25. Cómo disculparse
–Nos vemos, Harry –Teddy corrió hacia Harry para darle un abrazo rápido y con un sólo brazo–. Cuarto año ya, ¿eh?
–Crecen tan rápido –dijo Harry con voz dulce y enfermiza; Teddy se echó a reír.
–Oye, Harry, ¿me harías un favor?
–¿Sí? –inquirió desconfiadamente.
–Sal con Draco, ¿vale? Porque en verdad quiero esos cinco galeones. Y Scorpius tendrá que hacer mi tarea por una semana.
Harry lo observó con la boca abierta, mientras Teddy salía corriendo para saltar al tren.
–¿Estás bien? –preguntó Draco.
–Mi ahijado hizo una apuesta sobre mi vida amorosa. Lo voy a matar.
Draco sonrió y caminó hacia su auto. Harry y Teddy habían compartido el viaje con Draco y Scorpius, para alegría de este último.
–Lo voy a extrañar mucho –suspiró Harry al tiempo que entraba al Audi.
–Lo verás dentro de unos meses, en Navidad –dijo Draco.
El regreso a casa fue relativamente tranquilo, ambos hombres encerrados en mundos diferentes. Harry dudaba en decir algo, preguntar algo. Sin los chicos, ¿qué excusa tenía para ver a Draco? Absolutamente ninguna. No lo vería hasta Navidad.
–¿Harry? –llamó Draco en voz baja, sacándolo de sus pensamientos.
–¿Uhm?
–¿Quieres oírme practicar un poco? –preguntó–. Tengo una presentación mañana y me gustaría una audiencia de prueba.
Harry lo miró, pero él estaba observando decididamente el camino. Draco Malfoy estaba asustado, se dio cuenta Harry. No sabía dónde estaba parado él tampoco.
–Suena bien –respondió.
Eran las diez de la noche. Draco había decidido tocar todas las piezas para la presentación y Harry estaba más que encantado de escucharlas. Cuando terminó la última pieza, comenzó a aflojar el arco, listo para guardarlo, pero Harry tocó su brazo.
–Espera, quiero escuchar una más.
–Una petición –Draco sonrió, pero Harry se mantenía serio.
–Quiero escuchar Lonely Moon.
La sonrisa de Draco se desvaneció.
–¿Lonely Moon? –murmuró.
–Sí, quiero escuchar mi canción.
Draco no dijo nada mientras pasaba las hojas de música esparcidas por el suelo, antes de tomar una hecha jirones. Apretó el arco de nuevo, ya aliviado con la resina, y comenzó.
¡Qué diferente! pensó Harry. Qué diferente de las piezas para la presentación, todas tan cortas y llenas de vida con ligeras notas rápidas y con algunas otras largas y dramáticas, con fuertes crescendos y suaves arpegios. En ellas había mucha variedad, pero en la canción de Harry, eran todas notas largas y melancólicas. Mucho después Draco terminó la última nota, quedándose en el aire como un eco solitario.
–Es hermoso –dijo Harry y vaciló–. Pero… muy triste. ¿Soy una persona triste?
–No –respondió Draco en voz baja–. No, no lo eres.
–Entonces, ¿por qué eso suena tan triste? –preguntó Harry.
Ahora era el turno de Draco de dudar. –Porque así es como me haces sentir –dijo finalmente.
Harry se alejó. ¿Él hacía sentir triste a Draco? Excelente. Perfecto. Así era exactamente como quería hacerlo sentir.
–¿Alguna vez te he hecho sentir triste? –le preguntó Draco.
Y Harry repentinamente supo exactamente lo significaba. Se encontró con los ojos claros de Draco y se sorprendió de lo cerca que estaban.
–A veces –murmuró.
–Sí, a veces –repitió Draco en voz baja.
Sus labios se encontraron y Harry levantó su mano automáticamente, sosteniendo el rostro de Draco, sus dedos descasaban a lo largo de su mejilla, saboreaba la dulzura del beso…
El arco cayó ruidosamente al suelo y Draco se separó. Fue a recogerlo pero pareció cambiar de opinión, enderezando su espalda.
–Por favor, sólo dime –pidió–, ¿qué está pasando entre nosotros? ¿Qué es lo que quieres?
Harry abrió su boca.
–¿Qué dijiste qué?
–Lo sé, lo sé –se quejó Harry, escondiendo la cara entre sus manos. Hermione lo miraba con horror.
