Cap. 27: El Final parte 4: El resarcimiento de Shippo y la decisión de InuYasha.
AÑOS DESPUES
Tercera parte.
Los personajes de "InuYasha" pertenecen a Rumiko Takahashi.
Kagome se había desmayado nuevamente y no había podido ver todo lo que le había pasado a InuYasha. Una pequeña esfera plateada flotaba encima de ella, y de su boca medio abierta se podía ver un halo plateado que sobresalía como si fuera vaho. Hubiera dado la impresión de que en verdad era su respiración, pero el pecho de Kagome apenas si se movía.
Kikyo tomo en sus manos la esfera plateada y al instante una docena de luces doradas se desprendieron de ella y se metieron lentamente en el alma. La luz plateada que proyectaba el globo daba a Kikyo una apariencia cadavérica. Más motas de luz dorada fueron llegando de los alrededores y se metieron mansamente en el alma, la cual parecía que aumentaba su tamaño y su resplandor. Kikyo esperó pacientemente, las luces eran lentas y parecía que eran asimiladas poco a poco por el alma.
Una vez que termino de alimentar con el poder del árbol a la esfera recién salida, sacó otra inmediatamente de Kagome. El cuerpo de la chica, que para su fortuna seguía sin sentido, se arqueó una vez más hacia arriba y muy lentamente otra alma surgió etéreamente de su boca, y procedió a alimentarla de la misma manera que había hecho con la otra, casi maternalmente. Kikyo se abstrajo totalmente en su tarea, saco una, dos, tres cuatro almas más del cuerpo de Kagome. Tanto se abstrajo que no fue consciente de que algo se movía entre la nieve, unos metros atrás de ella.
Una melena pelirroja se agitó suavemente. Shippo tardó unos instantes en recordar donde estaba y que era lo que había pasado. Sus ojos vagaron por el claro y vio a Kikyo inclinada sobre Kagome y enseguida supo lo que estaba haciendo. Exhaló aire con un suave gemido e inmediatamente se mordió la lengua. Esperó, pero parecía que la sacerdotisa no lo había escuchado. Pensó, desvenándose los sesos con aprehensión, que era lo que podría hacer. El no tenía la capacidad de enfrentarse a ella y salvar a Kagome. Si se lanzaba impetuosamente a atacarla, lo más seguro era que Kikyo lo matara tan fácilmente como se mata a una cucaracha y entonces ya no habría esperanza para Kagome. ¿¡Y donde estaba InuYasha!? Gimió mentalmente mientras escaneaba de nuevo el claro en busca de una señal del hanyou.
Y entonces lo vio, tirado unos metros delante de él, con los brazos en cruz y mirando hacia el cielo. Parecía muerto, pensó con creciente pánico. Entonces se fijo en la flecha que estaba a la altura de su corazón y entendió. ¡Kikyo lo había sellado nuevamente! Tardó unos cuantos segundos en asimilar la situación. ¡Si InuYasha estaba en ese estado no habría quien pudiera acabar con Kikyo! Pensó en salir del claro a buscar la ayuda de Gudrumg. Tal vez pudiera contactar con Sango y Miroku donde quiera que ellos estuviesen. Pero luego recapacitó. Kikyo había puesto un campo de fuerza extremadamente poderoso. Y si milagrosamente pudiera llegar a salir sin ser notado por Kikyo lo más seguro era que se perdiera en el bosque, pues ella no había dejado nada al azahar y había puesto varios hechizos sobre las veredas que cruzaban el bosque, y sobre los mismos arboles y si alguien se adentraba no saldría nunca del bosque. Y ahora, él ya no tenia el alma que Kikyo le había dado, nunca podría salir del bosque sin ella.
Maldijo en silencio. Gruesas lágrimas de impotencia y desesperación cruzaron su rostro. Y la verdad aplastante cayó sobre él. ¡Solo era un niño por dios¿Que podría hacer él para salvarlos a todos? Había sido un tonto al creer que estaba al nivel de InuYasha. Se había creído poderoso, invencible, pero al final, el no era nada. No podía nada más que a aspirar a una muerte rápida y sin dolor a manos de Kikyo. Pero si eso era lo único que el podía hacer ¡eso era lo que haría! Pensó limpiándose las lágrimas con impaciencia y un poco de culpa por haberse dejado arrastrar por la desesperación de esa manera.
