DISCLAIMER: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adoptarlos a la historia de Abbi Glines, Vincent boys, que es el primer de esta saga. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que me robó el corazón.

ADVERTENCIA: Sé perfectamente que Madara no es el padre de Obito, pero lo podré así. La personalidad serán las de de Road to Ninja.


CAPÍTULO 25

La cabeza de Mikoto giró hacia mí en el momento en que di un paso hacia la barra. Dejé la puerta cerrada detrás de mí mientras estudiaba a la mujer que le mintió a su hijo toda la vida sobre quién era. A lo largo de la última semana, Mikoto había llegado a gustarme. No estaba de acuerdo con su manera de criar a sus hijos pero sabía que ella amaba a Sasuke y eso era suficiente. Ahora deseaba verle la mirada llena de remordimientos. Ver algo que me indicase que sabía que había hecho mal.

—Deja de mirarme como si fuera un maldito experimento de ciencias. ¿En qué andas hoy? —dijo Mikoto mientras daba un paso alrededor de la barra y me sostenía la mirada. Ella estaba tratando de ver que sabía. Podía verla analizarme con su mirada.

—¿Por qué no me dices la verdadera razón por la que Sasuke escapó? Me dejaste creer que fuimos Obito y yo los que lo hicimos escapar.

Ella levantó una ceja delgada y oscura y suspiró.

—Supongo que Obito decidió compartir las buenas noticias contigo.

—No considero el hecho de que a Sasuke le hayan mentido toda su vida una buena noticia.

Mikoto sacó un taburete del bar y se sentó en él rodando sus ojos como si yo estuviera siendo melodramática.

—¿Qué viniste a hacer aquí Hinata? Regáñame. Acúsame. Júzgame. Adelante.

Como si no estuviera acostumbrada. Pero asegúrate de visitar la casa de tu antiguo novio y darle el mismo regaño al padre de Sasuke que el que quieres dar aquí.

Porque bebé, se necesitan dos para bailar tango.

—No estoy aquí para juzgarte o alguna de esas cosas. Estoy aquí porque estoy preocupada por Sasuke. Desearía que me lo hubieses dicho. Hubiera ido a buscarlo.

—No era mi historia para contarla. Una vez que se lo dije a los chicos se convirtió en su historia. Cuando ellos quisieran que alguien lo supiera tomarían la decisión de contárselo, no yo. ¿Además cómo vas a encontrar a alguien que escapó para no ser encontrado?

Me acerqué y me senté en el taburete vacío que había a su lado. Mikoto siempre supo que Sasuke no se estaba escondiendo de sus problemas, no estaba escapando.

Se estaba enfrentando con la bomba que había sido tirada sobre él y había cambiado su vida.

—¿Por qué me dejaste creer que se estaba escapando de mi? ¿De Obito? —le pregunté buscando en su cara algún signo de remordimiento.

—Porque era mejor así. Tú nunca vas a ser nada más que una pared entre esos dos chicos y ahora mismo ellos se necesitan más que nunca. Puede que no sea una madre ideal pero amo a mi muchacho. Sé que necesita a su hermano. Tú eres dulce y honesta, me gustas, de verdad. No eres como pensaba, pero no eres buena para los chicos. Te necesitan fuera de sus vidas para poder seguir adelante y encontrar una manera de lidiar con esto.

Ella tenía razón. Siempre sería la que estaría en el medio, siempre reparando sus muros. Amo a Sasuke. Lo amo demasiado para dejarlo ir.

—Tienes razón —contesté.

Mikoto me alcanzó y acarició mi brazo cariñosamente.

—Eres una buena chica con un gran corazón. Estoy agradecida de que ames a Sasuke. Me hace sentir bien que alguien como tú pueda amarlo. Gracias.

Me levanté y puse mis brazos alrededor de los hombros de Mikoto. Ella se puso rígida y después se relajó y sus brazos, lentamente, me rodearon. Me pregunté si alguien, alguna vez, la había abrazado. La exprimí durante un tiempo antes de soltarla.

—Gracias por aguantarme esta semana —le dije mientras se me desgarraba la garganta.

