Disclaimer: obviamente, los personajes no son míos ni soy la Rowling, porque si fuera ella, estaría escribiendo lo que pasó durante esos 19 años intermedios hasta el epílogo. Yo solo los tomo prestados y trastoco sus vidas un poco, jeje.
Este es un capítulo bastante especial para mi.
Me ha costado mucho escribir la segunda escena por asuntos personales que me atañen de pleno. Espero no herir la sensibilidad de alguien, pues no es un tema que se trate demasiado en los fanfics, pero que desgraciadamente existe en nuestra sociedad real y actual.
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Capítulo 25:
Esa salida estelar de tío Ron todo vestido de rosa, no se la esperaba Lily. Reconocía que la escena había sido muy graciosa y que Rose no lo podría haber hecho mejor. Pero no contaba con que sus altas barreras se derrumbaran tan deprisa; había ido dispuesta a mostrarse huraña con el pelirrojo, pero no había podido evitar que la risa tonta del resto se le contagiara.
Había observado a todos sus hermanos y había descubierto que estaban realmente cómodos con la presencia de Ron, y en sus gestos había confianza y amor. Se sentía extraña y mala persona por seguir pensando mal del pelirrojo. Pero había que comprender que Hermione era la única figura materna que le quedaba, y Lily lo único que quería era que le hicieran daño.
Se sentó en la cama de su habitación y se detuvo a contemplarla. Era bonita y acogedora, aunque ahora todo fuera de color rosa, efecto derivado del hechizo de Rose. Sus cosas ya estaban colocadas correctamente en su sitio y ella ya no tenia nada más que hacer. Le gustaba la idea de compartir habitación con Molly y sentía que era una oportunidad para pasar más tiempo juntas.
Miró los peluches que se arremolinaban delante de la almohada y se sintió más pequeña e infantil que nunca. Los había ido recopilando a lo largo de su corta vida y tenían un significado especial. Todos y cada uno de ellos, había sido regalos de su padre el día de su cumpleaños. Se había convertido como en una tradición que había interrumpida al llegar al numero 14. Estaba Tambor, Winnie, Mudito, Peggie, Mickey, Minnie, Campanilla… ¿y una leona?
Ese era nuevo o no suyo. Cogió el peluche y vio que llevaba alrededor del cuello una bufanda; su no fuera todo rosa, habría visto que la bufanda llevaba los colores de Gryffindor.
No sabría decir como, pero adivinó de quien provenía el regalo.
Lily suspiró hondamente y notó como los ojos se le aguaban. Solía pasarle muy a menudo últimamente. Había sido una estúpida y se había dejado llevar por ese alto orgullo que compartía con su tía Hermione. Y era ese orgullo el que le impedía aceptar que se había equivocado y bajar para abrazar al único hombre que se había preocupado por ella como lo haría un padre. Lily no se creía merecedora de sus atenciones.
Sonrió a través de las lágrimas al recordar la cara de bobo adorable que tenia su tío Ron al salir del baño; y al mismo tiempo pudo captar la mirada de amor que le dirigió a Hermione a pesar de su desesperación. Claramente durante su ausencia se habían solucionado las cosas entre ellos dos. Su tía le había dicho meses atrás que no se odia a quien se ama, y Lily había descubierto que tenia razón.
El golpeteo sordo de alguien llamando a su puerta la sacó de sus pensamientos. Con presteza se limpió las lágrimas de sus mejillas y aparentó serenidad para cuando se abriera la puerta. La cabeza castaña de Hermione asomó sonriente y entró en ese cuarto momentáneamente rosa, como el resto de la casa. No pasó desapercibido a sus ojos que Lily tenia entre las manos el peluche de Ron.
- Hola. –dijo la castaña apoyando la espalda en la puerta.- ¿Te gusta tu habitación?
- Si. –dijo Lily distraída.
- Normalmente no es rosa, pero bueno…tu sabes…Rose…
- Si, lo se. –sonrió quedamente.
- ¿Todo bien, cielo? –Hermione se acercó a la cama.
- Si. –Lily no pudo evitar que las lágrimas inundaran de nuevo sus ojos verdes.
Hermione se sentó en el borde de la cama y abrió los brazos para que Lily se refugiara en su pecho. Ella ya sabia que pasaría eso, pues conocía a la pelirroja mejor que nadie. Acarició ese cabello color fuego y le dio un beso en la frente. El efecto de Ron unido a la pena y los recuerdos…podría ser un cóctel devastador.
- Es una buena persona, ¿no? –susurró Lily.
- Si, lo es.
- ¿Y porque he tardado tanto en verlo?
- Porque te cegaba el amor que sentías por mi. Él es una excelente persona y te está esperando con los brazos abiertos.
- Pero le dije cosas muy feas.
- ¿Sabes? Él no piensa eso. Me dijo que tú eras la única que opinaba con coherencia.
- ¿De verdad? –Lily levantó la cabeza y miró a su tía.
- Si, mi amor.
- Pero… ¿por qué? ¿Por qué se hace daño así de esta manera?
- Porque siempre se ha infravalorado y nunca se ha visto realmente como es. Ha sufrido mucho durante estos años.
- Tu también.
- Si, yo también; pero os tenia a vosotros y a tus padres. Él estaba solo con sus recuerdos y su culpa.
