Capítulo 25

Patan Jorgenson siempre creyó que una mujer sentía atracción por un hombre por sus músculos y su valentía. Aunque más por los músculos. Es por eso que, desde pequeño, siempre comía bastante y hacia mucho ejercicio. Además, su padre le alentaba con que sería un gran guerrero. Porque representaba un verdadero vikingo en todo aspecto.

Es por esto y por muchas otras cosas más que siempre pensó que podría tener a cualquier chica vikinga rendida a sus pies. Incluyendo a la hermosa y guerrera Astrid Hofferson. Quien era considerada como la mejor chica vikinga de su generación. De además ser bien sexy. No habría duda que ella era perfecta para ser su esposa. ¡La futura señora Jorgenson!. Después de todo, no tenía competencia alguna para preocuparse y que la rubia dejara su orgullo y terminara fijándose en él. Es decir…

Patapez. Solo era un gordo que le gustaba extrañamente los libros. Bueno, también tiene la ventaja de tener un aporte de un vikingo normal. Ósea gordo y grande. Pero no parecía mostrar mucho interés por las chicas y mucho menos por las peleas. Cosa que era malo, ya que las peleas, llevaban a la victoria y de eso. A la gloria y el respeto.

Sin duda alguna el gordo rubio se descartaba solito como posibilidad para quitarle a su rubia.

También estaba Brutacio. Pero el muy tarado parecía más interesado en hacer bromas con su hermana, que llamar la atención a las chicas. Aunque estaba el hecho que sabía cómo utilizar un arma, porque peleo más de una vez con él y le demostró que era casi un buen guerrero. Sin embargo, no parecía querer sacar provecho de eso.

Así que era otro que también estaba descartado.

Y por último, estaba su primo, Hipo. Heredero del trono de Berk y tal vez quizás la mejor opción para que una chica se casase con él, ya que pertenecía a una de las familias más adineradas de la isla. Sin embargo, con solo la idea de pensar en su primo como una competencia para quitarle a su rubia, solo se le venía una cosa a la cabeza. ¡JA!. Ni de chiste ese flacucho podría enamorar a Astrid. Es decir, por favor. Alguien que ni siquiera en su vida pudo pelear y mucho levantar un arma. ¿Ser una persona que podría presentar un peligro en su relación con Astrid?. ¡Ja!, quien dijese eso de seguro sería un demente.

Era más que obvio que Hipo Abadejo estaba descartado como competidor por el corazón de la bella y sexy rubia. Y eso es lo que siempre creyó Patan que no tenía nada de porque preocuparse… Bueno… eso… hasta… que…

Hasta que el muy desgraciado se le adelanto y arreglo un compromiso con su Astrid antes que él.

Eso sí que fue algo muy inesperado.

Y por más que le rogo a su padre para que hiciese un acuerdo con el padre de Astrid para que él se casase con la rubia y anulara el compromiso con el inútil ese. Fue en vano. Hipo era un heredero, y como tal, tenía más poder que cualquier joven en Berk. Incluso sobre él.

Es por esto, que Patan Jorgenson, no tenía más opción que dejar la idea de tener a Astrid como esposa.

Sin embargo, también había la posibilidad de que Astrid e Hipo terminaran divorciados. Después de todo, esto ya existe. Y no duda que Astrid tendría suficiente cerebro para separarse del castaño. ¡El pueblo la apoyaría!. Y esa nueva idea se mantuvo en su cerebro como si una esperanza fuese.

Pero, como si los dioses estuviesen en su contra… Al parecer, eso no pasaría…

No después de lo que vio en la mañana….

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Patan estaba sentado en una de las tantas mesas que había en el comedor, desayunando. Estaba solo. Brutacio quedo lesionado por el entrenamiento de ayer y tuvo que estar en cama hasta nuevo aviso. Patapez, tal vez se esté obsesionado con un libro. Y Brutilda, bueno, la verdad, no sé dónde estaba.

Sin embargo, eso no le importaba en absoluto al enano negro, más que disfrutar de su abundante comida que se sirvió. Una gran recompensa después de haber hecho bastante ejercicio. No obstante, pasado algunos minutos, no pudo disfrutar muy bien de su comida que digamos. Ya que, no muy lejos de donde estaba sentado, estaba pasando algo que nunca se había visto antes. O imaginado siquiera.

Delante de él, a unas cuantas mesas. Se podría ver a la joven pareja Haddock. Quienes comían y charlaban muy cariñosos, si se podría llamar así.

Patan tenía una cara de sorprendió ante ver esto. De además notar algo muy pero muy extraño. ¿Era su imaginación o es que Astrid, la más fuerte, la más bella y temeraria vikinga que ha existido en los últimos tiempos, se estaba riendo de algo que le digo su esposo?.

-¡Por todos los dioses, Astrid si se reía!.-Se gritaba mentalmente el pelinegro sin poder dejar de ver eso.

Tal vez suene algo sonso o ridículo, pero todo el mundo sabe que Astrid normalmente siempre andaba seria. Nunca se reía por nada. Y ahora, verla riéndose, no tan escandalosa pero si lo suficiente para notar una bella sonrisa en sus labios. Daba hasta algo de miedo.

Es decir, ni siquiera ella se rio cuando le decía una de sus típicas bromas de coqueteo o cuando, una vez Brutacio le cayó un balde de pintura encima, por parte de su querida hermana y este para vengarse, la correteo por todo Berk con la intención de mojarla también. A la vista de todos. Lo cual hizo que la gente se riera por varios días, pero al parecer. Eso no causo gracia en Astrid y lo único que pudo noto de ella es que fruncía el ceño.

Pero ahora, verla allí tan tranquila y alegre con solo estar acompañada del escuálido de Hipo. Era algo anormal. Sin importar si estaban casados o no. No se podría tragar esa idea.

Tanto fue la sorpresa para Patan que casi no se percata como Astrid e Hipo se levantan de sus asientos y caminaron hacia la salida.

La pareja Haddock había hablado tranquilo hasta que notaron, o más bien que Astrid noto, que muchas miradas curiosas estaban sobre ellos. E incomodos ante la situación, la pareja se retiró lo más rápido posible.

Patan los siguió con la mirada hasta que los perdió de vista. Una vez pasado esto, por primera vez en su vida el enano negro perdió el apetito. De además, sus esperanzan por tener a Astrid que se le fueron como si no hubiesen sido nada.

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Era otro día en el pueblo de Berk y en medio de la calle se veía a un gordito rubio caminando hacia la herrería para recoger su mazo que había dejado el día anterior.

Ayer en la Arena de entrenamiento, el mango de su mazo se rompió cuando intentó bloquear un disparo del Gronckle. Bocon le advirtió por milésima vez que debería practicar más en su técnica de combate, en vez de estar pasándose todo el tiempo leyendo el libro de dragones. De nada servía saber tanto de esas bestias sino podía emplear esos conocimientos para vencerlos.

Patapez estaba frustrado, oficialmente era el peor guerrero de su generación. ¡Incluso Hipo le había superado!, ¡Y de lejos!. No es que tenga algo en contra del castaño. Es solo que no le gustaría la idea que los demás se burlaran de él. Sin embargo, le daban tanto miedo enfrentar a esas lagartijas escupe fuego. Que no estaba seguro si tenía la madera suficiente para ser un buen guerrero. ¡Aun con todas las ventajas que tiene!.

En fin, Patapez iba tan concentrado en sus pensamientos que no vio lo rápido que llego al lugar. Solo salió de su transe cuando vio algo muy inusual al frente de la herrería. Algo que nunca se había visto antes.

Delante de la puerta principal se veía una larga fila de jovencitas haciendo cola para ingresar al lugar. Cada una de ellas, llevaba consigo un arma o una herramienta de concina para afilarla. A Patapez le pareció muy extraño esto, usualmente nunca se veía a tantas vikingas en un mismo lugar. Sin embargo, no le tomo mucha importancia e hizo su cola como todas las demás.

Pasaron los minutos y el gordito rubio estaba muy pero muy aburrido. Lo único que lo distrajo fue al notar algo raro que sucedía cuando una chica entraba a la herrería y salía corriendo con una cara aterrada. Era como si hubiese entrada a una casa de terror, ¿Qué estará pasando?. No obstante, Patapez solo se limitó a esperar su turno para averiguarlo.

Cuando finalmente entro al lugar, vio con sorpresa dos cosas. Una, que era Hipo quien estaba atendiendo en la herrería y la otra, que extrañamente la esposa del castaño, Astrid Haddock, estaba a su lado sentada en una silla, en una pose amenazadora y con el hacha en la mano.

-Este… Me podrías afilar este cuchillo por favor.-Pidió amablemente una rubia delgada y de ojos claros que había llegado antes que él.

-Por supuesto.-Respondió amablemente Hipo mientras tomaba el cuchillo y lo llevaba a la afiladora.

Y a pesar que la clienta intentaba mantener la mirada en el castaño. No podría ignorar el hecho, que cierta rubia de ojos azules le miraba, mostrando claramente que le tenía ganas de hacerle daño. Mucho pero mucho daño. Y tampoco fue la única, Patapez también noto esto. Lo cual le pareció raro pero sobre todo aterrador.

Es decir, ¿Desde cuándo Astrid le molestaba que viniera mujeres a la herrería?, y sobretodo, ¡¿Desde cuándo ella estaba en la herrería?!. Esas preguntas rodaban en la cabeza del rubio hasta que la voz del castaño lo saco de sus pensamientos.

-Aquí tienes… Un cuchillo recién afilado.-Dijo el joven castaño a su clienta mientras le entregaba con cuidado el cuchillo en sus manos.

-Gracias.-Dijo esta mientras envolvía el cuchillo en pedazo de tela.- Eres tan servicial como siempre.-Le dijo un cumplido amable mientras le vuelve a mirar a los ojos.

-Hago lo mejor que puedo.-Comento Hipo como si no hubiese hecho gran cosa.

Y a pesar que la comunicación entre ellos era solo "mera amabilidad", alguien que no estaba acostumbrado a estos tipos de cosas, de además confundirlo como un déjà vu. No lo tomo tan bien que digamos.

