Hooola mis princesas!

Espero que todas hayáis tenido una buena semana; aquí me tenéis, dando guerra con otro capítulo; por fin se desvela uno de los interrogantes que muchas me habéis preguntado en los reviews.

Poco más que añadir, simplemente espero que os guste y lo disfrutéis ;)

Nos leemos abajo...


Capítulo 25: Sorprese che danno vita

Berlín, Alemania; 19 de junio de 1941...

Con paso rápido, pero firme y decidido, el teniente Edward Masen entraba en la céntrica taberna de la capital alemana, para asistir a una reunión con varios colaboradores de la Organización. Dejando a un lado, por esa noche, su uniforme militar y vestido con un sobrio traje gris y un sombrero de fieltro que tapaba parcialmente su rostro y característico color de pelo, y una vez que pasó por medio del gentío que ocupaba las mesas, bajó los escalones casi a la carrera.

Por fin, después de casi tres largos y tortuosos meses, Jasper Withlock había regresado de Inglaterra, y de seguro le entregaría en mano una carta de su Bella; durante este tiempo, el conflicto entre Alemania y los países denominados "La Resistencia", entre los cuales por supuesto estaba Gran Bretaña, habían hecho que tanto la correspondencia oficial como la secreta permanecieran totalmente paralizadas. Por suerte para la Organización y la suya personal, las vías de comunicación habían vuelto a abrirse hacía tan solo unas semanas.

Sin duda alguna, estos tres meses fueron un verdadero suplicio para el joven Masen; él, junto con Seth y Paul, ya que Jared había sido trasladado a otro campo al sur del país, se encontraban a la deriva; con Withlock dejando todo bien atado en Londres, las noticias de la Organización llegaban a Ravensbrück con cuenta gotas; tan sólo el escueto mensaje que rezaba "todo sigue su curso", recibido cada dos o tres semanas, les confirmaba que la situación estaba bien.

Flanqueado en esta ocasión por el sargento Clearwater, ambos se adentraron en el ya habitual lugar de reunión, el despacho de Jasper. Éste se encontraba sentado detrás de su escritorio, revisando unos documentos, a la vez que Eleazar, detrás de su silla y de pie, le señalaba algo en ellos. Nada más poner un pie entre esas cuatro paredes, el señor Withlock levantó la vista.

-¡Edward, Seth!- exclamó con alegría, levantándose y dándole a cada uno un abrazo de camaradería.

-Me alegro de verle, jefe- fue la respuesta de Seth, que después de ese saludo se dirigió a Eleazar.

-¿Cómo fue todo?- inquirió Edward, ansioso.

-El viaje fue largo, pero bien- confirmó éste, con una sonrisa y señalándole el raído sofá de cuero rojo, en el cual ambos tomaron asiento -Bella y las chicas ya están con Dora, instaladas y protegidas- el suspiro de alivio de Edward fue audible en toda la sala -y tanto sus pasaportes originales como sus visados de residencia ya están tramitados y sellados; no hay peligro alguno-.

Edward escuchaba con atención esa última parte; desde luego el asunto de los pasaportes de las chicas había sido arreglado por el infiltrado de altos vuelos que la Organización tenía... ¿quién diablos sería...?; se apuntó mentalmente esa pregunta para luego, ahora no quería interrumpir el relato de su amigo y colaborador.

-Las chias están instaladas- le contó -Sara y Bella están en casa de Dora; Kate y su madre residen en la casa dónde trabajan- Edward frunció el ceño -Dora les buscó trabajo; Madeleine es ama de llaves, y Kate fue contratada de doncella en una de las fincas que tiene un Lord a las afueras de Trent; Bella ayuda en la pequeña panadería que tienen Dora junto con su hermano y cuñada, y también trabaja en varias casas- el ceño de Edward se frunció de nuevo, recordando una de las últimas conversaciones que mantuvieron su pequeño ángel y él; ella iba a trabajar duro y empezar a construir ese futuro para ellos... no era la vida que él tenía pensado para ella... pero no podía hacer nada al respecto; eran tiempos duros, y había que hacer muchos sacrificios.