- ¿Culpa de qué?
- Algún día te contaré esa historia; cuando yo haya acabado de asimilarlo del todo. –dijo Hermione mirando por la ventana.
- El peluche es de él ¿no? –Lily tenía facilidad para saber cuando debía de cambiar de tema al hablar con su tía.
- Así es.
- Es un detalle muy bonito. –acarició las orejas de la leona.
- Si, bueno, es más bonito cuando no es todo rosa. –sonrió Hermione.
- Menuda ha montado Rosie.
- Buff, pobrete tu tío.
- Sin duda tiene mérito; Rose puede llegar a ser…exasperante.
- Si. Pero ha conseguido ganarse el corazón de Ron, créeme.
- He sido injusta con él. –afirmó Lily seria de nuevo.
- Un poquito.
- Pero no puedo bajar y decírselo directamente.
- Ay, mi niña, creo que los genes Granger han influenciado demasiado en tu personalidad.
- Soy como tu.
- No, Merlín no lo permita, por favor. Tu eres algo terca y orgullosa, pero eres una buena chica.
- Tu eres una buena tía y una excelente persona.
- Aduladora.
- Es la verdad.
- Creo que deberías ir poco a poco, con tu tío me refiero. Date tiempo a conocerlo mejor, así sabrás cual es la mejor manera de disculparte con él.
- Si, será lo mejor.
- Comienza por dejar de mirarlo tan fijamente que parece que te lo vas a comer.
- ¿De verdad parece eso?
- Si. Esa mirada también la tenía tu madre.
- Vaya. –suspiró Lily.
- Y haz tus respuestas más largas cuanto te pregunte. Que no solo sean un "si" o un "no" desganado.
- ¿Realmente hago eso?
- Si, mi amor.
- Umm…-se mordió el labio inferior.
- De momento bastará con eso. Aunque siempre puedes añadir una sonrisa de vez en cuando.
- De acuerdo. –Lily volvió a caer en los brazos de Hermione.- ¿Los echas de menos?
Hermione se tensó ante el giro que había tomado la conversación. Casi nunca hablaba de Harry y Ginny y en muy pocas ocasiones exteriorizaba la tristeza que realmente sentía. Se limitaba a tomar cada día como venia y no pensaba en nada más. Pero cuando acudían los recuerdos…siempre era devastador. Procuraba hacerlo cuando Ron estaba trabajando y los niños mayores con sus amigos.
Nadie le había hecho la pregunta tan directamente, y Ron se limitaba a esperar a que ella acudiera a él cuando estuviera lista. Su mundo se vino abajo cuatro meses atrás y era arduo el camino que aun le quedaba por recorrer.
- Cada día a cada minuto. –dijo tras una larga pausa.
- Yo también.
- Lo se.
- Creo que no les dije lo suficiente que los quería, o lo mucho que me gustaban los peluches de papá o las canciones de mamá. Lo feliz que me sentía cuando estábamos todos juntos o…
- Lily…ellos sabían que los querías muchísimo.
- ¿Si?
- Si, y estaban orgullosos de ti y de cómo eres.
- Es muy duro no poder abrazarlos nunca más. –se agarró mas fuertemente a Hermione.
- Lo se.
- Pero la vida sigue ¿no?
- Exactamente. La vida sigue, y es tu decisión subirte o no a su tren.
- Simon me ha ayudado mucho.
- Parece un chico encantador.
- Si, lo es. Él perdió a su hermana y sabe lo que se siente.
- Sin duda. –las respuestas de Hermione se habían vuelto vagas, como si estuviera perdida en sus pensamientos.
- Siento haberte puesto triste, tía.
- No, mi amor, tu no me has puesto triste. Son las circunstancias y el recuerdo.
- Pero yo…
- Shhh. –le dio un beso en la frente.
Picaron a la puerta de nuevo y una cabeza pelirroja con hermosos ojos azules se asomó. Ron miró la escena y supo que había interrumpido algo; Lily quiso mirarlo mal, pero recordó la conversación con su tía y no hizo nada; y Hermione se limpió una lágrima rebelde que comenzaba a bajar por su mejilla.
- Perdón, no quería interrumpir. –dijo Ron, aun iba vestido de rosa y Lily evitó una sonrisa.- ¿Todo bien?
- Si, mi amor. –dijo Hermione.
- Bien, la cena ya está lista y os están esperando para cenar.
- Enseguida vamos…tío Ron. –contestó Lily.
- Bi-bien. –dijo él después de mirarla durante unos segundos.
- Un momento. ¿Qué es eso de que nos están esperando a nosotras, Ronald? ¿Acaso no vas a bajar a cenar? –dijo Hermione recuperando el aplomo.
- Yo…yo…yocenaréenlahabitación.
- ¿Qué has dicho?
- Que yo…
- Ron, si no bajas no hay cena. –sentenció Hermione.
- ¿Qué? Minnie no me puedes hacer eso. Se van a reír de mi. Mira como voy. –hizo un gesto con las manos que abarcaba todo su cuerpo.
- Vas vestido, Ronald.
- No voy a bajar.
- No habrá cena para ti.
- No puedes prohibírmelo.
- Pruébame.
- Grrr…-Ron abandonó la habitación contrariado y cerró la puerta un poco fuertemente.
