Capítulo 25
Después de dejar a su hijo en el colegio Terry pasó por la tienda para comprar un bote de pintura celeste para pintar la habitación de Jonas.
- Y también llevare algunas de esas láminas de Goofy – Había de Mickey, Donald, Pluto, y todos los personajes de Disney, pero el favorito de Davy siempre había sido Goofy, así que Terry supuso que al bebé de Zach también podría gustarle.
Terminó de pagar por sus cosas, las dejó en el asiento trasero del auto y se dirigió rápidamente al hospital donde su hermano se encontraba internado. La llamada del día anterior lo había hecho sentir culpable, así que supuso que podría pasar a verlo un rato antes de comenzar con la habitación de Jonas. Pete le había dicho que tenía algo importante que decirle, probablemente querría pedirle disculpas por lo que había pasado, pero no era necesario, en realidad a Terry no le había dolido.
Llegó al hospital y se dirigió a la habitación de su hermano. La enfermera le dijo que su madre había estado allí hacia un par de minutos, pero había salido a comprar unas cosas para su hijo. Pete estaba despierto en la cama, y a Terry le agrado verlo bastante mejorado, probablemente no faltara mucho para que le dieran el alta.
- Hey – Le dijo mientras se acercaba a su hermano y tomaba asiento en una silla que se encontraba al lado de la cama - ¿Cómo estás?
- No puedo quejarme – Le contestó él con una sonrisa forzada.
- Los médicos dicen que estas recuperándote satisfactoriamente.
- Solo quiero volver a casa.
- Lo sé… - Terry se pasó la mano por el cabello. Le costaba hablar con su Pete, nunca antes habían tenido una buena relación, pero no dejaba de ser su único hermano – Escucha… Lamento no haber venido a visitarte más seguido. Es solo que he tenido muchas cosas de las que ocuparme.
- Lo sé, mamá me ha dicho lo de Candy. Me alegra que al fin puedan estar juntos.
- Sí…
- ¿Se casarán?
- Teníamos planeado hacerlo – Le dijo Terry – Pero Candy está teniendo algunos problemas con su familia y decidimos posponerlo.
- Sí… mamá también me contó lo del hijo de Zach – Dijo Pete con sincero pesar – Siempre supe que Annie no era una buena mujer. Espero que el niño se recupere pronto.
- Creí que Zach y tú se odiaban.
- Después de lo que he pasado ya no le veo sentido a estas enemistades estúpidas. Me di cuenta que hay cosas más importantes.
- Me alegra oír eso.
- Por eso te he pedido que vinieras hoy, Terry – El rostro de Pete se volvió repentinamente serio – Sé que no he sido un buen hermano, pero quiero remediarlo. Mamá y tú son lo único que me queda y quiero ser sincero contigo.
- ¿A qué te refieres?
- Hay algo importante que debes saber.
ooo
Aquí tienes tu desayuno, cariño – Le dijo Rebecca a Candy mientras dejaba frente a ella un enorme plato de espagueti.
- Gracias, mamá – Contestó ella mientras comenzaba a comer.
- ¿Estás segura que no te caerá mal?
- Si no dejas de molestarla – Le dijo Abraham mirándola por encima de su periódico – Tu nieto saldrá con cara de espagueti.
- No digas tonterías.
- Lo cierto es que – Dijo Candy – He estado teniendo estos antojos desde hace un par de semanas y hasta ahora todo va bien. No tienen por qué preocuparse.
- ¿Saldrás hoy? – Le preguntó su padre.
- Sí, tengo que hacer algunos recados - No especifico demasiado en qué clase de "recados", pues no quería que su madre supiera lo que tenía planeado llevar a casa.
El día anterior Davy había estado hablando mucho sobre su futuro perro, y Candy no tenía corazón para decirle que no podía tenerlo. A Oskar no le gustaría, pero quería hacer feliz al niño.
Después de terminar su desayuno hiso una llamada rápida a Zach, tomó su auto y después de pasar por la joyería para ver cómo estaba yendo todo se dirigió hacia la tienda de mascotas. Había animales de todo tipo, pero Candy se dirigió directamente a la sección donde se encontraban los perros.
- ¿Qué clase de perro está buscando? – Le preguntó una sonriente empleada.
