Renuncia de derechos: Declaro que Harry Potter y todo su universo son propiedad de J. K. Rowling; la cita, de unos grandiosos y talentosos españoles y el resto… pues mío, ¿de quién más?
Puñaladas.
Y él contesta que todo irá bien… Que las flores volverán a crecer… donde ahora lloramos…
(María, La Oreja de Van Gogh)
El tiempo pasa de manera curiosa. Cuando menos nos damos cuenta, ha transcurrido un largo periodo desde la última vez que has reflexionado sobre los acontecimientos decisivos en tu vida.
Desde la derrota de Voldemort, han pasado algunos años. Theodore se ha convertido en un Inefable en pleno derecho, mientras que yo concluí con éxito los estudios en la Triple A. No he sido una aurora notoria, pero los pocos casos en los que he trabajado se han resuelto siempre con justicia y rapidez, y eso el Comandante del cuartel, Kenneth Douglas, lo sabe apreciar.
Por otra parte, Theodore no habla mucho de su trabajo, lo que es comprensible, pero lo veo contento casi todo el tiempo, así que debe estar a gusto. Lo que pienso es que en el Departamento de Misterios les importa poco de qué familia venga mientras haga un buen trabajo y no es por nada, pero sé que mi marido es una persona inteligente y centrada.
Es poco después del inicio del milenio que, tras una jornada especialmente tranquila en el cuartel, que le comento a Theodore la idea que me ha asaltado últimamente. La revelación llegó cuando he ido a visitar a tío Cyril y su familia, siendo rodeada por mis primos, que como siempre, han estado felices de verme y de hacerme preguntas.
Theodore, tras un instante de silencio, pregunta si eso significa que quiero hijos, a lo que me sonrojo sin poder evitarlo y contesto que sí.
Con esa afirmación, obtengo una de las escasas sonrisas de mi esposo. ¿Quién diría que eso lo ha hecho feliz? Quizá he debido suponerlo hace tiempo, pero eso es lo de menos. Lo importante es que vamos a hacer planes para tener un hijo, sin pérdida de tiempo.
Lástima que el destino no deseé darme esa felicidad todavía.
Unos meses después, parece como si el decidirnos sea el detonante para que poco después, al ir a San Mungo a una revisión, el sanador confirme que estoy embarazada. No puedo esperar a decirle a Theodore, pero él sigue en el Ministerio, así que pregunto por mi madre, que debe andar en uno de sus turnos en ese momento. El sanador, un hombre de pelo entrecano que me resulta vagamente conocido, comenta algo de que mi madre ha pedido salir antes por una emergencia familiar, lo cual no tiene sentido, ¿quién puede tener problemas para que mi madre…?
Respirando con dificultad, me retiro de la oficina del sanador agradeciéndole por su tiempo, para acto seguido ir hacia la sala de espera. Es el único sitio del hospital donde puedo desaparecerme, por lo que no tardo en ir a casa de tío Cyril. Es el único sitio que se me ocurre donde puede estar mi madre por algún tipo de urgencia.
Tardan en abrirme la puerta. Los segundos que estoy plantada allí, en la acera, tras llamar al timbre, se me hacen eternos. Finalmente veo al mayor de mis primos, Edmund, con la cara pálida y los ojos enrojecidos, por lo que pregunto qué ha sucedido. El chico me entrega una nota, balbucea que su madre y la mía han corrido al hospital cercano con Jonathan y yo le pido que vuelva adentro, que voy a averiguar qué sucede. Él asiente y cierra lentamente la puerta, con una mirada suplicante para que no tarde y solo puedo dedicarle un asentimiento.
Leo la nota, en la que solo dice la dirección del hospital, uno no muy lejano pero al que debo acudir caminando. Sería un gran riesgo aparecerse hacia un sitio en el que jamás he estado. Mientras empiezo a andar, me pregunto qué ha pasado con Jonathan, tal vez solo se puso muy enfermo, pero en ese caso, ¿por qué ha acudido mi madre? Y a todo esto, ¿cómo han podido contactar a mi madre, si ella ha estado en San Mungo hasta hace poco?
