Disclaimer: Todos los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling obviamente y por más que quisiera no míos, esta historia es ficticia; algunos pocos de los nombres y acontecimientos sí son míos.
Cristal90
HEREDEROS DEL DESTINO
La Última Guerra
La guerra dio inicio y el amor era la clave para ganarla o perderla…la tormenta había dado inicio y ahora en forma del más fiero huracán.
- Vaya, vaya nos volvemos a encontrar Pottercito- se burló una mujer de risa demencial que sostenía elegantemente su varita.
- Me sorprende que sigas con vida Lestrange- el joven se puso frente a la mujer que asesinó a su padrino y a los padres de su amiga castaña- Claro que eso se puede solucionar- esbozó una sonrisa.
- Ja, eso quiero verlo niñito insensato- escupió la mortífaga preparando su varita que tantas vidas había arrebatado ya.
- Lo verás- respondió el pelinegro concentrando todo su coraje, él no quería convertirse en un asesino sin embargo lo sería contra Voldemort y podía serlo con Lestrange sin problemas.
- ¡Expelliarmus!-
- ¡Impedimenta!-
- ¡Sectusempra!- atacó el moreno sin compasión recordando el mortal hechizo.
- ¡Relaskio!- logró defenderse ella.
- ¡Aguamentus maximus!-
- ¡Fumus glaciatus!-
- ¡Cistem aperio!-
- ¡Escudare! ¿Es todo Potter?- se mofó ella haciendo gala de su habilidad para el duelo, no por nada era muy apreciada por su Señor.
- No, solo estoy jugando un rato contigo- contestó- La diversión se perdería si te matara rápidamente ¿no crees?- este comentario molestó a la pelinegra pues odiaba a ese chiquillo y no permitiría que se burlara de ella tan descaradamente.
- ¡Crucio!-
- ¡Ment cortus!-
- ¡Avada Kedavra!- a penas esquivó la maldición el ojiverde pero no pudo evitar distraerse con ello, lo suficiente como para que su oponente mandara otro ataque- ¡Crucio!- el rato esta vez lo impactó en un hombro provocándole un gran dolor pero no cedió ante él.
- Tu poder es insuficiente Lestrange- el joven rompió la maldición sorprendiendo a la otra quien borró su sádica sonrisa por una un tanto nerviosa.
- No he terminado ¡Sacre mentus!- el rayo rojizo fue lanzado.
- ¡Protego! ¡Stori mento!-
- ¡Mimblewimble!-
- ¡Octenus master!-
- ¡Susdanterum!- ambos conjuros chocaron a medio camino neutralizándose.
- ¡Cru…!- cuando iba a mandarle la tortura de nueva cuenta una voz potente intervino.
- ¡Depulso!- el rayo impactó a la mujer desde atrás arrojándola desprevenida.
- ¡Ron!- reconoció el moreno a quien le había ayudado entre contento y enojado.
- Hola de nuevo hermano- saludó el pelirrojo como si nada.
- ¿Qué haces tú aquí?- cuestionó.
- Es obvio, soy un auror y estoy acabando con mortífagos- respondió subiendo los hombros.
- ¡No!- se irritó- ¿Qué se supone que haces tú interfiriendo en mi lucha?- reclamó.
- ¡Oye! ¡Que desconsiderado! Nosotros también nos vamos a entrometer- exclamó otra voz que pertenecía al joven Longbottom.
- Esto es entre ella y yo- gritó el otro señalando a la mujer que se incorporaba lentamente.
- ¡Harry Potter!- gritó igualmente la vos de Ginny- ¡no seas cabezota! ¡Quieras o no vamos a estar a tu lado e impedir que cometas locuras!-
- Eso es un hecho Harry ¿acaso quieres intentar detenernos?- lo retó Luna seriamente.
El ojiverde miró detenidamente a sus amigos, detectando en sus rostros la resolución que él mismo tenía, comprendiendo que no podría apartarlos por nada así que emitió un sonoro suspiro.
- ¿Siempre se tienen que salir con la suya verdad?- se resignó finalmente.
- Oh, qué tierno- una voz llena de sarcasmo los interrumpió- Me dan asco- habló la mortífaga sacudiendo su túnica un poco con una expresión arrogante- pero morirán ¡Avada…!-
- ¡Bella!- otra voz bastante conocida interrumpió su maldición.
- Dumbledore- escupió la mujer con una mueca de odio en su afilado rostro al ver a la mujer de perfectos rizos castaños aproximarse a la batalla como si nada.
- Herm…- musitó el morocho con algo de sorpresa al igual que sus compañeros.
- Cuánto tiempo si verte querida- siguió la castaña con forzada cordialidad y una sonrisa vacía en su fino rostro bellamente pintado- Pensé que no te vería más ya que en nuestro último encuentro no te veías muy bien- agregó maliciosamente sin perder su sonrisa.
- Estoy ocupada, no molestes- replicó Bellatrix con mucho esfuerzo para no perder los estribos y matarla ahí mismo, después de todo ahora su amo la protegía.
- Así no se le habla a tus superiores, Bella- regañó la joven burlona irritando más a la adulta mientras los otros las observaban inquietos.
- Escucha Dumbledore- gruño la antes Black- vete de mi vista antes de que decida desobedecer a mi Señor- le advirtió.
- Que miedo me das Bella- sonrió ella- Pero debo decirte que en cuestión de poderes, yo te supero con creces- declaró jugando con su varita.
- Ya me hartaste ¡Depulso maximus!- exclamó la mujer cediendo ante su coraje pero de nada sirvió su ataque pues el hechizo rebotó sin llegar a tocarla regresándoselo a ella por lo que tuvo que bloquear su propio ataque con furia.
- Esa fue toda una grosería querida- reprendió Dumbledore con el tono usado para regañar a los niños pequeños aunque sus ojos eran igual de fríos.
- ¡Maldita!- la mortífaga emitió un sonido de molestia desviando la mirada pues sabía que no podría vencerla.
- Mírame a los ojos Lestrange- el tono de voz de la muchacha cambió de golpe sorprendiendo por su frialdad- Mira los ojos de tu verdugo- este comentario impactó a la otra quien rápidamente le dirigió la mirada solicitada quedándose estática- ¡Avada Kedavra!- vio esos ojos color de ámbar que congelaron sus sentidos, una descarga recorrió su cuerpo...un escalofrío...sintió por primera vez miedo de esos ojos, un verdadero terror se implantó en su esbelta figura que laguna vez había sido magnífica, a continuación vino un rayo verdoso que dejó todo obscuro para ella, para siempre. La maldición asesina cumplió su objetivo. El cuerpo de Bellatrix Lestrange, la última mujer Black, cayó pesadamente, y por última vez, al frío suelo del campo de muerte.
Los cinco aurores habían presenciado atentamente la escena y no podían moverse de la impresión; su amiga había asesinado a sangre fría a una persona, una de las mortífagas más despreciables claro, pero al final de cuentas era humana. El morocho estaba dispuesto a matarla hacía unos segundos atrás pero al verla ahí tirada con sus rostro contraído en lo que fue su último gesto y no haber sido por su causa, en parte le alivió pero al saber que su Herm se había manchado las manos de sangre, le dolió.
- La…mataste- confirmó la más pequeña de los Weasley saliendo del trance y mirando fijamente a la que alguna vez consideró su mejor amiga.
- Me estorbaba- contestó con naturalidad la castaña, como si no fuese nada, su mirada seguía fría pero ahora una sonrisa amarga se asomaba en su tez.
- ¡Yo debía matarla! ¡Era mi batalla!- explotó el ojiverde de pronto.
- Que egoísta eres Potter- lo miró profundamente sin variar de expresión aunque esas palabras le recordaron algo al otro, ella también tenía derecho a ese acto pues la misma mujer le había causado igual o más daño que a él, sin embargo no podía evitar sentirse de mal de saber que jamás se recuperaba la vida inocente luego de arrebatar la vida de otra persona.
- Exactamente, yo siempre lo he dicho- siseó de repente la voz clara de Riddle- Mía- se acercó a la aludida hasta llegar a abrazarla sutilmente ante la mirada furiosa de su eterno rival- Parece que te divertiste un poco pero te repito que soy el único con derecho de matar a Potter- dijo con firmeza- Tú puedes encargarte de lo demás- concedió depositando un beso en la tersa mejilla de la muchacha para luego soltarla.
- En eso pensaba precisamente Tom- declaró ella con tono seductor.
- Bien Potter, si eres tan valiente peleemos ahora mismo- retó- pero en otro lugar más mmm privado- agregó maliciosamente.
