¡Buenas, lectores!
Por fin estoy de vuelta. Siento haber tardado tanto. Seguramente, querréis matarme. Pero hay una buena explicación para este gran retraso (el del fic, no el mío). Ya os conté que había estado preparando oposiciones para conseguir mi plaza de profesora. ¿La conseguí? ... No. Estuve a punto, a una décima de conseguir esa plaza, pero no hubo suerte. Tras ese fracaso personal, me sentía tan deprimida que no podía pensar en escribir. Pero la parte buena es que conseguí una buena nota y me han llamado para trabajar. Así que sí, al menos ya soy profesora. Jeje. He entrado en el instituto que me han asignado y he estado aprendiendo a marchas forzadas todo lo que tenía que saber. Por ello, hasta ahora no había podido ponerme a escribir. Pero ahora que estoy más tranquila, os traigo un capítulo, el penúltimo, esperando que todavía tengáis interés en el fic.
El próximo capítulo, el cual espero escribir pronto, será el último. Después de tres años, ya va siendo hora de terminar el fic. Así que nos vemos en el próximo capítulo. Espero vuestros mensajes. Disfrutad con la lectura.
Capítulo 25: No dejes de buscarme
—¿Buttercup? Buttercup...
Notó cómo alguien la sacudía. Abrió los ojos y dio con los intensos ojos verdes de Butch.
—¿Qué estás...? ¿Dónde...? —murmuró mientras empezaba a recordar lo acontecido antes de que cayera inconsciente. A su mente llegó aquella masa viscosa y la fuerza con la que la había succionado. Miró a su alrededor mientras que se sobaba la cara con cansancio y se encontró a si misma dentro de una habitación totalmente cerrada, sin puertas ni ventanas—. ¿Dónde estamos?
—No lo sé, pero no hay salida. Ya lo he comprobado.
Buttercup se puso en pie y se dirigió a una de las paredes. La tanteó con la mano y después intentó destrozarla de un puñetazo, pero no se movió ni una sola piedra.
—No te esfuerces. Ya lo he intentado todo: puñetazos, patadas, láser... Esa cosa no hay quien la rompa.
—Eso es porque no se puede romper lo que no existe —surgió una voz afeminada y malvada de repente.
Buttercup y Butch intentaron seguir el sonido, pero la voz procedía de todas partes.
—¿Him? —preguntó Butch.
—Exacto, Butchy. ¡Cuánto tiempo sin verte, querido! Sé que últimamente te he descuidado un poco, pero he estado muy ocupado con Brick. No me lo tomes en cuenta.
Butch rio sarcásticamente.
—¿Y qué pasa? ¿Has vuelto para llevarme al parque de atracciones?
—Se podría decir que sí —rio Him de vuelta.
—¡Ya está bien! ¡Da la cara, payaso! Estamos hartos de tus jueguecitos —bramó Buttercup.
—Oh, Buttercup. Casi me olvido de ti. ¿Sigues igual de violenta que antaño?
—Déjate de tonterías. ¿Dónde nos has metido? —interrumpió Butch, cruzándose de brazos.
—Pues, al igual que a vuestros respectivos hermanos, en el único lugar en el que podría encerraros: vuestra propia mente. Necesitaba algo de tiempo para terminar con lo poco que queda de Townsville, ¿sabéis?
—¡Deja a Townsville en paz, hijo de...! —gritó Buttercup.
—Tranquila, nenita. Como ya le he dicho a tu hermana, si conseguís salir de aquí, seré indulgente y os haré una proposición que no podréis rechazar. Es muy fácil: solo tenéis que seguir como hasta ahora y todo irá bien. Si lo lográis, os veo al otro lado. Hasta entonces, que comience el juego y buena suerte.
La voz de Him desapareció de un momento a otro y fue sustituida por un ruido atronador. De repente, las paredes comenzaron a estrecharse.
—¿Qué demonios...?