Sus ojos color negro estaban húmedos cuando me dio una sonrisa triste.

—Disfruté la compañía.

Antes de que me convirtiera en un desastre lloriqueante, la saludé con la mano y me dirigí hacia la puerta.

—Él está de nuevo en la ciudad, sólo para que lo sepas. Le di tus cartas.

Apreté la manija de la puerta y miré fijamente a la vieja puerta de madera. Tengo que dejarlo ir. Preguntar dónde está y cuánto tiempo estará de regreso sólo lo hará peor. Con toda la fuerza de voluntad de mi cuerpo, giré la manija y abrí la puerta.

Era tiempo de irme a casa.

El golpe en mi puerta fue seguido por un:

—¿Hinata mi amor, estás adentro?

Miré el reloj en mi mesa de noche, eran las ocho de la mañana. Papá recién llegaba a casa, eso era raro.

—Sí —contesté.

Abrió la puerta y entró. Las líneas de su ceño fruncido en su cara lucían como si hubiera pasado una noche estresante, en algún lugar.

—¿Estás bien? —le pregunté, recordando la última vez que uno de mis padres vino a mi cuarto disgustado.

—Sí, estoy bien. Sólo quería hablar de algo contigo —me contestó y se sentó en la silla púrpura mirando a mi cama.

Aparentemente esta iba a ser una larga conversación. Él nunca se sentaba aquí.

—Está bien —le di lugar. Su extraño comportamiento me estaba poniendo nerviosa.

—Tú y Obito terminaron.

Lo dijo como una afirmación, no una pregunta. Así que sólo asentí para confirmarlo.

—¿Has hablado con él después sobre cualquier cosa? Tal vez algo que esté ocurriendo en su familia.

¿Cómo sabía mi papá? A menos...

—Sí, hoy de hecho —contesté esperando a ver cuál sería su próxima pregunta.

Papá se aclaró la garganta y se inclinó hacia adelante apoyando sus codos sobre las rodillas.

—¿Qué te dijo?

Su ceño fruncido y que haya llegado tarde sólo significaban una cosa. Esta noche papá tuvo terapia.

—Me dijo algo acerca de Sasuke.

No iba a decirle a papá el secreto, si me equivocaba y no había pasado una hora con Obito y sus padres.

—¿Te dijo quién es el padre de Sasuke?

Asentí sin estar dispuesta a decir más.

Papá dejó escapar un suspiro y se echó hacia atrás en la silla.

—Obito y su mamá vinieron a verme esta noche. No están llevando bien esta noticia, pero estoy preocupado por Sasuke. Pienso que es el que más afectado debe estar. ¿Sabes dónde está?

Negué con la cabeza.

—¿Me lo dirías si supieras? Porque realmente pienso que necesita hablar con alguien. Escaparse y esconderse no es saludable para él, Hinata.

—No papi. Sasuke no me ha llamado ni vino a verme desde el domingo en la mañana. Pero... él está de vuelta. Mikoto me dijo que regresó a la ciudad. Ellos se vieron.

Papá asintió con la cabeza y se frotó las mejillas sin afeitar, sus ojos se fruncieron.

Él quería ayudar a Sasuke. La idea de mi papá ayudando a Sasuke me animó. Quería levantarme y rodearlo con mis brazos pero me quedé quieta. Sasuke no quería su ayuda. No iba a decirle ese pensamiento.

—¿Está loco por ti?

Moví la cabeza pero luego me detuve. No estaba segura de si lo estaba o no. No me había buscado. No me había llamado ni mandado un mensaje. Tal vez estaba loco por mí, tal vez se arrepentía de todo.