Las preguntas surgen en mi cabeza sin descanso, pero no puedo contestarlas hasta que esté allí. Me siento asqueada, quiero creer que por el embarazo y no porque el miedo me oprime el pecho, casi como en mi séptimo curso. Espero que todo esté bien…
Pronto estoy ante la entrada de visitantes del hospital muggle. Respiro profundamente antes de plantarme delante de las puertas automáticas, a las cuales no logro acostumbrarme por mucho que mis primos me lleven a sitios que las empleen. Avanzo rápidamente al interior y apenas si giro la cabeza para buscar a mi alrededor cuando oigo la voz de mi madre llamándome.
En cuanto me acerco a ella, comprendo que algo anda mal. No solo está mi madre allí, sino también tía Elinor y tío Cyril. Según recuerdo, a esa hora normalmente mis tíos están trabajando, por lo que debe ser grave lo que nos tiene ahora allí. Aviso que he llegado gracias a la nota que me ha dado Edmund, a lo que tía Elinor asiente con aire ausente, siendo abrazada por tío Cyril casi enseguida. Es entonces que mi madre me lleva aparte para ponerme al corriente.
Al parecer, al salir del colegio Jonathan y Judy se han quedado esperando más de lo previsto a que Edmund los recoja, cuando un automovilista se ha estrellado precisamente allí, atravesando parcialmente una pared del colegio y de paso, causándole serias heridas a Jonathan, quien por mero instinto, ha empujado a Judy lejos de sí, con tal de que no le pase nada. Conforme mi madre describe algunos otros detalles del accidente, mis manos comienzan a temblar, mis ojos se llenan de lágrimas y el miedo de antes, causado por la certidumbre, ahora me causa tal hueco en el estómago que me mareo, tambaleándome, causando con ello un susto de muerte a mi madre. Ella dice haber acudido cuando tío Cyril ha ido a buscarla a San Mundo, ya que tía Elinor lo ha llamado casi en cuanto la han notificado del hospital, con la vana esperanza de que la magia pueda hacer algo por Jonathan, pero mientras no permitan visitas, mi madre no puede acercarse a mi primo.
Como puedo, ocupo asiento en una de esas frías y horribles sillas plásticas que abundan en la sala de espera. Contengo a duras penas el impulso de mi cuerpo por expulsar de mi estómago lo poco que pueda contener, rogando porque mi primo salga bien de semejante trance. Oh, por Merlín, Jonathan seguramente va a salvarse, ¿cómo va a morir un niño tan maravilloso como ese?
Sin darme cuenta, las horas pasan en un silencio de muerte, al menos entre mis tíos, mi madre y yo. Ninguno tiene fuerzas para intentar la más banal de las conversaciones. De vez en cuando, mi madre consulta su reloj y llega un momento en que se pone de pie y anuncia que irá por mi padre. Es entonces que me levanto yo y le pido hacerme cargo. Ella puede ser más necesaria allí en cualquier momento. Mi madre comprende mi intención y asiente, indicándome un callejón cercano donde seguramente no van a ver mi desaparición.
En pocos minutos, he dejado las cercanías del hospital y estoy en el Atrio, junto a la Fuente de la Nueva Era (aquella que ha reemplazado a los Hermanos Mágicos desde hace un par de años), donde debo quedarme un momento de pie, recuperando el equilibrio. Me he mareado y quiero pensar que es gracias al bebé del cual he sabido hoy y no por el horror de que Jonathan pueda…
Por fortuna, el pensamiento no alcanza a formarse en mi mente. Soy saludada en alto por Theodore, quien esa misma mañana me ha parecido más guapo que de costumbre con su túnica azul marino, aunque sé perfectamente que la mayoría de las mujeres lo ha de ver demasiado enclenque o desgarbado. Intento sonreírle, pero sé que no me sale cuando lo veo arrugar la frente y apurar el paso hasta llegar hasta mí. Supongo que se imagina algo grave, sabiendo que he ido a San Mungo temprano, así que procuro relajarme al tomarle las manos, preguntándole de paso si ha visto a mi padre. Él niega con la cabeza, demostrando un poco más de preocupación en su intensa mirada, antes de pedirle de favor que me acompañe a buscarlo, pues debo notificarle algo. Él acepta y me acompaña a pararnos delante de los ascensores, por donde vemos a varios magos abandonando sus oficinas para ir a las chimeneas.