Buttercup y Butch intentaron detenerlas, pero no había forma de parar su avance. Butch propinó un sinfín de puñetazos a los ladrillos, pero no sirvió de nada. Buttercup probó con uno de sus rayos láser a pesar de que Butch ya le había dicho que todos sus intentos habían sido en vano. Sin embargo, algo tenían que hacer. Si esas paredes seguían avanzando iban a morir aplastados.
—¡Esto es imposible! —bramó Butch, desesperado—. ¡Vamos a quedar como tortillas si no conseguimos pararlas!
—Tenemos que pensar en algo —dijo Buttercup, intentando ponerse en la piel de su hermana mayor y pensar como ella. ¿Qué haría Blossom? La líder le daba mucha importancia a las palabras. Siempre analizaba cada una de las que soltaban los villanos por la boca. Con ella hacía lo mismo. Solía decir que a menudo las personas sueltan más información de la que desearían y eso puede ser una gran ventaja. Pensó en las palabras de Him: los había metido en el único lugar donde podía encerrarlos: su propia mente. Eso quería decir que nada de aquello era real. Era un mundo que Him había construido a partir de sus propias mentes.— No se pueden romper porque no son reales —murmuró.
Butch volvió a golpear la dura pared para después sobarse la mano.
—Pues yo la noto muy real —comentó, frustrado.
—Eso es porque el cerebro es el órgano más poderoso. Blossom siempre lo dice. Puede hacernos creer cosas que no son verdad.
Un crujido y el avance de las paredes se detuvo. Butch suspiró.
—No sé, morenita. No creo que sea un farol. En poco tiempo, estos muros van a seguir avanzando, y como no encontremos una forma de salir de aquí, estamos muertos.
—En eso estoy de acuerdo. Estaremos muertos en nuestras mentes, porque nuestros cuerpos siguen ahí fuera, atrapados en esa masa asquerosa.
—Estar muerto mentalmente es lo mismo que morir a secas —gruñó exasperado.
Buttercup soltó una risa sarcástica.
—Eso tú lo sabes bien, ¿verdad?
El chico la asesinó con la mirada.
—¿Cuál es tu problema? Debería haberme quedado en casa y haber dejado que esa cosa te tragara.
—Para lo que ha servido... Al final, estamos los dos atrapados. Eres un inútil.
—Pues no más que tú —la encaró.
El sonido atronador regresó y pronto los muros estuvieron en movimiento una vez más. Cada uno de ellos, intentó frenar una de las paredes. El sudor les caía por la frente y por mucho que se esforzaran, resultaba en vano. Ya solo les quedaba desahogarse entre ellos ante su próximo final.
—¡Quizás sí que deberías haberme dejado sola! ¡Al menos ahora tendría más espacio! —gritó ella a medida que su cuerpo se iba aproximando al de su acompañante.
Estaban frente a frente. Sus piernas ya se rozaban cuando Butch exclamó:
—¡Ojalá! ¡No hay cosa que desee más en este momento que haberme quedado en casa!
El muro se detuvo de golpe. Buttercup y Butch, ahora a menos de unos centímetros de distancia, esperaron con el corazón en un puño y la respiración agitada a que aquella celda de piedra terminara de cerrarse y los aplastara como a gusanos, pero en vez de eso, las paredes realizaron un movimiento retráctil que les dejó un poco más de espacio para respirar.
—¿Qué ha pasado?
Buttercup, tan confusa como el RRB, intentó recordar algo más en las palabras de Him. Solo tenéis que seguir como hasta ahora y todo irá bien, había dicho. ¿Como hasta ahora? ¿Y qué demonios significaba eso?
—Butch, Him dijo algo que no entiendo. Dijo que para salir de aquí tendríamos que "seguir como hasta ahora". ¿Qué significa?
—Y yo qué carajo sé. No soy adivino.
Buttercup frunció el ceño y lo agarró por el cuello de su camiseta, violentamente.
—Algo has hecho para que las paredes retrocedan. ¡Piensa! —bramó, zarandeándolo—. Utiliza tu maldito cerebro para algo que no sea odioso o rastrero.
