Severus Snape se dejo caer en un sillón mientras restregaba sus ojos en un gesto de impotencia. Dos horas, dos malditas horas buscando a Sophie por todo el castillo infructuosamente. Sentía el corazón en un puño, mientras escudriñaba el mapa. Nada, su nombre había desaparecido de los terrenos de Hogwarts.
Solo faltaba un día para la última prueba, los estudiantes habían abandonado las clases desde temprano preparando sus pancartas para animar a los campeones. En un principio pensó que estaba dentro del barco de Durmstrang, pero después de casi dos horas esperando, se convenció de que no.
Vencido, se propuso violar otra vez su puerta. Todo estaba en el mismo orden de siempre. Miro los sillones, los libros, los diversos baúles por el suelo, la chimenea con el polvo Flu. La chimenea, no se le había ocurrido eso. No entendía a donde podía haber ido sin avisarle, pero no lo pensó demasiado. Paso su varita por el muro, tratando de dar con el lugar a donde había ido... nada. Después de intentarlo varias veces resoplo fastidiado. Sentía el pecho oprimido con la desesperación.
En las últimas semanas las cosas se habían acomodado en la rutina.
Después de salvarla a duras penas de una muerte irremisible, se propuso vigilarla día y noche. Pasaba gran parte de su tiempo libre con ella, solo observándola dormitar o leer sobre su diván, mientras el fingía corregir algún ensayo mediocre. Había abandonado aquella resolución de alejarse de ella. El casi perderla le hizo ver cuán corta era la vida para tener miedo de ser feliz. Tenía demasiadas pruebas ya de que aquello no sería algo pasajero.
Ella era suya, lo sabía. La escucho murmurar su nombre entre sueños, la observo sonrojarse ante sus insinuaciones indiscretas. La sentía como un regalo de navidad que no podemos tocar, pero que nos pertenece. No se atrevía a dar el último paso, pero la sentía en cada fibra de su cuerpo. Era como amar por primera vez, excepto que esto era mucho mejor. Nada se podía comparar con ese amor que sentía dentro, ni siquiera su pasión por Lily. Ahora tenía claro que aquello había sido una quimera, estaba consciente de que el amor que había sentido por ella estaba ligado a la culpabilidad, a ese sentido del deber por haberla traicionado. En los ojos de Sophie existía admiración por él, lo que nunca vio en la gryffindor. Ella se sentía orgullosa de llamarlo su amigo, aunque ante la vista de todos era un asqueroso mortífago amargado. Sabía que era importante en la vida de ella, que lo necesitaba y se lo hacía saber. La necesidad de protegerla le absorbía la mayor parte del tiempo. Quería que ella solo pensara en el, ser su dueño absoluto. Iba a ganar su corazón centímetro a centímetro, iba a impedir que nadie se le acercara y la protegería por siempre. Sabía que ella no lo amaba, pero estaba dispuesto a tener paciencia, a penetrar su corazón como una corriente de agua entre las piedras.
Le llego una idea salvadora de repente, en el despacho del director se guardaba el registro de los movimientos de la línea floo por el castillo. Se palmeo la frente por ser tan obtuso, como no había pensado eso antes? Era un medida de seguridad impuesta para que los estudiantes no se pasaran de sala en sala sin vigilancia. Sin perder el tiempo se dirigió al despacho de Dumbledore.
El mago anciano no estaba allí, pero el tenia permiso como jefe de casa para revisar los registros. Después de lanzarle uno que otro insulto a la gárgola que lo miraba con desprecio logro entrar. Todo estaba como siempre, miles de objetos sin orden ni razón, que ese viejo loco coleccionaba como si se tratara de las ultimas maravillas mágicas. Deslizo sus dedos por el pergamino suspendido encima de la chimenea mientras su alma se llenaba de furia. No lo podía creer? Grimmauld Place? No, de seguro era una trampa del perro viralata ese. Aun podía sentir los dientes de ese animal triturándole los dedos. No lo pensó dos veces, si Black se atrevía a hacerle algo a Sophie lo iba a matar , con sus propias manos al estilo muggle.
