¡Hola Prisioners! ¿Cómo están? ¿Qué tal su domingo? =D Llegamos al final de temporada de TPOL, el tiempo paso muy rápido! Muchas Gracias a todos por acompañarme, por darle la oportunidad a esta historia, muchas muchas gracias! Al final dejaré un aviso importante es sobre las actualizaciones hehehe
Ok ok sin más…
ENJOY!
ADVERTENCIAS :
Ninguna
THE PAIN OF LOVE
SEASON FINALE
CAPITULO 24
En aquel momento no era consciente de donde me estaba metiendo. Daba un paso, y otro, y otro al frente, sin saber hacía donde me dirigía, sin tener una meta fijada en mi mente. Simplemente caminaba hacía delante con la cabeza agachada y los ojos clavados en la acera, incapaz de levantar la mirada. Me pregunté si así caminaría a partir de ahora, si en esto se basaría mi futuro, caminando hacía delante, siempre hacía delante pero sin objetivo en la vida, sin sueños, sin deseos, sin sentimientos. Nada que perseguir. Sumido en una soledad y oscuridad perpetua, sólo con la carga de los recuerdos que no volverían a la vida, que habían quedado atrás, muy atrás.
¿Lo que sentía era un justo castigo enviado del cielo? Vaya una tontería. Era demasiado incrédulo como para creerme que Dios se molestaría en joderme la vida simplemente porque me había enamorado de un monstruo, que para mi desgracia, estaba ligado a mí por lazos de sangre.
De todas formas, ya no quedaba nada entre nosotros. Cuanto me gustaría decir que todo ha desaparecido, todo lo que sentía se ha ido, pero no es así.
Es ahora, cuando todo ha acabado, el momento en el que más le hecho de menos, más deseo tenerle a mi lado, más ganas de contacto entre nosotros ansío. Es ahora cuando más patéticamente le amo. Ahora, después de haberme roto, pisoteado y aplastado en su cruel juego. Después de haberse comido todas mis piezas en su salvaje afán por tener lo que no se puede ni debe tenerse. Y yo he caído, como la última pieza del juego, como el Muñeco que ya no sirve y que por ello, puede romperse y tirarse sin remordimientos, dejándolo solo con recuerdos que nunca volverán a la vida. Porque no volverán ¿Verdad, Blaine?
-Esto es un Jaque Mate. Lo siento, Muñeco, pero tú eres el perdedor.
¿Conoces esos momentos en los que de repente, el mundo se vuelve enorme a tu alrededor y tú te sientes pequeño e insignificante, inseguro y diminuto, frágil y vulnerable ante cualquier leve sacudida que te propine el aire? Yo sí. Era la primera vez que vivía esa sensación con semejante intensidad. El suelo temblaba, el baño parecía deformarse, abalanzarse sobre mí dispuesto a tragarme y, en un acto reflejo, desvíe la mirada al suelo con los ojos fuertemente cerrados, muerto de miedo ante aquel monstruo amorfo que, en realidad, no existía.
-Lo entiendes ¿No? – volví a abrir los ojos con lentitud y le miré sumido en un intenso silencio, aferrándome el brazo izquierdo con la mano derecha. Me sentía de repente tan indefenso, tan niño, tan… estúpido. Y Blaine sonreía levemente, sin excesiva malicia, incluso parecía un tanto molesto, cansado, disgustado. Parecía no hacerle gracia el asunto, no le parecía divertido… o eso creía yo, esperanzado de manera ingenua. - ¿Cómo explicarlo? – extendió los brazos haciendo un gesto de obviedad, sonriente. – Creo que desde un principio ya te hiciste la idea de que no era una persona fácil de manejar, no tuviste cuidado y acabaste sumiso, totalmente a mi merced, de mi propiedad, dispuesto a dejarte hacer de todo como a una puta bien cobrada. – ladeó la cabeza, acariciándose el cuello con una mano expresando total indiferencia. – Y resulta que eso me encanta. – me miró con tanta lascivia que sentí las piernas aflojárseme, pero me mantuve en pie y alcé la mirada por fin, entrecerrando los ojos en un arranque de valor, mirándole a la cara.