—Solo he dicho que desearía haberme quedado en casa —masculló, enfurecido. Solo cosas rastreras y odiosas, claro. Eso era lo único que ella podía ver en él, un asqueroso criminal que solo servía para hacer cosas malas. No importaba lo mucho que se arrepintiera, no importaba que hubiera dejado la marginalidad y la delincuencia, ni siquiera importaba que prácticamente se le había declarado hacía unos días y le había pedido que olvidara sus actos pasados. Para ella el viejo Butch nunca se iría. Siempre estaría presente y siempre lo odiaría—. Y me reitero. Ojalá hubiera dejado, simplemente, que Him te destrozara.
La joven formó una mueca con sus labios, pero antes de que pudiera responder, las paredes volvieron a retroceder. Buttercup soltó las solapas de la camiseta del RRB y miró a su alrededor. Entonces lo entendió todo.
—Estás mintiendo —murmuró más para sí que para él.
—¿Qué? —respondió Butch desafiante.
—Estás mintiendo —repitió en voz alta—. ¡Eso es! A eso es a lo que se refería Him. "Seguir como hasta ahora". Nuestra relación no se ha basado más que en mentiras, mentiras y más mentiras. Lo único que tenemos que hacer para salir de aquí es seguir mintiendo.
Butch parecía algo confuso cuando las paredes comenzaron a contraerse de nuevo. Los jóvenes tomaron posiciones una vez más contra los muros.
—¡Miente, Butch! ¡Tienes que decir una mentira!
—¡No se me ocurre nada ahora!
—¡Joder! —gruñó la morena—. ¡Es que no tienes más que serrín en la puta cabeza!
Las paredes comenzaron a avanzar más rápido y los chicos quedaron tan pegados que prácticamente podían sentir el aliento del otro en la cara.
—¡No digas verdades! —gritó Butch.
—¡Lo siento, Butch, en realidad eres todo un genio! ¡No sé cómo es que estás aquí y no recibiendo un premio Nobel!
El muro retrocedió rápidamente y ambos cayeron al suelo.
—Así que ¿quieres jugar sucio? —masculló Butch, reprochándole sus palabras con la mirada.
—Así es el juego, Butchy.
—Te crees muy superior a mí, pero al fin y al cabo somos de la misma calaña.
—¿Ah, sí?
—Puede que yo jodiera a tu preciada ciudad, pero tú no estabas aquí para protegerla. Seguramente te importaba una mierda tanto ella como su gente. Ya estabas acomodada en la gran capital, así que ¿por qué te ibas a acordar de este rincón perdido del mundo?
—Y ¿tú qué carajo sabrás de cómo me sentía yo? No te has preocupado por nadie en tu vida.
—¿Ah, eso crees? Entonces ¿por qué mierda estoy aquí metido?
—Porque eres gilipollas.
—Y tú una amargada.
—¡Chulo de playa!
—¡Rencorosa! ¡Que ni tus hermanas te soportan!
—¡Pues anda que a ti los tuyos te aguantan, con esa personalidad de mierda que tienes! ¡Lunático, que cada vez que vas a pelear parece que te has metido algo, con esos temblores de psicópata!
—¡Se llama adrenalina! Pero, claro, tú qué vas a saber, si no sabes pelear. Más que pegar parece que estés jugando a las palmas. —Butch cerró los ojos y, poniendo cara de susto, imitó con las manos a lo que parecía una niña histérica pegando a ciegas y dando saltitos. Buttercup enrojeció de rabia.
Los muros no paraban de realizar movimientos hacia detrás y hacia delante. Las mentiras y las verdades se entremezclaban en aquella lucha sin fin entre la PPG y el RRB, de manera que habían llegado a olvidar el objetivo de las hirientes palabras que soltaban por la boca. Las piedras de las paredes empezaron a caer a su alrededor, pero ninguno de ellos pareció darse cuenta. Estaban tan enfrascados en su batalla verbal que solo deseaban herir al otro.
