Notas de la autora:
Advertencia de angst: Bastante, pero no horrible (en mi opinión)
He estado escribiendo y reescribiendo los capítulos siguientes. Seré honesta: Harry se comporta como todo un imbécil y no quiere cooperar para llegar a donde lo quiero. Por los retos de escritura que he tenido, este capítulo no va tan lejos como quisiera. Si tienen "ansiedad de angst", puede que quieran esperar hasta que suba el siguiente capítulo antes de leer éste.
Notas de traductor:
Oh, là, là! Lamento haberme tardado tanto en actualizar. Se suponía que lo haría el lunes, pero la escuela me consumió… Ya casi termino semestre.
Gracias a MisakiUchiha17, Guadi-Fic's, Melanie Tao de Usui, Silvers Astoria Malfoy, kawaiigiirl, Violet Stwy, Lunatica Dark, toxica666, xonyaa11, catzeruf, NUMENEESSE, my dilema, Adriana11, sailor mercuri o neptune, SARAHI y jessyriddle por comentar en el capítulo anterior o en alguno de los anteriores.
¡Este capítulo va dedicado a Lunatica Dark, por ser el review no. 300!
MisakiUchiha17: Disculpa mi ignorancia, pero ¿qué es Antofagasta?
Silvers Astoria Malfoy: Ahí va un poco de mi diatriba: No es que no me guste Ginny, es que me molesta que insulten a Draco de esa manera… Créeme, el canon era lo mejor para mí, hasta que descubrí el Drarry.
Creo que todas y todos amaron que se fuera Walburga… Igual yo.
Planeaba no dividir este capítulo, pero fue inevitable. No quería dejarlos más tiempo sin leer…
Entraron a la sala de audiencias D con prisa. Los abogados ya estaban sentados. Goldstein estaba al lado de Malfoy. El rubio estaba mirando la mesa frente a él, sin alzar la cabeza para ver quién había entrado a la sala. Goldstein se inclinaba hacia él, tratando de captar su atención, pero Malfoy no parecía estar escuchándolo. Harry vio con sorpresa que Narcissa Malfoy estaba sentado junto a su hijo. Se veía mejor de lo que se había visto el mes anterior, durante su juicio. Harry supuso que estar fuera de la cárcel mejoraría la apariencia de cualquiera. La mujer tenía la mano puesta gentilmente sobre la de Malfoy, con el rostro mostrando su preocupación. Habían pasado meses desde que se habían visto. Ambos habían estado en celdas separadas desde su arresto y, después de su sentencia, había sido mandada de inmediato a cumplir su servicio de arresto domiciliario en la casa de Andrómeda Tonks.
Harry se obligó a mirar la sala, para checar quién estaba presente. Con alivio, notó que solo seis miembros del consejo del Wizengamot iban a estar ahí. Vio el pensadero, esperando enfrente de la pantalla, donde sabía que proyectarían las imágenes, para que todos las vieran. Harry sintió cómo su estómago comenzaba a girar de nuevo, y apartó la mirada. Nada podía ser peor que lo que ya habían visto. Y sin importar cuántas veces se lo decía a sí mismo, aún no se lo creía.
Arthur Weasley se registró con el oficial de la corte y preguntó dónde podían sentarse, y les mostraron una mesa en el lado más alejado de Malfoy. Después de un retraso de unos minutos, Kingsley Shacklebolt entró con Aberforth Dumbledore. Harry no había visto a Aberforth desde el día del servicio funerario en Hogwarts, días después de la batalla final. Claramente, el hombre se sentía incómodo en sus alrededores. Estaba tocándose la barba y la túnica nerviosamente. Aberforth miró el lugar y sus ojos se fijaron en Harry. Rápidamente, se movió hacia su mesa.
—Harry, lo siento. No sabía acerca del juicio. He estado tan ocupado ayudando con las reparaciones de Hogwarts que no había visto El Profeta en semanas. —Aberforth estiró el brazo para tomar la mano de Harry.
Harry la tomó.
—No entiendo.
—De haber sabido que Malfoy iría a juicio, habría hablado antes, claro. —Aberforth negó con la cabeza—. Albus me confió un frasco de recuerdos y me dijo que yo sabría cuándo entregarlos. Pero lo arruiné.
—¿Sabes qué hay en los recuerdos? —preguntó Harry, medio esperanzado, medio temeroso.
—No, solo que tienen que ver contigo y el chico Malfoy. Y Dumbledore dijo que era esencial mantenerlas a salvo. Me dijo que tenía que darte esto antes… —Fue interrumpido cuando Kingsley llamó a orden.