-Si te refieres a que me has follado como te ha dado la gana y las veces que te han dado la gana, sí, lo has hecho. ¿Y qué? A mí me gustaba y no me arrepiento de nada. – hablé, sintiéndome otra vez seguro. Yo no era menos que él. Si quería juego, iba a tener juego.
Lo que tenía claro es que algo no cuadraba. De un día para otro Blaine no podía pasar de mi culo así como así, volver al principio después de tantos avances, de sus sonrisas y sus caricias amables. Algo pasa, no soy idiota. Pero sus ojos no me dejan ver más allá de sus ganas de hacer daño, de jugar conmigo.
-¿Quién está hablando de arrepentirse? Ha sido fantástico, mucho más excitante, brutal, sucio y mojado que tirarse a cualquier puta, por muy guarra que sea.
-¿Pero? – Blaine ensanchó la sonrisa, divertido por mi estado de alerta.
-Sólo has sido un juego. – abrí los ojos de par en par, sorprendido por la generalización de la respuesta y su significado. Sentí un torbellino que se instaló en mi pecho, contando una marcha atrás hacía mi desesperación y un agujero negro de confusión en mi cabeza. Parpadeé varias veces, sin capacidad para comprender todo lo que esa afirmación conllevaba y clavé la mirada en su pecho, desconcertado.
-¿Qué? ¿¡Que coño quieres decir con eso!?
-No te exasperes, Muñeco – se rió.
-¿¡Que no me exaspere!? ¡¿Pero tú eres imbécil o te lo haces?! – tanto secretismo, el vaso que se había llenado a lo largo de la semana empezaba a desbordarse y con él, mis nervios. Di varios pasos al frente, hacía él que se apoyó con chulería contra el filo del lavamanos y me miró por encima del hombro. Tenía la tentación de agarrarlo del cuello y estrujarlo con fuerza. – Llevo una puta semana detrás de tu jodido culo de chulo putas y tú pasas de mí como de la mierda y encima me sueltas borderias sin sentido. Me abandonas en una cama a la suerte, no me hablas, no me tocas, no me miras, ¡No me follas! ¡Y todo eso de la noche a la mañana! – Blaine sonrió.
-Si querías que te follara solo tenías que pedirlo. – sus ojos brillaron con malicia. Le di un fuerte empujón hacía atrás con el puño cerrado.
-¡Deja de jugar! ¿¡Es que acaso soy el único de los dos que se lo toma en serio!?
-Sí… - el histerismo me podía por momentos y el oír ese último comentario, dicho con toda la frialdad e indiferencia del mundo, cerré los ojos unos segundos y tomé aire, intentando tranquilizarme en vano. – He jugado contigo desde el principio. Probablemente todo lo que te haya dicho hasta ahora habrá sido mentira. No me gustas, no te quiero y mucho menos te amo. Sólo te he follado y me he divertido jugando al sin sentido de tu vida diaria. Si tú te has quedado pillado por mí, es tu problema. ¿Lo entiendes mejor así? – me quedé observándole con la boca abierta, totalmente estupefacto ante sus palabras. Unas palabras que jamás había pensado que acabarían saliendo de su boca, al menos no así, no después de todo lo que habíamos pasado juntos.
-No… no te creo. – tartamudeé. Blaine soltó una sonrisita socarrona.
-¿No? ¿Qué te hace pensar que no es así, qué eres más que un juego para mí? – la cabeza me daba vueltas. La giré desconcertado a un lado y a otro, buscando respuestas en mi mente. Estaba sudando. Estaba desesperándome.
-Soy un hombre.
