Disclaimer: Naruto no me pertenece, sino a Masashi Kishimoto
¡Volví! Lo sé, lo sé. Nunca se lo esperaron. Pero, a diferencia de lo que todas pensaban, no estaba desaparecida, ni de parranda, ni tampoco descuartizada debido a un impulso homicida de mi novio. No. Estaba colapsando con mis exámenes finales. Los últimos que haré en mi colegio. Y mejor dejo eso, porque comenzaré a llorar :C
Bueno, ya sé que ha sido mucho tiempo, pero espero que todavía guarden algún recuerdo de esta pequeña historia que ha salido -a duras penas- de mi loca cabeza. Y ahora, a responder reviews anónimos de hace cinco meses (.-.)
Jaz: Tarde, pero traje más de lo que a ti te gusta, y que te ha recetado especialmente el doctor (?) xDD. Si más personas hicieran cambios en el mundo, no estaríamos como estamos. Así que, estoy orgullosa de ti ;) xDD No me des las gracias. Soy yo la que agradece que leas y comentes mi historia. Contribuyes a mi felicidad (cambiando el mundo xDD) Cuídate tu también, bendiciones y que estés bien :D Bye, nos estamos leyendo.
Monii: Mi pequeña y fiel lectora. Mucho tiempo sin leerte, sin saber absolutamente nada de ti. Espero que estés bien. Recuerda, cuando estés triste, que la vida es dura, pero puede ser peor. Imagínate si fuera cemento .-. xDD No te preocupes por los retrasos, que me pasaría de descarada si me quejara. Soy la reina de los retrasos (en capítulos, eh... no se vaya a pensar otra cosa) Cuídate, besitos muchos, abrazos miles. Gracias por leer y comentar. Te adoro con todo mi ser. Nos estamos leyendo. Bye :D
Y creo que eso sería todo por hoy. Haré un par de comentarios nada más, con el fin de expresar mi opinión y sentir que seguimos viviendo en un mundo libre, y no de influir en la propia de ustedes (sip, HinataWeasley, esto es para ti, desde el fondo de mi corazón xDDDDD -es broma, sabes que te amo con pasión y locura). Está un poco disperso, y -creo- no demasiado interesante, pero igual espero que les guste. Trabajé mucho en él, y créanme cuando les digo que no pasó un día en que no pensara en este capítulo. Me esforcé mucho, en serio, y aunque no quedó como yo quería -nunca lo hacen :C-, sí salió algo relativamente decente.
Así que estoy... conforme xDD.
Sin más nada que decir, las dejo disfrutar (?)
Mi jodida vida
Capítulo XXIV
Mierda, fue el primer pensamiento cuando me quise dar cuenta de la situación en la que estábamos. Bien pensado, era una estupidez tener esa reacción como primera, pero no me detuve demasiado en aquello. Después de todo, era yo de quién hablábamos. Nada era demasiado raro.
Lo segundo que pasó por mi mente, fue que estábamos del todo jodidos. Ahora si había llegado nuestro final, y ni Kami podría salvarnos de esta. No era del todo sorprendente. Habíamos tenido relativa suerte cada vez anterior. Entiéndase suerte como el no habernos topado con ningún profesor y, probablemente, acarreado la expulsión de estudiantes modelo conmigo. Esa clase de suerte habíamos tenido, porque el resto era sólo una especie de intercambio equivalente. No te expulsan, pero te jodo la mente. Algo así.
Como fuera, la suerte había estado de nuestro lado, y por algún ridículo motivo había pensado que era una especie de patrón. Ese es el problema cuando las cosas se repiten demasiado. Comienzas a establecer patrones, normas, estándares de comportamientos –de personas o situaciones- que te llevan a pensar que siempre será así. Y ahí se abren dos opciones: una, en la que sigues haciendo gala de la perfecta estrella que te ha tocado y alardeas de tu puta suerte que confirma, constantemente, que esos patrones están perfectamente establecidos y nunca cambiarán –como, de hecho, lo hacen. Pero, una vez más, estamos hablando de mí y mi jodida estrella negra. La cual no está del todo de acuerdo con los patrones. Así que, la segunda opción reluce en todo su esplendor, mandando al carajo cada estúpida premisa que estableces previamente.
Traducción: te patea el trasero. Hasta la jodida cima del Everest.
Como fuera, esos dos pensamientos –análisis incluido- se cruzaron por mi cabeza en el espacio de unos tres segundos, que bastaron para hacerme llegar a la conclusión de, a no ser que quisiera terminar de patitas en la calle, retroceder torpemente, tratando de silenciar las protestas de los demás, ante la inminente amenaza que había vislumbrado por el corredor. Y, también, las consabidas maldiciones a todos los que me acompañaban, por haberme obligado a ir de las primeras en la fila india que habíamos establecido para bajar por las escaleras. Me consolé en el hecho de saber que, si cualquier otro hubiera ido en ese lugar, probablemente estaríamos a punto de comenzar a rellenar solicitudes escolares.
Por el pasillo del tercer subterráneo, que era adonde nos dirigíamos específicamente, se acercaba Kakashi-sensei, conversando con alguien que se mantenía oculto. Aunque habría jurado que el humo se debía a cierta adicción de cierto profesor.
—Joder, Sakura, cierra la puta boca —susurré, a la desesperada, tratando de hacer que la pelirrosa guardara silencio. Como mis palabras surtieron el mismo efecto que habrían tenido al decírselas a la pared, decidí aprovecharme ligeramente del pánico. Con mi suavidad característica, la empujé hacia la figura del –rogaba a cada dios del que me acordaba que fuera- Uchiha, indicándole que la silenciara inmediatamente. Y él, haciendo gala de los buenos modales que la señora Uchiha le había enseñado, le tapó la boca con una mano, y la pegó a su pecho, rodeándola con el otro brazo, impidiéndole cualquier movimiento.
