Muy buenas una semana más. En el anterior capítulo no comenté nada porque no tuve tiempo realmente para nada, suerte que pude subir el capítulo... Ya nos vamos acercando a la recta final de ésta historia, espero que la esteis disfrutando mucho y que disfrutéis también este capítulo. ¡A leer!
Capítulo 25 - ''Y la muerte bajó del cielo''
En ese momento, la suerte ya estaba echada. Realmente ésta estuvo ya decidida en cuanto el den den mushi de Serujio dio su primer tono, pero en ese momento estaba en su punto más álgido.
La tierra en la que se encontraban los combatientes era un paraje yermo, con el cielo raso, y el sol emergente del lado este. Era de un clima seco, que parecía ayudar a propagar la tensión del ambiente. La isla no era muy grande, pero tampoco se quedaba corta respecto a otras islas del Nuevo Mundo. El suelo era rocoso e irregular. Los cuerpos debilitados y ensangrentados de muchos de los combatientes contribuían a la escasez de uniformidad del suelo, lo que, unido al cansancio de los combatientes, hacía muy difícil el acto de caminar.
En mitad de este paisaje se encontraban envueltos miles de guerreros entre los que se encontraban, preparando un plan rápido, tres grandes capitanes: Shirohige, Luffy y Law.
- Debemos preparar algo contra esta gente. - dijo Law.
- Sí, parece que esta vez será más duro que en Marineford. - añadió Luffy.
- Lo tenemos todo bastante controlado, lo que más preocupa es que acaban de venir los Shichibukais – informó Shirohige – No han llegado hasta ahora, así que no tienen ningún tipo de daño o fatiga.
Al mencionar eso, Luffy y los demás repararon en el despliegue de fuerzas de la Marina. Se encontraba en escena el almirante de flota, Akainu; los dos almirantes, Fujitora y Kizaru; un gran despliegue de vicealmirantes, tales como Momonga, Smoker, los vicealmirantes gigantes, e incluso Garp; también había oficiales, como Tashigi; y a todo esto se le suma los recién llegados Shichibukais, Mihawk, Kuma, Moria, el cual continuaba con vida gracias a un aparato de respiración artificial muy sofisticado que cubría su pecho, obra sin duda del gran científico de la Marina, el doctor Vegapunk,, y Buggy, el cual consiguió su título de Shichibukai tras la batalla de Marineford; Boa Hancock, la emperatriz pirata, no se presentó en el campo de batalla, pues no quería pelear contra Shirohige, sabiendo que Luffy entraría en escena. A todo esto se le debe añadir un más que considerable número de soldados de la Marina, y un gran número de agentes del Gobierno Mundial.
- No pasa nada, nosotros también estamos frescos. - dijo Luffy con una sonrisa desafiante.
- Nosotros nos encargaremos de los Shichibukais. - dijo Jinbei - ¿Estás de acuerdo, Luffy?
- Sí, por mí perfecto. - contestó el capitán.
La mirada de Zoro se paseó por todo el campo de batalla. El espadachín se desabrochó su chaqueta verde, y la dejó caer sobre sus pantalones, creando una falda. Retiró de su brazo izquierdo el pañuelo negro que tenía atado y se lo puso en la cabeza. Una mirada con un toque demencial y una media sonrisa desafiante invadieron su rostro. Su ojo derecho se iluminó de un color escarlata fuerte, y su voz era seca y ronca.
- Yo me encargaré de Mihawk. - informó Zoro mientras desenvainaba dos de sus katanas y avanzaba con paso firme y sereno.
- Sí, no se lo podría encargar a nadie más, Zoro. - dijo Luffy con una gran sonrisa – Derrótalo.
- Saldré de aquí con el título de mejor espadachín del mundo, ¿qué te parece, Rey de los Piratas? - dijo Zoro.
- Shishishishi, muy bien. - dijo Luffy con su típica risa.
- Me podéis dejar a Moria sin ningún problema. - dijo Jinbei con tono de seguridad.
- Sí, todo tuyo, Jinbei. - dijo Luffy.
- Luffy, yo tengo una cuenta pendiente con Kuma... - dijo Sanji con gesto serio – Escuché por algún lado que el gobierno acabó por transformarlo en un robot por completo tras la segunda batalla de Marineford, así que podré cobrarme la cuenta, déjamelo a mí.
- Perfecto, como quieras. - contestó el chico de goma.
- Buggy no dará ningún problema, yo me encargaré de ello. - dijo Shirohige con una amplia sonrisa.
- Y en caso de que los dé te cubriré yo. - comentó Law desenvainando su gran katana.
- Bien, pues si los Shichibukais están cubiertos, los demás podéis ir a por los vicealmirantes y los soldados y agentes más pequeños. ¡Ayudad a la tripulación de Shirohige, y demostrad que han hecho bien en llamarnos como refuerzos! - dijo Luffy animando a todos.
- ¡SÍII! - contestaron a la vez.
- Hemos pedido más refuerzos, espero que no tarden mucho en venir... - comentó Shirohige – Mientras tanto nosotros debemos hacer frente a los almirantes. ¡Luffy! ¡Ace! ¡Marco! ¡Jozu! ¡Vista! Venid conmigo.
- ¡Sí! - contestaron a la vez.
Cuando se disponían a avanzar en dirección a los almirantes, se encontraron que éstos se habían retirado a descansar, protegidos por los vicealmirantes y muchos soldados, así que tuvieron que hacer frente a éstos primero. Por otro lado, con el avance de las tripulaciones de Luffy y Law, los comandantes de Shirohige se vieron apoyados de forma efectiva y rápida, lo que agradecieron en gran medida, e incluso les permitió descansar.