-Sí. Mi primer y único hombre. No puedes culparme por ello, Muñeco. Cualquier tío por muy hetero que fuera se moriría por ti. Eres… un regalo divino para maricones. Eres una auténtica preciosidad. Esa carita inocente, ese cuerpo frágil y a pesar de todo, tu carácter. Son cualidades dignas de un chapero. Tenemos de ejemplo perfecto a Sparky, macarra donde los haya, por el que las mujeres suplican y él va detrás de culo. – tragué saliva. Sentía como la extraña asfixia que me inundaba el pecho se expandía hasta mis pulmones y me obligaba a respirar con ansiedad.
-Soy tu hermano. – hermano. Odiaba esa palabra… Blaine empezó a caminar por el baño, sin apartar los ojos lujuriosos de mi cuerpo, dando vueltas a mí alrededor con los brazos cruzados.
-Un reto interesante, pero no ha sido difícil de superar a pesar de tu cabezonería. Enseguida te olvidaste de ese pequeño detalle, ¿Verdad? Te he tenido comiendo de la palma de mi mano desde el principio. Te mueres por mis huesos, reconócelo. – apreté los puños y cerré con fuerza los ojos aguados, notando su mirada fija en mi trasero mientras se paseaba detrás de mí.
-Has dicho y has hecho… tantas cosas…
-¡Oh, venga ya! No pensarás que soy estúpido, ¿No? Como un maltratador con su "amada". Le hace mil putadas y luego la recompensa con regalos y detalles absurdos, se disculpa y jura, no lo volveré a hacer. Ella se siente bien, le perdona fácilmente y al día siguiente vuelve a tener un ojo morado. Para mantener una relación, uno a de trabajársela y más aún si es una falsa. – el mundo se me cae encima, se está haciendo añicos bajo mis pies y la oscuridad empezará a tragarme en breve, lo siento tan profundo, en mí, muy dentro. Todo se rompe desde dentro.
Sacudí la cabeza con los nervios a flor de piel, escalofríos recorriéndome de arriba abajo el cuerpo roto y yo abrazándome a mí mismo intentando evitar que los restos de mí cayeran al suelo torpemente junto con lágrimas de profunda agonía, repletas de la oscuridad que sentía que me tragaba por dentro.
-Entonces… ¿Por qué me protegías? – Blaine se detuvo, deteniendo el paso frente a mí, mirándome fijamente. La sonrisa había desaparecido. - ¿Por qué cuando te enfadabas eras incapaz de pegarme? Siempre decías que no eras capaz de hacerme daño por mucho que hiciera. También con Natalie, con Sparky, con cualquier persona que se acercara demasiado. Le metiste una paliza a Sparky por tocarme, rapaste a Natalie por que me tocó en el pasado. ¡Te ponías totalmente eufórico, celoso como un perro! ¿¡Y ahora dices que todo eso fue mentira!? ¡No me jodas, Blaine! – silencio. Mis palabras se las llevaron el viento con un sonido basto, rápido y certero. Retrocedí por el golpe, tan flojo que estuve a punto de caer al suelo. Blaine me miró totalmente indiferente, con los ojos gélido e inexpresivo, con la mano en alto.
Me llevé la mano a la mejilla que me quemaba, dónde sentía ese fuerte picor del increíble golpe. Me tembló la mano al darme cuenta de lo sucedido.
Blaine acababa de pegarme. Y fuerte. Me había dado con tanta fuerza que sentí la mandíbula casi descolocada y una punzada tremenda en la mejilla con el roce de mi mano sobre la piel. Incluso notaba como empezaba a hincharse rápidamente bajo mi tacto.