Eficiencia máxima, aunque sin demasiada sutileza. Maquiavelo, después de todo, si tiene razón en algunas cosas.
—¿Qué sucede? —cuchicheó Naruto, tratando de ver por sobre mi hombro. De alguna forma, habíamos subido entre aspavientos y exclamaciones ahogadas hasta el segundo sótano, y de ahí a una especie de armario del aseo. Al menos, rogaba que lo que se me estuviera clavando en las costillas fuera el palo de una escoba, y no algún ente sobrenatural baboso y con instintos homicidas, con una curiosa predilección por jóvenes estudiantes- ¿Viste algo?
-Cállate –espeté, golpeándolo directo en el estómago, haciéndolo retroceder entre quejidos ahogados. Honestamente, me sorprendía. Naruto sí podía ser silencioso, aunque era evidente que sólo cuando realmente se lo proponía.
A mi lado, Neji se puso un largo y blanco dedo en los labios, haciendo que todos se silenciaran inmediatamente. Incluso Sakura dejó de forcejear con Sasuke, aceptando la derrota con resignación y cierta dignidad perdida. Entrecerré los ojos, fulminándolos a todos con la mirada. ¿Por qué diablos se habían quedado callados cuando Neji hacía un gesto, y a mí me ignoraban sin remordimiento alguno?
Una vocecita me susurró que yo no formaba, bajo ningún concepto, parte de un imperio internacional y millonario. Y tampoco tenía ningún apellido con "h".
—Tenten —Me regresó a tierra el Hyuuga, a quién odié por tres segundos antes de indicarle que le prestaba atención, manteniendo un ojo en la rendija que había entre la puerta y el borde del umbral- Habla.
Torcí el gesto ante la orden, aunque me guardé los comentarios. Estúpida arrogancia. Y estúpida "h".
—Dos personas se acercaban —murmuré, agudizando los sentidos, para detectar cualquier tipo de movimiento extraño, o que evidenciara que nos habían descubierto—. Por el pasillo. Kakashi, con quién muy probablemente fuera Asuma. Conversaban, así que cabe la posibilidad de...
Me atraganté con mis propias palabras al ver las sombras de los dos profesores aparecer en mi campo visual. Mis dientes se dirigieron, inconscientemente, a mi labio inferior, comenzando a torturarlo como usualmente hacían. Tragué saliva, recién cayendo en la cuenta de lo seca que tenía la garganta. Parecía una lija.
Las sombras –que era lo único que podía ver- se pasearon arriba y abajo por el pasillo, revisando minuciosamente, hasta comprobar que no había nadie. Maldije para mis adentros. Sí nos habían escuchado, y ahora estarían más atentos que nunca. A cada segundo, la situación se volvía más color de hormiga. Finalmente, ambas siluetas se acercaron lo suficiente como para escuchar lo que hablaban.
—¿... seguro? —dijo la voz de quién reconocí como Asuma-sensei.
—Vi el cabello de Sakura —respondió Kakashi, y por su tono, pude imaginar que se encogía de hombros. Un nudo se me formó en el estómago. Si nos descubrían por ella, iba a arrancarle cada hebra de ese cabello del que tan orgullosa se sentía—. No es como si fuera posible confundirla. Es bastante... particular.
Escuché un bufido ahogado detrás de mí, y supuse que Sakura se había ofendido. Rolé los ojos, y contuve las ganas de recomendarle un crecimiento mental. Después de todo, lo más probable fuera que me ignorara –como siempre. Y nos arriesgábamos a ser descubiertos.
—¿Crees realmente que un alumno pueda bajar? —Hizo una pausa—. ¿Acá?
La voz de Kakashi sonó más dura en esta ocasión.
—No es coincidencia, Asuma. Alguien, del estudiantado, sabe lo que hay acá abajo.
—Eso no es posible, Kakashi.
—¿No? Entonces, ¿cómo explicas lo del auto? ¿Y lo del quinto piso? —Un silencio larguísimo, que me llenó de angustia. No podía saberlo, no había forma de averiguarlo, pero algo me decía que estaban hablando de Shikamaru y de Kiba. Y la simple posibilidad me formaba un nudo en la garganta que ni siquiera un marinero habría podido desatar—. Alguien sabe.
Asuma bufó, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón. Sonaba contrariado cuando volvió a hablar.
—Esto es ridículo.
Kakashi suspiró, y sus pasos resonaron por el pasillo, mientras lo veía alejarse poco a poco, en dirección a las escaleras. El alma me volvió al cuerpo en cuanto los vi bajar lentamente, hablando en susurros. Esperé un par de momentos más, y cuando sentí el suave chasquido de una puerta al cerrarse por dentro, boté todo el aire contenido. Abrí la puerta, dejando salir a todos
—Joder, eso estuvo cerca, 'ttebayo —murmuró Naruto, rascándose la nuca con desconcierto. Asentí en su dirección, dándole a entender que –por muy demente que fuera- estaba de acuerdo con él. Y que al mundo probablemente le quedaban unos tres segundos de vida- Bueno –tomó aire, respiró profundo y esbozó una de sus típicas sonrisas de siempre—. ¡¿Qué vamos a hacer ahora, Tenten?! —chillando como si estuviéramos en un campo de fútbol.
Un golpe nada delicado lo silenció inmediatamente, y luego una furiosa Sakura salió de detrás de él. Echaba chispas por los ojos, y era obvio que se había descargado con la cabeza del rubio. Casi sentí pena por sus neuronas.
—Cállate, idiota —escupió, destilando veneno y mirándome con los ojos entrecerrados, asemejándose a una serpiente a punto de atacar. Enarqué una ceja—. NO vuelvas a tratar de callarme.
—Era necesario —Me encogí de hombros—. Estabas siendo realmente molesta.