Con paso firme constante, por otro lado del campo de batalla, Zoro se acercó a la que sería la pelea más importante de toda su vida, y la pelea que todo espadachín del mundo querría entablar. Llegó hasta Mihawk, el cual esperaba a Zoro de brazos cruzados y mirada fija y penetrante, con un gesto de concentración en su rostro.
- Hace mucho que no nos vemos, Dracule Mihawk. - dijo Zoro.
- Roronoa Zoro, ¿serás ya un adversario digno para mí? - dijo Mihawk desenvainado su gran katana.
- Para eso estoy aquí, en este campo de batalla, frente a ti. - contestó Zoro desenvainando su tercera katana, y arrimándosela a la boca.
- ¡Comprobémoslo! - dijo Mihawk en tono firme, lanzándose a por Zoro con un ataque de su espada.
- ¡Aquí estoy! - contestó Zoro aferrando la tercera katana con sus dientes y lanzando otro ataque para contrarrestar el de Mihawk.
La pelea por el título de mejor espadachín del mundo había dado comienzo.
Por otro lado, Jinbei ya tenía contacto con su adversario.
- Gecko Moria, la última vez que peleamos sólo pude darte un puñetazo, porque caíste redondo tras ese golpe. - dijo Jinbei - ¿Me darás más problemas esta vez?
- Jinbei... - susurró Moria en tono de rabia – ¡Esta vez voy a matarte!
- Inténtalo. - desafió el gyojin poniéndose en pose de lucha.
Moria comenzó a extraer del seco suelo de la isla un gran número de zombis, a lo que Jinbei reaccionó con un potente uchimizu. Las balas de agua del gyojin se clavaron en los zombis del Shichibukai, y al ser agua salada, la única debilidad de los zombis, éstos cayeron de inmediato.
En otra parte de la isla, Sanji se acercaba al inmenso robot Kuma. Avanzaba con paso lento y constante mientras se encendía un cigarrillo.
- Oe, grandullón, ¿me recuerdas? - dijo Sanji mientras aspiraba el humo de su cigarrillo.
- Kuro Ashi no Sanji (Sanji Pierna Negra). Pirata. Tripulación: Mugiwara. Ocupación: cocinero. Aviso: objetivo poderoso. - dijo Kuma con la voz mecanizada de un robot mientras analizaba a Sanji.
- Bueno, claro, ya no recordarás nada... - dijo el cocinero expulsando el humo – La cosa está en que hace dos años, uno de mis estúpidos compañeros se sacrificó por la banda. - Sanji hizo una pausa mientras el gesto de su cara se volvía tenso y furioso – Le hiciste mucho daño con tu ataque, ¿sabes? Acabé preocupándome realmente por ese idiota. - explicó mientras daba otra calada.
El cuerpo de Sanji comenzaba a rodearse de un aura de fuego ardiente, mientras su gesto era cada vez de más ira.
- Hubo un momento en el que nos ayudaste... en gran medida... pero ahora que ya no tienes voluntad propia, no tendré por qué contenerme si eres mi enemigo. - dijo Sanji aumentando la potencia de su fuego.
- Activando modo de combate. - dijo Kuma poniéndose en posición defensiva.
Sanji se lanzó con su gran velocidad hacia Kuma y consiguió asestarle una potentísima patada llameante en el costado izquierdo, lo que hizo que Kuma retrocediese con un gran y ágil salto hacia atrás.
- No sé si sabes que el fuego derrite el metal. - dijo Sanji mientras doblaba su pierna derecha por encima de su cadera y por delante de su cuerpo, y ponía los brazos flexionados con los puños a ambos lados de su cara - ¡Y mi fuego está más ardiente que nunca!
Kuma y Sanji se enzarzaron en una dura batalla.
Por otro lado, Luffy y los demás enfrentaban a los soldados, agentes, oficiales y vicealmirantes que custodiaban el acceso a los almirantes.
Mientras todo esto ocurría, en la gran torre de Mariejois, llamada la Torre Celestial, se encontraba Serujio frente a los cinco miembros del Gorosei.
- ¿Os sorprende tanto ver aquí a un ''D.''? ¿Aquí frente a los dioses? - dijo Serujio quitándose la capucha.
- Es una pérdida de tiempo preguntarte a qué has venido, Portgas D. Serujio. - dijo uno de los sabios mientras desenvainaba una gran katana.
Ese gesto hizo a Serujio observar la zona. Los cinco oponentes frente a él portaban armas. Uno llevaba una katana, otro un mazo con pinchos, más propio de los piratas, otro una lanza, uno de ellos dos espadas cortas, y el último un hacha corta. El guerrero pensó que todos eran expertos en el uso de sus respectivas armas, así que tuvo extremo cuidado con eso. El gorosei estaba dispuesto en un semicírculo frente al guerrero. Por lo demás, su apariencia física era de gente mayor, pero gracias a los efectos de las frutas Ambrosía, no tanto como parar aparentar 800 años. Iba a ser una batalla muy dura, y eso provocó en Serujio una media sonrisa desafiante.
- Sí, lo es, es una pérdida de tiempo de proporciones épicas. - dijo el chico con su intimidante mirada clavada en sus adversarios – No es que sólo sea un ''D.'' es que soy Gol D. Serujio, el hijo del Rey de los Piratas. - el guerrero hizo una pausa – Esta es una información que ya sabéis, por supuesto, pero quiero dejarlo bien claro. Voy a hacer lo que hizo mi padre, voy a poner el mundo patas arriba, para limpiarlo de escoria como vosotros. Y todo gracias a gente como mi hermano. Gracias a él y a mis amigos he conseguido llegar hasta aquí ahora. Y por eso hoy es el día – dijo Serujio mientras metía sus manos en la capa, de forma cruzada, en los bolsillos donde estaban los cuchillos – en el cual el grito de los demonios provocará el llanto de los dioses. ¡Hoy es el día en el que voy a hacer llorar sangre a los dioses!