-No me jodas tú, Kurt. Nunca he conocido a nadie tan cabezón como tú, tanto que raya lo patético. No pienso gastar más saliva en ti… - volvió a sonreír, esta vez, débilmente, incluso parecía costarle trabajo hacerlo – A no ser que sea en un último polvo. – por un momento, miré a Blaine con miedo. Auténtico terror. No hacía lo que era capaz de hacerme, sino terror hacía lo que era capaz de hacerme hacer, las estupideces que conseguía que hiciera por él, el dominio que tenía sobre mí con sus sonrisas repletas de engaños. Se me acercó poco a poco y se inclinó intimidante, imponente frente a mí. – Es una auténtica pena que esto termine así, Kurt. Ha sido increíble. Hemos durado más de medio año y no me he cansado ni una vez de ti… de hecho, aún no estoy cansado. – mi cuerpo automáticamente retrocedió cuando Blaine me dio un corto y leve beso en los labios, rompiendo el contacto de golpe, chocando la espalda contra la pared. La respiración se me hizo tan ansiosa que pude sentir como se me llenaban los pulmones hasta el extremo, a punto de explotar. Los ojos de Blaine se entrecerraron levemente, malignos. – No llores. Verte sufrir me pone demasiado y no es cuestión añadir a la lista una violación. – sonrió. Y yo cerré los ojos con fuerza, sintiendo las lágrimas abrasar mi orgullo mutilado. – Que te vaya bien, Muñequito de porcelana.
Y la puerta del baño se cerró a mi lado con un portazo.
Mi cuerpo descendió arrastrándose por la pared hasta llegar al suelo. Los ojos me quemaban, el cuerpo entero me temblaba, la mejilla me escocía. Pero nada de ello podía compararse a lo que sentía dentro. Todo y nada. Vacío. Desolación, un gran desierto de emociones inexistentes. Y lo peor eran los recuerdos.
"Muñeco… yo soy malo. Lo soy. ¿Aún no te has dado cuenta de que sólo soy bueno contigo?"
Se me convulsionó el cuerpo a causa de los fuertes sollozos. Me tapé la cara con las manos recordando aquello, tan lejano… ¡Y tan falso!
"Precisamente por eso también admito que no tienes razones para temerme. Soy un monstruo peligroso, pero no para ti."
Sentí las uñas clavarse fieramente en mi piel, intentando desgarrar cada centímetro sin piedad, sólo para que engañar al dolor. ¡Que mentiroso!
"No llores… No es divertido verte llorar."
Y yo… todo, todo, todo ha colado y con tanta facilidad… ¡Soy tan idiota!
"En realidad, aunque me dijeras que no quieres volver a verme, volvería a por ti."
Mentira…
"Si quieres que lo haga… de todas formas, sigues siendo mío, Muñeco."
Tantas palabras y ninguna auténtica. Ninguna verdadera. Todo regalo para los oídos.
"Que no existe. Que es un invento absurdo, una excusa inexistente para darle a las personas un motivo para poder follar a gusto y sin remordimientos. Una excusa para no tener que compararnos con los animales que somos, para creernos superiores a ellos. El amor no existe. Es algo ridículo."
Sólo eso… sólo eso era auténtico. Su odio…
Lo demás era mentira, mentira, mentira… Y entonces, ¿Por qué lo que siento ahora es verdadero? ¿Por qué tan profundo, tan asfixiante? Cómo si una serpiente me estrujara el corazón con sus anillos y apretara y apretara, cada vez más fuerte.
He luchado por él. He sentido remordimientos, asco hacía mí mismo al pensar la abominación en la que me había convertido, en el asqueroso acto incestuoso que había llevado a cabo. He luchado y he defendido nuestra relación haciéndole daño a mis propios amigos, he guardado las apariencias frente a mi familia, he aguantado que me humillara delante de toda la universidad, he soportado sus caprichos, sus arranques de mal genio, que me dejara en evidencia delante de las personas que quiero, que me manejara como quisiera, que me hiciera bajar la cabeza cuando me miraba, he dejado que me tocara, que me besara, que me acariciara, mordisqueara, lamiera, masturbara, sodomizara hasta la saciedad, ¡Que incluso me pegara y me insultara!
Y… ¿Para qué? Para tirarme a la basura como un muñeco inútil e inservible en el momento cúspide, en el momento en el que más le necesitaba y le amaba.