—¡Eres un capullo arrogante que nunca ha aceptado que lo derrotase una mujer! Debió dolerte mucho en tu masculinidad cada vez que te pateaba el trasero sin esfuerzo.
—¿Y cómo no ibas a hacerlo, si desprendías más testosterona que yo?
—¿QUÉ DICES?
—¡Que pareces un tío, marimacho!
—¡Es normal que te lo parezca, teniendo en cuenta que tú eres lo menos parecido a un hombre que existe! La mujer más femenina del mundo sería masculina comparada contigo.
—Más quisieras tú ser femenina —rio Butch—. Ni siquiera estás buena.
—¡Pues tú bien que te fijaste!
Butch se enfureció una vez más. Cuando pensaba que estaba ganando la partida, había ido ella a meter el dedo en la llaga.
—Mira, eres insoportable, una loca y, a pesar de lo que haya podido parecer, no me gustas nada.
—Pues tú a mí tampoco.
Se escuchó un estruendo. Las piedras de las paredes terminaron de desplomarse y quedaron libres del muro. Los dos miraron a su alrededor, contemplando lo que habían conseguido juntos, después fijaron su mirada en el otro, serios y expectantes. Sus pechos subían y bajaban rápidamente, sus rostros enrojecidos por la intensidad del momento empezaron a perder el color lentamente. Sus ojos se dilataron y en sus bocas fue floreciendo una sonrisa sincera. Finalmente, ambos se lanzaron a los brazos del otro y se besaron apasionadamente.
—Te odio —murmuró Buttercup mientras sus labios aún se encontraban entrelazados.
—Te odio —respondió Butch, acercándola aún más a él.
Bubbles caminaba con la cabeza gacha y arrastrando los pies debido al cansancio. Había aparecido dentro de un laberinto muy parecido al de la casa de los RRB. La única diferencia era que aquel lugar parecía no tener salida. En un principio, no había sabido dónde se encontraba. Se había despertado en la oscuridad, tirada sobre un lecho de hojas. Al incorporarse, había recorrido con la mirada el lugar hasta que sus ojos se hubieron acostumbrado a la oscuridad. Entonces, había comenzado a buscar a sus hermanas a gritos, pero ninguna contestaba. Estaba sola.
Suspiró y miró hacia el cielo. Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba andando. Lo había intentado todo para salir de allí: cuando había intentado volar, las paredes del laberinto habían crecido, deteniendo su huida. Por más rápido que había alzado el vuelo, el crecimiento de las ramas era más veloz que ella. Había probado con hacer un agujero en los arbustos con su rayo láser, pero, de inmediato, las hojas recuperaban su forma original. Ya desesperada, había intentado hacer un agujero en el suelo con sus puños, pero, al igual que las plantas, el suelo se removía y volvía a su antiguo estado. Ya solo le quedaba caminar, y se encontraba agotada. Aquello parecía no tener fin y estaba empezando a angustiarse.
Cansada y sedienta, se sentó en el camino, apoyada en uno de esos arbustos. Tenía muchas ganas de llorar, pero no se lo iba a permitir a sí misma. No podía dejar que cundiera el pánico. Si lo hacía, su mente se nublaría y se le acabarían las ideas para salir de ese lugar.
Aunque parece que ya se me han acabado, pensó, deprimida. Si Blossom estuviera aquí... A ella se le ocurriría algo.
De repente, escuchó el sonido de las hojas al ser pisadas y su corazón se sobresaltó. Agudizó el oído e intentó descubrir de dónde provenía, pero el ruido cesó tan pronto como llegó.
—¿Blossom? ¡Buttercup! —llamó, exaltada—. ¡Chicas, ¿estáis ahí?! ¡Estoy aquí!
—¡¿Bubbles?!
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Boomer? —esperó una contestación que no llegó—. ¿Dónde estás? ¡Boomer!
—¡Estoy aquí! ¡Al otro lado!
Su voz provenía del arbusto al que ella le había estado dando la espalda. Bubbles intentó apartar los matojos con sus manos para ver a su repentino acompañante, pero fue inútil. Colocó su frente contra la pared y cerró los ojos, aliviada de no estar sola.