Avanzo por la chimenea hacia una casa oscura ,donde no había estado nunca. En el fondo observo el escudo familiar. Tres cuervos debajo de una calavera con el lema de Siempre puros. Resoplo con fastidio, quizás la arrogancia de Black venia de familia.
Subió por la escalera, empuñando su varita. Todo estaba en sepulcral silencio.
Como buena serpiente se deslizo en mortal silencio por el corredor. La casa parecía estar vacía, las personas de los retratos dormitaban ajenas al hombre de piel pálida y ojos oscuros que los observaba. Llego al final del pasillo, deteniéndose en una puerta entreabierta. Atisbo por la rendija, llenándose la vista con aquella imagen del infierno. No, no podía ser posible. Sophie, su Sophie durmiendo al lado de ese maldito gryffindor. Dentro escuchaba una voz que decía que algo no encajaba en esa imagen, pero el pequeño niño inseguro que llevaba dentro no lo dejaba ver más allá de los celos, de la ira, del dolor y de la amargura.
Sintió el odio crecer dentro de sí como una plaga incontrolable. No era solo el hecho de que ella estuviera con otro, sino que era con ESE, su enemigo, era una doble traición. Controlo ese impulso de matar a Black allí mismo, correr y estrangularlo mientras observaba la expresión de su rostro moribundo antes de enviarlo al infierno. Pero en vez de eso se dio vuelta y regreso a Hogwarts.
Ya no mas- se dijo a si mismo sintiendo todo el dolor del mundo crecer dentro de sí como el peor de los crucios-
Se sentó a esperarla mientras sorbía a tragos una botella de whisky de fuego que ella guardaba en uno de sus baúles.
La noche había caído, llenando de silencio los pasillos de Hogwarts. Todas las personas dormían plácidamente, excepto dos.
Sophie Smirnov cruzo la chimenea de los Black rumbo a su habitación. Estaba cansada y confundida. La tormenta de emociones había drenado todas sus energías, y para colmo no iba precisamente a descansar ahora. Percibió la penumbra y ese maldito frio que aun no cedía, y que la llenaba de funestos presagios. Camino hacia su mesita de noche, todo estaba oscuro. No recordaba haber dejado las luces apagadas, pero ya no importaba, solo quería tragarse una poción y dormir. Se deshizo de la túnica, quedando solo en pantalones y su sujetador. Se soltó su larga cabellera rizada. No podía esperar para descargar todos los recuerdos tristes de ese día.
Entonces la embargo perfume tan familiar, que la hacía sentir tan segura. Tomo su túnica y se cubrió el pecho. Giro sobre sus talones, escudriñando los claro oscuros de su habitación.
-Sev?- murmuró
Una figura oscura, como si fuera un vampiro emergió de la oscuridad. Sophie se asusto. El era alto, pero ahora parecía mas intimidante que de costumbre.
-Te he dicho que no me llames con ese estúpido apodo- la voz fría del maestro de pociones siseo. Sintió como si un dementor se aproximara, congelando todo el aire a su alrededor.
-Sabes, sé que estas enojado, pero ahora no es el momento para tener esta discusión. Agradecería que habláramos en la mañana, estoy muy cansada- dijo ella, tratando de ocultar el temor que sentía. Ni siquiera su despertar en las mazmorras se igualaba al tono helado de su amigo.
- Me importa poco dónde estabas- su voz adquirió un tono de sorna- Estoy aquí para que empecemos tus lecciones de oclumancia. Ya es tiempo-
Sophie dio un respingo. Podía utilizar perfectamente esas artes para ocultarle sus verdaderos pensamientos al director de Hogwarts, o a cualquier otra persona. Pero no a su amigo. Temía que sus sentimientos por el fueran demasiado fuertes para poder esconderlos.