—Estamos aquí para mirar los recuerdos de pensadero que Aberforth Dumbledore ha entregado. El frasco ha sido examinado y se ha probado que el sello no ha sido roto, y que fue creado el primero de septiembre de 1996. Les diré que esta audiencia tiene un nivel de secreto ministerial cinco. Nada revelado aquí puede ser discutido por alguna persona aquí presente, sin mi aprobación expresa. Sin excepciones. —Kingsley miró con severidad hacia el fiscal—. Muy bien. No haré que los interesados esperen más. Procedamos. —Asintió hacia el técnico parado cerca del pensadero. Las luces bajaron y el hombre levantó el frasco, vertiendo con cuidado el contenido en la vasija. La tocó con la varita y, de inmediato, la imagen apareció en la pantalla.
Estaban en el Gran Comedor, Harry notó con sorpresa. Miró cómo Dumbledore se dirigía de la mesa principal a la de Gryffindor.
—El banquete de bienvenida —susurró Hermione—. Sexto año. —Harry se preguntó cómo lo sabía, pero luego se vio a sí mismo, con el rostro aún hinchado por la patada que Malfoy le había dado ese día, y su cabello estaba más desordenado de lo usual.
—Harry, bienvenido. —Dumbledore tomó a Harry de los hombros y lo miró a los ojos—. ¿Cómo estás? —El Harry del recuerdo se tensó y se encogió de hombros. Harry recordó que no había querido contarle que Malfoy le había roto la nariz en el tren. Podía manejar a Malfoy él solo, no había querido la ayuda de Dumbledore.
El anciano miró con dureza los ojos del chico.
—Te deseo buenas noches, Harry. Sin embargo, puede que necesite hablar contigo más tarde, una vez que te hayas acomodado. Ron, Hermione. —Dumbledore asintió cortésmente a los tres y caminó con rapidez hacia la mesa de Slytherin. Directo hacia Draco Malfoy.
Dumbledore llegó al lado del Slytherin.
—Draco. Me gustaría hablar contigo en mi oficina, si fueras tan amable.
Snape se había acercado desde la mesa de los profesores. Harry escuchó que decía:
—Draco ha tenido un día muy difícil, Albus. Seguramente, puede esperar hasta mañana.
—Yo creo que no, Severus. —Dumbledore estiró el brazo, señalando hacia la salida—. Después de ustedes. —Snape asintió y se dirigió hacia la salida con rapidez. Casi todos los alumnos se habían ido.
Subieron por las escaleras mágicas hasta la torre del director y Dumbledore abrió la puerta. El hombre giró para mirar a Draco.
—Por favor, espera aquí unos minutos, necesito hablar con el profesor Snape a solas. —Sin esperar una respuesta, entró a la oficina, cerrando la puerta detrás de él.
Harry miró a Malfoy con curiosidad. El rubio había estirado el brazo y estaba agarrando la mano de su madre con fuerza.
Dumbledore miró a Snape mientras la puerta se cerraba. El anciano agitó la mano hacia la puerta, claramente haciendo un escudo anti sonido.
—¿Qué has hecho, Severus? —El rostro de Dumbledore mostraba una profunda preocupación—. Pude sentir el cambio en el chico incluso cuando entró al Comedor. Después de hablar con él, incluso la más sencilla Legeremancia me dice que una parte de él ha sido destruida...
—Hicimos lo que teníamos que hacer. Era la única forma. Para tratar de evitar que ambos fueran asesinados.
—Entonces, en lugar de eso, decidieron destruir el arma más poderosa que el joven Potter tenía para derrotar…
—No trates de convencerme con tu ridícula teoría de nuevo, Albus. Cuando escuches lo que pasó este verano, mientras estabas inhabilitado…
Dumbledore le señaló una silla.
—Toma asiento, Severus, y cuéntame todo.
Harry percibió unos susurros furiosos en el otro lado de la sala. Dirigió su atención y vio a Malfoy discutiendo, vehemente, con su abogado y su madre. Sus voces se alzaron.
—¡Luces! ¿Hay algún problema, señor Goldstein?
—Lo siento, señor. Mi cliente solicita que se le permita cambiar su declaración a culpable. Le dije que ahora no es el momento…
Malfoy se puso de pie, mirando a Kingsley, desafiante.
—Exijo que me permitan cambiar mi declaración a culpable. No hay necesidad de que esto continúe. Me declararé culpable de todos los cargos con la condición de que estos recuerdos sean destruidos sin ser observados por nadie. Denme mi sentencia y terminemos con esto. —Su voz era firme pero sus manos temblaban violentamente.
—¡Señor, protesto! Claramente, está tratando de ocultar algo…
—Entiendo sus preocupaciones, fiscal. Por favor, siéntese. —Kingsley volteó hacia Malfoy, que seguía de pie, con la mandíbula apretada—. Señor Malfoy, ésta es una audiencia evidenciaría. Tiene la libertada de cambiar su declaración una vez que el juicio sea retomado. Sin embargo, hoy, en esta audiencia, veremos la evidencia…
—No. No pueden. Usted no entiende. —Harry podía escuchar que Malfoy estaba tratando de evitar que la desesperación se percibiera en su voz.