- ¡Por supuesto que no!- exclamó Ron- No nos separaremos de él, pelearás contra todos nosotros- declaró con el respaldo de los demás.
- Eso será imposible- intervino la castaña captando la mirada de los demás- Ustedes pelearán conmigo- soltó.
- ¡Quédense aquí y huyan si se pone peligroso!- dijo Harry aunque al verlos ponerse testarudos siguió- ¡Es una orden! Tengo cuentas pendientes con Voldemort que tenemos que resolver en privado- ordenó con extrema seriedad.
- Pero…-
- ¡Pero nada Neville!- gritó- ¡Obedezcan!- con esto se aproximó con aplomo al mago de mirada escarlata que sonreía malignamente.
- Una sabia decisión Potter- escupió el Lord- ¡Sígueme!- comenzaron a alejarse pasando entre innumerables contiendas sin mayor problema.
Luna hizo ademán de seguirlos pero alguien se puso en su camino impidiéndole continuar.
- Creo que dejé claro que los cuatro pelearían conmigo- recordó la ojimiel con su varita en alto.
- A pesar de todo yo te quiero mucho Hermy y no pelearía contra ti- declaró Ginny segura de sí misma.
- Pues eres una tonta- replicó la otra- Me entregas tu miserable vida en bandeja de plata, como si no valiese nada-
- Hermione, tú eres mi mejor amiga- inició el pelirrojo- pero no permitiré que nos mates- ante esto esbozó una sonrisa levantando su varita.
- Bueno por lo menos tendré algo de diversión contigo Weasley-
- Con dos, yo tampoco me quedaré de brazos cruzados.-
- Longbottom también, eh? ¿Y qué me dices tú Lovegood?- cuestionó obteniendo como respuesta la muda negación de la rubia que abrazó a su novio- Lo interpretaré como un no- rió.
Todos cruzaron sus miradas, en ellas había pesar, incertidumbre, cariño, cansancio en unas y en la otra odio y maldad.
Alrededor de ellos miembros de la orden, aurores, inefables y civiles peleaban con fervor contra los mortífagos, a lo lejos se escuchaban los aullidos de los hombres lobo que ingresaron a la batalla para luego ser contraatacados por los imponentes gigantes que acababan de llegar dando una chispa de esperanza a todos. Esta vez McGonagall se había esmerado en la preparación de su bando y estaban en una frustrante igualdad de fuerzas, las banshees y vampiros se enfrentaron entre sí, la sangre se esparcía como agua en el pasto del lugar, gritos de maldiciones, hechizos de muerte se escuchaban por doquier. La guerra final estaba en curso, quien ganara tendría el control del mundo mágico para bien o para mal. Claro que había una diferencia entre ambos, mientras que los aurores tenían a medimagos y sanadoras en sus filas quienes se escabullían entre los duelos para atender o llevarse a los heridos, los mortífagos se limitaban a lanzar la maldición asesina sus compañeros que ya no les eran de utilidad.
En medio de toda la contienda una enorme silueta alada cruzó sobre las cabezas de los humanos quienes cedieron al impulso de elevar su vista solamente para ver enormes bestias que lanzaban enormes columnas de fuego quemándolo todo…los dragones negros habían llegado. La angustia y el pánico se extendieron por los de la Orden ¿cómo combatirían a los dragones? Era casi imposible, se derrota con estas criaturas era palpable y plausible en la mente de todos ellos, sin embargo…
- ¡A luchar! ¡Estos a penas comienza!- exclamó la potente voz de Charlie Weasley desde el cielo, apareciendo en la espalda de un inmenso dragón verde seguido de más dragones, recibiendo gritos eufóricos por parte de sus hermanos y padres.
La lucha nuevamente llegó a la igualdad de condiciones de las cuales ningún bando estaba en posibilidades de ganar, el bien y el mal libraran otra sangrienta batalla como siempre había pasado a través de los tiempos y seguiría pasando por la eternidad, pues el uno no podía existir sin el otro, son elementos complementarios que dejan como legado la felicidad de una época y la destrucción de otra. Por siempre…
Entre aquellos combatientes cinco jóvenes seguían mirándose dispuestos a no ceder terreno hasta que la conexión fue rota bruscamente por alguien.
- Mione, ¿necesitas ayuda?- preguntó una mujer de cabellera negra reluciente acercándose a la castaña con gesto serio, ser mortífaga no era tener la vida glamorosa que ella imaginó después de todo.
- No te necesito Zabini, mejor lárgate- ordenó ella molesta a lo que la otra se resistió porque después de todo debí ayudar.
- Puedo ayudarte a matarlos…- insistió.
- Olvídalo Pansy, solo yo quiero tener esa dicha- le contestó altivamente con una firmeza intimidante- Además tu esposo esta teniendo dificultades con Kingsley- comentó casualmente señalando a dos figura más allá.
Pansy miró hacia el lugar indicado descubriendo a su marido tal como le dijo su ex-compañera, tuvo unos segundos de duda entre si dejarla sola o insistir en ayudarle, pero pudo más ir con el hombre de ojos verdes así que se alejó de ahí rápidamente.
- Podemos continuar donde nos quedamos- habló la rizada.
- Te advierto que daré lo mejor de mí- dijo el pecoso en guardia.
- Y yo no me quedaré atrás- siguió Nev.
La risa macabra de la joven se dejó escuchar erizando la piel de los muchachos quienes sabían que lo más seguro era que muriesen ese día pero antes de ello no se darían por vencidos y tratarían de recuperarla.
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Dos hombres, ambos jóvenes, ambos huérfanos, ambos poderosos, ambos enemigos, llegaron a una colina, la más alta, desde donde fácilmente podían observar la batalla y a la vez tener una lucha más privada, los dos sostenían sus varitas hermanas fuertemente, esto era lo que habían deseado que pasara desde hacía años, bueno desde hace siglos. Salazar Slytherin contra Godric Gryffindor, serpiente y león, por fin volvían a enfrentarse decidiendo así sus destinos, el comienzo de la profecía daría inicio.
Los contrincantes se colocaron frente a frente levantando sus varitas en señal de hostilidad, chocando el esmeralda y el escarlata con el más puro odio.
- Te mataré como debió ser desde hace mucho tiempo- afirmó la serpiente saboreando sus palabras.
- Te equivocas, yo te mataré como ya pasó una vez- corrigió con fervor el león.
Luego procedieron a sonreírse con sarcasmo y malicia para dar la media vuelta correspondiente y empezar a alejarse lo correspondiente, pues el suyo sería un duelo de verdad, un duelo a muerte.
- ¡Fligere!-
- ¡Acutus!-
Los conjuros fueron lanzados al unísono chocando entre sí produciendo un haz de luz que dio comienzo a la lucha inclemente donde sus poderes serían puestos a prueba, tiempos malos estaban en curso y en esto derivaban, dos varitas gemelas para decidir el futuro, una amor puro para cambiarlo y una verdadera maldad para destrozarlo.
Ahora todo dependía de sus acciones, de sus mentes y desde luego de sus corazones.
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Un joven platino estaba deambulando histérico por la mansión Riddle, no lo graba dar con la maldita biblioteca del lugar y mucho menos con el cuarto de su Señor y se estaba impacientando, ahora que todos estaban luchando era el momento perfecto para buscar cómo quitarle el hechizo a la castaña como lo planeó desde el momento de seguirla, como lo vio en la mente de su profesor antes de asesinarlo…posó su mano en otro picaporte para descubrir qué ocultaba ese habitación, ya llevaba como veinte revisadas y nada.
- Asumo que no buscas el sanitario- siseó una voz atrás de él sobresaltándolo.
- Entonces aciertas- le contestó con un tono imperturbable pues no quería que lo descubrieran.
- ¿Qué haces aquí? Deberías estar en la batalla- inquirió la misma persona.
- Lo mismo podría decir de ti ¿qué haces aquí?- le increpó encarándolo.
- Buscándote, presiento que tu redención es cuestionable, hijo- declaró el rubio hombre ya envestido en su fina túnica negra.
- No entiendo tus dudas padre, ya he demostrado mi lealtad- dijo gélidamente, su progenitor era tan suspicaz como él y muy listo, no por nada era la mano derecha de Voldemort.
- Así parece…- comentó con un tono dudoso- Posse et vis- murmuró hacia una de las paredes en donde una puerta negra se materializó- No hagas cosas insensatas, Draco- aconsejó.
