La mañana había llegado y era el momento de empezar a poner en práctica todo lo que había decidido durante la noche anterior. A partir de ese momento no iba a poder pensar que prefería otra compañía a la de ella. Se acababan ir a las veladas nocturnas a las que ella no fuera. Si Georgi tenía que salir mas para cumplir con compromisos, sabía que lo haría con gusto, si se lo pedía él. En el desayuno las invitó a salir a pasear en un rato. Las llevaría a uno de los parques de la ciudad, y después, a tomar algo en uno de los puestos. El tiempo hasta entonces lo dedicó a repasar el listado de las invitaciones de lo que quedaba de temporada. Había un par de ellas que no podía rechazar, pero también sabía que podía conseguir fácilmente que invitasen a Elizabeth. Dado que ella no querría asistir al no poder acudir Georgiana, extenderían la invitación a la Srta. Bennet. Su tía, Lady Edith, no le pondría ningún problema. Y respecto a la fiesta de los Bingley, Charles se encargaría. Simplemente con citarle a Jane, tendría la invitación al segundo. Dado que no podrían ir solas con él, tendría que acompañarlas la Sra. Annesley, algo que daría un motivo a Elizabeth para negarse, con la excusa de no podían dejar abandonada a Georgi. Pero sabía que podría contar con los Gardiner, y estaba seguro de que su hermana prefería pasar la velada con ellos y sus niños que sola con su dama. De todas formas no pensaba comentarles nada hasta que tuviera las invitaciones en la mesa de su despacho.

Por otro lado, tenía que tener mucho cuidado con las visitas a Bunbury. No podía permitir que lo enredasen mas de lo normal, si no le quedaba mas remedio que verse en su casa. Quizás lo mas sensato sería citarse en el club, o invitarle mejor a venir él. Corría el riesgo de que se trajera a su hija, pero si quedaban temprano, ya indicaría él que su hermana tenía clases, para evitar la tentación de acogerse a la idea.

Solo quedaba por seleccionar el resto de acontecimientos a los que acudiría con ambas. Conciertos, operas y teatros. Los suficientes para ocupar al menos cuatro días a la semana, así nadie podría molestarse si rechazaba nuevas invitaciones. Una velada a la semana se lo dedicarían a los Gardiner. Realmente les caía muy bien, y mas ahora que además iban a ser socios. Inteligentes y amables, pero lejos de la superficialidad de la sociedad con la que se codeaba en numerosas ocasiones. Y a Elizabeth seguro que la complacía.

Mientras el caballero tomaba las decisiones, las dos muchachas retomaron sus clases de italiano y arpa. De lo primero, Lizzy si había estudiado, pero lo del arpa había sido mucho mas complicado al no poder acceder a ninguna. En cambio Georgiana, como era habitual en ella, le había dedicado bastante tiempo a su música durante la última semana y media, avanzando considerablemente. La jovencita desde luego tenía una facilidad asombrosa con los instrumentos, que unido a su entusiasmo, hacía que destacara con lo que se propusiese. Si a eso se sumaba la ausencia de Elizabeth, y las peticiones de su familia para entretenerlos, se comprendía su brillantez con algo con lo que llevaba tan poco tiempo. No por ello Lizzy sentía otro tipo de envidia que el de desear parecerse mínimamente a ella. A pesar de escucharla todo los días, seguía fascinándola. Al mismo tiempo, reconocía que hacía que ella se esforzase mas, además de mejorar su gusto y oído musical. Ahora era capaz de detectar pequeños fallos de una interpretación que hasta no hace mucho le hubiera parecido perfecta. También discernía una actuación con sentimiento de una más mecánica, con lo que era una buena crítica, aunque creyese que nunca podría alcanzar esa perfección para sí. Por tanto, al escucharla esa mañana tocar el arpa, no pudo menos que asombrarse y compararla con su mediocre actuación, pese a que la profesora estaba bastante contenta con ella.

Tras prepararse para salir, bajaron al vestíbulo donde ya las estaban esperando. Elizabeth no es que estuviese muy entusiasmada con la propuesta, pues pretendía permanecer lejos de él la mayor parte del tiempo que pudiera. Pero estaba claro que las cosas no podían salir siempre a su gusto. En el coche se acercó a la ventanilla, para que ayudada por el sombrero, pudiera ocultarse al caballero, sentado frente a ella. Así pudo evadirse, mirando hacia las calles, donde a esas horas eran muchas las personas que andaban. Pero Georgiana estaba muy charlatana ese día, y constantemente pedía su opinión mientras le contaba algo a su hermano. Eso la obligaba a girar la cabeza para poder contestar debidamente, encontrándose siempre al caballero mirándola atentamente.