—¿Qué haces aquí?
—Cuando Blossom llamó a Brick, fuimos a buscaros y esa cosa me engulló. Creo que llevo horas dando vueltas.
—Yo también —respondió con voz quebrada—. Ni siquiera sé dónde estamos.
—En algún lugar ideado por el retorcido de Him, seguro.
—He intentado todo para salir de aquí, pero no ha funcionado.
Boomer tardó unos segundos en responder, y cuando lo hizo, fue de forma descorazonadora y desesperanzada.
—Yo también. No sé cómo demonios salir.
En el rostro de Bubbles apareció una expresión de tristeza. ¿Acaso se iban a quedar allí encerrados para siempre? Volvió a tomar asiento en el suelo, encogió las piernas y escondió la cara entre sus brazos. Se imaginó a Boomer al otro lado en una postura similar y con unos sentimientos parecidos a los de ella. Al otro lado, el joven notó el silencio repentino y se preocupó.
—¿Sigues ahí?
—Sí... —contestó ella con un murmullo.
—Siento decepcionarte si pensabas que iba a tener una solución —dijo, llevándose una mano a la cabeza.
—No... Me alegra de que estés aquí —habló con sinceridad, mostrando una pequeña sonrisa a pesar de que él no pudiera verla—. Estaba asustada.
—Te has enfrentado a monstruos, villanos, robots, extraterrestres, e incluso a la mala bestia de Butch. ¿Cómo puede darte miedo estar aquí? —intentó quitarle hierro al asunto.
Bubbles rio por la referencia al RRB moreno. Tenía razón. Era ridículo tener miedo en esa situación después de todo lo que había pasado junto a sus hermanas, y aun así lo tenía. No podía evitarlo.
—No me gusta la oscuridad. Y tampoco sentirme atrapada y... sola.
—Entiendo eso último —murmuró.
De nuevo, unos segundos de silencio.
—¿Qué vamos a hacer ahora?
—Pues, por el momento, descansar aquí un poco.
—¿Y después?
—Después saldremos de aquí sea como sea. Encontraremos la forma. ¿Sigues asustada?
—Un poco menos. Oír tu voz me calma. Así que no dejes de hablar, por favor.
Boomer soltó una risa nasal e irónica.
—¿Qué ocurre?
—Es la primera vez que alguien me pide que hable en vez que mandarme a callar.
—A los hermanos mayores les encanta eso.
—Desde luego.
—¿Ya está mejor la relación con Brick? —preguntó con cautela.
—Sí... conocer la verdad ha ayudado bastante —reconoció—. Nunca habría imaginado que hubiera llegado a esos extremos por Blossom. Quizás no lo conocía tanto como pensaba.
—Solo podemos conocer a una persona cuando ella realmente quieren que la conozcan.
—Así es...
Tras pronunciar estas palabras, se sintió triste e incómoda a la vez por la respuesta de Boomer. Era consciente de que Boomer había querido conocerla. Bueno, no realmente a ella, sino a Burbuja. Y sin embargo, su mentira había impedido que llegara a acercarse a ella. Y aunque, en realidad, ese era el plan, se sentía mal, especialmente porque ella había llegado a conocerlo a él y a su forma de sentir. Aunque no le hubiera contado toda la verdad, había sido tan sincero con ella como había podido. Únicamente había buscado el amor que se le había negado, tanto por parte de sus "padres" como de sus hermanos. Una lágrima se deslizó por su mejilla y escondió la cara entre sus brazos. No podía dejar de sentirse culpable por la forma tan ruin en la que lo había herido. Quizás ese era su castigo por sus actos. Un castigo que tenía sabor agridulce, porque a pesar de todo estaba junto a él de nuevo. Involuntariamente, sus labios pronunciaron su nombre.
—¿Boomer?
—¿Sí?
—Si no conseguimos salir de aquí, quiero que sepas que lo siento.
