Capítulo 24: ¿Amigos?
JASPER POV
—¡Alice!
Detuvo sus pasos al escuchar la voz de Seth llamarle. Yo también hice lo mismo. El muchacho llegó corriendo hacia nosotros, con su imborrable sonrisa dibujada en el rostro.
—¡Ey! – Saludó, dándome rápidamente un manotazo en el hombro y dirigiendo toda su atención a la muchachita que se encontraba a mi lado – ¡Alice! ¡Cielo santo! ¡Estuviste genial en el partido!
—Vamos, no es para tanto – calmó ella, riendo – me vas diciendo lo mismo como veinte veces...
—Y lo seguiré diciendo - aseguró él – ¡Por Dios! ¡Es que eres sorprendente! En mi vida creo conocer a otra chica como tú – en eso, éramos dos. —Eso solo me ha terminado de convencer
— ¿Convencer de qué?
Mi sonrisa se borró automáticamente cuando Seth tomó sus manos entre las suyas.
—De que quiero que seas mi novia.
Amargo. Un sabor amargo llenó mi boca y me petrificó mientras esperaba su respuesta. Alice dilató sus ojos por la sorpresa. — ¿Bromeas?
El chico no contestó, pero su rostro, por primera vez serio, le decía la respuesta. La pequeña permaneció estática otro momento. Varias veces abrió sus labios e intentó hablar, pero parecía que las palabras se ahogaban en su garganta.
Mientras, yo, seguía inmóvil, con los pies adheridos en el piso, con las manos empuñadas y con una insólita rabia desgarrando mi piel.
—Seth – dijo ella finalmente. No sé porqué, pero temblé – Yo... no...
— ¡Jasper! – una voz femenina interrumpió.
Tardé tres segundos en comprender que eran a mí a quien llamaban, así que, cuando giré y me encontré con una chica pegada frente a mí, retrocedí dos pasos.
—Hola – saludó, con una gran sonrisa dibujada en su rostro moreno.
Era linda, demasiado linda, y no podía ser ignorada. Tenía un largo y lustroso cabello negro que le caía por los hombros, y unos ojos oscuros grandes y atrayentes. A simple vista se veía que era muy cuidadosa en su aspecto, su ropa venía bien combinada; guapa. Era algo así como el prototipo que tenía de mi chica perfecta, antes de que...
—Mi nombre es María– prosiguió, ofreciéndome su mano – ¡Soy tu admiradora! Mucho gusto
No sabía a lo que se refería, pero aún así, acepté su saludo. —Mucho gusto.
—Eres muy guapo – soltó así nada más – Desde hace tanto he querido hablarte, pero esperaba a que te dieras cuenta de mi presencia tú solo; supongo que eres muy distraído. Mis amigas y yo siempre venimos a los campos solo para verte. Juegas muy bien. Muchas felicidades por ganar el partido en Seattle. No sabes, hicimos lo posible por irte a ver, pero fue imposible. No aceptaban a niñas.
—Oh... – carraspeé. No era la primera vez que una chica me hablaba; había tenido una experiencia algo similar en preescolar, pero había vomitado a causa de los nervios y, de verdad, no quería que eso se repitiera – Gracias...
Enmudecí y las piernas se me aflojaron cuando ella tomó mi playera y me jaló para poder darme un beso sobre la mejilla, muy cerca de mis labios.
—Me fascinan los chicos tímidos – susurró, con sus ojazos negros traspasándome. Me limité a sonreír como un estúpido – platicamos pronto – me tendió un papelito – espero tu llamada – Y luego, se fue. Atravesando la cancha con su suave vaivén de caderas.
No supe en qué momento habían llegado todos alrededor, pero el resto de mis amigos comenzaron a aullar.
— ¡Caray, hombre! – Se acercó Paul – ¡Qué suerte tienes! Esa chica es... hermosa.