-¿Y la pequeña Sara... y Alice?- mencionó el nombre de su prima política, enarcando una ceja; a ver por dónde salía Jasper...

-Sara también trabaja en la panadería- contestó -y la señorita Brandon trabaja para mi- aquellas últimas palabras dejaron estupefacto al teniente.

-¿Qué quieres decir?- reclamó.

-He alquilado una casa en Trent- le informó -me gustó la situación del lugar; está apartado del bullicio de la capital, y los parajes son muy tranquilos. Mis hijos están mucho mejor allí... y los niños se han encariñado de las chicas; de modo que he contratado a Alice como niñera de mis hijos- resolvió, con una sonrisa en el rostro.

-Vaya...- fue la simple respuesta de Edward, asombrado -no me lo esperaba- admitió; volvió a anotarse mentalmente preguntarle a Bella en su próxima carta que se cocía entre su prima y el señor Withlock; depende de lo que le contara, le preguntaría a Jasper en un futuro.

-Ella y la señora Andrews, mi ama de llaves, se ocupan de los pequeños... y también ganó el hecho de que Alice no se separaría de Bella y el resto-.

-Supongo que ha sido una buena idea- dijo Edward, todavía sin saber cómo reaccionar -¿cómo está la situación allí?- inquirió, cambiando radicalmente de tema.

-Esa zona está bastante tranquila; volvió a repetirle Jasper -pero en Londres todavía se palpan los efectos de los bombardeos de enero y febrero; los alimentos básicos escasean, hay veces que hay que esperar un mes entero para poder comprar azúcar por ejemplo, ya que los alimentos básicos tardan en llegar a las zonas rurales- relataba éste -por no hablar de los desorbitados precios, debido a la escasez-.

Edward escuchaba con atención; rogaba para que su pequeño ángel no pasara hambre... todavía se le ponía un nudo en la garganta al recordar la imagen de su novia en el campo, completamente débil y desnutrida, trabajando de sol a sol; era algo que nunca iba a poder quitarse de la cabeza, incluso esas imágenes le perseguían en sus sueños, en forma de horrible pesadilla. La voz de Jasper hizo que dejara ese horrible recuerdo aparcado.

-Antes de marcharme, me aseguré de proveerlas de alimentos para una temporada; también le entregué a Dora el dinero que le mandabas; con eso tendrán para comer y poder seguir con la pequeña panadería; tienen una pequeña cartera de clientes fija, tanto de Trent como de los pueblos de alrededor- el joven asintió, al menos tendrían comida para llevarse a la boca, aunque no fuera de manera abundante.

-¿El idioma?- interrogó -¿se van adaptando?- él sabía inglés desde que era un niño, ya que tanto su padre como el colegio se lo enseñaron.

-Dora y su hermano y cuñada les van enseñando poco a poco, al igual que mi ama de llaves- le explicó -apenas lo hablan todavía, pero cada vez entienden más- Edward sonrió, no podía esperar a escuchar a su pequeño ángel chapurreando las palabras básicas... aunque puede que para cuando la volviese a ver, ya se defendiera bastante bien.

El tiempo que iba a pasar lejos de su amor iba a ser largo, muy largo... y aunque su cuerpo estuviera en ese monstruoso lugar llamado Ravensbrück, haciendo su trabajo de manera automática, su mente y su corazón estaban con ella, esperando el día en el que pudiera abandonar Alemania para reunirse con ella. Si el plan seguía su curso sin fisuras, un año era un tiempo prudencial para no levantar sospechas, y poder pedir su traslado al frente... lugar al que nunca llegaría; todo ese lapsus de tiempo se vería incrementado esperando una respuesta de Berlín, por lo que habría que sumar varios meses a ese año interminable. Pero como le repetía Paul una y otra vez... mejor unos meses más tarde que nunca.

