ADVERTENCIA: Lemon KiriKami.
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Después de que Todoroki y Midoriya se llevasen a Bakugou, Denki se quedó con Eijirou en la habitación.
Misteriosamente, aquel diablillo se encontraba bastante dubitativo; parecía estar pensando en algo. En algo muy importante.
—¿Ocurre algo? —inquirió el pelirrojo.
—Es solo que… —comenzó el rubio, girándose para ver al hombre lobo—. ¿Debería encerrarte a ti también?
—¿Qué?
—¿Eh?
Aquello solo confundió más a Kirishima, que, inconscientemente, bajó sus orejas con cierta preocupación.
—¿Encerrarme...?
Esa idea no le gustaba en absoluto.
—Ah, perdón —se disculpó el rubio al no haber aclarado la situación—. Es que eso es lo que Midoriya y Todoroki hacen con Bakugou —explicó con una sonrisa.
—¿Pero por qué?
—Eh, pues… Porque hoy es el día en el que los hombres lobo entran en celo —continuó el diablillo, sintiéndose algo incómodo—. ¿No lo habían mencionado…?
—Creo que no —respondió el pelirrojo, aún sin comprender el problema.
Porque Kirishima no sabía lo que le esperaba. Desconocía esa sensación de desesperación por querer follarse a cualquiera que estuviera a su alcance; y, para su mala suerte, estaba a poco tiempo de experimentarla.
—Supongo que mejor debería irme —prosiguió Denki, sin saber en realidad qué tan malo era el celo de los hombres lobo.
Nunca había visto a uno padeciéndolo. Su único conocimiento provenía de Todoroki y Midoriya, quienes aseguraban que debían ser encerrados.
—¿Te vas…? —dudó el lobo, con clara tristeza en los ojos.
—Lo siento, Kirishima —suspiró el diablillo, evitando mirarle a los ojos—. ¡Es que no debería quedarme…! —agregó en un intento de sonreír para animar el ambiente.
—Pero… ¿durante cuánto tiempo? —continuó Eijirou, bajando la mirada.
—Mínimo una semana.
—¿Sin ti…? —volvió a inquirir el pelirrojo, esta vez estableciendo contacto visual con Denki, quien comenzó a sentirse bastante mal por cómo le estaba mirando el lobo.
Parecía un perrito abandonado, suplicando cariño de alguien.
—Uhm… sí.
—Bueno… ¡lo comprendo! —respondió con una triste sonrisa, intentando animarse un poco.
Pero fue en vano. Su cola y sus orejas le delataban; claramente, el pelirrojo no quería eso.
Quedarse solo no era el verdadero problema; lo que de verdad le ponía triste era tener que estar sin Kaminari durante tanto tiempo. Ahora que ambos habían confesado sus sentimientos, el hecho de no poder estar a su lado le era demasiado complicado.
Y lo peor era que, al haber sido convertido hace poco tiempo en hombre lobo, su celo duraba mucho más de lo normal y los síntomas eran peores. El de un lobo promedio duraba de una a dos semanas; raramente, cinco días. El de uno nuevo, podía durar de cuatro hasta seis semanas.
—Entonces… Nos vemos —se despidió Denki con una sonrisa nerviosa, sintiéndose culpable.
—Sí… Nos vemos.
Mientras avanzaba hacia la salida, Kaminari podía sentir perfectamente la mirada del pelirrojo sobre él; podía imaginarse nuevamente esa mirada de perrito abandonado. Esas orejas y cola decaídas, la tristeza en sus ojos y una súplica de "Por favor, no te vayas."
Pero Denki debía ser fuerte y no ceder ante la tentación. Era por el bien de Kirishima.
El rubio se iba a controlar. No iba a girarse. No iba a quedarse. No. Claro que no.
—¡Agh, maldición! —se quejó, llevando sus manos a la cabeza—. De acuerdo, me quedo —rectificó, girándose y levantando el pulgar.
—¡¿De verdad?! —exclamó el pelirrojo, recuperando su característica gran sonrisa, mostrando sus afilados dientes y moviendo la cola rápidamente de un lado a otro; además, sus orejas ya estaban hacia arriba.
—Sí, sí… —suspiró el rubio, que no pudo evitar sonreír al ver tan feliz a Eijirou.
"Espero que no haya nada malo en que me quede con él. Además, es Kirishima."
—Bueno, ¿y qué quieres hacer? —inquirió Kaminari mientras regresaba al cuarto y se sentaba en la cama como si fuera la suya propia.