Con renovada resolución comenzó a enderezarse y su mirada topo una vez más con InuYasha. Si tan solo pudiera liberarlo del hechizo. Y una repentina inspiración lo congelo en su lugar. Su mirada vagó con nerviosismo de Kikyo a InuYasha mientras recordaba el relato de Kagome, que le había contado muchos años atrás, de cómo había liberado a InuYasha de su maldición. Ella había deseado liberarlo, lo había deseado con todas sus ganas. Pero Kagome poseía poderes sagrados de sacerdotisa, además de que era la reencarnación de Kikyo. Esas cosas tenían que contar. Sin embargo el intentarlo le parecía una mejor idea que solo correr como loco a su muerte segura.
Se aplastó una vez más contra la nieve sin apartar la mirada de Kikyo, cosa en verdad difícil pues le era insoportable ver como Kagome se elevaba de esa forma, mientras Kikyo la despojaba de sus almas sin ni siquiera con un solo guiño de remordimiento. Comenzó a arrastrarse lentamente y sin ruido. Si Kikyo volteaba seria su perdición. A pesar del frio el sudor comenzó a bajar por su frente. Su corazón latía locamente sobre la tierra cubierta de nieve y un nudo en la garganta le impedía tragar con facilidad. Faltaba poco, faltaba poco. Kikyo estaba acabando de sacar otra alma, muy lentamente, como si temiera que se rompieran si lo hacia con precipitación.
Finalmente Shippo llegó a la altura del cuerpo de InuYasha. Y entonces Kikyo se enderezó de manera repentina y se quedó muy quieta sobre la chica, como si hubiera oído el susurro de la nieve bajo el cuerpo del kitsune. El adolescente se congelo en su lugar. Cerró los ojos fuertemente y rezó por que Kikyo no se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Mecánicamente y como si fuera un mantra repitió una y otra vez en su mente: "no voltees, por todos los dioses no voltees".
Pareció funcionar pues, después de lo que se le antojó una eternidad Kikyo se inclinó de nuevo hacia Kagome, sin siquiera echar un vistazo a su alrededor. Shippo no se atrevió a suspirar de alivio. Esperó pacientemente unos minutos para evitar suspicacias por parte de Kikyo, pero cuando vio que ella se abstrajo de nuevo en su desagradable tarea, se animó a seguir reptando hacia InuYasha. Instantes después ya había alcanzado el tórax del joven. Se colocó de rodillas para lograr mayor fuerza al jalar, siempre atento de Kikyo. Colocó las manos, sobre la flecha, una arriba de la otra, cerró los ojos y jalo.
No pasó nada.
Descorazonado observó la flecha y después el rostro durmiente de InuYasha. Echo un furtivo vistazo a Kikyo que seguía sin enterarse de nada. Jaló nuevamente y la flecha siguió sin ceder. Y entonces se dejó llevar por el pánico de nuevo. Comenzó a jalar la flecha febrilmente al grado de que el cuerpo de InuYasha se elevaba con cada embestida, y con un nuevo mantra en su mente "¡Sal por favor sal!" Pero esta vez, sin embargo, no le surtió efecto. La flecha no cedió e InuYasha no despertó, y entonces inesperadamente Kikyo dio un alarido. El corazón de Shippo se detuvo, la observó mientras un terror frio se expandía por su cuerpo. Buscó con desesperación su espada con la vista por los alrededores pero no la encontró. Lo único que quedaba era seguir insistiendo.
Siguió jalando la flecha poniendo en ello toda su voluntad, Kikyo no volteaba observaba fijamente a Kagome y él aprovecho todo el tiempo que le fuera posible disponer.
Kikyo no entendía lo que estaba pasando. Había intentado una y otra vez extraer la última alma, pero simplemente esta se negaba a acudir a su llamado. Empleó todo su poder pero al igual que la escena que se desarrollaba tras de ella, con Shippo y la flecha, el alma simplemente se negaba a salir. Observó las siete almas que había logrado sacar del cuerpo de Kagome. Estaban flotando lentamente proyectando su fantasmagórica luz. Eran más que suficientes para lo que se proponía. Pero aún así no se sentía satisfecha. Buscó en su mente todas las posibilidades que pudieran ser las culpables del hecho, pero descartaba una por una por improbables. Kagome no tenia la fuerza para retener su alma, no con lo poderoso del conjuro que Kikyo estaba empleando. Ella no estaba haciendo nada mal¡Las otras almas habían salido mansamente! Entonces que era. ¿Qué? Y entonces una idea cruzó por su mente. Abrió los ojos de golpe y miró a Kagome con sorpresa. ¡No podía ser¡Ella...¡No!
