En cuanto el sol empezó a salir, Kagome se levantó sin hacer ruido, fue al baño de la habitación, se soltó el pelo y lo lavó a conciencia, decidió dejarlo casi suelto, sólo se hizo unas trenzas a los lados, que se unía en la coronilla en una sola.
Se puso unos vaqueros largos ajustados, una camiseta blanca y unos tabis. Cuando salió, los niños aún dormían pero no así Isamu que se estiraba como el felino que era. Se acercó a él y le acarició, antes de abrir la puerta para dejarle ir. Pudo ver a sus pequeños acurrucarse entre ellos, buscando conservar el calor. Se sentó en seiza junto a sus cabezas simplemente mirándoles, les había extrañado tanto.
Un tiempo después sonó un golpe en la puerta y un par de yokais entraron, parecían parte del servicio, pero las vigiló.
– Señor Shippo, señorita Rin despierten es hora de prepararse.
Los dos se revolvieron un poco, Rin tomó la manta y se cubrió con ella la cabeza para escapar de la luz y la voz que la querían sacar de su dulce y calentito sueño, Shippo en cambio abrió los ojos, se sentó y sacudió la cabeza. Ambos dormían juntos, a pesar de las quejas de Jaken y algunos sirvientes sobre lo inadecuado que era, pero Rin era su hermanita y la cuidaría siempre, no se fiaba de algunos de los yokai que les veían como un riesgo para sus ansias de poder.
Al ser protegidos del Lord Sesshomaru, éste podía adoptarlos, nombrándoles sus herederos para librarse de las molestas hembras que querían acceder al poder, por eso se negaba a separarse de ella siempre que le fuera posible, ya habían atentado contra su vida antes por lo que dejó la habitación que antes ocupaba para protegerla por las noches, y se tomó más en serio sus entrenamientos.
– Buenos días – dijo Kagome abrazando a Shippo, besándole en la cabeza y revolviendo su mata desordenada de pelo.
Rin se levantó con su voz y saltó sobre ella, recibiendo también sus mimos mañaneros.
Las hembras los miraron, pero no dijeron nada, prepararon las ropas de ambos y sacaron un Kimono formal y floreado que ella rechazó, una de ellas acompañó a Rin al baño para asearla y la otra quiso peinar a Shippo.
– ¿Podría hacerlo yo?
– Claro que sí okaasan.
Kagome peinó a su hijo con cariño y suavidad mientras hablaban y reían, lo ató en una coleta alta a petición suya. Rin salió al poco con su Kimono a medio poner y su pelo mojado mientras la muchacha intentaba atarle el obi. La imagen era muy graciosa, le cepilló también el pelo, pero ella lo prefería suelto así que sólo le puso una cinta a modo de diadema.
Los cinco salieron juntos reuniéndose con Isamu y siguieron a las mujeres al comedor. Fueron presentados y entraron. Los yokai de la corte y los generales presentes la miraron descaradamente murmurando sobre sus ropas y su forma descarada de hablar, ya que mantenía conversaciones informales con todos, especialmente sus amigos a quienes sentaron cerca de ella.
Las risas entre los humanos, el Lord Inuyasha, y los protegidos de la casa, molestaron a los yokai estirados que los consideraban escandalosos y molestos, pero no podían hacer nada mientras los Lores los aceptaran en la manada, al menos no directamente, más de uno había muerto por atentar contra ellos.
– ¿Y qué ha pasado con Naraku, ya acabaron con él? – preguntó en un momento dado.
El silencio se hizo en la sala acabando con el buen humor.
– El maldito se oculta como la asquerosa rata que es, no hemos podido encontrarle – gruñó Inuyasha.
– Entiendo, esperaba que para cuando volviera estuviera muerto, pero supongo que era demasiado pedir. Aparecerá en cuanto vuelva la perla.
– ¿Vas a romper el sello? No sería mejor buscarlo antes – dijo Kikyo.
– Esa carta ya está usada, tengo que recuperar la perla así que en unos días me encargaré de ello. Pero ahora vamos a lo verdaderamente importante ¿Qué tienen pensado hacer mis pequeños hoy?
– Ahora irán a clases de protocolo, luego Rin tiene lecciones y Shippo entrenamiento – dijo Irasue.
– ¿Protocolo, en serio? que lata, ¿son muy aburridas? A mí nunca me gustaron, demasiadas normas absurdas.
– Esa no es forma de dirigirse a una Lady, humana, cuida tus palabras si no quieres perder la cabeza – dijo alguien.
– Me gustaría formar parte del entrenamiento, no quiero perder la forma y seguro será divertido – lo ignoró.
