Capítulo 25: Consecuencias.
6 horas después de la retirada de las tropas de la Nación del Fuego.
En La Guardiana el lugar estaba hecho un caos, decenas de obreros se habían puesto ya en marcha para reparar los daños ocurridos en el edificio, el lugar se había llenado de andamios, puntales y maestros de la tierra que evitaban que secciones enteras se derrumbaran bajo sus cabezas, mientras militares y políticos evitaban que la ciudad cayera en la anarquía total, calles enteras arrasadas, cientos de edificios destruidos y además todos los hospitales estaban llenos de heridos por la batalla.
En una sala en más o menos del centro de la base, el Comandante Sang, estaba encargándose de todos los sucesos militares.
"Caso de la inhabilitación del cabo Tan." Dijo el Comandante, en cuyo tono se notaba muchísimo el peso de las horas que llevaban ahí dentro.
El cabo, esta vez, debidamente tratado de sus heridas cubierto de vendas en las quemaduras, se levantó.
"Hemos el consejo militar y yo llegado a la conclusión de que su desobediencia al Capitán Kaishi durante la defensa de la puerta es una falta demasiado grave como para ser perdonada por lo que se le inhabilitará de ejercer en el ejército." El hombre removió sus papeles para buscar la siguiente parte de la sentencia.
"Pero debido a su demostración de lealtad en el campo de batalla, más su interés sincero en ayudar al país, hemos decidido que su inhabilitación sea honoraria, se le suministrará una pensión, y se le otorgará 'la medalla de la ciudad dorada' por su participación en la batalla como al resto de los participantes más' la insignia roja' como reconocimiento de sus sacrificio físico en la defensa de nuestro país, además su nombre aparecerá inscrito en el monumento dedicatorio a la batalla queda el caso cerrado, puede usted retirarse."
El ex-militar salió de la sala mientras que a su espalda oía como abrían el siguiente caso, las heridas le seguían doliendo, y aunque el brazo estaba más o menos bien, solo lo podría levantar a partir de ahora hasta la altura del hombro. Ahora que ya no tenía lugar en el ejército ya no sabría a que dedicarse.
"Ya encontraré algo que se me de bien." Se dijo a si mismo.
Mientras Azula se encontraba con Raiko, ella estaba al mando de la organización y mantenimiento civil de la ciudad, y Raiko había sido asignado para ayudarla.
"Esta zona ha sido completamente arrasada por la batalla." Le dijo Raiko mostrándole las ruinas de lo que era antes una zona suburbana. "En una situación normal, estos daños no habrían sido tan graves, pero la Convergencia les golpeó, y muy fuerte, ahora apenas queda nada.
"Montaremos varios campamentos para los refugiados." Le respondió Azula. "Además necesitamos montar centros de detención para los prisioneros, nuestras cárceles no tienen tanta capacidad, y no hablemos del tema de que son soldados, necesitamos hombres e instalaciones listos cuanto antes. Quizás podríamos usar esos congeladores que creo que usan en las carnicerías, ahí seguro que no molestan, si eso hacemos unos agujeros para que respiren."
Raiko se estaba empezando a poner incómodo por estar junto a ella.
"Entendido." Le respondió Raiko. "Empezaros a organizar en nada el plan de acción. Aunque buscaremos una alternativa a los congeladores"
"Acabas de añadir una cosa más a la lista de razones por las que te voy ha hacer sufrir, Zuzú." Pensó Azula. "Muy pronto me vengaré de la humillación, la derrota, de todo lo que ocurrió hace setenta años. Muy pronto."
En la sala del trono, el Centinela estaba sentado en este, mirando la ciudad destrozada a sus pies, Huang estaba a su lado, quería decirle algo para endulzar la situación, pero ni él estaba de humor para eso, detrás suya, otro consejo militar, esta vez de la rama cultista, liderado por Kiln estaba analizando la situación en el ámbito logístico.
"Mañana se organizará el funeral dedicado a los cincuenta y siete hombres caídos en la batalla, además lo mejor será pagar los entierros civiles y organizarlos para mostrar el apoyo a la población."
