Capítulo 24

Despertando de ese hermoso sueño, tenía al hombre de su vida dormido a su lado, después de tantos años de amarlo y de negarse a amarlo, el destino les estaba dando la oportunidad de ser felices, pues el dolor que habían enfrentado juntos los hizo unir sus almas.

Levantándose de la cama y poniéndose la bata, sale a tomar aire a la terraza, respirando el aroma de la brisa de matinal de Londres, estaban ahí desde hace un mes y nunca había sido más feliz, especialmente con Helios que se quedaba los fines de semana por el campamento de verano y que además estaba feliz porque tendría una hermana y ella sería su mamá; pero aun así algo inquietaba a Serena y era esa nota que había recibido días antes.

- ¿Por qué ahora?-viendo la nota que decía "¿Mereces ser feliz después del dolor que me has ocasionado?"-¿De qué dolor me hablas? ¿Quién eres?- acariciando su vientre que no dejaba de moverse.

-¿Qué haces despierta?-abrazándola por atrás, cubriendo su vientre y besando su oreja.

-No podía dormir- mintiendo- No ha dejado de moverse en toda la noche.

-¿Ella o tú?- girándola para tomar su barbilla- ¿Algo te preocupa?

-¡Todo!-suspirando- La inauguración, la bebé… tú- tapando su boca.

-¿Yo?- diciendo maliciosamente- ¿Te preocupo?

-¿Tienes idea de lo que haría si algo te pasara? Soy feliz y tengo miedo que esta felicidad no me pertenezca- pensando en la nota.

-Te pertenece-besándola castamente- Te pertenezco, ahora deja de preocuparte por todo.

Mientras desayunaban, Serena se sentía extraña, era cierto que ella se había movido mucho, pero la bebé también parecía inquieta y eso le preocupaba, aún faltaban varios meses para que su pequeña dama naciera. Darien notaba la incomodidad de Serena, al parecer la bebé le estaba ocasionando problemas pues ni siquiera podía comer y aunque no conocía mucho los detalles de los embarazos sabía que eso era peligroso.

-¿Te sientes bien?-viendo la cara de náuseas de Serena y acercándose a ella.

-No lo sé- tocando su vientre- Creo que deberé de comer menos azúcar- sonriéndole- Terminemos de desayunar y vayamos a las respectivas empresas.

-¡Si jefa!- haciendo un saludo militar.


Analizando los últimos detalles de la inauguración que sería en un mes, pues lo había pospuesto por el embarazo, no dejaba de tener la mirada perdida ante la nota que recibió esa mañana en el buzón.

-¿Estas bien?- moviendo su mano delante de ella- ¿Hola? Tierra llamando a Serena.

-¿Qué?- saliendo de sus pensamientos- Lo siento Mina-ruborizándose.

-Pensando en Darien- diciendo pícaramente.

-No precisamente-suspirando- ¿Podemos hablar en privado?-viendo a Mina asentir.

En la oficina de Mina, ella estaba preocupada, nunca había visto a su amiga así de nerviosa y sabía que no era por Darien, la inauguración o la bebé, era algo más; sentándose en el sillón le toma la mano a su amiga y con la mirada le preguntaba que sucede.

-¿Crees que los fantasmas existen?

-¿De qué hablas?-riéndose- ¿Has visto uno?

-No lo sé… pero creo que me escribe-viendo la incertidumbre en la cara de Mina, sacando las notas de su bolsa.

Mina las lee detalladamente y no se explica cómo, pero esa era la letra de Diamante, el antiguo prometido de Serena ¿estaba vivo? ¿Por qué ahora? ¿La estaba acosando?

-Darien sabe de esto-viendo la última nota "No lo mereces, no es tuyo"

-No, no quiero preocuparlo.

-¡No quieres preocuparlo!- levantándose abruptamente- ¡Esto es de preocuparse, te están amenazando!

-¿Y si es una broma?- levantándose para mirar por la ventana.

-Pues esta clase de bromas no me gustan amiga- dejando las notas en el escritorio.

-¿Crees que a mi si? Eso no es todo… hay una nota más.

-¿Qué dice?

-Si no me alejo de Darien… le hará daño.

-No pensarás dejarlo de nuevo ¿verdad?

-¡No!... lo que sea que me esté amenazando, lo enfrentaré.

-Le diré a Yaten que hable con su hermano Taiki… es detective, creo que fue agente de Scotland Yard o algo así.

-Gracias… yo…-suspirando- Le diré a Darien esta noche.

-Será lo mejor.


Sabía que entregarle esas notas no hacían más que ponerla nerviosa y eso a él le encantaba, sus ojos celestes provistos de miedo cada vez que abría el buzón le ocasionaban una risa maliciosa que le encantaba ver una y otra vez, cada vez que estaba cerca de ella.

-Sigues siendo igual de hermosa… pero no tan hermosa como ella-besando la fotografía- y pensar que llegaste a caerme bien.

Sentado en el sillón del pequeño escritorio de esa viejo cuarto, estaban hojas y plumas al por mayor, decorando las paredes había fotografías de Serena, Darien y de sus familiares, pero a quien tenía en la mira era a la odiosa pareja de enamoradas, como él les decía.

-Ustedes pagarán por sus muertes… yo no debí quedarme solo… sin ellos-tomando un maniquí de rojos cabellos para bailar con él alrededor de la habitación.


En el departamento, Serena le contaba a Darien y le enseñaba las notas una por una, incluso en la cual amenazaba si vida; él no podía creer que alguien se atreviera a amenazar a la madre de su hija, al amor de su vida, eso le daba coraje al punto de arrugar las notas. Serena sabía que estaba furioso y que decirle tal vez no haya sido la mejor de las ideas, pero solamente pensaba en la seguridad de su familia.

-Lo siento- bajando su rostro- Sé que debí decírtelo antes, pero pensaba que era una broma de mal gusto.

-¿Por eso has estado preocupada?-viéndola afirmar- No voy a permitir que nada te pase, ni a la bebé y mucho menos a Helios… si quien nos amenaza es Diamante, se las verá conmigo-abrazando a Serena.

-No quiero estar aquí.

-Si huimos… sabrá que le tenemos miedo y eso es lo que no quiero… quiero que vea que no nos va a asustar con eso… si es necesario pedir la ayuda de Taiki, entonces adelante-viendo como su amada diosa de la Luna palidecía- ¿Qué sucede?

-¡Algo no está bien!-mirando su vientre, cuando siente como si miles de navajas se le clavaran- ¡Darien!-viendo la sangre recorrerle entre las piernas.


Camino al hospital, Darien tomaba la mano de Serena que estaba inconsciente, estaba perdiendo sangre y la bebé perdía el ritmo cardiaco, el camino en la ambulancia parecía eterno a pesar de estar a escasos minutos.

-¡Por favor haga algo!-viendo como el pulso de Serena disminuía- ¡Mi amor!

Viendo como bajaban a la rubia de la ambulancia, conocía muy bien la rutina de Serena y por ello sabía que iba por su té todas las tardes a la pequeña cafetería, dándole la oportunidad perfecta ese día de colocarle un medicamento a su bebida para que perdiera al bebé, sonriendo maliciosamente desde la acera de enfrente, también veía como el pelinegro le gritaba a Serena de que no lo dejara.

- Al parecer la parte uno de mi venganza está dando frutos- cubriéndose con una gabardina- Y apenas es el comienzo.