Lizzy podía notar que sus mejillas debían de estar sonrojadas por el calor que desprendían, a pesar de que intentaba con todas sus fuerzas concentrarse en mirar a la joven. Después de casi un cuarto de hora así, llegaron a los jardines. Las hojas de los árboles comenzaban a salir, dando aviso de la próxima llegada de la primavera. Realmente la temperatura era muy agradable, y solo soplaba una ligera brisa que apenas mecían a las mas adelantadas.

Nada mas bajar del carruaje, por supuesto con el caballero ayudándolas a ambas, Elizabeth no pudo evitar levantar su cara hacía el sol, cerrando los ojos para poder recibir su caricia, aspirando el suave olor de la hierba. El momento que estuvo así, tuvo como privilegiado espectador a Darcy, que la observaba maravillado de lo poco que necesitaba para ser feliz. Podía notar como una tenue sonrisa se dibujaba en sus labios, después de lo seria que había estado durante el trayecto. Esperó pacientemente, pues realmente no tenía ninguna prisa por dejar de contemplarla, y cuando notó que la joven volvía a la realidad, le ofreció cortésmente el brazo libre que le quedaba. La joven volvió a sonrojarse al darse cuenta de que la habían estado observando, pero era algo que no podía evitar al estar al aire libre, aunque fuese solo después de 24 horas. Apoyando ligeramente sus dedos, no le quedó mas remedio que caminar junto a él. Conduciéndolas hacia la zona mas silvestre, mucho mas natural que los parterres versallescos que predominaban por aquella área, fueron andando tranquilamente, con algunas interrupciones cuando se tropezaba con algunos conocidos. Presentándolas a casi todos, pues a pesar de que era conocida la existencia de una hermana pequeña, pocos eran los caballeros que la habrían reconocido. Únicamente hubo un par de personas jóvenes a los que se limitó a saludar, pero sin detenerse.

Al principio Elizabeth se sorprendió. Cuando habían ido a la opera o al teatro, solo se habían detenido con familiares o personas como los Bingley, que acudían alguna vez a la casa y ya habían tratado a Georgiana. Pero ese día se decidía a presentar a su hermana y a ella como nuestra amiga, y no solo de la Srta. Darcy. Pero cuando estaban ya por una zona mas solitaria, a la joven se le escapo una ligera risa. Sintiendo curiosidad, el caballero preguntó sobre que era tan divertido, consiguiendo que la joven se riese aun mas. Georgiana la miraba entre asombrada y divertida por la reacción de Lizzy. Miraba intermitentemente a ambos y no podía parar. Darcy estaba desconcertado, pero le gustaba verla reír, y aunque esperaba que no fuese de él, esto no lo tenía tan claro. Cuando la joven consiguió serenarse un poco, le preguntó a su amiga si no había notado algo raro con las presentaciones. Con esas palabras solo consiguió que la muchacha la mirase frunciendo un poco el ceño, como pensando, y el caballero se sonrojara ligeramente. Al verlo, Elizabeth supuso que había tenido razón. Georgiana, por su parte, no era capaz de ver nada raro en el comportamiento de su hermano. Lo adoraba tanto, que tenía que ser algo demasiado clamoroso para que pudiera ver algún fallo.

Lizzy le nombró a todos los nuevos conocidos, y le preguntó que tenían en común. Georgiana, tras analizarlo, comentó que eran todos unos caballeros con buena reputación, acompañados con sus esposas y algo mayores, terminó sonrojándose un poco por calificarlos así. Con una sonrisa traviesa miró un segundo al caballero antes de indicarle que analizara a los que su hermano había saludado pero no parado. Darcy protestó indicando que solo eran simples conocidos con lo que tampoco tenían mucha relación. Alzando la ceja, le hizo la pregunta de si estaba seguro. Había reconocido a uno de ellos del teatro, donde estuvo charlando animadamente con él, cuando las abandonó momentáneamente con su primo.

Georgi comprendió lo que quería indicarle Elizabeth, dedicándole una sonrisa comprensiva a su hermano, pues quizás, mas clarividente que ella en esa ocasión, se le había ocurrido que seguramente no solo intentaba sobreprotegerla a ella, sino a si mismo.