Edward quería seguir interrogando a Jasper con más preguntas, pero el eco de unas voces que se acercaban a su posición hizo que se quedara callado, mirando a la puerta. Acompañando a Demetri y Gianna, que también habían viajado a Berlín por unos días, hicieron acto de presencia dos hombres y una mujer, a los que el teniente no había visto en su vida. Los tres sonrieron en dirección al señor Withlock, que se levantó del sofá que compartía con Edward, para saludarlos de manera efusiva.

-¡Mi buen amigo Jacob!- exclamó el jefe de la Organización, dándole un apretón en el hombro y estrechando su mano -¿cómo estás?-.

-Todo lo bien que se puede estar en este infierno- replicó el joven, que no pasaría de la treintena. Jasper también saludó al otro hombre y a la mujer; los hombres eran altos y morenos, Edward casi podría jurar que se parecían mucho a Seth, el cual también les dio la bienvenida afectuosamente.

-Teniente- le llamó el señor Withlock -le presento al sargento Jacob Black y al oficial Quil Ateara, destinados en Dachau; y ella es la sargento Leah Clearwater- Edward miró a Seth, que sonreía a la vez que rodeaba los hombros de la chica con un brazo... ellos dos sí que se parecían físicamente.

-Ella es mi hermana- le aclaró el propio Seth, viendo la cara de circunstancias de Edward -ella está destinada en Mauthausen-.

-Señores; él es el teniente Edward Masen, supervisor de Ravensbrück- presentó Jasper, de forma general.

-Es un placer conocerle en persona- Jacob se adelantó, para darle la mano -hemos oído hablar de usted-.

-Encantado de conocerles- respondió Edward, con una pequeña sonrisa y saludando de forma similar a Quil y Leah -nunca me contaste que Leah era tu hermana- reprendió en bromas a Seth; había escuchado el nombre de esa chica en multitud de reuniones, pero nunca relacionó los apellidos, o no prestó la suficiente atención.

Cómo todavía quedaban algunos miembros de la Organización por llegar, charlaron en un pequeño corrillo durante varios minutos. Pero Jasper se disculpó, haciéndole una seña al teniente Masen para que se apartara con él.

-Sé que llevas esperando ésto mucho tiempo- le tendió un pequeño sobre color crema; el corazón de Edward latió presuroso... por fin la carta de su Bella -te dejaré a solas- le dijo Jasper, dándole una sonrisa cómplice y reuniéndose de nuevo con el resto.

Con impaciencia rasgó el sobre... y ahí estaba, la caligrafía torpe e inclinada de su pequeño ángel; pero apenas tuvo tiempo de llegar al final del primer párrafo, ya que su cuerpo enteró se congeló al escuchar una voz... una voz que reconocería entre toda una multitud gritando enardecida; una voz algo estridente, y con ese acento tan característico.

-¿Buenas noticias...?- lentamente se giró hacia el dueño de esa voz, quedando cara a cara con él.

-Aro...- murmuró su nombre a la vez que tragaba en nudo que se le había formado en la garganta... dios mío... ¿acaso él...?

-Sorprese che danno vita, querido Edward- habló de forma tranquila, con su mezcla de idioma germano y acento italiano. Y tanto que la vida daba sorpresas... pensó Edward para sus adentros, en alusión a esas palabras pronunciadas en italiano.

-¿Tú... tú eres...?- el joven dejó la frase sin terminar; Jasper, que se había dado cuenta de la llegada de su leal amigo, se acercó de nuevo hacia Edward.

-Aro es uno de mis más estrechos colaboradores- explicó al sorprendido teniente, que seguía mudo de la impresión.

-Per... pero...- habló éste a trompicones -es imposible... tu amistad con mi padrastro...- murmuró incrédulo.