- Haré las necesarias padre- recalcó mirándolo con cierto asombro, él lo conocía demasiado bien a pesar de nunca haber demostrado tener interés por su persona, pero comprobaba que la sangre era muy fuerte después de todo y ellos compartían la misma.
- Hasta después- se despidió el hombre sin denotar un mínimo de sentimiento en su voz pero el chico pudo comprender el mudo deseo de suerte que le expresaba con cada gesto, él tampoco le contestó ni le dio las gracias pues ambos eran demasiado orgullosos para esas cursilerías además no estaban acostumbrados a ellas.
Cuando vio al otro rubio desparecer, el ojigris abrió la misteriosa puerta encontrando la habitación de su amo donde una estantería llena de libros lo esperaba. Comenzó a leer los títulos hasta dar con el que le interesaba y ya en eso con el hechizo que buscaba.
Luego de un tiempo salió del lugar con gesto decidido y con el corazón acorazado, había tomado una decisión que le dolía muchísimo pero era la única solución que existía y lo asumía con la entereza debida pues seguía siendo, a pesar de todo, Draco Malfoy.
'He llegado' apareció en el campo de batalla comprobando, con sus ojos grises, el caos desatado, escrutando a su alrededor nerviosamente buscando a la chica que le había robado el corazón, fijó ese objetivo en su mente para iniciar su búsqueda. Él ya tenía un destino e iba directo a cumplirlo aún sin siquiera saberlo pues cada paso que daba era crucial para todo lo que le depararía al mundo mágico y muggle.
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- ¡Depulso!-
- ¡Mimblewimble!-
- ¡Glacius!-
- ¡Cistem Aperio!-
Una lluvia de rayos de colores salían disparados desde las varitas de dos chicos hacia una bonita joven que se limitaba a jugar al tiro al blanco con ellos pues cuando presuntamente le daban ella se desaparecía al instante sorprendiendo a sus atacantes que comprendieron con cierto tener la gran diferencia de poderes que existía entre ellos.
- ¡Sectusempra!-
- ¡Restimus!- Por un momentos pararon de atacar, algo agitados, al ver que nada tenía efecto.
- ¿Qué? No me digan que ya es todo- se mofó ella con elegancia- Me dijeron que me darían pelea pero tal parece que no lo hacen, temo que me mintieron- reclamó sarcásticamente.
- ¡No hemos terminado!- gritó Neville lanzándose al ataque.
- ¡Seclio!- un rayo salió de la varita de la joven directo al pecho del joven de crespo cabello que, aunque trató de bloquearlo, salió disparado hacia atrás cayendo al lado de su prometida quien se apresuró a ayudarlo.
- ¡Maldición!- el pecoso corrió hacia ella para atacarla con sus ojos azules cristalinos- ¡Cerium!- conjuró.
- Patético ¡Deflecto!- el hechizo rebotó a unos centímetros de su cuerpo para mandar a volar a quien lo había conjurado.
- ¡Ron! ¿Estás bien?- sollozó Luna corriendo a su lado.
- No es nada amor, solo fue la caída ya me levanto- se paró con algo de trabajo- ¿Y Neville?-
- Acá amigo, no te preocupes sigo con vida- se acercó a él para cubrirse las espaldas.
- No por mucho tiempo- intervino ella amenazante- Me he limitado a defenderme pero creo que ya es hora de que ataque- avanzó hacia ellos con paso lento pero firme.
- Prepárense, es muy fuerte…- susurró el pelinegro.
- ¿Algún plan hermanito?- musitó la pecosa al gran ajedrecista que negó con la cabeza.
- Usemos la táctica nueva que escribiste- propuso la rubia tratando de sonar alentadora mientras su antes amiga estaba ya muy cerca.
- No sabemos si funcione y…-
- No tenemos nada que perder Nev- sonrió con cansancio el pelirrojo- Y hay mucho por ganar- los demás asintieron decididos.
- ¡Sustum!- atacó la ojimiel sin miramientos, su rayo se dividió en dos directo a los chicos pero antes de tocarlos las dos chicas se pusieron frente a ellos sirviéndoles de escudo con lo que salieron despedidas.
- ¡Ginny! ¡Luna!- los chicos corrieron hacia donde sus novias había caído abrazándolas con preocupación.
- Oh, vaya, no debieron interponerse…tontas- dijo Herm con una voz levemente más suave pero sin llegar a sonar arrepentida.
- ¡Pagarás! ¡Rossen met!- esta vez el conjuro de Ron le dio con fuerza a la joven haciendo que cayera mas luego ella se levantó furiosa.
- ¡Nadie que me haga eso queda inmune!- exclamó- ¡Flagarate!- el fuego salió de su varita directo a aquel que había osado derribarla.
- ¡Glacius!-
- ¡Aguamenti!- el de ojos castaños ayudó al pelirrojo combinando los dos rayos para neutralizar las llamas que amenazaban con quemarlos, con esto se formó una espesa capa de humo bloqueando su campo de visión…cayeron en la trampa.
- ¡Estimus dop!- desde el humo, la silueta de la castaña les mandó dos rayos que no esperaban derribándolos con violencia, cayeron al suelo inconscientes- Ahora solo falta acabar con su existencia- se encaminó hacia ellos.
- ¡Accio varita!- exclamaron dos voces al unísono haciéndose con la varita de la joven sin que esta pudiese impedirlo pues no se lo esperaba.
- No puedo creer que ustedes Gryffindors me hayan tendido una trampa- declaró ella con gesto reprobatorio que anteriormente usaba para regañar a sus amigos por no hacer los deberes.
- ¡Crucio!- otras dos voces masculinas la atacaron por las espalda al mismo tiempo, ella se limitó a levantar una mano y con eso paró las maldiciones para sorpresa de sus antiguos compañeros.
- ¿Qué co…?-
- Sin palabras altisonantes Weasley- calló al ojiazul de golpe- ¿De verdad creyeron que podrían contra mí?- la pregunta obviamente no esperaba una respuesta- No necesito de mi varita para matarlos- sonrió de lado como solo un Slytherin sabía hacer.
- Herm, por favor, recobra la cordura, vuelve a ser tú- suplicó Ginny con angustia al ver su mirada tan gélida, tal como la tenía cuando mató a Lestrange.
- Amiga por favor, lucha contra ese ser repugnante- secundó Luna con su varita en alto.
- Como ya les dije, es imposible y como este es un duelo a muerte…- caminó nuevamente hacia los cuatro quienes estaban reagrupados y en guardia
- Si te atreves a tocarlas juro que te mato- defendió el joven pelirrojo con dolor en su pecho.
- Perfecto- sonrió ella extendiendo su mano como al aire para materializar una elegante espada de metal azulado bellamente decorada con la cual se disponía a matar a los que alguna vez quiso demasiado.
Neville se puso al lado de su amigo dispuesto a también defender a las chicas a costa de lo que sea, todos esperaban el momento del impacto con sus corazones latiendo rápidamente, sin embargo antes de que la punta filosa del arma los rozara esta comenzó a despedir un fuerte brillo azulado que paralizó a la castaña unos segundos pues luego esbozó una mueca de dolor haciendo además de soltar la espada como si le quemara pero no lo consiguió.
Hermione sentía un calor abrasador en las manos que sostenían el mango de su arma, quería soltarla pero pareciera que el metal se había fundido con su carne pues no cedía, pronto el dolor fue peor que un cruciatas y el anillo que ostentaba comenzó a brillar intensamente provocando en ella el conocido sufrimiento pero ahora multiplicado por mil. Unos segundos después no pudo resistirlo y cayó al suelo gritando de dolor ante la mirada confundida de sus oponentes.
- ¿Hermy?- la pelirroja se preocupó por el estado de su antes amiga y trató de acercársele.
- No te acerques- la frenó su hermano con precaución, en cambio él sí se aproximó- ¿Hermione?- la llamó cuando estuvo lo suficientemente cerca.
La chica en cuestión no podía concentrarse en escuchar pues el dolor le impedía percibir otro tipo de sensaciones, parecía que el poder de la espada luchaba contra el poder del anillo y su cuerpo era el campo de batalla. Sentía que iba a explotar de un momento a otro hasta que sintió un cálido contacto en su hombro que alivio levemente su sufrir, con esto pudo enfocar su vista y dirigirla hacia el joven de cabellos de color del fuego que la miraba con preocupación.
- Ron…- musitó ella al reconocerlo súbitamente, mas luego el dolor volvió a envolverla hasta que otra mano le hizo compañía
Levantó la mirada chocando con la celeste de su amiga rubia seguida de otras dos castañas que la veían con pena y dolor pero más que nada con un cariño que a pesar de todo no se perdía, esto removió algo en el interior de la castaña quien inspiró hondo para tomar fuerza.