Una risa nasal e irónica.
—Eso ya lo has dicho antes. Dos veces —le recordó.
—Lo sé. Sé que ya te he pedido perdón antes y también sé que lo que hice no se puede perdonar. Pero en estos momentos, necesito que sepas cómo me siento.
—Da igual, Bubbles. No hace falta...
—Sí, sí que hace falta, porque a pesar de quién eres o las cosas que has hecho, tú confiaste en mí y yo... —Sus ojos se inundaron con un mar que pronto de desbordó por su rostro—. Aunque tus palabras no siempre fueran verdad, tus sentimientos eran sinceros.
—Ya basta, Bubbles. No quiero...
—¡No! Necesito decírtelo —exclamó llorosa—, porque yo nunca me había sentido así. A pesar de todo lo que ha pasado y de todo lo que eres y representas...
—¡Bubbles!
—¡Te quiero! —lo cortó con un grito. Se puso de pie y se giró hacia el arbusto tras el cual se hallaba el RRB—. Te quiero a pesar de todo. He estado negándomelo a mí misma durante mucho tiempo porque no podía permitirme sentir algo por ti. Quería convencerme de que seguías siendo el mismo villano rastrero y violento de hace años, pero a medida que pasaban los días y veía que habías dejado atrás todo aquello y que te habías convertido en una persona diferente... una persona capaz de amar... Yo... no quise verlo y ¡me equivoqué! Me equivoqué en todo y por eso te pido perdón. Y quiero que sepas que, a pesar de estar aquí encerrados, estoy profundamente aliviada de que estés aquí conmigo, de que hayas venido a por mí. Sé que quizás sea muy tarde para decirte todo esto, pero necesitaba que lo supieras.
En el momento en que calló, se hizo el silencio. Esperó pacientemente por una respuesta, tragando saliva y con el corazón en un puño, pero esta no llegaba. Finalmente, se dejó caer de rodillas, vencida.
Mientras mantenía la vista en el suelo, en el cielo resonó el sonido de las hojas al moverse. Alzó la mirada mientras las ramas de los arbustos que se encontraban frente a ella empezaban a replegarse para crear una entrada por la que apareció Boomer. Bubbles sintió que enrojecía por tenerlo frente a ella, pero al mirar a sus ojos y comprobar que por ellos caían las mismas lágrimas que por los de ella, su corazón se relajó. El joven le tendió la mano para ayudarla a levantarse. Acto seguido, la abrazó con fuerza. Bubbles aspiró su fragancia y escondió el rostro en su pecho.
—Creo que no hace falta que te diga lo que siento yo... —murmuró.
Ella sonrió y alzó los labios para que él los besara.
Para cuando Butch, Buttercup, Boomer y Bubbles consiguieron escapar de aquella masa viscosa que los había atrapado y reencontrarse con sus líderes y hermanos, aquel monstruo había devorado todo Townsville, así como a sus ciudadanos. Desde el aire, Blossom y Brick contemplaban la devastación que había ocasionado Him con incredulidad e impotencia. Los demás se unieron a ellos sin saber cómo actuar ante tan desolador panorama. Buttercup miró a su hermana mayor a los ojos y descubrió en ellos algo que jamás había visto antes: rendición. Sí, Blossom sabía que ya no había nada que hacer por Townsville y, con una profunda tristeza, se había rendido. De nada habían valido los engaños, las traiciones, las luchas... Al final, todo había sido destruido.
—Blossom, ¿qué hacemos? —preguntó Bubbles, desesperada, pero su líder no respondió. No sabía la respuesta a aquella pregunta.
—No puede ser —masculló Buttercup, porque no podía ser que su esfuerzo, su sufrimiento, hubieran sido en vano. Se suponía que la vida era justa al fin y al cabo, y que los malos terminaban recibiendo su merecido y los buenos, su recompensa. Siempre había sido así. Pero, entonces, ¿por qué parecía que todo había terminado?
—Hemos fallado —dijo finalmente Blossom—. Te hemos fallado, Townsville —repitió con voz quebrada.
