—No puedo sentir a mi instinto —es lo primero que balbucea Eren luego de la segunda copa de alcohol que robaron en el minibar de la playa.
Se han alejado del grupo hace horas y Armin aprovechó la confusión de la multitud beta para tomarle de la mano y arrastrarle cerca de un árbol de hojas gigantescas que los oculta parcialmente en la arena.
—Estoy seguro que es por eso que nos prohíben tomar alcohol —dice Armin, con los ojos entrecerrados—. No quieren que perdamos el instinto ni un solo segundo, así pueden controlarnos.
Eren solo se ríe de nuevo ante la viva imaginación de su amigo y toca las hebras rubias de su cabello, preocupado porque el omega haga daño a su cuerpo si continua tomando de esa forma.
Levi dice que el alcohol es tóxico para la fertilidad de un omega y por eso nunca lo ha bebido.
Levi dice que es un deber cívico denunciar todo acto que dañe al organismo…
—Levi, Levi, Levi —masculla Armin arrastrando las palabras y su bonita nariz respingada se arruga en el proceso—. No tienes pensamientos propios, Eren.
Aquella no es una pregunta sino una afirmación que le toma por sorpresa y también hace que sienta molestia.
—Claro que los tengo —logra decir dejando caer la mano sobre la arena que hurga entre sus dedos, caliente y huidiza—. Yo soy libre.
Armin se ríe, pero mantiene la mirada baja, pensando con las piernas estiradas en la arena y las sandalias rojas, cuando uno de sus meñiques toca el dorso de su mano y se unen en silencio.
Las olas flotan lejanas y el ruido de la multitud cada vez es más ensordecedor cuando se acerca la noche, pero su vista está borrosa y su corazón tranquilo, así que deja que los dedos del omega se entrelacen con los suyos y se quedan muy quietos ante la acumulación de los nuevos sentimientos que reciben gustosos.
Nunca antes ha tomado la mano de otra persona que no sea su madre, su padre o su omega.
Armin tiene todo lo que Levi no tiene y Eren solo quiere tomar un poco de ello, tal y como sabe que Armin hace. Él no es el señor perfección Ackerman que nunca comete errores y obedece las reglas sin reprochar ninguna.
Los quiere a ambos, pero no quiere a ninguno.
Tiene a Levi, pero necesita de Armin.
Necesita sentirse vivo y saber que está rompiendo las reglas, saber que aún puede romper las reglas. Saber que aunque rompa las reglas siempre podrá volver a casa.
Y rebelarse hace que se sienta muy bien.
—El abuelo quiere que busque a un compañero —suelta Armin y las palabras son como un puñetazo en el estómago.
—Eso es bueno —dice en cambio.
El rubio suspira abrazando sus rodillas y soltando su mano.
—No es lo que yo quiero —medita.
Le gustaría animar al omega, entonces trata de enseñarle el lado positivo de todo esto.
—Es lo que necesitas, Armin —explica, recibiendo una mirada de desaliento.
—Sin embargo no quiero hacerlo.
—Pero es lo correcto.
Armin arquea una ceja, enojado.
—¿Estar enlazado a alguien por el resto de tu vida solo porque sus genes son lo suficientemente compatibles para engendrar una mejor descendencia? —escupe con valentía—. Admítelo, Eren a ti también te parece ridículo.
Sus ojos se ensanchan ante las palabras del omega.
Piensa en Levi y como se conocieron y porque deben estar juntos. Piensa en su hijo y como algún día el gobierno buscará un compañero compatible para él aunque ni siquiera se conozcan, pero también piensa que eso le hará feliz.
—Que nos parezca ridículo no significa que sea ridículo.
Armin frunce el ceño.
—Tiene que haber algo —le dice entonces— algo que desprecies de esta vida que estamos obligados a llevar.
De alguna forma no puede evitar pasar la lengua por sus dientes, pensando en cómo decir las siguientes palabras de la manera más correcta posible. No le gusta que el omega rubio este triste. Que su amigo este triste.
—A veces pienso —dice para demostrarle que él también tiene un poco de esa rebeldía— que somos como el ganado.
Un nuevo silencio se interpone y contiene la respiración cinco segundos, buscando cualquier rastro de enojo o decepción en la cara de Armin, pero no hay nada más que una sutil sonrisa de aprobación que hace que la sangre en sus venas se sienta caliente.
Le gustaría recorrer este mundo con Levi, porque quiere, no porque se lo digan, pero sabe que no puede porque el solo intentarlo arrancaría a su omega de su zona de confort y eso lo lastimaría.