Me giré, tratando de encontrar una forma de bajar nuevamente, sin que nos pillaran esta vez, ignorando el rechinar de dientes que siguió a mis palabras. Honestamente, no estaba en condiciones de preocuparme por delicadezas estúpidas.
Fruncí el ceño, tratando de buscar la mejor ruta, cuando un brusco tirón a mi brazo me sacó de cualquier reflexión. Y la ola de aliento mentolado en mi cara terminó por dispersar del todo mis funciones neuronales. Parpadeando con fuerza y tratando de enfocar, suplicando por no sonrojarme, intenté comprender el motivo por el cual Neji se había sentido impulsado a aprisionarme con su duro cuerpo contra la fría pared de piedra. Dudaba que cualquier intención sexual estuviera detrás, porque el chico me comenzaba a convencer de su a-sexualidad. Bueno, excepto cuando tenía alcohol, pero ebrio no valía. Al menos, esa era mi máxima.
—Hyuuga —susurré, por si acaso—, ¿qué mierda sucede?
Me miró sin rastro de emoción, como si ni siquiera le afectara el hecho que mi cuerpo estaba, claramente, reaccionando a la cercanía –a pesar de todos los insultos que me estaba dedicando por dentro- de nuestros cuerpos, apretándome un poco más hacia atrás. Joder, que parecía querer dejarme sin aire. Y el muy desgraciado lo estaba consiguiendo.
Se inclinó hacia mí, acercando su boca a mi oído, y necesité de todo mi repertorio de groserías para no derretirme ahí mismo. Parecía haber encendido una fogata en mi estómago, y el calor se estaba desplazando a velocidades alarmantes por mis venas. Estúpida genética.
—Kakashi se acerca —susurró en mi cuello, haciéndome cosquillas con la respiración, y obligándome a morderme el labio con fuerza destructiva. Efectivamente, segundos después noté el metálico sabor de la sangre en mi boca.
Asentí lentamente, cerrando los ojos para enfocarme. El recuerdo de mi última excursión ahí abajo ayudó a gobernar mis hormonas, y despejó un poco mi mente. Analicé nuestra situación, abstrayéndome de absolutamente todo. Estábamos en el segundo subterráneo. Traté de imaginarlo en mi mente, dado que ya había estado allí un montón de veces. Había un pasillo central, que se dirigía directo a la puerta de metal súper-mega-híper-ultra-asegurada, y a la habitación dónde habíamos visto esa horrorosa máquina del infierno que me había noqueado sin esfuerzo alguno.
Fruncí el ceño, concentrándome. Sabía que no era la única forma. Habían tres pasillos más, uno de los cuales no había recorrido jamás. Principalmente, porque había un grueso pedazo de madera impidiendo el paso, como un peaje. Pero esa dificultad era fácilmente salvable en estos momentos. Gaara, Sasuke y Naruto eran reconocidos por su fuerza, Neji parecía tener lo suyo también, y sabía por experiencia propia que Shino era mucho más fuerte de lo que parecía. Y, por supuesto, estaba Sakura. Así que, bien podíamos pasar por allí, aunque era un riesgo. Explorar lugares desconocidos no había resultado buena idea este año particularmente, y con lo ya descubierto, dudaba que necesitáramos más razones para que nos expulsaran. Sin embargo, si nos quedábamos allí, lo más probable fuera que termináramos de cualquier forma con nuestras cosas en la acera, y al menos lo otro nos daba una opción de seguir en el Internado.
Gruñí, no del todo contenta con la idea, pero aceptando que era la única forma. Ahora, lo único que teníamos que hacer era llegar al dichoso pasillo. Solté otro gruñido. Por supuesto, sería yo la que guiara el grupo. Y, para ello, tenía que abrir los ojos, lo que conllevaba a un pseudo-enfrentamiento directo con el Hyuuga.
Estúpida estrella. Y estúpidas hormonas del demonio.
Comencé a abrir lentamente los párpados, atenta a cualquier aproximación indeseada de parte del chico frente a mí. Afortunadamente, Neji había mal interpretado mi conducta, y se había alejado ligeramente, dándome un poco de espacio vital. Espacio que era más que suficiente para volver a mis cinco sentidos.
—Tenemos que salir de aquí —murmuré, mirando en derredor para comprobar que todos se encontraban en posiciones más o menos parecidas a la mía. Ayame estaba escondida detrás de Shino, con sus ojos caramelo abiertos de par en par. Mi amigo se veía sumamente protector, y me costó no soltar una risita ante su actitud. Sakura estaba, nuevamente, apresada, aunque ahora por los brazos de Naruto, y se veía más avergonzada que furiosa, lo que me hizo preguntarme qué demonios había sucedido mientras yo volaba. Finalmente, Gaara y Sasuke vigilaban los alrededores, ocultados por la oscuridad del lugar. El pelinegro se veía cabreado y el pelirrojo ligeramente divertido, haciendo que aumentara mi curiosidad.
Neji enarcó una ceja.
—Kakashi se acerca —repitió, como si fuera idiota y no hubiera entendido el mensaje anteriormente. Bufando, rolé los ojos.
—Ya lo sé —espeté, eliminando con eso cualquier tipo de impulso hormonal anterior. Joder, el tipo sí que sabía matar el momento—. Pero la escalera principal no da tan sólo a un pasillo. Hay tres más. Dos los he recorrido ya, y no son convenientes.
—¿Por? —exigió Gaara, sin dejar de mirar como un centinela hacia fuera de la especie de callejón dónde nos habíamos escondido.
—Porque están demasiado iluminados, y asumo que llenos de esas cosas raras que Orochimaru tiene acá abajo —respondí—. Además, si esto último es cierto, probablemente haya más personas, y eso es lo que debemos evitar. No podemos seguir haciendo el tonto acá abajo.
Todos asintieron, de acuerdo con mis palabras.
—Entonces, ¿dónde está ese pasillo? —inquirió Naruto, haciendo la primera pregunta casi inteligente de la noche.
