscarla y golpeó a la puerta antes de entrar. —Amor, ¿puedo pasar? —preguntó temeroso. Cerró la puerta y se acercó a ella que estaba sentada en un extremo de la cama abrazando un conejo de peluche. Estaba tan tensa que temblaba entera y tenía todo su cuerpo contraído de tal forma que parecía más pequeña todavía de lo que era—. Serena, mi amor, ¿te encuentras bien? —volvió a preguntar al sentarse a su lado.

—Todo salió tan mal —dijo ella entre sollozos sin mirarlo—. Jamás me imaginé que pasaría esto, estoy… —y apretaba los ojos intentando contener las lágrimas sin conseguirlo—. Estoy tan decepcionada.

Darien la abrazó con fuerza para contenerla y ella se refugió en su pecho para llorar con desconsuelo. —Lo siento —se sentía fatal al verla en ese estado—. Lo siento mucho, damita.

—¿Acaso… —Serena se separó un poco para poder mirarlo—. ¿Acaso estamos actuando en contra de la naturaleza o algo por el estilo al no casarnos? ¿Eso es lo que él piensa? ¿Tan horribles personas somos si hacemos las cosas de esta forma?

—No, Serena, no lo tomes así —intentó explicarle Darien—. Él sólo piensa diferente, porque es mayor, porque es muy conservador, y esperaba que le diéramos otra noticia.

—Estoy muy aturdida, Darien, muy confundida. No sé qué pensar de todo esto y no supe qué decirle. Nosotros jamás hablamos de casarnos y…

—Es cierto, no hemos hablado al respecto, todo fue tan repentino que…

—¿Pero tú qué piensas, Darien? —le preguntó ella directamente.

—¿Yo?

—Sí, ¿qué piensas sobre esto? ¿sobre casarnos? —insistió Serena.

—Bueno… eh… yo… —Darien titubeaba nervioso.

—Porque yo nunca te lo dije pero —continuó ella—, después de que decidimos entre los dos que formaríamos nuestra propia familia y ahora que confirmamos lo de mi embarazo, la verdad es que he estado pensando mucho en nosotros y… Y yo quisiera que algún día…

—Serena —la interrumpió él—, no creo que sea un buen momento para hablar de esto, yo… —intentó evadirse.

—Sí lo es, Darien, éste es el momento oportuno para que hablemos —dijo ella—. Aclaremos este asunto, resolvámoslo ahora que estamos a punto de emprender esta nueva etapa juntos.

—Está bien, hablemos ahora. Pero que conste que no me parece que sean las condiciones óptimas para tratar un tema tan delicado.

—¿Las condiciones óptimas? —preguntó Serena algo molesta.

—Sí, porque acabas de discutir con tu padre, porque estás muy nerviosa, porque estás sensible por lo del embarazo y…

—Sí, Darien, pasa todo eso, éstas son las condiciones ahora —dijo ella enojada—. Si no lo hablamos antes, cuando estaba todo en calma y bajo control como a ti tanto te gusta, pues lo siento mucho, tendrá que ser en estas 'inapropiadas' condiciones.

—Por favor, no te alteres —él intentó calmarla y quiso tomarla de la mano—, no te hace bien ponerte nerviosa en tu estado.

—Si no quieres que me altere, habla, Darien, dime qué piensas sobre esto —ella se soltó y lo miró expectante.

—Bien, te diré lo que pienso —Darien inspiró hondo—. No quiero casarme —dijo sin rodeos mirándola fijamente a los ojos—. No creo en el matrimonio, no desde lo que viví con mi ex esposa.

—Vaya —Serena no podía creer lo que escuchaba—, eso sí que fue directo.

—Lo sé —él volvió a tomar su mano—, y lamento si no es lo que esperabas escuchar.

—Déjame ver si entendí bien —dijo ella intentando reflexionar sobre lo que le acababa de decir sin volver a perder la calma—. ¿Tienes una pésima experiencia con otra mujer y rotundamente decides no creer en el matrimonio? ¿No volver a confiar nunca más en que puedes ser feliz casándote de nuevo? ¿Conmigo?

—Por supuesto que confío en que puedo ser feliz contigo, pero no necesito casarme para conseguirlo —respondió Darien—. Sin embargo lo que sí necesito es que sepas, que entiendas y que tengas siempre presente que te amo, Serena. Te amo con toda mi alma, a ti y a nuestro bebé. Y lo que tú y yo tenemos es mucho más fuerte y seguro que lo que cualquier documento pueda acreditar. No sólo lo seremos en el futuro, sino que ahora ya somos auténticamente felices juntos, no necesitamos proclamarlo ante nada ni nadie para legitimarlo, porque nosotros lo sabemos, nosotros lo sentimos, y eso es más que suficiente. Al menos lo es para mí.