- No lo sé… - Dijo ella mientras observaba pelearse a unos adorables cachorros de San Bernardo – Es para un niño de siete años.
- Tal vez un dálmata – Dijo la joven – Los niños adoran los dálmatas.
Candy estaba considerando la idea de comprar un dálmata para Davy cuando sus ojos se posaron sobre una jaula donde se encontraba un único perro. No le extrañaba que no hubiera otros a su alrededor. El comedero y bebedero estaban completamente destrozados y… ¿Cómo un cachorro podía comerse la base de una jaula?
- Es un Gran Danés – La joven se adelantó y sacó al enorme cachorro de la jaula quien comenzó a gemir y revolverse en sus brazos – Es un chico travieso, y crecerá mucho.
El perro volteo su cabeza y miró a Candy con ojos enternecedores. Era un cachorro precioso, marrón con un par de manchas negras en el lomo, exactamente como ese perro de caricaturas que tanto le gustaba a Davy, y antes de que pudiera pensar en las consecuencias, estaba pagando por el animal, una camita y una bolsa gigante de alimento.
- Debes sacarlo a correr al menos dos veces por días – Le decía la vendedora – Y recuerda que en un mes necesitara su dosis de vacunas.
Unos cuantos consejos después, Candy estaba en camino de vuelta a su casa con un Gran Danés como copiloto. Sinceramente esperaba que su gato no se enfadara mucho con ella. Oskar podía llegar a ser muy susceptible a veces.
Al llegar a casa le sorprendió ver el auto de Terry estacionado en la calle. Se suponía que tenía que estar en casa de Zach pintando la habitación del bebé, pero estaba allí, apoyado contra su auto, el rostro bajo, y Candy supo que algo malo estaba pasando.
Estacionó su auto, tomó al perro y salió de él.
- ¿Terry? - Al oír su voz Terry volteó a verla. Sus ojos estaban inyectados de sangre y tenía los puños apretados – Terry ¿Qué sucede?
- ¿Puedo entrar? – Le preguntó con la mirada ausente.
- Claro… - Contestó ella mientras buscaba en su bolso las llaves y abría la puerta – Pasa - Terry entró en la casa y Candy lo siguió. Aparentemente sus padres ya habían partido hacia el hospital para visitar a su nieto – Vamos a mi habitación.
- ¿Qué es eso? – Le preguntó al ver el perro.
- Es para Davy – Candy soltó al Gran Danés quien los siguió mientras subían las escaleras, y pudo ver como los ojos de Terry se llenaron de lágrimas al oír hablar de su hijo ¡Demonios! ¡Lo sabía! ¡Terry sabía que Davy no era su hijo!
Llegaron hasta la habitación en completo silencio, y al abrir la puerta el primero en entrar fue el cachorro, quien no dudó en arrojarse encima del gato blanco que dormía sobre la cama. Hubo una especie de escándalo entre los animales, hasta que Oskar decidió abandonar la habitación ofendido por la traición de su dueña.
Terry no prestó demasiada atención a la pelea de los animales y se sentó en la cama con la mirada gacha. Candy sabía que estaba llorando, y no podía soportarlo.
- Davy no es mi hijo – Dijo después de unos cuantos minutos de silencio – Fui a verlo esta mañana y me contó lo que Susana le había confesado antes de morir. Yo… no sé si creerle.
- Oh… Terry…
Candy se sentó al lado del castaño y pasó sus brazos por los hombros de él.
- Pete asegura que es cierto – Volvió a decir Terry – Incluso tiene un prueba. Un video – Candy se estremeció al oír aquello – Está en la tarjeta de memoria que estaba en la cámara. La he buscado por todos lados, pero no la he encontrado. Debí haberla dejado en la escuela.
Candy no quería hacerlo, en verdad no quería, pero sabía que era necesario para despejar las dudas de Terry. Se levantó de la cama, fue hacia el cajón donde había guardado la tarjeta de memoria, la sacó y se la entregó a Terry.
- ¿Qué es esto? – Le preguntó con confusión.
- El otro día… cuando me entregaste las telas… al parecer estaba con ellas.
Terry tomó la pequeña tarjeta negra con temor – Te dejaré solo.
Candy tomó al perro y salió de la habitación. No quería estar presente cuando Terry escuchara la confesión de su ex esposa. Era algo que debía hacer el solo.