-Bueno... tú también finges muy bien, Edward- le explicó, casi divertido por la cara de circunstancias de ese muchacho al que conoció hace algunos años, en la Academia militar -al igual que todos los oficiales infiltrados en los distintos campos- Jasper decidió dejarlos unos minutos a solas, antes de que la reunión diera comienzo.

-¿Tú sabías que yo estaba con ellos?- interrogó el joven Masen, después de unos minutos de silencio y asimilación.

-Yo mismo propuse tu nombre a Jasper para que te reclutara- éste abrió los ojos, sorprendido hacia tal revelación -mis contactos en el Ministerio son lo suficiente fuertes y fiables, y gracias a mi, los oficiales llegan destinados a los campos- señaló con la cabeza a Seth, Jacob y compañía, que conversaban ajenos a ellos. Cuando Seth, Paul y Jared llegaron a Ravensbrück, entre otras cosas, iban con ese propósito... pero lo que descubrieron allí puso las cosas mucho más fáciles -aludió a su pequeño ángel y al resto de las chicas.

-¿Y si me hubiera negado?- contraatacó. Aro meneó la cabeza, negando esas palabras.

-Edward- hizo una pequeña pausa, meditando con cuidado sus palabras -un auténtico oficial de las SS no pensaría de la manera que tú lo haces; siempre hay excepciones... pero por lo general, los oficiales que siguen las ideologías del Régimen, estarían deseosos de matar a todo lo que no represente la raza aria- Edward iba a interrumpirle, pero Aro hizo un gesto con la mano -desde el principio, nunca estuviste a gusto con tu destino en Ravensbrück... y más cuando recalcabas que eso no era un campo de exterminio, sino de trabajo... y más, teniendo allí a la que fue tu novia-.

-Y eso es lo que es, un campo de trabajo lleno de fábricas- afirmó, serio.

-Ya lo sé... y el gobierno quiere mantener ese lugar sin cámaras de gas, por el momento- añadió -Carlisle siempre me ha comentado que esperaba que ese destino te hiciera un hombre fuerte, y que gracias a eso, pudierais limar asperezas; pero la muerte de tu madre...- el corazón del joven se contrajo, al recordar el rostro amable y cariñoso de Esme -acabo por separaros; y créeme que fue lo mejor... si ahora hablaras con él, te aseguro que sospecharía-.

-¿Sabes algo de él?- preguntó en voz baja.

-Desde que ocupó su cargo como director del campo de Compiegne, nada- contestó éste -¿Rosalie sospecha algo?- inquirió con preocupación.

-Nada, que nosotros sepamos- hizo alusión a Seth y Paul.

-Es una lástima- se lamentó éste -no es mala chica... pero está hecha de la misma pasta que Carlisle, sigue la ideología al pie de la palabra; hubiera sido una estupenda colaboradora en la Organización... pero...- dejó la frase inconclusa.

-¿Desde cuando colaboras con Jasper?- interrogó Edward, cambiando completamente de tema.

-Desde mucho antes de que estallara la guerra- le relató -también tengo raíces judías, por parte de mi abuela materna- éste se sorprendió, ante tal confesión -mi abuela era judía; se quedó embarazada de mi madre con quince años...pero murió en el parto; ella trabajaba en la casa de mis bisabuelos paternos, de sirvienta. Mi abuelo se enamoró locamente de ella, pero nunca permitieron esa relación; aún así, mi madre fue criada en la casa, con todos los derechos y reconocida como hija legítima de mi abuelo-.

Edward y Aro conversaron largo y tendido por un amplio espacio de tiempo; Aro respondía con una sonrisa a todos los interrogantes del joven, sobre todo a su estrecha vinculación al gobierno de Mussolini, gran aliado del Tercer Reich; por lo que pudo deducir, no había sospecha alguna que sobrevolara su cabeza, y eso le permitía manejar información secreta antes de que ambos gobiernos la sacaran a relucir en los consejos y reuniones. Incluso su mujer e hijo mayor colaboraban con la Organización. Ahora el joven teniente comprendía la insistencia de Aro de que fuera a visitarle a Berlín las primeras veces que se reunión con Withlock... su coartada estaba más que demostrada.

