Imagen: Manos entrelazadas en hospital (propuesta por NievesJS13)
Personajes: Hikari Yagami y Takeru Takaishi
Mundo caleidoscópico
25. Inevitabilidad
Lo peor de todo fue la incertidumbre que la hundió los primeros días después de los incidentes. El primer atraque podría haber sido aislado, el segundo ya era más específico y el tercero le quitó fuerza a su sonrisa.
Taichi la acompañó en todos sus estudios en el hospital, sus ojos críticos e inexpertos, la impotencia grabada en sus nudillos mientras respondía las preguntas relacionadas con genética, con enfermedades del pasado y otras que ellos solo conocían de nombre. Jou estaba allí porque él traducía términos médicos al lenguaje mundano y quería asegurarse que todo estaba bien hecho, ella agradeció su presencia tranquila y segura.
Takeru estaba con ella, por supuesto, porque habían vivido la vida juntos durante tanto tiempo que eran inseparables. Incluso Taichi y sus digimon pensaban en ellos como extraños cuando estaban mucho tiempo separados y sus días en el hospital, diversos y distantes entre sí, los mantuvieron atados.
Las manos de Takeru le transmitían calma, por eso Hikari no podía dejarlas ir.
Se cansó de insistirles que estaba bien a sus amigos. Imaginó que sus palabras no eran más que humo y cualquiera de ellos, todos ellos, podían ver el filo de la duda en cada afirmación tranquila por lo que no fue una sorpresa que los rostros amables vinieran en visitas esporádicas y la confortaran con su tiempo compartido.
Yamato fue a verla una vez, pero Hikari aprovechó su silenciosa presencia para que sus hombros no se sintieran tan pesados y no forzó una sonrisa. Se refugió en los brazos de Sora y en los de Taichi. Agradeció a Ken, a Iori y a Koushiro por sus visitas serenas. Daisuke y Mimi habrían ido a verla si no estuviesen al otro lado del mundo pero sus llamadas eran constantes. Miyako la visitaba entre las horas de sueño de su hija pequeña. Fuera del hospital, la vida seguía.
Eran esos instantes cuando estaba sola que todo parecía pintarse de negro, y sentía que no podía hacer pie.
El diagnóstico del doctor se tornó un susurro distante. Las palabras volaban por la habitación y rebotaban por las paredes de la conciencia. Ajenas, indistinguibles y lejanos. Inalcanzables en toda extensión.
—Lo puedes manejar, pero tienes que ser sincera contigo misma. Habrá momentos buenos y malos, pero no se puede predecir. Lo más importante es que tomes conciencia de esto, los días malos serán realmente malos y los medicamentos están orientados para aliviar el dolor.
—¿Pero no tiene cura? —Taichi tenía que insistir, porque así era él. Hikari apretó la mano de Takeru, aunque sabía la respuesta.
—No.
Alguien le acarició el brazo con suavidad, devolviéndola al presente. Las horas desde aquella conversación se habían evaporado.
—Deberías descansar —Takeru le aconsejó, dejándose caer en la silla junto a la cama. Hikari se acomodó las sábanas—. Tal vez mañana puedas volver a tu casa.
—Sí.
Hikari no lo miró a los ojos ni tampoco agregó más, las noticias de los últimos días golpeandola de repente.
—Al menos ya sabes lo que es. Vas a manejarlo.
—No tiene cura, Takeru. No sé si mañana me voy a despertar sin poder caminar bien o si mis ojos van a funcionar correctamente o incluso... Y no puedo...
—Hey, tú no tienes que hacer todo eso sola —Takeru le dio un pequeño golpe en la barbilla y luego le tomó la mano —. Vamos a ir a través de esto juntos.
—¿Vamos?
Las lágrimas empezaron a caer, pero ella sentía que ya no se estaba ahogando. Takeru las borraba con los dedos de su mano libre.
—¿No somos un equipo? —preguntó, en serio, y su voz sonó tan cerca que la envolvió. Hikari sintió el nudo en su garganta se aflojaba y aunque todavía no sabía cómo despertaría mañana, el tacto de Takeru fue un ancla a la tierra.
—Somos un equipo —murmuró. Siempre lo habían sido.
