Al momento de entrar al túnel noté que el otro extremo podía verse, así que vi que no era tan largo, la luz que entró desde ambas entradas iluminaba parcialmente el camino, pero en cualquier caso saqué la linterna de la mochila para iluminarme mejor. El suelo dentro del túnel parecía estar húmedo, ya que sentía cómo salpicaba agua a cada momento que daba un paso, por lo que notaba que Hippopotas parecía incomodarse, así que lo regresé a su pokeball. A continuación intenté caminar más a prisa, era bastante probable que algún pokemon se me cruzara o quisiera atacarme, en cualquier caso la pokeball de Miiko la tenía a mano, y con la linterna miraba a todos lados, en ese camino vi a algunos cuantos pokemons, pero huían cuando los iluminaba con la linterna, principalmente Geodudes que parecían querer camuflarse con las otras rocas que estaban ahí. Sentía también algunos chillidos que provenían de la parte superior del túnel, pero evitaba por cualquier motivo iluminar hacia arriba, suponía que eran Zubats, y si los iluminaba podía suponer que todos ellos se lanzarían en picada contra mí. Me percaté también que había algún túnel a la izquierda que debía llevar a algún sector más interior de esta cueva, pero quería llegar pronto al otro lado para poder llegar pronto a Oreburgh City. Salí del túnel algo aliviado, la temperatura volvía a elevarse, aunque me di cuenta que era menor que la que estaba en la otra entrada del túnel; la misma colina que había acabado de cruzar estaba bloqueando al sol, pero no me fijé en eso cuando salí, sino que me fijé en lo que había frente a mí. Había una hermosa ciudad, construida casi a los pies de una montaña. Podía ver que lucía como una ciudad tranquila, muchas construcciones de ella hechas de piedra u otras de madera. Notaba como esta ciudad era más pequeña que la mía, aunque lucía mucho más tranquila, la mía lo era, aunque veía como es que esta ciudad se veía mucho más silenciosa que la mía. Por fin había llegado a Oreburgh City. Una diferencia es que en esta ciudad no parecía haber tantos árboles adornando la ciudad, pero a cambio se veían muchas rocas o estatuas, de distintas formas y colores adornando algunas calles o algunos patios de casas. Sin perder tiempo fui directamente al Centro Pokemon de la ciudad, al de esta ciudad no habían llegado pokemons que fueron rescatados del escondite de las cazadoras así que suponía que no iba a estar tan repleto como el de Jubilife City. La ciudad no era tan pequeña como pensé, así que debí pedir indicaciones a algunos habitantes que encontré en el camino. La gente de la ciudad parecía ser mucho más amable que la de Jubilife City, ya que se detenían cuando les preguntaba, y fueron por esas indicaciones que me encontré en la puerta del Centro Pokemon.
El Centro Pokemon de la ciudad era distinto al de Jubilife City o al de Eterna City, éste lucía mucho más simple, era un edificio de tres pisos, pintado de un color celeste, la P gigante sobre el edificio que indicaba que era un Centro Pokemon era de color naranjo. La entrada estaba a la izquierda del edificio. Ingresé por esa puerta y me acerqué a la recepción rápidamente. La enfermera Joy no estaba en el interior así que toqué la campanilla que estaba sobre el mesón. Mientras tanto miraba al resto del piso en el que estaba, había algunas mesas ahí, se encontraban dos entrenadores en una de ellas, estaban jugando algún juego con cartas, al otro lado había una entrenadora sentada en un sillón leyendo una revista, más allá había un entrenador hablando con un videoteléfono. El lugar era bastante tranquilo, a lo más se oían algunas palabras de parte de los que estaban jugando con cartas y el que hablaba con el videoteléfono parecía querer hablar en voz baja para que no lo escucháramos.
- "¿Sí?" – preguntó de pronto la enfermera Joy – "¿En qué puedo ayudarte?"
Me volteé hacia ella de nuevo, lucía exactamente igual a todas las otras enfermeras Joy que había conocido, aunque la verdad eso no me sorprendía.