No puede herir a Levi sin herirse a sí mismo.
No quiere herir a Levi.
Por ende no puede recorrer el mundo que ama con Levi.
Ojalá y Armin hubiera sido compatible con él, así harían lo que quisieran ya que ambos son iguales y piensan igual. ¿Piensan de la misma manera?
—No somos máquinas de cría —musita Armin tomándole de las manos nuevamente y contando sus dedos.
No está hablando de él o su ansia de libertad, sino de los omegas.
Eso hace que arrugue la cara con desdén. Ese es el único punto débil de Armin, la única cualidad que detesta de él. Ah, pero Levi es perfecto ¿verdad? No importa cuán ajeno se sienta entre sus brazos, ese omega no es un esclavo de los rencores.
Ojalá pudiera juntarlos a ambos y convertirlos en una sola persona.
—¿Por qué odias tanto tu género? —se anima a preguntar enderezando la espalda.
—Mataron a mis padres, Eren —le recordó el omega—. Sintieron que tenían el derecho a acabar con sus vidas, solo porque un beta se enamoró de un omega. Ni siquiera tuvieron la oportunidad de ser exiliados. Sentenciar a muerte a una persona que no ha hecho nada malo…Eso está mal, Eren, y nosotros debemos cambiar nuestro mundo…necesito demostrarles que están equivocados. Es lo que también quieres ¿verdad?
Le hubiera gustado decirle que era verdad, pero no estaba seguro, no cuando los suplicantes ojos del omega sabían que todo era tan idealista y fugaz como el humo, como la arena que se escurre entre los dedos.
Aun así, después de todo, Armin olía a libertad.
Él también había anhelado algo similar alguna vez, y aquí estaba, enraizado e incapaz de decir algo que no sonara como la perorata de un loro mal amaestrado.
Levi, Levi, Levi…
¿Hasta cuándo?
—Eres la mejor persona que he conocido en la vida —se anima a decirle, apartando sus pensamientos—, pero si continuas aquí ese sueño morirá contigo. Debes salir, Armin, huir muy lejos —instó— a un lugar donde ya no veas las paredes que nos rodean y…¿Qué serias, Armin? ¿Si pudieras hacerlo que querrías ser?
Sintió un dolor que no había sentido en mucho tiempo y se movió para pasar un brazo sobre el hombro de Armin, para tocarlo y sentir esa conexión, para tenerlo cerca.
—Un viajero —confesó excitado— ¿Y tú?
—Me gusta escribir.
Armin sonrió apoyando la cabeza en su hombro.
—La libreta que escribiste es una gran obra —susurró bajito.
El viejo cuaderno donde Eren había plasmado sus ideas, ideales locos, prohibidos y los había bautizado sobre un personaje que no era otro que su propio omega. Creando un Levi que le hubiera gustado conocer y que creía haber visto algunas veces en el brillo oscuro de los ojos de su omega, pero era nefasto y prohibido, tanto como para horrorizar al verdadero Levi y hacer que lo golpee con un atizador frente a su cachorro.
Pero estaba ahí, vivo hermoso y sin lugar a duda Eren había admirado al reflejo de ese otro Levi que vivía en la tinta y papel de sus secretos.
¿Realmente se ha convertido en alguien tan patético? No lo sabe, no está seguro. No sabe si es el instinto lo que le obliga a pensar en Levi a cada minuto, a decir su nombre, a anhelar.
La noche avanza y la botella está vacía sobre la arena cuando Eren toma el brazo de Armin y tira de él hacia la hoguera.
Se toman de las manos e intentan un baile, pero las sandalias de Armin están llenas de arena y Eren no puede apartar los ojos del cabello dorado que brilla con el fuego.
¿Por qué no eres así, Levi? Piensa, impotente, mientras se mueven con tanta libertad y nada de prejuicios entre los betas.
¿Por qué no eres tú el que está aquí conmigo? Piensa con desesperación, grita su alma con angustia, cerrando los ojos y dejando que los pocos hilos de cordura se desataran.
Armin apoyó la cabeza en su hombro en cierto momento, ronroneando débilmente y Eren olio la sal de su cabello, Eren sintió la yema de sus dedos acariciando su clavícula.
Estaban girando con los ojos cerrados, pero cuando los abrió, las pupilas azules de Armin lo miraban con adoración.
—Alfa —le dijo y Eren sintió la tristeza posando en su espalda.