Me levanté del suelo con las piernas flojas y la cara abarrotada de lágrimas. Apreté los dientes en el momento en el que el odio creció tanto que casi equilibró la balanza de amor hacía él. Amor y odio en estado puro hacía una misma persona. Dolor y cólera se hallaron de repente a la misma altura… Y abrí a toda velocidad la puerta del baño precipitándome hacía fuera como un huracán que arrasa con todo a su paso, dispuesto a destruir la vida, a aniquilar las emociones que se habían instalado en mí sin mi permiso, como parásitos inhumanos que sólo tenían la intención de hacer daño.
Corrí por todo el pasillo a una velocidad que nunca habría logrado alcanzar sin tropezar a los veinte metros. Las personas se apartaban a mi paso, y sino se apartaban, yo mismo las apartaba de un empujón brutal del que no era consciente. No era consciente de nada de lo que había a mí alrededor, de nada. Ni siquiera de Elliot y Finn frente a las taquillas, que se miraron al verme correr tan acelerado y con las lágrimas aún patentes en mis ojos siendo arrastradas por el viento que me golpeaba la cara.
¿Dónde estás? ¿Dónde estás…? Allí estaba.
Blaine caminaba tranquilamente dándome la espalda. Sus rizos eran inconfundibles. No fui capaz de aguantar tanta presión.
-¡Blaine! – grité, rabioso. Blaine se dio la vuelta, momentáneamente sorprendido y entonces, todo estalló en mí.
Un golpe, un sonido bestial que inundó todo el pasillo y gritos agudos. Eso fue lo que me hizo despertar de mi estado de cólera.
Blaine chocó brutalmente contra la taquilla, que se hundió bajo su propio peso a causa del golpe. Vi con los ojos brillantes y la respiración acelerada como su cuerpo descendía por las taquillas hasta que dio de rodillas con el suelo, con una mano en la cara y la otra temblorosa apoyada al frente para no caer hacía delante.
-¡Kurt! – la voz de Elliot me hizo dar el primer suspiro hacía la calma. El brazo derecho me temblaba fuertemente y me mantuve mortalmente quieto, paralizado. Los murmullos se hicieron dueños del lugar, las personas se acercaron con rapidez, atraídos por el escándalo, como los asquerosos cotillas que eran.
Alcé el brazo hasta mi cara, observando su tembleque incesante. Intenté cerrar la mano y sentí un latigazo en los nudillos que me puso el vello de punta. La sangre fresca plasmada en ellos, salpicándolos. No, no era mi sangre.
-Ah… argg… - Di un paso hacía atrás cuando Blaine empezó a levantarse lentamente. El monstruo. Mantuvo la cabeza agachada en todo momento, con la mano ocultándole la nariz y la boca. Se apoyó en las taquillas para levantarse, aturdido por el golpe y cuando alzó la mirada y la clavó en mí, letal, mortífera, asesina, sólo fui capaz de tragar saliva.
La mano que ocultaba parte de su cara se ensangrentó. La sangre corrió por su cuello hasta mancharle la camiseta, corrió por entre los dedos de su mano. Se formó un pequeño silencio roto por murmullos de sorpresa hasta que Blaine sacudió la mano que le ocultaba la cara y la sangre salpicó el suelo. Di un paso atrás entre exclamaciones de los que nos habían rodeado de repente.
Le había destrozado la nariz, su perfecta nariz ahora rota y cubierta de sangre que caía encharcando el suelo. Por un momento, desvié la mirada incapaz de creer que había sido yo quien le había hecho semejante burrada.
-Eres… un mal perdedor, jodido maricón. – noté la tensión a mi alrededor y en lugar de retroceder, sentí la rabia recorrerme las venas otra vez como un torrente. Blaine dio un paso hacía el frente. Yo me encaré, inclinándome hacía él.