Serujio aferró cuatro cuchillos, dos con cada mano, y, pasándoles su haki y energía demoníaca de Axio, lanzó dos al sabio que se encontraba en su diagonal izquierda, y otros dos al de la diagonal derecha, de forma que les clavó uno en el pecho y otro en la frente a cada uno. Inmediatamente, sin dejar tiempo de reacción a sus oponentes, Serujio dio cinco taconazos fuertes en el suelo con la velocidad del soru y saltó con gran rapidez hacia el que se encontraba enfrente suya. En mitad del salto clavó un cuchillo en el pecho de cada uno de los otros dos, lanzándolos de la misma forma y con los mismos poderes que la anterior vez. En el final de su salto llegó hasta el sabio central, propinándole un brutal puñetazo de cinco mil ladrillos en el pecho con Axio y haki.
El chico dio una vuelta en mitad del aire, y hundió su bota con clavos en la cara del viejo. Con un gran salto de su geppo se alejó de el, reventando su cara por completo. Mientras volaba de nuevo por el aire se giró sobre sí mismo y lanzó otros dos cuchillos a los sabios de los extremos, ésta vez introduciéndolos en su cráneo.
Antes de que su espalda tocase el suelo, dio una voltereta hacia atrás y cayó en cuclillas, apoyándose en el suelo con su mano derecha.
- Bueno, una buena primera toma de contacto. - dijo el chico en tono irónico.
Serujio se limpió con el pulgar una gota de sangre de su mejilla izquierda, que le habría saltado de alguno de sus oponentes.
El viejo frente a Serujio, al cual le había explotado la cabeza, se incorporó un poco. Su cráneo se fue regenerando poco a poco. Las cuencas de sus ojos se llenaron con un par de ojos. Los músculos de la cara surgieron después, pero hasta ahí llego la regeneración. No regeneró piel para cubrirse el rostro, lo que le hacía parecer un verdadero monstruo.
Los otros cuatro sabios del Gorosei extrajeron de sus cuerpos los cuchillos demoníacos lanzados por el guerrero, regenerando sus heridas de la misma manera que el primero.
- Como puedes comprobar, Portgas D. Serujio, es imposible matarnos. - dijo el viejo frente a él.
- ¿Mataros? - repitió Serujio con tono irónico – Yo no voy a mataros, os vais a matar vosotros solos. Vosotros sois los únicos que os vais a consumir por dentro, vosotros sois los que os vais a quedar sin una gota de energía vital, pero todo ello por vosotros mismos. - dijo con una media sonrisa desafiante, aún agachado en la posición en la cual cayó – Lo único que tengo que hacer yo es aguantar el tipo hasta que eso pase. - dijo mientras apretaba el puño de su mano derecha y lo apoyaba en el suelo – Además esas caras... están muy feas así... voy a tener que hacerlas explotar muchas veces más hasta que mejoren. - un destello azulado recorrió todo el cuerpo del joven - ¡Master... Style!
La tensión se hizo muy notable de repente por parte del Gorosei.
- Vaya, vaya... sabes usar el estilo de lucha prohibido del Rokushiki. - dijo uno de ellos.
- Sí. - dijo Serujio mientras se ponía en pie – Es satisfactorio ver temblar a los dioses, al ver que un demonio ha dominado su técnica. - dijo relamiéndose el labio superior.
- Sí, pero... ¿a qué precio? - dijo otro de los viejos – Con sólo ver las contracciones involuntarias y puntuales de tus músculos al estar sometidos a ese estado se aprecia perfectamente que no lo dominas al 100%. Lo que te hace sufrir por dentro. - dijo con una sonrisa diabólica – ¡Mientras que nosotros dominamos el Master Rokushiki, que así es como se llama, del todo!
Cuando el sabio dijo aquellas palabras, todos los miembros del Gorosei activaron su Master Rokushiki a la vez. Ellos se pusieron en una pose distinta a la de Serujio, donde se podía ver mejor todo el proceso. Se colocaron con ambos brazos a los costados del cuerpo, con las piernas algo separadas, y al hacer fuerza, lo activaron.
- Oh... así que así se hace... - susurró Serujio – Entonces probaré de nuevo. - dijo mientras se volvía a poner con el puño derecho en el suelo.
La energía azulada recorrió su cuerpo a una velocidad distinta a la que lo hacía las otras veces; algo más rápida, pero mucho más ordenada y armónica.
- Aunque me sigue gustando más mi nombre... ¡Master Style! - dijo Serujio provocando una onda expansiva de energía.
En la parte de abajo de la Torre Celestial, donde tenía lugar la gran batalla, Shirohige, Luffy, Ace, Zoro, Sanji, Law, Usopp, Jinbei y los demás comandantes del yonko, reaccionaron inmediatamente.
- Oh, parece que el mocoso se ha puesto en serio... - dijo Shirohige con una gran media sonrisa.
Sanji, Law y Jinbei sonrieron de medio lado, mientras que Usopp se quedó atónito.
- ¿Ese era... Serujio? - preguntó el francotirador para sí mismo.
Zoro peleaba muy duramente contra Mihawk, pero no pudo evitar una media sonrisa mientras detenía un ataque del mejor espadachín del mundo.
- ¿Qué es tan gracioso, Roronoa? - dijo Mihawk en tono serio – Si no te concentras morirás.
- ¿No has sentido esa enorme fuerza? - dijo Zoro en tono orgulloso.
