Para Lusus.-
El equilibrio es extraño. Te hace sentir vacía, sin nada.
En paz, pero inquieta.
En soledad, pero acompañada.
Amando, odiando.
Un día estás en la cima. Otro día en el fondo del abismo.
El tiempo juntos es lo más cerca de la paz de lo que he estado jamás.
Jamás se me ha permitido sentir. Por mi bien, por el bien de los demás, por el bien de todo. Y de forma demente agradezco el poder desequilibrarme aunque sea la última vez que lo haga.
Para cuando tú leas esto, yo ya no podré sentir nada. Otra vez.
La primera vez que viajé a aquella dimensión en la que solías vivir, iba -como ya sabes- a reclutar a otra mano derecha. Todos los anteriores me habían traicionado y/o no sabían llevar el cargo, sus ojos destellaban desconfianza, otros temor, entre odio y desprecio. Pero tú, oh niño, tus ojos no mostraban más que una adorable curiosidad y apreciación hacia alguien tan vacía y tan llena a la vez como yo. Te escogí de forma desinteresada, más sólo quería sentirme interesada por ti, acercarme, hablarte, preguntarte cosas. Pero vamos, eso no se debe… Aunque estando ya aquí, responde al aire, niño, ¿Qué pensaste la primera vez que nos vimos? No me atreví a leer tu mente. ¿Cómo era tu vida antes? ¿Qué se siente ser tan pequeño? ¿Cómo te iba en el orfanato? ¿Tenías más amigos? ¿Cómo te trataban? ¿En qué dimensión naciste? ¿Estás conforme con tu vida?... ¿Cómo te sientes como mi sirviente? ¿Bien? ¿Mal? ¿Te he llegado a lastimar alguna vez? Siento de verdad si así se ha dado en alguna ocasión. No debo hablarle a la gente con amabilidad u odio, solamente… vacía. Sí. Disculpa si alguna vez he sido demasiada dura contigo o si mis órdenes son a veces demasiado duras de llevar a cabo, jamás podría llegar a hacerte daño.
Eres como un hijo para mí, ¿Sabes? Como la familia que nunca tuve.
El sentimiento que jamás podré volver a sentir.
Estoy a sólo minutos de perder el sentir. Las sirvientas acatan las órdenes de mi médico, me avisan que en un par de minutos debo dormirme, creo que Phill ya tomó el cargo, ¿no? Por eso dijeron que al despertar nuevamente las cosas volverían a la normalidad. Ya no sentiré nada, volveré a ser la de siempre y nunca más voy a desequilibrarme otra vez. Nunca más un sentimiento se desbordará en mí.
Lusus. Eres lo mejor que me ha pasado, agradezco cada segundo que has pasado a mi lado siendo mi mano derecha, eres la mejor opción que jamás había tomado, tu fidelidad y dedicación dada a mi persona no se compara con nada que alguien nunca jamás haya hecho por mí.
Espero tenerte por muchos años más a mi lado.
Gracias, niño.
Isopía.-
Miró y releyó cada palabra una y otra vez sintiendo su pecho removerse. La carta llegó a sus manos por parte de las sirvientas las cuales la habían recibido de parte de la misma rubia con órdenes de dársela tras su llegada. Le hubiese encantado que su ama se la hubiera dado personalmente, y a ella también, pero las circunstancias no lo podían permitir y antes de que aquello pasara Isopía se sumergió en el sueño que la devolvería a su equilibrio original.
Que la mujer correspondiera sus sentimientos y pudiera hacérselo saber le hizo realmente feliz… y en fondo un poco solitario. Sería la primera y última vez que recibiría el sentir de Isopía. Lo apreciaría por siempre.
El 'para siempre' para un demonio era algo mucho más significativo que para un simple humano sólo por el simple hecho de que nosotros los humanos somos efímeros, somos pasajeros, somos cortos de vida, en cambio la vida de un demonio era demasiado larga y en pocas ocasiones podía llegar a su fin. ¡Claro que estaría con ella muchos años más! Estaría por siempre a su lado.
Se encaminó dudosamente hasta la habitación de la mujer quien ya había despertado hace algunas horas atrás no sin antes guardar cuidadosamente la carta entre las pertenencias de su habitación.
No había ido a verla antes por el hecho de verse detenido justamente por una de las sirvientas que le entregó aquella carta frente a las puertas de esa habitación. Supo de inmediato que pertenecía de su ama al ver la perfecta caligrafía que en la cara del papel decía su nombre.