Lily se estuvo riendo durante varios minutos sin que Hermione pudiera hacer nada. Así que la castaña se unió a su sobrina. Acabaron tumbadas de espaldas a la cama. Realmente la imagen de Ron enfurruñado y vestido de rosa, no tenia precio.
- Has sido cruel, tía.
- ¿Por qué?
- Mira que hacerlo bajar a cenar con esas pintas.
- Pero si esta muy guapo. –bromeó Hermione.
- Me ratifico, Rose se salió.
- Esa pequeña bruja nos va a traer de cabeza durante todo el verano.
- Tenlo por seguro.
- Pero es absolutamente adorable.
Se quedaron en silencio unos minutos y aprovecharon para levantarse y estirar la colcha. Además, la castaña vio como Lily dejaba con cuidado la leona delante de todos los demás peluches. Significaría mucho para Ron cuando se lo dijera.
- Tía…
- ¿Si? –Hermione se volteó. Ya tenía una mano en el pomo de la puerta.
- Le quieres mucho ¿no?
- Más que a mi vida.
- Será un buen tutor. –reflexionó Lily.
- Vosotros ahora sois mi vida, nunca lo olvides. –le dijo Hermione mirándola directamente a los ojos.
- Te quiero mucho, tía. –Lily caminó hacia ella y se abrazaron.
- Y yo a ti mi niña.
Salieron de la habitación y bajaron al piso de abajo. En la cocina ya estaban todos los miembros de la familia esperando para cenar. Ciertamente el color rosa ya comenzaba a cansarlos y a hacerles daño a la vista: pero nadie podía evitar reír al mirar a Ron.
El pelirrojo había bajado a regañadientes y no se molestó en ocultar su malestar, cosa que contrastaba notablemente con la sonrisa de Rose. La niña estaba exultante de felicidad y los ojos aun le brillaban de la emoción de verlo todo rosa. En su silla balancín, Leo, el tercer habitante vestido de rosa, succionaba su chupete ajeno a la alegría y el malestar de los demás.
Lily se sentó al lado de Ron y Hermione al lado de Rose. La castaña cogió a Leo en brazos y le hizo mimos durante un rato antes de darle el biberón. James intentaba hablar algo con Ron; Eric y Molly no ocultaban su sonrisa y Brian miraba a Ron como si fuera lo más normal del mundo que el pelirrojo fuera por la vida vestido de rosa.
- ¿Estás contenta, Rosie? –le preguntó Hermione a la niña.
- Oh, si. Mi vestido ya no es lojo y es más bonito. Polque a mi me gusta mucho el losa ¿sabes, tía?
- Si, creo que ya me he dado cuenta.
- ¿Le has dado un besito ya al tío Lon?
- Uixx, se me olvidó.
- Está muy guapo. –dijo Rose mirando a su tío.
- Luego se lo doy. –le prometió Hermione.
- Umm…-Rose pensó unos segundos-…tenemos que il a complal un vestido nuevo de colol losa.
- ¿Otro?
- Pelo si tengo poquitos.
- ¿Cuándo te vas a cansar del color rosa, Rosie? –dijo Molly desde el otro lado de la mesa.
- ¡Nunca! Polque el losa es el mejol colol del mundo y a mi me gusta mucho.
- No te enfades, cielo. –la tranquilizó la castaña.
- ¿Veldad, tío Lon? –Rose miró al pelirrojo ignorando a su tía.
- ¿Eh?
- ¿Qué que te parecería ir mañana a trabajar vestido de rosa? –bromeó James.
- Grrr…
- Yo no he dicho eso. –se enfadó Rose y le tiró los guisantes a su hermano mayor.
- ¡Rose! –gritó Hermione.
Leo se asustó y dejó de tomar su biberón para ponerse a llorar. La castaña intentó calmarlo pero…el bebé parecía realmente asustado. Mientras, en la mesa se había improvisado una guerra de guisantes que seguían todos contra todos.
- James a por Molly. –dijo Eric muy animado.
- Ahora verás. –dijo Lily yendo contra Eric.
- ¡Ahh! Eso no es un guisante. Rose me tiraste el cogote del pan. Y eso dolió. –se quejó Molly.
- A mi nadie me da. –dijo Brian bajando de la silla y escondiéndose debajo de la mesa.
- ¿Polque los guisantes son veldes, tío Lon?
- ¿Umm…?
- Selían mucho más mejol bonitos si fuelan losas.
- Rose, no todo puede ser de color rosa.
- ¿Polque no?
- Pues porque…porque no y punto.
- ¡Eso no vale!
- ¡¡Todos a por tío Ron!! –corearon Eric y Molly al unísono.
Hermione había abandonado la cocina para ir a la biblioteca y así calmar mejor a Leo. Las lagrimitas del pequeño fueron desapareciendo, pero no quiso más biberón y la castaña no lo obligó. Se sentó en una de las butacas y acomodó al niño en su regazo. Escuchando palabras bonitas, Leo se fue quedando dormido.
Ron estaba siendo atacado por una horda de guisantes lanzados por los niños Potter y no le costó reconocer que le gustaba esa sensación de familia y hogar que desprendía la escena. Al fondo, Nails brincaba en la puerta de la despensa intentando coger en su boca los guisantes que se colaban hacia allí. Crookshanks lo miraba todo como si nada fuera con él.