- "Sí" – dije – "hola, venía a curar a mis pokemons, y quería pasar la noche aquí"
- "Claro" – dijo con una sonrisa, de la parte inferior del mesón sacó una bandeja con seis ranuras del tamaño de las pokeballs – "deposita las pokeballs de tus pokemons aquí por favor, y saca tu Pokedex"
Mientras yo sacaba las pokeballs de mis bolsillos y las colocaba dentro de las ranuras, la enfermera tomaba mi Pokedex que acababa de dejar sobre la mesa y anotaba mis datos en la computadora que estaba sobre el mesón. A continuación me regresó mi Pokedex y me entregó una llave que sacó bajo el mesón.
- "Tendrás la habitación 24" – me dijo – "La cena será servida cuando sean las 9, mientras tanto ve a descansar a tu habitación o da un paseo por la ciudad"
- "Muchas gracias" – le dije, dirigiéndole una sonrisa, tomé la llave y me la guardé en el bolsillo
Fue ahí que me quedé completamente libre. El dolor de mi pierna aún persistía, pero por el hecho de haberlo ignorado durante gran parte del día es que había logrado caminar sin muchas dificultades. A la mañana siguiente partiría en dirección a Monte Coronet, mientras tanto tenía tiempo para recorrer la ciudad, quedaban dos horas para que fuera la hora de cenar, así que decidí salir y dar una vuelta por la ciudad.
La ciudad en sí no tenía demasiado que ofrecer con respecto a atractivos para visitar, aunque sí vi que era una ciudad que se enfocaba en la minería para subsistir, en la parte más al sur de la ciudad vi que se extendía un largo camino y al fondo alcanzaba a ver algunas maquinarias junto a la ladera excavada de una montaña. No sabía la verdad cual era el mineral que podrían encontrar aquí, aunque la verdad no sentía que fuera algo tan necesario que supiera. Pasé también por fuera del gimnasio de la ciudad. Me sorprendí al ver que este gimnasio estaba construido en la ladera de una montaña, lo único que sobresalía era la puerta metálica que estaba por fuera, pero el gimnasio estaba construido dentro de la misma montaña. Podía pensar que podría batallar lo más pronto posible aquí, pero sentía que aún no estaba listo para entrenar, con mis cuatro pokemons con baja experiencia de batalla no tendría oportunidad contra un líder de gimnasio, por lo que debía entrenar mucho para poder intentarlo siquiera. Tomé mi cámara y le tomé una fotografía al gimnasio. Noté entonces que comenzó a hacer frío, esta ciudad estaba rodeada por montañas, y el sol, al ocultarse por los montes que estaban al oeste, desaparecía mucho más temprano que en otras ciudades, las calles ya comenzaban a iluminarse con los faroles. Decidí entonces ir a la Tienda de la ciudad, se encontraba cerca del Centro Pokemon, quizás a dos cuadras, llegué justo cuando las luces del interior se encendían, indicando que la noche se aproximaba. Al ingresar a la tienda de inmediato fui saludado por el dependiente que se encontraba en la caja.
- "Buenas tardes, bienvenido" – dijo levantando la vista de su revista.