Al fin y al cabo, no importaba cuanto repudiara su género, Armin era igual a todos los omegas.
Ignorantes de que eran esclavos de sus instintos.
Pequeñas cosas ciegas sin voluntad.
Pero donde Levi siempre estaba decepcionado de él y fruncía el ceño con asco cada vez que cometía un error, Armin le daba una mano y decía que continuara adelante.
Y los necesitaba a ambos sin importar el costo, estaba encaprichado y encandilado con ambos.
Lo deseaba y repudiaba. Lo codicia y desprecia.
Sin embargo estar con Armin es una prueba de que él no es como todos los alfas y omegas que se doblegan bajo el destino, como marionetas contentas con la vida que les tocó.
Y solo él sabe cuánto necesita demostrarse a sí mismo que es diferente, que no está atado, que es fuerte.
Que es digno para su omega.
Sus dedos rozan la nuca de Armin y en lugar de la cotidiana sensación de cabellos rapados encuentra una sedosidad infinita que no le produjo nada. Entonces baja la mano buscando algo que agarrar, arrollándose en esa cintura y besando con la certeza de que esto era tan nuevo y diferente que avivaba un miedo en su interior.
Se besaron frente a la hoguera y esta vez no hubo rechazo ni mareos porque sus instintos estaban resguardados a la luz de la luna.
Cuando se separaron Armin suspiró los labios hinchados, pero Eren se sintió vacío y la vergüenza arrollo sus mejillas.
Esto no era lo que hacían los amigos y aún con toda la atracción que el otro le provocaba, con toda la urgencia con la que lo necesitaba, esto no es lo que quería hacer.
Tenía que volver a casa.
—…Levi —brota de sus labios y puede ver los ojos de Armin resquebrajándose.
—¿Por qué dices su nombre? —pregunta.
Y quiere responder, pero no conoce la respuesta.
¿Por qué dijo su nombre?
Lo sabe, esta enraizado en su sistema, en su alma, en sus venas.
No puede dejarlo ir y aunque quiera más de este mundo nunca podría poner un pie afuera sin él. Y no se trata solo del instinto.
Que miserable e irónica es la vida, piensa.
Toma la cara de Armin entre sus manos y lo mira seriamente por primera vez en mucho tiempo.
—Deberíamos volver al hotel —susurra.
—Contigo —Armin sujeta su mano aprobatoriamente.
—No.
—¿Pero tú?
—No puedo.
—Podemos hacerlo, juntos —insiste suave y desesperadamente.
Tiene que ser fuerte para decirle lo que siente y lo que quiere y eso no es estar a su lado.
—No quiero hacerlo.
Lo siento, quiere decir cuando el omega abre la boca, atónito, pero las palabras mueren en sus labios junto con el peso de una decisión por la cual está orgulloso.
—Te amo, Eren.
Y es lo que más temía.
—Eres mi mejor amigo, Armin.
—Podríamos empezar de nuevo —propone vacilante, pero derrotado—, pero no es algo que se pueda hacer ¿cierto?
Asiente y vuelve a besar al omega una última vez, consciente de que nunca antes se ha sentido tan sensato.
—Mi lugar está con él —responde finalmente, orgulloso de sí mismo, orgulloso de la decisión que ha tomado—, con mi familia.
—Entonces ayúdame a escapar —suplica Armin—, ayúdame, Eren.
Y algo le dice que esto es un error, pero Eren ignora las alarmas sonando y acepta.
Y los fuegos artificiales estallan iluminando el cielo, contaminando el aire con el olor a azufre y eclipsando a las estrellas cuando después de tantos años Eren suelta su mano y se siente en paz.
-DILEMAS DE UN OMEGA CASADO-
Capítulo veinticinco: Necesito…
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Ya es muy entrada la noche cuando despierta por culpa de las pisadas en el pasillo, pisadas fuertes y rápidas y un murmullo que se incrementa ahí fuera.
La ventana está abierta y el gélido viento golpea con ferocidad el sudor de su frente y nuca, parpadea y siente en el alma tener que separarse de la calidez y abrigo que le proporcionan las colchas azules de la enorme cama, pero lo hace y al instante su piel siente el brusco cambio de temperatura.
La oscuridad ocupa toda la habitación, ayudada por el clima nublado que ha raptado a la luna, aun así puede sentir la presencia del alfa en la habitación.
El olor compacto y pesado, los latidos de su corazón y el aroma de mar y suciedad.