Pasaron unos cuantos minutos sin que Candy supiera que era lo que estaba sucediendo adentro de su habitación, y los nervios estaban carcomiéndola. Estaba a punto de golpear la puerta cuando esta se abrió de golpe y de allí salió un Terry enfurecido.
- ¿Lo sabías? – Le preguntó con rudeza - ¿Ya habías visto el video?
- Yo… fue un accidente. No quería hacerlo, pero… no tenía idea lo que había allí dentro ¡Te lo juro!
- ¿Y porque no me lo dijiste? – Terry golpeó la pared con su puño, haciendo que el cachorro en brazos de Candy diera un brinco.
- Iba a decírtelo…
- Pero preferiste hacerme quedar como un idiota ¿Verdad? ¡El estúpido de Terry cuidando de un niño que en realidad es su hermano! ¡Todos lo saben meno él! ¡Todos se ríen a mis espaldas!
- ¡No, Terry, eso no es cierto! – Le decía Candy ya sintiendo como las lágrimas rodaban por sus mejillas - ¡Nunca quise hacerte daño! ¡Juro que iba a decírtelo cuando pudiera!
- ¡Eres una mentirosa! – Le gritó en la cara para luego caminar escaleras abajo.
Candy corrió tras él y lo detuvo cuando estaba a punto de salir por la puerta.
- ¡Espera, Terry! Tenemos que hablar, no puedes irte así.
- No hay nada más que hablar entre nosotros dos. No quiero saber nada más de ti.
- ¿Recuerdas que estamos esperando un hijo? – Le preguntó si poder contener el llanto.
- A mi hijo no le faltará nada – Le aseguró con la mirada fría – Pero las cosas entre nosotros dos se acabaron para siempre. No dejaré que vuelvas a tomarme por estúpido – Terry se soltó del agarre de Candy y se dirigió hacia su auto, pero en lugar de entrar sacó de allí un par de bolsas que dejó violentamente en el piso - ¡Ten! Te regalo la pintura para la habitación de tu sobrino ¡Contrata a alguien más para que la pinte!
Dicho eso, Terry volvió a subirse a su auto y se marchó a toda prisa de allí, dejando a Candy completamente sola y envuelta en lágrimas. No podía creer lo que acababa de suceder. Terry había terminado con ella, y todo por culpa de ese maldito video. No era su culpa que haya caído en sus manos, y sí había pensado en decírselo, solo que Pete se le había adelantado.
Cuando volvió a entrar en la casa, Oskar estaba arañando el hocico del cachorro. Candy dejó que se pelearan, no estaba de ánimos para separar a esos dos animales. Subió a su habitación y se dejó caer en la cama. En ese momento solo quería llorar.
ooo
Richard estaba a punto de salir del cuarto de hotel que estaba rentando cuando alguien llamó a la puerta. Tal vez sería el conserje, había estado esperando que le levaran unos documentos toda la mañana, pero aún no habían aparecido. Se dirigió hacia la puerta, pero no terminó de abrirla cuando sintió que alguien lo empujaba dentro de la habitación y le propinaba un fuerte golpe en la mejilla.
- ¡Hijo de puta!
Richard cayó de espaldas sobre una mesita que se encontraba allí haciéndola añicos. Su hijo estaba parado frente a él con el rostro desencajado.
- ¿Terry?
- ¡Eres una basura!
- ¿De qué hablas?
- Todo este tiempo me has estado engañando, a mí y a mí madre. Eres la peor basura que ha pisado la tierra – Le dijo con desprecio – Te atreviste a acostarte con Susana para separarme de Candy, la embarazaste e hicieron pasar al niño como mi hijo.
- Terry – Richard se puso de pie con dificultad. Le dolía todo su cuerpo, pero más le dolía el corazón. Había lastimado a Eleanor, y la decisión de no contarle a Terry el error que había cometido fue para no herirlo también. Pero nuevamente se había equivocado – Lo siento mucho.
- No es necesario que lo sientas – Terry miraba con odio al hombre que era su padre – Arruinaste mi vida, pero ya no lo harás. No te acercarás nunca más a mí… ni a mi hijo – Davy podía no ser su hijo biológico, pero él lo había criado y no dejaría que se enterara de ello - ¡Davy es mío! – Le aseguro. Richard asintió con la cabeza, sabiendo que no tenía ningún tipo de derecho sobre el pequeño.