Sin perder tiempo, Astrid se levantó de su asiento. Y aunque ella normalmente actuaria de una forma amenazadora e agresiva. Esta vez, no decidió actuar del mismo modo. Sin que nadie lo esperaba, la bella rubia camino hacia el castaño y acto seguido lo abrazo por detrás.

-Hipo… Ya se hace tarde, hay que ir a almorzar… AHORA.-Dijo Astrid en un tono cariñoso, hasta que hiso presión en sus abrazos cuando enfatizo la palabra "ahora".

-Se…seguro Astrid.- Contesto Hipo tartamudeando, no solo por el repentino abrazo "fuerte" de parte de su esposa. Sino también por la cercanía en que estaban.

Le resulta ser más difícil acostumbrarse de lo que pensaba.

-¿Y tú?... ¿qué esperas para irte?.- Dijo Astrid con una mirada seria a la cliente de su marido que lo miraba curiosamente.

La rubia de ojos claros se asustó ante ese comentario y sin esperar más se retira de la herrería, intentado no verse tan alterada.

-Astrid… Patapez está aquí… tengo que atenderlo.-Dijo Hipo a su "linda" esposa que no dejaba de abrazarlo para mostrar su dominio en él.

No es que no aprecie el "cariño" de Astrid, pero tampoco es que estuviese acostumbrado a trabajar con alguien abrazándolo por la espalda a cada rato. Por otro lado, a pesar de su cercanía, Astrid no lo escucho. Simplemente espero a que la otra rubia se fuese, para soltarlo y volver a sentarse en su silla y afilar su hacha con una roca.

Al fin libre, Hipo se acomodó un poco el polo antes de hablar con su último cliente del día.

-Y dime Patapez… ¿Qué necesitas?.- Le pregunto al gordito rubio que estaba al frente suyo.

Patapez que había estado al margen, se asustó un poco cuando se dio cuenta que el castaño le estaba hablando.

-A... Sí... Si… Necesito mi mazo que deje ayer para arreglar… ¿Ya está lista?.-Pregunto Patapez intentando no sonar tan nervioso.

-Sí, esta atrás…. Ahorita te lo traigo.-Dijo Hipo mientras se daba la vuelta y caminaba hacia otro lado de la habitación.

Cuando el castaño se fue, dejando a Patapez solo con Astrid, formándose una tención en el ambiente. Bueno más por parte del gordito rubio. Nunca antes Patapez había estado solo con la esposa del futuro jefe de Berk. Y mucho menos cuando antes era una mujer soltera.

No es que sienta cierta atracción a la rubia como muchos otros. Todo lo contrario, le tenía temor. Mucho pero mucho temor. Aun así no lo juzguen, siempre creyó que Astrid era una mujer bonita pero tantas veces que la vio golpear a cualquier chico que intentase cortejarle. Que le daba más miedo que atracción.

Patapez estaba tan concentrado en sus pensamientos de su "comunicación" con la futura jefa de Berk. Que no se había dado cuenta que se había quedado viendo a Astrid, quien aún estaba afilando su hacha.

No fue hasta que la rubia alzo su mirada, al sentir que alguien la observaba.

-¿Qué me estas mirando?.-Pregunto Astrid en un tono serio y firme.

Aunque fue otro tipo de tono, el rubio lo entendió de forma amenazadora.

-¡No nada!, ¡Nada!... ¡Lo siento, si te moleste!.-Grito y se disculpó Patapez exageradamente mientras negaba con las manos y daba pasos atrás. Y miraba hacia otro lado

Astrid se le quedo mirando con una mirada retadora. Hasta que perdió el interés y decidió volver enfocarse a afilar su hacha.

-Aquí está tu mazo Patapez.-Dijo Hipo volviendo a la sala. Después de lo que pareció una eternidad para el gordito rubio.

-Gra… gracias.- Dijo Patapez tan rápido que apenas tuvo el mazo en sus manos. Se retiró apresuradamente.

Hipo se quedó allí parado, un poco sorprendido por la forma como actuó su compañero de entrenamiento. Pero no tanto porque ya había visto esta reacción en sus otros clientes.

-Sabes… No era necesario que seas tan amenazante con todo el mundo.- Comento Hipo mientras se daba la vuelta para mirar la "razón" por la cual la herrería parece haberse convertido en la casa del terror.

-Bueno, no estaría así… Si la mayoría de tus clientes no fuesen mujeres.- Le contesto Astrid resaltando su molestia en su última palabra.

-Y yo ya te dije que es algo común que los cuchillos se gastan rápido…. Es por eso que la mayoría de mis clientes son mujeres.- Le recordó Hipo ya que de esto han estado hablando desde la mañana, cuando vieron la gran fila de mujeres que esperaban afuera de la herrería.

-Y que yo sepa… Son las madres que normalmente venían a la herrería a afilar sus cuchillos… Pero ahora, extrañamente son solo puras "jovencitas" que vienen.- Comento su esposa en tono tan molesto que no se dio cuenta que también estaba actuando celosa.

Hipo se quedó mudo ante esta información. Valla que Astrid si lo había estado observando. De lejos pero lo observaba. Eso era algo bueno, ¿No?, o esto es ser acosadora. Como sea, una parte de él se alegraba pero igual no debería ilusionarse. Por otro lado…

Astrid también estaba callada. Pero no por las mismas razones que su esposo. Sino por el hecho que no toleraba ver al castaño rodeado de puras jovencitas. Tal vez perdió todo un día de entrenamiento pero valió la pena para descubrir que todavía había mujeres que acosaban a su marido. Al parecer su mensaje no fue tan claro como pensaba. Tenía que hacer algo al respecto.

Sin embargo, todos sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escucho una "risa" delante de ella.

Astrid confundida, levanta la mirada para ver como Hipo se reía libremente. Sin vergüenza alguno.

-¿De qué te ríes?.- Le pregunto la rubia sin entender la actitud de su esposo.

-Jajaja… Es que… Jajaja… Nunca pensé… Jajaja…nunca pensé verte celosa... Jajaja.- Dijo Hipo entre risas.

-¡Yo no estoy celosa!.-Le grito Astrid molesta por ese comentario. Sin embargo, se podría ver un poco de sonrojo en sus mejillas que contradecían sus palabras- Simplemente no me gusta que haiga chicas que no respetan los compromisos… aunque sean arreglados.-Se excusó la rubia intentando no darle la razón a su marido.

-Si claro…. Jajaja.-Dijo el castaño sarcásticamente y con una gran sonrisa en sus labios.

-Te voy a golpear.- Amenazo Astrid con el puño alzado y una mirada asesina.

Ante esa amenaza y sobretodo, la mirada "dulce" de su esposa. Hipo se cayó de golpe y da unos cuantos pasos atrás, mostrando su rendición.

-Así me gusta… Ahora límpiate, que vamos a ir al comedor a almorzar.- Dijo su bella esposa con un tono serio y autoritario.-Tengo mucha hambre… así que no me hagas esperar mucho.- Le advirtió ella con el puño alzado.

Sumiso y tímido. Hipo retrocedió dramáticamente, para irse corriendo a su cuarto y limpiarse lo más rápido posible. Como su "querida" esposa mandaba.

Mientras Astrid, que había estado en su típica postura seria suya. Un poco inclinada y sus manos en las caderas. Se mantuvo así hasta que su marido entro al cuarto. Una vez pasado esto. Se relajó un poco y boto una pequeña risa de sus labios.

-Hay Hipo… me encanta tener el control sobre ti.- Se dijo Astrid con una hermosa sonrisa maliciosa en sus labios.

Por Odín que cruel era a veces esa rubia.

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-¿Con que soy torpe, eh?... Voy a demostrarle a la tonta de mi hermana, lo buen mata dragones que soy.-Se dijo Brutacio con una mirada seria. Bueno, la más seria que puede hacer con su cara. No lo culpen, nació con cara de tonto.

Esta mañana, el gemelo rubio quedo prácticamente humillado en los entrenamientos contra dragones, cuando el Gronckle le mordió el trasero, arrancándole una parte de tela. Por suerte, para todos, llevaba ropa interior, porque si no hubiese una imagen que nadie hubiese podido olvidar. Una muy terrible imagen.

Como sea, después de que Hipo, otra vez, venció al dragón con solo pegarle con su puño. Brutilda se burló de su hermano prácticamente por todo el camino hasta que llegaron a su casa. Pero arto de las burlas de su hermana y con pantalón nuevo. Brutacio grito que ahorita mismo iría al bosque y cazaría al dragón más grande que hubiese existido. Y sin esperar respuesta de su hermana. El gemelo rubio agarra su lanza y camina hacia el bosque.

Y desde esa ahora hasta ahorita. Brutacio había estado caminando por horas por el bosque esperando encontrar el dragón más grande que alguna vez haya existido. Pero, como si los dioses estuviesen en su contra. Ningún miserable dragón apareció.

-Tal vez los dragones supieron que vendría… Y por eso huyeron.- Se dijo el rubio intentado deducir una "razón" por la cual no encuentra a esas bestias.- Pero si ellos lo saben… Eso quiere decir… ¡Que hay un traidor en la aldea!.-Grito Brutacio muy sorprendido por su supuesta "deducción".

¿Quién podría ser?, se preguntó desesperadamente. Esto era algo muy grave y serio. Con un traidor en la aldea, todo el mundo corría peligro.

¿Quién?.

-Patan.-fue lo primero que se le vino a la cabeza el rubio.

El pelinegro podría ser una gran alternativa, con su cuerpo de forma de barril con músculos y su muy mal carácter. Podría haber sido un gran espía para los dragones. Sin embargo no creía que fuese tan inteligente para hacer. Él lo hubiese sospechado hace tiempo.

Pero, si un espía tiene que ser muy listo. Solo había una persona lo suficientemente lista para estar en primer lugar.

-Patapez.-Dijo Brutacio otra supuesta suposición.

El gordito rubio podría ser otro gran sospechoso, él siempre hablaba de su admiración por los dragones. ¿y si su admiración fuese tan grande que decidió cambiarse de bando?. ¡Eso lo explicaría todo!. Sin embargo, si recordara bien como actuaba Patapez en los entrenamientos contra dragones. Eso deja mucho de qué hablar.