Lily participaba de la "guerra" y momentáneamente había olvidado la tristeza en que llevaba sumida desde hacia unos días. Sabia de antenamo que esos altibajos emocionales eran normales. Pero es que las circunstancias que rodeaban en esos momentos al pelirrojo, hacían imposible aguantar la risa.
Brian salió de debajo de la mesa y corrió a proteger a su tío. El problema es que a sus hermanos les dio una idea y todos se abalanzaron contra el pelirrojo haciendo que la silla volcara hacia atrás. Ahora en el suelo, fue cuando comenzó la "guerra" de cosquillas.
Tirados por el suelo y desternillándose de risa es como los encontró Hermione después de dejar a Leo en su cuna. La cena había quedado interrumpida y no parecían dispuestos a retomarla; además, había guisantes por todos lados y las ropas comenzaban a ensuciarse notablemente.
- ¡¡¿Se puede saber que pasó aquí?!! –gritó para que la oyeran.
- ¡¡Una guerra, jajaja!! –gritó Eric.
- ¡¡De cosquillas!! –especificó Molly.
- ¡¡Ronald Weasley, ya basta!! ¡¡No eres un niño!!
- Solo estamos…jajaja…divirtiéndonos, Minnie. –dijo Ron tirado por el suelo.
- ¿Acosta de mi cena? –Hermione tenía los brazos en jarras.
- Reconoce que es divertido.
- No le veo la gracia, la verdad. –mintió.
- Enseguida lo veremos. –dijo Ron levantándose.
Los niños habían parado de jugar y los miraban sonrientes. Conforme Ron se acercaba, Hermione iba retrocediendo. Pero llegó un momento en que la cocina ya no daba más de si y la castaña topó con la pared. Ron enarcó una ceja sonriente y ella intentó aparentar seguridad.
- No me das miedo.
- ¿De verdad?
- Así es.
- Umm…ya veremos si piensas lo mismo después de…
- ¿Qué…
Pero a Hermione no le dio tiempo a completar su pregunta porque Ron la había arrastrado al suelo y había comenzado a hacerle cosquillas. A una señal del pelirrojo, los niños se acercaron y batieron a su tía a cosquillas, besos y guisantes.
- ¡¡Ronald Weasley, hoy duermes en el sofá!!
- ¡¡Tía, los guisantes!! –gritó Rose.
- Jajajajajajajaja. –reía Brian que recibía cosquillas de James.
- Podríamos hacerlo todas las noches. –propuso Molly.
- E invitar a Beth…-Eric se sonrojó-…y a Hannah, claro.
El sonrojo de Eric y la sonrisa de Molly no pasaron desapercibidos para James y Lily.
- ¡Nada de eso! –declaró Hermione.- Esto no va a volver a… ¡¡Ronald!! Jajajaja…
- ¡Vamos, todos a por tía Hermione. –gritó el pelirrojo.
Los niños Potter volvieron a la carga contra la castaña, que a pesar de sus gritos recibió gustosa las cosquillas. Ron de vez en cuando le robaba un beso que la dejaba traspuesta y ella no podía menos que sonreír. Un poco apartados, James y Lily intercambiaban unas palabras.
- Va a ser un verano interesante. –dijo James.
- Es lo mejor…en estos momentos.
- Si.
- A veces me recuerdan a papá y mamá.
- A mi también. –James abrazó a su hermana.
- No lo podrían haber hecho mejor. –afirmó James.
- Tengo que reconocer que no. –dijo Lily muy bajito.
- Y como dijo Molly: bienvenidos a casa. –sonrió James.
- Si, a casa. –dijo Lily con un suspiro.
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Muy a pesar de Hermione, la guerra de cosquillas se convirtió en una costumbre más al llegar la hora de la cena. La castaña se mostraba resignada al principio, pero después participaba como la que más. Todos comprendían que esa pequeña gran familia necesitaba de esos momentos de diversión tanto como del aire para vivir.
Así mismo, y para desilusión de Rose, todo volvió a su color original. La niña se disgustó muchísimo y ya no volvió a mirar de la misma manera al bonito vestido rojo que se había puesto el día anterior. Durante tres días estuvo pidiendo reiteradas veces a Hermione que le comprara un vestido rosa. La castaña ya estaba un poco cansada de tanto rosa, pero comprendía que con tres años, la fijación de la niña era normal.
Por otro lado, el que estaba de muy buen humor era Ron. Primero porque ya no tenía que ir vestido de rosa y la casa había vuelto a la normalidad, y segundo porque Lily no se mostraba evasiva y huraña con él, si hasta le hablaba. Cierto que sus respuestas eran concisas y demasiado cortas, pero algo era algo. Ron no sabía a qué se debía este cambio, pero él estaba exultante de alegría.
Lo que si pilló por sorpresa a los dos adultos, fue la petición de Eric. Era ya muy tarde en la noche del jueves, cuando el niño entró bastante azorado en la habitación de Ron y Hermione. Estos estaban a punto de acostarse, y aunque a Ron no le hizo mucha gracia al principio, enseguida comprendió que se trataba de algo importante. Eric se sentó en el borde de la cama al lado de Hermione y se dejó mimar un poco. Cuando creían que el niño se marcharía sin hablar, este explicó su dilema.
