Yu-Gi-Oh! Es propiedad exclusiva de Kauzki Takahashi hasta el fin de los tiempos.

MILLONES DE GRACIAS POR LEERME, MIS AMORES. Y POR NO PRESENTAR QUEJA ANTE MIS TARDANZAS. LES AMO COMO NO SE IMAGINAN.


Capítulo 20: Desencuentro


"La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida".

—Vinicius de Moraes.


Le parecía un suceso dado a las alabanzas enfrentar la ausencia del labial carmesí que tantas veces embadurnó sus labios, sin que la confrontación entre sus miradas o el sonido de su voz estremecieran un solo vello naciente de su piel.

Estás… ¿Estás mejor? —El tono estropajoso le dio a interpretar que la rubia había querido tocar una fibra en nada referente a su salud tras el combate. Sin embargo, permaneció en la ignorancia por el bien de su consciencia, lo suficiente abultada como para registrar el peso de otra carga.

No tienes por qué abrumarte, Mai. —Le sorprendió escucharse pronunciar el nombre con un timbre inspirado en mayor frialdad que la que poseía el baúl de su memoria donde almacenaba las vivencias con ella. Los encuentros pasionales, atinó a corregir.

Ella se removió en el asiento ofrecido, a regañadientes, por Kazuki, quien aún les dedicaba una mirada torva mientras preparaba una orden. Mai lucía incómoda incluso dentro de su propio cuerpo, atajado en un sencillo— y por ello inusual— vestido azul de mañana, cuyo único adorno consistía en un abrigo de capucha negro. Una combinación en extremo dispar tratándose de Kujaku Mai.

El puñetazo en tu comisura se ha tornado una roncha morada…— Se propuso mantener el diálogo en el mismo camino. Mas él seguía leyendo cierto resquemor en su expresión mortificada.

Como si eso doliera tanto… —Soltó, hundido en el abismo al que Yura le había empujado con su atestación, todavía retumbando en sus oídos. Respirar era como absorber pequeñas astillas puntiagudas y los golpeteos de su corazón iguales a una púa que con lentitud tortuosa se le iba incrustando en los tejidos de piel.

Ya veo— murmuró ella, pero él no levantó el rostro para vislumbrar el sentimiento que se ilustraba en el opuesto—. Las heridas del cuerpo no se comparan con las del corazón, ¿verdad? Las de este último cicatrizan a mayor lentitud y, por tanto, siembran mayor dolor.

Mai se escuchó cual si fuera la portavoz de la experiencia. Reparó en que, mirar las cosas en el puesto de a quien le rompían el corazón otorgaba una comprensión muy semejante a la compasión. O incluso a la lástima. Se preguntó si acaso ella habría sufrido lo mismo que él cuando eligió a Yura en su lugar, y si el sufrimiento que entonces padecía no era más que una devolución justa del fruto cultivado.

La vida era, como bien oyó especular, símil a un restaurante: nadie se marchaba sin antes pagar la cuenta.

Jōnouchi, yo…

Ya te perdoné, Mai. —Acababa de hacerlo, si no. Herido por la verdad impresa en aquellas fotografías y allí conmiserado por saborear un rechazo compartido, descubrió que nunca se había parado a reflexionar que Mai no era única en explotar su usanza como un material gastable, él también la había utilizado para su propio egoísmo y de un modo más atroz: la llevó con él a la trampa de tomar por amor lo que solo era compañía. Lo que era solo sexo.

Siendo inútil a la hora de marcar esa diferencia entre el amor y la compañía, le hizo creer en la existencia de un sentimiento que iba más allá del cosquilleo en las entrañas, fantasía que asimismo le indujo a trascender más allá de sus principios. A insinuarse por dinero.

Era él quien debía suplicar el perdón en igual medida. Pero Mai tomó ventaja de su póstumo silencio.