Todas las cabezas de los yokai de la sala, excepto la de Irasue, se giraron a ella con caras asombradas. Las hembras rara vez participaban en los entrenamientos con los machos, sólo las de alta cuna y cerca de la época de celo para atraer a los machos más poderosos.
– Kei ¿qué dices? ¿una ronda por los viejos tiempos?
– Con todo el respeto General, no soy lo que era, la edad aunque me ha aportado sabiduría ha afectado a mis viejos y achacosos huesos. Tal vez pueda considerar que mi hijo Daiki me supla en esta ocasión, es un guerrero de honor y tal vez pueda considerarlo digno de entretenerla. No creo que se oponga ¿verdad hijo? – Sus ojos brillaban, había dejado en claro de forma educada y discreta que no creía que su hijo pudiera con ella, el cebo estaba puesto.
– Por supuesto que participaré otosan, no se preocupe por sus achacosos huesos – dijo con algo de rabia un muchacho, parecía joven, tal vez siete u ocho siglos.
La estupidez de la juventud, el conejo no ha caído, se ha tirado directo y de cabeza a la trampa y si participa lo harán los demás generales principales, una buena paliza en la arena donde el servicio y los estirados del consejo vean, y me aseguraré de que todos sepan que soy más que capaz de cuidar a mis cachorros, y alejará algunos buitres.
– Que preparen el campo exterior y un sistema de batallas por parejas aleatorias, será divertido. Tal vez haya otros jóvenes dispuestos a mostrar el poder que posee actualmente el Oeste – dijo Irasue, consciente de las intenciones de la miko.
Como era de esperarse un par de intercambios después los generales, incluso algunos más iban a participar. Se despidió de los cachorros que fueron a sus lecciones, la mayoría continuaron con sus rutinas, excepto los que planeaban entrenar, curiosos por ver las capacidades de Kagome, pues muchos creían que era imposible que fuera tan poderosa siendo una humana.
El servicio preparó la arena a conciencia, limpiaron y afilaron las armas y las expusieron para que pudieran ser usadas, los nombres de todos los participantes fueron grabados en piezas rectangulares de madera, frente a los participantes se introducirían en una caja para mezclarlas, era bastante similar al bingo, pero era cuadrada, y al abrirse una tela negra impedía ver el interior.
– Kei será el encargado de extraer los nombres, cuando acaben regresarán al sorteo, eso sí creo que habría que poner unas normas – dijo Kagome.
– Si me permite recomendaría que fueran: – enumeró Keitaro.
*** No hay límite de tiempo. ***
*** El que quede inconsciente o imposibilitado de continuar pierde. ***
*** Se acepta que uno de los contendientes se someta. ***
*** No se puede interferir en una pelea. ***
*** No matar, ni desmembrar más allá de la posible recuperación natural. ***
– Parece razonable, ya que no queremos perder buenos combatientes – dijo Irasue.
– Ni competiciones, esto evitará ciertas situaciones, no quiero un concurso de meadas, dejan todo apestando – añadió Kagome.
– Espero verte en acción, hace mucho que no hay una buena pelea, la última "guerra" fue decepcionante, un par de batallas menores y listo, aburrido.
– ¿Alguna vez te he decepcionado Irasue? Sabes que soy la mejor metiéndome en líos.
Así las batallas se iniciaron. Keitaro estaba extrayendo los dos primeros nombres.
– Lady Shi… Kagome… – se sonrojó y presentó la tablilla, y empezó a sacar otra – Y Lord Inuyasha.
– Prepárate Kagome – dijo el hanyou saliendo con confianza.
Kagome sólo sonrió, y tomó una espada simple de la pared. El lugar contaba con todo tipo de armas para los combatientes. Muchos se sorprendieron que enfrentara una espada demoníaca con una sin poder.
– No te preocupes cachorro, no te dejaré muy mal herido, y no usaré el collar.
Inuyasha se enfadó al oír eso, tal vez fuera más fuerte, pero seguía siendo una humana, no creía que pudiera con él, especialmente al considerarla menos poderosa que Kikyo. El pobre se llevaría una sorpresa.
Ambos fueron a la arena Inuyasha empezó embistiendo, siendo repelido y lanzado unos metros atrás. Volvió a atacar, pero no lograba avanzar, Kagome le repelía sin esfuerzo avanzando con calma. Inuyasha estaba frustrado y algo molesto, así que lanzó un Kaze no Kizu. Sus amigos miraron sorprendidos de que usara esa técnica. Esperaron que Kagome elevara una Kekkai o que se alejara, pero para su sorpresa simplemente dio un paso a la izquierda y se puso de perfil.