- Sí, ¿qué se supone que ha sido eso? - contestó Mihawk de forma cortante.
- ''Eso'' – puntualizó Zoro – Ha sido Serujio. Él ya está al 100%. Con esa fuerza a nuestro lado no podemos perder. - dijo con una media sonrisa.
- Ya veo. Es un gran guerrero, pero ahora tú debes preocuparte de no perder la cabeza. - dijo Mihawk asestándole un ataque.
- Sí, tranquilo, no me he olvidado de ti. - dijo Zoro mientras lo esquivaba.
Ace y Luffy estaban luchando codo con codo, como cuando eran pequeños y luchaban contra las bestias de su pueblo natal.
- Oe, Luffy, ¿lo has notado? - dijo Ace con una sonrisa orgullosa.
- Sí. - contestó Luffy con una media sonrisa – Se nota que Serujio es nuestro hermano.
Los tres almirantes se estremecieron en su improvisada zona de breve descanso.
- Haikyo... - susurró Akainu en tono furioso.
Kizaru y Fujitora pusieron gesto tenso.
Pero donde más se hizo notar Serujio fue en la propia Torre Celestial.
- Es demasiado poder... - dijo uno de los sabios.
- Este es el poder de todos los ''D.'' a los que vuestra codicia mató. - dijo Serujio mientras el humo negro de Axio recorría sus manos y cogía su cadena de pinchos – Es con este poder con el que voy a acabar con vosotros. - sentenció mientras pasaba su haki y la energía de Axio a la cadena.
El chico se lanzó a por ellos cadena en mano. Empezó a girarla tan fuerte que podría cortar cualquier cosa a su paso. Sin embargo, los cinco sabios se compenetraron y, en un ataque combinado de sus cinco armas, consiguieron parar e incluso partir la cadena de Serujio.
- No subestimes el haki de cinco hombres que lo han estado entrenando por más de 800 años. - dijo uno de ellos.
- Oh, tío, esa era mi arma favorita... - dijo Serujio con tono de fastidio – Bueno, supongo que tendré que usar algo un poco más resistente. - dijo desenvainado sus katanas – Esta vez os costará un poco más parar mis ataques. - dijo con una media sonrisa.
Serujio se lanzó a la velocidad del Master soru a por ellos. Los ataques de los seis oponentes chocaban entre sí de una manera brutal. Cada ataque que impactaba hacía un sonido de mil demonios. Serujio tenía la agilidad, velocidad, resistencia, fuerza, flexibilidad y coordinación necesarias para evadir cualquier ataque de sus adversarios mientras cortaba de vez en cuando alguna cabeza, brazo, o pierna.
No obstante, al cabo de un tiempo, se fue cansando. Comenzó a recibir golpes, muy duros algunos de ellos. Pero se levantaba y continuaba luchando. Esa perseverancia hizo que los cinco sabios fuesen perdiendo cada vez más energía, hasta que ya no pudieron regenerar más su cuerpo.
Éste hecho se hizo notar cuando Serujio cortó el brazo izquierdo de uno de ellos, y éste no volvió a su ser. En ese instante, el Gorosei se separó de Serujio rápidamente.
- Vaya, vaya... parece que los dioses están empezando a ser mortales... - dijo Serujio.
El chico hizo una pausa y se concentró para hablar con Axio. En ese mismo momento se dio cuenta de que todo su conjunto estaba destrozado, excepto el compartimento de las granadas. Por ello, quería otro arma.
- ''Oe, Axio, me dijiste que, a pesar de estar algo más desvinculados, tu poder se hacía más fuerte en mí, ¿no?'' - preguntó Serujio.
- Así es. - contestó Axio – ¿En qué estás pensando, Serujio?
- ''Bueno, en lo que estoy pensando ya lo sabes, necesito el poder para hacerlo''. – dijo Serujio.
- Oh... ya veo... - dijo Axio con un tono satisfactorio – Me gusta, hagámoslo.
Tras esa conversación, los ojos de Serujio se volvieron rojos brillantes, y el gesto de su rostro pasó a una media sonrisa demencial.
Las manos del castaño fueron llenándose del humo de Axio, aunque esta vez, aparte del negro característico, tenía tonalidades y destellos rojos.
- ¿Qué mejor arma... - comenzó Serujio mientras formaba entre sus manos una esfera negra de energía – para matar a los dioses... - dijo mientras enroscaba las manos para darle a la esfera forma cilíndrica – que un arma... - Serujio agarró el cilindro de energía con la mano derecha y tapó un extremo con la izquierda – forjada por los mismos demonios...? - preguntó mientras tiraba del cilindro con su mano derecha, dejando salir algo cada vez más largo de su mano izquierda.
Serujio finalmente sacó del todo el objeto de su mano izquierda, era el filo de un arma. Lo que el chico invocó fue una katana larga, con el mango negro y morado, la empuñadura de color dorado, con dos cordones rojos en el extremo del mango que se entrelazaban, y de filo rojo intenso. Era un arma de pura energía demoníaca.
- Devil Sword... ¡Yamato! - dijo Serujio arrimándose la empuñadura a la cara. El chico lamió el filo del arma con una mirada intensa – Con esta katana os borraré de la faz. - dijo desafiante.
- ¡Inténtalo, Demonio! - dijo uno de los sabios.
Serujio y el Gorosei se enfrentaron en su último asalto, el que decidiría todo de esa batalla. El chico empuñó su katana con fuerza, honor y valor, para dar los golpes finales a sus rivales. Sus oponentes activaron su haki al máximo poder para atacar al guerrero de forma letal.
En el gran campo de batalla de la parte de abajo, ambos bandos se estaban dejando la piel para ganar al otro. Los almirantes, algo más descansados ya, se unieron de nuevo a la batalla para derrotar a los piratas. Se notó inmediatamente la presión de los tres grandes, aunque Shirohige y los demás no se achantaron.