- "Hola" – le respondí – "buenas tardes"
Volvió entonces a enfocarse en su revista, mientras yo entraba a ver las cosas que necesitaba. En esa tienda se encontraban varios entrenadores en los cuatro pasillos que componían la tienda. Me dirigí al pasillo donde se encontraba la comida pokemon, las había en bolsas, en latas o en pequeñas cajas, yo prefería comprarla en latas, porque sentía que eran más resistentes y la comida siempre se mantenía fresca, tomé la cantidad que creí necesaria para al menos una semana para mis cuatro pokemons. Caminando por ese mismo pasillo encontré el estante de las pociones, repuse las pociones que usé en la mañana con Marie y con Lyo y tomé un par más por si acaso. En el pasillo del lado encontré una crema para los dolores musculares, casi por instinto tomé una, sabía que la usaría en un rato más porque el dolor ya me molestaba mucho, solo lo ignoraba para evitar que me detuviera. También tomé unas vendas por si acaso, unas banditas y algo de gasa. Me dirigí al último pasillo, que era el de la comida para humanos, pero antes de salir del pasillo en el que estaba me detuve al ver que vendían de esas linternas que se colocaban en la cabeza, de las mismas que me dio Gardenia el día que entramos a la Cueva Wayward, tomé una porque sentía que me sería tremendamente útil y la encontraba más cómoda que la linterna de mano que tenía, ya que me dejaba ir con mis manos libres en caso de cualquier cosa, pero regresé al pasillo y tomé cuatro más, también para mis pokemons en caso que las necesitaran mientras estuviéramos en los túneles de Monte Coronet. Del pasillo de la comida tomé algunas bayas Leppa para Marie y algo de chocolate para Lyo, aún no sabía que dulce le gustaba a Miiko o a Hippopotas, tomé también más comida para mí que pudiera durarme una semana al menos. Compré también un par más de mantas en caso que las noches en el monte fueran demasiado frías
Al Centro Pokemon volví quizás cuando quedaba una media hora antes de la hora de cenar. Vi el videoteléfono ahí. Me di cuenta que desde que salí de casa no había hecho algo que debí hacer hace ya mucho: Llamar a mis padres. La emoción que tuve en convertirme en un entrenador pokemon, y más el hecho de que no había podido pensar demasiado en ello luego del incidente de las cazadoras es que lo olvidé completamente. Me senté frente al videoteléfono y marqué el número de casa. Mientras en la pantalla se veía y se oía la imagen y el tono de espera respectivamente miraba algo distraído las teclas y ranuras del aparato. Éste era un videoteléfono público, y era más sofisticado que los videoteléfonos domésticos, los domésticos no tenían tantos botones como éste y no eran tan grandes. El que había en casa era mucho más pequeño que éste, pero servía del mismo modo. Tenía altavoz, o se podía sostener el auricular para que quienes estuvieran alrededor no escucharan la conversación si es que era privada.
- "¿Hola?" – oí de pronto
En la pantalla estaba mi padre, habiendo recién contestado el teléfono de casa.
- "Hola, papá" – le dije a la pantalla, la verdad no me importaba si quienes estaban conmigo en el Centro Pokemon me oyeran, así que no tomé el auricular
- "¡Pero miren quien se acordó de sus padres!" - respondió irónicamente – "Apenas comienza tu viaje ya te olvidas de tu familia"
- "Lo siento" – exclamé de inmediato – "han pasado tantas cosas estos días que… bueno, lo pasé por alto"
- "¿De quién es esa voz que estoy oyendo?" – oí como dijo una voz que se acercaba a cada momento desde el otro lado
En ese momento me sobresalté un poco, porque de pronto, en vez el rostro de mi padre, en la pantalla se vio un enorme ojo amarillo, pero me calmé al darme cuenta que en realidad se trataba de Shinx, quién se acercó demasiado a la pantalla, luego vi un acercamiento de su nariz, supuse que estaba olfateando la pantalla desde allá un par de veces, pero de pronto vi que fue alejado. Lo siguiente que vi fue a mi madre que acababa de tomar a Shinx en sus brazos.
- "¡Pero si es mi hijo!" – me dijo ella con una sonrisa – "¡Creí que ya no nos recordabas!"
- "Lo siento" – exclamé repentinamente – "fue tanta la emoción de estos días que olvidé llamarlos"
- "¿Y has estado bien en estos días?" – me preguntó mi padre – "Pasó casi un mes y no sabíamos nada de ti. Ya nos estabas preocupando mucho ¿Dónde estás ahora?"
- "La verdad que ahora me encuentro bastante cerca de ustedes" – respondí – "estoy en Oreburgh City"
- "¿Y te enfrentarás contra el líder de gimnasio de esa ciudad?" – me preguntó – "¡Vaya que sí entrenaste rápido!"