-¿¡Qué coño hacen aquí!? ¿¡Qué mierda están haciendo!? – ninguno de los dos pareció escuchar los gritos de uno de los conserjes de la universidad, apartando a los alumnos a empujones y entrando en el círculo que nos rodeaba. El muy desgraciado era un cascarrabias. - ¡Hummel! – se dirigió hacía mí con paso decidido. Le ignoré por completo. - ¡Por supuesto, sólo podía tratarse de ti!
-Calla, gilipollas. – el conserje se giró de golpe en el momento justo en el que Blaine alzó la mano y lo agarró del cuello de la camisa. Retrocedí por instinto, con los ojos muy abiertos cuando prácticamente lo alzó hasta que sus pies dejaron de tocar el suelo y lo lanzó contra la pared, quitándoselo de en medio con una velocidad y frialdad aplastante. El conserje se golpeó con fuerza la cabeza y la espalda y cayó al suelo, flácido. Un borbotón de personas corrieron hacía él entre gritos y por un momento, yo estuve a punto de hacer exactamente lo mismo, blanco como la pared. Joder… ¡Era un hombre mayor! Me incliné hacía el pobre hombre sin poder contenerme. - ¡Ni se te ocurra, puta lame pollas! – por un momento vi sus manos precipitarse sobre mí, dispuestas a agarrar mi cuello para no soltarme y por puro instinto y rabia, me precipité hacía delante dispuesto a hacerle frente cuando, de repente, Frank se le echó encima agarrándolo por la espalda, deteniendo su avance y unos brazos musculosos me rodearon el cuerpo y tiraron de mí hacía atrás, alejándome de él contra mi voluntad. - ¡Suelta mamón!
-¡Párenlos, joder! – Blaine se revolvió pegando codazos y patadas. Un montón de chicos corrieron hasta él y en apoyo a Frank, lo agarraron y empezaron a hacerlo retroceder, intentando inmovilizarlo. Yo también me revolví, alterado, aún rabioso y deseando correr hacía Blaine para darle una patada que le reventara la polla con la que me había follado durante seis meses sin descanso.
-¡Kurt, Kurt! ¡Estate quieto, coño! – Elliot me estrujó entre sus fuertes brazos, dejándome sin aliento en cuestión de segundos. Aún así, me revolví furioso, intentando soltarme con mordiscos, incluso empezando a patalear.
-¡Cuando te coja voy a matarte, perra!
-¡Ni se te ocurra acercarte a mí, hijo de puta! ¡No quiero volver a verte en mi puta vida! ¿¡Me has oído!? – los ojos de Blaine se centraron en los míos justo en el momento en el que los demás cayeron encima de él, tirándolo al suelo, aplastándolo entre todos. - ¡No quiero volver a verte! ¡Muérete Blaine, muérete! – Elliot empezó a tirar de mí hacía atrás. Finn me agarró los brazos que movía como un loco intentando tranquilizarme. Yo no los oía, no oía a ninguno de ellos. Sólo le veía a él, tirado sobre el suelo con la cara ensangrentada y los dientes apretados del dolor. Y aún así, aunque lo estuvieran aplastando para detenerle y le costara respirar, me miró fijamente con los ojos brillando intensamente, escuchando cada una de mis palabras. - ¡Te odio! ¡Ojala nunca te hubiera conocido Blaine, ojala nunca hubieras nacido, ojala estuvieras muerto! ¡Eres una maldita mierda, monstruo! ¡Desaparece! – y el brillo de sus ojos se apagó entonces, se esfumó.
Estaba seguro de haber oído un potente crujido en mi cabeza.
Crack…
Algo se rompió en aquel momento. No sé si en mí o en él. Quizás, en los dos. Pero algo se hizo añicos en cuestión de segundos, y cuando Elliot y Finn me sacaron a rastras de la universidad y me inmovilizaron contra el coche, conteniendo mi rabia, lo supe.
Lo que se había roto era todo. Todo lo que habíamos construido juntos entre los dos, una relación, unos sentimientos, unos sueños y deseos… y la última esperanza de Blaine para volver a ser humano.