Golpeó dos veces suavemente hasta recibir un "pase" con aquella voz tan monótona y aburrida que hizo erizar un poco su piel. Primero se asomó cuidadosamente hasta ver la cabellera rubia mirando por la ventana de espaldas a la puerta. Entró cuidadosamente cerrando despacio la puerta. Sin saber qué decir exactamente, por alguna extraña razón no quiso mencionar la carta.
— ¿Señorita Isopía?
—Supongo que soy yo — Respondió sin emoción. El niño soltó un suspiro pero con una tenue sonrisa atreviéndose a acercarse más.
— ¿Cómo se siente? — Volviendo a los viejos hábitos, la mujer calló unos segundos pensando y luego respondió.
—Lo usual — Finalmente se giró mostrando su cara neutral, la sonrisa de Lusus se ensanchó.
—El Juez y su cuerpo junto a Bill Cipher enviaron el deseo de su pronta recuperación.
—Ya veo. — Tomó un mechón de su cabello y comenzó a jugar con él entre sus dedos desinteresadamente. — Me contaron que tomaste la decisión final en la reunión por mí.
—Ah, uhm, sí — Bajó un poco la cabeza, no se sentía digno de reemplazar a su ama a pesar de saber exactamente cómo actuaría ella — ¿E-Estuvo mal?
—Cumpliste con éxito — Dijo simplemente para voltearse nuevamente — ¿Recibiste la carta de parte de las sirvientas?
Dio un pequeño respingo, no pensaba que Isopía iría a sacar ella misma el tema —S-Sí, Señorita Isopía… Gracias… de verdad, gracias — la tímida sonrisa volvió a pegarse en su rostro.
—De nada… creo — Respuestas sin sentimiento de una mujer sin sentimientos. — …Puedes retirarte, Lusus.
—Síp — Respondió con la sonrisa pegada al rostro saliendo obedientemente de aquella inmensa habitación.
La cima de la escalera principal daba frente a un gran ventanal, en él, un enorme cielo reflejado en el piso a modo de espejo, algunas nubes nadaban en él flojamente y con tranquilidad.
En ese momento supo que el paisaje jamás volvería a ser de un monótono anaranjado.
Sería cielo por siempre.
Muestra de un sentir dejado en los recuerdos.
— ¡No te vas a ir con esa familia de mala calaña! — El insistente chico con complejo de hermano abrazaba a su menor con fuerza reteniéndolo mientras éste intentaba vanamente soltarse de su agarre — ¡Dipper y yo podemos adoptarte como nuestro hijo!
—Bill, ya déjalo — Decía el castaño tirando de su brazo para que soltara al menor — ¡Estás asfixiando a Will! — Mabel miraba entretenida la escena hasta que su hermano le hizo una seña para que le ayudara. A duras penas lograron separarlo ya que en cuanto se decidía por dejarlo, se arrepentía y tironeaba para abrazarlo de nuevo. Will tosió un poco sonrojado por el exceso de amor de parte de Bill.
—Te volveremos a ver, ¿cierto? — Preguntó su cuñado con una sonrisa
—Yo, uhm, supongo que sí… O sabrán de mí por parte de Bill — Sonrió tímidamente notando que el tic en el ojo de Bill se hacía presente.
— Porque tendrás tiempo para el castaño Gleeful ese que para nosotros — Susurró entre dientes recibiendo un codazo de parte de Dipper para que se callara.
Mabel abrazó al pecoso antes de que atravesara en portal que lo conduciría a Reverse Falls.
— ¡Que te vaya muy, muy, muy bien! — Decía la castaña mientras era correspondida seguida de los buenos deseos de Dipper a Will y… Finalmente Bill…
Tras retroceder los gemelos, el rubio se cruzó de brazos con cara enfurruñada pareciendo sólo la rabieta de un infante estúpidamente enojado, Will veía a su hermano con una sonrisa divertida en la cara. A veces se podría decir que Bill parecía el menor.
Estiró sus brazos invitándolo a abrazarlo nuevamente. El mayor dudó unos segundos en acercarse o no, él se iría y lo dejaría de nuevo por aquel estúpido trato inconsciente… pero era su hermano al fin y al cabo y la única familia que tenía aparte del pariente lejano que era Phill al cual no era tan cercano y que posiblemente ya jamás volvería a ver, caso contrario que se podría dar con el turquesa. Dejando lo poco y nada de orgullo que le quedaba correspondió sintiendo la risita de victoria del menor con su mentón sobre su hombro.