Akainu, Kizaru y Fujitora se centraron en diezmar a las tropas del yonko, sin entrar en batalla con alguien más fuerte, para no perder más energía.
Jinbei consiguió vencer sin excesivos problemas a Moria, ya que éste seguía sin tener suficiente entrenamiento a sus espaldas para vencer al gyojin.
Sanji continuaba peleando contra Kuma. Su pelea era algo más difícil, ya que el Shichibukai era un máquina programada perfectamente para el combate. Apenas tenía fisuras a la hora de defender, y sus ataques eran muy contundentes, pero Sanji aguantaba bien el tipo, e incluso guardaba cierta ventaja por el momento.
Por parte de Zoro, su pelea con Mihawk era sin duda la más igualada. Ninguno de los dos retrocedía, y luchaban con todo.
Luffy y Ace, que estaban luchando juntos, comenzaron a verse rodeados por decenas de soldados y agentes. No parecía un problema muy serio hasta que comenzaron a llegar oficiales y vicealmirantes. Fue entonces cuando se vieron en un apuro serio, aunque fueron capaces de aguantar el tipo.
En la feroz batalla que se llevaba a cabo en aquella isla, todo se detuvo en un instante. Sólo resonaban los filos de las espadas, las balas que expulsaban las pistolas, los cañonazos de ambos bandos, pero ni un alma. Ninguna respiración fuerte, ninguna voz, ningún grito, nada más que las armas.
Tras ese instante, volvió la tormenta.
En lo alto de la Torre Celestial, la batalla había tocado su fin. El ropaje de Serujio chorreaba sangre, su Atuendo de Asedio quedó destrozado, y su katana estaba llena y goteando sangre.
- Tío... me va a llevar siglos quitar toda esta sangre de mir opa... - se quejó Serujio en tono de desgana – Bueno, si mi intuición no me falla... esa puerta debería llevar al árbol Ambrosía... - comentó el chico.
La katana demoníaca que había invocado fue transformada en humo negro y absorbida por su mano derecha. El guerrero se dirigió a una gran puerta de hierro, con un cierre propio de las puertas de los submarinos o de las cajas fuertes. En su breve camino pisó la sangre de sus oponentes. Allá donde mirase, Serujio veía miembros amputados chorreando sangre, las caras de sus enemigos con gesto de terror, e incluso algunos llorando al haber suplicado clemencia contra la ira del ''D.''.
- Je... al final los dioses también sangran y mueren. - dijo Serujio mientras cogía un cigarrillo de la cajetilla de su bolsillo derecho.
El castaño se encendió el cigarro mientras de una patada hacía volar la gruesa puerta. Entró a la sala, y el único gesto que fue capaz de hacer fue abrir los ojos de par en par. Lo que estaba ante sus ojos era algo impresionante. La sala se componía de un largo pasillo que finalizaba en el centro de la misma. Toda la estancia estaba recubierta de una gran cúpula color azul marino translúcida, que permitía el paso de luz para la vida del árbol Ambrosía. Dicho árbol se encontraba en el centro de la cúpula, con sus raíces aferrando el largo pasillo y la parte de abajo de la cúpula, la cual estaba cubierta de tierra. La copa del árbol era tan grande que llegaba hasta la altura de la cabeza de Serujio por el pasillo, y se extendía unos metros por arriba. El guerrero estimó que el árbol milenario tendría entre 10 y 15 metros.
Serujio se aproximó al árbol, y, por supuesto, se topó con una de las frutas que colgaba de la copa más cercana a él.
- Un mordisco de una de éstas frutas... - dijo acariciando el anaranjado y suave fruto – y se curarán las enfermedades y la vejez... ¿eh? - dijo para sí mientras miraba fijamente el alimento.
Más abajo, en el campo de batalla, Luffy y Ace tenían serios problemas. Lo que antes eran decenas de soldados y oficiales, ahora eran miles. Estaban en serios apuros. Para colmo de males, ninguno de los dos podía activar su haki del rey, debido a las constantes interrupciones basadas en ataques enemigos.
- Luffy, ¿cómo vas? - dijo Ace con voz cansada y entrecortada, mientras se zafaba de dos oponentes.
- Gññ... no muy bien. - contestó Luffy en la misma situación que su hermano.
- ¿Puedes activar el haki? - preguntó Ace algo desesperado.
- No, he probado un par de veces, pero no me dejan. - contestó el chico de goma como pudo.
Un ataque combinado de dos vicealmirantes con espadas iba directo a Luffy, parecía imposible escapar.
- ¡MASTER AMANEDACHI! - resonó por todo el campo de batalla.
Lo que se pudo ver desde el suelo era cómo fue cortada en dos la Torre Celestial, incluyendo la gran sala de la cúpula, en la que se encontraba Ambrosía, aunque ahora fue cortado en dos y destruido.
Serujio bajó a toda velocidad de la escena y, plantando la rodilla izquierda y el puño derecho justo al lado de Luffy y Ace, activó el haki del rey, derrotando así a todos los enemigos que rodeaban a sus hermanos.
- Que empiece el segundo asalto. - dijo Serujio con una media sonrisa.
- ¡SERUJIO! - exclamaron Ace y Luffy aliviados.
- Hola. - dijo con una amplia sonrisa.
En ese mismo momento, Sanji derrotó a Kuma de una brutal patada llameante. Zoro seguía peleando contra Mihawk con todo lo que tenía.
Law, Luffy y Shirohige se reagruparon por un momento.