Otro que también estaba descartado.

Sin saber quién más podría ser y después de haber descartado la posibilidad que fuese Hipo o Astrid. Porque ambos eran mejores en derivar a esas bestias. Bueno aún más el castaño. Brutacio intento deducir la posibilidad de quien podría ser el espía. Y después de una exhaustiva y larga deducción. Según él. Llego a una conclusión…

-Brutilda.-Dijo el gemelo rubio casi sin aliento.

¿Cómo no pudo haberse dado cuenta?, Tantos años que lo habla engañado, tanto al él como a la familia. Y al fin se a dando cuenta de su mentira. ¡Brutilda trabaja para los dragones!, Por eso esas bestias no aparecen, ¡Ella les ha avisado de su llegada!. Después de todo, ella era la única que sabía que iba al bosque a cazar dragones.

Brutacio caminaba tan pensativo, algo raro en él. Que no se dio cuenta de dos cosas. Una, que ya se volvió prácticamente loco. Y dos, que ya no estaba solo en el bosque. Sin darse cuenta, algo se movía por los arbustos de la derecha.

Algo que el gemelo rubio no noto hasta que…

-¿Pero qué…?.- Dijo Brutacio cuando finalmente se dio cuenta escucho un extraño rugido…. Tal vez sea un tarado pero era lo suficiente mente listo para deducir que era un dragón.

No obstante, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando vio un movimiento de hojas a su derecha. Con cuidado y sobretodo precavido. El rubio empúñalo bien fuerte su lanza mientras se acerca sigilosamente al arbusto. De pronto se escuchó otro ruido, que hizo que esta vez esté más alerta. Y aunque no sabía que podría ser. Su supermegaintuición le dijo que era algo obvio… Era un dragón.

-Bien… Llego mi momento de gloria.-Se dijo el gemelo rubio listo para el ataque.

Y sin esperar más, se posiciono en un pose de ataque e impulsándose con las piernas. Salto hacia el arbusto con mucha fuerza. Y sobre todo…

-¡AAArrrrrrrrrrrrrrrrrrr!

Con un potente grito de batalla.

Sin embargo, lo único que obtuvo "el tonto de Brutacio". Fue un fuerte golpe de cara contra el duro suelo a la vista de dos personas menos esperadas en encontrar en el bosque.

-Au… Me duele tanto… que ni siquiera puedo gritar de dolor.- Pensó el gemelo rubio ante el horrible dolor que siente en todo el cuerpo. Sobre todo en la nariz.

-¿Estas bien?.-Pregunto una voz masculina que escucho Brutacio a su costado.

Aun adolorido, el gemelo rubio logra girar su cuerpo para ver quien le estaba hablando. Lo primero que vio fue un castaño de ojos verdes que estaba arrodillado a su lado y lo miraba preocupado. Pero girando un poco a la izquierda también logro ver a una rubia muy hermosa y de ojos azules que a diferencia del castaño, lo miraba seria y con los brazos cruzados.

-¿Puedes levantarte?.-Pregunto nuevamente el castaño con el mismo tono de voz.

-Si… eso… creo.-Contesto Brutacio mientras se levanta con la ayuda de Hipo.-¿Qué paso?.-Pregunto el rubio confundido mientras miraba a sus dos acompañantes.

-Eso dínoslo tú… Saltaste de la nada y caíste de golpe al suelo.-Dijo Astrid en un tono serio.

-¿Enserio?...-Dijo Confundido Brutacio mientras se pone en un pase pensativa.- ¡A ya recuerdo!... Estaba casando un dragón.- Y apenas menciono al animal este, el gemelo rubio busco su lanza que aún estaba en el suelo. Lo agarro y busco desesperado a la bestia.- ¿No lo vieron?.-Pregunto a la pareja casada.

Sin embargo tanto Hipo como Astrid solo pusieron una cara de sorprendidos y confundidos ante esa informó. Era increíble que Brutacio no lo sepa.

-Brutacio… aún falta un par de meses para la siguiente incursión.-Le informó Astrid.

-Y por eso no vas a encontrar ningún dragón ahorita… Los dragones solo se quedan en el bosque si están heridos o si siguen buscando comida.-Completo la información Hipo.

-¡No!... Eso no es cierto, si hay dragones acá… Yo escuche uno.-Comento alterado Brutacio.

-¿Enserio y como puedes estar tan seguro?.-Pregunto Astrid con un tono serio. O más bien burlón.

-Escuche el rugido de un dragón…. Pero no un dragón cualquiera, creo que era uno especial.- Comento Brutacio en un tono dramático y sombrío. Como si descubrió algo nuevo.

Aunque la rubia solo lo miraba con una cara de aburrimiento porque ya conocía bien las tonterías tanto de él como las de su hermana gemela. Hipo, por otro lado, puso una cara de preocupado. Nervioso comenzó a ver la zona en las que estaba para confirmar su sospecha. Y si… estaban cerca de cala.

-Creo que solo lo imaginaste o… tal vez… lo confundiste con nosotros.-Dijo el castaño rápido y ansiosamente. Para que el rubio perdiera el interés de seguir buscando.

Y aunque Brutacio no noto que le estaba mintiendo. Astrid si lo noto. Mentalmente la rubia se preguntaba de porque su esposo se puso tan nervioso de repente.

-¿Ustedes rugieron?.-Pregunto el gemelo rubio con una cara de confundido.-¿Tú ruges?.-Pregunto Brutacio mirando a Hipo.

-Bueno… No es que quiera sonar raro…. Pero a veces… cuando estoy ansioso, rujo… para relajarme…. Arrrr… ¿vez?- Dijo el castaño nervioso, cuando imito el rugido de Chimuelo. Ni él sabía de qué estaba hablando.

Tal vez estaba diciendo puras tonterías. Y eso explicaba de porque su esposa la miraba fea con los brazos cruzados. Como si estuviera diciéndole "a mí no me engañas". De además que rascarse la nuca no ayudaba mucho. Pero prefería mil veces pasar vergüenza delante de su amor platónico que descubrieran a Chimuelo.

-Hipo.. tú no estabas…..-Estaba hablando Astrid para que este dejara de mentir. Pero…

-¿relajarte?... AAAAAAa… ya lo pillo.-Brutacio estaba confundido al principio, pero luego de analizarlo bien con su súper inteligencia. Pudo entender de lo que estaba hablando el castaño y de porque estaba nervioso.- Valla, no sabía que a ustedes les gustaba hacer esas "cosas" al aire libre… Bien hecho Hipo, se nota que sabes cómo hacer que una relación sea divertida.-Dijo el gemelo rubio con una sonrisa traviesa mientras se pone al lado de Hipo y le da un leve codazo amistoso.

-¿De que estas hablando Brutacio?.-Pregunto el castaño totalmente confundido.

-Vamos… no te hagas el tonto conmigo… Bien que ya quieres preñar a tu hembra… Te felicito-Dijo Brutacio aun con la sonrisa traviesa en su rostro.

No obstante, aunque el rubio veía esto como algo maravilloso y gracioso. Hipo y Astrid no compartieron su misma alegría. Con solo entender la indirecta que le dijo el gemelo, de además que lo hizo entender de una forma muy pervertida y salvaje. La joven pareja se sonrojaron tanto de vergüenza como timidez. ¡¿Cómo en el nombre de Thor a Brutacio se le pudo haber ocurrido eso?!.¡Y peor aún de esta manera!... ¡Y ellos que ni siquiera habían consumado el matrimonio!.

-¡Brutacio!... ¡Qué te pasa!… ¡No hables estupideces!.-Le reclamo Hipo alterado y sonrojado.

-Aunque debo admitir que pensé que esperarías hasta convertirte en jefe… Pero es bueno saber que ya piensas como todo un futuro líder.- Comento Brutacio ignorando lo que le dijo el castaño y mientras le daba una palma en la espalda, símbolo de felicitarle.

-¡¿Qué?!...argg.- Hipo estaba tan sorprendido como avergonzado que ya ni siquiera palabras le salía de la boca.

-Oye, ¿Quieres un consejo?... La próxima vez que estés a solas con tu hembra.-Dijo Brutacio mientras señalaba con los ojos a la rubia que estaba al otro lado, que hasta ahora se encontraba callada y en shock.- Te recomiendo la posición de perrito.-Le susurro en el oído.

-¿Pe… Perrito?.- El pobre Castaño prácticamente se quedó sin aliento ante esa información innecesaria… Muy pero muy innecesaria.

-Si de Perrito, me lo recomendó mi primo Brutosco… él tiene mucha experiencia, ¿sabes?... Es todo un campeón con las chicas, me gustaría ser como él… Pero volviendo al tema, la posición de Perrito es el mejor método para embarazar a una hembra.- Dijo el gemelo rubio como si fuese todo un experto.

-Brutacio.-Hablo Hipo esta vez con un toque de amargura, Intento hacer que se callara pero parece que este no le escuchaba.

-Créeme, lo vas a disfrutar… Y si no sabes, te lo explico.-Dice Brutacio mientras se alejaba un poco. Pero Hipo no quería no ver, sin embargo prefería eso que ver como se encontraba su esposa.- Mira… lo primero es que le vas a pedir a tu hembra ponerse en cuatro patas, ya sabes con las piernas y brazos. PERO… con lo que más nos gusta, ya sabes a qué me refiero. Bien alzado y para tu disposición…..-Dijo Brutacio con una sonrisa traviesa y describiendo sus palabras con las manos.

Sin embargo, Hipo no lo tomo muy bien que digamos. Estaba tan sorprendido como sonrojado que se quedó prácticamente sin aire. Y peor aun cuando su cerebro analizo las palabras que le dijo el gemelo rubio, valla que de verdad ya no sabe que decir. Nunca había visto nada "intimo" de Astrid, más que sus hombros desnudos. Y eso si es considerado como invadir privacidad de alguien. Pero ahora que alguien le diga que cuando la vuelva a ver desnuda, pedirle que se ponga en una posición tan… No tiene ni palabras para describirlo… Y peor aun cuando insinuó sobre su… Ya no quiere ni pensarlo. Aunque su lado salvaje le diga lo contrario.