—Uhm… —se mantenía pensativo el hombre lobo—. Algo que solo se pueda hacer en casa…
—¿Tienes algún juego o algo? ¿O mejor vemos la tele? —preguntaba el diablillo—. O quizás, mejor…
Mientras Denki seguía dando ideas, Eijirou comenzó a sentirse un poco raro.
De repente, empezó a sentir todo su cuerpo arder. Su respiración se aceleraba y no podía evitar mover su cola de un lado a otro. Además, su rostro se enrojeció y comenzó a notar una fuerte presión por debajo de sus pantalones.
—Kaminari… —suspiró el pelirrojo, conteniéndose todo lo posible y levantándose tratando de evitar la mirada del contrario—. Tengo que ir al baño…
—Oh, claro —respondió el rubio, dudando un poco al ver cómo el pelirrojo movía tan rápido la cola.
"¿Ya habrá comenzado su celo…? Creía que se volvían salvajes o algo, pero al parecer Kirishima lo puede controlar. ¡No tenía que haberme preocupado!" Pensaba Denki, restándole importancia.
Mientras tanto, en el baño, Eijirou estaba teniendo un problema mucho peor.
"¡Maldición! ¡¿Por qué me siento así?! Kaminari, lo siento..."
El dolor en su miembro no podía detenerse a menos que se masturbara o lo hiciera con alguien. Y, por desgracia, tras encerrarse en el baño y deshacerse rápidamente de su ropa, pudo observar cómo sus garras crecían a gran velocidad y adquirían un tamaño descomunal.
No lo podía controlar.
[...]
Kaminari, tranquilamente y esperando a que el pelirrojo solucionase su problema (porque el rubio ya se imaginaba lo que estaría haciendo), revisó nuevamente debajo de la cama para echarle un ojo a aquellas revistas de autoayuda; si el diablillo tenía que ser sincero, le resultaba divertido.
Pero mientras leía "¡Cómo impresionar a tu pareja siendo súper varonil!", pudo escuchar diversos ruidos procedentes del baño; era como si alguien estuviera rompiendo cosas.
—¡Kirishima! —exclamó el rubio con cierta preocupación, acercándose a la puerta—. ¿Va todo bien ahí dentro…?
Ante esa voz, el ruido se detuvo; lo único que se podía escuchar era la fuerte respiración del pelirrojo.
—¡S-Sí! ¡Todo va bien! ¡No entres! —advirtió Eijirou, intentando controlarse un poco por Kaminari; no podía perder la cordura ante la persona que amaba.
—¿Seguro…? —volvió a inquirir, esta vez con cierta curiosidad.
—Sí. Solo… no entres.
Pero a los diablillos les gustaban los retos. La curiosidad siempre podía con ellos y, si había algo que desconocían y podían averiguar, iban a hacerlo.
"Quizás necesite ayuda con algo." Pensaba el rubio alegremente.
Sin poderlo evitar, abrió lentamente la puerta del baño hasta contemplar lo que se hallaba dentro.
Kirishima había roto absolutamente todo. Y ese todo incluía espejos, lavabo, váter y ducha. Diversos cristales estaban esparcidos por el suelo y las cortinas habían sido desgarradas por completo. Cabe decir que el pelirrojo se encontraba en ese mismo instante desgarrando las paredes.
Sus ojos estaban rojos, sudaba mucho más de lo normal, sus garras habían adquirido un grosor y largo bastante grande, y estaba desnudo, dejando claramente a la vista la erección que tenía y que le estaba haciendo perder la cordura.
—Vaya… —murmuró Denki con una sonrisa nerviosa y empezando a sudar—. Supongo que esto es un peque… —se detuvo unos segundos al ver el miembro del contrario—. Un gran problema.
Aquella voz no pasó desapercibida para el pelirrojo, que se giró rápidamente y estableció contacto visual con el diablillo.
—Kaminari… —murmuró, acercándose lentamente hacia aquel joven—. Te había pedido que no la abrieras —continuó, acortando cada vez más la distancia hasta quedar frente a frente—. Me duele. Me duele mucho —suspiró, cerrando los ojos, mordiéndose los labios y apoyando su frente en el hombro del rubio.
El pelirrojo no quería hacer nada que Denki no quisiera. Y, por más que había estado tratando de contenerse, no aguantaría mucho más. El dolor se había vuelto indescriptible, y la única manera de intentar tranquilizarse un poco era destrozando todo lo que estuviera a su paso.
Desesperado, levantó su rostro y miró al diablillo con unos ojos que parecían suplicarle que, por favor, terminara con su agonía.
—¡Eh, tranquilo, tranquilo! —intentó calmar al lobo, sujetándole por los hombros y dándose cuenta de que no había otra opción.