—Entiendo su preocupación por los graves cargos que está enfrentado. Sin embargo…
—Bien. Entonces, solicito permiso para regresar a mi celda —dijo Draco con brusquedad y frialdad, pero Harry aún podía ver sus manos temblando, yendo en contra de la imagen calmada del hombre—. No puedo quedarme aquí.
—Ése es su derecho. Guardias, por favor, regresen al señor Malfoy a su celda. Con las mismas preocupaciones de antes.
Narcissa Malfoy trató de salir con su hijo, pero fue retenida por los guardias. Malfoy caminó hacia la salida; en la puerta, se detuvo y miró hacia atrás. Maldijo y miró directo hacia Harry.
—Potter, no quieres ver lo que viene. Créeme, sería mejor no saberlo. —Harry miró a Malfoy; la expresión de su némesis no era el usual gesto arrogante o su fría indiferencia. Se veía preocupado y temeroso, Harry pudo notar. Malfoy se veía como si estuviera a punto de decir más, pero tragó saliva y negó con la cabeza, para luego salir por la puerta con los guardias a cada lado.
—¿Qué será lo que Malfoy sabe, como para no querer que tú lo veas? —susurró Ron.
Harry se encogió de hombros y regresó su atención a la pantalla, con una sensación de desesperanza cuando las luces bajaron. Recordaba la protesta que Malfoy había hecho en el juicio, cuando el maestro de varitas había estado a punto de mostrar las imágenes. Pero éstos eran recuerdos de Dumbledore, lo de Malfoy o de Harry, ¿qué tan malos podían ser?
—Visité a Malfoy hacia un mes, mientras estabas recuperándote de tu… herida. Y encontré a Draco. No era el chico que había salido de la escuela hacía unas cuantas semanas. Lo habían roto, Albus. Roto. El Señor Tenebroso había estado esperando a que Draco regresara al final del periodo. Como sabes, Potter se rehusó a aprender Oclumancia. Le dio al Señor Tenebroso acceso a todos sus pensamientos. Había visto lo que Draco significaba para Potter. Creyó que podía usar a Draco para atraer a Potter a la mansión Malfoy. Draco se rehusó, pero pagó un alto precio por hacerlo.
Snape continuó.
—Te advertí que su relación era demasiado peligrosa. Hace dos años, hice como me dijiste y lo ignoré, esperando que Draco volviera en sí pronto. El año pasado, cuando se hizo claro cuán peligrosa era su relación, reiteré mis preocupaciones y aun así me ignoraste. Incluso cuando sabías que el Señor Tenebroso tenía acceso a los pensamientos de Potter.
—Entiendo bien que ambos fallamos en ayudar a Harry a aprender Oclumancia, Severus. ¿Qué le hicieron a Draco?
—El Señor Tenebroso y Lestrange usaron la cruciatus con él. Aun así, Draco se negó a decirle a Potter que fuera.
—¿Qué hizo Voldemort cuando se negó?
—Mandó a sus nuevos reclutas a encontrar chicos muggles, de la edad de Potter. Chicos con cabello negro y alborotado. Alteró el color de sus ojos para que fuera el mismo verde de los de Potter. Les talló cicatrices en las frentes. Y el mismo Señor Tenebroso torturó al primero, enfrente de Draco. Demostrándole cuán dolorosa podía ser la muerte de Potter.
Se detuvo un momento.
—Con el segundo chico, utilizó de inmediato la Avada Kedavra. Le dijo a Draco que dependía de él determinar cómo moriría Potter. Y luego, obligó a Draco a decirle cómo tenía que morir el tercer muggle. Si escogía una muerte rápida, tendría que unirse a las filas de los mortífagos, tendría que tomar la Marca. Draco sabía que el chico moriría, pero no podía soportar ver la tortura.
—Una cosa es soportar el dolor uno mismo, y otra completamente diferente es observar la tortura de alguien más —dijo Dumbledore.
—Sí, por eso accedió a tomar la Marca. No salvó la vida del muggle, solo evitó que en su última hora no fuera víctima de la cruciatus. —Snape se puso de pie y comenzó a caminar por la oficina—. Draco comenzó a planear su propia muerte en el momento en que la Marca fue puesta en su brazo, a fuego. Porque sabía que nunca podría estar ante Potter con la marca en el brazo. —Continuó—. Lo encontré en el laboratorio de Lucius, haciendo una poción de cicuta y matalobos, Albus. Quería suicidarse en vez de hacer que Potter se enterara de que había cedido al Señor Tenebroso. Estaba seguro de que Potter nunca entendería, nunca aceptaría a Draco con la Marca. —Snape caminó hacia las ventanas, miró hacia la noche, con el dolor marcando su voz.