Se paró de golpe totalmente recta sin poder creerlo aún, observando el cuerpo de Kagome, y entonces oyó, un gemido ahogado a su espalda. Con rapidez dio la vuelta y un segundo alarido de rabia salió de sus labios al ver a Shippo a un lado de InuYasha, tratando de sacar la flecha.
—¡Tú¡Estúpido¡Que demonios estas haciendo!—Le dijo señalándolo con cólera.
Shippo no respondió, la miró con absoluto terror y jadeo fuertemente al tiempo que jalaba la flecha con más rapidez.
—¡Vamos sal¡Sal¡InuYasha despierta!
Kikyo comenzó a caminar hacia el con la ira reflejada sobre su rostro.
—Vamos InuYasha¡Revive!
Kikyo ya estaba a unos centímetros de él.
—¡REVIVE INUYASHA!—Gritó y jaló con fuerza y la saeta salió limpiamente y después se desvaneció en su mano.
Entonces en el mismo momento que la flecha salió, InuYasha abrió los ojos. Shippo no tuvo tiempo de otra cosa. Oyó el ¡NO! de Kikyo y al instante observó como tensaba el arco y otras flechas salían disparadas hacia ellos.
Shippo no lo pensó, simplemente reaccionó, con un movimiento rapidísimo se colocó enfrente del hanyou y recibió en su espalda las dos flechas que Kikyo había lanzado casi simultáneamente.
—¡Shippo!—Gritó el hanyou y rápidamente tomo al adolescente con un brazo y con la otra mano recogió a Tessaiga, que se encontraba en el suelo junto a él, sin transformación. Con un ágil brinco se movió hacia otro lado en el mismo instante en que otras dos flechas se incrustaban en la tierra donde habían estado ellos. Kikyo e InuYasha se miraron fijamente, sin pronunciar palabra y para su sorpresa la sacerdotisa bajó el arco. Entonces centro su atención en Shippo que tenía los ojos cerrados, y se encontraba inusualmente tranquilo.
—¡Shippo¡Shippo responde!—le gritó sacudiéndolo.
El jovencito abrió los ojos nuevamente, sus ojos azules parecían empañados, como si estuviera ciego.
—Inu…yasha...lo logré. —jadeó en susurros y una media sonrisa se dibujó en sus pálidos labios.
—¡Eres un imbécil¡Por que demonios hiciste eso!—le recriminó con emoción en la voz.
—Era…era necesario. Así debía ser.
—¡Claro que no¡Hubiéramos encontrado la solución¡No tenias por que haber hecho esto!—terminó subiendo la voz.
—No. —Negó débilmente con la cabeza. —Yo...te lo debía. InuYasha me comporté...como un tonto antes. Lo lamento.
—No espera, ya no digas nada, quédate tranquilo. Ahorra fuerzas y veras que no pasará nada. Saldremos de aquí, te lo prometo. —Le dijo un poco asustado y tratando de convencerse a él y a Shippo.
Shippo lo miró tristemente, mientras unas lágrimas comenzaban a surgir de sus ojos.
—Lo... lamento InuYasha. Salva a Kagome. Ella es lo único que importa. Ustedes dos...merecen ser felices. Por favor, sálvala, InuYasha.
InuYasha no respondió lo miró con dolor, cediendo a su desconsuelo.
— ¡Promé...Promételo!—le pidió el joven.
—Lo prometo… ¿Shippo¡Shippo!
InuYasha sacudió el inerte cuerpo. Pero Shippo no le respondió había cerrado los ojos y su respiración ya no se notaba. Cerró los ojos con fuerza y se inclinó hacia el cuerpo del joven, mientras lo abrazaba fuertemente. Después repentinamente se enderezó, lo dejó delicadamente sobre la nieve y se encaró a Kikyo. La furia brillaba en sus ojos cuando la miró.