De regreso a la zona mas concurrida, tomaron algo cerca del pequeño lago. A pesar de que Elizabeth se había reído bastante de él, al captar perfectamente parte de su idea, la notaba mas relajada y dispuesta a sostener su mirada durante mas tiempo. Al menos no huía descaradamente como hacía una hora. Incluso los breves minutos que Georgiana se acercó a la barandilla del lago para hablar con una antigua compañera del colegio, permaneció a su lado, como si quisiera darle mas libertad a su hermana. Tampoco es que mantuvieran una conversación, sino que fueron unos minutos de silencio, tranquilo pero compartido. Sin tensiones ni evasivas, simplemente disfrutando del fantástico día.

Tras pasear un rato mas por los jardines, era hora de regresar a casa. Aun así terminaron parando en una tienda, a petición de Georgiana, siempre dispuesta a comprar alguna fruslería mas, aunque se sorprendió de que su hermano quisiera bajar en lugar de esperarlas en el coche, pues había prometido tardar solo unos minutos. Dentro, las dejó entre los pequeños adornos que tanto le gustaban a la joven, mientras el paseaba algo desconcertado entre telas y cintas. Nunca amante de ese tipo de tiendas, esta vez no pudo dejar de seleccionar algo para sus damitas. Una cinta para cada una, bordadas con hilos de plata primorosamente. Una mas sencilla para su hermana, y otra con una decoración mas lujosa para Elizabeth, ya que sus vestidos siempre tenían menos adornos que los de Georgi, con lo que resaltaría sin quedar rococó.

Ya en el coche, les entregó un paquetito a cada una de ellas. Realmente ninguna lo esperaba, por lo que fue una auténtica sorpresa. Georgiana enseguida lo abrió, como una niña pequeña, entusiasmándose con lo que se encontró. Elizabeth deshizo el paquete cuidadosamente, con dos sentimientos contrapuestos luchando dentro de ella. Adoraba que fuera detallista con ella, pero se disgustaba porque lo fuera. No le favorecía en absoluto, y su corazón se ponía a latir desbocado por la ilusión que le provocaba el que se acordase de ella. Al desenvolverlo, apareció la cinta mas bonita que había visto nunca. Se quedó embobada admirándola, casi tanto como el caballero que la observaba, satisfecho, porque aunque aun no hubiese dicho nada, no lo necesitaba. Tras reponerse, alzó los ojos hacia el Sr. Darcy, para decirle un gracias y no pudo sino enviarle una mirada emocionada. El resto del camino se mantuvo silenciosa. Quería enfadarse con él pero no podía hacerlo, así que se enfadó consigo misma. Tenía que aprender que esos pequeños detalles los tenía porque la apreciaba, por lo que hacía con su hermana o incluso por su pasado, pero no estaba bien que pensase que significase algo mas hoy en día. Pero a su mente volvían las palabras de Georgiana de la noche anterior y no la ayudaban para autoconvencerse.


Al llegar a la mansión, con la excusa de ir a ver al ama de llaves, desapareció rápidamente, dejándolos aun en el vestíbulo. A pesar del silencio durante su regreso, sabía que le había tocado algo. Incluso Georgi le había dado un beso en la mejilla diciéndole al oído que siguiera así. El que su hermana le diera consejos amorosos todavía lo desconcertaba, pero estaba convencido de que casi se entusiasmaría tanto como él si conseguía conquistar a Lizzy, pero sonriendo se dijo que, solamente casi.

Ya en su despacho, no pudo evitar una carcajada cuando se encontró la respuesta de Bingley junto con una invitación para las dos hermanas. Por supuesto, ésta estaba redactaba por Caroline, pero Charles prácticamente le daba las gracias por hacer que fueran. Antes de irse a Kent, le había hablado indirectamente si Elizabeth no querría ir, y aunque sabía perfectamente que apreciaba sinceramente a la joven, a quien quería realmente ver era a Jane. No sabía cuánto había tardado en obligar a la Srta. Bingley para redactarla, pero por lo visto, no mucho.

Solucionado el tema de las invitaciones, solo faltaba exponerla. Quizás no iba a ser bien recibida la idea, pero intentaría que lo viera de una forma positiva. Por tanto, tras la cena, sacó el tema en el salón. Les comentó las salidas que tenía programada para los tres, resaltando las obras y conciertos a los que acudirían. Algunos eran en casas de damas pertenecientes a un prestigioso club musical. Georgiana estaba encantada. Había oído hablar de él, y sabía que no invitaban a todo el mundo. Un buen apellido podía bajar algo el listón, pero se tenía que tener cierta reputación musical para admitirte. Suponía que su tía habría influido, pues le constaba la presencia de varias de sus componentes en la reunión que había organizado, y aunque su modestia la impedía considerarse una buena intérprete, no era lo que pensaban los de su alrededor.