-Ya te dije que sé la suficiente oclumancia, ahora por favor déjame dormir- camino hacia el otro extremo de la habitación para buscar la poción. En realidad quería alejarse de él, pero el espacio era algo reducido.
-Prepárate- la voz de Slytherin le produjo escalofríos. En un dos por tres sus largas piernas lo llevaron a pocos centímetros de ella. Sophie no tuvo tiempo de nada, el estaba ahí, cara a cara, sintió como si el piso se deshiciera bajo sus pies.
-Legeremens!-
Se sintió arrastrada en tiempo y espacio, suspendida en el aire mientras observaba al hombre de pie que observaba curioso la escena de su memoria.
Allí, en la cama del Slytherin, dos cuerpos sudorosos atornillados en el mismo nudo del deseo. El hombre de pelo oscuro acaballado sobre ella, arrancándole los más profundos acordes de su ser.
Todo se volvió borroso una vez más. De vuelta en su habitación, Sophie estaba sudando. Severus se acerco mas a ella, bajando su cabeza a la altura de la suya. Sintió miedo, mucho miedo. Era dos veces más grande que ella, y mucho mas rápido. Sus profundos ojos negros la observaban con una mezcla de odio y lujuria. Por primera vez veía al mortífago que había en él.
-Entonces eso es lo que quieres- siseo con voz enronquecida, su cuerpo se separaba del de ella por uno o dos centímetros quizás. Tenía su brazo apoyado en la pared, mientras ella enrojecía violentamente y el sudor empapaba su frente. Acerco su rostro lo suficiente para acariciar sus rizos con su mejilla, susurrándole despacio al odio- Que lastima que huelas a perro-
La mano de Sophie se dirigió a su cara plantándole una sonora bofetada. Mientras el seguía aun aturdido aprovecho para empujarlo y empuñar fuerte su varita.
-Quiero que te vayas- dijo ella mientras sentía que la voz se le quebraría en cualquier momento- Quiero que te vayas AHORA.-
Severus Snape se agarro la mejilla. Le ardía como los mil demonios. Se enderezo mirando a la mujer que lo observaba con ojos asustados y rencorosos.
-Eres una tonta- escupió
Sophie sintió su corazón quebrarse dentro de su pecho. No, no lloraría mas, no tenia agua suficiente para verter por sus ojos.
-Sí, soy una tonta, y tu eres un tonto también. La diferencia está en que yo fui una tonta que te amó y tu... tu solo eres un tonto sin corazón-
Silencio
Camino hacia la puerta dispuesta a largarse de Hogwarts si él no salía de la habitación. Severus Snape se quedo en el medio de la habitación petrificado. Todo rastro de alcohol en su sangre se desvaneció.
Ella se volteo abriendo la puerta, pero el hombre había bajado su varita y la observaba con expresión contrariada, como si no pudiera creer lo que veía.
Sophie reprimió una carcajada de rabia. Se dio cuenta de lo que había dicho.
- Que?- sonrió con insolencia- El gran Severus Snape se ha quedado callado?. Que acaso no lo sabías con tu mente privilegiada?- se burlo- Siempre supe que no podía competir con tu hermosa Lily, siempre bella, popular, tan malditamente perfecta.-
El slytherin avanzo hacia ella, como si intentara disculparse. Poso su mano en su brazo, tratando de atraerla hacia sí.
-NO!- escupió ella- Suéltame ahora, me sobra orgullo para rebajarme más.- Lo fulmino con una mirada de odio- Y no te preocupes por toda esta maldita comedia, no necesito que me cuides-
Severus Snape se enderezo, mientras salía por la puerta con un giro de su capa oscura.
Sophie soltó la túnica que aun aprisionaba contra su pecho. Tomo el diario de Regulus acariciando sus tapas. Se sentó en la cama tratando de calmarse. No mas lagrimas. Cerró los ojos intentando dormir.