—Traté de convencerlo de que había otra forma. Convencerlo de que podía ayudar a Potter si se unía a mí en mi lucha. Para pelear contra el Señor Tenebroso desde adentro. También se negó —dijo Snape con amargura—. Porque no podía soportar la idea de que Potter pensara que se había unido a los mortífagos. Ambos sabíamos que, si iba a vencer al Señor Tenebroso, Potter no podía enterarse de la verdad, por la conexión que el Señor Tenebroso tiene con su mente.
—Draco sabía de la profecía, Potter le había contado. Le dije a Draco que Potter tendría más oportunidad de ser sobrevivir si lo ayudaba desde el otro lado. Eso fue lo que hizo que considerara mi oferta, pero aún no podía soportar pensar que Potter creyera que lo había traicionado. Le dije a Draco que había una forma de evitar que Potter se llegar a enterar.
—Se resistió, pero al fin dijo que prefería que Potter nunca supiera lo que tenían, a que Potter pensara que Draco lo había traicionado. Podía vivir con eso si era necesario.
—Creo que ambos subestimaron lo que Potter habría estado dispuesto a entender y perdonar. El chico tiene una tremenda capacidad para amar; el perdón es su naturaleza. Pero eso ya no importa en realidad; lo hecho, hecho está. ¿Qué usaron?
—Amoris Delere.
—Una vez más, te inclinas por las artes oscuras —dijo Dumbledore—. El encantamiento que le permitía a un padre sangre pura remover todos los recuerdos del amor prohibido de algún hijo.
—Las artes oscuras me han servido bien —dijo Severus—. Solo ese encantamiento de memoria puede borrar todos los recuerdos de amor, mientras deja el resto de sus interacciones intactas. Claro, no fue posible simplemente borrar toda la memoria del Chico que Vivió.
Dumbledore sonrió con tristeza.
—Considerando tu desagrado por Harry, supongo que debería estar agradecido porque te contuvieras. ¿Tú hiciste el hechizo o fue Draco?
—Draco. Es más efectivo, más completo, si lo hace el que conoce mejor al sujeto.
—¿Y estuvo dispuesto a hacerlo?
—No tenía elección. Todas las opciones viables estaban agotadas.
—Podrías haber venido a mí, debiste haber venido a mí, Severus.
—No tenía esa libertad. El tiempo era esencial. No tomé está solución a la ligera. Sabía que afectaría a Draco profundamente; si hubiera podido evitarle este dolor, lo habría hecho. ¿Habrías preferido que muriera? —Snape volteó hacia Dumbledore—. Sabes que nunca tendré hijos. De haberlos tenido, no habría podido pedir un mejor hijo que Draco. Y he tratado de ser un padre para él. Salazar sabe que su propio padre no merece ser portador de ese título.
—Me temo que Harry nunca será el mismo, y tampoco Draco. Me dejas con un gran dilema, Severus.
—La historia no ha terminado, Albus. Después de que le pusieran la Marca Tenebrosa en la piel, el Señor Tenebroso decidió que Lucius debía sufrir por su falla en el Departamento de Misterios, y que Draco debía pagar el precio.
—¿Cuál fue el precio?
—Una tarea. Una tarea imposible para la cual el castigo iba a ser la muerte de su propia madre.
—¿Y cuál es esta tarea?
—Matarte —dijo Snape, con un brillo de diversión en la mirada—. Claramente, el Señor Tenebroso aún no sabe que ya recibiste una sentencia de muerte.
—Es un alivio saber que mis habilidades de Oclumancia no han desaparecido con la edad. ¿Qué le dijiste a Draco acerca de su misión?
—Le dije que lo ayudaría. De hecho, tengo que hacerlo, porque Narcissa, en su profunda preocupación por su hijo, me hizo tomar un Juramento Inquebrantable.
—Eso es bueno, Snape, porque deberás ser tú el que me mate. No quiero que la carga de tomar mi vida recaiga on Draco. De hecho, estoy preocupado por Draco, ha perdido tanto. Debe portar la Marca Tenebrosa y ha jurado matarme —dijo Dumbledore, con suavidad—. Y acaba de perder a Harry, sacrificó su amor para que Harry pudiera vivir. Eso es más de lo que un chico de dieciséis puede soportar.
—Vivirá. Eso es lo importante.
—¿Pero a qué precio, Severus? —Dumbledore se puso de pie—. Hemos estado haciéndolo esperar por mucho tiempo.
Mientras Dumbledore se movía hacia la puerta, la imagen en la pantalla comenzó a bailar. Unas bandas de color se movían a través de la pantalla.