En realidad no era como si Denki no lo deseara; todo lo contrario. Aún era más virgen que los ángeles (otra de las especies que existían), pero nunca se había planteado cómo sería hacerlo con un chico. Y menos con uno que no era de su propia especie. Además, consideraba que quizás era demasiado pronto para Eijirou, pero se veía que en realidad no era así.
—Déjamelo a mí, Kirishima —sentenció con una sonrisa y señalándose a sí mismo—. Haré que ese dolor desaparezca.
Ante tales palabras, aquel lobo se tranquilizó un poco y su fuerte respiración cesó; aún así, seguía moviendo la cola.
—¿Vamos a la cama? —inquirió el diablillo, sabiendo perfectamente la respuesta; era demasiado obvia.
No obstante, a unos pocos metros de llegar, el pelirrojo se detuvo.
—No quiero hacerte daño con esto —comentó con cierta frustración y dejando a la vista sus garras.
—¿No puedes controlarlas? —dudó el diablillo, acercándose para verlas mejor—. Vaya. Con eso podéis matar a cualquiera… —agregó soltando una leve risa y pasando su mano por encima con cierta curiosidad.
Pocos segundos después, el tamaño de estas se fue reduciendo a uno más normal.
—Oh, ¡hago magia! —exclamó el rubio con una sonrisa al ver el resultado.
El verdadero motivo por el que Kirishima se había tranquilizado un poco y sus garras habían vuelto a la normalidad, era Kaminari. Sus palabras habían sido suficiente; no necesitaba otra cosa más que saber que el chico al que amaba le correspondía, y que se encargaría de terminar con aquel dolor.
Sin poder esperar a llegar a la cama, el olor de Denki provocó la reacción del hombre lobo, que se acercó a él y le abrazó mientras comenzaba a lamer su cuello, haciendo retroceder al rubio poco a poco hasta llegar al deseado colchón.
"Ah… Esto se siente demasiado bien. Parece un perrito desesperado." Pensaba el rubio con una leve sonrisa.
—¿De verdad… puedo? —dudaba nuevamente el pelirrojo; quería asegurarse de que Kaminari estaba completamente de acuerdo, que no lo hacía por obligación.
Pero ante aquello, el diablillo se limitó a sonreír y acortar la poca distancia que había entre sus rostros, besándole y dejando claro que, en ese instante, Denki también tenía muchas ganas de hacerlo.
Ver al hombre lobo en esa situación, había conseguido despertar desde hacía rato la cola del diablillo, dejándola a la vista del pelirrojo.
Tras separarse, mientras el rubio comenzaba a desnudarse, Eijirou no pudo dejar de observar cómo aquella negra y larga cola se movía lentamente. Poco a poco, sentía que su mente se nublaba y que era incapaz de seguir pensando con claridad.
Su respiración volvía a acelerarse.
Incapaz de esperar más, acercó su rostro a dicha parte del rubio, abriendo la boca y pasando lentamente la lengua hasta llegar a la punta.
—¡E-Eh! —se exaltó el diablillo, sintiendo cómo la parte más importante de su cuerpo era profanada por la lengua de aquel lobo.
Pero la sensación de placer que le producía, era cada vez mayor conforme el pelirrojo movía más su lengua alrededor del extremo de la cola.
Kaminari no podía quejarse porque lo estaba disfrutando. Era la primera vez que alguien le hacía eso, y nunca había imaginado que llegara a sentirse tan bien.
Los de su especie no tenían un día exacto en el año en el que su deseo sexual desbordaba (a diferencia de otras especies, como el celo de los hombres lobo).
Solo lo hacían entre parejas para reproducirse o para demostrar el cariño que se tenían. Y, como Denki nunca consiguió novia ahí abajo, no tenía a nadie con quien experimentarlo.
Tampoco se había planteado que acabaría haciéndolo con un hombre, pero le daba igual; se había enamorado de Kirishima, y no se arrepentía en absoluto.
"Espero que Todoroki y Midoriya tarden mucho en regresar." Pensaba el rubio, terminando de quitarse por fin la ropa interior que le quedaba, y dejando a la vista su miembro también erecto.
Eijirou dejó momentáneamente a un lado la cola del diablillo, y se centró en lo que tenía delante. Los suspiros de Kaminari, su rostro rojo y la mirada que le estaba dirigiendo, le hizo entender que ya podía hacer lo que quisiera.