- Ha llegado…la hora- logró articular mientras las gotas de agotamientos perlaban su tez y una mueca amarga se formaba en el mismo.
Los otros pudieron entender fácilmente a qué se refería con exactitud pero tenían muchas dudas.
- Claro, es hora de quitarte este anillo- inició Neville tratando de tomar la alianza pero soltó un grito cuando la piedra verde emitió otro brilló y lo quemó.
- Ja, imposible…solo Voldemort puede…quitarlo- miró la pequeña serpiente metálica que rodeaba su dedo con tristeza-…y no creo que lo haga.- terminó apretando los dientes cuando una nueva oleada de dolor la invadió.
- Pues buscaremos una manera…- insistió el pelinegro.
- ¡No la hay Neville!- le regañó ella- ¡No pierdan el tiempo!- enfatizó con visible esfuerzo.
- ¡No!- se opuso la pecosa.
- ¡Háganlo!- gritó- Si no lo hacen…será el fin de ustedes…del mundo mágico y muggle…de Harry…- al pronunciar lo último derramó silenciosas lágrimas pues sabía que ya nunca lo volvería a ver. Ella ya había aceptado el morir desde el momento que rechazó unirse a Voldemort, sabía que debía morir por el bien de todos y no podía sentirse más dichosa que el hacerlo por el joven que amaba, además prefería dejar de existir a seguir siendo una marioneta de ese ser tan repulsivo.
- De acuerdo- habló el joven pecoso con voz temblorosa pues le dolía mucho aceptar lo que harían pero sabía que se lo debían- ¿Cómo?- ante esto su amiga le dirigió una agradecida mirada.
- Lancen el avada a mi corazón…todos- indicó.
- Hermano…-
- Sabes que es lo único que podemos hacer por ella- la interrumpió él con sus ojos empañados.
- Sabes que te queremos ¿verdad?- la rubia también derramó lágrimas de tristeza tomando su mano con cariño.
- Lo sé…siempre lo recordaré…- lloró ella con un intento de sonrisa al tiempo que sus amigos la soltaban y el intenso dolor la envolvía con furia, pudo ver que ellos le apuntaron al lugar indicado con sus varitas que temblaban levemente evidenciando el temor de sus portadores.- Gracias- alcanzó a expresar sonriendo con nostalgia pues tampoco a ellos los vería más.
- ¡Avada Kedavra!- gritaron cuatro voces al unísono.
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'Dónde estás Mione' se preguntaba un intranquilo rubio mientras corría furtivamente a través de las constantes peleas sorteando la lluvia de hechizos, de repente divisó la cabellera rizada que tan bien conocía, ella estaba en el suelo ante cuatro aurores muy bien conocidos por él, por la rareza de la situación decidió aproximarse precavidamente para escuchar que ella les pedía, o más bien suplicaba, su muerte…eso jamás lo permitiría…vio cómo cuatro rayos verdosos salían despedidos hacía su delgada figura y, sin dudarlo un segundo, saltó hacía ella.
Los rayos estaban a punto de alcanzar su objetivo cuando súbitamente un encapuchado salió de la nada apartando a la joven del trayecto de los mismos, con esto ambos rodaron por el suelo antes las miradas extrañadas de los aurores y la tremenda confusión de la ojimiel quien logró identificar a si "salvador".
- Draco- susurró sumergiéndose en las profundidades de sus ojos color mercurio que para ella tenían un hermoso toque azul cobalto.
- Mione- correspondió él feliz mirando también sus bellísimos ojos color del ámbar que mantenían cautivado a su corazón. A pesar de su cara cansada y su ropa tenuemente mancillada, a él se le antojaba la mujer más hermosa que hubiese visto jamás y por haberla conocido, sonrió.
- ¿Qué haces?- se percató de que el dolor había sido casi neutralizado por el contacto del rubio y era capaz de hablar con fluidez nuevamente.
- Te salvo la vida- le contestó él sin más y manteniéndola abrazada.
- Oh Draco, no hay mucho tiempo, deben matarme para ganar una esperanza…yo no tengo el control de mí misma, en cualquier momento hasta podría matarte…- explicó ella con tristeza.
- Lo sé- dijo simplemente el chico confundiendo más a la otra.
- No te comprendo- insistió ella con la duda latente al tiempo que se ponía de pie con la ayuda de su compañero.
- ¡¿Qué se supone que pretendes Malfoy?!-
- ¡Cierra la boca Weasley!- espetó el aludido imperativamente para luego mirar fijamente al amor de su vida- Dame un beso- pidió con la voz algo temblorosa y ojos cristalinos.
- Pero…- iba a hablar cuando lo labios del ojigris se unieron suavemente a los suyos callándola de momento.
Cómo extrañaba esos labios sabor a fresa de su Mione, hace tanto que no los probaba que hasta era una dolorosa pero exquisita sensación, deseaba más que cualquier otra cosa que el tiempo se congelara en ese mismo instante para perpetuar ese beso, que jamás se acabara…lamentablemente así no eran las cosas, todo tenía un principio y un fin. Ella, por su parte, recordaba con dulzura los tiernos besos de Draco que tanto le gustaban, parecían siglos desde la última vez que lo besó, además aún conservaba el sabor amargo de los desesperados y furiosos besos que Riddle le había dejado, de hecho, considerando su naturaleza de reptil, podía calificarlos como mordidas…sin embargo el rubio era tan diferente, le recordaba a alguien pero no podía recordar a quien ni tenía idea de por qué la embargaba dicha sensación, de lo que sí estaba segura era que él la amaba con todo su ser.
Sus labios se separaron lentamente tomando el tiempo para aspirar sus alientos, ambos abrieron sus ojos mirándose nuevamente, sus almas estaban en contacto, sus ojos podían leer sus corazones que palpitaba furiosamente para entonces.
- Por favor perdóname, esto tiene que ser así- comenzó él acariciando su mejilla con ternura- Severus también lo quiso así- informó recordándole repentinamente a la joven la muerte de su querido profesor, su amigo…mas no tuvo tiempo de llorarle pues que el ojigris la abrazó fuertemente, ese gesto le supo agridulce como presintiendo algo.
- ¿Qué haces?- volvió a preguntar consternada y con un toque de pánico.
- Lo que debo.- sentenció tomando su mano derecha donde el anillo maldito reposaba concentrándose fervientemente en lo que haría.
- Me estas asustando…- estalló la joven tratando de recuperar su extremidad pero se quedó helada al ver que era imposible y él acercaba su otra mano directo al anillo.
- Lo destruiré- declaró haciendo contacto con la alianza en forma de serpiente la cual despidió su característico brillo verdoso quemando la mano del chico quien se resistió al intenso ardor. Esta luz se intensificó poco a poco llegando a impedir que los cuatro aurores vieran lo que pasaba con los dos personajes por lo que se mantuvieron al margen pero se asustaron cuando escucharon el grito de su amiga.
La rizada trataba histéricamente de apartar su mano de la del rubio pero era imposible, miró con horror cómo la mano del joven comenzaba a adquirir un preocupante tono rojizo para luego tornarse negro y en su rostro claramente se dibujaban muecas de sufrimiento mientras gotas de sudor empapaban su cara pero él no desistió. De pronto su palma comenzó a emitir otra clase de luz, una blanquecina que ahora ayudaba a la de la espada a combatir la verdosa, por acción de los tres poderes ambos comenzaron a elevarse unos centímetros del suelo para que toda esta lucha llegara a su culminación…otro fuerte destello arrancó un grito de dolor por parte de ambos jóvenes, ella miró que ahora el rubio tenía casi todo su brazo negrusco y su mano se separaba de la suya dejándole ver el anillo que aún ostentaba pero este comenzó a fragmentarse lentamente para finalmente desintegrarse por completo…
Unas gotas de lluvia cayeron en su rostro haciéndola abrir los ojos con algo de esfuerzo…supuso que había estado así unos cuantos segundos, miró al cielo notando el inicio de una llovizna, trató de acomodar sus ideas cuando un nombre vino a su mente como una bofetada…Draco.
- ¡Draco!- gritó levantándose con celeridad sin prever un fuerte mareo que casi la hizo caer nuevamente sin embargo sacó fuerzas de algún lugar para examinar su alrededor buscándolo. De repente lo vio, tirado poca arriba con los ojos cerrados, dejándose empapar por la lluvia…se acercó lo más rápido que pudo tomando la cabeza del joven para colocarla suavemente en sus regazo y acariciando su mejilla con sus ojos anegados de lágrimas.