—¿Qué sucede con el recuerdo? ¿Qué está pasando? —le preguntó Kingsley al mago que monitoreaba el pensadero.
El técnico pausó el recuerdo y revisó con rapidez con su varita.
—No viene de aquí, señor. Algo está perturbando el…
—Señor, ¿puedo sugerir que tomemos un receso antes de continuar? —La voz de Hermione se oía tensa por la preocupación. Kingsley miró a Harry y supo al momento de dónde venía la perturbación. La mesa frente al joven mago estaba vibrando, mientras magia emanaba de él en forma de ondas. Las manos de Harry estaban en puños, sobre la mesa. Ron estaba inclinado hacia el chico, hablando con él, susurrando frenéticamente en su oído, tratando de calmarlo.
—Sí, muy buena sugerencia, señorita Granger. Creo que la sala de audiencias a la izquierda está disponible, si quieren… —Los tres ya estaban de pie, moviéndose. Ron y Hermione flanqueaban a Harry y Arthur Weasley iba delante, para abrir las puertas. En segundos, se oyó un portazo y el sonido de muebles siendo rotos; con cada golpe, las luces se movían—. Nos tomaremos dos horas para un almuerzo extendido. —Hubo otro fuerte golpe—. Auror Healey, tome nota de que la sala de audiencias C no estará disponible, hasta que se terminen las reparaciones. —Kingsley se puso de pie con apuro, ignorando a propósito la voz del fiscal.
Ron, Hermione y el señor Weasley se quedaron pegados a la puerta de la sala C. Arthur y Hermione habían puesto con presteza unos escudos, para protegerlos de la magia y las piezas rotas de madera que estaban volando por los aires. Harry estaba paseando lentamente por el cuarto. Parecía no darse cuenta de que las sillas estaban explotando hasta quedar en astillas, mientras pasaba. No estaba gritando o maldiciendo, solo parecía estar perdido en sus pensamientos, con la cabeza gacha mientras andaba.
—¿Esto ha pasado antes? —le susurró Arthur a Hermione.
—Solo dos veces —dijo Hermione, haciendo una mueca cuando una gran mesa en el lado más alejado de la sala estalló en llamas. Ron maldijo y corrió hasta ella, esquivando a Harry, y usó su varita para apagar las llamas—. Después del funeral de Tonks y Lupin y después del juicio, el lunes. Solo mantiene las cosas adentro hasta que estalla, pero no había sido tan…
—¿Explosivo? —dijo Ron secamente, mientras volvía a entrar al escudo.
Kingsley Shacklebolt entró por la puerta. Miró a Harry y luego a los otros tres, pegados a la pared.
—¿Van a dejar que se le pase?
Hermione asintió.
—Creo que sería peligroso tratar de intervenir.
—¿Quieren que llame a un sanador…? —dijo Kingsley, haciendo un gesto cuando una silla voló y golpeó el techo, cuando Harry movió una mano hacia ella—. ¿Para que le den una poción calmante?
—¿Quieres ofrecerle una poción ahora mismo? —dijo Arthur, riendo—. Creo que Hermione tiene razón, en unos cuantos minutos estará exhausto.
—Puedo cancelar la audiencia. Podemos hacerla mañana.
—No sé, creo que es mejor terminar de una vez, en vez de hacerlo pasar por esto varios días —dijo Ron—. Conociendo a Harry, una vez que se calme, querrá terminar con esto.
Hermione asintió, estando de acuerdo.
—Bueno, les dije a los demás que nos tomaríamos un descanso de dos horas. Con suerte, será suficiente. De otro modo, tendremos que reprogramarlo para mañana. Asumiendo que el edificio sigue en pie —dijo Kingsley, cuando el pizarrón montado en la pared se rompió en varios pedazos y cayó al suelo, cuando Harry pasó cerca—. Si no se calma para entonces, tendremos que tomar medidas, podría causarse mucho daño a sí mismo y a los demás.
—Solo agradece que Malfoy escogió salir de la sala. No sé qué podría haberle hecho Harry —dijo Ron, negando con la cabeza.
Hermione lo miró.
—Te pone a pensar, ¿no lo crees? ¿Acaso Malfoy aún se preocupa por Harry? Trató de evitar que los recuerdos se reprodujeran, a pesar de que ayudarían bastante a su caso. Estaba dispuesto a declararse culpable e ir a Azkaban, solo para evitar que Harry los viera.
—Hace que te preguntes muchas cosas. Si Malfoy estaba ayudando a la Orden desde el otro lado, como Snape lo había hecho, no debería estar pasando por un juicio. Sin embargo, sí le borró la memoria a Harry, eso no puede quedar sin castigo —dijo Arthur.