Sin intención alguna de esperar más segundos, dirigió su pene hacia la cavidad anal del rubio, con la intención de introducirlo lentamente. Pero fue imposible. El hombre lobo estaba en su límite y su cuerpo reaccionó rápidamente, metiéndosela por completo y haciéndole soltar un leve gemido.
"Maldición... ¿qué es esto…?"
Era una sensación extraña. Denki nunca antes había podido experimentarlo y, conforme Eijirou empezaba a salir y entrar cada vez más profundo, tocando cierta la parte, lo extraño se convertía en placer; además, mientras el pelirrojo sujetaba con una mano al rubio por la cintura, con la otra había vuelto a atrapar aquella larga y negra cola, dispuesto a volver a introducirse la punta en la boca.
—Kirishima… —suspiraba entre gemidos, cerrando los ojos y sin poder evitar sonreír—. Te amo...
La velocidad a la que se movía el pelirrojo junto a los rápidos movimientos de su lengua alrededor del extremo de su cola, hicieron que el rubio no pudiera evitar alcanzar el orgasmo en pocos minutos. Tanto placer al mismo tiempo y sin descanso, superaron al virgen diablillo.
De todas formas, no fue el único.
—Kaminari… yo también.
Segundos después, el hombre lobo atrajo a Denki hacia sí, profundizando aún más la penetración y dejando salir una gran cantidad de esperma en el interior del rubio, que se estremeció al sentirse llenado por aquel viscoso líquido.
—Ah… —suspiró Kaminari, apoyando su frente en el hombro del pelirrojo—. Ha sido genial.
No obstante, el joven lobo seguía moviéndose; aún no retiraba su miembro y cada vez seguía aumentando la velocidad de las embestidas.
—Kaminari… no puedo... no puedo parar —aplicó, incapaz de detenerse por el placer que estaba sintiendo.
No había tenido suficiente, y la reiterada penetración estaba logrando hacer que el rubio volviera a sentirse bastante bien.
—Bueno… —suspiró, con la vista nublada por el repentino placer que había regresado—. Cuando estuve en el infierno... corría el rumor de que los diablillos éramos primos lejanos de los súcubos —recordó, llegando a una favorable conclusión—. Creo que puedo seguir durante mucho más… Kirishima.
Y, para suerte de ambos, no habría nadie que pudiera interrumpirlos. Al menos, no hasta pasada mínimo una semana.
[...]
Una semana después...
—Y-Ya estamos en casa —saludó Midoriya, sintiéndose completamente destrozado y atravesando la puerta cerrada de la habitación de Kirishima.
Pero lo que vio le hizo abrir los ojos y retroceder lentamente, para alejarse y decidir no volver en, alomejor, otro par de semanas.
Lo habían olvidado. Se habían centrado tanto en Bakugou, que Midoriya y Todoroki olvidaron que Eijirou también estaría en celo y que, al ser su primera vez, sería mucho peor.
Pudo contemplar el cuarto completamente desordenado, la cama rota y a Kaminari debajo del pelirrojo, el cual no dejaba de penetrarle a gran velocidad mientras el rubio parecía estar durmiendo con una sonrisa.
—¿Quién me ha roto el espejo? —se pudo oír a Shouto al entrar al baño y encontrarse un gran desastre; cabe decir que no estaba de humor porque le dolía absolutamente todo el cuerpo debido a cierto lobo.
Todos sabían que sin un espejo, el vampiro no podría volver a invocar cosas.
—C-Creo que es mejor que no volvamos en unas cuantas semanas más… —informó Midoriya con nerviosismo, cortándole el paso a Katsuki, el cual le miró con el ceño fruncido ya que Izuku no le dejaba entrar a la habitación.
—¿HAH? Ni hablar —reclamó el amargado lobo, quitándose con facilidad al fantasma de en medio y abriendo la puerta.
Segundos después, optó por cerrarla y dar media vuelta.
—Nos quedaremos en su guarida —ordenó Bakugou, señalando con el pulgar al vampiro que parecía estar intentando unir los cristales del espejo roto—. Larguémonos.
Katsuki era consciente mejor que nadie que, interrumpir a un hombre lobo en celo, era la peor tortura que podías hacerle. Y lo sabía porque una vez le ocurrió, y casi mata al que intervino. Pero aquello eran recuerdos del pasado.
FIN
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Yup. Los hombres lobo no se pueden masturbar cuando están en celo porque las garras les crecen muchísimo JAJAJAJ (igual a las mujeres lobo). Es autodefensa del sistema para asegurar que follan entre ellos y no son pajeros (?)
Y los diablillos tienen una resistencia muuucho mayor que cualquier otra especie. En sí, todas las especies procedentes del infierno la tienen.