—Quería disculparme contigo por las cosas que dije sobre él la noche del velatorio de abue. Estaba equivocado, no lo conocía. Obito me había encandilado un poco esa noche. Sasuke tuvo una educación difícil, pero ha superado muchas cosas. Lo juzgué injustamente. Cuando vino al velatorio de abue y te llevó hasta el frente me sorprendió. No encajaba en las personas con las que lo identificaría. Una persona mal educada no hace algo tan amable por alguien. Pero me asustó. Sasuke era el hijo de un agricultor del infierno. Conocí a Fugaku Uchiha en la escuela y él no era nada confiable. No quería eso para ti. Estaba seguro que la sangre de su padre lo había contaminado de alguna manera. En cambio, él tiene corriendo por las venas la sangre del ciudadano más admirado en la ciudad. En vez de cargar con eso, el negó a su propio hijo. Fugaku amaba a ese chico. Recuerdo verlo con Sasuke y sorprenderme de la amabilidad que tenía con su hijo. El hecho de que Sasuke no fuera suyo y él lo supiera, sólo me mostró de nuevo cuan equivocado estaba. La Biblia nos dice que no juzguemos, yo lo hice de todas formas. Lamento no haber confiado en ti. Viste la bondad de Sasuke que yo me negaba a reconocer.

Esta vez me salí de mi lugar en la cama y caminé hacia mi papi. Sin una palabra, me senté en su regazo y apoyé mi cabeza en su hombro como hacía cuando era una niña pequeña.

—Está bien papá. Sé que tenías buenas intenciones, que estabas tratando de protegerme. Pero tienes razón, Sasuke es especial. De alguna manera, los descuidos que ha sufrido no se llevaron el espíritu dentro de él. Si llegas a conocerlo, lo amarás. Es difícil no amarlo.

—¿Lo amas?

—Sí, y es porque lo amo que lo estoy dejando ir. No puede estar conmigo y a la vez salvar su relación con Obito. Siempre le recordaré su traición. Lo entiendo.

Papá frotó mi brazo y me abrazó contra su pecho.

—No quería verte lastimada, pero tienes razón. No veo otra manera. Esos dos chicos tienen un montón de trabajo que hacer para curarse. Se necesitan el uno al otro.

—Lo sé.

—Pero todavía duele —respondió papá.

—Sí, todavía duele.

SASUKE

Caminé de un lado a otro por el pabellón deportivo a la espera de que apareciese Obito. Le había enviado un mensaje para que se reuniese allí conmigo. Antes de ver a Hinata, tenía que hablar con Obito. Sin que nuestros puños se interpusieran. Obito había sido mi hermano desde que éramos pequeños.

Incluso antes de saber que compartíamos al mismo padre. Le quería. Mis acciones no lo demostraban, pero así era. Hinata era el único motivo por el que estaba dispuesto a pelear con él. Sabía que ninguna excusa serviría para arreglar las cosas, pero necesitaba que al menos me escuchase. No quería que odiase a Hinata. Ella no merecía su odio. Pensé en lo que podría decir para no parecer débil o superficial. Obito era la segunda persona más importante de mi vida.

Pero tres años antes me había arrebatado a la única persona a la que escogería por delante de él. Ya era hora de que la recuperase. Poco importaba lo que él creyese, yo la quería más. Yo la comprendía.

La pesada puerta se cerró de golpe y levanté la cabeza de un respingo, ahí estaba Obito con una expresión severa. Maldición, no quería volver a pelear.

Esta vez quería hablar. Tenía el aspecto de un hombre dispuesto a recibir una paliza.

—Has vuelto. Ya era hora —dijo manteniendo las distancias.

—Sí. Necesitaba un poco de tiempo para ordenar las ideas.

Obito soltó una risa dura y fría.

—¿De verdad? Bueno, quizá puedas ordenar toda esta mierda por mí porque yo no soy capaz.

Hasta que Obito salió de la iglesia y me encontró con Hinata, nunca le había oído soltar una palabrota. Ahora su boca se estaba volviendo tan sucia como la mía. Reprimí una sonrisa. No tendría que gustarme que mi primo perfecto empezase a resquebrajarse.

—¿Has hablado con Hinata? —pregunté, cruzándome de brazos y apoyando la espalda en las taquillas.

Obito frunció el ceño y empezó a negar con la cabeza, pero se detuvo y soltó un suspiro.

—Sí, una vez. Le expliqué lo de papá. Creí que necesitaba saber por qué te habías ido de la ciudad. Pensaba que te habías marchado por su culpa. No quería que siguiera pensando que todo era culpa suya.