Serena conmovida por sus palabras volvía a llorar. —Yo no necesito más que amanecer todos los días a tu lado —siguió Darien mientras acariciaba su rostro con dulzura—, despertar junto a ti cada mañana, encontrarme con tu hermosa sonrisa, con tus infinitos 'te amo', para confirmar una y otra vez que me eliges y que te elijo. Para compartir todo lo que tenemos, todo lo que somos, para ser felices, para amarnos por siempre. Ya somos felices juntos, Serena, y sé que vamos a serlo siempre, porque yo te amo.

Darien la besó suavemente en los labios sin dejar de acariciarla. —Y estoy completamente entregado y dedicado a ti —continuó—, para cuidarte, para acompañarte, para estar siempre a tu lado. Y sé que tendremos una vida plena y feliz, y construiremos una familia maravillosa. Estoy absolutamente convencido de esto, no necesito más nada para sentirme seguro. Te amo… te amo con locura, Serena —la besaba de nuevo—. Y jamás dejaré de demostrártelo —apoyó su frente contra la de ella—. Y haría lo que fuera por ti, pero lamento no poder darte todo lo que quieres, que yo no…

—Tú eres lo que quiero, Darien —lo interrumpió ella sin dejar de llorar y acariciando la mano que tenía sobre su mejilla—. Nuestra vida juntos es lo que quiero, aunque no nos casemos. Y eso es suficiente para mí, en verdad lo es.

—Serena —él la miró sorprendido.

—Yo te amo, Darien —continuó ella y lo besó con dulzura—, te amo tanto…

—¿Estás realmente dispuesta a dejar de lado la idea del matrimonio? —preguntó Darien entre besos—. ¿A renunciar a ese deseo?

—Si tú me prometes que te entregas a mí y que me amarás y que…

—Ya lo hice, ya te lo prometí, ya lo estoy haciendo —la interrumpió él.

—Déjame terminar —dijo Serena al apoyar sus dedos sobre sus labios para hacerlo callar—. Quiero que me prometas que no te volverás loco cuando no lave los platos de la cena hasta el otro día —él reía—, que me dejarás tomar helado en la cama cada vez que se me antoje, sobre todo ahora que voy a tentarme a hacerlo casi a diario —ella también reía y se llevaba una mano a su vientre—, debes saber que sucederá —él también acercó su mano al vientre de Serena—. Y creo que eso es todo.

—Está bien, estoy de acuerdo, acepto —Darien volvió a besarla.

—¿Aceptas? —preguntó Serena entre besos—. ¿Aceptas mi propuesta de no-matrimonio? —ambos volvieron a reír.

—Acepto, claro que acepto —respondió él con una tranquila sonrisa al suavizar los besos.

—Te amo, Darien —dijo ella y lo abrazó con fuerza.

—Yo también te amo, Serena —dijo él y acariciaba su cabello y su espalda con delicadeza al notar que Serena volvía a llorar—. Todo está bien —intentaba consolarla—, todo estará bien, mi amor. Por favor, no llores más, tienes que estar tranquila, por nuestra pequeña damita, ¿sí?

Permanecieron abrazados por largo rato sin volver a hablar, ya habían dicho demasiado.

Hasta que golpearon a la puerta. —Adelante —dijo Serena al separarse de Darien y limpiarse las lágrimas del rostro.

—Con permiso —dijo su mamá al entrar seguida de Kenji—. Hija, ¿cómo estás? ¿Te sientes bien? —preguntó preocupada al acercarse a ellos. Serena asintió y se puso de pie junto con Darien que no soltaba su mano—. Queremos hablar con ustedes —dijo Ikuko mirando a su esposo—. Vamos, querido, diles —lo animó a hablar.

—Bueno, yo —Kenji titubeaba nervioso—, quiero pedirles perdón por cómo reaccioné hace un momento. No quise gritarles, no quise decirles todas esas cosas tan fuertes. Lo que pasa es que estaba tan ilusionado con la idea del casamiento que, fui muy desconsiderado y reaccioné impulsivamente. Y no me di cuenta de que lo realmente importante es que me van a dar un nieto —de repente era un mar de lágrimas—, que mi hermosa princesa va a ser mamá y… Y estoy muy feliz por ustedes —se acercó a ellos—. Darien, muchacho, lamento todo lo que te dije. Tú eres como un hijo para mí y jamás me decepcionarías. Has demostrado incontables veces que eres un hombre muy noble y honesto, que amas y respetas a mi hija como ella se merece —los abrazó a los dos—. Estoy muy orgulloso de ustedes y cuentan con todo mi apoyo. Sé que serán una hermosa familia.

—Papá… —Serena también lloraba y lo abrazaba con fuerza.

—Gracias, Kenji… —dijo Darien al darle fuertes palmadas en la espalda.

Ikuko los observaba emocionada. —Bueno —los interrumpió—, basta ya de emociones fuertes —se acercó a Serena y la tomó del brazo—. Esta mamá necesita estar tranquila. Ahora bajemos y celebremos, ¿sí? —todos asintieron y bajaron juntos.