No me acosté con él, ¿sabes? En cuanto llegué a casa me bañé de cuerpo entero para borrar las huellas del beso asqueroso en mi cuello. —Las vibraciones en su voz le ofrecieron un panorama del martirio que le suponía acomodar las palabras a lo vivido—. Nunca se atravesó dicho plan por mi cabeza. No soy una zorra… Yo… Bueno, Magnum se fijó en mi desde la vez que le vencí a duelo en el último crucero para el cual tendí mis prestaciones laborales. Una escena tocante al rodaje de la película en la que actuará como protagonista tendría lugar aquí en Osaka, nuestro encuentro fue pura casualidad. —Quiso interrumpir el monólogo en provecho de la pausa que siguió, pero memorizar la tarde aciaga en que no había prestado su oído a escuchar sus razones tras Yura ubicar las imágenes sobre la mesa, le aplicaron un freno a la lengua—. Di por hecho que sus intenciones habían quedado en el pasado, así pues, cuando me pidió sugerencias acerca de una estancia donde alcanzara relajarse de los ajetreos actorales, yo entreví una excelente oportunidad para conseguirte un empleo haciendo uso de sus influencias. No ordené alcohol para tomar, en cambio él solicitó al mesero su Sake (1) favorito. Conforme llenaba el vaso le iba ofreciendo una descripción sobre ti, los gramos de alcohol se le subieron a la cabeza y… Se volvió un cerdo. Hice un acopio urgente de todas mis fuerzas para verme agradable a su vista y así orientarlo a contactar a quien en su ya borrachera me aseguró podría ser tu jefe. Más tarde, me vi en el apuro de ceder a que me besara el cuello a manera de incentivo para realizar la llamada, tan pronto lo hubo hecho, recurrí a la excusa de ir al baño a retocar mi maquillaje y a hurtadillas me marché…

La sorpresa lo enmudeció, pero no al extremo en que le había facilitado valorar el acto de Mai tan gallardo y significativo como el de Yura. Se le antojó curioso, e irónico a la par, el giro drástico que dieron las circunstancias al poner en reverso la otra cara de la moneda.

Mai había hecho algo bueno que parecía malo, y Yura había hecho algo malo que parecía bueno. Mas tal cosa no les arrebataba el mérito de haber sacrificado algo suyo por él, lo que le hacía sentir el ser humano más afortunado y a la vez desgraciado en todo el basto universo.

He dicho que…

No he confesado todo esto por ti. —Se atrevió a destinarle una mirada, observando la tristeza que seguro ella veía reflejada en la taza de té presa entre sus manos—. Lo hice por mí. Porque me niego a seguir asfixiándome con este nudo atravesado en la garganta. Con este miedo a vivir sabiendo que me odias.

No te odio. —Enfocó su mirar en la taza. Localizar un punto fijo, por algún motivo ajeno a su entendimiento, simplificaba exponer sus pensamientos como si a continuación hablara consigo mismo—. Nos dejamos idiotizar por la ilusión de que aquel escalofrío que nos andaba en la columna era el amor, cuando en realidad era un mero placer carnal parecido al gozo que se siente al comer tras un gruñido del estómago o al vaciar la orina en el inodoro. Ni tú ni yo supimos advertirlo con tiempo, y por eso Yura nos hizo ver la verdad a las malas. En esta historia no hay buenos o malos, tan solo… Tan solo un grupo de coincidencias que terminaron alineándose hacia un mismo destino.

Que tú y Yura estuviesen juntos.

Se vio tentado a parpadear, diluir las gotas amenazando con descolgarse de sus pestañas e unirlas a la humedad ocular por naturaleza.

Me desintegro en el aire por siquiera rozar sus labios. —Le asaltó el impulso de contradecirla, pero otras palabras se resbalaron por su boca como si la saliva hubiese adquirido las propiedades del aceite—. Estoy enamorado de ella. No me preguntes desde cuándo, cómo o por qué. El amor es amor cuando no se puede describir ni explicar.

Entiendo. A fin de cuentas, yo te lancé a sus brazos. —Había un aire de mansedumbre en su tono. Eso le dijo que Mai probó tantas veces el sabor amargo de su culpa hasta que hubo logrado el estado final que brindaba un consuelo permanente: la resignación—. Son muchos los que se golpean el pecho alardeando que la belleza no lo es todo, pero a la hora de verdad actuamos como si en verdad lo fuera. —El contacto visual entre ambos fue inminente, y él avistó en ella una mezcla de sentimientos que no supo definir—. Heme aquí, un vivo ejemplo. Pensé que teniendo tu cuerpo no era necesario conquistar tu corazón, que por el simple hecho de ser bella, coqueta y saber cuales trucos te vuelven loco en la cama, ni Yura ni nadie serían competencia para mí.