El cumpleaños de Beth se acercaba, y él como buen amigo, había pensando en comprarle la casita del árbol. Una muy sencillita, les dijo. Ron y Hermione intercambiaron una sonrisa y cedieron a la petición de Eric. Sin duda se trataba de un detalle muy dulce, y tal vez por eso no entendieron que el propio Eric deseara que Beth no supiera que había sido él. El pelirrojo mayor movió la cabeza resignada y negativamente, pero más tarde, con la ayuda inestimable de Hermione, pudo comprender un poco mejor la situación.
Ciertamente, ahora que James estaba de nuevo en casa, Eric pasaba menos tiempo con las chicas, pero siempre encontraba un hueco para Beth. Eso no pasó desapercibido para su hermano, que estaba deseando conocer a la susodicha. El moreno se había adaptado muy bien a la nueva situación, pero echaba de menos a Alice. Daba gracias a su nueva familia por haber instalado un teléfono en la casa, del que se quedaba colgado por horas hablando con la rubia. Hacia cuatro días que no sabia nada de Ben y eso si que era raro.
Como raros eran los sueños que el pequeño Brian continuaba teniendo. Desde ese momento en el tren, el niño no había estado bien por las noches, y vivía en un estado de continuo miedo. Tanto así que reclamaba estar con Hermione todo el tiempo y eso no estaba gustando nada a Ron. La castaña lo comentó con Annie en una de sus conversaciones por teléfono, pero la sanadora lo achacó a un simple terror nocturno. Seguramente, seria una fase más, pero lo que era innegable es que Brian acababa muy afectado después de cada sueño. Cada vez que cerraba los ojos veía al hombre de los ojos negros, y ahora solo el cansancio hacia que se durmiera.
La llegada de James y Lily, también trajo consigo la curiosidad de los habitantes del pueblo; sobretodo porque los dos chicos no solían prodigarse mucho y aun estaban intentado adaptarse a su nueva vida.
El aislamiento al cual estaban sometidos por decisión propia, les ayudaba a lamerse las heridas, desterrar los malos recuerdos y hacer sitio para los nuevos. Porque ellos dos, James y Lily, eran los que mejor comprendían el significado de la perdida de sus padres. Los más pequeños aun vivían con la esperanza de volver a verlos algún día, pero ellos sabían que eso no era posible…y lo hacia todo más duro.
No se cansaban de dar las gracias a sus padres por haber sido tan previsores, dejándoles una familia a pesar de que ellos faltaban. Y eso no podía ni negarlo Lily; cada día veían el sacrificio y el esfuerzo que hacían Ron y Hermione por levantarse y dedicarse en cuerpo y alma a ellos y a sus hermanos. La pelirroja siempre observaba muy de cerca a Ron, y había estado cuando el contaba un cuento a Rose, jugaba con Brian, enseñaba a Eric a jugar al ajedrez o arrullaba a Leo. Todo eso no lo hacia una mala persona…y ella era consciente, ahora más que nunca, de su error.
Con la llegada del fin de semana, el tiempo mejoró aun más y era raro el día en que el sol no lo iluminara todo con su esplendor. La vegetación tan preciosa característica de Escocia, otorgaba a la casa un encanto especial. El jardín siempre estaba lleno de juguetes y niños correteando de un lado a otro. La brisa del norte, apenas se notaba en ese pequeño recodo del mundo.
Era un día para salir y ser visto. Y la familia Potter eso es lo que hizo. Todos juntos se escaparon a hacer una pequeña excursión por el bosque, aunque no se adentraron mucho. Leo iba en una mochila portabebés que Hermione llevaba atada a la espalda y a la cintura; Rose iba de la mano de su inseparable señor Abeto, y Brian tiraba de la correa de Nails mientras agarraba fuertemente la mano derecha de su tía. Eric y Molly corrían delante de todos mientras Ron rodeaba los hombros de Hermione con un brazo.
James y Lily habían decidido desviarse del camino, después de avisar a los adultos, y así tener un rato para ellos. Durante esos últimos meses en Hogwarts, su relación se había vuelto más estrecha y ahora además de hermanos, podían calificarse de buenos amigos. Lily confiaba en James más que en nadie, y el moreno se había convertido en el defensor de su bella hermanita.
En pocos minutos salieron a la carretera que bordeaba el lago y que siguiéndola en línea recta, llevaba a la calle principal del pueblo. Intercambiaron una mirada de soslayo, y siguieron caminando con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. A veces en los momentos más insospechados era cuando se sentía más la tristeza y embriagados de tanta belleza a su alrededor, no pudieron evitar recordar a sus padres.
La presencia de Alice en su vida, había sido fundamental para James. El moreno había descargado varias veces su frustración y su ira por un hecho que no tenía solución y al que solo podía resignarse. Alice se había convertido en su apoyo, su confidente, su bálsamo, su bastón…y comprendía perfectamente a sus tíos cuando los miraba. Nunca encontraría el modo de agradecerle a Alice lo que hacia por él, pero lo importante era el esfuerzo y la intención. Y lo ocurrido durante el baile de fin de curso, era solo la punta del iceberg. La echaba tanto de menos…nunca dejaba de pensar en ella.