El Centinela alzó el brazo y agitó la mano para decir que si, que lo hicieran.
"Habladme de la fábrica de montaje. ¿En qué estado está?" Les preguntó.
Todos se callaron en el acto, el Centinela lo interpretó como una mala señal.
"Totalmente destruida." Dijo Kiln cabizbajo. "Los moldes, las piezas ya fabricadas, las máquinas de montaje, y prácticamente la totalidad del edificio fueron destruidos durante el ataque."
El Centinela suspiró.
"¿Cuántos tardaremos en terminar el proyecto debido a este repaso?"
Kiln hizo un cálculo rápido en su cabeza.
"Con lo que teníamos íbamos a tardar unos seis meses, así que ahora, desde cero, calculo que de unos cinco a siete años."
El Centinela se levantó, estaba más enfadado que nunca.
"Eso que había ahí era lo más importante de nuestros proyectos, este retraso es horrible, pero te aseguro que no dejaré que ocurra, juro que no." El líder del culto estaba conteniendo su ira que amenazaba con desatarse por momentos.
"¿Qué me recomendáis que haga?" Preguntó a todos y a nadie en la sala.
"Guerra." Dijo Kiln. "Nunca me han caído bien los de la Nación y es hora de devolverles lo que han hecho hoy. No quieres que vuelvan a destruír el proyecto."
"Negociemos." Dijo Huang. "Hay que ser pragmáticos y en este momento ya hemos perdido muchos hombres para desangrarnos en una guerra, podemos ganar tiempo para terminar la máquina."
El Centinela no se movió durante un minuto, pensando en lo que hacer ahora.
"Vosotros dos. "Señaló a dos miembros de su guarda personal. Traedme a Azula, Raiko y Shiro Shinobi ya. Los hombres fueron rápidos hacia la puerta, dispuestos a cumplir las órdenes cuanto antes. El Centinela se volvió a sentar en el trono.
Lejos de la ciudad Korra, Mako y el resto del grupo habían logrado despistar a las autoridades y se marcharían de la ciudad de momento.
"¿Qué haréis ahora?" Les preguntó Asami, que se quedaría aprovechando que su colaboración no había sido descubierta.
Korra se encogió de hombros.
"De momento, descansaremos, luego intentaremos montar un ejército para sacar a esos locos del poder, es cuestión de tiempo. Empezaremos por mi hogar."
Mako apoyó las manos sobre los hombros de Asami.
"Todo irá bien, nos hubiera gustado despedirnos de Tenzin y los niños, pero es muy peligroso. Diles que les echaremos de menos."
"No te preocupes, lo haré. Cuidaros." Les dijo Asami.
Ambos asintieron y montaron en el barco que les llevaría al sur, junto a casi todos sus rebeldes, todos buscados por alta traición al país.
El barco zarpó, dejando atrás la ciudad, a partir de ahora todo iba a ser muy diferente.
Poco después de zarpar estaban en la cubierta cuando cierta noticia en la radio les llamó la atención.
"Noticia de última hora. Les habla Shiro Shinobi desde La Guardiana, ahora mismo los altos cargos del gobierno de la República acaban de firmar de forma oficial la declaración de Guerra a la Nación del Fuego."
"Queridos ciudadanos." Era la voz del Centinela. "Este ataque, esta violación de la tregua, no pasará desapercibida ni sin castigo. Desde hoy la Nación del Fuego es nuestro enemigo, toda relación será cortada y se realizarán acciones puramente hostiles. Además declaramos a los dirigentes Iroh y Zuko inviables para el trono y declaramos que Azula, es la legítima líder, por lo que nuestras acciones se usarán para restablecer el trono a quien debe poseerlo. Espero vuestro en todo este conflicto."
La retransmisión se terminó. Mako miró a Korra.
"En peores líos hemos estado." Le dijo, esbozando una leve sonrisa.
Mako sonrió también, saldrían de esta, Korra sabía como hacerlo mejor que nadie.
Fin del prólogo: La ciudad desesperada.