Al verlo sin reaccionar temió lo peor pero el aludido pronto abrió sus orbes dirigiéndole una mirada.
- Mione…-
- No trates de hablar- lo calló ella con dulzura- Es mi culpa…- sollozó al ver el terrible estado de su brazo y casi de la mitad de su cuerpo.
- No te sientas mal…- respiró cansinamente-…debía pasar…no me arrepiento de nada- le dedicó una sonrisa.
- Me salvaste…-
- No- negó- Tú me salvaste a mí- declaró.
- Resiste- musitó sin poder parar su caudal de gotas saladas que empapaban sus mejillas- Por favor, no me dejes sola…por favor- suplicó al verlo respirar cada vez con mayor esfuerzo.
- Te amo Mione…nunca lo olvides- estas fueron las últimas palabras de Draco Malfoy, el que fue el único heredero de una rica familia, el orgullo de su padre, el príncipe de Slytherin, el sangre pura por excelencia, el arrogante y pedante galán de Hogwarts, el capitán de Quidditch, el prefecto, el chico frío y calculador…el amigo incondicional, su salvador, su amigo, su soporte, el joven cariñoso y sensible, el tierno amante, el bravo inefable, la decepción de los mortífagos y la esperanza de la joven…todo lo que fue y lo que era había concluido para siempre, dejando un hueco, un vacío enorme en el corazón y alma de la ojimiel que jamás nadie podría llenar, ni sanar, solo a él le pertenecía ese pedazo de su ser por lo cual se lo había llevado consigo. Unas míseras lágrimas no bastaban para soportar que él se había marchado para no regresar nunca, tan solo pro salvarla a ella.
Pensó en lo injusto de la situación, pensó que si no la hubiese conocido talvez seguiría con vida…sin embargo no era el momento para culparse además él le dijo bien claro que ella lo salvó de una vida sin luz, sin amor, solamente rodeado de tinieblas que terminaría por absorberlo y perder su alma, pero a pesar de todo eso que recordó para menguar sus remordimientos, sabía que ese vacío y sentimiento de culpa nunca se irían de ella, nunca…
- ¡NOOO!- gritó a todo pulmón abrazando contra su cuerpo el cadáver del más joven de los Malfoy, clamó a los cielos con una voz llena de dolor sacando por fin todos sus sentimientos de frustración. Permaneció unos minutos más a su lado llorándole sonoramente para luego dejarlo con delicadeza en el paso, quitándole su capa negra para cubrirlo con la suya que se había quitado, se puso la capa negra sobre su vestido vino limpiando con rudeza sus lágrimas, era hora de dejar de llorar, debía hacer alfo útil, ya era hora, se lo debía a él.
- ¿Hermione?- una dudosa voz se dejó oír. Era Luna que se dirigió presurosa hacía donde estaba la castaña, seguida de sus amigos que habían presenciado la mayor parte de la escena aún sin sentirse con el derecho de intervenir pero ahora todo parecía haber terminado.
- No hay tiempo que perder, ayuden a los demás- declaró con tono monótono.
- Pero…-
- El conjuro terminó- mostró su mano libre del anillo alegrando a los demás sin embargo su rostro se tornó realmente frío y lo giró hacia la maleza como detectando una presencia, al parecer la ubicó pues rápidamente blandió su espada echando a correr hacia un matorral, ahí cortó algo…los otros pudieron ver el cuerpo decapitado de una gran serpiente, que identificaron como la mascota de Voldemort, caer fuera de su escondite horrorizándolos, su amiga se limitó a hacer una mueca de repulsión.
- Háganla un trofeo si les place- declaró.
- Sería de muy mal gusto- sonrió su amigo pecoso- Ten esto- le arrojó su varita.,
- Luchen- tomó su varita para guardarla en su capa y afirmar su espada para comenzar a alejarse, sin embargo paró de pronto y ladeó su cabeza mirándoles de reojo.- Cuídenlo por favor- pidió, ellos supieron de inmediato que se refería al cadáver de Malfoy a lo que asintieron.
- ¿A dónde vas?- exclamó Neville viéndola alejarse nuevamente.
- Con Harry…- escucharon su grito ya muy tenue como única respuesta.
El panorama estaba dando un giro brusco a favor de ellos, ahora tenían muchas esperanzas de salir victoriosos de ese enfrentamiento que al principio se veía imposible de ganar, todo estaba regresando a la normalidad, el orden natural y la paz pronto regresarían. Sus fantasías y sueños podían sentirse más cercanos y talvez no muriesen después de todo.
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- ¿Qué pasa Potter? ¿Cansado?- preguntó divertido el Lord al ver a su rival parar.
- No- negó este algo ausente pues se había detenido porque sintió una punzada en su corazón y en el momento que una ligera llovizna comenzó a caer supo que algo había sucedido- Sigamos- declaró apartando la sensación de momento para concentrarse en su duelo.
- ¡Simen Cram!-
- ¡Corle Mot!-
- ¡Magnum Tero!-
- ¡Belistom!-
- ¡Fimero Flagarate!-
- ¡Aqua Corporeus!-
- No se tú pero yo me estoy comenzando a aburrir- dijo de pronto el joven Riddle con burla en la voz.
- Estoy de acuerdo contigo- respondió retadoramente Harry.
- ¡Crucio!- respondió el otro al reto.
- ¡Escudare maximus!- este hechizo logró parar la poderosa maldición que solo el Señor Tenebroso podía lanzar así, con tanto odio concentrado.
Ambos continuaron peleando infatigablemente, conjurando toda clase de hechizos, desde la magia oscura hasta la más común, ninguno quería ni podía darse por vencido aunque era más que evidente que uno era más poderoso que el otro; mientras el ojiverde respiraba agitadamente y ostentaba algunos cortes y heridas por su cuerpo, el de ojos escarlata a penas y se había agitado sin mencionar que no tenía ni una herida.
Harry Potter comenzó a dudar…¿y si de verdad no podía ganar? Talvez el otro lo mataría aunque la idea no le gustaba en lo absoluto pues debía ganar pese a todo, debía triunfar para salvar a su Herm y librar al mundo de Voldemort por su bienestar. Además se suponía que él era el heredero, la reencarnación de Godric Gryffindor quien fundó su casa donde los valientes y nobles de corazón solamente podían entrar así que él debía hacerle honor a todos esos títulos. Buscó en su mente una alternativa para ganar ventaja, de nada le serviría tratar de hacer el Priori Incantatem pues el otro no le daría oportunidad…de pronto recordó su arma legendaria decidiendo que esa sería su mejor ventaja.
- ¿Acaso ya imaginas tu derrota Potter?- lo sacó de sus pensamientos.
- Eso nunca Riddle- se envalentonó.
- Nunca digas nunca niño-
- Lo mismo va para ti- sonrió retadoramente haciendo aparecer en su mano una espada, su espada para empuñarla vigorosamente.
- ¡Ah vaya! ¿Tienes ganas de otra pelea de espadas?- el Señor Tenebroso también convocó su espada empuñándola hábilmente- Espero ya te hayas recuperado después de nuestro breve enfrentamiento anterior- dijo venenosamente recordándole al ojiverde cuantas pociones le tuvieron que administrar para que se recuperara.
- Esas heridas no fueron nada- alardeó provocando una mueca de disgusto en el otro joven hombre.
- Si consideraste eso, me encargaré de que esta vez si valgan la pena- amenazó.
- Eso quiero verlo maldito- con este comentario Riddle se abalanzó contra él enojado.
Se volvió a escuchar el choque estruendoso entre metales junto con maldiciones proferidas entre los combatientes, ambos jóvenes, ambos fuertes, era difícil que alguno venciera…
Harry se concentraba en bloquear las embestidas de su oponente que cada vez eran más peligrosas, su ritmo de pelea se aceleraba mientras que su defensa se debilitaba poco a poco, otro choque y un poco de sudor mezclado con el agua que no paraba de caer, de pronto, en un descuido de Riddle, Harry alcanzó a rozar levemente su brazo provocando que algo de sangre emanara del miembro, el agredido se limitó a reír maléficamente degustando el líquido rojizo con complacencia.
- Esto es a lo más que llegarás, la próxima sangre que se derrame será la tuya- sonrió.