El Sr. Darcy continuó indicando que había un par de compromisos mas a los que Georgi no podía asistir. Eso por supuesto no era ninguna novedad. Pero cuando continuó diciéndole a Elizabeth que habían extendido su invitación también a la Srta. Bennet para que no fuera solo con la Sra. Annesley, Lizzy lo miró como si no estuviera bien en sus cabales, pensando que no había escuchado bien. El caballero continuó preguntando si ni siquiera tenía curiosidad por saber en qué consistía. El semblante de la muchacha cambió a uno de perplejidad cuando se dio cuenta que parecía que lo decía en serio. Comenzó a protestar indicando que no tenía ninguna intención de abandonar a Georgiana, dejándola completamente sola. Ante eso Will le preguntó directamente a su hermana si tenía algún problema en ir dos días sola a casa de los Gardiner. Por supuesto, a la muchacha no le importaba en absoluto. Disfrutaba de la compañía de Elizabeth, pero comprendía que también tenía derecho a disfrutar de los placeres de la sociedad como un baile, mas sabiendo cuanto le gustaban. Y en casa de los tíos de la joven, se sentía casi como en su casa, aunque no estuviera ninguna de sus amigas. Entre estar con su dama y el plan propuesto, no lo dudaba. Y además Lizzy necesitaría de alguien que la acompañase, ya que no podía ir sola con su hermano. Por tanto la animó diciendo que a Jane también le gustaría salir. Ella mientras tanto había buscado una nueva excusa, no era correcto ir a un evento privado cuando no se tenía relación con los anfitriones. A ello, con una sonrisa le dijo el señor que no podía aplicarse en ese caso. Conocía de sobra a los Bingley, y no podía oponerse a una invitación al baile de Lady Edith. En un último intento indicó que si su opinión no contaba. El caballero le recordó algunas de sus palabras en cierta reunión ocurrida tiempo atrás, en Hertfordshire. Dándose por vencida, pues ya carecía de argumentos, aceptó, aunque no muy entusiasmada. Lo último que le apetecía era ver a Lady Felicia y a él coqueteando el uno con el otro.


Hola de nuevo. No es muy largo, lo sé, pero el caballero ha decidido, por fin, empezar a hacer algo en serio.

Como siempre, me gusta dar las gracias a todas las personas que leeis, y un gracias al cuadrado a las que, además, me dais vuestra opinión.

Y ahora a aquellas de vosotras que no puedo responder por mensaje:

Querida Lorena: Si, os estoy dejando algo descuidados últimamente. Ya sabemos que Lady Catherine siempre está informada de todo y expresa su opinión se la pidan o no. Y tanta charla con Georgi, tanto tiempo de invitada, su sobrino visitándola constantemente durante la pasada primavera. ¿Crees que nació ayer? ;P. Por otro lado, no sé hasta qué punto no llega a admirar a nuestra heroína. Es la primera persona que se atreve a no responderle lo que quiere oír, y su sobrina, parece otra…

Querida Molita: Muchas gracias por tu comprensión. A ver, Lizzy quiere pasar página, y está coladita por el caballero.¿ Qué hacer? Evitarlo. ¿Puede? No, viven en la misma casa, y ahora comparten mas tiempo juntos. Pues no te miro. Pero es que lo quiero. Que no te digas eso, que es imposible… El amor nos vuelve ciegos. También tengo que agradecerte tus palabras por Bienvenida a casa… Es cierto que quería que fuera algo posible, y no una teoría inverosímil, aunque viniendo de la Sra. Bennet, quien sabe lo que ella considera lógico. Me la imagino intentando aprenderse una pequeña sinopsis de cada obra, y terminando soltando una frase algo incoherente de la misma. Y mientras el Sr. Bennet mirándola embobado pensando que era muy ingeniosa por señalar dichos puntos de la obra…

Estimada Blanca Q: Muchas gracias, de verdad. Los que escribimos nos encanta conocer la opinión de quien nos lee (si es que alguien lo hace…). Shhhh, que no me escuche Lizzy decirlo, pero necesitamos algo de vanidad.

Espero no demorarme mucho para el próximo. A ver si en un par de días...

imaginandohistorias