Kikyo no reaccionó ante la vesánica mirada de InuYasha.
—Bienvenido de nuevo, InuYasha. —le saludó burlonamente.
—¡¡Por que hiciste eso!!
—El se lo hizo a si mismo. No puedes echarme a mí la culpa de sus decisiones. Si fue tan estúpido como para morir de esa forma, no es mi culpa.
—¡No lo llames estúpido o te arrepentirás!
—¿Que es lo que me vas a hacer, InuYasha?—rió desagradablemente. —Has visto que nada de lo que utilices puede afectarme. Así que la única solución que te queda es morir en mis manos también. —Dijo tensando el arco de nuevo.
—¡Ja! Pues estas equivocada si crees que vas a poder sellarme de nuevo. Las veces pasadas me tomaste por sorpresa, pero no soy tan imbécil como tú crees. Te venceré y los salvaré. Te lo juro.
—¿Salvarlos?—la sacerdotisa comenzó a reír, incontrolable.—¿Aún crees que puedes salvarlos? Tu adorada Kagome esta casi muerta InuYasha. La he despojado ya de todas sus almas. —Mintió y señaló a Kagome e InuYasha vio las siete esferas que estaban encima de ella. —Ella ya no va a despertar. Un cuerpo sin almas es un recipiente vacio. No importa lo que hagas, Kagome no despertará. Esas almas ya son mías.
—Pues entonces será sencillo. —dijo el hanyou y Kikyo centró de nuevo su atención en él.
—¿Que será sencillo?—Preguntó con voz estridente.
—Revivir a Kagome. Sólo tengo que devolver las almas a su cuerpo.
Kikyo rio.
—Me gustaría verte intentarlo, hombre valiente y estúpido.
—De acuerdo. —dijo adoptando pose de pelea.
—Bien. Entonces es hora de acabar con esto. —Dijo centrando su atención en él.
Apenas hubo terminado de decirlo cuando el aura de Kikyo comenzó a cambiar una vez más y el ambiente se condensó; una extraña pesadez se extendió por todo el cuerpo de InuYasha. Con alarma observó como las luces que hasta ahora habían rodeado a Kikyo comenzaron a introducirse lentamente en ella e inmediatamente pudo percibir el cambio en Kikyo. Y supo que esta vez, si lo atacaba no tendría escapatoria, removiendo la empuñadura de la espada nervosamente entre sus manos se desvenó los sesos buscando una salida, pero ya había comprobado que sus técnicas no funcionaban. Y entonces, repentinamente, supo lo que debía hacer. Si kikyo continuaba absorbiendo el poder del árbol ya no podría derrotarla, y si llegaba a tomar las almas de Kagome…No quería ni pensarlo, así que no había tiempo que perder.
—¿Y en que te vas a convertir Kikyo después de que me mates?
Kikyo, que había cerrado los ojos al empezar a recibir las luces, no los abrió, pero InuYasha supo que lo escuchaba.
—¿Vas a vagar por la tierra buscando solo almas de infelices para alimentarte¡Que pobre vida Kikyo!—le gritó.
Esta vez Kikyo abrió los ojos que tenían una extraña iridiscencia amarilla y lo observó sin contestarle, InuYasha siguió.
—¡Que miserable existencia! No puedo creer que hubo un tiempo en que pensé abandonar todo por ti. Ahora solo me das lástima.
Kikyo siguió sin contestar pero la mirada que le dedicó supo que InuYasha estaba por buen camino así que siguió hablando con más energía y malicia en la voz.
— Si, lástima. Nunca vas saber sentir algo más allá de tu odio. Parece que Urasue te creó bien ¿no Kikyo?
La respiración de la miko se hizo más rápida.
—Sabes, incluso me alegro de me hubieras sellado y tu te hubieras muerto. Naraku en realidad me hizo un favor. Si Naraku no hubiera existido no habría conocido a Kagome. ¡Y pensar que fuiste tu la que cuidó a Onigumo¡Que gran ironía!
—Cállate. —reverberó la voz de Kikyo por todo el bosque. InuYasha sintió que se erizaba su piel, pero siguió, implacable.