- Ya lo veremos, con suerte morirás antes de verlo-
- Tú lo has dicho, con mucha suerte, pero no creo-
Continuaron sin alguna consideración, era vivir o morir, así de simples eran sus reglas, no les interesaba que abajo cientos de sus hombres estuvieran también batiéndose en duelo o que ya ni siquiera viviesen, no les importaba pues todo recaía en ellos, quien ganara iría en ayuda de su bando asegurándoles la victoria absoluta.
Voldemort decidió que era momento de finalizar lo que hace tiempo inició, concentró más poder en su espada golpeando a su oponente inesperadamente, el pelinegro cayó al húmedo pasto sin posibilidad de hacer algo al respecto ya que la mano que controlaba su espada quedó aprisionada bajo el pie del otro muchacho quien lo miraba con repulsión.
- Es hora de tu muerte- elevó su espada dispuesto a clavarla en el pecho del su sempiterno rival pero antes de tocarlo siquiera, una fuerza desconocida lo golpeó potentemente impidiéndole cumplir con su cometido, lo que el pelinegro aprovechó reponiéndose y buscando a quien lo había ayudado. Cuando levantó su vista pudo divisar una figura bastante conocida que se aproximaba hacia ellos bajo la lluvia, estaba empapada, agitada y herida, sin embargo la identificó de inmediato.
- Herm…- dijo con marcada sorpresa aunque de pronto recordó su situación pensando que ella podría haber acabado ya con sus amigos e iba ahora a ayudar a matarlo pero ¿por qué atacaría a Voldemort? Talvez lo que sintió hacía unos momentos sí hubiese significado algo pero no lo sabía.
- Mía- le llamó Riddle algo confundido por su repentina agresión en medio de su más grande logro- ¿Qué sucede?- cuestionó.
- He venido a impedir que lo mates- le respondió con una voz gélida.
- Te dije que yo lo mataría si pretendes hacerlo tú, se supone que te encargaría de sus amigos- recordó sin importarle la lluvia- Aunque si vienes a mirar no interfieras nuevamente ¿está claro?- inquirió acomodando su espada para atacar de nuevo.
- No- negó ella con firmeza.
- ¿Qué haz dicho?- la miró directamente a los ojos extrañado de su comportamiento.
- No- sonrió- Me parece que no te has percatado de un pequeño detalle- movió sutilmente su mano derecha como acomodando su espada, él miró ese movimiento abriendo los ojos más de lo común.
- El anillo…- murmuró- ¿Dónde está?- preguntó con un creciente sentimiento de preocupación.
- Fue destruido- sus ojos ámbar lo miraron con resentimiento- Y ahora es tu turno, querido- agregó con deleite provocándole al otro un intenso escalofrío.
- Herm, ¿eso es cierto?- los ojos del pelinegro se llenaron de lágrimas de felicidad al escuchar tal confesión, ante esto ella le devolvió una cálida mirada asintiendo con una sonrisa.- ¡Por Merlín! ¡Cuánto me alegro!- exclamó incorporándose de golpe para correr hacia ella pero otra figura se lo impidió.
- ¡Ustedes nunca estarán juntos! ¡Nunca!- bramó el Lord furibundo levantando su espada dispuesto a atacar.
- Eso esta por verse- la rizada levantó su arma que ambos observaron embelezados pues era hermosa, hecha de un metal azulado, delgada y firme, con un mago finamente moldeado en oro y una cabeza de león como ornamento y curiosamente una serpiente hecha de oro blanco adornaba toda la hoja de la espada.
- ¿Otra arma legendaria?-
- Sí Harry, fue forjada bajo la supervisión de Godric y Salazar como regalo a Rowena- explicó complacida al ver la cara pálida de Voldemort que no tenía idea de semejante hecho. Ella agradeció a su verdadera madre por habérsela dejado con la explicación concerniente para su empleo, además claro de que dicha espada le había ayudado a pelear contra el poder del anillo.
Riddle rugió de rabia lanzándose al ataque sin más a lo que la mujer blandió elegantemente su delicada espada conteniendo el ataque del otro con una magnífica maniobra corroborándole a la serpiente el poder de su arma. El ojiverde no esperó más y, cargado de nueva vitalidad, atacó al hombre junto con ella.
Así dio inicio otra etapa de la profecía donde dos herederos se unirían para derrotar al tercero que estaba corrompido por la maldad, mientras que los dos anteriores estaban unidos por el amor…el resultado ya estaba dicho y el joven Voldemort comenzó a sentir verdadero miedo en su interior, sabía que estaba perdido y todo se vendría abajo, ahora que ella ya no estaba bajo su control y lo atacaba junto al odioso de Potter, seguramente lo derrotarían y ya no podría evitarlo…detuvo dos estocadas con una rápida defensa doble pero tuvo de tirarse al suelo para detener otro embiste…él no acabaría así, no lo haría…
- ¡Maldición!- concentró más de su magia en la espada para detener los cada vez más coordinados y potentes ataques de los jóvenes.
- ¡Esto será por todas las personas que lastimaste!- ella le hizo un profundo corte en su pierna haciéndolo arrodillar de dolor.
- ¡Y por todos nuestros seres queridos que mataste!- siguió el morocho dañando uno de sus brazos con furia cambiando el gallardo rostro de su rival por una mueca de dolor e impotencia.
- ¡NO!- gritó levantando su arma para dar un tajazo al abdomen del otro joven quien profirió una maldición pero no se amedrentó y le atacó de nuevo- ¡Esto no acabará así!- agregó horrorizado cuando la castaña le hundió el filo de su arma en el brazo que sostenía su espada, obligándolo a soltarla.
- Así es la vida Tom- le contestó la joven careciendo de sutileza pues ni siquiera eso merecía, la había hecho sufrir demasiado, le había arrebatado demasiado como para tenerle consideraciones y se enojó más al recordar el sacrificio de cierto rubio…no era justo, ahora ese ser pagaría por su maldad.
- Prepárate para tu fin- secundó el morocho con una pizca de lástima pues recordó que había visto lo triste de su infancia, su cruel destino, en el pensadero del director y por ello se había convertido en eso.
- Eso nunca Potter- respondió el mago oscuro más poderoso de todos los tiempos con su mirada inyectada de sangre y llena de odio.
- Nunca digas nunca- repitió el otro las mismas palabras que le había dicho anteriormente y mirándolo detenidamente, todo rastro de pena se esfumó de su ser, pues el hombre se merecía lo peor, nadie tuvo la culpa de su suerte ni de sus elecciones, porque las tuvo y no quiso cambiar, Salazar también pudo ser de otra manera si lo hubiese querido pero ambos escogieron el camino del mal que los llevaría al mismo destino: la muerte- Adiós- le dijo por último.
Con una mirada el pelinegro y la castaña levantaron sus espadas para clavarlas directo al pecho de Lord Voldemort sin algún miramiento ni asomo de duda, este abrió aún más sus ojos para, repentinamente, posarlos sobre la mujer que lo había obsesionado hasta llevarlo a su perdición ya dos veces.
- No te olvides…de mi promesa…- musitó con el último aliento de vida que le quedaba para luego cerrar sus ojos definitivamente, esos ojos que tantas muertes había visto y disfrutado, que tanto dolor había causado y tanto odio habían destilado, esos ojos ya nunca verían otra vez.
Un nuevo cuerpo yacía en el pasto, uno más de muchos que murieron ese día, pero no cualquiera, ese era el cuerpo de Voldemort, el líder de los mortífagos, jefe de las criaturas mágicas que se le unieron, causante de muchas desgracias, la encarnación del mal…quien sucumbió ante la fuerza del amor, el cuerpo joven que obtuvo tan solo le duró unos días porque ahora estaba maltrecho y sin alma pues si existía un infierno ahí debía de estar en camino sin la necesidad de un juicio siquiera. Finalmente la calma regresaría, los días de paz tan anhelados llegarían, el futuro estaba a salvo después de todo…luego de tantas pérdidas, sacrificios, dolor, sufrimiento, desesperanza, miedo, impotencia, lágrimas, gritos, sangre…llegaba la luz, el amor florecía otra vez pero el recuerdo de la época del horror no se iría jamás, eso marcaría sus vidas hasta que la muerte las reclamase.
- ¿No quedaron horcrux verdad?- preguntó la castaña pensativa aún sin creer estar viendo el cadáver de Riddle a sus pies.
- No, el último se destruyó hace un año- respondió el otro igual de impactado al darse cuenta de la magnitud de su hazaña, y ano habría más de ese monstruo, estaba bien muerto finalmente, sin embargo eso no le devolvía todo lo que perdió en el proceso, excepto talvez a ella.