- ¿Habéis visto la reacción de los almirantes cuando Serujio ha caído del cielo? - dijo Shirohige con una media sonrisa – Ese mocoso ha conseguido poner tensos a los tres grandes.
- Sí, lo ha conseguido, pero ¿hasta qué punto eso es bueno? - dijo Law algo preocupado por la situación.
- Es bueno porque nos podremos quitar de encima a esos tres cuanto antes, y así acabar ésta guerra. - contestó Luffy.
- Exacto, Mugiwara. - dijo Shirohige – Tenemos que plantear un ataque directo contra ellos, o si no...
Antes de que Shirohige pudiese acabar la frase, una irritante risa resonó por todo el campo de batalla.
- Zejajajaja... ¡Zejajajajaja! - se escuchó una voz ronca y grave.
- Esa voz... - susurraron a la vez Shirohige, Ace y Marco, los cuales se encontraban muy separados entre sí.
- Kurohige... - susurraron Luffy y Serujio con rabia, que también se encontraban muy separados entre sí.
- ¡No me podía perder esta gran batalla! - gritó Kurohige.
Inmediatamente, los comandantes de Shirohige y Serujio se fueron cerca de sus capitanes.
- Padre, ¿qué hacemos? - dijo Marco algo alterado.
- Esto es realmente un contratiempo... Ese maldito de Teach... no lo esperaba aquí... - maldijo Shirohige.
- Viejo, Luffy, ¿qué hacemos? - preguntó Serujio.
- Muy bien, modificaremos un poco nuestro plan. - dijo Shirohige en voz alta – Mi tripulación irá a por Teach, y vosotros, los novatos, id a por los almirantes. ¡VAMOS! - vociferó el yonko.
- ¡SÍ! - aceptaron todos.
- Oe, Papá, Luffy y Serujio son mis hermanos, soy consciente de que Teach es mi propia responsabilidad, pero... - dijo Ace.
- Tranquilo, Ace, ve con ellos. Nosotros nos ocupamos de Teach. - aceptó Shirohige.
- ¡Sí! Gracias, Papá. - dijo Ace.
Akainu se fijó por un momento en la tripulación de Teach, y vio un rostro conocido.
- ¡Kuzan! ¿Cómo has podido caer tan bajo como para unirte a Kurohige? - dijo en tono arisco.
- Lo que haga yo ahora con mi vida no es asunto tuyo, Sakazuki. - contestó el ex-almirante de hielo.
El almirante de flota sólo echó un gruñido.
Ace y la tripulación de Luffy fueron a hacer frente a los tres almirantes, mientras que Shirohige y los comandantes enfrentaban a Teach y su banda. Por otro lado, los demás piratas de Shirohige y la tripulación de Law se hacían cargo de los soldados y los vicealmirantes, y Zoro continuaba peleando por el título de mejor espadachín del mundo.
Serujio, Luffy y Ace fueron a por Akainu, Sanji, Nami, Chopper y Usopp, a por Kizaru, y Brook, Franky y Jinbei, a por Fujitora.
La diferencia numérica y el cansancio hacían mella en los almirantes, que estaban cayendo ante los piratas de forma considerable. Shirohige y los comandantes aguantaban el tipo a Kurohige y los demás, pero contando con su cansancio no iban a aguantar mucho tiempo.
Fue entonces cuando todo se volcó.
- Akainu, sería inteligente rendiros ahora. - dijo Serujio mientras asestaba una patada en su estómago.
- Es cierto, perdéis de forma abrumadora. - añadió Ace dándole un puñetazo en la cara.
- ¿Pretendéis que admita una derrota frente a sucios piratas? ¡Nunca! - declaró Akainu saltando hacia atrás.
Kizaru y Fujitora ejecutaron la misma maniobra evasiva que el almirante de flota, y por un momento, los Mugiwara se pusieron en fila frente a los tres.
Fujitora agitó su espada de forma que aumentó considerablemente la gravedad sobre todos ellos. Fue entonces cuando Kizaru aprovechó para usar tres proyectiles de luz explosivos, que mandaron muy lejos a todos, excepto a Ace y Luffy, que de algún modo aprovecharon la gravedad para anclarse al suelo.
En ese momento, Akainu aprovechó para atacar a Luffy de forma mortal con un puño de lava.
Mientras Serujio volaba por el cielo, pudo ver la escena perfectamente.
- ¡LUFFY! - gritó de forma desesperada.
Esa voz provocó que casi todas las miradas de la batalla se fijasen en ese punto, especialmente la de Ace que, sin dudar ni un sólo momento, se interpuso en la trayectoria del puño de lava, de espaldas a Akainu, para proteger a su hermano.
- ¡ACE! - volvió a gritar Serujio.
Ese grito consiguió que Kizaru viajase a la velocidad de la luz al lado del guerrero, para asestarle una potente patada y, posteriormente, otra en dirección al suelo, para clavarlo en él por completo. El almirante se puso al lado del chico por un momento.
- Observa el espectáculo de la justicia, chico. - susurró Kizaru.
En ese mismo momento, Shirohige giró la vista.
- Hijo mío... - se dijo a sí mismo.
En un último acto de grandeza, Shirohige canalizó toda la energía que quedaba en su debilitado cuerpo y llegó hasta Ace de forma muy veloz, interponiéndose él entre el ataque y su hijo. Puso por delante su gran alabarda, pero de poco le sirvió, ya que estaba demasiado débil incluso para activar el haki.
El puño de lava de Akainu impactó sobre la alabarda, rompiéndola en dos y mandando los pedazos a diferente lugares. La zona del filo cayó justo al lado de Serujio. El ataque del almirante de flota acabó por atravesar el gran pecho de Shirohige, de forma mortal.
Se hizo el silencio por un sólo segundo.