-…Pero tampoco tienes que ser tan brusco.-Continuo hablando el gemelo rubio sin percatarse el estado del castaño.- Primero acarícialo… disfruta un poco y si quieres dale un par de palmadas… Y cuando notes que ya está lista, la tomas con las dos manos y diriges…. Ya sabes tú "hombría"… Entre sus piernas. La agarras fuerte y sorpresivamente la… .-Estaba hablando Brutacio sin vergüenza alguna o sin importar lo que le hacía al castaño con sus palabras, hasta que….

¡BUMMMM!.

Un fuerte golpe en la cara, mando al pobre de Brutacio al duro suelo. Dejándolo no solo con la nariz sangrada, sino también noqueado. Sino fuese porque aun respiraba, cualquier creería que estaba muerto.

¿Y quién le proporciono a este golpe?.

Nada más y nada menos que Astrid Haddock, quien había estado al margen de la conversación de su esposo con este tarado. Sin embargo cuando escucho sobre la posición de "perrito". Al principio quedo sorprendida y sobretodo sonrojada. Pero conforme seguía la conversación y de notar como reaccionaba su esposo ante cada palabra. Y por último, cuando Brutacio la llamo "hembra". Se llenó de tanta ira que sin pensarlo dos veces camino hasta donde estaba el tarado este y con toda la fuerza que ha heredado de su larga familia de guerreros. Dio un fuerte golpe certero en la cara. Dejándolo prácticamente casi muerto.

Tal vez se pasó un poco. Sin embargo, ¡A ella nadie la llama hembra!. Ella no era ningún animal, era un ser humano. Una persona pensante y seria. No porque sea una mujer se le pudiera considerar tan bajo nivel.

-Y la próxima vez… No seré tan piadosa.-Dijo la bella rubia con el puño alto y con ira en sus ojos.

Hipo, quien fue testigo de todo esto. Se llenó de miedo, no solo porque vio cómo su esposa casi mata a alguien con solo un golpe, sino también por la mirada de terror que tenía ella.

Por otro lado. Astrid, sin arrepentimiento alguno y satisfecha de callar al tarado este. Dio media vuelta para retomar su camino hacia la aldea, no sin antes agarrar a su esposo de la muñeca.

-Este… No lo vamos a…-Intento hablar Hipo con cuidado mientras se refría discretamente ayudar al rubio adolorido del suelo.

-NO.-Dijo fuerte y firme Astrid, sin una pisca de piedad.

-Pero….-Estaba a punto de replicarle el castaño hasta que….-Hayyy…..-Se quejó Hipo al sentir un fuerte apretón en su muñeca.

-TE HE DICHO QUE NO.-Hablo su bella esposa en un tono más serio y amenazador.

-Está bien, está bien… Lo que tú digas, no tienes que ser tan agresiva.- Contesto rápidamente el castaño para ya no sentir más dolor en su muñeca. Valla que tenía fuerza su esposa. Pobre de él si la hace enojar de verdad algún día.

Y sin decir nada más, la joven pareja retoma su camino hacia la aldea. Dejando por el camino a pobre gemelo vikingo. Quien comenzó a despertar un poco y dijo…

-Si tenían tantas ganas de estar a solas… No era necesario llegar a los extremos.-Murmuro el pobre rubio mientras intenta levantarse.

Pero lamentablemente, le dolía tan fuerte la cabeza y aun peor la nariz que apenas pudo levantar un poco la cabeza antes de emitir un fuerte gemido de dolor.

Pobre de él sinceramente.

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Al otro día en la mañana, en alguna parte del Bosque. Se visualizaba a una joven rubia de tres coletas lanzando su lanza hacia un blanco que no estaba a más de cinco metros de ella colgado de un árbol. Y a su alrededor se podría ver unas veinte lanzas más clavadas, indicando que la chica ya estaba allí un buen rato practicando. O desfogándose de su rabia.

-¿Quién necesita de Astrid?... ¡Puedo divertirme perfectamente sin ella!.- Grito y alardeo Brutilda mientras lanzaba otra lanza. Que también tomo el mismo destino de sus hermanas.

La joven vikinga dio otro grito de rabia y frustración mientras agarra una lanza y lo arroja nuevamente pero con más ira.

-No puedo creer que Astrid me haya hecho esto…. Se supone que ya teníamos un acuerdo, ¿Por qué cambio de idea?.-Se cuestionaba y preguntaba Brutilda sin saber bien que paso.

Todo mientras tiraba otra lanza que también fallo.

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Flash Back

El sol se estaba poniendo encima de Berk. Y aunque sus habitantes salían de sus casas para iniciar un día costumbre de trabajo. Dos jovencitas vikingas iban cambiando apresuradamente hacia el bosque para una "charla" de amigas.

-¿No crees que ya hemos caminado lo suficiente para hablar?.- Comento y pregunto Brutilda cansado por tener que caminar tanto. Y lo peor de madrugada. Al menos un desayuno debió de haber tomado, ¿no?.

-¡Que exageradas eres Brutilda!... Apenas vamos unos kilómetros y ya estas cansada. ¡Yo todo los días corro 10 kilómetros para estar en forma!.-Le contesto Astrid con un toque presumido ante su buena forma.

-Dime eso cuando quedes embarazada.-Dijo despacito Brutilda para ella sola.

Sin embargo el súper-oído de su amiga logro escucharla.

-¡Que dijiste!.-Grito su amiga muy enojada por esa ofensa mientras ponía una cara asesina.

-¡Nada!.-Se apresuró a decir la rubia de tres coletas, antes que su amiga perdiera los estribos.- ¡Sé que tú nunca estarás embarazada!… Después de todo, no consumieron el matrimonio… ¿Verdad?.- Agrego la rubia con una sonrisa nerviosa y las manos alzadas.

Astrid había alzado su puño para darle un buen golpe a Brutilda. Pero ante ese comentario y también conociendo lo boba que es su amiga. Se relajó y bajo la mano.

-Además… Dudo que Hipo tenga el tamaño suficientemente necesario para embarazar a una mujer… Jijijiji… Si sabes a lo que me refiero-Comento Brutilda con una sonrisa burlona y guiñándole el ojo. Para así calmar un poco el ambiente.

Sin embargo, lo único que logro fue que su amiga le diera una mirada asesina con una clara intensión de hacerle daño. Cosa que hizo que se callara la pobre rubia de golpe.

-Mira… No te traje hasta aquí para hablar de un posible embarazo mío… O de alguna parte íntima de Hipo, en primer lugar.-Hablo Astrid en un tono serio para que su amiga deje de decir babosadas.

-Lo se… Venimos a hablar de cómo espiabas a tu marido.-Comento Brutilda incrédula, como si fuese algo normal.

-Si.. No… Es decir si… No, mejor dicho… ¡Arrr!... ¡Ya vez como me confundes!.-Dijo la bella rubia muy fastidiada.

-Oye… Tranquila… no tienes que explicarme nada… Es normal que quieras cuidar lo que te pertenece.- Comento su amiga sin siquiera pensar bien en sus palabras.

-¿Qué?... ¡Yo no estoy cuidando nada!.-Explico Astrid con un claro tono de rabia. No le gusta que le digan que es una chica enamorada.- Simplemente… Estoy… estoy… estoy comprobando si me fue infiel… ¡Eso!... Quiero saber si estuvo con otra chica.-Dijo la rubia un claro tono de seguridad. Aunque en el fondo estuviese mintiendo.

-¿Comprobar si él te fue infiel?... ¿Por qué?... ¿Acaso estas celosa?.-Pregunto la rubia de tres coletas sin entender bien a su amiga.

-¡Yo nunca estaría celosa de un tipo como él!... ¡Simplemente quiero saber si Hipo me fue infiel para que de una vez le pida el maldito divorcio!.- Grito ya muy histeria Astrid tanto que se le fue todo el aire.

Ahora por fin entiende las cosas su amiga. Una de porque Astrid estaba espiando a través de la ventana y otra, de porque se fueron tan lejos de la aldea. Porque con ese grito, hasta los fantasmas se asustarían.

-Okey… Ahora si entiendo… No es necesario que grites.-Comento Brutilda mientras que se acariciaba un poco el oído.

-Es que tú me alteras muy fácil.-Explico la bella rubia un poco más calmada pero aun irritada.

-Si como digas.-Comento Brutilda sin importarle mucho lo que dice su amiga.- Además si alguien debe sentirse ofendida, esa seria yo. Se supone que seré su próxima esposa. Pobre de él si se atreve a engañarme.-Dijo en un tono muy sínico la rubia de tres coletas.

-Brutilda… Apenas vas ilusionada con él un par de días. Y ya actúas como si te perteneciera.-Comento Astrid ante la exageración de su amiga.

-Oye , no me juzgues. Cuando te interesa un chico, hay que ser rápido.-Dijo su amiga mientras daba la vuelta y camina por donde vino.- Además no creo ser la única en notar lo guapo que se volvió.-Comenta ya alejándose.

Sin embargo, cuando Brutilda pensaba en todas las chicas de la aldea y quienes podrían presentar una mayor amenaza en su futuro con el castaño. Nunca se hubiese imaginado que el peor peligro fuese cierta bella rubia que se quedó un poco intrigada por lo que le dijo.

Fin del Flash Back

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Ahora allí estaba Brutilda. Parada en medio de su entrenamiento mientras liberaba todo enojo y frustración con las lanzas. Hasta ahora no podía creer su situación. Es decir, Astrid era su única y mejor amiga en toda la aldea. Con ni otra chica se había sentido tan sociable.

Pero ahora saber que esa amiga de tantos años la había quitado a su hombre de toda la vida, mejor dicho al primer hombre que llamo su atención. No obstante, traición es traición. Y eso… ¡No se puede tolerar!.

-¿Qué te está pasando con Astrid?.- Pensó Brutilda mientras habiente una lanza con tanta fuerza que se clavó muy profundo en el árbol.

Es decir. Hace algunos días Hipo era el mayor odio de su amiga para que ahora se convierta en su ¿Propiedad?. ¡Eso es una locura!. Pero ante los últimos acontecimientos de los días. Ya no sabe muy bien en que pensar.