—¿Por que quieres que me calle¿Acaso te duele? Tú no puedes sentir nada, estas muerta, Kikyo, muerta. No importa que te diga todo lo que pienso. Todo lo que debí decirte hace mucho. Si creíste que yo sentía algo hacia ti, estás equivocada. Kagome es mucho más mujer de lo que tú fuiste alguna vez. Desde el momento que la conocí a ella me olvide por completo de ti, Kikyo. Pero que podía hacer si cada vez que veía tu patética cara me dabas lástima, así que solo fingía.
—Cállate. —repitió Kikyo con un nuevo matiz en la voz.
—Es más ahora que me pongo a pensar en ello en realidad nunca sentí nada por ti. La pobre sacerdotisa sin vida ni pasión que solo dedicaba su patética existencia a la perla de Shikón. Siempre fue lastima.
—¡QUE TE CALLES!—rugió Kikyo y un fuerte viento arrastró a InuYasha por el suelo, golpeándose el cuerpo. Se enderezó con trabajo, un poco de sangre salió de su boca, y se la limpió sin despegar los ojos de Kikyo.
—Parece que te duele ¿no¡Pero si solo es la verdad Kikyo! Tu estas a punto de matarnos a todos y yo solamente estoy diciéndote la verdad. No es justo que vivas tu vida inmortal con un conocimiento erróneo de lo que en verdad, yo sentía por ti. Y ahora no ha mejorado mucho. ¡Solo eres un cuerpo de barro!—rió InuYasha con todo el desprecio que pudo reunir.
—No importa todo lo que hagas. Que obtengas la vida eterna o todo el poder del mundo. Nunca vas a dejar de ser lo que eres. Barro. Te limitaras a alimentarte para seguir con tu miserable e infeliz existencia. Si yo fuera tu, me moriría aquí mismo. La verdad es que ningún otro sentimiento puedes despertar más que lástima.
Y supo que lo había logrado. La respiración de Kikyo era tan rápida que parecía que había recorrido un triatlón sin descanso. Y cuando lo miró vio en sus ojos tanto rencor y odio que InuYasha deseó no haberse explayado tanto. Si todo salía mal por haber exagerado, sabia que no lo iba a lamentar por que sencillamente iba a estar muerto.
La energía comenzó a reunirse en torno a la mujer. InuYasha buscaba febrilmente el hueco en Kikyo, pero no lograba encontrarlo. Era increíble que aún con tantos sentimientos negativos, Kikyo no tuviera un solo hueco maligno el cual atacar. O como ella decía, ya se encontraba un nivel más allá de InuYasha o sabía esconderlo muy bien.
—Te vas arrepentir InuYasha. —Le dijo con la voz temblando de ira.
InuYasha continúo buscando el punto el cual atacar. Kikyo comenzó a avanzar hacia él, lenta y peligrosamente, con todo su cuerpo brillando cambiando el espectro de negro a dorado pasando por el rojo vivo, entonces extendió sus brazos ahuecando las manos en frente de ella, que comenzaron a acumularse de energía.
—¡MUERE!—Gritó con furia. Y lo atacó, el poder llenó todo el bosque de un intenso resplandor. InuYasha sabia que no podía escapar. Iba a morir. Y entonces lo vio. El hueco maligno de Kikyo. Su fuente de poder. Antes de que el pudiera razonarlo su cuerpo ya había comenzado el movimiento y la espada se convirtió en Escamas de Dragón. Y arrojó su poder. Las dos técnicas colisionaron en el centro, arrojando un resplandor aun más fuerte. El bosque se sacudió, los arboles que estaban en el perímetro del claro se destrozaron y volaron por todas partes. El cuerpo de Shippo fue protegido de la onda destructiva gracias a que InuYasha lo había colocado cerca de un grupo de rocas. Sin embargo a Kagome no la tocó ni una sola ráfaga, y no se movió ni un solo de sus negros cabellos, parecía protegida por un fortísimo campo de fuerza. InuYasha fue lanzado hacia atrás, pues el culatazo de los dos poderes fue demasiado fuerte aún para él, y no pudo ver que es lo que había pasado con Kikyo.