- ¡PADRE! - gritaron todos los piratas de Shirohige.
- V-Viejo... - susurró Luffy completamente impactado.
Ace no pudo verlo, porque estaba de espaldas, pero en cuanto giró la vista, se quedó en estado de shock.
- P-P-P-Padre... - murmuró el chico de algún modo.
Desde el otro lado del campo de batalla, retumbó otra voz.
- ¡SHIROHIGE! - vociferó Serujio, con ojos rojos brillantes.
El chico agarró la alabarda que estaba a su lado, y se levantó de inmediato. Kizaru quiso pararlo, pero el chico infundió la alabarda de haki e hizo un gran corte diagonal sobre el pecho de Kizaru.
El guerrero empezó a correr de forma vertiginosa a por Akainu.
Mientras el chico corría, debido al impulso y al cansancio, el cuerpo de Shirohige cayó de lado, lo que dejó a Akainu vía libre para repetir el ataque con Ace y Luffy. De hecho, ya comenzó a preparar otro puño de lava.
Mientras Serujio avanzaba por el aire con el geppo y alta velocidad, montones de soldados intentaron frenarlo, pero él no se detuvo. Cortó en dos, de forma literal, a cualquiera que se le interpuso. Su cuerpo rezumaba el humo negro de Axio, sus ojos brillantes e inyectados en sangre estaban a punto de estallar. Toda la sangre que saltaba de los demás se adhería a su cuerpo. Por el camino se le cruzó un vicealmirante gigante, y Serujio lo cortó en dos de forma vertical, y pasó por el medio, mientras sus mitades se separaban.
- ¡NO ESTORBES! - dijo Serujio en una ronca, profunda y perturbadora voz asesina.
Fujitora se interpuso en su camino también, pero Serujio aferró con ambas manos la alabarda, e hizo una segada horizontal. Fujitora se protegió con su espada y su haki, pero ésta acabó doblándose y resquebrajándose, gracias a que usó su gravedad; en caso contrario, se habría partido en dos.
El impulso del ataque llevó a Serujio hasta Akainu, el cual ya rozaba el pecho de Ace. Luffy consiguió tirar del pantalón de Ace, haciendo que el hermano en estado de shock se sentara para evitar el ataque. Esta acción, aparte de salvar a Ace, dejó vía libre a Serujio.
El guerrero, con toda la velocidad y fuerza que llevaba, clavó la alabarda en el pecho de Akainu, llevándolo, del impulso, hasta una pared rocosa que se encontraba detrás suya.
Serujio sacó la alabarda con rabia, y cargó un nuevo ataque.
- ¿¡Cómo te atreves a matar al padre de mi hermano!? - dijo Serujio con la misma voz perturbadora e intimidante.
Akainu lanzó su puño derecho contra Serujio, pero el guerrero fue más rápido y cortó su brazo a la altura del hombro, con haki, lo que hacía que no lo pudiese regenerar con lava.
Todo el campo de batalla se detuvo en ese mismo momento. Serujio no era humano, era un animal, una bestia salvaje, en ese momento era el peor demonio que podía existir.
Serujio se dispuso a cortar la cabeza de Akainu, cuando Kizaru y Fujitora se volvieron a interponer en su camino. Kizaru creó una espada de luz, para contrarrestar la de Serujio, y Fujitora enderezó la suya con gravedad con el mismo objetivo. En el forcejeo de armas, la fuerza física de Serujio se imponía poco a poco a la de los almirantes.
- Dejad de molestar... - susurró Serujio con su infernal voz.
Justo cuando Serujio estaba a punto de ganar el choque, Teach disparó contra el guerrero, justo en el costado izquierdo. Esto hizo que el chico arqueara la espalda, perdiendo algo de fuerza, lo que permitió a los almirantes lanzar su arma bastante lejos.
Serujio dio un paso atrás y se arrancó la bala con los dedos.
- ¡Teach! - maldijo Luffy.
El capitán de goma iba a lanzarse a la batalla contra Kurohige, pero Kuzan le hizo un gesto negando con la cabeza. Además, nadie se movía de su sitio, esperando el siguiente movimiento del guerrero.
El chico formó una bola de humo negro entre sus manos, a la que dio forma cilíndrica, y de la cual sacó un filo rojo.
- Devil Sword, Yamato. - dijo el chico – Si tanto os empeñáis en interrumpirme, os mataré a los tres a la vez. - dijo el guerrero en tono tranquilo y ronco.
- ¿Pretendes... vencer... a los tres mejores... guerreros... de la Marina... tú solo...? - dijo Akainu tosiendo sangre, mientras se incorporaba un poco.
- Sí. - contestó el chico tajantemente.
- ¡Pruébalo! - retó el almirante de flota.
Un destello de color rojo brilló en los ojos de Serujio, y se lanzó directo al ataque. La demoníaca katana de Serujio chocaba con las armas de los almirantes y con los puños de Akainu, es decir, el puño izquierdo, y el otro generado por lava momentáneamente. Estuvieron envueltos en una brutal batalla de golpes colisionando durante unos minutos. Fue un choque de tal magnitud, que incluso los espadachines que luchaban al otro lado del campo de batalla se detuvieron un momento.
- Lo de ese chico, ciertamente es increíble. - comentó Mihawk con la respiración algo fuerte, al fin y al cabo llevaban mucho tiempo luchando.
- Sí, está haciendo frente en solitario a los tres almirantes, es increíble. - dijo Zoro con tono orgulloso.
- Peor aún, los está enfrentando, y encima va ganando. - dijo Mihawk.
- Sí, no esperaba menos. - concluyó Zoro.