Torcí el gesto.
—No lo sé —admití—. Al menos, no con exactitud —añadí, al ver la cara homicida del Uchiha—. Me desorienté cuando me... cuando tuvimos que escondernos acá.
Rectifiqué a tiempo, suspirando para mis adentros. En circunstancias normales, simplemente habría soltado toda mi frustración por la forma en que me habían arrastrado allí. Después de todo, no era como si yo fuera tan idiota como para quedarme paralizada en medio de un pasillo cuando un profesor se acercaba. Si, probablemente lo habría simplemente escupido en la cara del Hyuuga, si el bote no estuviera haciendo agua a una velocidad tan alarmante. Era mejor evitar los conflictos, y probablemente me estaba sorprendiendo a mí misma por lo diplomática que podía llegar a ser. O lo hipócrita.
—Pero si te orientaras, podrías recordarlo, ¿verdad? —susurró, nerviosamente, Ayame, asomando la cabeza por detrás del cuerpo de Shino. Asentí lentamente, sonriendo levemente ante el suspiro aliviado que soltó—. Lo siento. Pero esto está matando mis nervios.
—Bienvenida a mi mundo —dije, rolando los ojos, mientras me acercaba a los súper vigilantes—. A ver, machotes, déjenme ver dónde demonios nos metimos.
Incliné el cuerpo hacia delante un poco, abriéndome paso entre los cuerpos de los dos chicos, y echando un vistazo al pasillo. Estaba vacío, para alivio de mi salud mental. Y podía ver claramente la entrada al otro pasillo. Era difícil no reconocerlo, la verdad. Cada vez que me dirigía allí, había una bandera naranja fosforescente señalando el lugar por dónde entrar. Suspiré, aliviada, y volví con los demás.
—Bien, no estamos lejos —traté de sonar optimista, aunque eso no era mi fuerte—. Si salimos ahora, podemos llegar antes que alguien se acerque lo suficiente para ver qué sucede —las chicas respiraron aliviadas, y los chicos esbozaron efímeras sonrisas de satisfacción. Excepto Naruto, claro, que comenzó a soltar un montón de frases positivistas, acompañadas de varios "dattebayo". Ya me tenía enferma con eso—. Aunque —elevé ligeramente la voz, para hacerme escuchar por sobre el rubio—, hay un pequeño detalle.
Sakura soltó un bufido.
—Contigo las cosas nunca son simples, ¿no? —ironizó, ciertamente cabreada. Me encogí de hombros.
—En realidad, deberías odiar a Orochimaru, no a mí —apunté, ladeando ligeramente la cabeza—. No soy yo la que puso mutantes debajo de...
Abrí los ojos desmesuradamente, al mismo tiempo que Neji, al comprender algo en mis palabras. Mi cabeza se llenó de repente de agua, y las neuronas congelaron su actividad por segunda vez en demasiado poco tiempo. Jadeé, en busca de realidad, y traté de buscarle un ángulo diferente al asunto. No podía ser. Era simplemente enfermizo el sólo hecho de considerarlo.
—¿Qué? —preguntó Naruto, acercándose demasiado a mi rostro, con una cara de idiota curioso que me dieron ganas de golpearlo. Y, probablemente, lo habría hecho, si no estuviera tan absolutamente ida—. ¿Descubriste algo? ¿Te acabas de iluminar? Porque pareces alucinada, 'ttebayo.
Sakura frunció el ceño, al igual que Shino, pero yo negué con la cabeza, forzándome a relegarlo a un rincón de mi cabeza. Teníamos que llegar al pasillo, lo más pronto posible. La posibilidad de que nos encontraran era incluso más aterradora ahora, y comenzaba a dudar que el castigo máximo fuera la expulsión. Una serie de imágenes en absoluto agradables se abrió paso a la fuerza, aunque las obligué a retroceder. No podía descentrarme. No ahora.
—Nada —aseguré, con la voz pastosa—. Después —cedí, ante la cara de escepticismo de Sakura—. No es el momento. Tenemos que llegar al pasillo.
Neji asintió.
—¿Cuál es el obstáculo?
Cerré los ojos, llevando mis dedos índices a mis sienes, masajeándolas con suavidad, tratando de disminuir la jaqueca que amenazaba con comenzar. Joder, no era el momento.
—Hay un tablón de madera cruzado en la entrada. Como si estuviera tapiado. Debe medir tres metros de largo, unos ochenta centímetros de ancho y pesa como una tonelada. Es... —rechiné los dientes ante la punzada de dolor que cortó mi descripción— enorme, de verdad. Calculo que tendrían que levantarlo... los cinco hombres... aunque... —fruncí el ceño, siseando una maldición—, Sakura, podrías ayudarlos.
Escuché un bufido.
—¿Por qué? Si son tan machos...
—Sakura —abrí los ojos, a pesar que los párpados parecían pesarme un kilo cada uno—. Tienes una fuerza monstruosa. Le pateaste el culo a Uchiha sin ningún problema. Y si no hacen esto en los próximos tres minutos, probablemente tengan que llevarme a todas partes como peso muerto, porque con jaqueca simplemente no sirvo. ¿Entendido?
Sakura asintió, poniendo la espalda rígida, y con un pequeño brillo en los ojos. Parecía orgullosa, aunque no me detuve a pensar por qué. Simplemente, necesitaba salir de ahí. El dolor de cabeza me había provocado un pitido intenso en los oídos, y comenzaba a sentir nauseas. Me tambaleé, sólo para encontrarme con el brazo de Neji ayudándome a mantenerme en mis pies. Gruñí en mi interior. Esa manía que tenía de perder la cabeza, con el Hyuuga alrededor, me estaba comenzando a joder la vida, realmente.
—Bien —dije, arrastrando las palabras—. Pongámonos en marcha. El pasillo es... ese que tiene la bandera naranja de neón... en una de las paredes del borde. Andando.