— ¿Hermosa? – Terció Embry – ¡Es perfecta! No parece ser una chica de secundaria
— ¿Secundaria? –me sorprendí
—Va en la misma clase que Alice – informó Seth; entonces recordé qué era lo que había pasado segundos antes de que María llegara.
Mis ojos la buscaron con inaudita desesperación y la encontré ahí, al lado de él. El sabor amargo llegó otra vez a mi boca, pero traté de no hacerlo notorio. Me percaté que había algo raro en su expresión, una sombra que no lograba descifrar pero, con lo cual, de alguna manera, me sentía identificado.
Curiosamente, nos sonreímos al mismo tiempo. Aunque no fue un gesto sincero, sino más bien forzado. Era como si ambos tratáramos de decir "Todo está bien", cuando, la verdad, no era así. Al menos, no en mi caso; pues me estaba carcomiendo por dentro el no saber qué planeaba contestarle (si no es que ya lo había hecho) a Seth. ¿Por qué me importaba tanto esa respuesta? Ni yo mismo lo sabía.
— ¿Te dio su número? – uno de mis compañeros me arrebató la nota y me extrajo de mis pensamientos.
—No lo sé – contesté. La verdad era que ya lo había olvidado.
— ¡Wow! ¿Y la invitarás a salir?
—¡Ey, chicos! – un grupo de muchachos llegó al campo – ¿Quieren jugar?
Suspiré cuando todos salieron corriendo para tomar sus respectivos lugares en el campo. Era una suerte que el fútbol les apasionara tanto, que solo bastaba proponer un partido para que todo el resto se les olvidara.
La única que no había aceptado (lo cual me sorprendió demasiado) fue Alice. Se había despedido rápidamente de nosotros y, sin decir más, comenzó a alejarse. Corrí a alcanzarla, sin si quiera detenerme a pensarlo.
—¡Jazz! – Exclamó cuando la rebasé y le quité la gorra – pensé que te quedarías a jugar.
—No es lo mismo si tú no estás en el partido – confesé, estirando mi brazo hasta arriba, para que ella no tuviera ni la más mínima oportunidad de alcanzar su tan apreciada gorra – no tengo con quién competir. ¿Por qué no te quedaste tú?
—No tenía ánimos – contestó, dando saltitos. Finalmente, y no sé cómo, se trepó por mi espalda y terminó por arrebatarme lo que le había quitado. Suspiré y acepté mi derrota, ella liberó una risita petulante y, luego, seguimos caminando en completo silencio.
—Así que… Tú y Seth, eh – dije, sin poderme contener.
Sonrió, aunque su cabeza se mantuvo inclinada hacia abajo. Comenzó a patear una lata de refresco tirada en el suelo
—Así que… Tú y María, eh – dijo. Nuestras miradas se encontraron y desviaron al segundo siguiente.
—¿Ya… ya le diste una respuesta? – me atreví a preguntar.
—Seth ya sabe que le quiero, pero como un amigo nada más – contestó. Eso me llenó de un inexplicable alivio – pensé que me preguntarías sobre María. Es una muchacha… linda.
—Sí – acordé – es guapa.
Dejó de caminar.
—¿Qué sucede?
—Ya llegamos a casa – informó. Entonces, miré a mí alrededor y comprobé que, efectivamente, ya estábamos dentro de la vecindad. Era sorprendente cómo es que el tiempo se volvía extinto al estar con ella – te veo mañana
—Espera – tomé su mano de manera impulsiva; después me arrepentí – Descansa.
—Sí, igualmente – contestó con esa expresión ida que me parecía, más bien, una mezcla de tristeza y decepción.
Solté lentamente su mano; había algo en mí renuente a dejarla ir. Sus labios dibujaron una pequeña y fugaz sonrisa antes de dar media vuelta y comenzar a subir las escaleras.
—Ya llegué – anuncié al traspasar la puerta de mi casa. Emmett estaba desparramado en el sillón, con rostro abatido. Me senté a su lado y suspiré. Él giró y me miró
—¿Pasa algo? – Preguntó – no luces… bien.