Ambos se quedan quietos, uno sentado sobre la cama y el otro parado cerca de la puerta, ambos escuchando las voces que se acrecientan y hacen eco despertando a los durmientes.
Es entonces cuando por fin Levi prueba mover la lengua adormecida y flexiona los dedos bajo las sábanas.
—¿A qué hora llegaste? —pregunta entre un susurro y suspiro, ajeno al bullicio de afuera, cansado por sus correrías de la tarde.
Eren da un respingo, salta y empuja el cajón abierto dentro del estante y parece acomodar un par de cosas antes de contestarle.
—No quería despertarte.
Esconde sus manos en la espalda y Levi quisiera tratar de ver que es lo que está haciendo, pero todavía tiene mucho sueño y piensa que mañana ya habrá tiempo de indagar en el asunto.
—Ven a dormir conmigo —pide y siente la respiración pesada de Eren y su mirada perdida, pero no escucha respuesta alguna.
Ahí está otra vez, es el maldito muro que parece separarlos.
Chasquea la lengua y vuelve a meterse en la cama, estirando la mano delante del tocador para activar la cámara del cuarto del cachorro y ver como duerme.
Ethan ronca dentro de la cuna y tiene las manos apretadas en puños, la boca se mueve haciendo succión y parece estar relativamente tranquilo.
Segundos después escucha los ruidos de Eren desvistiéndose y exhala satisfecho.
Farlan le dijo que debería ser más amable con Eren, que debería decirle lo que en verdad siente por él.
—Eren… —comienza entonces—. Sé que es un poco tarde, pero…
—¿Quieres mi nudo? —interrumpe el alfa y Levi se da la vuelta enojado.
—¿Por qué querría tu nudo?
—Siempre me llamas Eren con ese tono cuando quieres que tengamos sexo y además —olfatea— hueles extraño esta noche ¿todavía tienes antojos?
—No huelo extraño.
Eren entra en la cama y se pone de costado para mirar al omega.
—Si lo haces —insiste tocando el costado de su cuello con sus dos primeros dedos— Aquí. Huele como si hubieras tomado supresores.
—Tú también hueles extraño.
Siente los dedos tensarse y siente una ligera ola de nerviosismo dentro del alfa.
—Fui a la playa con los demás —Eren se aclaró la garganta— compré los dulces que querías en ese lugar. Había muchos betas.
—No me gustan los betas.
—Si quieres puedo ir a bañarme.
Hizo el ademan de salir de la cama.
—No.
Y el cuerpo de Levi se movió solo, impidiéndole irse de su lado.
Se miraron el uno al otro antes de que Eren sonriera.
—Quieres mi nudo.
Se sintió enfermo por unos instantes, pero supuso que así era como el cambio iniciaría. No era nada que no hubieran hecho antes, nada fuera de su rutina.
Sin embargo se sentía diferente.
Levi quería hacerlo mejor esta vez.
Comenzar con el pie derecho.
Todo iba a ser mejor de ahora en adelante. Tenía que ser.
—…Te quiero —logró decir luego de un largo rato de pensarlo.
—Bien.
No sirve de nada.
—¿Estas bien?
Eren nunca ve nada.
—Si.
—Pareces tenso.
—Terminaré pronto. Date vuelta.
Y eso le frustra tanto.
—Como quieras.
Al día siguiente despierta solo y las joyas que Kushel le obsequió cuando se fue de casa ya no están en la cajita con cerradura que ocultaba en el estante.
Ese collar de perlas genuinas y la cadena de plata con un diamante tan pequeño como real pegado en un colgajo de abre y tapa donde guardaba, receloso, la foto de su familia, ya no están.
Sin embargo trata de no activar sus alarmas hasta más tarde, porque Ethan ha despertado con dolor de estómago y él todavía siente la náusea matutina que antecede a un embarazo o a un dolor de estómago.
Su lazo con el alfa está tirando muy fuerte y no sabe porque.
Quisiera mencionárselo a Eren, pero el alfa se ha vuelto madrugador porque desde anoche solo siente su ausencia.
El beta de ayer y anteayer sube el desayuno para dos y le dice que su jefe ha prohibido la salida de todo omega del hotel porque uno ha escapado en la madrugada y se desconoce su paradero.
Levi está mondando una manzana cuando escucha la noticia, pero no pide más detalles sobre el asunto.
Ethan, aún sollozante se aferra con fuerza a su pierna y pregunta por su papá, pero Levi tiene asuntos más apremiantes que resolver y con la ayuda de Connie revisan el estante de pies a cabeza sin ningún resultado.