Sasuke y Gaara se aseguraron que nadie viniera, y caminaron con rapidez hacia el pasillo siguiente, checando que todo estuviera bien. Una vez confirmado, el resto nos deslizamos lo más silenciosamente posible hacia ellos. Al llegar, los chicos examinaron el tablón, colocado de forma diagonal, taponando cualquier tránsito. Dejaba unos pequeños triángulos en ambos extremos, con el tamaño justo para que una rata relativamente gorda pudiera pasar. Ahorré a mi imaginación la visión de aquello. No estaba en condiciones para pensar en asquerosos animalitos propagadores de todo tipo de enfermedades recorriendo el Internado en la noche. Y si, me daban asco y pánico las ratas. Que me demandaran.
Apoyando la frente en la fría piedra, pude ver cómo hacían esfuerzos para moverla sin hacer ruido ni levantar mucho polvo, entre los cinco chicos, aunque no les resultó demasiado efectivo. Lo intentaron unas cinco veces, hasta que Sakura se hartó y, con unos cuantos empujones -bastante violentos-, apartó a todos los chicos del camino. Estudió unos segundos, empujando un poco por el centro, para luego agacharse y pasar una mano por el borde inferior del tablón. Después, se irguió hasta pasar su otra mano por el otro borde, quedando en un extraño abrazo. Con un gruñido gutural, los músculos de la espalda de Sakura se tensaron, y en sus brazos las venas resaltaron, de manera grotesca. El tablón se movió cinco centímetros hacia fuera.
Sakura se apartó, jadeando por el esfuerzo, y moviendo los brazos circularmente. Se volvió hacia los chicos, que parecían humillantemente sorprendidos. Sonrió de lado.
—Venga, machos alpha, ayúdenme a mover esta cosa y no le diré a nadie que tengo más fuerza que todos juntos —Sasuke soltó un bufido. Ojos esmeraldas se entrecerraron, hasta convertirse en dos rendijas brillantes, que me recordaron a una serpiente—. Por supuesto, pueden dejarme todo el trabajo sucio, y mirar. Pero, no prometo quedarme callada al respecto —Se encogió de hombros, negligentemente—. Es su decisión, de cualquier forma.
Reí. Jesús, esa chica sí que tenía pelotas. Si no fuera tan -absoluta y jodidamente- molesta, podría incluso ser mí mejor amiga. Torcí el gesto. No era el momento para ponerse a pensar en idioteces.
—Brillante, Sakura —susurré, sintiendo lástima de mí misma. Mi voz parecía una mezcla entre un ronroneo y una lija. Precioso, en verdad. Ayame me lanzó una mirada apesadumbrada, que yo correspondí con una patética imitación de una sonrisa tranquilizadora. Ni siquiera sabía por qué deseaba tranquilizarla, pero era así. Me sentía en todo sentido patética.
—Tenten —Me llamó Shino, con su voz grave y profunda—, deberías...
—No —corté, ladeando sólo unos centímetros la cabeza para poder verlo mejor. Me miraba de la misma forma que lo habría hecho Shikamaru en caso de estar presente. Como si fuera una jodida inválida con retraso mental—. No los voy a dejar, no me voy a ir, y definitivamente no voy a dejar que me eches. Así que, o me asesinas, o cierras la boca.
Shino entornó los ojos.
—Incluso el insecto más pequeño sabe cuándo retirarse.
—No sé si lo has notado, dulzura, pero no soy, bajo ningún concepto, uno de tus condenados insectos. Así que, cierra la puta boca.
Shino frunció el ceño, indignado, y con una réplica en los labios dispuesta, que no pudo llegar a concretar. Ayame colocó su delicada mano en su brazo, haciéndolo concentrar su atención en ella, para luego negar suavemente con la cabeza, sonrisa vacilante en los labios. Enarqué una ceja ante el suspiro exasperado de mi amigo, quién no hizo comentario alguno.
Un ruido espantoso me hizo girarme bruscamente hacia dónde el resto de personas continuaba tratando de abrir el paso. Ante mis incrédulos ojos, Sakura y los demás movieron el último centímetro de tablón que se resistía, provocando un barullo de polvo y ruido, además de las telarañas que comenzaba a sentir en mi cabello, que me hizo preguntarme cuál era su concepción de discreción.
Cuando las partículas se dispersaron un poco, pude ver el pasillo por el que debíamos entrar -y pronto-, completamente abierto y oscuro. Mi estómago se recogió sobre sí mismo, mareándome nuevamente, y haciendo que me balanceara de manera peligrosa sobre mis talones. Y nuevamente, un brazo detuvo mi contacto íntimo con el suelo.
—Deberíamos entrar —ordenó/sugirió Neji detrás de mí, y pude imaginármelo frunciendo el ceño ligeramente ante la preocupación. Bueno, ya éramos dos. El ruido seguramente había alertado a todos aquellos que estuvieran en el sótano.
Sorprendentemente, todos fijaron sus ojos en mí, como pidiendo aprobación. Me encogí de hombros.
—Ya que han hecho tan buen trabajo delatándonos, ¿por qué no tratamos de salvarnos el culo? —dije, cuadrando los hombros y avanzando a paso decidido hacia el pasillo. Era pura fachada, por supuesto. Mi estómago seguía sin tener demasiados ánimos de cooperar, y la jaqueca no tenía contemplado darme tregua. Estaba segura que, si me descuidaba, estaría retorciéndome de dolor en el suelo. Miré hacia atrás, comprobando que nadie me seguía. Rolé los ojos—. Si quieren una expulsión, están en el lugar perfecto.
Ayame soltó un chillido, y salió de detrás de Shino, corriendo hacia mi lado. Sonrió nerviosamente al llegar junto a mí.
—Lo siento —murmuró—. Estoy aquí con una beca, y si la pierdo probablemente me cuelguen.