—Tú tampoco.
—Pensaba – confesó – pero olvidémonos de eso, ¿A ti qué te pasa? ¿Dilemas amorosos?
¿Dilemas amorosos? —No – contesté automáticamente.
Me dedicó una mirada escéptica —No intentes engañarme. Tienes rostro de amante atormentado
—No miento –repliqué – No tengo motivos para estar… confundido, o lo que sea…
—¿Porqué no me cuentas que sucedió hoy en tu día y dejas este asunto en manos de un experto que pueda aclarar tu mente?
Lo pensé un poco. A decir verdad, temía que Emmett estuviera jugando conmigo solo para molestarme después. Pero una vocecita interior me dijo que lo intentara; así que lo hice.
—Una chica me habló hoy en la escuela…
—Ahí está el problema – suspiró mi hermano. Fruncí el ceño
—¿En dónde?
—Una chica te habló en la escuela y mostró atracción por ti – afirmó – Esa chica te pareció linda, pero no sabes si corresponder su interés por que, realmente, tú ya tienes a alguien que ocupa tus pensamientos. ¿No es así?
—No – susurré – Te equivocas en lo último. Nadie ocupa… mis pensamientos.
—¡Por favor!
—¡Es verdad! – Defendí – No me gusta nadie. Es más, con la única chica con la que hablo es con Alice y…
La significativa mirada de mi hermano me hizo callar
—Alice Swan, eh – alzó una de sus negras cejas – No me digas, "Es sólo tu amiga"
—Sí – musité. Emmett soltó una carcajada, se puso de pie y palmeó mi espalda de modo afectuoso
—Tienes el mismo defecto que Edward, Jasper. Pero pronto caerán los dos, pronto – dijo, antes de irse y dejarme solo en la sala.
—Genial – musité para mí mismo – Me dice que va a aclarar mis pensamientos y lo único que hizo fue compararme con mi hermano y hablarme en clave.
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BELLA POV
—¡Leonardo! ¡Edward! ¡Dense prisa, muchachos! – gritaba el jefe, mientras mi estúpido compañero y yo revoloteábamos en la cocina.
—¿Cómo pretende que dos personas puedan ser capaces de manejar treinta platillos en menos de quince minutos? – Exigí saber – ¿Por qué no manda a alguien más en ayuda?
—El resto está atendiendo a la gente que viene y va – explicó Edward, sin dejar de cortar los trocitos de verduras que servirían para la sopa. Hay que mencionar que había mejorado mucho en ello, pero seguía siendo torpe.
—¡Sale la orden 36! – grité con voz gruesa.
Él soltó una risita, burlándose de mi patético intento por parecer hombre todo el tiempo (lo cual era más complicado ahora, que había intrusos a nuestro alrededor) Como estaba a mi lado, le aticé un golpe con la pala de cocinar.
—Pegas como nena, Leo – dijo, con gesto engreído – Pareces una… "SEÑORITA"
Gruñí en su dirección. Me guiñó un ojo y enrojecí. Me obligué estrictamente a prestar atención al pedazo de filete que estaba friendo si es no quería terminar tirándole aceite caliente y desfigurar su lindo y arrogante rostro.
—¡Más rápido chicos! ¡Más rápido! – Entró gritando el señor, lleno de euforia – ¡Tom, atiende esa mesa! ¡Alex, esa pareja pide más vino!
—¿Por qué está tan lleno el restaurante? – pregunté.
Siempre habíamos estado Edward y yo atendiendo la cocina y la bodega por las tardes; pero ahora, dos parejas más, la que trabajaba en la mañana y la que trabaja los fines de semana, estaban ayudándonos. Seguramente el jefe los había llamado.
—Es su aniversario número cuatro – contestó uno de los chicos, mientras acomodaba en la charola el pedido - más vale que vayan tomando mucha energía, el trabajo terminará muy noche y será pesado, muy pesado.