—Las joyas no están —concluye entonces.
Connie niega haber permitido que cualquier otro del personal entre a la habitación y además los guardias han estado rondando día y noche por el salón.
Tampoco pudo haber sido él, ambos demasiado implicados en asuntos escandalosos como para desconfiar el uno del otro, ya que Connie ha sido quien escondió el collar que le permite camuflar su aroma de omega para ir a uno de sus encuentros secretos con Farlan.
Es a medio día cuando la ausencia de Eren y las joyas se hace tan fuerte como para encajar en el rompecabezas que ha estado empollando en su mente desde ayer.
Sin embargo sabe que no puede ser…
El pinchazo se instala en su estómago cuando cae en cuenta que es demasiado cierto para ser verdad, es cuando la habitación se funde en silencio y se siente tan pequeño y solo. Pero no puede ser verdad, repite dentro de sí mismo, preguntándose una y otra vez en que momento, en que instante, las cosas llegaron a esto.
Es el pinchazo del miedo grabado en su rostro, cuando araña las sábanas al apretar los puños.
Es el sentimiento de traición lo que le obliga a buscar entre las cosas de Eren, donde faltan algunas prendas y el dinero que han ahorrado en el cochinito para el viaje.
Media hora más tarde todavía no ha encontrado la repuesta, pero sabe lo que debe hacer.
Hay guardias caminando en los pasillos, guardias en cada esquina y sabe que pronto notaran la ausencia de Eren.
Viste a Ethan y el mismo se envuelve en un abrigo grande y bajan tomados de la mano, el frenesí de anoche ha cesado un poco y los Vigilantes están disminuyendo, pero la mayoría posa su mirada en él porque es el único omega que ha bajado a la recepción.
Levi no se amilana y aprieta la mano de Ethan con la cabeza en alto, caminando hasta la mesa de folletos y revistas de la secretaria beta que trata de encogerse y pasar desapercibida ante tanto alfa.
—Han entrado en mi habitación —dice y la mujer de pelo negro recogido en un moño aplastado se fija en él.
—¿Cómo?
Explica lo sucedido y describe las piezas robadas con minuciosidad, argumentando que su alfa no está y si llega a enterarse tanto él como el personal estarán en serios problemas.
—Necesito que me explique… —llega a decir la beta antes de cerrar la boca cuando una mole rubia se para frente a ellos.
—¿Te han robado? —Pregunta el alfa de bigote rubio y nariz bulbosa— ¿Dijiste que te han robado?
Es alto y tiene los ojos más azules que alguna vez haya podido observar.
Tiene que levantar la vista para contestarle, pero todo fluye como un sueño, un dolor de cabeza sin fin.
Necesito que alguien me ayude.
Necesito que alguien encuentre a mi alfa.
Necesito…
—Escuché que un omega escapó y mis joyas no están, todo en una misma noche, necesito que me diga que está pasando —abre la boca y las palabras fluyen, inconexas, aferrándose al hilo que está tratando de mover a su favor y en el cual debe ser sumamente cuidadoso si no quiere que se rompa y lo que haya del otro lado caiga sobre él.
El alfa suspira y huele, Levi hace a un lado la cabeza en sumisión, permitiéndole captar sus feromonas.
—Es el omega que River tomó bajo su ala para que estudiase como solo hacen los alfas —le dice—, ese ingrato fue visto en la fiesta de la playa junto a otro alfa ya emparejado y luego perdimos su rastro, no ingresó al hotel y sus cosas están intactas. Armin Arlet se llamaba.
Es tan irreal como la queja de Ethan cuando aprieta la mano con fuerza porque tiene hambre y quiere a su papá.
Así que es por eso que Eren llegó tan tarde.
Las piezas comienzan a encajar y en verdad siente nauseas porque no hay manera de que eso pueda ser posible.
—¿Pueden rastrear mis joyas? —pregunta con la inocencia que un omega sumiso debe tener y la poca inteligencia que debe aparentar.
El alfa bufa y asiente, engañado.
No sabe.
Todavía nadie sabe que Eren puede ser ese posible alfa que ayudó a escapar a Arlet.
Su corazón late a galope ahora y cada Vigilante que pasa parece estar fijándose en él, pero debe mantenerse tranquilo.
Si Eren ha huido, si en verdad lo ha hecho, dejándolo solo a él y a su cachorro, no puede dejar que lo atrapen.
Pero la verdad es tan cruel como una cortada de queso cuajado y muy irreal, como una nube de telarañas.