La blonda escondió los ojos bajo la sombra de los flequillos, insinuando querer ganar tiempo para inhibir sus lamentos. Tomó su declaración como un acto suicida, pues no era lo mismo —ni de asomo— escuchar la verdad en labios ajenos que decirla con los propios. Viéndose reflejado en su dolor, buscó a tientas palabras edulcoradas que quizás podrían servirle de sosiego, pero ella superó su rapidez al entreabrir los labios de nueva cuenta.

Para el amor no existe libre albedrío, belleza o fealdad, defectos o virtudes… Todo, de la persona amada, es perfecto. —Cuando su mirada tuvo un reencuentro con la suya, lágrimas rebosaban cada párpado inferior, que a él le dio por asemejar con dos balazos a sangre fría al saberse la causa principal—. Por eso reconozco que Yura es tan perfecta para ti como tú lo eres para mí, Jōnouchi, que las dos llevamos tu nombre tatuado en el corazón y, aunque en el tuyo haya solo uno... Yo…

Por un breve momento, Mai se tornó inexistente, y él fue golpeado a morir por el eco incesante de la cuchilla envenenada.


"—… yo imaginé besar a alguien más en tu lugar. No a ti—."


Jamás…—Le rechinaron los dientes en su intento por masticar las oraciones, en su paladar con una mezcla de sabor a vinagre y a fruta podrida en el fondo de la garganta—. Jamás alcanzarías a imaginar lo que yo daría porque ella tuviera mi nombre tatuado en su…

De repente, su visión borrosa por el advenimiento de las lágrimas cobró un brillo que le permitió avistar su entorno con una nitidez molesta a los ojos, y que a su vez acompañó la escena que cruzó por sus narices cual si estuviera frente a un televisor encendido.


"—Katsuya— susurró abobada en medio del beso—. Katsu… —"


Si Yura en verdad había imaginado besar a alguien más en su lugar, ¿entonces por qué carajo pronunció su nombre?

Yura le había mentido.

Sabía por excelencia que aquella mentira era la indicada para herirlo, activar sus celos y arrojarlo en aquel abismo de decepción, desamor y pesimismo donde todo perdería el sentido, incluida su determinación a luchar.

Yura le había mentido porque tenía miedo. Y para quien tiene miedo, todo puede hacerle daño.

Ese descenso a la verdad le puso en pie a tal velocidad que pareció haber cogido el impulso de un resorte. Sordo a las exclamaciones de Mai se lanzó a las calles, y acertó a detenerse sin mirarla cuando sus palabras le hicieron una pequeña obertura al corazón alborotado.

Espero tu perdón aun si fuere un lejano día, Mai.


—.—


— ¿Seguro? ¿No estarás olvidando atar algún cabo?

—Pongo mis bebés en garantía.

Yura simuló reflexionar la confesión en sus adentros. Las cejas fruncidas no exhibían conformidad unilateral en su rostro, pero tampoco una renuencia insoluble, al conocer mejor que nadie cuanto medía su afición por los videos triple equis.

Divertido con la situación— a su modo de ver, un disimulado estallido de celos— frotó la nariz espigada contra la yema de su índice en un gesto tierno, mientras ambos yacían uno frente al otro retrepados en el sillón verde oscuro.

—No hay motivo para que te sientas celosa, Yura. —Apartó el dedo, recompensando su ausencia con un beso escueto. Pretendía exponer la razón, pero le sedujo disfrutar el arrebol tiznado en sus mejillas. Al reconocerse descubierta, ella torció la mirada sin mirar en serio ningún punto específico. Sin advertencia, hizo a un lado la improvisada bolsa de hielo con que había atendido el golpe cuajado en su comisura para en lo sucesivo rodear su cuello con las manos entrecruzadas en la nuca.

—Estoy enamorada de ti, bobo. —La firmeza en su voz fue solidificada por el brillo inocuo en sus ojos azules, aquel destello de luz que muy bien representaba la fuerza de voluntad hirviendo en la sangre—. Tengo derecho a celarte con quien se me pegue la santa gana.

El deje autoritario le acaloró, poniéndolo contra las cuerdas ante las ganas de tirarla en el sillón y asfixiarla a besos. Dedicar un sencillo, pero, a la vez concienzudo análisis al nuevo rumbo que habría de transitar la relación entre ambos paralizó su accionar, en su lugar motivándolo a formular una pregunta de difícil resolución: ¿Qué eran él y Yura en sí?