Lentamente la onda se extinguió y todo quedó en un frio y siniestro silencio y en el claro se veía la destrucción. InuYasha abrió los ojos, sorprendido de estar vivo y lentamente se incorporó. Busco con la vista a Kikyo y la vio tirada en el suelo. Sintió un nudo en el estomago al verla tirada desmadejada de esa manera, pero al mismo tiempo sintió alivio, pues pensó que ya todo había terminado. Se acercó hacia ella lentamente. Kikyo estaba boca abajo con un brazo bajo de ella y el otro en un ángulo demasiado anormal. Tras mucho pensárselo y con mucho cuidado la toco suavemente y le dio la vuelta. El rostro de Kikyo estaba lleno de heridas y la sangre cubría su palidez. Estaba muerta.
InuYasha se llenó de tristeza y desesperación. Nunca había querido que las cosas llegaran hasta este extremo. Nunca hubiera querido tener que matar a Kikyo. Cerró los ojos un momento presa del desconsuelo y el agotamiento. Y entonces recordó que aún tenia que regresar a la normalidad a Kagome, aunque no supiera como. Se levanto y fue hacia ella.
Kagome estaba pálida, trató de tomar las almas con su mano y para su sorpresa esta se posó delicadamente en su palma abierta. Pensó que solo tenía que acercarla a Kagome y ella haría el resto del trabajo.
Estaba a punto de hacerlo cuando sintió que algo lo paralizaba y una fuerza desconocida lo estrujaba con violencia, como si una mano enorme y cruel lo apretara.
—Te crees muy listo ¿no InuYasha?
InuYasha sintió que el aire se le iba. Y a pesar de la fuerza que lo mantenía sujeto volteó sin poder dar crédito a sus oídos. Y la vio, por segunda vez en el día después de creerla muerta. Kikyo estaba de pie, pero encorvada y con una mano sobre su brazo izquierdo.
Ciertamente estaba bastante herida, sangre escurría de su hombro izquierdo y su brazo colgaba inerte y sin vida y la pierna derecha la arrastraba penosamente. Y aquí y allá su ropa estaba desgarrada mostrando heridas abiertas al rojo vivo.
—¿Sorprendido?—le dijo al observar su rostro.—¿Creías que estaba muerta no es verdad¡No entiendes que yo ya estoy más allá de la muerte InuYasha!—le gritó con furia y al mismo tiempo la fuerza que le rodeaba lo apretó más fuerte y gritó.
—Fue un buen plan InuYasha. —admitió relajando la presión entorno al joven. —No podías utilizar tus técnicas conmigo por que no lograbas captar mi poder maligno. Así que lo único que te quedo fue manipularme. Y déjame felicitarte, lo hiciste muy bien. Sin embargo te confiaste y no tomaste en cuenta lo que te dije. Que ya no soy la misma que conocías, que había cambiado. Pero debo agradecerte, tu pequeño ardid me hizo saber que aún tengo puntos débiles y que debo controlarlos. —le dijo con una mueca de sonrisa amarga.
Sin dejarlo caer lo hizo aún lado de su camino hacia Kagome.
—Me has dejado en un mal estado InuYasha. Tengo suerte de que eres demasiado confiado y no me hayas dado el golpe de gracia. Hubiera sido más difícil reponerme. Incluso hubierais podido escapar.
Y entonces, repentinamente, Kikyo cayó de rodillas, respirando trabajosamente, y al no tener la concentración de su poder, InuYasha cayó también, sin embargo sus extremidades aún se mantenían rígidas. Como pudo se enderezó para observar a Kikyo que ya se estaba levantando nuevamente y entonces se dio cuenta de que de la herida de su hombro manaba una energía dorada, la misma energía que había consumido frente a él se le escapaba de su cuerpo inevitablemente.
Kikyo levantó la mirada hacia él y lo sorprendió mirándola.
—No creas que me has derrotado. Esto no se ha acabado aún hanyou.
Kikyo continúo su camino, aproximándose hacia Kagome. InuYasha luchó contra su inmovilidad y logró levantarse también y poco a poco fue recuperando control de sus piernas. Kikyo estaba a solo unos pasos de Kagome, InuYasha echó a correr lo más rápido que pudo. Llegaron casi al mismo tiempo, Kikyo unos momentos antes y se dejó caer sin fuerzas a un lado de la chica e InuYasha trató de alcanzarla con la mano pero Kikyo alzó los brazos por encima de su cabeza y el campo de fuerza rechazó a InuYasha que cayó de espaldas.