Brick pasó su brazo por los hombros de Blossom, respetando su dolor.
—¡No digas eso! —exclamó Buttercup—. ¡No puede terminar así! ¡Simplemente no puede terminar así!
Fue entonces cuando Bubbles se echó a llorar como una niña, abrazándose a su hermana mayor, quien la acogió entre sus brazos con firmeza.
Buttercup vio la escena y buscó una solución en la mirada del resto de los presentes, pero ni Brick, ni Butch y mucho menos Boomer tenían la respuesta. Cuando empezaba a asimilar que la guerra estaba perdida, una espiral de humo rojo cubrió el cielo de Townsville. De ella, apareció Him con una sonrisa triunfante.
—¡Oh, mis niñas, tranquilizaos! No está todo perdido todavía. Os dije que si conseguíais escapar de mi trampa, haría un trato con vosotras. Estoy seguro de que os interesará mucho.
—¡No hacemos tratos con gentuza como tú! —le espetó Buttercup, a punto de lanzarse a su cuello, pero Blossom la detuvo con un gesto.
—¿Qué tipo de trato? —preguntó, seria.
—Uno en el que todos salen ganando. Salvar a Townsville es más sencillo de lo que pensáis. Solo hay que volver atrás.
—¿Volver atrás? —preguntó Brick, receloso.
—Exacto. Haré que el tiempo retroceda hasta el día en el que hice aquel trato con Brick, pero esta vez no realizaremos ningún pacto. De esta manera, Townsville seguirá siendo lo que era. Con algo más de delincuencia, pero poco más. Brick será libre y vosotras podréis seguir vuestra vida en Washintong como si nada hubiera pasado.
—¿Y qué ganas tú con todo eso? —preguntó Boomer.
—Que nos separemos —respondió Blossom—. No quiere nada más. Le gusta sentir el sufrimiento de los demás. Para él todo esto es un juego del que ya está cansado—Decía cada palabra con la mirada fija en Him, quien se la devolvía con una sonrisa maquiavélica—. Quiere buscar otra diversión, y con Townsville destruida, se acaba el juego. Eso es todo.
—Si tuviera manos te aplaudiría, querida —rio Him.
Blossom bajó la mirada y acto seguido hizo que esta se encontrara con la de Brick. Sabían lo que eso significaba. Significaba olvidar todo lo que habían sentido hasta entonces, significaba terminar con todo aquel lío en el que los habían metido unos estúpidos sentimientos, significaba no volver a verse. Pero, ¿qué opción quedaba? Miró a su alrededor y vio cómo sus hermanas entregaban y recibían las mismas expresiones dolorosas por parte de sus contrapartes. Ellas también habían creado un vínculo con ellos, por lo que aquella decisión no le correspondía solo a ella. Him estaba equivocado: allí todos perdían.
De repente, sintió la mano de Brick apretando la suya.
—Te dije que te dejaría marchar. Es el momento.
Blossom no quería mirarle a los ojos. No podía. Sabía que si lo hacía, no podría despedirse de él.
Bubbles se abrazó con fuerza a Boomer mientras que Butch y Buttercup no podían apartar la mirada el uno del otro, sin saber cómo reaccionar. Todos lo sabían: la decisión ya estaba tomada. Era necesario.
—¿Eso es un sí, entonces? —apremió Him.
Los seis mantuvieron la respiración durante unos segundos. Después, Blossom asintió.
—Adelante.
Him sonrió y entonces creó con sus pinzas un agujero tridimensional que empezó a engullir todo aquello que los rodeaba. El agujero se fue haciendo más y más grande. Se tragó primero a la pareja más joven y después a los morenos. Cuando estaba a punto de llegar a ellos, Blossom se dio la vuelta y abrazó con fuerza a Brick. Finalmente, le miró a los ojos.
—Búscame. No dejes de buscarme —le susurró antes de besarlo.
Entonces, el agujero los engulló y desaparecieron en el tiempo.
Continuará...