Tal vez Astrid estaba en sus "días" de mujer y por eso está actuando raro. O quizás Hipo resulta ser un mago y uso un poderoso hechizo para que no solo se volviere un hombre muy atractivo, sino también para enamorar a Astrid. Aunque… Si lo piensa bien, este último llevaba al máximo su locura, así que no.

-Supongo que Astrid estará en sus días de mujer.-Se dijo Brutilda ya cansada de practicar y pensar tanto.

Acto seguido la joven vikinga recoge todas sus cosas y se macha por donde vino. Todo bajo una intensa lluvia de hipótesis que parece no tener fin en su cabeza.

-Lo más gracioso es que por un minuto se ocurrió pensar que Astrid de verdad se había enamorado de Hipo.-Dijo la rubia de tres coletas con una sonrisa burlona.

Todo sin saber que esas palabras… Podrían ser verdad.

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Era de noche tranquila en la isla de Berk. Y a pesar que la mayoría de gente se encontraba comiendo en el gran salón o cómodamente en sus casas con su familia. Otras preferían caminar tranquilo por el bosque. Esto no sería nada raro, sino fuese por el hecho de estar caminando al lado del más temible y aterrador de todos los dragones. Un Furia Nocturna.

-Mantente en silencio Chimuelo… Que estamos muy cerca de la aldea.-Le dijo Hipo a su fiel amigo. Quien a pesar de ser un dragón muy sigiloso, su grandes patas hacían mucho ruido al pisar las ramas del suelo.

-¡Arrrr!... (Lo que tú digas)…-Ronroneo despacio Chimuelo para no ser tan ruidoso.

Normalmente ambos amigos irían a volar como es de costumbre, o como era mejor para el dragón. Ya que estos últimos días Hipo no pudo quedarse mucho tiempo como antes para sus vuelos ya que le dijo que tenía pasar más tiempo con su hembra. Y es así como el amor destruye amistades. Al menos su amigo humano se dignó en llevarle su canasta de pescado diario. Aunque, ¿Quién sabe por cuánto tiempo será?. Ya que, como dice el dicho, cuando el amor viene, la amistades salen.

Sin embargo, Hoy fue un día diferente. Hoy día Hipo vino a la cala, no solo con la habitual canasta llena de pescado, SIN ANGUILA. Sino también por el hecho que le dijo que irían a un pequeño paseo a un lugar muy apreciado para el castaño, como recompensa por su falta de tiempo que le pudo dar los días anteriores.

Todo parecía perfecto para el dragón, salir de la cala era lo que más le gustaba. No obstante, nunca pensó que este "pequeño" paseo seria caminando… no volando.

-¡Arrrr!... (¡Estoy cansado!).- Gruño Chimuelo ya arto de estar caminando por todo el bosque y sobre todo porque ya le dolía mucho las patas por todas las ramas y rocas que ha pisado.

-Tranquilo amigo, que ya llegamos…. No te alteres.- Le hablo Hipo con calma mientras trataba de guiarse lo mejor que pudo con la poca luz que le proporcionaba la luna.

Pero el Furia Nocturna solo emitió otro gruñido de queja por este paseo.

-Ya.. ya amigo.-Dijo otras vez Hipo para que no haga más ruido. Lo único malo del lugar a donde quiere llevarlo, es que está cerca de la aldea.

Sin embargo, tiene que llevarlo. Era su lugar favorito de para descansar después de un día muy pesado. Pero ahora que conoce la cala, en donde encontró Chimuelo. Se convirtió en su segundo lugar favorito. No obstante, también era un buen lugar para descansar. Sobre todo si se trata de una forma de disculparse por la falta de consideración que tuvo con su amigo estos últimos días.

Gracias a Thor que Astrid le pudo dar un tiempo libre. O sino, quien sabe que huévese pasado.

En fin, después de unos pasos más y de gruñidos de parte de su amigo escamoso. Por fin llego a donde tenía planeado.

-Mira Chimuelo… Llegamos.- Dijo Hipo mientras agarra un arbusto que estaba al frente, lo levanta con las manos y se hace a un lado para que su amigo entre primero.

Detrás del arbusto, salió una potente luz de la luna. Y con cuidado y sobretodo curioso, Chimuelo camino a pasos lentos hacia esa luz. Y una vez atravesado. Vio lo más maravilloso que un dragón pudo haber visto en una patética isla.

Al frente de él, se podría ver un hermoso valle con el pasto más verde que haya visto nunca. Flores de diferentes colores que se veían por doquier y por último, la hermosa luz de la luna que resaltaba cada parte de este pequeño valle.

Chimuelo quedo maravillado ante este lugar. Y sin pensarlo más, corre como loco a ese valle. Para luego salta y revolcarse un poco en el pasto. Como si un perro gigante fuese.

Hipo no pudo evitar sonreír al ver todo el espectáculo que hacia su amigo escamoso. Sin duda, fue una buena idea de al verlo traído a su lugar favorito… cuando quería estar solo.

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Mientras tanto en otro lado de la aldea. Astrid se encontraba en su casa, o mejor dicho, en la casa de sus padres cenando tranquilamente. Y a pesar de estar rodeado de sus seres más queridos. No se veía tan feliz que digamos.

-¿Qué pasa Hija?... ¿Acaso no te gusto la comida?.-Pregunto preocupado la madre de la rubia al notar su aspecto.

Astrid, quien estaba distraída jugando con un pedazo de papa con su tenedor. Se asustó un poco por el repentino llamado de su madre.

-¿Qué?... ¡No!... Todo está delicioso madre, como siempre.-Contesto rápidamente Astrid con una pequeña sonrisa.- Solo que mi mente estaba en otra parte.

-Seguro que estaba pensando en su noviecito.- Comento uno de los hermanos de la rubia en un tono burlón.

Astrid lo fulmino con la mirada. Pero parece no darle efecto como a sus otras víctimas. Era su hermano menor después de todo, no podría hacerle daño. Por más que ella lo deséese.

-Si… probablemente piense en los muchos besos que le va a dar cuando lo vea.-Comento también el otro hermano con un tono más burlón y mientras simulaba un beso con la boca.

Con solo escuchar la palabra "besos" y "Muchos". La pobre rubia se sonrojo enormemente tanto de vergüenza como timidez.

-¡Los voy a matar!.- Grito Astrid enojada mientras se levanta de un fuerte pisotón.

Sin embargo, antes de poder siquiera perseguirlos. Ambos hermanos salen corriendo hacia la puerta principal y sin pensarlo dos veces. Huyen.

-¡Ya verán cuando los atrape!.- Grito la bella rubia mientras da un fuerte puño en la mesa.

-Ya… Ya… Ya hija. Tranquila. Que no lo dijeron con mala intención.- Dijo su madre para tranquilizar el temperamento de su hija.

-Estos mocosos… Ya verán cuando los atrape.- Comento Astrid un poco más calmada. Pero aun molesta.

Y a pesar que el ambiente era algo tenso, una fuerte carcajada se escuchó en el comedor provocando miradas confusas tanto de la madre como la hija.

-Jajajaja… Esto es algo tan gracioso… Jajajaja.-Dijo y rio fuertemente el padre de la rubia con una mano en el pecho. Para tratar de tranquilizarse. Sin embargo, era tan gracioso.

-¿Qué te sucede cariño?.-Pregunto amablemente su esposa confusa y curiosa.

-es que… ¿Acaso no te das cuenta?... Jajaja.-Comento el vikingo rubio aun riendo fuertemente.

-¿De que no me doy cuenta?.-Pregunto aún más confundida la castaña de cabello claro.

-Es que… Jajaja… Es que… Astrid, no lleva ni un año de casada y ya se comporta como todo una madre… Jajaja… Y nunca pensé estar vivo para ver esto… Jajaja.- Termino de hablar el padre de la rubia para reír aún más fuerte.

Astrid se sonrojo fuertemente ante el "comentario" de su padre. Tanto que se quedó sin aliento. Rápidamente busco a su madre con la mirada para pedirle su apoyo. Pero…

-Jijiji… Tienes razón querido… Jijiji… No paso ni un año y nuestra pequeña ya actúa como todo una esposa… Jijiji.-Comento la madre también con gracia y alegría.

Sin embargo, la pobre rubia no vio gracia a nada de esto. No puede ser que su familia pensara así de ella. ¡Ella era muy joven!, Aunque claro que ya estaba casada. A ella le faltaba mucho para ser una buena esposa, aun peor si se trata de una madre. ¿Cómo se atreven hablarle de esa manera?. Era el colmo.

-Con ustedes no se puede.-Comento la bella rubia antes de levantarse y retirarse de la casa.

Una vez fuera de hogar y sobretodo de dejar atrás las "risas" de sus queridos padres. Astrid se puso en marcha hacia su casa. Sin embargo después de unos minutos, no quería aún llegar a su hogar.

Sin saber que más podría hacer, la rubia cambia sin rumbo y va hacia los perímetros de la aldea. Tal vez era de noche y normalmente esto sería algo peligroso. No obstante, había guardias por doquier, quienes a pesar que tenían la responsabilidad de cuidar la isla. También tenían un deber aún más más importante, cuidar a los miembros de la futura jefatura. Por eso, cada vez que la bella rubia pasaba al lado de un guardia, este le saludaba cordialmente.

A Astrid le agrada esto, ser respetada por su pueblo. Claro que ella esperaba que fuese por ser una buena guerrera y no porque era la mujer del futuro jefe. Sin embargo, respeto era respeto. Y ella agradecía por eso.

Pero… ¿Por canto tiempo seria así?.

Ella aun no tenía claro sus sentimientos por el castaño. Un lado le dice que era amistad, una sensación de volver a ser "los mejores amigos" como era antes. No obstante, otra lado le decía que más complicado de lo que esperaba.

Estos últimos días ella ha parado junto con Hipo. Y tuvo un gran descubrimiento. Le gustaba estar a su lado. A pesar que ambos tenían gustos diferentes, siempre había algún tema para hablar.