-¿Qué coño ha pasado? – cuando dejé de hacer fuerza con el brazo, intentando que Elliot me soltara y dejara de retorcérmelo como un policía preparado para ponerle las esposas a un acusado, mi cuerpo se quedó totalmente flojo sobre el coche de Finn.
-Kurt, voy a soltarte, ¿Vale? Pero de aquí no te mueves, ¿está claro? – Elliot me soltó enseguida, soltando un suspiro. Y yo no me inmuté. – Hombre, ¿De que coño ibas? ¿Te ha dado ser Terminator o qué? ¡Se te ha ido la pinza, joder! ¡Le has reventado la nariz a tu hermano! ¿Sabes que con el golpe que le has dado podrías haberle taladrado el cerebro? – Elliot empezó a dar gritos con histeria. Yo no respondía, me quedé flácido, muerto tumbado boca abajo sobre el capó.
Intentaba asimilar el agujero negro que se había instalado en mi pecho, tragándose todo.
-¡No vuelvas a hacer algo así, joder! ¡No vuelvas a…!
-Elliot… - por primera vez, Finn habló, tranquilo y despacio. – Cállate. – y Elliot se calló, enmudeciendo de súbito, como si no estuviera allí.
Se formó un intenso silencio que acabó rompiéndose por el hipo que salía de mi boca, luego, por los débiles sollozos que no pude contener. Me dolía la garganta y me escocían los ojos. La verdad salió a la luz a causa de su propio peso. Me convulsioné y acabé cayendo al suelo de rodillas, incapaz de mantenerme en pie otra vez. El agujero se tragó mi fuerza, mi ira, dejándome cara a cara frente al dolor, y empecé a llorar como un niño asustado y vulnerable.
-Lo sabía. – oí a Finn a mi espalda. – Sabía que tarde o temprano iba a pasar. Te dije que te destrozaría la vida, Kurt. Te lo dije.
-¿Blaine? – murmuró Elliot. - ¿Ha sido Blaine? – Finn calló. – Ya está ¡Estoy hasta los huevos de sus secretitos! ¡Sabía que me ocultabas algo, lo sabía! ¡¿Qué coño pasa?! ¡No confias en mí o qué! ¡¿Qué coño pasa con Blaine?! ¡Si no me lo dices juro que…!
-¡Estaban saliendo de verdad, joder! – mi cuerpo temblequeó otra vez. Finn gritó al límite de su paciencia. - ¡Cuando se morreaban por los pasillos no lo hacían por joder a Natalie! ¡Lo hacían de verdad, salían de verdad como una pareja normal y corriente, incluso follaban de verdad! ¡No era un puto juego, Elliot! ¡Eran una auténtica pareja, coño! ¡Nunca te enteras de nada! - Finn no sabía lo equivocado que estaba… porque sí. Había sido un puto juego de Blaine. Todo había sido un juego.
Me levanté del suelo, tambaleándome ante el silencio repentino de ambos.
-No… no puede ser… - empecé a caminar paso a paso, intentando no caerme y enfocar la vista borrosa en el lugar en el que estaba para no chocar contra nada. Seguía llorando y no tenía ni idea de cuanto me costaría dejar de llorar y arrastrarme por el suelo. – Kurt…
-Déjale… sólo conseguiríamos hacer que se sintiera más humillado. – a esas alturas ya era imposible humillarme aún más.
Y caminando sin rumbo, con la cabeza agachada, siempre mirando hacía el suelo, hacía el agua putrefacta del pozo donde había caído. En medio de ninguna parte, caminando, pero no hacía delante, sin ningún objetivo. Y lo peor de todo. Solo. Completamente solo. Como un alma en pena que eso era lo que daba, pena. Arrastrando el cuerpo como un gusano entre el fango.
Un gusano, en eso me había convertido.