Y vaya que sí lo fue. Cuando al fin los ordenes terminaron, las manos y los pies me dolían terriblemente. Me dejé caer en la silla y suspiré. Miré hacia el reloj, eran las diez de la noche. Fruncí los labios con preocupación, deseando que Rose o papá ya hubieran llegado a casa para que Alice no estuviera sola. Aún faltaba esperar a que toda la gente se fuera para recoger las mesas y lavar los platos…
—¡Ey! – Gritó uno de los chicos, mostrando una botella de vino – ¿no quieren venir afuera? Tenemos tiempo para tomar una copita.
—No, gracias – contesté. Lo único que quería era descansar un poco ya que, al llegar, tenía que terminar un ensayo que debía de entregar mañana en la universidad.
Un vaso de cristal con agua apareció casi en mis narices, al igual que un plato con comida se deslizaba frente a mi mesa . Instintivamente, mis ojos buscaron esas perturbadoras esmeraldas verdes que me estremecían.
—¿Ahora eres amable? – pregunté, con humor.
—Sé valorar el esfuerzo de una persona – sonrió y se sentó a mi lado. De pronto, me sentí nerviosa – y, supongo, que por una vez en nuestra vida, podemos comportarnos como gente decente, dejar de pelear y cenar plácidamente.
En realidad parecía estar dispuesto a comportarse. Me perdí en sus pálidas y agotadas facciones, tan perfectas que, por un momento, me parecieron inhumanas.
—Luces cansado – bajé la mirada hacia la cena
—Tú igual – señaló. El suave sonido de su voz no estaba ayudando a calmar el temblor de mis manos. Tomé un poco de agua. —Eres… muy trabajadora.
—Tengo que buscar la forma de comer…
—No, no es sólo eso – interrumpió – eres… perseverante. Fuerte. Siempre andas buscando dar más y más a la gente que amas. Luchas por tus hermanas, dejas todo por ellas. Eso es… sorprendente, digno de admirarse.
—No es para tanto. Tú haces lo mismo. Ayudas a tus padres y…
—Te equivocas – discutió – Lo que tú haces y lo que yo hago es totalmente diferente. Lo tuyo es amor por tu familia, lo mío es vanidad.
Le miré a los ojos, sin entender a qué se refería con "Vanidad".
—Mi familia y yo vivíamos rodeados de lujos – comenzó a explicar – yo estaba acostumbrado a tener de todo, carros, viajes, dinero, sin ningún tipo de restricción. Pero mis padres fueron estafados y es por eso que llegamos a vivir a la vecindad. Estaba terriblemente molesto por el hecho de pertenecer, de un día a otro, a un estado económico medio y por eso comencé a trabajar, para ayudarlos a conseguir el dinero que se había perdido; pero no por ellos, si no por mí. Quería todos esos lujos de vuelta a mí vida. Y de pronto, te conocí a ti y…
Calló. Frunció sus labios y su rictus se tornó serio, atormentado, como si las palabras hubieran sido expulsadas sin pensar, sin querer.
—Y comprobé que hay gente que lucha sin quejarse – suspiró.
—Al menos, aprendiste que la vida no es fácil– susurré, encandilada por la profundidad de sus ojos verdes.
La puerta se abrió de golpe, haciéndonos saltar. —¡Oh, cielo Santo! – era el jefe
—¿Qué sucede? – pregunté
—¡El trovador! El trovador que contraté para hoy en la noche tiene más de dos horas de retraso.
El pobre lucía desolado; pero, de pronto, su rostro se iluminó. —¡Tú, Edward! – Señaló al aludido – En una ocasión mencionaste que sabías tocar la guitarra.
El chico palideció. En mi cabeza, un interruptor llamado "Venganza" hizo "Clic" al encenderse. Y es que quince minutos de amabilidad no iban a borrar meses enteros de sus constantes fastidios.