Por ejemplo, un día cuando estaban almorzando. Ella le había comentado que era un poco problemático los incendios en la isla por los ataques de dragones. No es que echar un cubo de agua en el fuego sea un problema para quejarse. Si no el hecho que uno no sabe dónde puede ser el incendio y llevar un cubo de agua hacia el fuego mientras que se reza que el contenido no se derrame por el camino. Ese si era un verdadero milagro para el equipo antiincendios.

Ella pensaba que no habría solución para eso, así como muchas otras cosas. Sin embargo, la respuesta que le dio su esposo fue muy inesperada.

Él le dijo que ya había notado ese problema hace mucho tiempo. Y que ideo una solución para ello. Y sin esperar más le mostro un apunte en su libreta donde mostraba un dibujo de un sistema de tuberías que irían por encima de todas las casas, donde no faltaría más que un pequeño tirón, de una cuerda o algo así para que callera un chorro de agua en cualquier parte de la casa. El castaño también le comento que flujo del agua seria constante así que nunca faltaría agua en los tubos. Hasta incluso ya había desarrollado los planos que sería para todo Berk.

Ella estaría mintiendo, si dijera que no había quedado asombrada ante ese sistema de antiincendios. Pues ¡Era increíble!. Con eso, se ahorrarían muchos problemas y tiempo en los ataques de esas asquerosas bestias.

Pero, cuando ella le pregunto de porque no le habría dicho a su padre, o sea al jefe, de este fabuloso sistema para acabar con los incendios. La respuesta de su esposo fue inesperada.

-Yo ya le había dicho de esto hace mucho tiempo… Pero él nunca me escucha… Y dudo mucho que el pueblo lo haga también.

Fue en ese momento que Astrid se dio cuenta de su papel tan importante que tiene como esposa de Hipo.

-Sin mí… Hipo volverá a hacer un don nadie.-Dijo la bella rubia mientras contemplaba la luna llena en el cielo.

Ahora Hipo era un poco respetado, si se podría decir así. Ya que hay algunos, como el anciano de Moho, que un hablaba mal del heredero de Berk y la desgracia que va a traer cuando suba al trono. Ella le gustaría callarlo de un golpe en la cara. Si no fuera porque se tiene que respetar a los ancianos.

Pero volviendo al tema. Ella quería que Hipo sea respetado y sobretodo valorado. Sin embargo, ¿A qué precio?.

Toda la vida su esposo siempre ha sido ignorado y despreciado. Por casi todo el mundo, ella incluida. Sin embargo, tras todos los acontecimientos que han pasado. Y sobre todo lo muy sorprendido que dejo en los entrenamientos contra dragones. Hipo ya era una persona muy considerada y sobretodo valorado. Aunque por desgracia esto lo vieron más las "mujercitas" de la isla.

-Arg…. Como odio a esas chicas…. Y sobre todo, como odio no ser claro con mis sentimientos.-Dijo Astrid un poco amargada de no salir de este lio.

Eso era cierto, ella nunca ha sido clara en sus sentimientos. Desde pequeña era así, siempre pensó que con solo ignorarlos solucionaría todos sus problemas. Pero ahora, ya no sabe que sentir por Hipó.

No está muy segura si es amistad o amor. En realidad, no sabe

-¡Arrr!... ¡¿Por qué diantres los sentimientos tienen que ser tan complicados?!.-Grito Astrid con algo de furia para ver si se les aclara la mente. Sin embargo, nada paso.

Sin saber que más pensar, Astrid suspira fuertemente para luego darse la vuelta y volver a su casa, esperando que su marido ya estuviese allí. Sin embargo, un repentino movimiento de hojas a los lejos, llamo su atención.

La bella rubia miro por un leve instante el movimiento de las hojas en un arbusto a los lejos. No obstante, al principio creyó que podría ser el viento. Pero justo al momento que iba a dejar de tomarle importancia, vio otro movimiento más fuerte en las hojas. Indicando claramente una cosa… Alguien estaba allí.

Y con una mirada seria y sobretodo, agarrando fuertemente su hacha. Astrid bajo por la pequeña colina que la separaba del arbusto. Decidida a saber que había allí. Adentrándose en el bosque, la bella rubia caminaba sigilosamente atenta a cualquier indicio de peligro

Sin embargo, lo único que escucha era silencio. Astrid camino un poco más al fondo, esperando encontrar "algo" por el camino, pero nada. Siguió con su búsqueda, adentrándose poco más en el bosque. Hasta que un repentino "ruido" a los lejos a su derecha llamo aún más su atención.

No obstante, lo que más sorprendió a la rubia es que este repentino "ruido" se parecía mucho a una, ¿risa?.

Y aún más confundida que antes, la bella rubia comenzó a caminar sigilosamente hacia la derecha. Siguiendo los repentinos ruidos que se escuchaba en esa dirección. Luego de unos minutos, ella se encontró como una especie de pequeño muro de arbusto.

Ella lo observo con cuidado y a pesar de estar iluminada únicamente con la poca luz que le ofrecía la luna, Astrid pudo darse cuenta de dos cosas. Una, que había unas raras pisadas en el suelo en dirección al muro. Una más grande que la otra. Y dos, que se podría escuchar claramente risas detrás del muro.

Sin saber que sorpresas podría esperarla al otro lado. Astrid empuña fuertemente su hacha y se prepara para atravesar el muro.

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Mientras tanto, al otro lado del muro de arbusto. Hipo se reía sin parar y con fuerza mientras miraba con mucha gracia como su amigo dragón perseguía curioso y alegre una luciérnaga que había aparecido de la nada.

Chimuelo nunca había visto un animalito tan chiquito y que brillara por su cola. Tantos años atacando los pueblos vikingos y viviendo únicamente en el nido, lo había exiliado del mundo externo. Nunca pudo explorar el ecosistema como hubiese querido. Pero ahora que tal vez su especie le habrá dado por muerto. Por fin era libre en averiguar que otros seres vivos existen a parte de los dragones y humanos.

Es por eso que no lo juzguen si actuaba un tanto tonto pero la curiosidad y gracia por ese pequeño insecto era tan grande que actuaba casi como un bebe.

Para el dragón negro esto era lo más extraño pero a la vez fascinante que alguna vez haya visto.

Hipo dejo de reír tan escaladoramente ya que comenzó a sentir que le faltaba el aire. No obstante aún tenía una simpática sonrisa en el rostro al ver como jugaba su amigo dragón con el insecto y aún más, cuando sorpresivamente apareció otra luciérnaga en el pasto.

No pudo aguantar más y volvió a reírse escandalosamente.

Pero era una escena muy graciosa, sobre todo al ver la cara que puso Chimuelo cuando apareció otra luciérnaga y se decidía por cual insecto perseguir. Sin embargo, tanto las risas del castaño como los saltos torpes y graciosos del dragón fueron opacados por un llamado de la persona menos esperada en encontrar en el bosque.

-¡¿Hay alguien allí?.-Grito un voz aguda desde lejos que alerto a los dos amigos. Más al castaño.

Hipo se paró de un salto de la yerba. Se puso muy alarmado y preocupado. ¡Como en el nombre de Thor Astrid pudo llegar a estar tan cerca de ellos!. Se preguntó mentalmente el castaño mientras que su cerebro trabaja a mil por hora.

Mientras tanto Chimuelo, dejo de prestar atención a los incestos para volver a donde estaba su amigo humano, mientras que miraba curiosamente la dirección de dónde provenía esa voz tan femenina.

-¡Hay dioses, esto no puede ser posible!.-Dijo despacito Hipo mientras se alteraba cada vez más y más por cada pisada que daba su esposa al acercarse.

-¡Repito, hay alguien allí!... ¡Por qué abierto que estoy armada!.-Grito otra vez Astrid aún más fuerte.

-Por todos los dioses.- Si antes Hipo estaba alterado, ahora se moría de miedo. No puede ni imaginarse que pasaría si su esposa se encontrara con Chimuelo.- Rápido Chimuelo, Hay que ocultarte.-Dijo en voz baja el castaño a su amigo dragón.

Sin embargo, el Furia Nocturna aun no entendía porque su jinete estaba tan alterado por la presencia de esa mujer humana. Pero luego de usar su poderosa nariz, pudo deducir que el olor de esa mujer, era casi igual como el olor que había traído el castaño en estos últimos días cada vez que lo iba a visitar.

Y ante saber todo esto, Chimuelo no sentía miedo. ¡Al contrario!, sentía mucha curiosidad, ¡Al fin podría conocer a la hembra de su amigo humano!

-Chimuelo, por lo que más quieras… tienes que esconderte.-Dijo muy asustado el castaño mientras agarraba a Chimuelo y lo empujaba hacia el otro lado.

-¿Pero por qué?.-Gruño el Furia Nocturna, sin entender nada.

-Astrid, no lo tomara bien si te ve… Por favor, escóndete.-Comento Hipo esta vez desesperado.

¿Astrid?, ¿ese era su nombre?. No sonaba tan aterrador para que él actuara así, pensó en dragón negro. Sin embargo, ante la mirada suplicante de su amigo y sobre todo por la forma de como actuaba. Decidió obedecerlo y dar media vuelta para esconderse.

No obstante surgió otro problema, ¡No había donde esconderse!. Al frente de ellos solo había un acantilado y a los costados, claro que estaba el bosque, sin embargo la vegetación y todas las ramas, no serían de tanto ayuda para lograr esconderse. Astrid notaria que alguien estaba huyendo por el bosque.

Y sin saber qué hacer y aún más alterado porque los pasos de su esposa se escuchaba cada vez más cerca. Hipo estaba pensando muy rápido por una solución hasta que un pequeño detalle que noto al caminar hacia el acantilado le dio una idea.

-¡Ya se!.-Se lamentó el castaño cuando noto que hablo alto, sin embargo. Había que actuar rápido.-Chimuelo esto hay que hacer.-Dijo Hipo a su reptil amigo mientras le miraba firmemente a los ojos.

El pobre dragón sintió un poco de miedo ante esa mirada, ¿Qué se le habrá ocurrido?.

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Mientras tanto Astrid acelero sus pasos cuando logro escuchar un pequeño grito. No estaba segura si era de un dragón o una persona. Por más extraño que parezca, creyó que era las dos cosas. Sin saber que más pensar, Ella comenzó a camino un poco rápido por esta especie de túnel de arbusto. Y cuando llego al final y paso el muro, vio dos cosas sorprendentes.