La observación del Shichibukai era cierta, Serujio iba ganando la batalla. Su velocidad, en el estado en el que se encontraba, era mayor que la de sus oponentes, lo que le dio la ventaja. Tenía la ventaja al menos hasta que Teach volvió a incordiar. Volvió a disparar a Serujio, esta vez con dos balas, en el mismo costado.
Esto consiguió que Serujio se desestabilizara. Nami, Luffy, Ace y Sanji, que eran los que más cerca estaban, tanto de Serujio como de Teach, fueron a lanzarse a por Kurohige, cuando otra acción de la gran batalla los dejó petrificados.
Al desestabilizarse, Serujio fue derribado por una veloz patada de Kizaru. Antes de poder levantarse del suelo, Fujitora clavó su espada en la mano izquierda de Serujio, de forma que la dejó prisionera al suelo también. Kizaru hizo lo mismo con su espada de luz sobre la mano derecha del guerrero. Akainu se puso encima de Serujio, con su brazo izquierdo en alto y rodeado de lava.
- ¿Le tienes miedo a la muerte, Serujio? - dijo Akainu en tono desquiciante.
Serujio sonrió de medio lado y escupió a Akainu en el ojo izquierdo. Pero no era un escupitajo cualquiera, llevaba haki, y la fuerza del shigan, por lo que el almirante de flota quedó ciego de ese ojo.
Con mucha rabia, Akainu atravesó el pecho del joven, calcinando sus órganos internos.
Luffy entró en estado de shock, uno muy fuerte, que le hizo pararse en seco. Todos quedaron horrorizados. Nami entró en un estado de shock tan fuerte como el de Luffy, aunque el de ella duró un sólo segundo, que fue el tiempo que tardó en cambiar la dirección de su carrera hacia los almirantes, que ya se alejaban del cuerpo del joven.
En su camino, los brazos de Nami iban oscureciéndose, hasta que tomaron un color negro metalizado. El impacto de la muerte de Serujio despertó en ella el haki de armadura. Nami pasó el haki a su vara del tiempo mágica y, posteriormente, a tres nubes de tormenta que se unieron para formar una de gran calibre, y del mismo color negro metalizado intenso.
- No os lo perdonaré... no os voy a perdonar esto... - susurró Nami con voz de rabia - ¡Vais a pagar por esto! - sentenció la navegante.
Tras esas palabras, la pelirroja movió hacia abajo su vara, de tal forma que surgieron tres rayos recubiertos de haki de las nubes, lo que los convertía en rayos negros. El electrizante ataque dejó fuera de combate a Kizaru, y dañó en gran medida a Fujitora y Akainu. Éste último se dirigió a la navegante con su puño izquierdo infundido en lava.
En otra parte, Kurohige aprovechó la oportunidad.
- Gracias por distraerte, Mugiwara. - dijo Teach mientras hacía un vórtice oscuro para atraer el cuerpo de Luffy.
Por otro lado, Kuzan cogió un den den mushi de bolsillo.
- Ahora. - avisó por el den den mushi.
Una estela de fuego surgió por el cielo y detuvo el ataque de Akainu que se dirigía a Nami.
Por otra parte, la mano con la que Kurohige estaba atrayendo a Luffy, fue rebanada de un tajo.
Robin levantó la mirada a la zona en la que se encontraba Nami.
- ¡Sabo-kun! - exclamó contenta.
Marco torció la vista hacia Luffy y Kurohige, y suspiró aliviado.
- ¡Shanks! - exclamó el fénix con alegría.
- Siento haber tardado tanto, Marco. - dijo Shanks con una media sonrisa.
- Gracias por venir... - comentó el comandante.
- Llegas tarde. - dijo Kuzan en voz alta.
- Lo siento, lo siento. - dijo Sabo rascándose la cabeza.
Luffy salió del estado de shock en el que estaba, pero sólo pudo reconocer las voces, se sentía muy aturdido.
- Shanks... Sabo... - susurró el chico de goma.
Más refuerzos habían llegado. La tripulación de Shanks y la llegada de Sabo, que traía unos cuantos revolucionarios con él, serían determinantes en la batalla.
A pesar del parón momentáneo, Nami volvió a ser atacada por Akainu. Ésta, llena de furia, asestó un duro golpe con su vara sobre el costado izquierdo del almirante, pero este no detuvo su ataque.
Sí lo detuvo cuando el filo de una katana roja atravesó su pecho de atrás adelante.
- H-Haikyo... N-No puede ser... - susurró el almirante.
Serujio retiró su katana y le pegó una patada en la cabeza, que hizo que volase unos metros. El guerrero se acercó a Nami y acarició su cabeza.
- Gracias, Nami. - dijo con una sonrisa – Has sido tremendamente valiente.
Nami salió del estado de ira, para sonreír de medio lado y asentir, aunque se encontraba algo confusa.
- Serujio, ¿cómo has...? - fue a preguntar la navegante.
En ese momento se fijó en que se pecho estaba rodeado del humo negro de Axio y dio un par de pasos hacia atrás.
- Ya te lo explicaré luego. - dijo Serujio dándole un beso en la frente.
Acto seguido avanzó un par de pasos en la dirección del vuelo de Akainu.
- Antes me preguntaste si tenía miedo a la muerte... pues bien... - comenzó Serujio con una media sonrisa – La gente tiene miedo a la muerte... ¿Por qué? Tener miedo al acto en sí de morir, en el momento inminente a que suceda, es lógico, pero vivir con miedo a la propia muerte, es completamente ilógico. Todos morimos, más tarde... más temprano... Así que, la gente que tiene miedo a la muerte, debe dejar de temerla, y empezar a temerme a mí, pues yo... - dijo acercándose a Akainu – Yo soy la Muerte. - concluyó el guerrero.