El viento pasó sin detenerse levantando una gran polvareda y chocando contra uno de los muros. Muchos estaban impactados por la falta de respuesta de Kagome, algunos incluso pensaron que estaría herida de gravedad. Pero cuando el humo empezó a disiparse se la pudo ver de pie en el campo sin algún rasguño con una suave sonrisa, a cada lado en el suelo estaban marcadas las garras del viento.
– Deberías calmarte, ¿enserio pensabas que caería? me conozco ese truco muy bien, deberías probar algo mejor o esto será muy corto, en cinco años deberías haber aprendido un par de las técnicas de la espada.
Inuyasha enfadado volvió a atacar, esta vez Kagome devolvió el ataque y no tardó en desarmarle y lanzarle volando varios metros atrás. Envainó la espada y tomó a Tetsusaiga. Inuyasha con los ojos enrojecidos y marcas en su rostro saltó sobre ella con sus garras. Kagome para sorpresa de todos con una Tetsusaiga con forma de espada vieja y oxidada, desvió sus ataques, esquivó y golpeó a Inuyasha con el dorso y el mango de la espada. La batalla se veía para sorpresa de muchos muy desigual, a pesar de haber logrado durante esos años ser uno de los luchadores más fuertes del Oeste, parecía un cachorro.
Se vio entonces por qué Kagome había llegado a ser tan famosa, sus amigos y los espectadores más jóvenes no comprendían como era posible un cambio tan drástico.
– No es posible, Inuyasha es muy fuerte, pero contra la señorita Kagome parece un inútil, incluso perdió el control – dijo Miroku.
– Ella no está usando su poder, no puedo sentir el más mínimo rastro de reiki, y aun así… – dijo Kikyo.
– Es increíble ¿qué diablos ha estado haciendo estos cinco años? – añadió Sango
Muchos eran los que hacían comentarios similares, Irasue, Isamu y Keitaro más que sorprendidos parecían aburridos como si no pasara nada nuevo o interesante. La mujer incluso rascaba ausentemente el vientre del felino mientras tomaba un té y hablaba con su sirvienta de temas banales, sin molestarse en mirar la lucha.
Por minutos se siguió con el mismo estilo, Inuyasha atacaba y ella devolvía sin aparente esfuerzo.
Kagome entonces soltó la espada y se lanzó sobre Inuyasha, le tiró boca abajo, y le tiró del pelo exponiendo su garganta y le clavó las uñas en el cuello. Él se resistió con fuerza al principio e intentó tirarla y golpearla hasta que poco a poco se fue parando hasta quedarse quieto con las orejas gachas, finalmente desaparecieron sus rasgos yokai y quedó completamente quieto.
Con Inuyasha sometido en el suelo ella era la ganadora, pero en lugar de ayudarle se levantó y dejó que lo hiciera solo para devolverle la espada. Ninguno dijo nada él por la sorpresa y el shock absoluto, no sabía lo que había pasado, recordaba todo incluso cuando se transformó, pero no podía asimilarlo, volvió para sentarse como un zombi. Ella simplemente no tenía nada que decir, al comparar su actual fuerza con la de Inuyasha y verse a sí misma, pudo compararse con la muchacha que tiempo atrás se fue buscando ser más fuerte. Ahora podía afirmar que lo era, nunca más sería un estorbo, ahora defendería y protegería a los suyos.
Las batallas se fueron sucediendo, eran muchos los que habían participado para ver la fuerza de la humana y en cuanto la vieron contra el segundo heredero del oeste se arrepintieron, no podían retirarse por orgullo, sólo les quedaba esperar no enfrentarse a ella o a sus señores. Sesshomaru parecía especialmente deseoso de pelear, él mismo dejó a muchos en estado crítico, teniendo que llevarlos con los sanadores, Irasue simplemente se deshacía rápidamente de sus oponentes, y Kagome prefería jugar con ellos, les esquivaba y daba golpes que parecían ligeros, tontos e inofensivos, pero realmente causaban gran daño.
Miroku luchó contra Sesshomaru, pero no era un rival para él, por lo que fue una pelea corta. Entonces salieron Sango y Kagome.
– Parece que nos toca – dijo Sango, algo preocupada, la había visto en acción y no estaba segura de sus posibilidades.
Llevó su hiraikotsu, y Kirara al ser un yokai casi completamente animal, entendió instintivamente que Kagome era poderosa, así que intentó acompañarla, mirándola con ojitos tiernos cambió y se puso a su lado.
– Creo que no le gusta vernos pelear – dijo Kagome.
– Es instintivo, reconoce tu fuerza y no quiere que salga herida, después de cómo has dejado a los otros tal vez quiera pelear con la taijiya – dijo una risu yokai del servicio.