¿Pensaba que era por ella? Mierda. No se me había ocurrido. Cogí el móvil que tenía en el bolsillo. Tenía que encenderlo y leer sus mensajes. ¿La había dejado aquí sola y preocupada?

¿No sabía que yo estaba bien? ¿No le había explicado mi madre que estaba lidiando con problemas familiares?

—Ha tenido una semana difícil —dijo Obito y nuestras miradas se encontraron. ¿A qué se refería? ¿Había estado preocupada?

—¿Y eso? —pregunté, examinando su cara en busca de signos de vida.

Se pasó la mano por el pelo oscuro y soltó un suspiro frustrado.

—Bueno, a mucha gente no le gustó que me engañara contigo.

¿Qué coño quería decir eso? ¿A quién narices le importaba?

—Explícate —exigí, dando un paso hacia él y hacia la puerta.

—Ha tenido que aguantar que alguna gente se haya puesto de mi lado. Eso es todo.

¿Le habían hecho el vacío? ¿Estaba sola ahí dentro?

—¿Qué gente? —bufé.

Obito levantó las manos.

—Cálmate. Tenemos que hablarlo primero. Hinata está bien. Me aseguré de que estuviese bien.

—¿Estás seguro de que está bien? —Necesitaba que me lo confirmara. No sería capaz de concentrarme en esa conversación si no estaba seguro de que Hina

estaba bien.

—Sí, estoy seguro.

Asintiendo, metí las manos en los bolsillos de los vaqueros y volví a apoyarme en la taquilla.

—Vale, tú primero —dije.

Le había pedido que se encontrase conmigo aquí, pero se notaba que tenía cosas que decir. Iba a dejar que empezase él, era lo menos que se merecía.

Obito se sentó en el banquillo. Parecía tan derrotado como yo. Jamás habíamos tenido ninguna pelea que hubiese durado más de diez minutos y unos cuantos puñetazos. Ahora, era muy posible que nunca pudiésemos superar esto.

—Conozco a la verdadera Hinata. Comprendo que tú la conoces mejor que yo. Os parecéis tanto. Pero nunca creí que fuese perfecta. Nunca esperé que fuese tan buena. Quiero a la verdadera Hina. La he amado desde que éramos pequeños. Igual que tú, Sasuke. Me robó el corazón antes de saber qué significaba.

—Hizo una pausa y se frotó la cara con la mano—. Pero tú eres mi hermano.

Has sido mi hermano toda mi vida. Incluso antes de saber que teníamos el mismo padre. Por mucho que quiera odiarte, no puedo. Hinata te eligió. Es difícil alejarse de ella. Eso lo comprendo claramente.

No estaba seguro de si esto significaba que estaba perdonado, pero no iba a renunciar a ella si era eso lo que pensaba. Podía ser mi hermano, pero no la dejaría escapar por él.

—Voy a luchar por ella —respondí. Tenía que entenderlo.

Obito asintió.

—Lo sé. Pero no tendrás que pelear mucho. Es a ti a quien quiere.

¿Había hablado de mí con ella? ¿Había intentado recuperarla?

—¿Te lo ha dicho ella? —Dios mío, esperaba que sí.

Obito levantó la cabeza y sus labios dibujaron una sonrisa tensa.

—¿Hace falta? Sus acciones hablan más alto que cualquier palabra. No puedo pelear por alguien que no me quiere. ¿Qué sentido tiene?

Yo lucharía por ella. Le haría ver que era a mí a quien quería. Ni en broma me habría echado atrás con tanta facilidad, de estar en su lugar. Ésta era otra prueba de que yo la amaba más. Siempre había sido así.

—¿Y tú y yo, estaremos bien? —pregunté. Necesitaba saber si esto significaba que iba a perderle.

Obito se puso de pie y se encogió hombros.

—Puede que algún día. Ahora mismo, necesito tiempo. Eso no cambia el hecho de que llevamos la misma sangre. Sólo necesito un poco de distancia.

Con… todo.

El hijo bastardo de su padre le había robado la novia. Lo comprendía. Era un milagro que no me odiase.

—Estaré aquí cuando estés listo —le dije.

—Sí, lo sé —asintió.