Capítulo Veinticuatro

Agridulce

La siguiente semana es surreal. Comienzo a darme cuenta que la vida que llevo está a punto de terminar. Después del domingo no voy a ser recibida ni por mis padres ni por ninguno de mis conocidos. Sé que quiero casarme con Phoenix. Nada va a evitar que me convierta en su esposa. Sin embargo, una extraña mezcla de tristeza aparece cuando comienzo a comprender lo que va a suceder. Cuando ayudo a mi padre a mezclar la medicina, cuando coso tranquilamente con mi madre; todas esas pequeñas cosas desaparecerán pronto. Es agridulce. Estoy segura de que si Phoenix fuese parte de la clase mercantil, la parte amarga de esta situación no sería tan potente. Pero voy a tener que dejar atrás a mi familia, a mis amigos y a mi vida por él. Lo único que llevaré conmigo es todo lo que pueda caber en mi Cofre de las esperanzas.

El sábado, un día antes al acordado por Phoenix y yo para la ceremonia, me encuentro a mí misma caminando por la ciudad, absorbiéndolo todo antes de que nada sea igual. Pero las cosas ya han cambiado antes, y siempre he sido capaz de adaptarme. Y las cosas siempre han cambiado para mal. Maysilee. Aparece un nudo en mi garganta cada vez que pienso en ella.

Acordarme de esto me hace acordar de Margaret, la otra mitad de mis mejores amigas. Casi nunca hablamos, sobretodo porque la escuela terminó. Generalmente era su madre la que venía a la tienda por la medicina de Margaret. Es así como sé que no se ha repuesto de la pérdida de Maysilee.

Y sé que tengo que verla otra vez, antes de que nuestras situaciones nos alejen por completo.

Hace tiempo venía seguido a la tienda de dulces. Ahora no puedo recordar cuándo fue mi última visita. Siento un dolor en mi corazón al pensar en cómo hemos podida dejar que todo se interponga entre nosotras. Extraño a mi amiga.

Toco su puerta trasera y espero. La Sra. Donner abre la puerta.

- ¡Ruth! –Exclama-. Dios, ¿cómo estás?

- Muy bien, gracias, -le digo-. Me preguntaba, ¿se encontrará Margaret?

- Sí está. ¿Quisieras entrar a verla? –me pregunta la Sra. Donner, haciéndose a un lado para que yo pueda entrar.

- Sí, gracias, -le contesto y doy un paso adelante.

La casa que alguna vez me fue tan familiar como la mía ahora es completamente extraña para mí. Recuerdo los sofás, pero han cambiado de lugar. El retrato de Margaret y Maysilee que los Donner habían tomado el décimo-sexto cumpleaños de sus hijas había desaparecido junto con el piano de Maysilee. Me pregunto en beneficio de quién era esto: para Margaret o para sus padres.

- Voy a traer a Margaret, -me dice la Sra. Donner-. Por favor, toma asiento.

La Sra. Donner sube las escaleras mientras camino lentamente hacia el sofá y me siento sobre sus cojines. Margaret baja detrás de su madre, quien se dirige hacia la tienda de dulces.

- Hola Margaret, -le digo, al darme cuenta ahora que tal vez esto era una mala idea. Tal vez Margaret aún siga sin querer hablarme.

- Hola Ruth, -me contesta y toma asiento con poca energía.

- ¿Cómo estás? –le pregunto, de forma casual.

Margaret mueve su cabeza de lado a lado-. Bien, supongo. Tu medicina me ayuda. Me siento mucho mejor que antes.

- Me alegra escuchar eso, -le contesto. Y es cierto. Nunca me gustó ver a Margaret tan herida.

- Mi madre me contó que rechazaste la propuesta de matrimonio de Kelton Mellark, -dice Margaret-. Tu madre estaba furiosa.

Me río-. Sí que lo estaba, pero va a estar bien.

- Siempre pensé que Kelton sería capaz de conquistarte eventualmente, -me dice-. Es amable y tiene un buen futuro con esa panadería.

- A veces necesitas más que eso, -le contesto. Necesitaría amarlo, y no lo hago.

- Yo… estoy viendo a alguien, -admite Margaret sonrojada.

- ¿Ah sí? ¿A quién? –Le doy una sonrisa genuina.

- Patrick Undersee, -me dice-. Trabaja en el Edificio de Justicia. Quiere llegar a ser alcalde algún día. Y con la edad del alcalde Refoin, puede que sea pronto.

- ¿Entonces es uno de los favoritos? –Le pregunto. Generalmente, el Capitolio elige al alcalde de entre un grupo de personas que trabajan en el Edificio de Justicia. Pero siempre hay ciertas personas que tienen mayores probabilidades de ser escogidas que otras, dependiendo de su posición de qué tan bien les vaya en una entrevista.