- "Aún no, sólo estoy de paso en esta ciudad" – dije – "mañana iré a Monte Coronet"
- "¡¿Monte Coronet?!" – mi madre repentinamente interrumpió, hizo a un lado a mi padre y me miró con algo de preocupación, sostenía a Shinx con sus brazos, pero la mitad de su cuerpo colgaba bajo ellos, lucía algo incómodo ahí - #¿Qué irás a hacer a Monte Coronet?"
Me di cuenta que se iba a aproximar una discusión, así que intenté cambiar el tema sutilmente, siempre me resultaba en casa cuando lo intentaba, y esperaba que por teléfono siguiera funcionando.
- "Una oficial Jenny que conocí en Jubilife City me dijo que era un buen lugar para entrenar, así que tomé ese consejo y decidí ir para allá. Iré con mis cuatro pokemons… Tengo cuatro pokemons ahora ¿Saben ahora que tengo cuatro pokemons?"
- "¡Cuatro pokemons!" – exclamó sorprendido papá – "¡Vaya! Eso es sorprendente ¿Están contigo ahora?"
- "Ahora están en la sala de observación del Centro Pokemon de la ciudad" – respondí, sintiéndome satisfecho al darme cuenta que logré cambiar el tema – "Pero aquí tengo fotografías de ellos ¿Las quieren ver?"
- "¡Sí!" – exclamaron ambos al mismo tiempo
Saqué la cámara de mi mochila, extraje la tarjeta de memoria y la coloqué en una de las ranuras del videoteléfono, en la pantalla se veían las fotos que había tomado. Miré sorprendido al ver que había 54 fotos, y de esas todas ésas yo solamente había tomado menos de 10, Marie tomó todas las demás. Sin embargo no las iba a enviar todas, sino que solo envié la foto que tomé el día anterior, la foto de Marie, Lyo y Miiko que tomé en el campamento. Me di cuenta que no había tomado ninguna foto de Hippopotas aún.
- "¡Así que elegiste al Chimchar!" – exclamó él luego de que les llegara la imagen
- "¡Está muy lindo!" – exclamó mamá
- "Y es bastante simpático y leal" – respondí mientras volvía a guardar la tarjeta de memoria dentro de la cámara – "Se llama Miiko, y se lleva muy bien con Marie y con Lyo"
- "Es un nombre bastante extraño" – opinó mamá – "pero creo que se oye bien en él"
- "Gracias" – les respondí – "aún no le tomo una foto a mi cuarto pokemon y ahora no se los puedo mostrar porque está en la sala de observación, pero es un Hippopotas"
- "¿Hippopotas? ¿Cuál es ese?"
- "Esa tarea se las dejaré a ustedes, investiguen quien es, pero ahora yo me iré a descansar un rato ¿Está bien?"
- "Bueno hijo, que bueno que te hayas acordado de nosotros" – dijo papá – "espero que estés bien y te vuelvas a acordar de nosotros muy pronto"
- "Así será" – dije – "buenas noches papá, buenas noches mamá. Los quiero mucho"
- "Adiós, hijo" – exclamaron ambos, y mamá le susurró a Shinx, aún en sus brazos – "dile adiós tú también"
- "¡Shiiinx!"– exclamó el pequeño pokemon en sus brazos dirigiéndome una sonrisa y mientras mamá le movía una de sus patas
- "Adiós Shinx, cuida a mamá y a papá"
- "¡Shinx Shiiinx!" – él asintió
La pantalla cambió de color y luego se apagó, dando así fin a la llamada. Me sentía algo extraño, no había sentido melancolía por mi casa durante todo el viaje, pero haber vuelto a ver a mis padres me hizo tener esa extraña sensación, intenté evitar sentirme triste porque sabía que si mantenía esa sensación quizás luego querría renunciar a mi viaje pokemon.