El amor y la amistad eran tan similares que tardó en reconocerse enamorado. El amor, en énfasis, le parecía una amistad perfeccionada, definición con la cual afrontaba el temor a que la decisión de darse una oportunidad acabara teniendo un contrasentido, y lo que les había unido terminara por separarlos. Deseaba con fervor que las cosas no variaran un ápice, aunque su amistad hubiera evolucionado al amor: los mejores amigos compartían secretos quizás desconocidos para los novios, los mejores amigos se decían las verdades a la cara con la misma sinceridad que una novia omitiría para no ganarse un desagrado por parte del novio, y los verdaderos mejores amigos estaban allí para toda la vida mientras los novios podrían llegar a ser tan reemplazables como la ropa interior. Un novio jamás podría suplantar el lugar de un mejor amigo, por tal razón él no le pidió a Yura que fuera su novia.

Aspiraba ser mucho más que un novio para ella. Anhelaba ese papel sin renunciar al de mejor amigo, y para él dicha condición llevaba un título: pareja. La palabra novio y pareja, desde su perspectiva,eran de entonación, gramática y concepto muy distintos entre sí. Aludir queYura era su novia le transmitía una sensación de propiedad que no buscaba ejercer en ella, pues no quería implantar la relación entre ambos cual si fuera obligatorio corresponderle. Su fin era todo lo inverso.

—Tus celos me hacen sentir el hombre más valioso en toda la tierra. —Menguó las cavilaciones, no queriendo ceder lugar a que Yura malinterpretara su silencio—. Pero ahora son innecesarios y por demás absurdos. —Pegó sus frentes de tal manera que las narices acabaron rozándose—. ¿Lo has olvidado ya? Desde aquella tarde, siempre te he elegido a ti por encima de Mai.

Se afanó porque sus narices mantuvieran la caricia, esperando que su tacto le animara a besarlo. Vio su objetivo logrado en cuanto ella le regaló un ósculo, que gracias a la euforia de Kyoka por los libros sabía era un beso sin propensión a intimar. Luego escabulló las manos por debajo de las axilas en aras de acariciar su espalda, apoyado el mentón en su hombro formó un abrazo acogedor.

—Me entran ganas de comerte a besos cuando lo recuerdo. —Le apretujó la cintura a modo de "puedo saciarlas ahora mismo", mas ella obvió su respuesta para lanzar una pulla—. Pero mentiría si digo confiar en la versión de Mai. Además, ¿por qué "esperas su perdón aun si fuere un lejano día"? Le hubieras matado en vida si seguías con ella siendo consciente de tus sentimientos por mí, sin embargo, no le hiciste ningún daño irreparable y ejerciste tu derecho a tomar una decisión. Punto.


"—Oh vaya… Las mujeres cuando están celosas encuentran cabos donde no hay nada qué atar. Conque por eso me preguntó si acaso no habría dejado alguno suelto por ahí—."


El pensamiento anterior le indujo a liberar un hondo suspiro.

—Te daría la razón en todo si no fuera porque sí le hice un mal irreparable. —Había frenado en seco los mimos a su espalda tan pronto escuchó la línea condicional de la oración, moviéndolo a reforzar la intensidad del abrazo. Se apresuró a repartir caricias en la melena blanca haciendo uso del mismo agasajo con que un entrenador procuraría domesticar a una bestia salvaje, en eso se transformaría Yura si él no exponía las razones con la certeza bien afinada en el volumen de su voz—. Al momento de elegir haces una de dos cosas: renuncias o rechazas. Para mí, renunciar significa abandonar algo por voluntad propia, y rechazar… significa menospreciar algo por voluntad propia. Cuando elegí creer tus palabras en lugar de las de Mai, yo renuncié a ella. Por el contrario, cuando elegí estar contigo pese a descubrir la lealtad oculta en sus acciones, yo rechacé sus sentimientos. No importa desde cual ángulo decidas mirar las cosas, menosprecié los sentimientos de un corazón para obtener otro a cambio. Lo rompí, esa es la única realidad. ¿Existe un daño más irreparable que ese?

Por unánime contestación, Yura se fondeó a su cuerpo renovada en avidez.

—Odio tu habilidad para callarme la boca tan solo siendo sincero.

—Y yo amo escucharlo de tus labios con esa vocecita de chiquilla berrinchuda. —Risueño le estampó un beso en el hombro—. Cambiemos el tema. No quiero seguir enfrascado en eso, no cuando pude notar que Mai tarde o temprano se fijará olvidar todo. Nosotros deberíamos hacer lo mismo.