—¡NO!—Gritó cuando al incorporarse vio como las almas comenzaron a adentrarse en Kikyo, que sin ceremonia estaba de rodillas en el suelo y con la cabeza gacha.
Sin embargo a medida que las almas se metían dentro de ella, Kikyo levantaba la cabeza con los ojos cerrados. InuYasha golpeó el transparente campo de fuerza con los puños cerrados, lo araño y lo atacó con la espada pero nada funcionó. Y al meterse la séptima alma, Kikyo se levanto lentamente, su cuerpo se hallaba curado, no tenía ni una sola herida y entonces comenzó a reír. Abrió los ojos y levanto los brazos por encima de su cabeza y alrededor de ellos se desató una fuerte ventisca. Kikyo siguió riendo como posesa. InuYasha clavó la espada en el suelo y se protegió la cara con el brazo mientras intentaba avanzar hacia ellas.
Kikyo lo miró extendió la mano hacia él y un remolino de viento se creo con el movimiento. InuYasha quedó atrapado en el interior sin posibilidad de escapar.
Y entonces la miko se dirigió hasta donde estaba Kagome.
—Levántate niña, se que todavía tienes un alma dentro.
Y entonces Kagome abrió los ojos, pero estaban vidriosos, con la mirada perdida. En realidad la chica no estaba consiente. Kikyo la hizo acercarse hacia donde estaban ella e InuYasha. El remolino alrededor del hanyou desapareció sin embargo seguía sin poder moverse muy bien, supo que Kikyo aún lo retenía con su voluntad. Y aunque Kikyo no lo retuviera, en su cuerpo no quedaba ni una gota de energía, no tenía ya ni una posibilidad de defenderse de ella. Aún así trató de revolverse y liberarse pero fue un desastre, todo su cuerpo protestaba de cansancio y dolor.
— Ya no tienes fuerzas InuYasha. Es inútil lo que trates de escapar, será mejor que lo entiendas de una vez. —Le dijo Kikyo que había observado sus últimos esfuerzos sin decir palabra. —Ya he conseguido lo que quiero. Ya soy todo lo que quería ser, y solo me resta un último asunto.
InuYasha no respondió solo observo a Kagome sin quitarle la vista de encima, consiente de que había sido derrotado.
—Esta mujer, —continuó Kikyo. —no pertenece a esta época. Decías que todo esto lo hacia por venganza, y en realidad tenias algo de razón. Sin embargo les voy a dar una oportunidad. Son tan patéticos y tú has hecho un enorme esfuerzo para lograr salvar a esta chica que no puedo menos que sentir algo de admiración por ti. Así que esta niña va a vivir, es mi regalo para ti.
InuYasha ahora observó a Kikyo sin poder creer lo que oía.
—Así es.—le dijo con una sonrisa al observar su reacción.—Pero ella no va a recordar nada de lo que ha pasado contigo en esta época, no va a recordar absolutamente nada sobre ti o tus amigos, nada sobre Naraku, nada sobre la perla, incluso nada sobre mí. Se olvidara que una vez estuvo en esta época. En sus recuerdos su vida habrá sido normal, y todo será como antes de que ella viniera a este lugar.
InuYasha ahora miraba a Kagome de nuevo.
—E incluso me refiero a esto. —dijo Kikyo y le mostró la perla de Shikon a InuYasha. —No me interesa que es lo que pueda pasar con esta perla. Le dije a Kagome que nunca fue mi intención quedármela ni utilizarla para mi beneficio. Así que este es mi segundo regalo para ti. Te doy esta perla. La puedes utilizar de la manera que quieras, puedes convertirte en el Youkay completo que siempre quisiste ser y dejar de tener tu mitad humana. Pero si la utilizas tú también perderás todos tus recuerdos y sentimientos humanos. Y con eso quiere decir que también te olvidarás de Kagome y de todos tus amigos. Al fin podrás vivir la vida que siempre quisiste, con poder y sin debilidades.
Hizo una pausa para dejarle asimilar sus palabras y todo lo que contenían.
—Así que ¿Que es lo que vas a elegir InuYasha?—le dijo mirándolo intensamente. InuYasha la miraba receloso.