Un hermoso y pequeño prado, lleno de pasto más verdes y flores que alguna vez ha visto sus azulados ojos. Y todo esto, iluminado por la luz de la luna. Que lo hacía aún más bonito.

Sin embargo, no solamente esto le sorprendió a la bella guerra, sino también el hecho de encontrar, en medio de todo este pequeño paisaje, a…

-¿Hipo?.-Dijo tanto sorprendida Astrid como confundida al ver a su marido parado allí, al frente de ella. Mirándolo con una boba sonrisa suya.

El castaño, cuando por fin vio a su esposa, casi le da un mini-paro-cardiaco. ¡Por Odín!, casi se muere allí mismo. ¿Cómo diantres Astrid pudo rastrearlo?. Esta y muchas otras preguntas rodaban por la cabeza de Hipo mientras intentaba no parecer tan nervioso.

Mientras tanto, Astrid, quien miraba fijamente a su esposo. Camino un poco para estar más cerca y echaba un vistazo por el alrededor, por si había otra persona por allí. Pero nada.

-¿Qué haces aquí?.-Pregunto la rubia mientras dejaba de mirar al alrededor y se enfocaba únicamente en su esposo.

Hipo, que casi se atraganta con su propia saliva, intento hablarle. Pero estaba tan nervioso que ni siquiera la voz le salía. Por un lado su cerebro pensaba en que decirle y por el otro, se imaginaba que Chimuelo saliese de su escondite y Astrid lo viera. Para después ver como ambos peleen con el único fin de matar al otro. Y él sin saber qué hacer.

-Vas a hablarme… O te vas a quedarte mirándome como un bobo.-Dijo Astrid ya un poco irritada y con los brazos cruzados.

-A…Este… Yo… Yo… Solo… Quería… ah… ¿Privacidad?.-Comento Hipo intentando no trabarse o al menos no sonar tan mentiroso.

Sin embargo, parece que esto no funciono. Ya que Astrid, comenzó a mirarlo con más seriedad y con una ceja alzada. Como si estuviera diciéndole "a mí no me engañas".

-¿Privacidad, eh?... Pues creo haber escuchado por el camino, como te reías y hablabas con alguien muy alegremente.-Informo Astrid sin quitar su típica mirada de acusadora.

Hipo trago duro ante escuchar eso. Porque su esposa tenía que ser tan superdotada.

-Ahhh… Es que… yo… Bueno, si te lo digo te sonara raro.-Comento el joven castaño nervioso.

-No lo sabré si no me lo dices.-Contesto Astrid esperando una respuesta.

-Pues… Pues…- ¿Qué era peor, decir la verdad o actuar como un idiota ante la chica de sus sueños?.- Estaba hablando… conmigo mismo.-dijo despacio y con una boba sonrisa, intentando no sonar tan raro.

-¿Te hablas a ti mismo?.-Pregunto su esposa mientras ponía una cara de confusa.

Hipo solo asintió con su boba sonrisa.

-¿Me estas tomando el pelo?.-Pregunto de nuevo Astrid pero esta vez, en un tono serio.

A ella no le gusta que se burlen y menos en su cara.

-¡¿Qué?!... ¡No!... ¡Para nada!.- Contesto Hipo alarmado, pensando que la había hecho enojar.- Te estoy hablando enserio.-Anuncio él un poco apenado.

-Me estás diciendo, que tú… Hipo… Huyes a un lugar solitario solo para hablar contigo mismo…. ¿Es acaso esto un chiste?.-Dijo la esposa con un claro tono de enojo.

No es que ella se molestara fácilmente, simplemente no le gustaba que la tomaran por tonta. Y menos de esta forma tan estúpida.

-Escúchame.-Suplico Hipo ante que esto vaya a cosas peores.- Yo no soy un tipo que tiene muchos amigos que digamos… Casi siempre paso solo… Y a veces… Aunque suene muy raro… Hablo conmigo mismo.-Comento el Castaño muy avergonzado por su situación.

Astrid quedo algo impactada, si se podría decir así, por esa información. No es raro que Hipo no haya tenido ningún amigo. Sin embargo, de allí a tener que decir que habla consigo mismo, eso sí que es muy raro. O una gran y estúpida mentira.

No obstante, no estaba muy segura si creerle o no. Ya que por un lado, podría estar diciéndole una sarta de tonterías para encubrir que ha estado con alguien y peor si ese alguien fuese una chica. Lo cual la había hecho estallar de ira. Pero por el otro lado, podría estar diciéndole la verdad. Podría estar diciéndole que el resultado de tantos años de soledad y tristeza. Lo llevo al tal extremo de comenzar a hablarse consigo mismo.

Y eso sí que sonaba triste.

Sin saber que decir, Astrid dio dos pasos atrás mientras comenzaba a caminar al alrededor viendo si encuentra algo inusual. Pero nada de lo que veía podría llamarse normal que digamos.

El verde pasto, las muchas flores y la enorme luna que alumbraba todo, hacía de este pequeño paisaje algo maravilloso ante los ojos de la bella guerrera.

-Es muy bonito.-Comento sin querer Astrid mientras se acercaba cada vez más al borde y contemplaba el mar.

-Me… me alegra que te guste.- Comento Hipo saliendo un poco de su trance.

-No sabía que exista este lugar.- Dijo la vikinga ya parada al borde.

Sin querer la joven esposa hizo temblar de miedo a su marido por el lugar que decidió pararse.

-Lo descubrí hace mucho tiempo… Me gusta estar aquí cuando quiero estar solo.-Comento Hipo intentado llamar su atención.

Y aunque el castaño comento esto para que su esposa se fijase en él. Sin querer, ese mensaje, tuvo un doble sentido para ella.

-¿Solo?... A entiendo… ¿Quieres que me valla?.-Pregunto Astrid en tono poco melancólico mientras señalaba la salida, mejor dicho el lugar por donde vino.

-¡¿Qué?!... No, No… Quédate, me gusta tu compañía.-Respondió Hipo tan rápido, que no pensó bien lo que dijo.

Astrid sonrió ante escuchar eso, de cierta manera la alivio saber que su esposo le gustaba su compañía. Sin embargo, ese comentario no solo le provoco que se le saliese una pequeña sonrisa, si no también que sus mejillas se pusieran levemente sonrojadas. Cosa que la avergonzaría si no fuese por la oscuridad que la oculto.

Por otro lado, ni con la oscuridad de la noche. Hipo pudo ocultar su gran nerviosismo al darse cuenta de lo que hablo. ¿Cómo se le pudo ocurrir hablarle de esa manera?. Tonto, tonto y tonto. De seguro la hizo sentir incomoda.

Pasaron los segundos y nadie decía nada. Ya sea por felicidad o nerviosismo por ambos partes. Pero de repente Astrid comenzó a sentirse cansada y decidió sentarse en el verde pasto mientras contemplaba la gran luna.

-Es mi imaginación o la luna se mucho más grande de lo costumbre.-Comento de repente Astrid para romper el silencio, que se formó en el ambiente.

-Bueno… Estamos al final del ciclo lunar, creo que por eso se ve más grande.- Le dijo Hipo sin saber si su opinión importaba.

-Si… tal vez sea por eso.-Dijo su esposa aun contemplando la luna.

Hipo no sabía que más decir o hacer. Era la primera vez que estaba a solas con su esposa en un lugar "especial" para él. Sin embargo, tenía que intentar ser sociable con ella. Claro que ya habían conversado antes pero en este ambiente en que esta. Cambia completamente todo.

Es por eso, que el Castaño opto por sentarse a su lado pero con una respetable distancia.

-Y…. normalmente… ¿Qué haces cuando estás aquí?.-Pregunto de repente Astrid, intentado iniciar una conversación.

-A… bueno…. Yo me pongo a pensar en muchas cosas.-Contesto Hipo un poco nervioso mientras se rascaba la nuca.

-¿Qué tipo de cosas?.-Pregunto nuevamente la Rubia pero esta vez mirándolo.

-bueno… Casi siempre de lo que pasa en la aldea… De mis inventos… De los trabajos "extras" de Bocon en la herrería-Hablaba Hipo intentando recordar lo que usualmente hacia antes aquí antes de todo esto. Hasta que sin querer también comenzó a recordar cosas, que no debió de recordar.-….De como muchos hablan mal de mí… En la decepción en los ojos de mi padre… Y de lo muy torpe que soy.- Dijo Hipo cambiando su estado a uno melancólico.

Astrid bajo la mirada y se mordió el labio inferir, al sentir la tristeza de su marido. Que tonta fue al hablar de ese tema. Era obvio que era algo muy doloroso para Hipo y ella insistió en hablar de ello. ¡Qué tonta!.

-Lo siento.-Dijo ella sintiéndose un poco culpable por su estado.

-No te disculpes.-Comento Hipo con una sonrisa para hacerle entender que no está triste.- Además, no todo es pensamiento es malo en mi cabeza… A veces pienso en cosas, que me gustaría que pasara.

-¿Cómo qué?.-Pregunto la rubia poco confusa.

-Pues… que uno de mis inventos al fin funcione Por ejemplo.-Comento Hipo con una sonrisa. Porque uno si funciono, o algo así.-Lograr que mágicamente mejore en mis "técnicas" de combate contra los dragones.

-Cosa que ya está pasando.-Comento Astrid refiriéndose a sus últimos logros en la arena.

-Si… Eso parece.-Dijo el Castaño un poco inquietante. Más que mejorar técnicas, para él solo son mentiras que tarde o temprano saldrían a la verdad.-Pero lo que más pienso, es querer que mi padre me acepte por lo que soy y no por lo que él quiere que sea.-Comento Hipo confesando su más profundo sueño.

-¿Ser un asesino de dragones?.-Pregunto Astrid sin entender muy bien a que se refiere.

-No… Ser yo mismo.-Contesto su esposo con seriedad.

-Y… ¿Quién eres tú?.-Ahora Pregunto la joven rubia aún más confundida pero un poco mas curiosa.

