Charlie nos va a matar
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Oculto en un bosquecillo de gigantescos robles, Harry veía pasar a los soldados armados que se dirigían a Llandeilo. Bella iba en el centro, rodeada de todos ellos. Al ver que eran solo una veintena de hombres, maldijo las limitaciones de su armamento. No tendría problemas en liquidar a James y a Royce con las flechas, pero sería imposible hacerlo sin revelar su posición. Tal vez pudiera matar a otros cinco o seis hombres, y también diez, si no estuviera tan cansado, por la falta de sueño durante los días que había estado viajando. Se quedó mirando a Emmett. ¿El comandante intentaría detenerlo? Harry hizo rechinar sus dientes. Mataría al bastardo si lo hiciera. Y después, mataría también a Edward y le enviaría su cabeza a Charlie.
Al parecer, la joven estaba ilesa. Harry recitó una plegaria de agradecimiento por ella y también por Sue, que había revivido a Ioan volcándole encima un cubo de agua fría. No había sido difícil: solo fueron suficientes algunos azotes para que Ioan hablara. Sus palabras habían helado la sangre del sajón.
La tensión de su arco aumentó, a medida que lo preparaba para disparar la primera flecha. Algo terriblemente duro lo golpeó de costado y le hizo perder el equilibrio. Al mismo tiempo, su flecha fue retenida en el momento en que la iba a disparar. Un tanto aturdido, Harry se encontró con Jacob y Edward a su lado.
—¡Tú, desgraciado! —se puso de pie y le descargó un puñetazo.
Edward se agachó y dio un paso atrás, evitando fácilmente el golpe mortífero.
—Basta, Harry —le dijo, alzando las manos para contenerlo, mientras sostenía la flecha que le había arrebatado—. Escucha lo que te voy a decir.
—No —el gigantesco sajón lo acometió de nuevo, y Edward debió hacerse a un lado. Sólo Jacob era lo suficientemente corpulento como para contenerlo, pero Harry lo arrojó a un costado como si fuera un pluma.
—¿Qué es lo que pretendes decirme, maldito cretino? ¿Que has puesto en peligro a Bella para evitar una guerra? Lo sé todo. Ioan me lo contó antes que le diera una segunda golpiza. Fue hábil de tu parte enviar a Emmett junto a tu hermano tan pronto como te enteraste de que James había regresado a Gales.
Edward se mantenía alerta, mientras Harry daba vueltas a su alrededor.
—Era la única manera de descubrir lo que James y Royce se proponían. La hija de Royce me contó que su padre se había reunido con James. Yo tenía una única oportunidad para enterarme. Nada más que una, para conocer sus planes. Si no seguimos adelante con esta maniobra, no podré saber cuándo se producirá el próximo ataque contra el rey.
—¿Y si Emmett en realidad te engañara?
—No. No lo hará. —Cuando Harry se dispuso a desenvainar su espada, Edward le rogó—: Por favor, no me obligues a pelear contigo, amigo mío.
El sajón lo embistió, levantando su impresionante espada sobre la cabeza y dejándola caer con todas sus fuerzas. Edward esperó y, a último momento, saltó hacia un costado para evitar el golpe formidable. La hoja hizo saltar los trozos de tierra. Edward giró y, de un puntapié, separo la espada del puño de Harry.
—El rey Carlisle no desea que haya guerra, y yo tampoco. —Edward habló deprisa, con la esperanza de que el otro estuviera dispuesto a escuchar—. Si los restantes príncipes se unen a James y a Royce, la guerra no se podrá evitar.
—¿No se te ha ocurrido que, con solo matar a James e impedir el ataque contra el rey, todo quedaría solucionado?
—Sí, muchas veces —Edward dio un paso arriesgado en dirección de su agitado interlocutor—. Escúchame, por el amor de Dios. Mi hermano no está solo. El rey Eleazar necesita pruebas contra Royce para demostrar que es un traidor. De lo contrario, se alzarían contra él los príncipes de King y Powis, junto con el rey King. Debemos darle pruebas del plan a mi tío.
—No había necesidad de involucrarla a ella.
—No deseaba hacerlo —insistió Edward, con voz sibilante y emocionada—, pero no tuve otra opción. James cree que yo no sé nada. Es necesario que siga pensando así. A Bella no le sucederá nada, mi amigo. James no le hará daño mientras yo viva. Y mi muerte no forma parte del plan.