—No eres a la única —La consolé, lanzándole una mirada significativa al Hyuuga, quién después de suspirar -y roer un par de maldiciones, sin duda-, se dio por aludido y caminó hacia el pasillo. Los demás inmediatamente se movilizaron tras él, adelantándome rápidamente.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué le hacen más caso a él que a mí? —cuestioné, más retóricamente que otra cosa, pero Ayame de todas formas contestó:
—Porque es un hombre, y se supone que sabe lo que hace —susurró, caminando junto a mí—. Es muy sexista, si me preguntas, pero es una especie de reflejo del tiempo en que aún vivíamos en las cavernas. Se confía más en un hombre que en una mujer en cuestiones de este calibre. Aunque, claro, yo creo que es más sensato seguirte a ti que a él.
Enarqué una ceja.
—Al fin una detractora del dios Hyuuga —ironicé, arrancándole una sonrisa divertida—. ¿Por qué crees que es más sensato? Es decir —añadí, ante su mirada confusa—, no es que no lo sea. Pero si es una especie de reflejo, ¿por qué tú no lo tienes?
Se encogió de hombros, antes de decir:
—Supongo que tu fama te antecede —Y caminar un poco más rápido, alcanzando a Shino.
¿MI fama? ¿Qué se suponía que significaba eso? ¿Que todos sabían de mis excursiones por el Internado en las noches? No era posible. Era extremadamente cuidadosa al respecto, y si no estuviera con un déficit mental severo este año, probablemente ni siquiera mis compañeras de cuarto se habrían dado cuenta.
Así que debía ser otra cosa. ¿Tenía fama de segura? Dudosamente. Todos sabían la cantidad de "accidentes" que sufría cada año, y aunque muchos de ellos eran fácilmente detectables como provocados y yo simplemente los ignoraba, la verdad era que mi coordinación no destacaba precisamente por lo segura. Así que, debía ser otra cosa.
¿Pero qué?
Rumiando un par de juramentos, apreté el paso hasta unirme al grupo, con la jaqueca olvidada, y el estómago firme. Nada mejor que una pregunta difícil para hacerme volver a mis cabales. Debía darle crédito a la chiquilla.
Seguimos caminando a paso silencioso pero rápido por el oscuro pasillo, dejándome a mí adelante eventualmente, y tratando de poner nuestros sentidos al máximo. Ninguno estaba dispuesto a relajarse por unos segundos, y que aquello significara ser atrapados por el escurridizo de Kakashi, o por el astuto Asuma. Sabía que eran ellos quienes nos buscaban, puesto que estaba segura que nadie aparte de ellos podía hacer tan poco ruido. El haberlos descubierto cuando bajábamos las escaleras primeras había sido sólo un golpe de suerte, debido a que iban conversando. Pero sus pisadas no las había escuchado hasta después de concentrarme, y parecían más bien fantasmas que otras cosas cuando se habían silenciado.
No estaba dispuesta a arriesgarme. No estaba dispuesta a sacrificar las colegiaturas de siete personas, dos de las cuales yo sabía que tenían beca. Era una soberana estupidez, y aunque podía mostrar la fachada de indiferencia a todos los que me rodeaban, sabía que ya estaba jodida. Me comenzaban a importar esas personas -quizás, incluso, desde antes de ese momento-, y ya estaba completamente fastidiada. Además, no era como si pudiera negarlo más. Estaba contra mi voluntad en un lugar que probablemente me costaría toda una vida de terapia, si es que no dos, con personas que no habían intercambiado más que un puñado de palabras conmigo.
Era ridículo.
Repetí en mi cabeza, insistentemente, lo estúpida que era. Lo débil y poco consecuente que había resultado, después de todo. Había luchado, con uñas y dientes, para conseguir una especie de burbuja de soledad a mi alrededor, que se estiraba o contraía según mis deseos y la cercanía que permitía a ciertas personas. Como Shikamaru, Shino o Chouji -a quien tenía francamente abandonado. Había necesitado todo un año de sufrimiento y lágrimas para lograr obtener una suerte de equilibrio en mi cabeza, y ahora mismo estaba echando todo eso por la borda. Todo el proceso de restauración y todos los pensamientos suicidas y toda la mierda de mi familia. Todo estaba siendo desechado, como si no fuera más que desperdicios, por un grupo de personas que probablemente en su vida habían dedicado un segundo pensamiento hacia mí.
Quería estrangularme. Quería agarrar una soga y atarme del cuello, tan fuerte que mi respiración se cortara, y mis pulmones estallaran, y mi corazón colapsara y mi cerebro se apagara. Quería agarrar un cuchillo y hacerlo pasar por mi cuerpo de lado a lado, justo en el punto por el que yo sabía que dañaría unos cinco órganos vitales. Quería tomar una pistola, cargarla y que el último sonido que escuchara fuera el estruendoso ¡bang! En mi oído. Quería hacer borrón y cuenta nueva.
Pero, por sobretodo, quería regresar al inicio de año, y hacer todo de nuevo, para que ese momento no llegara y no tuviera que estar pensando en eso en justo aquél momento, en el que un chico de cabello blanco se acercaba a pasos enormes hacia nosotros, sin ánimo de disimular, con los ojos negros clavados en mí.
—Florecita —Sonrió ampliamente, descubriendo sus dientes sucios y en mal estado, de un insalubre color amarillo—. ¿Qué haces por aquí a esta hora? ¿Husmeando dónde no debes nuevamente? —chasqueó la lengua reprobatoriamente, varias veces—. Eso no salió bastante bien para ti la última vez, querida.
Cerré los ojos, deteniendo a fuerza de maldiciones los recuerdos de mi encuentro sexual con Kabuto. Dios, ¿era la reencarnación de Jack el Destripador o qué?