-Ese es el problema… Aun no lo sé muy bien.-Dijo Hipo sin saber como responder a esa pregunta.

Luego de esas palabras, se formó un pequeño silencio en el ambiente. Y mientras Hipo solo se dedicaba a mirar el enorme ocena que hay al frente suyo. Astrid, por otro lado, comprendió un poco más la situación de su esposo.

En otras palabras, Hipo le quiso decir que no sabía quién era o para que esta destinado hacer. La situación que vive su esposo no es para nada igual con la de ella. Astrid desde un principio supo quién era y para que estaba destinado hacer. Una guerrera. Y aunque tal vez no llegue a ser la mejor asesina de dragones. Ella sin duda llegaría a ser una gran guerrera que estaría dispuesta a luchar sea cual fuese la situación que se pusiera en su camino. Y eso es lo que ha demostrado hasta ahora.

Pero en cambio Hipo, no fue lo mismo. Al parecer él aun no descubre muy bien para que esta destinado. Y eso debe de ser algo terrible. O eso lo que pensaba Astrid.

Sin embargo, ante entender esto la bella rubia no sabía bien que decirle para animarlo o ayudarlo. Ella se sentía ahorita como un cero a la izquierda para estos tipos de situaciones. Y eso no podría ser posible, se suponía que era su esposa. Debería ayudarlo, pero lamentablemente en ese momento estaba sin palabras.

Fue Hipo quien rompió el silencio.

-Alguna vez te has preguntado… ¿Qué hay más allá de este inmenso océano?.- Comento y pregunto el joven Castaño aun mirando el agua que estaba iluminado por la luz de la luna.

-Pues… más Islas, dragones… Y quizás muchos enemigos.- Respondió su esposa sin pensar mucho en su respuesta.

-Sí, supongo que tienes razón. Perdón si sueno tonto.-Dijo Hipo un poco avergonzado.-Pero a veces me pongo a pensar y yo creo que debe de haber algo más… No sé cómo explicarlo pero a veces me imagino debe de haber cosas fabulosas más allá de lo que uno puede saber.-Comento con un gran tono de curiosidad.

-Pues eres muy imaginativo.-Dijo Astrid con una linda sonrisa.

Es bueno saber que su esposo no tenía el pensamiento tan triste a pesar de todo lo que le pasa.

-Si lo se.-Dijo Hipo con un tono más de confianza.

-Y… ¿Haces algo más aparte de imaginar cosas más allá de lo normal?.-Pregunto la bella esposa intentando seguir con la conversación.

-Bueno… También…me recuesto.-Comento Hipo mientras se hecha en el verde pasto.- y me pongo a mirar las estrellas.-Termino de hablar ya mirando para arriba.

Astrid quedo un poco impresionada ante ese movimiento inesperado de su esposo. Pero no lo juzgo. Todo lo contrario, con una linda sonrisa, también se respuesta en el pasto intentando estar lo más cerca de su esposo. Claro sin también invadir su espacio personal.

-Mira por allí.-Dijo Hipo señalando con su dedo.- Si te fijas bien. Ese conjunto de estrellas forman una espada.

-Si… es cierto.-Comento Astrid mirando donde apuntaba su esposo. Y efectivamente se podría ver un grupo de estrellas haciendo una figura de espada.

-Y por allá se puede ver una paloma…. ¿Lo ve?.-Dijo el joven castaño refiriendo al otro lado del cielo.

-Hay si… Es cierto.-Contesto su bella Rubia muy feliz y con una gran sonrisa. Se veía una enorme ave extendiendo sus alas.

Tal vez sea un poco ridículo ilusionarse con cosas tan cursis. Pero para Astrid que casi siempre su pensamiento era solo entrenamientos y entrenamientos. Estos pequeños detalles junto con la agradable compañía que daba Hipo la hacía muy feliz.

Por otro lado, Hipo un poco más confiado por la cercanía de su esposa. Se acomodó, estirando el brazo para que su cabeza se sintiera mejor en el pasto y sin tocar a su esposa para no incomodarla. Pero lamentablemente o quizás no, Astrid malinterpreto esta acción haciéndola creer que le ofrecía su brazo para acomodar su cabeza. Cosa que la desconcertó y la puso algo tímida y nerviosa.

Sin embargo, ante también notar que es la primera acción de Hipo para establecer una cercanía de cuerpo a cuerpo. Ella decidió no desaprovecharla.

-A… casi me olvido… Si te fijas por allá, un poco lejos... Se puede ver….-Estaba hablando Hipo tranquilo hasta que una presión en su brazo lo desconcertó.

Nervioso y algo asustado, jira su cabeza para ver con asombro a su bella esposa acomodando su cabeza sobre su brazo. Todo mientras lo miraba fijamente. Estaba tan cerca de su hermoso rostro que el pobre Castaño no pudo contener su sonrojo.

-¿Qué me estabas diciendo?.-Pregunto Astrid un poco tímida y rezando que su sonrojo no se notara tanto.

-¿Ehhh?... ¿Yo?… A… Si… Te decía que por allá se podría ver la flecha del este… Es lo que normalmente usan los marineros para guiarse.-Termino de hablar Hipo intentando no sonar nervioso por la cercanía de su amor platónico.

-Valla… Que interesante.-comento Astrid un poco más relajada y acomodándose mejor en el brazo de su esposo.

-Y si miras más allá también se puede ver….-Continuo hablando el joven Castaño para así seguir conversando. De además de disfrutar la cercanía que tenía con su esposa.

Fue así como en las siguientes horas, se podrían ver a un par tortolitos recostados en el pasto, mirando las estrellas y diciéndose lo que uno veía en el cielo. Y aunque Hipo estaba concentrado en mostrarle las maravillas que puede ver en el cielo, cuando uno le presta atención, a su esposa. Astrid solo estaba concentrado una cosa. En él.

Para la joven vikinga, era muy raro lo que sentía. Normalmente odiaba el contacto físico con cualquier hombre. Sin embargo, esta allí, echada en los brazos de un hombre. Mas siendo Hipo. Le aria sentir tan tranquila y relajada. Tanto, que sin darse cuenta, comenzó a sentirse cansada y cuando menos se lo esperó… Se quedó dormida sobre el brazo de su esposo.

-Y por allí se puede ver un dragón… Sé que más parece un pájaro con grandes alas. Pero si le das más imaginación, podrías ver su gracia… ¿No crees?.- Comento Hipo volteando su mirada para escuchar la opinión de su esposa. Pero cuando lo hizo, se encontró con una pequeña sorpresa.- ¿Astrid?...

Allí estaba su hermosa esposa durmiendo en su brazo con una comodidad increíble. Es decir, a pesar del frio y duro del pasto. A ella no le importaba nada de eso y se conformaba con la poca comodidad que le ofrecía su brazo derecho.

-¿Astrid?... Astrid… Este… Astrid despierta….-Repitió y repitió Hipo intentando hacer que su esposa abriera los ojos. Pero nada.

Pasaron los minutos y después de fallidos intentos del Joven Castaño. Decidió por dejarla de molestar y ver si se despierta más tardes. Tal vez solo "cerro los ojos" por un rato pensó Hipo. Sin embargo, como si fuese algo contagioso, joven Castaño comenzó a sentir pesado sus parpados.

-Tal vez una pequeña siesta no me caiga mal.-Pensó Hipo mientras se dejaba vencer por sus parparos pesados… Sin embargo.-¿Por qué siento que se me olvida algo?.-Se preguntó el joven Castaño antes de caer en un profundo sueño.

Y mientras un par de enamorados dormían muy apegados y profundamente sobre el pasto. Un pobre Furia Nocturna que se encontraba justo debajo de ellos, en un muy pequeño acantilado. Se encontraba asustado y con mucho miedo al ver como las olas le golpeaba en la cabeza una y otra vez.

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LOS PERSONAJES NO ME PERTENECES, SON DE DREAMWORKS Y DE Cressida Cowell, SOLO ESCRIBO POR PURA DIVERCION Y ENTRETENIMIENTO. GRACIAS.

¡FELIZ NAVIDAD!... Este es mi regalo para todos mis seguidores que me habrán esperado meses por un capitulo nuevo.

Ya sé que me he tardado muchoooooo tiempo en publicar. Y lo siento de verdad. Pero quiero decirles la razón de mi demora. Se me murió la imaginación. Así es, desde que se terminó Dragones Carrera al Borde. No sé qué me ha pasado que prácticamente ya no se me ocurre nada Y es algo gracioso la verdad ya que este capítulo estuvo hasta la escena con Patapez desde allí.. No se me ocurrió nada de como continuar.

Pero afortunadamente y con mucho esfuerzo. Y sobre todo después de leer muchas otras obras. Mi imaginación resucito y estoy más lleno de nuevos ideas. Que me falta tiempo para escribir.

Así que no se preocupen si pensaron que abandone esta historia porque no es así. Aun me falta mucho por terminar y de además muchas otras historias que quiero hacer.

Y es así que no lloren porque esta historia es solo el comienzo de muchas otras. Ya lo verán.

Volviendo a la historia ¿Qué les pareció?.¿Larga?. Yo creo que sí. Es que tengo un gran problema cuando escribo y aunque es algo raro. Cuando comienzo un nuevo capítulo me es muy difícil como comenzar pero cuando quiero terminar me es aún más difícil porque me llega un montón de ideas que parece no tener fin.

Y no estoy bromeando, sino buscara una forma de como terminar este capítulo tal vez ustedes lo estuviesen leyendo en el próximo año.

Este capítulo fue muy difícil ya que quise que se hablara de la relación de Hipo y Astrid, de cómo progresan pero a través de los ojos de los demás jinetes. Y para terminar hice una escena muy similar cuando Hipo y Astrid se quedaron mirando la luna en una escena de Carreras al Borde, ¿Se acuerdan?.

Pues ya le dije que nada va a ser similar a la película. Va a tener combinación que harán más drama y espero que más larga.

Sin más que decirles o escribirles me despido con un fuerte abrazo a cada uno de ustedes y nos vemos hasta la próxima. Un saludo a todos aquellos que me pidieron publicar. Y cualquier duda o consulta no duden en comentarlo. CHAO

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