Mi padre baja pronto de un ascensor a mi izquierda, charlando con una bruja de túnica roja, por lo que lo llamo con energía. Él me distingue y sonríe, despidiéndose de la bruja de rojo y caminando hacia mí, saludándome con una sonrisa para luego dedicarle una cabezada a Theodore (es mucho pedir que lo quiera del todo, aún con los años transcurridos). Es entonces cuando pregunta si sucede algo y yo, de nuevo reprimiendo náuseas causadas por el miedo, asiento y explico con rapidez lo que me ha contado mi madre de Jonathan, por lo cual los dos hombres que me acompañan no dudan en ponerse en marcha hacia el hospital.
Pese a mi malestar, debo ser yo quien guíe en la aparición conjunta que realizamos, pues ellos no conocen el sitio y eso suele ser un riesgo muy grande. Al llegar al callejón que dejara poco antes, le pido que transfiguren sus ropas antes de guiarlos al hospital. No creo que nadie haya notado mi atuendo antes, he llegado cuando había poca gente y me he mantenido sentada lejos de la entrada, pero ahora probablemente sea distinto.
No tardamos demasiado en llegar a nuestro destino, atravesando esas extrañas puertas y buscando con la mirada a mi madre y a mis tíos. Una especie de alarido hace que me sobresalte, pero Theodore rodea mis hombros con un brazo, haciendo un ademán para que me gire hacia donde un pequeño grupo rodea a un hombre con bata blanca. Veo allí a mi madre, así que intento caminar hacia ella, pero Theodore me retiene. Lo miro con cierta indignación, sin saber qué pretende, pero entonces él me mira con expresión desolada, algo que no he visto en él ni siquiera cuando su padre ha sido enjuiciado, y algo me hace mirar de nuevo hacia la gente alrededor del médico, donde distingo a tía Elinor hecha un mar de lágrimas en brazos de tío Cyril, mientras mi llorosa madre es abrazada por mi padre.
Es esa imagen la que cristaliza mis temores, siendo lo último que veo antes que todo se obscurezca a mi alrededor. Oigo la voz de Theodore llamarme, pero no puedo contestarle.
Si de verdad Jonathan ha dejado de existir, ¿para qué quiero estar consciente?
–&–
Bienvenidos a un capítulo de EPF más amargo que otra cosa.
Mo nos hace ver que han pasado algunos años desde que la segunda guerra ha terminado. Ella acabó los estudios de auror (que según McGonagall en la orientación académica de Harry, "duran tres años más"); mientras, Theodore ha aprendido lo suficiente para ser un Inefable en pleno. Las cosas parecen irles tan bien como ella pronosticara en el episodio anterior, por lo que empieza a fantasear con la idea de tener hijos y Theodore acepta, por lo que meses después ella es feliz estando embarazada. Sin embargo, que uno de sus primos haya tenido un terrible accidente la ha dejado en un estado anímico tal que podría afectar su salud, ¿afectará su embarazo también?
La cita, desde que la decidí (y eso fue hace meses, gracias a la reproducción aleatoria de toda mi música de LOVG) fue la que en cierta forma me dictó el futuro de Jonathan. Sabía que alguna tragedia acabaría golpeando a Mo, pero que no debía ocurrir precisamente durante la segunda guerra, y aquí la tienen. Con lo que ella ha llegado a querer a sus primos, esto le cala hondo y en un futuro intentarán animarla (Theodore, más que nadie), aunque ahora no puede hacer otra cosa que llorar semejante pérdida.
Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.