—Mis asuntos no te incumben, rata —bisbiseé, sin siquiera parecer educada. Sabía lo que vendría después de esto, y si de todas formas íbamos a terminar así, prefería no participar en su show. No de nuevo, al menos.
Nuevamente, el chasquido de su lengua, como si estuviera regañándome, resonó por el pasillo. Lo más disimuladamente que pude, retrocedí un paso, aunque de nada sirvió mi discreción. Kabuto estrechó los ojos en mi pie arrastrado hacia atrás, paralizándome de inmediato.
—¿Intentas escapar?
Solté una risa sardónica, llena de una seguridad que estaba muy lejos de sentir.
—No representas amenaza para mí, Yakushi.
Sonrió de lado, haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda desde la base de mi cuello hasta el final. Sentí el sudor comenzar a empaparme, y una gota correr por mi cara, descendiendo de mi sien hacia mi barbilla.
—Puede que tengas razón, florecita. Pero puedo ser muy peligroso para tus amiguitos —Su lengua se asomó, relamiendo sus labios de forma grotesca. Suponía que el gesto debía ser, como mínimo, lascivo; pero lo único que provocaba era una repulsión inmediata y total hacia su persona—. Escuché susurros en mi camino hacia acá. ¿Con quién estás ahora, florecita? ¿Con el chico Nara? —Apretando los labios en una fina línea, me negué rotundamente a seguir su juego. Si quería hablar, que lo hiciera con él mismo, pero yo no iba a participar en su monólogo de perturbado—. Ah, no. No pudo unirse a ti hoy, ¿verdad? Que pena. Un trágico accidente, si me preguntas. Pero esas cosas pasan.
Bueno, a la mierda con el plan.
—¿Dónde está Shikamaru? —exigí, con la voz acerada y llena de pánico oculto. La sonrisa de Kabuto se hizo más amplia, sin responder. Frustrada, avancé un par de pasos hacia él, dispuesta a volarle toda su tragedia de dentadura en tres segundos. Estaba furiosa. Si habían tocado a Shikamaru, si se habían atrevido a hacerle daño a una sola parte de su cuerpo, sabrían qué era capaz de hacer Tenten Ama.
Una inspiración ahogada me detuvo a menos de tres metros del hombre frente a mí. Recordé, repentinamente, que no estaba sola, y que había gente que dependía de mí. Si éramos capturados, los chicos tenían una oportunidad de salir, puesto que eran lo suficientemente inteligentes como para buscar su propio camino hacia la libertad. Pero yo estaba atrapada con dos chicas que poco sabían de aquello, y que estarían completamente aterradas. Llegar o no a esa situación dependía de cómo manejara yo la presente, y aunque tenía ganas de caerle a trompadas al idiota de Kabuto, me forcé a sonreír.
Los ojos de Kabuto se volvieron curiosos ante mi cambio tan repentino. Aparentemente, no había escuchado a quién fuera que había hecho ese ruido, y la ubicación de los chicos seguía siendo desconocida para él. Para mí, no obstante, estaban en una posición demasiado incómoda como para descarilarme de esa forma, así que debía ser un poco más centrada. En definitiva, no echarlo a perder.
—¿Qué?
Me alejé un paso, puesto que el asqueroso hedor del cuerpo de Yakushi era detectable incluso a esa distancia, y prefería no tener el estómago revuelto si tenía que hacer aquello.
—Nada, Kabuto —El nombre salió a marchas forzadas, pero afortunadamente Kabuto lo tomó como nerviosismo. Tarado—. Es sólo que me estaba preguntando si era posible que me hicieras un pequeño favor.
Su ceño se frunció, y su postura perdió toda confianza en la situación. Bien, tal vez no era tan idiota como había considerado en primer momento. Me dije que por algo Orochimaru lo conservaba como su escolta personal, y que no podía ser simplemente por su extraño parentesco.
—¿Por qué habría yo de hacerlo? —inquirió, entrecerrando los ojos—. Me faltas el respeto a cada momento. Y no eres precisamente una chica que tenga demasiados contactos. Tus padres son totales desconocidos, y no tienen influencia en ningún círculo. ¿Qué tienes para ofrecerme?
El hecho de saber que mis padre si tenían influencia en todos los círculos, y que -a pesar de todos sus vicios particulares y conjuntos- eran considerados invitados de honor en varios cócteles que se habían realizado bajo ese mismo techo, casi me arrancó una risa divertida. Kabuto no tenía idea de con quién se estaba metiendo.
—Tengo un par de... ideas —Aunque me sentía ridícula, parpadeé rápidamente, tal como había visto hacer a Karin cuando intentaba ligar con algún chico. Ni en un millón de años me vería como ella -lo cual era una bendición-, pero esperaba que Kabuto tuviera el ego suficientemente alto como para obviarlo. Y como si hubiera manipulado su mente, el ambiente cambió de inmediato. De frío y algo tétrico, se convirtió en íntimo y... tétrico. Era inevitable con un acompañante como aquél— Ya nos arreglamos bastante bien antes. No veo por qué no podríamos en esta ocasión.
Y le guiñé un ojo.
Sin duda, los hombres tenían un trauma con eso. A todos aquellos que una mujer les guiñaba un ojo, parecían estar a punto de correrse. Parados. Con público. Según me había explicado Shikamaru cuando le había comentado aquello -Karin había guiñado el ojo a alguien en el almuerzo, y la mitad de la cafetería había corrido, misteriosamente, al baño-, y luego de terminar de reírse de mí, había dicho que era parte de las fantasías sexuales de los hombres. Por supuesto, faltaban más elementos constitutivos de la escena ideal, pero el guiño era tan importante como las esposas.
Y no, no había vuelto a comentar nada relacionado con fantasías y hombres corriéndose. Con una semana de no poder mirar a nadie a la cara como antes había sido suficiente.