Aro también le preguntó por su Bella y su viaje a Inglaterra, ya que él mismo había tramitado tanto los pasaportes y salvoconductos falsos, como los originales para que no tuvieran ningún problema en tierras inglesas. Ese gesto fue agradecido por el joven, y la conversación siguió hasta que Jasper les llamó, para que se unieran a la reunión. Habían cerrado muchas fronteras, y cada vez era más complicado sacar a gente del país, por lo que se preveía una reunión larga y tensa.

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Edward decidió volver a Ravensbrück esa misma noche, pese a la insistencia de Aro para que cenara y pernoctara en su casa. Había dejado a Rosalie al cargo del campo, pero ya no se fiaba de nada ni de nadie. La situación en el campo era desalentadora... por cada cien chicas que lograban sacar, entraban el doble. No podía tener mil ojos en los oficiales, y sabía que abusaban de ellas, a cambio de una fingida inmunidad... o en el caso de McArthy, amenazas para que estuvieran calladitas. Se había dado cuenta de que varias estaban embarazadas, y en contra de mandarlas a un campo de recuperación, similar al que nunca llegó Kate, pidió a Berlín habilitar una zona para niños prisioneros, pero la respuesta no había llegado.

La reunión fue intensa, con miles de temas a debatir; en contra de lo que pensaba, la situación en las fronteras no estaba tan mal como se imaginaba, aún así se decidió que extremarían las precauciones. Aro también trajo noticias interesantes recién sacadas del horno... en unos escasos días, las tropas de Hitler iban a invadir la Unión Soviética, en un operativo que iba a llamarse "Operación Barbarrosa". Era cuestión de tiempo que la URSS fuera tomada; los alemanes se imaginaban que Churchill, el Primer Ministro inglés, enviaría ayuda al país ruso... pero con lo que no contaban es que el mismo presidente de los Estados Unidos, Roosevelt, también desplegaría refuerzos. La batalla se preveía larga y dura. Por otro lado, el Gobierno sueco iba a anunciar que permitía el paso de las tropas alemanas por todo el país...

Le dolía la cabeza después de asimilar todas las novedades que Aro les había traído de los frentes abiertos; esta guerra empezaba a desesperarle, parecía que no tenía fin... pero como le había dicho el mismo Aro y Jasper al despedirse, ésto no terminaría hasta que Hitler se adueñara de toda Europa... cosa que la Resistencia evitaría a toda costa, hasta que las fuerzas de uno u otro bando fallasen.

Al fin llegó a su solitaria y desangelada casa que tenía dentro del campo. Por suerte para Seth y él, al llegar ya estaba todo el mundo en la cama, a excepción de los soldados que vigilaban las instalaciones en el turno de noche. Mañana en el desayuno sería bombardeado por McArthy, Herbst y compañía acerca de lo que se decía en Berlín... menos mal que su reunión con Aro restaba toda sospecha de lo que hacía o dejaba de hacer en la capital.

Por fin, después de prepararse un café, y prácticamente cerrar dos veces la puerta con llave, pudo sentarse en la cama, apoyando su espalda en el cabecero y sacando el preciado sobre de color crema, por fin una carta de su amor.

Querido Edward:

No sé en que momento recibirás esta carta; puede que cuando llegue a tus manos, muchas de las cosas que te cuento ya hayan pasado o se hayan resuelto.

Sé que Jasper te habrá contado de primera mano el tremendo susto que nos dieron esos oficiales en la frontera. Pasé muchísimo miedo, bueno... todas nosotras. Por un momento temí que nuestras vidas terminaran a sólo trescientos metros de esa barrera; era como si alguien decidiera si las personas pueden continuar hacia un lugar mejor o bajar directamente a los infiernos. Pensar que un simple gesto, como es ponernos bien los abrigos iba desencadenar en eso...