—No bajaré la guardia. —La ofuscación impresa en el tono le orilló a suspirar de nueva cuenta—. Por tu relato podemos decir que Mai respeta tus sentimientos hacia mí, pero que asimismo no han variado los suyos hacia ti. Una mujer enamorada es más peligrosa que un delincuente suelto, por lo cual Mai sigue siendo mi rival a su modo.

— ¡Vaya terquedad la tuya, mujer! —La expresión suscitó que ambos dejaran de abrazarse para en su lugar mirarse a los ojos. Unos ojos azules cuya belleza e intensidad solo podían compararse a los tonos del océano en un fresco día de verano donde las olas besaban los pies a la orilla—. Pero me fascina que así seas. Los tercos se mantienen firmes en su actitud aún si es preciso mandar a la mierda todo. —Sus narices volvieron a envolverse en una caricia tersa, y él pudo sentir el aliento de Yura mezclarse con su respiración. Ella tenía los ojos entrecerrados, como si esperara el beso desarmada, en tanto él trazaba los movimientos sin enlazar los labios—. Eso me garantiza que, si logro conquistar a pleno tu corazón, estaremos juntos aún si es preciso mandar a la mierda todo.

Selló la declaración entregándose por fin al embrujo del beso. Los labios se abrían y cerraban sobre sí con una paciencia envolvente, como si además del beso les acometiera el celo de memorizar el rincón más íntimo de la boca ajena.

—Si seguimos besándonos a este ritmo…— habló Yura entre suspiros—. Se nos gastará la boca. —Ventiló una carcajada pronto aunada con la de ella, aprovechando esa fisura en el beso extendieron el cese para recobrar el aliento y retomar el diálogo. Sus labios emitieron un leve ruido de encaje al separarse.

— ¿Sabes? Nuestros besos me remontan a la primera vez que comí Arroz con Curry. No dejé una sola miga en los dos platos devorados uno tras otro y, aunque no soy quisquilloso para los demás platillos, hoy en día continúa siendo mi favorito. Tanto que hasta podría comerlo todos los días durante las tres comidas diarias. Con tus labios me ocurre lo mismo —los rozó vehemente—, podría besarlos todos los días, a cada hora, minuto o segundo… Para siempre.

—Entonces no te ocurre lo mismo— soltó una risilla bufona—. No quisiera separarme de ti. Yo…— compuso un gesto atribulado— aborrezco la soledad, pero los minutos avanzan y dejar solo a tu Viejo a estas horas no lo considero una muy buena idea.

— ¡Oh por Kami! —Proclamó, exabrupto. Sumido en el hechizo conjurado por los labios de Yura había olvidado el mundo a sus espaldas una vez traspasado el umbral. Su sentido del deber entró en discordia con el apetito de su corazón, quien ordenaba a gritos permanecer en los brazos de la albina.

Yura debió asociar aquella guerra tácita con las líneas de su perfil, o a lo mejor no hubiera tomado la iniciativa deshaciendo la unión entre ambos para ponerse de pie y acompañarlo a la puerta en silencio, pero con una sonrisa estirándole las comisuras. Admirando esa curva por embellecer la faz, parado bajo el marco de la puerta con Yura a un paso de distancia, volvió a preguntarse que era ella de él.

¿Qué era Jōnouchi Katsuya de Yura Sutori?


"—Somos dos piezas en un juego de azar llamado «Destino». Somos las partes en un convenio sin otra cláusula más que la de esperar a que el tiempo nos separe o una para siempre. Somos un par de amigos que se toparon con el amor sin pedirlo ni buscarlo. Somos tantas cosas a la vez que no es posible definirnos. Y es mejor así—.


Le devolvió la sonrisa extendiendo una mano sobre su cabello blanco. Un novio se despediría con un beso en los labios, pero visto que no tenía por meta serlo, él se despediría con un beso en la frente.


"—Nos topamos con el amor sin pedirlo ni buscarlo, por eso debemos hacer lo mismo con él: no hacerlo ni buscarlo, sino dejar que él nos haga a nosotros a su justa medida—."


—Buenas noches— murmuró, caminando de espaldas. Quería fotografiar esa imagen en su mente para dormir con una sonrisa bobalicona en los labios—. ¡Mañana vendré a molestarte como todos los días!

— ¡Esperaré por ti con zapato en mano! —Lo vociferó atarugando una carcajada, quizás por acordarse del zapatazo que le había infligido la mañana en la cual compartió con él la mitad de su desayuno.