Eren no puede haberse ido.
No puede haberlos dejado a su suerte sabiendo cuales serían las posibles consecuencias.
Eren no es así.
¿Qué hizo mal? ¿Cuándo sucedió?
Necesito que me ayudes, piensa y frunce el ceño mientras la secretaria rellena los datos de las joyas perdidas con la ayuda del alfa rubio.
Carga a Ethan en sus brazos y dice que está cansado cuando por fin sube al ascensor a paso lento y la secretaria da dos dulces a su cachorro y el alfa rubio promete encontrar sus joyas ya que seguramente quien los robo tratará de empeñarlas en cuanto pueda.
—La joyería más cercana está en el sur, cerca de la estación de autobuses —escucha decir a la secretaria.
Y sonríe al alfa y sus ojos de océano hasta que las mejillas le duelen y las puertas del ascensor se cierran.
Y cuando llega a la habitación vacía no sabe qué hacer.
Los estudiantes de nuevo ingreso partirían mañana en la mañana en uno de esos autobuses verdes del color del salmón y River vendría a recogerlo a él y a Ethan y llevarlos hasta la casa de sus padres.
Eren terminaría el primer año cuando por fin podrían volver a casa.
Talla un pequeño manchón en la pared y ayuda a Ethan a ir al baño.
El cuarto está muy solo y siente una presión en el pecho cada vez que alguien pasa por la puerta.
Tiene que ser subjetivo y no dejarse llevar por la desesperación.
Si en verdad Eren ha escapado con Armin, entonces más pronto que tarde lo descubrirán y vendrán a por él.
Todavía hay tiempo.
Todavía el alfa grande y rubio no sabe nada, pero ha entregado los datos precisos para que los encuentren y los traigan de vuelta al hotel.
Entonces podrá enfrentarse a Eren y preguntarle porque lo dejó atrás…y podrá matar al omega.
Porque Eren ama a su familia, a Ethan y a él. Y si él acusa a Armin, dice que todo fue culpa suya, sabe que su hermano y Eren lo apoyaran ciegamente.
Entonces todo habrá acabado.
Es una jugada difícil, empero está convencido y tira sus cartas. Hace la apuesta y espera.
No escapa del hotel como había planeado.
Llama al servicio de habitación y pide bocadillos
Connie es el que entra y parece nervioso cuando deja el carrito con sopa y fruta frente a él, que, cruzado de piernas no hace nada y se limita a tomar un pan y adosarlo con mantequilla.
Ethan está jugando con bloques en su jaula de plástico, ajeno a todo.
—¿Necesita algo más? —pregunta el beta y Levi repasa en la memoria todos los lugares donde ha visto Vigilantes apostados en el hotel.
—Necesito que te quedes y vigiles la entrada —pide.
Connie chasquea la lengua, enojado.
—Tengo mucho trabajo.
—Los soldados vendrán pronto, en cuanto se enteren que es mi alfa el que escapó con ese omega y me dejó solo aquí vendrán por ese pasillo para interrogarme.
El beta palidece y está a punto de protestar cuando la comprensión salta sobre sus ojos, Levi no sabe si es porque puede oler la mínima feromona de angustia que no puede evitar soltar.
—Su alfa lo ha abandonado.
Es el peso de las palabras que ha estado negando desde esa mañana lo que logra romperlo al fin y quema la niebla espesa que tiene delante, la ceguera de la esperanza puesta en Eren.
—No —niega entonces, terco y serio—. Solo necesito tiempo para que traigan a Eren de regreso, entonces todo este malentendido se aclarará. Eren me ama, yo soy su omega y los alfas son fieles a sus omegas —Ethan agita las manos cuando logra enderezar una torre de bloques y grita a su madre para que observe su gran hazaña, Levi ni siquiera se inmuta—. Todo el mundo lo sabe.
Continuará…
Gracias por su apoyo y por seguir aquí conmigo. Reedite el capítulo porque sigo cambiando el final sin cesar, sinceramente no sé cómo terminarlo, pero el siguiente capítulo es el último. Lamento las incoherencias de la historia ya algunos huecos, pero quiero cerrar está historia con un final feliz. Intentarlo al menos.
Muchas gracias por su apoyo y gracias a Luna de Acero por estar pendiente de Dilemas de un omega casado.
En cuanto acabe el fic terminaré todos los que tengo en hiatus y subiré los que he escrito a lo largo de estos años y nunca pue subir. Luego de eso terminará mi "reinado" XD
Nos leemos.