Lily por su parte no pensaba en Simon. Tal vez debería, porque el chico Malfoy se había comportado con una madurez inusitada para su edad y le había enseñado a ver otro lado de las personas. Pero no podía. No cuando cada vez que cerraba los ojos, era una cabeza pelirroja la que veía. No cuando la culpa se estaba haciendo un hueco en su mente. Recordaba la preciosa noche que pasó con Simon en la torre de Gryffindor mirando las estrellas, y como el chico le contó la historia de Ron y Hermione. Ella no lo sabia en esos momentos, pero ese fue el factor que le hizo cambiar primero. Desvió sus ojos verdes desde el suelo hasta el cielo, y aunque durante el día no había estrellas, supo que Harry y Ginny los observaban, probablemente sentados en una nube.
- He metido la pata hasta el fondo, ¿cierto? –rompió Lily el silencio.
James levantó la cabeza y la miró.
- ¿Qué…
- Con tío Ron. –aclaró.
- Oh.
- Si, lo se. Todos intentasteis hacerme ver la realidad, pero soy tan terca y orgullosa que me negué a verla.
- Es una buena persona. –declaró James.
- Ahora lo se.
- Nosotros no somos los únicos que hemos sufrido; ellos también. Creo que nunca he visto a nadie llorar tanto como a tía Hermione. Ni siquiera yo mismo. Y el único que la ha podido contener ha sido él.
- Se quieren mucho ¿no?
- No tengo la menor duda de que si.
- ¿Debería hablar con él?
- Si.
- Pero…
- …pero se que no te gusta nada la idea. Lil's es cierto, eres tan orgullosa como tía Hermione y…
- Lo se, lo se, pero me he equivocado.
- Él está deseando conocerte.
- Ya me conoce.
- No, no lo hace. No le diste la oportunidad de hacerlo.
- Fui una estúpida.
- Yo no lo creo así. Míralo desde el punto de vista en que ambos tenéis a la misma persona como piedra angular de vuestro corazón.
Lily miró a James con una ceja enarcada.
- Lo siento, paso demasiado tiempo con Alice. –sonrió el moreno.
- Y está haciendo de ti un hombre de provecho. Ya era hora. –bromeó la pelirroja.
- Graciosilla. Pero no nos desviemos del tema. Lo que quiero decir es que tía Hermione es la persona más importante en vuestras vidas y que ambos lo único que deseáis es que ella sea feliz.
- Cierto.
- Yo también lo deseo. Ella es ahora la única figura materna que nos queda.
- No habría podido estar con nadie más.
- Lo se, yo tampoco.
- Creo que al venir aquí todo el dolor volvería; ya sabes…estando en Hogwarts era más difícil notar su ausencia, pero ahora…
- El dolor pasa.
- Pero el recuerdo siempre te acompaña. Es lo que me hizo ver Simon una noche. –sonrió Lily.
- Sabes, tengo que reconocer que me ha sorprendido mucho ese chico.
- No empieces con tus celos de hermano protector.
- Mamá solía decirle eso a tío Ron. Siempre la cuidaba demasiado.
Lily no hizo ningún comentario al respecto, pero su mente guardó la información.
Caminaban muy despacio, y por eso se tardaron bastante en arribar al pueblo. Siendo una mañana de sábado, la calle principal acogía a la mayor parte de habitantes de ese pequeño pueblo y los niños correteaban en el parque o volaban en sus escobas. Era una de las ventajas de vivir rodeados de magos y brujas, no había que esconder su naturaleza.
- ¿Desde cuando ves tu a Malfoy por las noches? –preguntó James de repente.
- Fue en la sala común, Jimmy.
- No me llames Jimmy, y da igual donde fuera. Eres muy peq…
- Hacia dos días que habíamos regresado a Hogwarts y yo no podía dormir. Me fui a la sala común y él no tardó en venir. Me contó una historia muy bonita, que cegada por el dolor no supe ver la importancia que tenia.
- ¿Qué historia?
- La historia de una chica que perdió a sus padres una noche de marzo de hace veinte años. Esa chica estaba destrozada y su mejor amigo fue a consolarla a los jardines. Ya era de noche y hacia frío, pero ante el dolor nada importaba. El caso es que ese chico le dijo que mirase al cielo, porque esa noche brillaban dos estrellas más allá arriba. Unas muy especiales que no le iban a abandonar nunca, y cuando le dijo como se llamaban, ella se dio cuenta de que eran los nombres de sus padres.
- Es una historia preciosa, fue muy considerado al contártela. –dijo James visiblemente emocionado.
- Lo más bonito fue que él hizo lo mismo conmigo y me señaló dos estrellas que se llamaban Harry y Ginny.
James tragó saliva y desvió la mirada. A Lily le costaba hablar y hacia continuas pausas, pero ese orgullo del que había hablado, le impedía mostrar sus sentimientos de forma tan clara.
- Jimmy, esa chica y ese chico de hace veinte años…eran tío Ron y tía Hermione.
- Otra prueba de lo buena persona que es. –se limitó a decir James.
- Son muchas ya las estrellas en el cielo. –reflexionó Lily.
- Si. Pero no hablemos más de ello. Cuéntame como te va con Simon.
- Vaya, dejaste de llamarlo Malfoy.