–¿Él te preguntó lo que querías, y tú le dijiste que realmente, realmente querías estar en cualquier lugar menos ahí? –le preguntó Hermione, al parecer todavía tenía problemas para aceptarlo–. Harry, ¿en qué demonios estabas pensando?
–Yo he dicho cosas bastante estúpidas –dijo Ron, comiéndose un pastelito–. Pero eso realmente se lleva el premio. Sabes, es malo cuando me superas en actuaciones estúpidas.
–Ron, no estás ayudando –le gruñó Hermione, antes de volverse hacia Harry con una expresión preocupada–. Harry, por favor explícame la lógica de todo esto. ¿En que estabas pensando?
Harry se encogió de hombros, impotente, aceptando un pastelito de Ron de manera taciturna.
–Bueno –dijo Hermione–, creo que la situación todavía es salvable. Te gusta, ¿verdad?
Harry se encogió de hombros otra vez y Hermione gruñó con impaciencia.
–O te gusta o no te gusta, toma una decisión.
–No sé, siempre me han gustado las mujeres, ¿no? Antes de que él llegara, así que lógicamente no puede gustarme porque no me gustan los hombres.
–Está claro que ha estado vertiendo alguna poción gay en tu té de frambuesa –dijo Ron.
–¿Qué? –Harry lo miró fijamente–. ¿En serio?
–Harry, no existe tal cosa –soltó Hermione, Ron se reía a carcajadas detrás de ella–. Y tú, ¿podrías ser un poco más sensible?
–Oh, vamos, si hubieras visto su cara –sin embargo, Ron se incorporó y expulsó las migas de pastelitos de sus ropas–. Bien, lo siento compañero. Pero ilumínate, sólo estás atravesando una etapa.
–¿Atravesando una etapa? –preguntó Harry incrédulamente–. ¿Tu mejor amigo está enamorado de Draco Malfoy y tú sólo estás sentado comiendo pastelitos y bromeando?
–Ah, así que estás enamorado –se abalanzó Hermione.
–¿Qué esperabas? ¿Una rabieta? –le preguntó Ron a Harry–. Si eso te hace sentir mejor, te puedo lanzar pastelitos, gritarte un par de cosas y luego largarme de aquí dramáticamente. Pero francamente no estoy tan molesto. Él parece haber crecido y aprendido un poco de amabilidad en el camino.
–¡Tú no vas a lanzar mi comida a ninguna parte! –gruñó Hermione–. He pasado siglos haciéndolos, y son para los invitados, Ron.
–¿Y? Soy un invitado.
–Me refiero a las personas invitadas a venir –siseó Hermione.
–Tengo un dilema por aquí –dijo Harry en voz alta, y los dos regresaron su atención a él.
–De acuerdo. Disculpa –dijo Ron.
–Bien –tentó Hermione–, ¿cómo reaccionó él? Cuando le dijiste que preferías estar en cualquier sitio menos ahí.
Harry suspiró, examinando con gravedad la cereza del pastelito. –No hizo nada.
–Bien, ¿qué dijo, entonces?
–Nada.
–¿Cómo estaba? –intentó Hermione.
–No sé. Neutral.
–Ah –dijo Ron juiciosamente–, ahora me puedo identificar contigo. Un gran problema ése, el interpretar las expresiones femeninas.
–Él no es una mujer –señaló Harry–. Y es solamente con sus expresiones con las que tengo problemas. No es un problema con alguien más. Por ejemplo, ahora mismo, Hermione parece angustiada.
–Increíble –se sorprendió Ron–. ¿Cómo hiciste eso?
–Oh, hay clases a las que puedes asistir –dijo Harry muy seriamente.
–¿En serio? –la cara de Ron se iluminó, esperanzado.
Harry regresó a su pastelito, Hermione soltaba risitas a su lado.
–Esa fue tu venganza por mi burla de la poción gay, ¿verdad? –preguntó Ron.
–Bueno, mira –Hermione tomó el control–, ¿qué hiciste después de decir eso? ¿Intentaste hablar con él, pedirle perdón o él se fue o…?
Harry la miró, inquieto.
–Oh, no –dijo Hermione en tono de advertencia–. ¿Qué hiciste?
Harry murmuró algo.
–¿Qué?
–¡Me Desaparecí, está bien!
–¡Harry, nunca te debes desaparecer en la casa de alguien! ¡Es el colmo de las groserías! –Hermione estaba indignada, Ron estaba sorprendido.
–Y las actuaciones estúpidas sólo van en aumento –murmuró.
–Cállate, Ron. Harry, ¿qué quieres decir con que te desapareciste? ¿Inmediatamente después, después de un tiempo o…?