Avizorar— pese a la distancia— un leve rubor en sus pómulos, en armonía con unos ojos cristalizados como si fuesen a derramar lágrimas de felicidad, le infundió la certeza de que, si acaso le tocaba morir allí mismo, lo haría sonriendo.

— ¡Guárdame la mitad de tu desayuno!

— ¡Si te lavas las manos primero!


"—Y es mejor así, porque si no es posible definirnos, entonces nos parecemos al amor. Sin definición ni explicación. Sin principio ni fin—.


—.—


—Tengo miedo, Kyo. Le quiero… No, estoy enamorada hasta los tuétanos de él. Pero esta opresión en mi pecho no me deja respirar tranquilidad.

—Yo también tengo miedo, Yu. Me horroriza imaginar que la historia se repita, pero…

— ¿Pero?

Kyoka se adornó los labios con una sonrisa perspicaz cuya esbeltez le dejó a la expectativa. Todavía mayor cuando hizo una pausa en la tarea de cortar la verdura.

—Pero no todos los peros encierran un obstáculo en su ejercicio gramatical.

—No entiendo.

—El miedo se hospeda cuando algo amenaza lo habitual. En otras palabras, cuando algo en nuestro entorno puede cambiar para beneficio o maleficio nuestro. —Encauzó la mirada hacia ella siendo una oda a la ternura, tal cual una madre miraría a su hijo tras hacerle una confesión dolorosa—. Pero Yura, ¿qué ha cambiado en el día de hoy?

Sabiéndose la respuesta, entonces fue su turno de abstenerse a seguir cortando la cebolla.

—Jōnouchi ha venido en la mañana, como todos los días. Se ha peleado contigo por estupideces y al final le has dado la mitad de tu desayuno, como todos los días. Se despidió de nosotras en la tarde para almorzar con su Viejo, como todos los días. Retornó a las dos y nos hizo reír con sus chistes malos, nos hizo enojar con sus burlas improvisadas, nos ayudó a eliminar los tollos en la pieza y se ha ofrecido a comprar lo que falta para la cena; como todos los días. ¿Sabes cuál ha sido la única diferencia?

—Yo…

—Que, al momento de su llegada, te saludó con los ojos iluminados. Que una vez hubo concluido el pleito reconoció haberlo armado por una estupidez. Que cuando se comió la mitad de tu desayuno se veía el hombre más feliz del mundo. Que al despedirse para almorzar con su Viejo te regaló un beso en la frente. Que, al volver, hacía los chistes para verte sonreír, que hacía las burlas por hacerte enojar, que ayudó a eliminar los tollos para que no tuvieras que afanar en ello y que se ofreció a comprar lo que resta de la cena porque no quiere que vayas al trabajo con el estómago vacío.

Kyoka le arrebató las palabras de subidón, recitándolas punto por punto a como se iban formando en su mente. Ostentó una precisión tan escalofriante que sustituyó la imagen de su mejor amiga por un espejo donde observaba su propio reflejo.

—Jōnouchi te lo explicó muy bien, Yu. Al momento de elegir haces una de dos cosas: renuncias o rechazas— en sus oídos, la voz de Katsuya se sobrepuso a la de Kyoka—. Tú ya elegiste darte una oportunidad con él, pero, ¿qué debes rechazar a cambio? Mejor aún, Yura, ¿a qué debes renunciar?

Le tembló la mano— ocupada en el cuchillo— al ensamblar la respuesta, que unos toquecitos a la puerta le ahorraron la congoja de anunciar entre sílabas.

— ¡Yo voy! — Abandonó los utensilios tras idealizar a Katsuya sosteniendo tantas bolsas a la vez que le era imposible abrir por cuenta propia.

Caminando a trote dio con el pomo, y al recobrar la osadía de girarlo a la derecha, pudo hacer juramento de cómo toda su sangre emigró en picada hacia sus pies.

—Buenas noches, hija mía.

— ¿P-Papá?


(1) En japonés suele acuñarse para hacer alusión a una bebida alcohólica en términos generales.

Si quieren saber por qué Yura y Jōnouchi están en Osaka, cual es el papel de Atem y Yugi en todo este embrollo, que planea Kaiba y a donde iremos a parar con esta historia, les recomiendo no perderse el próximo capítulo.

¡MILLONES, BILLONES, TRILLONES DE GRACIAS POR LEER!