Harry se habría burlado de la arrogancia de Edward si el joven príncipe no hubiese sido tan persuasivo.
—¿Qué le impediría matarla y dejar su cadáver a los pies del trono del rey Eleazar?
—Yo se lo impediría.
—Pero tú estás aquí, a cien metros de distancia. ¡No podrías detener un puñal desde tan lejos, pedazo de idiota!
—James quiere el trono. Para acceder a él, debe matar al rey, a sus hijos y a mí. Desea eso más que su guerra. Pero sabe que no puede vencerme sin tener a Emmett de su lado. Él lo sabe, Harry. No se arriesgará a perder la lealtad de mi amigo. —Al notar que Harry dudaba, prosiguió—: Le he dado la orden de matar a mi hermano si intenta algo contra Bella. Los mataremos a todos, si es necesario. Pero yo he dispuesto detener a James de una vez por todas, hace muchos meses, y solo cambiare mis planes si ella sufre algún daño —Edward lo miraba con severidad y determinación—. No debes tratar de detener lo que Emmett y yo iniciamos. Debemos probar que el príncipe Royce quiere traicionar a mi tío. Debemos impedir que maten al rey y a su familia. Si mi hermano logra lo que se propone, tendrá a los ejércitos del norte de su parte y destruirá primero a los lores normandos de la frontera. Pero si se desata la guerra contra Carlisle, no tendrá lugar en Inglaterra. Los normandos vendrán aquí y mi gente morirá. No puedo permitir que eso suceda.
—¿De modo que arriesgas la vida de ella para beneficiar a tu gente? —la voz de Harry revelaba su resignación, ante la evidencia, y su profundo disgusto.
—Yo no quise involucrarla, pero ahora lo está, Harry. No puedo apartarme de mi plan. Quiero para ella un futuro sin derramamiento de sangre y sin pesar, ni hambrunas, ni muerte.
Harry supo que tendría que matarlo para rescatar a Bella. Bajó la cabeza y murmuró un juramento. En realidad, él no deseaba matar a Edward. El bastardo le simpatizaba. También comprendía a la perfección los horrores de la guerra. Los normandos habían asesinado a su hermano, un sencillo agricultor, apenas pusieron un pie en Inglaterra, y desencadenaron una lucha que había durado más de diez años. La joven hermana de los Swan también había sido asesinada por los sajones. Cuando los reyes luchan, muchos inocentes mueren. Y la batalla parecía inevitable, a menos que Edward pudiera detener a James y a Royce. Él era el célebre Cullen, un guerrero que no había sido vencido jamás. Si había alguien capaz de detener un ejército destinado a asesinar a un rey, ese era Edward. Hacía falta la astucia de la serpiente para derrotar a un chacal.
—Muy bien —Harry se quitó el polvo de los pantalones y recogió su espada—. No me opondré, maldición, pues creo que lo que dices tiene sentido. No en vano tienes fama de astuto. Pero te haré una pregunta antes de exponerme a que lord Swan ponga mi cabeza a merced del verdugo por permitir todo esto. ¿Ella sabe que Emmett no te está engañando?
—No —respondió, con los ojos apenados—. No sabe nada. Es menos peligroso así.
—Si, así lo creo —Harry se acarició la barba. Su ceño fruncido señalaba una última preocupación—: Ioan me dijo que intentarán matar al rey cuando tú y tu tío estén reunidos. ¿Cómo es posible eso, si tú estás aquí?
—Dijiste una sola pregunta.
—No me caracterizo por ser tan detallista. Tengo curiosidad por saber por qué estás aquí escondido en el bosque, cuando el rey te aguarda para que le brindes tu protección.
Sin una palabra, Edward miró en dirección de Bella, cuya figura se empequeñecía a la distancia.
—Ya veo —suspiró Harry—. Entonces, me equivoqué. Ella ha llegado a significar más para ti que la paz que tanto añoras. Vamos, pues. —El sajón empujó a Edward hacia donde aguardaban los caballos, sin que su barba ocultara la ligera sonrisa que se asomaba—. Vigilémosla y, llegado el momento, te ayudaré a cortar todas las cabezas que quieras. Y que Dios se apiade de nosotros, si su padre se entera alguna vez de todo esto.
Si Emmett no es un traidor todo es un plan… esperemos que Bella se lo tome igual de bien…jejejeje.. y como he dicho en la otra historia... muchisimas gracias por sus felicitaciones y sus palabras de cariño. muakis nos leemos.