Los dientes del teniente rechinaron, en un gesto de furia contenida; por supuesto que Withlock se lo había contado. Su pobre ángel... no podía ni imaginar el miedo que habría pasado en esos momentos.

Afortunadamente, todas tus cartas estaban a salvo... sé que es un riesgo que ambos, y sobre todo ahora tú, mi amor, corremos al no deshacernos de ellas... pero no podía permitir que me arrancaran lo que hace que estemos cerca el uno del otro; cada noche, en la soledad de mi habitación, las leo una y otra vez. Casi puedo saber, sin mirarlas, dónde van las comas y los puntos, donde acaba cada párrafo.

Puede que ésto que vas a leer te parezca una locura, pero doy gracias a toda esta guerra, porque ella me llevó de nuevo junto a ti; no sé si el destino nos jugó una buena o mala pasada al ponernos el uno frente al otro, en aquella estación de tren polaca... pero ahora mismo, no dejo de agradecer el que ambos nos hayamos reencontrado.

-Mi amor...- susurró el joven teniente, con la voz ahogada; sabía a lo que su novia se refería, ya que a él le pasaba exactamente lo mismo... era un riesgo guardar esa correspondencia, pero las necesitaba para poder sobrellevar esa infernal separación... y cuanta razón tenía su pequeño ángel; las guerras destruyen países, personas... pero sin duda, ellos eran la excepción. A su mente vinieron unas palabras que constantemente repetía su madre... todo tiene algo bueno y algo malo... y él se sentía vencedor, en medio de esta guerra sin sentido.

Dora y su hermano y cuñada nos han recibido con los brazos abiertos. Está igual a como la recordaba la última vez que la vi, hace más de diez años, el último verano que tú visitaste Landeck. Durante ese tiempo creí morir, y más al ver que no regresabas; ella me ha contado muchas cosas de ese tiempo que estuvimos separados; y cada noche, con la compañía de la luna y una taza de té, salimos al porche de su casa, a respirar el aire cálido de la noche estival... y hablamos de ti. Juntas sonreímos, lloramos, reímos... estás en su pensamiento, sigues siendo su pequeño consentido...

El corazón del joven se hinchó emocionado; sabía que Dora le haría mucha compañía a Bella hasta que él regresara, y viceversa. Cuando le mandó la carta avisándola, meses atrás, y después de que los dos contactos de la Organización visitaran el lugar y le trajeran su respuesta positiva, él ya sabía que su nana no le fallaría, y más tratándose de Bella. En un principio se preocupó de que Rosalie quisiera mantener el contacto con ella... pero a raíz de su última conversación, le quedó claro que no. En verdad, la muerte de su querida madre había abierto una brecha muy importante entre ellos.

Como ya te habrá contado Jasper, todas tenemos trabajo. Kate y su madre sirven en una casa, incluso viven allí. Los dueños son muy amables con ellas, y están muy contentas; tienen un techo donde vivir, y un pequeño sueldo para sus gastos.

Alice también trabaja; de niñera, cuidando a los hijos de Jasper. Ben y Ángela son encantadores, aunque la pequeña es revoltosa como la que más. Para serte sincera, me sorprendió que le ofreciera el trabajo, y más que Jasper alquilara una casa aquí. Mi prima se pone demasiado nerviosa cuando habla de él o con él... ¿crees que se están enamorando...?; por más que Kate y yo le preguntamos, ella no suelta prenda.

La sonrisa surcó el rostro de Edward, al ver a su Bella rozar el cotilleo; ambas primas siempre habían tenido mucha complicidad. Incluso recordaba cuando todavía vivían en Landeck, y Alice atosigaba a Bella con preguntas acerca de ellos dos, y como su pequeño ángel se sonrojaba y daba la callada por respuesta.