—¿Esta es una nueva trampa Kikyo¡Hace unos momentos querías acabar con los dos y ahora pretendes que crea que estas haciéndonos un favor!
Kikyo rió burlándose de él.
—¡Absolutamente no! No te estoy haciendo un favor. En realidad, ahora me doy cuenta de que sus muertes son totalmente vanas e innecesarias, ya no me benefician en nada. Sin embargo no puedo dejar que ustedes estén juntos InuYasha. Esa es mí venganza, si quieres llamarlo de esa forma. No importa todo lo que hayan pasado, ustedes nunca estarán juntos simplemente por que yo no quiero que lo estén. Si yo no pude tenerlo, ustedes tampoco lo tendrán. No soy una persona bondadosa, nunca los voy a perdonar, y nada me haría más feliz que verlos separados al fin. Y no importa lo que decidas, pase lo que pase no volverán a verse nunca más. Así que lo más sensato de tu parte seria aceptar la perla. Hazte un favor a ti mismo y deja atrás todos tus sentimientos hacia esta mujer. Olvida que alguna vez se quisieron. Olvida que, contra toda lógica, ella vino a este tiempo para que se conocieran y se enamoraran uno del otro.
InuYasha escuchó a Kikyo¿aceptar la perla y olvidar a todos, olvidar a Kagome, su sonrisa, su aroma, sus ojos? El solo pensarlo le causaba una tristeza que nunca había sido capaz de conocer.
—¿Y bien que decides?
—Creo que sabes perfectamente que es lo que voy a decidir Kikyo. Nunca cambiaria los recuerdos que tengo con Kagome por una vida inmortal, ni siquiera por la vida que siempre desee tener. —dijo en voz baja y mirando a Kagome. —Ella será siempre todo para mí, aunque nunca más pueda verla.
Kikyo lo observó terriblemente seria.
—De acuerdo. —dijo en tono seco. —Siempre fuiste un estúpido y no cabe duda de que morirás siendo un estúpido. Si eso es lo que quieres eso es lo que tendrás. Si no quieres la perla, entonces deberá volver al lugar al que fue mi intención mandarla hace cincuenta y nueve años y del que nunca debió salir.
Kikyo se acercó a Kagome con la joya en la mano.
—Una vez que haya devuelto la perla al cuerpo de esta mujer será imposible de sacar una vez más. Es tu última oportunidad, aún puedes arrepentirte.
InuYasha la observó fieramente. Y Kikyo supo que nada en este mundo lo haría cambiar de parecer.
—Entonces eso es todo.
Utilizando su poder Kikyo introdujo la perla en el área abdominal de la chica. Un intenso resplandor rosado se extendió por todo el lugar y fue creciendo en intensidad hasta que impidió la visión.
InuYasha no apartó los ojos de Kagome en ningún momento, negándose a creer que era la última vez que la veía. Quiso gritarle todo lo que sentía, tenia que decírselo pero todo pasó rápidamente. A partir de ese momento InuYasha no pudo nunca decir bien que fue lo que ocurrió. Vio el cielo negro cuajado de estrellas, vio la nieve que seguía cayendo y el árbol del tiempo completamente negro y muerto, sin ninguna luz dorada, pero si sabia que lo ultimo que pensó antes de caer inconsciente fue que nunca dejó de pensar en Kagome.
Al otro lado del pozo Kagome observaba el árbol del tiempo, sin saber como había llegado a ese lugar, ni por que sentía tanta tristeza y sin saber tampoco por que tenia lagrimas en los ojos.
Tzu su ku...
Continuara...
Lo enorme del capitulo se debe a que es el penúltimo, (ahora si) y como he ido repitiendo a todo lo largo del fic espero que no les haya aburrido. Incluso iba a ser más largo pero para no fastidiar a la gente lo he acortado. Y lamentablemente las cosas entre InuYasha y Kagome no han pasado como quisiéramos¡Y Kikyo se ha salido con la suya! pero calma, que aun queda un capitulo más y puede haber sorpresas jejejeje. No perdamos la esperanza.
Los espero. ¡Si se han chutado todo el fic no se vayan a perder el último capitulo y el pequeño epilogo que subiré juntos por dios!
S. R
Cap. 26
El Final parte 4: El resarcimiento de Shippo y la decisión de InuYasha.
AÑOS DESPUES