Me puse de pie y miré alrededor mío, había más entrenadores que antes, los dos entrenadores que estaban jugando cartas cuando llegué aún estaban ahí, algunas mesas más estaban siendo ya ocupadas por otros entrenadores que conversaban en voz baja, había dos entrenadores esperando atención en el mesón de la recepción, la enfermera hablaba con el primero, el sillón estaba siendo ocupado por un entrenador distinto, éste jugaba con su poke-watch, y el reloj indicaba que aún faltaba un rato para la hora de la cena. Volteé a ver el videoteléfono, junto a este había dos más, pero no había nadie en ellos. Había llamado a mis padres, pero me sentía un pésimo amigo al no recordar tampoco que quería llamar a Gardenia. A ella la iba a llamar apenas recibiera a mi Pokemon Inicial, pero por lo de las cazadoras lo había olvidado completamente. Gardenia era la mejor amiga que tuve y de todos mis amigos fue la que más triste se vio el día que me fui de Eterna City. Me senté entonces frente al videoteléfono, lo encendí y marqué el teléfono de la casa de Gardenia, solo esperaba que estuviera y que no hubiera llegado un retador a esa hora. Esta vez la pantalla y el tono de espera se mantuvieron ahí durante mucho más rato, así que supuse que ella si estaba batallando en el gimnasio, o bien estaba en su jardín y no oía la el teléfono sonando, así que me dispuse a cancelar la llamada, pero justo en el momento que presioné el botón alcanzó, en una cortísima fracción de segundo, a verse un rostro en la pantalla. Bufé con un poco de frustración, era algo latoso que eso pasara, así que volví a marcar el número de Gardenia, esta vez la pantalla de espera desapareció casi apenas comenzó a oírse el tono. Ella estaba usando una bata blanca, su cabello naranja estaba suelto y en una de sus manos tenía una taza con leche caliente.
- "¡Hola Gardenia!" – exclamé bastante emocionado al verla de nuevo, al menos por pantalla
- "Disculpa" – dijo ella con una cara bastante seria – "¿Quién eres tú?"
La miré con algo de extrañeza.
- "Gardenia" – le dije – "soy yo ¿Acaso ya me olvidaste?"
- "Lo siento" – respondió ella – "creo que me estás confundiendo con alguien más. No te he visto en toda mi vida"
Quedé un rato en silencio, la miraba algo confundido, aunque de pronto ella cambió su rostro y comenzó a reírse.
- "Jajajaja, eres un pequeño ingenuo ¿Cómo crees que me he olvidado de ti?" – dijo mientras se reía
- "Rayos, me llegaste a asustar" – le dije – "lamento no haberte llamado antes. Es solo que… "
No estaba seguro si le decía lo de las cazadoras, podría llegar a preocuparse y pensar que estaría mal de algún modo.
- "… es solo que han pasado muchas cosas en estos últimos días y olvidé por completo llamar, mis padres también me querían regañar por no haberlos llamado en todos estos días"
- "Si, sé cómo te sientes" – me respondió ella – "yo estaba igual de emocionada cuando comencé mi viaje hacía varios años atrás, y también olvidaba llamar a casa, y por lo que veo te has divertido mucho, por lo general uno llama a su familia o amigos a diario cuando no lo está pasando bien, así que supongo que has tenido una magnífica experiencia"
- "He estado muy acompañado por mis pokemons" – le respondí – "pero la verdad te he extrañado mucho… ¿Tú me has extrañado?"
- "¡Claro que no! en estos días he estado haciendo muchísimas cosas yo sola, desde estar un día entero sin decir una palabra hasta hacer un concurso de miradas con mi espejo… ¡Claro que te he extrañado!" – exclamó con algo de tristeza
Tomó un sorbo más de leche antes de seguir hablando.
- "La verdad que te he extrañado mucho y me sentí muy triste los primeros días después de que te fuiste, anímicamente me sentía mal, pero luego pensé que esto era algo esperable, y que tú irías a tu viaje tarde o temprano. No sabes lo contenta que me pones al acordarte nuevamente de mí"
Me lanzó una sonrisa hacia la pantalla, una sonrisa que me llegó a sentir algo emocionado, esto debido a la cara que tenía ella, más las palabras que estaba diciendo y más la tristeza que reflejaba en sus palabras.