—Señor, no soy bueno…
—¡Ah, qué modesto eres, Edward! – Interrumpí, dándole un manotazo en la espalda – ¡Pero si eres el rey de la guitarra!
—¿En serio? – preguntó el jefe, con gran esperanza
—¡No!
—¡Sí! – Aseguré, ignorando la asesina mirada que mi víctima me dedicaba – Tiene que escucharle. No se arrepentirá. Estoy seguro que los clientes quedarán encantados con su participación
—¡Señor…!
—Edward, amigo, ¿por qué no explotar tu inigualable talento? – inquirí
—¡No! Señor, no puedo…
—¡Patrañas! – Exclamó el anciano y le tomó por el hombro – Tienes cara de artista.
—¡No! ¡Se equivoca! Yo…
—Vamos, vamos, te pagaré bien – lo comenzó a jalar hacia la salida.
Edward giró el rostro y me miró. Había un odio puro en sus pupilas que, fuera de asustarme, me divertía. Le dediqué una sonrisa inocente y, con un dulce e hipócrita gesto, le deseé suerte con la mano (alzando mi dedo pulgar de modo aprobatorio)
Afuera, acomodado en el centro de una pequeña tarima, se hallaba un lujoso, pero sencillo, equipo de sonido conectado a una guitarra acústica. Edward era prácticamente empujado hacia ahí. Finalmente, cuando comprendió que toda negativa sería inútil, subió por su propia cuenta y, sin atreverse a mirar hacia el frente, se acomodó la guitarra y acercó el micrófono.
No dio presentaciones; se limitó a suspirar profundamente y a rasgar las cuerdas musicales con sus dedos. Me puse de puntitas para verle mejor. Él comenzó a cantar y su voz, profunda y bohemia, inundó el salón entero. Sin darme cuenta, quedé prendada todo el tiempo que estuvo ahí, observándole, escuchándole…
De verdad era bueno, diferente al resto. Las sentimentales letras adquirían parte de su frío escepticismo. Estaba segura que, en su interior, se estaba burlando de las novelescas frases que acompañaban a las notas. De vez en cuando soltaba una que otra risita incontenible e irónica; pero, aún con todo eso… era perfecto.
La magia terminó cuando lo vi acercarse, con un aura amenazante cubriéndole. Me refugié al otro lado de la mesa; esperando para afrontarlo. Penetró en la cocina, arrojando la puerta, y sus ojos se clavaron en mí. Esperé en silencio a que la guerra comenzara, pero cuál fue mi sorpresa al ver que sus labios, poco a poco, dibujaban una carismática sonrisa.
—Gracias –dijo amablemente – He ganado dinero extra gracias a tu recomendación.
Me quedé boquiabierta, insultada. Jamás imaginé que lo tomaría de esa manera. ¿Por qué todo me salía mal?
La velada de trabajo concluyó. Era más de media noche y, al salir, las calles estaban totalmente vacías. Ni un solo taxi para ir a casa. Mi mal estado de ánimo (alterado por haberle hecho, sin querer, un favor a Cullen) empeoró y refunfuñé blasfemias mientras abría la sombrilla y me disponía a caminar.
—¿A dónde crees que vas? – su mano sostuvo mi brazo y me hizo retroceder.
—A mí casa, supongo – contesté amargamente.
Sus ojos se pusieron en blanco
—¿Acaso no has visto cómo están las calles? ¿Es que no tienes instinto de supervivencia?
—¿Qué quieres que haga? –Repliqué – ¿Qué me quede a dormir acá hasta que anochezca?
—No estaría mal; pero tienes otra opción, la cual es irte conmigo. Tú decides.
Caminar con Cullen en las desoladas calles de Forks. No era mi idea favorita, pero debía admitir que era lo mejor y más prudente. Suspiré y di un paso hacia el frente. No estaba dispuesta a decirle "Sí, Edward, iré contigo". Que lo entendiera él solo, por su propia cuenta.