—Hay muchas preguntas que tienen que ser contestadas —dijo Kingsley.
—No puedo creer que Dumbledore lo sabía todo ese año en Hogwarts y… —Hermione se percató del silencio en la sala. Harry estaba a tres metros de ellos. Estaba respirando con dificultad, por su explosión, pero parecía calmado.
—No hay nada malo con mi oído. Pueden dejar de discutir acerca de mí como si no estuviera presente. —No trató de ocultar el amargo tono de su voz—. Entonces, Dumbledore sabía todo y nunca me lo contó, probablemente tenía sus razones.
—¿Decidiste destruir la sala porque no te molesta? —preguntó Ron, mirando el lugar. Harry dio la vuelta y miró los muebles destruidos, así como los grandes huecos que las sillas habían dejado al chocar con las paredes.
—Lo lamento, Kingsley —dijo Harry, moviendo la cabeza lentamente al ver el desastre—. Era esto o hacer algo realmente drástico.
—Me da miedo pensar cuál es tu definición de "realmente drástico" —dijo Kingsley—. ¿Quieres continuar con los recuerdos después del almuerzo?
—Sí. Terminemos con esto. Y quiero hablar con Malfoy —dijo Harry, con la voz firme. Estaba exhausto por toda la energía y magia que acababa de liberar. Solo quería acabar con todo eso.
—No lo harás, a solas no —dijo Kingsley, negando con la cabeza—. Veamos lo que el siguiente recuerdo nos dice, antes de hablar acerca de dejarte hablar directamente con él.
Entraron a la sala de audiencia de nuevo y Harry se sentó a la mesa. Ignoró todo lo que Hermione le estaba diciendo; probablemente le estaba indicando que se mantuviera calmado. Pero no importaba, no iba a permitirse perder el control de nuevo. Esa mañana, lo habían agarrado desprevenido; no se le había ocurrido que quizás Dumbledore podía haber sabido que Malfoy le había borrado la memoria. El siguiente recuerdo sería con Malfoy, probablemente hablarían del asunto, así que no sería tan malo. Harry ignoró a todos en el cuarto y miró al frente; seguía exhausto por haberse alterado antes. Solo quería terminar para poder irse.
Dumbledore abrió la puerta y Malfoy entró a la oficina.
—Draco, por favor, toma asiento. —Dumbledore le señaló una silla, y luego se sentó junto a él—. Draco, el profesor Snape ya me contó lo que pasó este verano. —La amable voz de Dumbledore claramente aturdió a Malfoy, porque el chico lo miraba con cautela—. Desearía que hubiesen venido a mí. Desearía que hubiesen tenido la confianza suficiente para venir cuando necesitaban ayuda.
—¿Y cómo, exactamente, iba a ponerse en contacto contigo? —dijo Snape con brusquedad.
—Sí, sí, Severus. Un problema aparentemente insuperable. —Dumbledore agitó su mano hacia Snape. Malfoy miró su mano dañada. Dumbledore siguió su vista y sonrió un poco—. Veo que has notado mi herida. No te preocupes por ella. Un problema menor que, pronto, no tendrá consecuencias. —Snape bufó, pero no giró desde donde estaba, parado cerca de la ventana.
—Cuando dije que desearía que hubiesen venido a mí, me refería a ti y a Harry —dijo Dumbledore, con amabilidad, mientras caminaba hacia su escritorio y se sentaba—. Era uno de mis más grandes placeres, ser testigo del amor que crecía entre ustedes dos, aunque fuera desde lejos.
—¿Lo sabía? —La voz de Malfoy temblaba, y su expresión mostraba sorpresa.
—Hay muy pocas cosas que pasan en Hogwarts de las que no estoy enterado, Draco. —Dumbledore sonrió—. Ya sea cuando un joven de primer año entra a los viejos vestidores de Quidditch o las incansables búsquedas de los Gryffindors por una botana a media noche en las cocinas, o dos jóvenes buscadores volando a la luz de la luna, sobre el lago.
—Sin embargo, eso ya quedó en el pasado, por el camino que has tenido que recorrer este verano. Uno muy peligroso —continuó el anciano. Su vista se detuvo por un momento en el antebrazo izquierdo de Malfoy, y luego regresó a su rostro. Malfoy tomó su manga y la bajó, como si quisiera evitar que Dumbledore viera lo que ya sabía que estaba ahí—. La Marca que llevas no define quién eres, así como la cicatriz que Harry debe portar en la frente no lo define. Ambas marcas fueron puestas a la fuerza en ustedes por el mismo hombre. Y ambos han mostrado una extraordinaria valentía y fortaleza al encarar un peligro tan terrorífico e implacable.
—No tenía elección —dijo Malfoy, en voz baja.