- Sí, -me contesta Margaret-. ¿Puedes imaginártelo? ¿Si me casara con el alcalde del Distrito 12?

Margaret sería la mujer más rica del Distrito 12 si eso llegase a ocurrir. Y yo estaré en la Veta. Nuestras diferencias nos siguen alejando más y más.

- Estoy feliz por ti, Margaret, -le digo, porque así es.

- Oh, pero si recién hemos comenzado a vernos, -me dice, encogiéndose de hombros-. Quiero decir, ¿quién sabe lo que va a pasar? Pero… me besó ayer cuando me trajo a casa después de cenar.

Doy un grito ahogado y dejo salir un pequeño chillido de emoción por ella y su rostro se ilumina.

- ¡Oh, Margaret! ¡Entonces le gustas! –Declaro-. A ti también te gusta, ¿cierto?

Margaret asiente-. Sí. Es tan amable, Ruth. Me hace ser casi tan feliz como antes.

Lágrimas empiezan a brotar de sus ojos. Mis manos encuentran su camino hacia las suyas. Mis ojos comienzan a picarme mientras lucho por mantener mis emociones dentro de mí.

- Aún la extraño tanto, -dice Margaret-. Disculpa que no fui muy abierta cuando recién sucedió. Disculpa que ignoré nuestra amistad, Ruth. Me he estado arrepintiendo de eso por un largo tiempo ya.

Sacudo mi cabeza-. También tengo algo de culpa. Sabía por lo que estabas pasando. Debí haber estado ahí para ti. Lo siento.

- A ella no le hubiese gustado que fuera de esa forma, -me dice-. Nos hubiese gritado si supiera lo que hicimos.

Me río, imaginando qué es lo que diría si estuviese aquí, si supiera la forma en la que reaccionamos a su muerte. La extraño demasiado. Y aunque Margaret aún sigue aquí, sé exactamente qué es lo que pasará después de mañana. Ya no seré bienvenida.

Me alegra que hayas venido hoy, -dice Margaret-. Podemos arreglar todo ahora. Ya me siento mejor, de verdad. Podemos empezar de nuevo.

Lágrimas brotan nuevamente de mis ojos. Antes había decidido que no diría nada hasta después de la ceremonia. Pero al escuchar a Margaret decir esto, no podía dejar que se emocione para luego tener que abandonarla. No después que perdimos a Maysilee.

- No podemos, Margaret, -le digo.

Está claramente confundida-. ¿Pero…? ¿Por qué no?

- Me caso mañana, -digo-. Con Phoenix Everdeen.

Suelta mis manos y me mira fijamente, boquiabierta. Parpadea unas cuantas veces, y luce como si intentara encontrar el chiste en mi noticia, pero no encuentra ninguno.

- Te gustaba hace mucho tiempo atrás, -me dice-. Pensé que lo habías superado.

Sacudo mi cabeza-. Después de que mis padres nos descubrieron, continuamos viéndonos en secreto cada vez que podíamos. Él es el motivo por el que rechacé la propuesta matrimonial de Kelton. Porque ya habíamos decidido que nos íbamos a casar.

- ¿Estás segura que quieres hacer esto? –Margaret me pregunta, hay dolor en su voz-. ¿Acaso no ves a lo que te estás metiendo?

- Lo sé, -le digo-. Pero no puedo imaginar mi vida sin Phoenix. Lo amo demasiado.

- Antes te hubiera dicho loca, -me dice-. Pero ahora te entiendo un poco más. Aun así… Sabes que no puedo permitir que me asocien contigo, por el bien de Patrick. Quiero casarme con él. Y si lo hago, no podemos tener ninguna conexión con alguien de un estrato social inferior. No le daría una buena imagen al Capitolio y nunca llegaría a ser alcalde. Y él sería un muy buen alcalde, Ruth, es bueno y desinteresado. Te agradaría bastante como alcalde.

Sonrío, reconfortándola-. Estoy segura que me agradará cuando consiga el puesto. Y también lo entiendo, Margaret. Solo lamento que tenga que ser de esta forma.

- Estás haciendo lo que te hace feliz, -sonríe con tristeza-. Aunque me alegra que hayas venido. Significa mucho para mí que todavía sigamos siendo amigas.

Tomo sus manos entre las mías nuevamente-. Siempre lo seremos, sin importar lo que piense el Capitolio.

Entonces Margaret me captura en un abrazo, el cual le devuelvo gustosa. Después de decirnos adiós, comienzo a dejar atrás la vida para la que nací para reemplazarla por la vida para la que estoy destinada.