- Se ganó un voto de confianza.
- Tonto. –Lily le dio un golpe amistoso en el hombro.- Hace tres meses que somos novios, y aunque me he comportado de forma pésima con él, y ni siquiera le dejé disfrutar del baile de fin de curso, él me comprende y me quiere.
- Me alegra oír eso.
- Nunca pensé que pudiera llegar a querer a alguien de fuera de la familia. Tú sabes, de manera diferente a los amigos.
- Lo se. A mi me costó mucho darme cuenta de lo que sentía por Alice. Era mi mejor amiga de siempre.
- Pero lo hiciste. Te declaraste.
- Y gracias a Merlín ella me correspondió.
Llegaron al parque infantil y fueron hacia la zona de los columpios. De niños siempre se habían pasado horas balanceándose para desespero de sus padres. Y ahora, al verlos vacíos, intercambiaron una mirada antes de sentarse y comenzar con el vaivén. El cabello rojo de Lily estaba suelto y el aire se lo alborotaba de manera adorable.
- No te vi en el baile. –recordó Lily de pronto.
- Es que no fuimos.
- ¿Te encontrabas mal?
- No. Pero tuve mi baile privado con Alice en la torre de Astronomía. Le estuve cantando una canción.
- Oh, Jimmy eres tan romanticón cuando quieres.
- Hacia tres meses que no tocaba, así que también fue una forma de terapia. –explicó.
- Alice te ha ayudado mucho ¿no?
- Si.
- Sabes que no quería ir al baile porque pensaba que te estaba obligando.
- Lo se, pero fue idea mía ir.
- Lo se.
- ¿Lo mismo con Simon?
- Exacto.
- Ya veo.
- No quiero pecar de cotilla, pero… ¿desde cuando están juntos Ben y Grace?
- Desde la noche del baile.
- Vaya, parece que fue una noche especial para todos.
- Si.
- Pero déjame decirte que ya era hora. –dijo Lily refiriéndose a los amigos de su hermano.
- ¿Sabias que se gustaban?
- Toda la torre de Gryffindor lo sabía. No entiendo porque tardaron tanto.
- Pensaba que a ti te gustaba Ben.
- Si, durante mi primer año en Hogwarts me gustó. –dijo Lily con sencillez.- Era el único chico mayor que me hablaba, además de ti, claro.
- Pues vaya. –James sonrió mientras negaba con la cabeza.
- Si.
Se quedaron callados con una sonrisa en el rostro. El primero año de Lily en Hogwarts estuvo lleno de descubrimientos y también fue cuando James se dio cuenta de lo que sentía por Alice y de sus victorias en Quiditch y en la copa de las casas. Conocieron la historia de Voldemort y recibieron la visita sorpresa de Hermione recién llegada desde Nueva York.
Al otro lado del parque, un grupito de varios chicos y chicas, miraban a los dos hermanos como evaluándolos. Sin duda esperaban que no fueran tan necios como sus hermanos pequeños. No les vendría mal tener a dos Potter's en sus filas. Comenzaron a acercarse con decisión, pero siempre en pandilla. Ellos eran los mayores y los que más respeto infundían en el resto de niños del pueblo. Habían dejado que el grupo de Patty y Lachlan hablaran con los pequeños…pero no en el caso de ahora.
Este grupo igual de amplio, lo formaban Elfrida y Jacob a la cabeza, y sus secuaces Libby, Claudia, Abigail, Ewan, Theo y Duncan. Tenían entre 15 y 17 años y no le tenían miedo a nada. Llegaron a donde estaban los Potter y Duncan inmovilizó el columpio de Lily.
- ¿Se puede saber que haces? –se levantó James molesto.
- Necesitamos hablar con vosotros. –replicó Elfrida.
-¿Qué queréis? –preguntó Lily levantándose y poniéndose junto a James.
- Comprobar si sois más inteligentes que vuestros hermanos. –rió Ewan.
- No podían haber caído mas bajo, al igual que mi hermana. –declaró Libby. En efecto, esta chica era hermana de Hannah. Muy diferentes entre si, Libby era la oveja negra de la familia y se creía superior por estar liada con un chico bastante mayor que ella.
- Han deshonrado la memoria de los sangre pura. –dijo un chico bajito y con el cabello castaño en punta; correspondía al nombre de Theo.
- ¿Con esos argumentos pensáis que vamos a unirnos a vuestra pandilla? –preguntó James con media sonrisa.
- El único argumento posible es el orgullo de la sangre. –dijo Claudia, una chica rubia y menuda.
- No sabéis con quien estáis hablando.
- ¿Ah no? –rió Jacob de manera condescendiente.- ¿Y tu sabes con quien hablas?
- Sinceramente, no. Pero tampoco me interesa.
- Deberías darnos las gracias por aceptarte a ti y a tu hermana. Tal vez podamos conseguirle un novio que valga la pena. Eh, Ewan.
- Ya lo creo. –rió el aludido.
- Lo siento, pero ya tengo novio. –habló por primera vez Lily. Educación ante todo, se dijo; eso era lo que les habían enseñado sus padres.
- Sin duda nadie importante.
Esta vez fue James el que rió con ganas desconcertando a los demás. Se alegraba mucho de quien era el novio de su hermana en esos momentos.