— ¿Seguro que estarás bien? — Preguntó aún no muy convencido pero a la vez resignado a verlo partir.
—Sí, supongo… Creo que lo peor que pueden llegar a hacer es castigarme… pero sólo eso. En serio, estaré bien.
Se separaron y Bill dejó caer la última caricia de los cabellos del menor que rió nuevamente por el contacto. La última despedida con la mano y tras dar la espalda desapareció en la distorsionada imagen que el portal mostraba con el cartel de "Welcome to Reverse Falls".
Plantados unos segundos ahí donde ya el portal se había ido junto al menor de los Cipher se decidieron por partir antes de que el ambiente se pusiera más deprimente.
Mabel se disponía a planear la fiesta de cumpleaños que se daría mañana para ella y para su hermano. Salió a repartir las invitaciones mientras le daba la tarde a su hermano con Bill.
Sin decir palabra el castaño tomó la mano de su novio y lo encaminó a lo largo del bosque, en un principio no supo dónde lo dirigía, pero al poner más atención reconoció el camino y pronto se vieron en el enorme claro que aún mantenía su vieja estatua en él con la luz del sol en la cima alumbrando con todo su esplendor. No era un silencio incómodo. Era tranquilizador, apacible, un silencio disfrutable.
Se acercó soltándose del agarre de la mano de Dipper a su estatua, se arrodilló y una sonrisa apareció en sus labios. Mañana sería un humano. Acarició suavemente los costados de su forma poligonal y se volteó con la misma sonrisa hacia el niño.
—Supongo que quieres decirme algo
—Pasado mañana me voy — Dijo en voz baja pero bastante audible para el contrario.
—No. Quieres decirme algo que yo no sé.
El castaño calló por unos segundos y se sentó donde el rubio lo había dejado al soltarle la mano. Bill en cambio se sentó apoyándose en su estatua. Cuatro metros los separaban, pero se mantenían mirándose fijamente como queriendo leerse los ojos, a pesar de que el rubio podría hacerlo literalmente, más ya no tenía ganas de leerle, quería que las palabras salieran de la boca del mismo niño frente a él.
—Sólo dilo… — Sonó como una súplica, pero realmente que Dipper no dijera palabra lo estaba incomodando.
—No volveré al menos en dos años más a Gravity Falls — Soltó al fin. El rubio comprendió lo que al castaño le picaba decirle, mantuvo una expresión seria. — Stan y Ford seguirán en la cabaña ese par de años, dicen que trabajarán para conseguir el dinero para seguido volver a viajar… pero Mabel y yo no volveremos — la voz comenzaba a temblarle — Son los últimos dos años que nos quedan en preparatoria… y quieren que nos centremos en eso… no volveré hasta dos años más, Bill.
— ¿Eso es todo? — Dijo con fingida tranquilidad sin querer pensar en el tiempo que estará solo. — Querido, he vivido 2.576 años… dos años, tres, cuatro… Está bien para mí esperar — Dijo entre una risita — Vale la pena si es por ti.
Se quedó unos segundos sonriéndole ante la sorprendida mirada del castaño. Se le aguaron lentamente los esos hermosos y grandes ojos cafés que el demonio adoraba. No quería llorar, miró a ambos lados en un intento inútil de reprimir las lágrimas con cuenta regresiva para escaparse. Bill se mantuvo mirándolo a la distancia hasta que no aguantó más cuando el niño finalmente empezó a sollozar intentando limpiar vanamente las lágrimas con sus mangas y cerrando fuertemente sus ojos pegando las piernas a su pecho para intentar esconderse, se paró y casi corriendo se acercó y lo abrazó con todo el cariño que pudo.
—Vamos, no te pongas como Will — Intentó animarlo acariciando suavemente su espalda — Además, si temes de que te cambie, no lo haría por nada del mundo — se separó levemente tomando la cara de su niño entre sus manos — ¿Tú piensas cambiarme? — Preguntó con gracia.
—No — Susurró tenuemente aún limpiándose las lágrimas y voz temblorosa.
— ¿Qué? ¿Si lo harás? Dipper de las Mercedes Pines, ¿Acaso piensas cambiarme? — Preguntó aún más fuerte.