Como fuera, con Kabuto funcionó casi igual. En sus pequeños ojos de rata se vio reflejado el deseo que se evidenció con claridad en sus pantalones. Antes de siquiera poder percatarme de sus movimientos, me acorraló contra la pared, y sus labios chocaron violentamente contra los míos.
Desconcertada, y a punto de vomitarle encima, agarré su cuello y, tironeando los mechones que le caían por la nuca, lo aparté de mí. Me obligué a sonreír complacida, escondiendo la repulsión en mis ojos con el flequillo.
—Mañana. Después del almuerzo. Vestuario de chicas del equipo de voleibol —Tragando saliva antes de hacerlo, reuniendo toda la fuerza de voluntad que pude, me acerqué y mordí su labio inferior, antes de soltarlo y apartarlo de un brusco empujón.
Kabuto sonrió de medio lado, con el ego del tamaño de Kami en esos momentos, y comenzó a alejarse. Antes de desaparecer en la oscuridad, hizo su último comentario:
—No te escaquees, florecita. Porque muy pronto necesitarás mi ayuda.
Abrí los ojos desmesuradamente, pero antes de poder detenerlo ya se había desvanecido. Unos segundos pasaron, en los que mi mente funcionó a la velocidad del rayo, y luego me vi siendo aventada contra la pared nuevamente, aunque esta vez por un golpe en mi mejilla.
Parpadeando, desconcertada, enfoqué a las personas a mi alrededor. Shino parecía querer encerrarme en un manicomio. Sasuke y Gaara se veían ligeramente avergonzados e impresionados, mientras que Naruto estaba en estado de shock, boqueando como un pez fuera del agua y señalándome con su dedo índice. Ayame se mordía el labio inferior con insistencia, sacándose sangre de algunos puntos. Pero los que realmente me llamaron la atención estaban justo frente a mí. Sakura y Neji no parecían ni enojados ni avergonzados ni sorprendidos ni nerviosos. Muy lejos de eso, de hecho.
Estaban furiosos.
Parpadeé de nuevo, confundida.
—¿Qué dem...?
Sakura me interrumpió.
—¿Qué diablos tienes en la cabeza, Tenten? —preguntó, gesticulando ampliamente y con sus ojos chispeando de la rabia—. ¿No tienes nada más que aire y un par de conexiones que funcionan bien? Dios Santo, ¿es que acaso eres tan idiota como para realmente ofrecerte así a Kabuto? ¡Kabuto! ¡De todas las personas, Kabuto!
Fruncí el ceño.
—Acabo de salvar tu culo, Haruno —siseé, puesto que el dolor de la mandíbula, el lugar en que el puño de Sakura había colisionado, me impedía hablar más claramente. Aunque, de todas formas, habría hablado de esa forma, así que no hacía real diferencia—. Lo mínimo que espero es un "gracias, Tenten, te debo la vida".
—Y un cuerno. Eres una tarada.
Enarqué ambas cejas, irritada.
—¿Con qué exacta autoridad vienes a decirme aquello? ¿Acaso te crees la hija de Albert Einstein o algo así?
Los ojos de Sakura se volvieron fríos como el hielo.
—Puede que mi coeficiente intelectual no sea tan alto como el tuyo, Ama —escupió entre dientes, mirándome con los párpados entornados—. Pero al menos yo no me acuesto con una rata de alcantarilla.
—Rata de alcantarilla que tiene en sus mugrientas manos tu maldito futuro, Haruno —Le recordé, con toda la diplomacia que pude reunir. Lo cual era una tarea difícil en sí misma. Al menos, para mí.
—¿Eso es excusa para acostarse con él? —replicó ella.
Negué con la cabeza, frustrada, limpiando con mi brazo el hilillo de sangre que caía desde mi comisura hacia mi barbilla. Nunca lo entendería. No, a menos que le explicara que esa era mi retorcida forma de hacerle saber que, demonios, me importaba. Y no estaba por la labor, ni en ese momento ni nunca.
—Ni siquiera sé por qué me molesto —gruñí, desviando la vista hacia Neji, que permanecía rumiando su rabia detrás de Sakura—. Y si esperas, Hyuuga, a que estemos a solas para soltarme el sermón, ahórratelo. No quiero escucharte.
Sus ojos blancos y vacíos me traspasaron, enviando un dolor punzante en el centro justo de mi pecho. En mi fuero interno, maldije los estúpidos sentimientos. No servían de absolutamente nada, a no ser que fuera meterte en problemas. Grandes problemas.
—No tengo por costumbre perder mi tiempo en tonterías —aseguró, dando media vuelta para continuar el camino interrumpido.
Y a pesar que repetí sus palabras despectivamente por lo bajo, arrancándole una sonrisa a Naruto y Ayame, la verdad era que no me había satisfecho su respuesta.
Maldición, como odiaba mi estúpido cerebro.
No, no corté el capítulo ahí porque me quedé sin imaginación. Lo hice porque tengo un plan detallado y cuidadosamente calculado de lo que va a suceder, y era necesario...
Está bien, me descubrieron, pero dejen de mirarme así. Me da shuto :C
Espero que hayan disfrutado. Disculpen nuevamente la espera, no era mi intención. Las amo con todo mi corazón, espero que hayan recolectado muchos dulces para Halloween, y que hayan disfrutado este tiempo que estuve ausente.
Si quieren decirme algo, lo que sea, recuerden que pueden cambiar el mundo enviando un review xDD. Les contestaré lo más pronto que pueda, excepto a los anónimos, a quienes sólo puedo en capítulos -por razones obvias. Ah, y si ven algún error, no duden en avisarme. No soy perfecta, después de todo, y las críticas constructivas siempre se agradecen :D
Las quiero, son las mejores lectoras que una autora podría tener. Gracias por leer y comentar. Nos estamos leyendo. Cuídense y coman mucho chocolate, que hace bien para... para algo xDD.
Bye, nos estamos leyendo.
TemaLove17.