—Tomaste una difícil decisión, que te pondrá en contra de aquel al que amas más, que hará que te odien y te teman, y que puede resultar en tu muerte, traída por cualquier lado de los que están en esta guerra.
—Tenía que hacerlo. Harry estará más seguro así. Mi madre está viva. —Malfoy parecía estar al borde de las lágrimas.
Harry miró la pantalla, apenas capaz de reconocer al chico rubio, que no se parecía en nada al fríamente arrogante Slytherin que Harry conocía, por haberlo visto en los corredores desde el principio. Harry comprendió que el Draco de la pantalla se parecía al que había salido de la sala de audiencia, hacía unas horas antes. Preocupado, alterado, asustado.
El rubio inspiró.
—¿Snape ya le contó todo?
—El profesor Snape. Sí, ya lo hizo. Y debo decir, qué reto tan difícil. —Malfoy miró al director, que estaba sonriéndole—. No quiero que te preocupes por esa tarea esta noche, Draco. Esta noche, nos enfrentamos a un problema mucho más significativo. Como dije, sabía de tu relación con Harry. Era un gran alivio para mí, porque resolvía un problema que me había estado causando mucha preocupación. Se me acortaba el tiempo, y por razones que no necesitas saber, era esencial que Harry se enamorara. Mientras estaba preparado, reticentemente, a asistirlo en esa dirección, pronto se volvió evidente que tal ayuda no era necesaria.
Malfoy habló, y su voz tembló un poco.
—¿A qué se refiere con que necesitaba enamorarse?
Dumbledore negó con la cabeza.
—No te preocuparé con los detalles, dado que ahora tenemos ante nosotros un gran dilema. Has borrado todos los recuerdos de la relación de su memoria. Esa pérdida es permanente, ni siquiera yo soy capaz de recuperar alguno de sus recuerdos. Y no hay tiempo para que ambos reestablezcan esta relación. Creo que tienes que admitir que, el hecho de que sucediera una vez, fue… impresionante.
Malfoy miró su brazo con amargura.
—Ya se terminó. No hay forma de regresar.
—Sí, tristemente, estoy de acuerdo. Ya es tarde y creo que estás ansioso por regresar a la casa de Slytherin. Déjame ser directo. Harry debe enamorarse lo más pronto posible. Para acelerar esto, estoy preparado para usar una poción de amor e incitar esta relación.
Harry escuchó el jadeo de sorpresa de Ron, junto a él, pero lo ignoró. Miró con resolución hacia la pantalla, obligando a su respiración a mantenerse en calma.
Malfoy se puso de pie de un salto.
—¡No puede hacerle eso! —El rubio miró a Snape y luego a Dumbledore—. Cuando se entere, quedará lívido. Confía en usted. Esto lo destruirá cuando lo descubra.
—Es un riesgo que, desafortunadamente, debo tomar. Como tú, mis cartas me fueron entregadas por otros. —Dumbledore señaló la silla de Malfoy—. Entonces, necesitamos escoger a alguien de quien Harry pueda enamorarse. —El cuerpo de Malfoy estaba temblando visiblemente, mientras luchaba por controlarse—. Ahora, Draco, necesito que me ayudes a determinar quién será el objeto del afecto de Harry.
El sudor comenzó a cubrir la frente de Malfoy.
—No, no lo haré.
Snape giró sobre sus talones.
—Albus, no dijiste nada acerca de esto. ¡Ni siquiera estás seguro de si tu teoría es correcta! —Dumbledore hizo un gesto para que se mantuviera al margen.
—Severus, tiene que hacerse. Y Draco debe ayudarnos a escoger. ¿Quién más lo conoce mejor? ¿Quién más sabe qué persona quedaría mejor? —Dumbledore miró a Malfoy—. ¿Preferirías que el profesor Snape escogiera? Debo admitir que yo estoy muy alejado de la juventud de estos días, hablando de edad, como para intentar escoger a alguien.
Malfoy negó con la cabeza.
—No puedo. No me pida esto.
—¿Cho Chang? —sugirió Dumbledore. Estaba mirando a Malfoy, y el chico se estremeció y apartó la mirada. Luego, habló en voz baja.
—No, muy necesitada. Harry necesita a alguien que pueda valerse por sí mismo.
—¿Ron Weasley?
Malfoy rio un poco y negó con la cabeza.
—No me haga hacer esto, por favor. No puedo…
—¿Hermione Granger? —La voz de Dumbledore era firme.
Harry podía oír a Hermione y Ron, susurrando furiosamente, pero los ignoró. Podía superar esto, si no pensaba mucho en que estaba viendo en la pantalla cómo su vida estaba siendo destruida.