—N-No te voy a cambiar — Respondió soltando una corta risita — Y ese no es mi verdadero nombre — Reclamó deteniendo poco a poco su llanto y retirando las mangas de su vista. Aprovechando aquello elevó su diestra hasta la mejilla contraria y la acarició. Bill recibió la caricia con gusto.
—Te tengo un regalo — Dijo de pronto. Notó la curiosidad brillar en los ojos de su novio. — Mañana es tu cumpleaños, pero supongo que no te molesta que te lo de ahora, ¿no? — Respondió negando despacio con su cabeza.
Se separó del chico retirando de su bolsillo derecho una cajita triangular color negro y de un material asemejado al cristal, se la tendió y el castaño un poco dudoso la tomó. Era un poco más pequeña que su mano pero tenía su peso.
—Ábrelo. — Dijo sonriendo ampliamente y meciéndose un poco inquieto. No sabría decir quién estaba más ansioso de que la cajita fuese abierta; Si Bill o Dipper.
Lo miró por última vez para luego devolver su atención al regalo entre sus manos. Levantó la tapa dejando escapar un leve jadeo de sorpresa para la dicha del demonio.
Un anillo relucía sobre la tela satinada blanca en contraste con la caja. No era extravagante, de hecho era bastante simple, pero eso lo hacía ver mucho más hermoso. De un cristal totalmente transparente contando en su centro un triángulo pequeño separado en tres lados que mantenían una sustancia azul que brillaba sutilmente. El anillo estaba atado a una delgada cadena de plata. Conociendo bien a Dipper, el rubio supo que a su novio no le gustaban las cosas que llamaran mucho la atención. Un regalo sutil, a simple vista, pero cargado de sentimiento que lo hacía hermoso tanto físicamente como el significativamente.
—Alkaid, Alioth y Dubhe — El menor levantó la mirada confundido. — Las estrellas más brillantes de la Osa Mayor. — Le llamó la atención que a pesar que su apodo "Dipper" viniera de aquella constelación, no supiera el nombre de las estrellas que la conformaban. Se inclinó un poco más hacia el anillo —Alkaid es el inicio y es la tercera estrella más brillante de la Osa Mayor— Señaló la esquina izquierda del triángulo y seguido se corrió a la otra esquina — Una de las del final es Dubhe, la segunda más brillante — Finalmente apuntó a la parte superior — En medio de la constelación está Alioth. Ella es la más brillante de todas.
—Es… sólo una referencia, ¿cierto? — Despegó su vista del anillo para mirar al rubio que le regaló su atención de vuelta y sonrió cómplice. La cara del menor se desencajó y titubeó — Sólo una referencia… ¿no?... ¿B-Bill?
—De hecho son pequeños pedazos de esas estrellas — El castaño abrió más los ojos volviendo nuevamente su vista al regalo. Sus labios estaban levemente separados por la sorpresa.
— ¿Me estás… tomando el pelo? — Insistió, pero el chico divertido frente a él por su expresión negó con la cabeza — B-Bill, yo… no, n-no puedo aceptarlo... — Intentó devolverle la cajita pero Bill no se la recibió. En serio no se sentía capaz de recibir aquel presente que parecía bastante valioso.
—Me costó bastante conseguirlo, vas a aceptarlo sí o sí, Pino. — Se tiró levemente hacia atrás cargando su peso en una de sus manos — Ya que no puedo salir de Gravity Falls tuve que empezar a moverme entre algunos demonios conocidos para que me las pudieran traer. Fue difícil conseguirlas a un bajo precio, así que deberás aceptarlas.
Sin dejar contestar al menor tomó la cadena y lo quedó mirando queriendo reír por la -aún- cara sorprendida de su niño. Tras unos segundos en los que logró recomponerse, comprendió lo que quería hacer Bill. Volteó aún dudoso y el rubio unió el broche de la cadena con el anillo y de paso dejó un beso en el cuello de Dipper que dio un respingo al sentir el contacto. Iba a protestar, pero el abrazo que le invitaba a reposar su cuerpo en el pecho del mayor lo detuvo.
—Gracias, Bill — Musitó sintiendo su cara arder.
El demonio sonrió contento y recargó su cabeza en la cálida curva entre el cuello y el hombro del niño.
Well~
¿Les gusta la Astronomía? Parece toda bonita y tal... Pero tiene física akjbdjsa ;u;
Bueno, no tengo mucho que decir...
Se recibe todo, como siempre, cariños, abrazos, besitos y nos vemos!
Gracias por leer! c:
