Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a la bella Stephenie Meyer. La historia tampoco es mía, es una adaptación de la fabulosa obra de Tabitha Suzuma.
Advertencia: La historia trata con el incesto, así que si a usted no le simpatizan estos temas, absténgase de leer.
"No hay amor sin instinto sexual. El amor usa de este instinto como de una fuerza brutal, como el bergantín usa el viento."José Ortega y Gasset.
Capítulo XXIV
Bella's POV
Nunca antes había visto a James tan completamente ansioso por ir a la escuela. Si solo fuera así cada día, pienso tristemente. Después de devorar su tostada en tres mordidas, beber su jugo en dos tragos, agarra el almuerzo que le tiende Edward y corre por el pasillo para recolectar el resto de sus cosas. Cuando regresa con sus bolsos, lo miro en su nueva chaqueta caqui comprada especialmente para la ocasión, en desacuerdo con sus jeans agujereados de los que se rehúsa separarse, con su sudadera rota varias tallas más grande y siento angustia. Su arenoso cabello está despeinado y luce pálido por quedarse despierto hasta tarde muchas noches: delgado, vulnerable, casi frágil.
—¿Recordaste empacar el cargador de tu celular? —le pregunto.
—Sí, sí.
—Recuerda llamarnos cuando llegues, ¿está bien? —agrega Edward—. Y ya sabes, tal vez en algún punto durante la semana, solo para dejarnos saber cómo te está yendo.
—Sí, sí. Bien. —Cruza la correa de un bolso a través de su pecho, y se cuelga la otra al hombro.
—¿Tienes el dinero que te di? —pregunta Edward.
—No, lo gasté.
Los ojos de Edward se agrandan. James resopla de la risa.
—¡Eres tan crédulo!
—Muy gracioso. Solo no lo gastes en cigarros o, ya sabes, te enviarán directo a casa.
—¡Solo si me atrapan! ¡Correcto, me voy! —grita antes de que Edward pueda responder, haciendo su camino por el pasillo.
—¡Adiós, adiós! —grita Alice detrás de él—. ¡Te extrañaremos!
—¡Tráeme un regalo! —grita Emmett, con optimismo.
—¡Diviértete y sé bueno! —grita Edward.
—¡Y cuidadoso! —añado.
La puerta se cierra, sacudiendo las paredes. Miro hacia el reloj de la cocina, atrapo la mirada de Edward y me río. Las ocho y media: tiene que ser un tipo de récord. Uno fuera, pienso con creciente anticipación, quedan dos. Después de un desayuno forzado, Emmett empieza a rebotar alrededor, diciendo que no importa si llegamos temprano: "¡A Jasper no le importa, tenemos que ir!"
Alice toma refugio en mi regazo, recoge un poco del cereal seco de su plato y debate si pasar toda la noche en casa de alguien más es realmente una buena idea después de todo. Especialmente dado que no le gusta la oscuridad, que a veces tiene pesadillas, que Rose podría no compartir sus juguetes, que cuatro cuadras lejos es de hecho muy lejos si decides que necesitas venir a casa en medio de la noche. Emmett se voltea desde el fregadero y mira hacia nosotros con una expresión de tal horror que no puedo evitar reír.
No me toma mucho recordarle a Alice los beneficios de pasar la noche con una amiga de la escuela quien no solo tiene un jardín y una casa Wendy (1), sino que también, aparentemente, un cachorro nuevo. Alice se anima y de repente decide que su nuevo set de té de plástico casi sin duda puede volverse útil y corre arriba para añadirlo a la bolsa de juguetes. Tan pronto como deja el cuarto, Edward se da vuelta desde el fregadero, con los codos llenos de espuma.
—¿Qué pasa si cambia de opinión? —pregunta afectado—. Nunca antes ha ido a una pijamada. Podría tambalearse en medio de la noche o decidir que quiere venir a casa tan pronto como llegue la oscuridad. Tendremos que ir y recogerla…
Me río.
—¡No te veas tan preocupado, mi amor! No lo hará. Emmett estará ahí, ella adora a Rose y hay un cachorro.
Él sacude su cabeza con una sonrisa lenta.
—Ojala que estés en lo correcto. Si el teléfono suena, lo voy a desconectar, lo juro por Dios...
—¿Le harías eso a tu hermana de cinco años? —Jadeo fingiendo indignación.
—¿Por toda una noche solos los dos? Jesús, Bella, ¡la vendería a los gitanos!
Riéndome salgo a buscar algo a la mesa del pasillo.
—Adivina qué tengo. —Extiendo mi puño cerrado alegremente.
Edward toma gentilmente mi mano en la suya y desenrosca mis dedos.
—¿Una llave?
—La llave de mamá. La deslicé de su llavero cuando se le cayeron el fin de semana pasado que vino a recoger ropa.
Su cara se ilumina.
—¡Wow, movimiento inteligente!
—¡Lo sé! Es poco probable que aparezca, pero ahora sabemos que aun si lo hace, ¡no podrá ser capaz de entrar a la casa!
—¡Lástima que no podemos dejarla fuera para siempre!
Después de dejar a los niños con Jasper, corro como solía cuando era una niña: salvaje y rápida y libre. Mis zapatos chapotean a través de charcos de barro, salpicando mis piernas desnudas con un rocío sucio, y las ancianas que almuerzan bajo sombrillas se apartan para dejarme pasar, parando para voltearse y mirarme fijo mientras voy corriendo. El suave cielo blanco desata los nudos y gruesos de la lluvia; un viento helado azota espigas duras contra mi cara, haciendo que mi piel pique. Estoy completamente empapada, con mi abrigo abierto, mi camiseta casi transparente, mi cabello goteando bajo mi espalda.
Continúo corriendo más y más rápido. Siento como si estuviera a punto de ser atrapada por el viento, levantada en el aire como una cometa, y enviada sumergiéndome y girando por encima de las copas de los árboles hacia el lejano horizonte. Nunca me he sentido tan aliviada, tan rebosante de libertad y alegría.
Deteniéndome en la cocina, elevo mis brazos al aire.
—Wow. —Miro a Edward fijamente, la felicidad amenaza con explotar de mí como una corriente de burbujas efervescentes—. No puedo creerlo, literalmente no puedo creerlo. Pensé que este momento nunca llegaría.
Él comienza a reír.
—¿Qué?
—Pareces a una rata ahogada.
—¡Gracias!
—¡Ven aquí! —Viene hacia mí alrededor de la mesa de la cocina y me agarra de la cintura—. Bésame.—Río e inclino mi cabeza mientras él eleva sus manos calientes a mi cara—. Aggg, estás congelada. —Me besa suavemente, y luego un poco más fuerte.
Soy consciente de mi cabello goteando sobre él.
—¡Déjame cambiarme entonces!
Me volteo y subo corriendo a mi cuarto. Cuando recupero mi toalla de debajo de una pila de ropa, Edward entra y brinca a mi cama, luego se voltea para sentarse con las rodillas levantadas, de espaldas a la pared. Froto mi cabello y seco mi cara, luego me quito la falda empapada lidiando con el primer botón con una mano, inclinándome para revolver y buscar un par de pantalones con la otra. Soy incapaz de encontrarlo, me doy cuenta de que el botón está atorado. Con un suspiro de fastidio, me detengo y lo agarro con las uñas.
Soy consciente de Edward levantándose de mi cama y acercándose.
—¡Jesús, eres más inútil que Emmett!
—¡Es porque está mojada! Pienso que esta estúpida camisa se encogió en la lluvia o algo.
—Espera, espera... —Sus manos calientes rozan contra las mías, tirando suavemente del material empapado.
Tiemblo, dejo que mis brazos caigan a los lados y siento su flequillo haciéndome cosquillas en la frente mientras se inclina hacia mí, con la cabeza baja, y su cálido aliento contra mi cuello. Sus ojos están estrechados por la concentración mientras, bajo sus insistentes dedos, el botón finalmente empieza a aflojar. Continúa jugando con el botón, su cabeza sigue doblada, y puedo sentir que su respiración se acelera y el calor irradia de sus mejillas. El primer botón se suelta, y sin levantar la vista, empieza a desabrochar el siguiente.
Estoy parada muy quieta, consciente de que ninguno de los dos hemos hablado por varios minutos. Un zumbido extraño parece llenar el aire como un pensamiento silencioso colgando entre nosotros. Edward intenta desabrochar mi camisa, pero parece que tiene problemas, sus manos están temblorosas. Miro su cara cuidadosamente, preguntándome si estamos compartiendo el mismo pensamiento. Cuando llega al tercer botón, mi camisa aletea abierta, revelando la parte superior de mi sujetador. Escucho la respiración acelerada de Edward mientras continúa su trabajo hacia abajo en silencio, concentrándose en su tarea.
El borde de sus manos roza contra la cima de mis senos; está soltando el ultimo botón ahora y estoy consciente del rápido ascenso y caída de mi propio pecho, el toque de sus dedos a través de la tela fina y húmeda poniendo como carne de gallina toda mi piel. Mi camisa cae abierta y él la desliza de mis hombros, dejándola caer en la alfombra. Alcanzando mi sujetador, de repente se detiene, una mano flotando sobre mis senos, y con ese momento de vacilación, lo sé.
—Está bien —susurro, mi voz es repentinamente débil—. Quiero esto.
Sus ojos se mueven nerviosamente a los míos, la sangre calienta sus mejillas, su expresión es una mezcla de temor y anhelo.
—¿En serio?
—Sí.
Las lágrimas y la risa se arremolinan en mi interior. Acaricio mi mejilla contra la de él suavemente, tan suavemente que su piel se siente como las alas de una mariposa. Cierro mis ojos y muevo mis labios ligeramente en su rostro, apenas tocándolo, de manera que toda mi boca empieza a hormiguear. Él cierra los ojos también, toma una respiración profunda y la deja salir muy lento. Mis labios siguen un camino bajando por su cuello, hacia el hueco debajo de su clavícula. Sus dedos se aprietan alrededor de los míos y deja salir un pequeño jadeo. Levantando mi cabeza, beso suavemente la comisura de su boca antes de moverme por su cara. Su boca sigue a la mía y me burlo de él, negándome a permitir que nuestros labios se encuentren, hasta que su respiración se acelera y suelta mi mano para acunar mi mejilla y mueve mi boca hacia la suya.
Finalmente empieza a besarme, suave, gentilmente, con besos excitantes.
Unos temblores de placer corren a través de todo mi cuerpo y su mano tiembla contra mi mejilla. Su respiración se profundiza, quiere besarme más fuerte, pero me resisto, tratando de hacer durar esto tanto como pueda. Él toca mi cara, pasa sus dedos sobre mis mejillas y continuamos dándonos pequeños besos como plumas, piel contra piel, tan cálido, tan familiar, tan suave... hasta que pone su mano en mi espalda y desabrocha mi sujetador.
Acaricia mis senos con dedos temblorosos, rodeando mis pezones, enviando temblores nerviosos de excitación a través de mí. Con los ojos fijos y el ceño fruncido en concentración, parece estar conteniendo la respiración. Luego, de repente, emite un pequeño sonido, el aire sale de sus pulmones a toda prisa. Tentativamente, alcanzo el bajo de su camiseta. Cuando no protesta, se la saco gentilmente sobre la cabeza. Cuando reaparece, con el cabello despeinado, roza mi piel con las yemas de sus dedos, besando mis senos. Desabrocho sus pantalones y él inhala bruscamente, su cuerpo inmediatamente se contrae bajo mi toque. Su aliento es caliente, rápido y húmedo contra mi mejilla y busca mi boca, besándome aun más fuerte.
Cuando me atrae hacia él, un fuerte temblor atraviesa su cuerpo y el mío. Sus brazos me rodean firmemente, y la calidez de su pecho presionado contra mí me hace jadear. Él está besando mi cuello, mis hombros, mis pezones, alejándose para tomar pequeñas dosis de aire, con sus manos en mis senos, en mi estómago, dentro de mi ropa interior, empujándola hacia abajo. Deslizo mis piernas y me paro fuera de mis bragas, luego estiro las manos hacia sus bóxers y los empujo hacia abajo. Él los patea fuera de sus tobillos y luego estamos de pie juntos, desnudos juntos por primera vez en la brillante luz del día.
¡Qué increíble estar juntos así con la puerta abierta, la ventana abierta, las cortinas revoloteando en la brisa!
Las nubes de lluvia han pasado y el sol ha salido y todo en mi cuarto parece blanco y brillante. Edward alcanza instintivamente la manija de la puerta, y luego se detiene a sí mismo, riéndose. Y de repente, es como si toda la risa y la felicidad en el mundo estuviera aquí, aquí entre los dos en esta habitación. Nuestro amor, nuestra primera prueba de libertad, incluso el sol parece estar radiante con su aprobación, y finalmente siento que todo entre nosotros va a estar bien. No tendremos que escondernos por siempre: la gente lo aceptará, la gente tendrá que aceptarlo. Cuando vean lo mucho que nos amamos el uno al otro, cuando se den cuenta de que siempre estaremos destinados a estar juntos, cuando entiendan lo felices que somos, ¿cómo podrían rechazarnos?
Todas nuestras luchas fueron para poder llegar a este punto, este momento exquisito, finalmente sosteniéndonos el uno al otro, tocándonos el uno al otro, besándonos el uno al otro sin temor de ser atrapados, sin culpa o vergüenza; compartiendo nuestros cuerpos, nuestros seres, cada parte de nuestras almas.
Él me sigue hacia la cama, se recuesta a mi lado y continúa besándome, acariciando mis pezones con las yemas de sus dedos, lamiendo mi cuello. Toco su pene pero él empuja mi mano, respirando fuertemente.
—Espera. —Me mira, su cuerpo está tenso, temblando contra el mí como un cable vivo—. Bella, ¿estás... estás segura?
Asiento lentamente, con un toque de temor arrastrándose en mí.
—¿Dolerá?
—Si duele tendremos... tendremos que parar. Todo lo que tienes que hacer es decir "alto". En verdad voy a ser cuidadoso, lo seré, lo prometo.
Sonrío ante el fervor en su voz.
—Todo está bien. Confío en ti, Ed.
—Pero solo si estás segura. —Sus manos son como tornillos alrededor de mis muñecas, aún está tratando de evitar que lo toque.
Tomo una respiración profunda, como si me preparara para lanzarme al vacío.
—Estoy segura. —Nuestros ojos se encuentran, sellando un acuerdo tácito con nuestra mirada, y en su cara veo reflejada mi propio temor y anhelo—. ¿Recordaste traer algún...?
—Sí. —Se levanta rápidamente de la cama y desaparece del cuarto.
Momentos después, regresa con eso en su mano. Un aleteo lleno de pánico alcanza a mi pecho. Sin una palabra, Edward se sienta dándome la espalda y empieza a juguetear con la brillante envoltura púrpura brillante. Acostada contra las almohadas, empujo el edredón sobre mí. Mi corazón está golpeando contra mis costillas. No puedo creer que en realidad estemos haciendo esto.
Miro la suave curva blanca de su columna, los agudos ángulos de sus omóplatos, su tórax expandiéndose y contrayéndose con rapidez, los músculos en sus brazos endureciéndose mientras sus manos manosean entre sus piernas. Me doy cuenta de que está temblando.
Finalmente gira de nuevo hacia mí, su respiración es superficial y rápida. Me apoyo buscando un beso y volvemos a acostarnos en la cama, su boca feroz y urgente contra la mía. Esta vez está encima de mí, apoyado en sus codos, frotando su cara contra mi mejilla. Paso mis manos arriba y abajo de su estómago y lo siento estremecerse. Tentativamente, muevo mis piernas y extiendo mis rodillas. Lo siento empujar contra mi muslo.
—Más arriba —susurro.
Deja de besarme ahora, su cara está a centímetros sobre la mía, la concentración está grabada entre sus cejas mientras se desplaza ligeramente, tratando de encontrar el lugar correcto. Después de varios acercamientos fallidos, se inclina sobre un lado y estira la mano para tratar de guiarlo. Su mano golpea contra mi pierna.
—Ayúdame —susurra.
Estiro mi mano, y después de lo que parece una eternidad, entra en el lugar correcto. Retiro mi mano e inmediatamente me siento tensa. Edward presiona contra mí; me estremezco con anticipación: eso nunca va a caber ahí. Por un momento no nada pasa. Luego lo siento empujar su camino dentro de mí.
Inhalo superficialmente.
La cara de Edward se cierne sobre mí, mirándome hacia abajo, su aliento es rápido y fuerte. Sus ojos están muy abiertos, iris azules y brillantes. Puedo distinguir cada pestaña individualmente, las grietas en sus labios, el sudor en su frente. Y lo puedo sentir dentro de mí, su cuerpo está temblando con el deseo de ir más allá.
—¿Está todo bien? —pregunta con voz temblorosa.
Asiento con la cabeza.
—¿Puedo... puedo seguir?
Asiento otra vez.
Duele, pero eso no es tan importante ahora mismo. Lo quiero, quiero sostenerlo, quiero sentirlo dentro de mí. Empieza a empujar más. Una fuerte punzada me hace retroceder, pero de repente está completamente adentro.
Estamos tan cerca como dos personas pueden estarlo. Dos cuerpos mezclados en uno.
Edward sigue observándome con una mirada urgente en sus ojos, emitiendo pequeños jadeos entrecortados. Empieza a moverse lentamente de atrás hacia adelante, con sus codos hundidos en el colchón, sus manos agarrando la sábana a ambos lados de mi cabeza.
—Bésame —digo en un suspiro.
Baja su rostro hacia el mío, sus labios rozan mi mejilla, mi nariz, luego hacen su camino hacia mi boca. Me besa suavemente, muy suavemente, respirando fuerte ahora. El dolor entre mis piernas empieza a desvanecerse mientras continúa moviéndose dentro de mí, y siento otra sensación, una que hace que todo mi cuerpo se estremezca. Paso el dorso de mis manos por su pecho y estómago, dentro de las depresiones entre sus caderas y luego subo a los lados, urgiéndolo con mis manos a moverse un poco más rápido. Lo hace, presionando sus labios y conteniendo el aliento, el sonrojo de su cara se profundiza, esparciéndose sobre su cuello y sobre su pecho. El sudor brilla en su frente y mejillas, y una pequeña gota corre por su cara, luego cae sobre mí.
Mientras se mueve, su pelo roza contra mi frente. Oigo el sonido de mi propia respiración, pequeñas bocanadas de aire escapando de mi boca, mezclándose con la suya. No quiero que esto pare nunca: este temor mezclado con éxtasis, todo mi ser zumbando con anhelo, la presión de su cuerpo contra el mío. La sensación de él dentro de mí, moviéndose contra mí, haciéndome temblar de excitación.
Inclino la cabeza hacia arriba por otro beso y sus labios descienden sobre los míos, más fuerte esta vez. Arrugando los ojos, se aleja y contiene el aliento por unos pocos segundos, luego lo suelta y va más de prisa. De repente, abre sus ojos otra vez, su mirada es desesperada y urgente.
—Está bien —lo tranquilizo rápidamente.
—No puedo... —Las palabras se quedan atrapadas en su garganta y lo siento temblar contra mí.
—Está bien.
Con un pequeño jadeo, sus movimientos empiezan a acelerarse.
—¡Perdón!
Lo siento sacudirse dentro de mí, su hueso pélvico empujando contra el mío. De repente, parece encerrado en su propio mundo. Cierra los ojos y sus jadeos entrecortados desgarran el aire, su cuerpo cada vez se aprieta más y más, sus manos arrancan las sábanas. Luego, con una profunda y aguda inhalación, se presiona fuertemente dentro de mí, una y otra vez, estremeciéndose violentamente con una serie de pequeños sonidos salvajes.
Una vez que se queda inmóvil, todo el peso de su cuerpo me aplasta y colapsa contra mi cuello. Me está sosteniendo muy estrechamente, sus brazos presionan contra mí, sus dedos aprietan mis hombros, su cuerpo todavía tiene espasmos.
Exhalando lentamente el aire fresco de la habitación, paso mi mano sobre su cabello húmedo, a través de su cuello y por su espalda, sintiendo a su corazón palpitando violentamente contra el mío. Beso su hombro, la única parte de él que puedo alcanzar, y miro fijamente con asombro el familiar techo azul desteñido.
La realidad ha sido alterada, o al menos mi percepción de la realidad ha cambiado dramáticamente. Todo se siente diferente, se ve diferente; por unos pocos momentos no estoy segura de quién soy. Este chico, este hombre, yaciendo en mis brazos se ha convertido en parte de mí. Juntos tenemos una nueva identidad: dos partes de un todo. En los últimos minutos, todo entre nosotros cambio para siempre. Vi a Ed como nadie lo ha visto antes, lo sentí dentro de mí, lo sentí en su momento más vulnerable, me abrí a mi misma en devolución. En esos pocos minutos lo tomé dentro de mí, me convertí en una parte de él, tan cerca como dos seres separados pueden estar alguna vez.
Lentamente levanta la cabeza de mi hombro y me mira horrorizado.
—¿Estás bien? —pregunta suavemente.
Asiento, sonriendo
—Sí.
Él suspira de alivio y presiona su boca contra mi cuello, con el sudor corriendo entre los dos. Me besa entre respiraciones irregulares, y luego atrapo la vista de la apariencia salvaje y ruborizada de su cara, y empiezo a reír. Contemplándome, empieza a reír también y su ser completo parece irradiar alegría.Y a la vez pienso: Todo este tiempo, toda mi viva, ese duro sendero pedregoso me estaba dirigiendo hasta este punto. Lo seguí a ciegas, tropezando en el camino, rasguñada y cansada, sin alguna idea de a dónde me dirigía, sin darme cuenta alguna vez de que con cada paso me acercaba a la luz del final de un túnel largo y oscuro. Y ahora que lo he alcanzado, ahora que estoy aquí, quiero atraparlo en mi mano, sostenerlo para siempre para mirar hacia atrás, al punto en el cual mi nueva vida realmente empezó. Todo lo que siempre quise, aquí y ahora, todo está capturado en este momento. La risa, la alegría, la enormidad del amor entre nosotros. Este es el amanecer de la felicidad. Todo empieza ahora.
Entonces, de la puerta, llega un grito destrozado.
Adelanto: Capítulo 25.
—¡Lo siento! —grita, el agudo sonido es amortiguado por el vidrio blindado—. ¡Ed, lo siento, lo siento, lo siento! ¡No pensé acerca de lo que ocurriría... nunca pensé que ella llamaría a la policía!
(1) Es una casa pequeña para niños, lo suficientemente grande para que entren uno o más niños. Es básicamente una casa de juguete que suele estar en el jardín.
Buenas, buenas. Espero que se encuentren bien.
Ahí les dejo el nuevo capítulo, uno de mis favoritos.
Lo publiqué un día después del anterior para compensar de alguna forma todo lo que me he demorado en volver.
Faltan dos capítulos y el epílogo, y esta cosa llega a su fin. Espero que lo disfruten.
Camila.