– No veo inconveniente, Isamu tal vez quiera estirarse un poco también – dijo Irasue – ambas tienen un compañero felino después de todo, sería interesante ver de lo que son capaces.
– ¿Qué dices chico? ¿Te apuntas? – animó Kagome.
Isamu se levantó feliz, se puso a su lado y levantó la cola mientras se frotaba contra sus piernas. Ambas fueron a la arena, Kagome no tomó armas.
Sango cargó con su hiraikotsu, pero Kagome la esquivaba, cuando intentaba golpearla buscaba puntos desprotegidos para golpear. Kirara saltó sobre ella, pero Isamu la interceptó por un lateral y empezaron su propia pelea.
Kirara tenía la ventaja de un cuerpo y unos colmillos mayores, pero Isamu era más veloz y ágil, por lo que era difícil de herir.
Sango sacó su espada ya que la distancia era demasiado corta, pero no conseguía darle a su amiga, intentó alejarse para lanzar su arma, pero no esperaba que fuera interceptada en el aire. Con sus manos desnudas Kagome la atrapó en pleno vuelo. Entonces atacó.
Sango esquivaba e intentaba recuperarla pero recibió un golpe en el vientre que la mandó a volar, cuando se levantó vio a su amiga no solo con su hiraikotsu, sino con su espada. Las lanzó a donde estaban los espectadores, más allá de la zona de lucha, por lo que iniciaron un enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
– Es extraño, parecen tener la misma velocidad pero antes era más rápida contra Inuyasha y los yokai, ¿la señorita Kagome estará cansada?
– En absoluto houshi, si la mira fijamente, su ritmo es estable, no suda, ni fuerza la respiración, mientras que la taijiya, no solo muestra agotamiento, sino que es la única que ha recibido daños – dijo Daiki.
– Está conteniéndose, conserva sus energías para mayores oponentes, podría derrotarla de un golpe, pero entonces su cuerpo estaría frío y relajado, al prolongar batallas menores con escasas fuerzas sus músculos humanos empiezan a ejercitarse, pero no llega a cansarse así estará preparada para contrincantes mejores – dijo Irasue.
– Parece conocerla muy bien.
– Así es – dijo con una enigmática sonrisa, y su hijo la miró seriamente sospechando que había cosas que le ocultaba.
Finalmente Sango cayó agotada, pocos segundos antes de que Kirara agotada perdiera su transformación. El monje se acercó y entre él y Kagome la llevaron para que fuera atendida por los sanadores. Isamu a su vez cogió con su boca a Kirara del cuello como a un cachorro, para llevarla con Sango.
– Ambas estarán bien – dijo el sanador – sus lesiones son menores. Con algo de reposo y comida se recuperarán, pero no deberían seguir luchando, según mi conocimiento sobre los humanos, tal vez la señorita Kikyo como sacerdotisa pueda comprobarlo.
Kei retiró la ficha de Sango y la puso con la de los demás heridos, y siguió con el sorteo.
– Yo me encargo – Kagome puso una mano en el rostro de su amiga y le transmitió su reiki, enseguida esta abrió los ojos – Tómalo con calma – Dijo y la ayudó a sentarse.
– Caray, Kagome, recuérdame que nunca te enfade. Me alegro que estés de nuestro lado porque como enemiga debes ser terrorífica – dijo Sango.
– Has superado cualquiera de nuestras expectativas, nos imaginamos que volverías cambiada, pero no que fuera tanto – dijo Kikyo.
– He perdido muchas cosas estos años, tiempo con ustedes, con mis niños, pero me alegro de haberme ido, he conocido mundos y personas que nunca hubiera podido, y he hecho cosas que nadie creería, pero sobre todo ahora soy lo suficientemente fuerte para proteger a los que quiero. Sé que he cambiado en muchos sentidos, pero en mi corazón soy la misma.
Todos se quedaron en silencio mirando a su amiga, en sus ojos pudieron ver que había visto y vivido mucho, pero que en el fondo seguía siendo la misma chica de extrañas ropas y actitud alegre y confiada, la que los ayudó y les enseñó a ver más allá de sus prejuicios, a abrir su corazón. La amiga y la hermana que les unió.
El emotivo momento entre esos cinco amigos, fue cortado por un ronroneo. Isamu estaba limpiando las heridas de Kirara y le lamía y frotaba con su cara, parecía que se habían hecho buenos amigos.
Se mantuvieron charlando más animados entre las peleas, Kirara fue curada también, pero el reiki no quita el cansancio, así que se mantuvieron sentadas.