- Sé lo que piensas- dijo la joven- Y no es Legeremancia- sonrió- Este hecho nada nos devuelve pero hemos asegurado el futuro de nuestros seres queridos que nos quedan y de muchas personas inocentes.- trató de consolarlo y consolarse ella misma con estas palabras.
- Es cierto…- corroboró él cobrando conciencia de lo que tenía: ella, después de tanto tiempo podía decirle libremente cuanto la amaba, ya sin algún mal de por medio, son prisa ni pena, tan solo con su corazón en la mano, su sueño ya no era inalcanzable pues lo palpaba nada más debía dar unos pasos para cumplirlo.
El joven se acercó a su acompañante confortándola con un tierno abrazo al cual ella se aferró como di este pudiera se tan solo un sueño que se esfumaría en cualquier momento, sin embargo eso no pasó, lloró como hace mucho no hacía, lloró de tristeza y alegría.
- Te amo- le susurró él al oído dulcemente.
- También te amo- le respondió ella feliz de poder decir nuevamente esa palabra, ya nadie se lo impedía, lo llevaba guardado desde hacía mucho y el aroma masculino de Harry le recordaba el intenso amor que le profesaba, lo amaba como nunca pudo amara a nadie, ni siquiera a Draco…el rubio se había esforzado mucho para que lo quisiera y ella se hubiera casado con él si no hubiese muerto, jamás lo olvidaría, todo parecía hasta injusto en ese instante cuando se sentía tan segura entre los brazos del que fue su amigo desde el Colegio.
Ahí, en medio de la persistente lluvia, sellaron sus palabras con un beso, un beso lleno de amor, de felicidad pues nunca lo habían hecho, tantos obstáculos no lo habían permitido mas ahora unían sus labios con ternura y sin prisa. Para él, ella sabía a fresa y besarla era la mejor sensación de mundo, sus labios suaves y delicados eran exquisitos. Para ella, nada se comparaba con los suaves labios de él, estaba eufórica a su lado, sentía que el corazón le estallaría en cualquier momento por el inmenso amor la embargaba. Así, todos sucios, heridos, cansados y empapados, se sintieron las personas más dichosas del mundo sumergidos en su caricia, en la culminación de sus sentimientos como un grito silencioso de victoria, todo valió la pena por eso, ahora nada los detendría en su camino a la felicidad, nada…
- Harry- dijo la joven cuando se separaron a tomar aire.
- Mmm- dijo él aún como en las nubes.
- Debemos ayudar a los demás- recordó de pronto haciendo notar que más allá las batallas aún continuaban y eran perfectamente visibles desde la colina. El joven de despejó bruscamente ocultando su espada y empuñado su varita.
- Vamos- dijo ofreciéndole su mano para dirigirse en pos de sus camaradas, la castaña la tomó.
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- ¡Experto Patronum!- un gran perro salió de la varita del joven embistiendo a decenas de dementotes que solamente retrocedieron momentáneamente- ¡Son muchos!-
- ¡Experto Patronum!- se le unió otra voz de una rubia.
- ¡Debemos alejarlos por lo menos!- exclamó Neville.
- ¡No será sencillo!- le contestó la pelirroja agitada.
- ¿Qué estará pasando con…?-
- ¡No es momento para esas preguntas hermanito! ¡Mejor concéntr…!- no pudo acabar la frase ya que un dementor se había acercado demasiado a ella debilitándola pro completo.
- ¡Gin! ¡Experto Patronum!- el joven Longbottom fue en su ayuda interponiendo su patronus entre ella y la criatura con lo que la alejó de momento.
De pronto la lluvia cesó por completo dando paso al celo nocturno que empezaba a desaparecer, casi amanecía pero el ambiente era pesado a causa de los cientos de dementotes que llegaron para menguar las fuerzas de los aurores que llevaban nueva desventaja.
Los cuatro jóvenes no se habían alejado del lugar donde reposaba el cuerpo del ex-slytherin tal como le habían prometido a su rizada amiga. A pesar de que el aire estaba viciado de tristeza y de que casi no podían respirar y que sus almas podían se absorbidas en cualquier momento, ahí se mantenían pero no por mucho tiempo.
- ¡EXPECTO PATROMUN!- exclamaron dos voces repentinamente haciendo aparecer a dos hermosos animales formados completamente de luz, de pensamientos muy felices, una nutria y un ciervo que avanzaron velozmente por el campo derribando a todo dementor que encontraban en su camino, la luminosidad que emanaban era potente y llenaba a los humanos de un reconfortante sentimiento de calidez, de una paz interna con tan solo contemplarlos. Ambos animales acabaron con los antiguos custodios de Azkabán sometiéndolos nuevamente para obligarlos a servirles pues esos seres no pensaban tan solo obedecían al más fuerte.
Cuando todo volvió a calmarse y los patronus desaparecieron elegantemente, dos figuras hicieron acto de presencia, eran dos jóvenes tanto o más maltrechos que los demás presentes, una era castaña y el otro de rebeldes cabellos negro azabache, los dos con una cansada pero satisfecha sonrisa en sus rostros.
- ¡Harry! ¡Hermione!- exclamaron los que los reconocieron con la alegría marcada en sus voces, los aludidos les dirigieron una mirada para, en seguida, desvanecerse por el inmenso cansancio, así, los mortífagos supieron que su Señor había sido derrotado y los cabecillas trataron de huir, entre ellos se encontraba Lucius Malfoy quien huyo con un pesar en su pecho, los restantes fueron inmovilizados y arrestados de inmediato. Ahora el trabajo pesado de los sanadores empezaría.
- Lleven a la señorita Dumbledore y al señor potter a San Mungo de inmediato- ordenó una fatigada pero impasible Minerva McGonagall a un medimago- Y ustedes vayan igualmente para un chequeo general- dijo imperativa a los miembros de la Orden que estaban cerca quien obedecieron demasiado agotados para reclamar.
- ¿Y tú Minerva?-
- Iré cuando termine aquí, es mejor que tú lleves a Remus, Nymphadora, se ve muy agotado- insistió la mujer causándole un sonrojo a la metamorfomaga.
- Soy Tonks- la corrigió- Nos vemos allá- aceptó tomando al licántropo del brazo y desparecer juntos.
- Por fin todo terminó- suspiró la directora mirando a su alrededor con ojos tristes.
- Yo no estaría tan seguro- dijo otra voz a su costado.
- Veo que sigues tan vivo y positivo como siempre, Alastor-
- No moriría tan fácilmente además solo promuevo la ¡Alerta permanente!- exclamó levantando su bastón al cielo.
-Vete a San Mungo a ver que te pueden hacer- regañó la mujer severa a lo que el auror apodado Ojo-loco gruñó desapareciendo del sitio.
- Todo limpio Minerva, los mortífagos van a Azkabán junto a los dementotes, mandamos la noticia al Ministro Scrimgeour y los demás ya están en San Mungo- informó un hombre luego de unas horas.
- Gracias, vamos entonces nosotros- dijo ella para desaparecer.
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Le dolía horrores la cabeza cuando cobró conciencia de su entorno, poco a poco los recuerdos acudieron a su memoria haciéndola sonreír, decidió hacer el esfuerzo de abrir sus ojos lentamente, cuando lo logró se encontró en una cama dentro de una blanca habitación, examinó su alrededor percatándose de que no estaba sola, unos siete pares de ojos la observaban aliviados.
- Hola bella durmiente- la saludó el morocho depositándole un beso en su mejilla.
- Hola ¿cómo están?- preguntó son más comenzando a estirarse.
- Bueno, considerando que tú eres la que está en cama y nosotros no, pues diría que bien- bromeó el pelirrojo siendo reprendido por su madre.
- Nos da mucho gusto que despertarás ya querida- le sonrió Molly abrazándola con ternura.
- ¿Cuánto tiempo llevo dormida?- indagó ella.
- No mucho, solo tres días-
- ¿No mucho? ¡Eso es bastante Luna Lovegood!- exclamó sorprendida por su largo sueño y tratando de incorporarse pero alguien la detuvo.
- Cálmate, necesitas reposar, todo está bien, relájate- le dijo Harry lentamente.
- Pero ¿todos están a salvo? ¿qué pasó con los mortífagos? ¿tú cómo estás?-
- Para, para- rió- Yo estoy bien, solo me quedará una cicatriz en el abdomen pero solo tendré una que podré ocultar- bromeó descubriendo su frente.
- ¡Tu cicatriz ya no está!- lo examinó feliz por la desaparición de esa marca.
- Al parecer desapareció con la muerte de Voldemort- explicó igual de feliz.