Sara ayuda a Dora y su hermano y cuñada en la panadería todos los días, a jornada completa; al principio, la pobre se hacía un lío con las etiquetas de los alimentos... pero gracias a ellos, vamos entendiendo poco a poco el idioma inglés. Se pasa el día amasando bollos y panes, resistiendo el calor que los hornos desprenden... pero si vieras lo feliz que está, Edward, te sorprenderías. Yo estoy en la panadería con ella cuando no voy a las tres casas en las que me consiguió trabajo Dora. Me pagan casi tres libras la hora; sé que no es mucho, pero al menos con eso y mi trabajo en el horno puedo contribuir. Es muy complicado, a veces, conseguir algo de carne para alimentarnos, y la panadería necesita sus ingredientes esenciales para poder vender sus panes y dulces. A veces me siento culpable, ya que con estos tiempos tan difíciles, Dora y su familia tienen otras dos bocas que alimentar.

Poco a poco, iré ahorrando algo de dinero; así que para cuando llegues aquí, ambos tendremos para salir adelante... no me importa tener que limpiar suelos, ni caer rendida todas la noches en la cama después de cerrar la panadería; si eso consigue que ambos podamos construir una vida juntos cuando llegues aquí, todo el camino recorrido habrá valido la pena.

-Ojalá pudiera darte lo que te mereces, mi Bella...- susurró apenado Edward. Ella se merecía una vida mejor y libre de preocupaciones. No le gustaba imaginarse a su pequeño ángel de rodillas, fregando suelos y dejándose la piel para poder llevarse un pedazo de pan a la boca. Pero a la vez la admiraba... era tan valiente...

Cuando llegamos, tenía una carta de Victoria esperándome. No sabes la alegría que me dio saber de ella. Tanto ella como su padre llegaron a Toronto sanos y salvos; no puedo imaginar la alegría de Vicky al reencontrarse con su familia. Tristemente, hace escasamente un mes recibieron una carta de la Organización, confirmándoles la muerte de su madre en uno de los campos...

El corazón del teniente se estrujo, desolado. Como bien decía su pequeño ángel, hace escasamente un mes Seth le pasó una telegrama firmado por Eleazar, confirmando la muerte de Victoria Holbein, ejecutada en una cámara de gas en un campo polaco. Cada día rezaba para que los padres de Bella estuvieran vivos; ya habían perdido al padre de Alice, los padres de Sara y su hermana... y ahora la señora Holbein.

Sabía que la Organización hacía todo lo que podía, pero misteriosamente, no había ni rastro del paradero de Charles y Reneé Swan. Aunque Eleazar le daba ánimos, aludiendo a que todavía había que buscar en los campos de concentración holandeses y belgas.

No debes torturarte, mi amor... bastante has hecho por nosotras, y lo sigues haciendo; no debes sentirte culpable por nada. Esto es una guerra, y uno de sus daños colaterales son las víctimas inocentes... hay que afrontar lo que la vida nos tiene deparado.

Quiero que me prometas que tendrás cuidado; rezo por ti cada mañana y cada noche, deseando que cuando llegue la hora, el destino te vuelva a traer a mi lado. Las chicas también lo hacen, y todas te mandan sus más cariñosos saludos y deseos de que estés bien, al igual que Dora. Todas esperamos ansiosas tu próxima carta.

No olvides que te amo, y que jamás dejaré de hacerlo... vuelve a mi, mi amor...

Tu Bella.

Con un sonoro suspiro, Edward dobló cuidadosamente la carta, y con ella en la mano, se levantó hasta llegar frente a la ventana; no había ninguna nube en el cielo, señal de que el día siguiente sería igual de caluroso. Otro día más sumergido en esa burbuja infernal; pero un día menos en su particular cuenta atrás, para poder volver a su Bella.


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Nicole... gracias por tus palabras, consejos, aclaraciones... no sabes lo que significa para mi que leas la historia.

A los rr anónimos, miles de gracias también. Animaros y dejadme vuestros correos, para poder contestaros y saludaros.

Un besazo enorme, y nos vemos la próxima semana ;)