Me di cuenta de que estaba lloviendo cuando un coche pasó por mi lado y el agua del charco voló hacía mí, poniéndome perdido junto a una mujer que caminaba a un metro de mí y que empezó a gritarle al conductor como una loca. Yo simplemente seguí mirando al suelo y continué andando. Había dejado de llorar, pero el agujero seguía patente, enorme, engulléndolo todo. De momento, con la mente en blanco, sólo sentía el peso del agujero que me hacía inclinarme hacía delante. Un peso demasiado asfixiante, angustioso, agobiante que por más que deseaba quitarme de encima, no desaparecía.
Y probablemente, nunca lo haría.
-¿Dónde demonios estabas? ¡Me tenías preocupada, maldita sea! ¡Son las once y media de la noche y ni una llamada! – y de repente, estaba en casa. No recordaba como había llegado, ni cuando, ni por dónde. Pero allí estaba. Y la sensación de desasosiego creció cuando me acordé de que Blaine también estaría allí. - ¡Oh, Dios, y esas pintas! ¡Estás empapado! ¿A quién se le ocurre salir con este tiempo? ¿Y bien? ¿No tienes nada que decir? – mamá se cruzó de brazos frente a mí, esperando una explicación.
-Lo siento. – murmuré y entré en casa sin mirarla a la cara.
-¿Cómo que lo siento? ¿Crees que eso es una excusa válida? ¡Te hemos estado esperando toda la tarde, pero nada, como al niño no le daba la gana de venir, hemos tenido que empaquetar las cosas nosotros solos y subirlas al coche! ¡Y tu hermano! ¡Pobre, se ha ido cabizbajo pensando que estabas cabreado con él! – y fue entonces, sólo entonces cuando alcé la cabeza y la miré a los ojos fijamente. Mi madre pareció sorprenderse por mi decrépito aspecto. – Kurt… ¿Pero qué?
-¿Cómo que se ha ido cabizbajo?
-¡Pues eso! ¡Si vieras con que cara se subió al coche cuando…!
-¿Cómo que se ha ido? ¿A dónde? - Mamá frunció el ceño.
-¿Cómo que a donde? – y al verme tan descolocado y confuso, alzó una ceja, dubitativa. - ¿Es que acaso no te dijo que hoy regresaría a Westerville? – y de repente, el corazón que creía que se había ahogado dentro del agujero negro retumbó, dándome vida. La suficiente como para aguantar sólo un golpe más. La suficiente como para lanzarme hacía las escaleras y subirlas a trompicones, acelerado, con las lágrimas volviendo a quemarme los ojos.
Me catapulté hacía la puerta de su habitación y la abrí de golpe, quedándome blanco al ver el interior.
Nada. Su guitarra, ni la eléctrica ni la acústica estaban allí. Sobre la cama no había más que las sábanas en lugar de la ropa que solía dejar allí tendida para cambiarse en lugar de tener que rebuscar en el armario. No había ninguna bandana, ni ninguna de sus zapatillas, ni el móvil, ni algún que otro libro de la carrera, ni el mp3, ni la maleta, ni sus discos, ni el paquete de tabaco… nada.
Corrí hasta el armario y la abrí dando un portazo. Completamente vacía. Empecé a rebuscar en los cajones como un loco, abriendo cada uno de ellos, mirando debajo de la cama, buscando entre las estanterías… ¡Nada!
Salí corriendo hasta mi cuarto con las lágrimas libremente descendiendo por mis mejillas. Salté sobre la cama y la deshice con fuertes tirones, al borde de la histeria. Aparté la almohada y la lancé al suelo. Sólo encontré las impecables sábanas azules debajo de ella. Su chaqueta había desaparecido… y con ella su olor. Su rastro, su calor.
Abrí la boca acaparando todo el oxígeno que exigían mis pulmones, pero por mucho que tomara, seguía sin ser suficiente.
-¡MIERDA! - estallé por segunda vez en el día, esta vez de dolor por algo roto. Todo, todo, todo se había roto.
El Muñeco se había roto.