- Siento mucho el daño que te he hecho – Le dijo. Sabía que Terry no lo perdonaría nunca, pero tenía que hacerlo – Sé que no me crees, pero en verdad estoy arrepentido y… me alegra que tú y Candy estén juntos devuelta.
- Candy y yo no estamos juntos – Le dijo Terry con odio en sus ojos – Gracias a ti y a tus mentiras, ella y yo nunca volveremos a estar juntos.
Sin decir una palabra más, Terry salió de la habitación dando un fuerte portazo. Richard no comprendía lo que su hijo le había dicho. Candy estaba embarazada, el niño era de Terry, y la última vez que habían hablado, él estaba muy feliz ¿Por qué habían cambiado las cosas? Sabía que Terry no quería que interfiriera nunca más en su vida, pero tenía que hablar con Candy, no podía dejar que las cosas terminaran mal por todas las cosas que él había hecho.
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Cuando Rebecca y Abraham volvieron a casa después de la visita a su nieto, se encontraron con: a) dos latas de pintura en la puerta de su casa, b) un cachorro enorme persiguiendo a Oskar mientras destrozaba todo a su alrededor y c) a su hija menor llorando desconsoladamente en su habitación. Ignoraron las dos primeras y se dedicaron únicamente a su hija.
- Candy – Le dijo Rebecca mientras la tomaba en sus brazos - ¿Qué sucedes? ¿Por qué lloras?
- ¿Le pasó algo al bebé? – Preguntó su padre con preocupación.
Candy no contestaba, solo se limitaba a llorar, y eso preocupaba enormemente a sus padres.
Pasaron unos cuantos minutos hasta que Candy por fin pudo gesticular una frase.
- Terry me dejó – Dijo entre lágrimas.
- ¿Qué? – Rebecca no podía creerlo.
- ¡Me dejó!
- Él no puede dejarte – Le dijo Abraham – Van a casarse y están por tener un hijo. Debes estar equivocada.
- ¡No estoy equivocada, papá! Terry me dejó porque le he mentido.
- ¿En qué le has mentido? – Le preguntó su madre.
Candy no quería contarles a sus padres todo lo que había pasado entre ellos, era la historia de Terry, y ella no tenía derecho a difundirla, pero en verdad necesitaba que alguien la escuchara. Les contó todo lo que había sucedido, desde que encontró el video hasta que Terry le reprochó por no habérselo contado. Se sentía culpable, pero en el fondo sabía que no era su culpa. No había sido ella quien lo había engañado, y Terry no tenía por qué haberla tratado del modo en que lo había hecho. Pero también comprendía que estaba enfadado, y tenía todo el derecho de estarlo.
- No te preocupes, hija – Le dijo su padre mientras le acariciaba el cabello – Ha sido fuerte para Terry enterarse que Davy no es su hijo. Está enfadado ahora, pero con el tiempo comprenderá que tú no eres la culpable y volverá a pedirte perdón.
- ¿Eso crees, papá?
- Claro que sí – Le sonrió con ternura tratando de darle tranquilidad a su hija. Terry tenía que comprenderlo. Candy no tenía la culpa, y no podía enfadarse con ella.
- Además – Agregó Rebecca acariciando el vientre de su hija – Hay un bebé en camino. No puede dejarte sola.
- Creo que sí.
Candy lo consideró mejor. Era cierto lo que sus padres le decían, Terry la amaba y no podía dejarla por lo que había pasado. Sabía que tenía que darle espacio para que pensara, pero luego volvería a ella, y a su bebé.
- Tienes que tranquilizarte, cariño – Le dijo su madre – No puedes permitir que nada te afecte demasiado, no es bueno para tu embarazo.
- Tienes razón, mamá – Candy intentó sonreír. Tenía que pensar en su bebé, y no podía permitirse flaquear.
- Ahora… - Dijo Rebecca una vez que Candy se hubo tranquilizado un poco - ¿Podrías explicarme porque hay un perro abajo destrozando todos mis muebles?
Continuará…
Muchas gracias por todos los reviews =)
Sé que algunas van a querer matarme por este capítulo, pero si no hay un conflicto tampoco hay historia. Solo prometo darle un final feliz…
Besosssssss