—No puede ser ninguno de ellos —protestó Malfoy—. Son sus mejores amigos. Esto destruirá su amistad cuando se enteren acerca de la poción. Son demasiado importantes para Harry. No puede perder su amistad. No puede hacerle esto a Harry. Si le da una poción y lo descubre… Ya perdió mucho; sus padres, Sirius, Cedric…
—Esa es una consecuencia por la que no puedo preocuparme esta noche. Esto tiene que hacerse, Draco. Sin embargo, estoy de acuerdo con que los amigos más cercanos de Harry no son una opción. Entonces, ¿a quién recomiendas? Alguien que sea valga por sí mismo, que comparta su pasión por el Quidditch, alguien que quiera a Harry por quien es, no solo por su nombre.
—La chica Weasley —dijo Malfoy, tan bajo que Dumbledore apenas lo escuchó.
—Ah, claro. La Weasley más joven. La encantadora Ginevra.
—Pero Harry es gay. Ni siquiera es bisexual. No le atraen las chicas —dijo Malfoy, con aspecto enfermo.
—Una poción servirá para superar ese obstáculo temporalmente. Te aseguro, Draco, que una vez que deje de tomar la poción, regresará a la normalidad. No deseo cambiar permanentemente quién es, o su sexualidad. Regresará a como es ahora. La atracción por Ginevra desaparecerá lentamente, o será superada por sus propios sentimientos naturales hacia la chica, si son lo suficientemente fuertes.
Harry sintió la mano de Hermione, apretando la suya, pero se rehusó a mirarla. Lentamente, comenzó a contar para sí mismo, obligándose a controlar su respiración. Su visión estaba enfocada en las figuras de la pantalla.
Dumbledore se puso de pie y le dio la vuelta al escritorio, para sentarse junto a Malfoy de nuevo.
—Entiende que éste no es un paso que tome a la ligera. No obstante, estoy al tanto de que el momento en el que Harry deberá enfrentar a Voldemort se acerca, y necesita cada arma disponible a su alcance. —Dumbledore estiró la mano y tocó el brazo del rubio—. Créeme cuando digo que, si tuviera otra opción, la aplicaría en un instante. Y ahora, temo que te he mantenido aquí hasta muy tarde. Estoy seguro de que ya quieres descansar. —El anciano se puso de pie y miró a Snape—. Severus, te pido que vayas al laboratorio y traigas las pociones necesarias. Haré que nuestros amigos Gryffindors vengan a verme.
Malfoy se puso de pie y caminó hacia la puerta.
—Draco, una última pregunta. ¿Alguien más, aparte de Ron y Hermione, sabe que Harry es gay?
Malfoy negó con la cabeza.
—No, Sirius Black y Cedric eran los otros que sabían.
—Gracias, Draco, por tu sacrificio. Espero de corazón que tu pérdida no sea en vano. No te desearé una buena noche, porque sé que tus sueños serán problemáticos en el tiempo que viene.
La pantalla se puso en blanco por un momento y, luego, estuvieron de regreso en la oficina de Dumbledore. Harry miró como él, Ron y Hermione entraban a la oficina y se sentaban enfrente del escritorio. No recordaba que eso hubiera pasado esa noche.
—Me disculpo por llamarlos tan tarde, durante su primera noche de vuelta. Sin duda, están ansiosos por ponerse al corriente con sus compañeros Gryffindors. Por favor, tomen un poco de té de hierbas y les diré lo que necesito.
Dumbledore fue hacia una barra, donde una tetera estaba preparada, bajo una tapa. Dándoles la espalda a los alumnos, sirvió tres tazas de la tetera lavanda. Le dio a Ron y Hermione una a cada uno, pero, con la espalda hacia Harry, el anciano metió la mano en una manga y vertió el contenido de un frasco en la última taza. Con mano firme, se la dio a Harry.
Los tres le dieron un trago a sus bebidas, mientras Dumbledore procedía a hablar acerca de esto y de aquello. Los tres estaban quietos en sus sillas, sin hablar o mirarse el uno al otro. Caminando detrás de ellos, Dumbledore puso una mano gentilmente sobre la cabeza de Harry, y murmuró algo a su oído. Repitió el proceso con Ron y Hermione. Luego, se sentó de nuevo al escritorio y esperó. Después de unos minutos, los tres se sacudieron, como si acabaran de despertar.
Dumbledore sonrió con benevolencia y les agradeció que hubieran pasado a verlo. Harry, Ron y Hermione asintieron, distraídos, y salieron de la oficina. El anciano se quedó sentado, sin moverse, en su silla, escuchando a Fawkes, que acababa de comenzar a cantar, llenando la habitación con sus lamentos. Mientras la canción terminaba, Dumbledore asintió y le sonrió con tristeza a su ave.
—Yo no podría haberlo dicho mejor.
Aún falta un poco, no desesperen… Y pueden revisar mi texto, por algún detalle...
Adigium21