- "Pero no hablemos más de eso. Yo ahora pensaba ir a comer algo y luego ir a dormir, pero creo que será más divertido que hablemos" – volvió a hacer una sonrisa como las que hacía siempre, una sonrisa más alegre
Gardenia realmente estaba alegre de que yo le volviera a hablar, así que ahí ella comenzó a hacerme una gran cantidad de preguntas con respecto a lo que pasó en el último tiempo, que es lo que había hecho, que pokemon había elegido, si usé el consejo que me dio cuando elegí a Chimchar, dónde es que me encontraba en ese momento, y cuál era el plan que tenía. Lo único que no le dije fue sobre lo de las cazadoras y lo que pasó con respecto a ellas. No sé cuánto tiempo habría pasado, pero se me interrumpió la llamada cuando de pronto sentí una mano en mi hombro derecho. Interrumpí lo que le decía a Gardenia para voltearme, y vi que era la enfermera Joy.
- "Disculpa que te interrumpa" – me dijo – "pero ya es hora de cenar ¿Aún quieres comer, verdad?"
- "Sí" – le respondí – "iré a sentarme en un minuto"
- "De acuerdo" – respondió ella antes de volver a encaminarse a una de las puertas junto a la recepción
- "Luego podemos seguir hablando" – le dije a Gardenia – "¿Me esperarás un rato?"
Para ese momento ya le conté lo que ocurrió con Hippopotas en la mañana, el que me golpeó y mordió la pierna, y le dije que me dolía, así que su respuesta fue distinta a la que esperaba.
- "Creo que mejor deberías ir a descansar" – me dijo – "si la pierna te duele deberías aplicarte esa crema que compraste y deberías dejarla descansar si es que mañana quieres subir al Monte Coronet. Podremos volver a hablar a tu regreso. Cuídate mucho… Y envíale saludos a Roark"
- "¿A quién? "
- "Al líder de gimnasio de la ciudad en la que estás"
- "¡Jajaja! De acuerdo, si lo veo lo haré. Cuídate mucho, Gardenia, te llamaré apenas vuelta. Te quiero mucho"
- "Yo también te quiero mucho" – me respondió, e iba a terminar la llamada, pero antes – "¡Ah! y a la vuelta quiero que me expliques una cosa más"
- "¿Qué cosa?" – le pregunté cuando ya estaba a punto de ponerme de pie de la silla
- "Que me cuentes de las cazadoras… ¡Jajaja!" – y colgó la llamada
Ante eso yo me quedé de piedra ¿Cómo supo Gardenia sobre ellas si es que no les había dicho nunca? Aunque no pensé en eso en el momento, lo recordaría luego, ya que olvide de inmediato ese pensamiento al ver como todos los demás ya estaban sentados comiendo su cena. Yo me fui a sentar a una mesa vacía, y en poco rato llegó Chansey, quien me colocó un plato con arroz, otro con ensalada y un vaso de jugo de manzana sobre la mesa. No alcancé ni a darle las gracias porque apenas me dejó los platos se fue rápidamente empujando el carrito hacia el interior.
Al terminar de cenar subí por fin a mi habitación, estaba en el segundo piso y era la cuarta del pasillo. Tenía una cama, un escritorio y un armario, al lado había un baño, la ventana que estaba ahí tenía vista a la ladera de la montaña que estaba atrás, pero como ya estaba de noche no se alcanzaba a ver. Me debía levantar temprano a la mañana siguiente, así que me fui a dar un baño y antes de dormir me apliqué la crema para los dolores musculares. Mi pierna derecha tenía un moretón bastante grande, del tamaño de mi puño, recuerdo de la embestida de Hippopotas, sobre mi tobillo tenía una marca roja, recuerdo de su mordida. Me apliqué la crema sobre ambos lugares, sabía que no era alivio instantáneo pero esperaba que al amanecer ya estuviera mejor. Concilié el sueño mientras recordaba todo lo que pasé ese día.
(... continuará)