Le escuché soltar una risita detrás de mi espalda, pero le ignoré. Era una noche fría y la sombrilla me cubría de las ligeras gotas de lluvia que caía, pero no del imperioso viento que, repentinamente, había comenzado a soplar.
Fue de manera repentina, cuando atravesábamos un oscuro callejón, cuando sentí sus brazos rodearme por detrás, apretando mi cintura. Mis ojos se dilataron y el corazón dejó de palpitar por un segundo, antes de que lograra reaccionar.
—¿Qué haces? – musité, sin aire.
Sus labios recorrieron la curva de mi cuello
—Demostrarte otro más de mis talentos – contestó. Supe que estaba en problemas.
—Edward, fue una pequeña broma…
Me hizo girar el cuerpo, para que quedáramos frente a frente. Entonces volví a apreciar ese brillo amenazador en su mirada.
—Pídeme una disculpa – exigió.
Fruncí el ceño —Tú no has pedido ninguna por todo lo que me has hecho
Intenté liberarme, pero sus dedos se apretaron más a mi cintura
—Eres una chiquilla malcriada – escupió
—Y tú un inmaduro arrogante – contesté – ¡Suéltame!
—¡Discúlpate!
—¡No!
Nuestras miradas relampaguearon con furia. —Gritaré – advertí
—Inténtalo –desafió.
Cuadré la mandíbula y tomé la mayor cantidad de aire posible, dispuesta a almacenarlo en mis pulmones para proferir el grito más grande de la historia.
—¡Auxilio, auxilio! – vociferé. Su cuerpo se tensó y sus manos pretendieron silenciarme, pero le mordí.
—¡Cállate, Bella! ¡Nos meterás en problemas! – intentó razonar. Le ignoré
—¡Auxilio! ¡Me quieren violar! ¡Por favor, ayu…!
Las palabras se me ahogaron en la garganta cuando sus labios cubrieron a los míos con un arrebatado movimiento. Gemí, mientras sentía sus brazos envolverme y apretarme hacia él, deshaciendo con su calor cualquier tipo de resistencia que pudiera servirme para alejarme.
Empuñé mis manos y las acomodé sobre su pecho, en un último e inútil intento de reprimir este fuego ardiente que revoloteaba en mí estomago e iba aumentando conforme su boca seguía explorando a la mía, suave, dulce, apasionadamente.
Poco a poco, sus labios se fueron alejando, hasta que solo quedó el sonido agitado de nuestras respiraciones acicalándose en la poca distancia que aún nos separaba.
—No he roto mi promesa – musitó – Eso no fue un beso. Fue para que te callaras, ¿Entendido?
Un teléfono celular sonó entonces.
—Te están llamando –dije. Seguramente era su "novia perfecta"
Dejó que el timbre sonara por tercera vez y, después, se apartó para contestar.
—¿Mamá? ¿Qué sucede? – Me miró – Sí, ella está conmigo.
¿La doctora Esme preguntaba por mí? Parpadeé, sorprendida, mientras él escuchaba, con expresión apagada, lo que le decían al otro lado de la línea.
—Sí, yo… yo le digo.
Colgó.
—¿Qué sucede? – tartamudeé. Ese cambio en su mirada no me gustaba para nada. Tampoco su silencio.– Edward, ¿Qué sucede? – Exigí saber – ¡Edward!
Me tomó por los hombros, con gentileza y dulzura; tratando de tranquilizarme. Comencé a temblar, mientras un violento miedo comenzaba a escaldar mis venas.
—Tu padre – susurró; sentí que las piernas se me aflojaban – Tu padre está muerto, Bella.
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Sin Rose ni Emmett está vez, para que descansen un momento de la princesa de hielo. Naa, la verdad es que el capítulo se me extendió demasiado y no tuve corazón para cortarle. Así que espero lo hayan disfrutado. Muchas gracias por todos sus comentarios y apoyo.
Nos leemos pronto. Atte. Anju