- Ya no hablen de eso- regañó otra joven adelantándose- ¡Hermy, gracias a Merlín que estás bien!- la abrazó la pelirroja menor con entusiasmo.
- Sí Gin, gracias a Merlín- correspondió ella.
- Me alegra tu regreso amiga- secundó otro joven.
- Gracias Nev, los extrañé mucho en verdad- respondió conmovida porque no la odiaran a pesar de todo lo que les había hecho.
- No es momento de perturbar a la señorita Dumbledore- intervino una mujer- Hermione me da mucho gusto que estés bien- agregó la misma mujer regalándole una cariñosa sonrisa.
- Muchas gracias Minerva- correspondió feliz de que todo hubiese terminado al fin.
La castaña estuvo dos día más en el hospital recibiendo miles de cartas y flores donde le agradecían su acto, al igual que a Harry, su cuarto quedó como todo un invernadero que Neville admiró sinceramente por lo que se las regaló hasta que fue dada de alta.
Cuando las cosas se estabilizaron un poco y El Profeta fue capaz de publicar, una sola cosa salió como titular llenando a todo mago o bruja de alegría.
CAIDA DEFINITIVA DE VOLDEMORT
"Hace cinco días exactamente dio lugar la confrontación del Departamento de Defensa, compuesto por aurores e inefables, de la secreta Orden del Fénix (que sale a la luz fundada por el fallecido Albus Dumbledore y actualmente dirigida por la directora de Hogwarts Minerva McGonagall) y de varios voluntarios contra los temidos mortífagos. Según se nos informa, fue un enfrentamiento inigualable, repleta de muchas muertes pero en donde finalmente el bando del bien salió triunfador con la muerte definitiva del mago oscuro Voldemort, su nombre ya no debe ser temido puesto que fue rotundamente derrotado y su maldad ha desaparecido ya que todos los mortífagos fueron condenados al beso del dementor y algunos poco pugnan cadena perpetua en Azkabán. El cuerpo del Departamento de Defensa ha estado concluyendo algunos casos, además de que el Ministro Rufus Scrimgeour está resolviendo todo lo que quedó inconcluso.
Harry Potter, mejor conocido como 'el-niño-que-vivió', fue uno de los que derrotaron a Voldemort, uno de nuestros salvadores, tal como esperábamos el Jefe del Departamento de Aurores fue premiado con la Orden de Merlín 1º Clase junto con el agradecimiento del mundo mágico.
Hermione Dumbledore, nieta del mago Albus Dumbledore quien derrotó al anterior mago oscuro Grindelwald, mejor amiga de Potter, fue la otra persona que mató a Voldemort, ella es actualmente la Jefa del Departamento de Defensa y miembro honorable del Wizengamot del cual su abuelo fue Mugwump Supremo, también fue premiada con la Orden de Merlín 1º Clase junto al sincero agradecimiento del mundo mágico de igual manera.
Tal parece que ambos jóvenes tienen una relación muy estrecha y quién sabe qué sorpresas nos puedan dar…por lo pronto Harry potter nos comenta que quiere retirarse de ser auror que prefiere seguir su pasión por el Quidditch como buscador de las grandes ligas; en cuanto a Hermione Dumbledore quiere también retirarse de su puesto, y es comprensible luego de todo lo que han hecho ambos por la comunidad.
En cuanto a la también importante participación de Minerva McGonagall, Alastor Moody, Shackelot Kingsley, Nymphadora Tonks, Remus Lupin, el fallecido Severus Snape, el fallecido Draco Malfoy (antiguo Jefe de los Inefables), la familia Weasley, Luna Lovegood y Neville Longbottom, se les ha concedido la Orden de Merlín 2º Clase por sus grandes servicios.
Por fin la era oscura terminó, pasará a la historia para poder empezar una nueva vida, todo ha terminado, fue la caída definitiva de Voldemort y sus secuaces, podemos dormir en paz."
Cuando la noticia fue publicada y los medios se enteraron de que los héroes abandonarían el hospital, no dejaron de cuestionar a los chicos que ya eran muy famosos pero eso era realmente molesto, en especial para Hermione que no estaba del todo contenta y le disgustó cómo los pintaron en el Profeta, como si fueran héroes o íconos solamente, muchas cosas malas habían pasado para llegar a ese momento y ni siquiera las habían nombrado, parecía que ya nadie las recordaba o no les interesaban.
Edgard e Isabel Dagworth- abuelos adorados
Charles y Jane Dumbledore- padres queridos
Jonathan y Helen Granger- padres amados
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore- abuelo bondadoso y amado
Severus Snape- profesor, amigo y consejero
Draco Lucius Malfoy- amado amigo, compañero entrañable, inolvidable…
Leyó los nombres con todo el dolor de su corazón, todas esas lápidas eran por las personas que, por su simple existencia, por estar a su lado y ayudarla, habían muerto, porque si ella no hubiese existido seguramente todos ellos estarían vivos, pero no era así…jamás los vería nuevamente y se sentía tremendamente culpable por eso. Derramó lágrimas amargas por todo ellos, recordó cómo sus vidas fueron violentamente arrebatadas, sin compasión y sin que ella pudiese evitarlo.
- Así me siento cuando veo las de mis padres y la de Sirius- dijo de pronto la voz grave del ojiverde quien la había seguido y ahora la abrazaba protectoramente, ella soltó a llorar aún más ante este comentario- Pero gracias a ti y a nuestros amigos, comprendí que no fue culpa mía, que eso tenía que pasar y que quedaban muchas cosas buenas en el mundo por las cuales vivir, además si ellos querían mi felicidad no tengo derecho a decepcionarlos- reflexionó el joven tratando de aliviar el dolor de su castaña, ella no pudo más que asentir sonriendo finalmente en señal de agradecimiento.
- Tienes razón, aunque no es tan sencillo- respondió con melancolía, jamás podría olvidarlos.
- No, no lo es pero yo te ayudaré a sobrellevarlo- la alejó de él solo un poco- Si me lo permites, yo te haré feliz- declaró hurgando en su túnica con nerviosismo.
- ¿A qué te refieres?- cuestionó ella algo desconcertada.
- Hermione Jane Dumbledore, aquí, frente todos tus seres queridos y aunque sé que no pasamos por el noviazgo, quiero pedirte algo: cásate conmigo- soltó abriendo una linda cajita que contenía un hermoso anillo de oro con un gran diamante antes esto la joven se sonrojó como adolescente.
- Claro que sí, Harry James Potter, te amo- aceptó llena de felicidad mientras el joven le colocaba la alianza delicadamente, luego se abrazaron.
- Yo te amo más- la besó antes de que replicara, aunque este vez fue un beso calmado, tranquilo, suave y tierno que transmitía todo su amor, ya no estaban en medio de una guerra sino en el comienzo de la paz, nada los interrumpiría esta vez, formarían una vida juntos, se amaban y ya no habría secretos entre ellos. Poco a poco se separaron con cierto pesar pero necesitaban respirar, se miraron con profundidad, ella, siempre conservaba esos ojos color del ámbar tan cálidos, él, impactaba con sus ojos esmeralda que tenían un destello de los antiguos ojos celestes de Godric pero que ambos expresaban todo el amor que sentían hacia esa mujer.
- Tengo una duda- dijo él repentinamente- ¿A qué promesa se refería Voldemort antes de morir?- indagó recordando la frase dicha por el mago, eso le preocupaba un poco.
- No lo recuerdo, seguro deliraba- mintió ella con algo de nerviosismo pero no lo dejó traslucir aunque quedó algo de suspicacia en el otro quien decidió finalmente no darle importancia. Pero ella recordaba a la perfección esa promesa ¿cómo olvidar esas palabras que le helaron la sangre? Pero ya no tenía caso repetirlas, todo había acabado.
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Este si que estuvo larguito ¿no? Pues he terminado solo falta el epílogo y listo, fin de una historia.
A la primera que agradezco es a ti Liz Echizen haz sido un gran y valioso apoyo a lo largo de este fic, tal parece que todas las dudas anteriores fueron resueltas ya en este capítulo que espero haya sido de tu agrado, me parece que es el más largo que he escrito y en menos tiempo, aunque estoy con el epílogo ahora, cuídate. Gracias también a heydi Ha por el review anterior.
¡Último capítulo. Dejen REVIEWS!
Gracias por leerme
"Aquel que tiene un porqué para vivir puede enfrentar todos los cómos."
(Frederich Nietzsche)
"El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto." (Charles Chaplin)
Cristal90