–No sé, quiero decir, después de casi un minuto de silencio. No quería que todo se volviera más incómodo –Harry la miró como un niño atrapado buscando galletas en la cocina o pateando al perro.
–Entonces, vamos a ver si entiendo esto –dijo Hermione, lentamente–. Se besaron, ¿cierto?
–Sí.
–¿Y… él devolvió el beso?
–Bueno, no estaba corriendo, gritando o tratando de darme una paliza.
–Bien –continuó Hermione–, tomaré eso como un sí. Y luego él te preguntó lo que querías, y tú dijiste 'Realmente, realmente quiero estar en otro lugar menos aquí'. Y luego te desapareciste.
–Bueno –dijo Harry–, puedo ver como se ve esto.
–Sí, se ve como que eres un completo bastardo –dijo Ron, lamiendo los restos de cereza de sus dedos.
–¡Ron! –siseó Hermione.
–¿Qué? Sólo estoy diciendo lo que todos estamos pensando.
–Oh, Merlín –gimió Harry, enterrando la cabeza entre sus manos otra vez.
–Cálmate –dijo Hermione con dulzura–. Estoy segura que todo esto se puede arreglar, sólo necesitas hablar con él…
–No voy a hablar con él –se apresuró a decir.
–¿Por qué no? –preguntó Hermione, sorprendida.
–Uhm…
–¡Vaya! –exclamó Ron–. Odiaría estar enamorado de alguien que me asusta.
–Él no me asusta –suspiró Harry en exasperación–. Simplemente… él es… es imposible saber lo que está pensando, eso es todo, y… eh…
–Miedo al rechazo –declaró Hermione–. Nos pasa a todos. Pero alguien tiene que dar el primer paso o no terminaremos en ninguna parte.
–Ya di el primer paso –señaló Harry.
–Sí, y después huiste como una colegiala asustada –sonrió Ron.
–¡Ron! –gritó Hermione–. Se acabó. ¡Estoy harta de tu falta de sensibilidad y total falta de tacto! ¿Tienes que ser tan negativo todo el tiempo? Y llenaste de cereza todo mi sillón nuevo, y específicamente te pedí no comer en el salón…
Harry suspiró ruidosamente y ambos se volvieron a mirarlo.
–Oh, deja de lloriquear al respecto –espetó Hermione–. Te asustaste y cometiste un error, como todo el mundo. Esto es lo que vas a hacer: revisa debajo de tu cama, saca la polvorienta caja de zapatos, extrae tu valentía y ve a pedirle disculpas.
–Ella sabe cómo empacar un golpe –musitó Ron a Harry–. Y sabe de las cajas de zapatos debajo de tu cama.
Harry no lo pudo evitar, una sonrisa asomó a sus labios.
–¡Ahí tienes! –declaró Ron satisfecho–. Sabía que te iba a sacar una sonrisa. ¿Lo ves, Hermione? Lo hago sentir mejor, mientras que tú sólo le gritas. ¿Quién es el insensible ahora?
Hermione entornó los ojos.
Harry se fue precipitadamente.
Había una vez tres lobos, tres hermanos.
Harry se quedó mirando la carta, escrita en la fuerte y elegante caligrafía de Draco.
Vikt, Bene y Cygnus.
Ginny, Scorpius y Draco.
Vikt quería el calor, el sol.
Ginny quería el pasado, brillante y resplandeciente.
Bene quería cosas brillantes, las estrellas.
Scorpius quería el presente, nunca pensar en el futuro.
Cygnus quería compañía.
Draco quería un futuro con alguien.
A Vikt se le dio el sol.
A Ginny se le dio el pasado.
A Bene le dieron las estrellas.
A Scorpius le dieron cosas nuevas, cosas mejores. Una nueva escuela, nuevos amigos.
Cygnus quería estar con la princesa, pero tenía que pasar una semana con la luna solitaria.
A Draco le fue dado Harry, pero él sentía que era una trampa. Quizás, Harry no lo quería, o Harry sólo estaba siendo amable porque Harry era amable con todos. Al final, Draco estaría siempre solo, solos él y la luna. Harry desaparecería.
Dobló la carta y miró las estrellas.
Era hora de sacar la polvorienta caja de zapatos.
Bien, un beso ¡un beso! Aunque el gran tonto de Harry lo arruine al final :( Pero todo irá mejor, el final es feliz y ya falta poco para llegar a él.
Gracias a todos por los comentarios, los leo todos aunque no siempre los pueda contestar. ¡Gracias!