- Si realmente aprecias el orgullo de la sangre, retirarás lo que has dicho. Mi novio es el heredero de la dinastía Malfoy. –Lily se quedó anchísima después de decirlo.
- ¿Sales con el chico Malfoy?
- Así es.
- Vaya. ¿Quién nos lo iba a decir? Encontramos a la chica Potter más inteligente. Lo siento, Ewan, otra vez será. –dijo Jacob.
- Os uniréis a nuestro grupo ¿no? –dijo Libby acercándose demasiado a James.
- Siento desilusionaros, pero ya tenemos nuestro grupo y está completo. –declaró James apartándose de Libby.
- No sabes a quien estás rechazando. –dijo Jacob de nuevo.
- Mira chaval, soy un Potter, el hijo del salvador del mundo mágico y no creo que haya nadie más importante que yo y mi familia ni aquí ni en la China. –James odiaba ponerse así, pero más odiaba la prepotencia injustificada de esos chicos.
- Las familias más antiguas del mundo mágico están en nuestro grupo, y la bruja más poderosa también. Así que…-prosiguió Lily.
- ¿Qué familias son esas? ¿Qué bruja? –preguntó Abigail, que había estado callada todo el rato.
- Los Weasley, los Potter, los Black, los Malfoy, los Wise, los Longbottom, los Lupin…y Hermione Granger.
A pesar de ser de origen muggle, Hermione era sumamente respetada por todos los magos más jóvenes y la habían aceptado como a una igual de sangre pura. Pero lo que más llamó la atención, fue la mención a los Wise.
Y es que la familia de Ben era la más rica y respetada, conformando algo así como la aristocracia en el mundo mágico. De hecho, tenían varios títulos y tierras por toda Inglaterra. Tener a un Wise de tu lado podía significar hacer realidad tus sueños. Nadie sabia que a pesar de todo eso, los miembros de la familia Wise eran desdichados e infelices. La imagen era lo único que importaba, aparentar.
- ¿Los Wise? –murmuraron a coro los niños snobs.
- Si. Su heredero es mi mejor amigo en Hogwarts.
- Sin duda los Potter sabéis moveros bien. –observó Jacob.
- Así es. –corroboró James satisfecho.
- ¿Y los Black? Están extinguidos; murieron sin herederos.
- Te equivocas. El padrino de mi padre era el último heredero de los Black, así que a su muerte, quedamos ligados a la historia de ese apellido. Mi nombre completo es James Arthur Potter Weasley Black.
- Jacob Malcom McDougal Stuart Bernstein. –correspondió Jacob.
- Lo siento, no los conozco.
- Pues es lamentable.
- Tal vez.
- Lo es que lamentable es ver como ese despojo mágico camina tan libremente por nuestras calles. –dijo Elfrida, que había estado callada durante mucho tiempo.
Todos se voltearon para observar a una niña castaña, algo menuda y que escondía sus bondadosos ojos marrones detrás de unas gafas. En sus manos llevaba un gran libro que apretaba con fuerza, y que Lily reconoció por los bordes desgastados. La pelirroja intercambió una mirada con su hermana y sonrió.
- Ahora verá. –dijo Claudia yendo directamente hacia Beth; Abigail la seguía de cerca.- ¡Eh, tu! ¡Idiota te hablo a ti!
- ¡¿Es que aparte de squib eres tonta?! –coreó Abigail.
- Una verdadera lástima para la familia Bernstein. –dijo Theo en el círculo.- Suerte que las repudiaron a ella y a su madre.
- ¿Cómo? –preguntó Lily confusa.
- Si, cuando se dieron cuenta de que era squib, las echaron. Ni todo el dinero de los McGregor pudo hacerlos cambiar de opinión, obviamente. Es una vergüenza que no tiene precio.
- Es muy cruel eso que dices. –dijo Lily.
Pero sus ojos se desviaron hacia James, que marchaba a paso rápido hasta donde estaban las tres chicas más Ewan y Duncan, que se habían unido al acoso. Beth no había podido evitar que el libro cayera al suelo y fuera pisoteado por Abigail mientras se reía de forma maligna. Claudia zarandeaba a la niña y Ewan y Duncam se limitaban a insultarla con sorna y comentarios hirientes.
- Despojo mágico.
- Tu padre nunca te quiso.
- Arrastraste a tu madre al destierro.
- Vergüenza de apellidos, no te los mereces.
- No encajas en este pueblo.
- El mundo mágico no es tu mundo.
- Deberías marcharte…o mejor morirte.
- Niña tonta. –escupió Claudia al tiempo que le daba un bofetón en la cara.
Estaba a punto de pegarle de nuevo cuando James le agarró el brazo.
- ¿Qué haces? –se giró enfadada.
- Yo de ti no haría eso. –dijo James aun sosteniendo el brazo de Claudia y mirando a Abigail.
- ¿Por qué? –preguntó esta sin dejar de destrozar el libro.
Lily llegó corriendo detrás de su hermano y vio como Beth se agachaba e intentaba amoldarse a la pared. Bajó la vista al libro y se quedó horrorizada.
- Te la has cargado, niña. –dijo apretando fuertemente los labios.
- ¿Por qué? –volvió a exigir Abigail.
- Porque ese libro no es de ella. Y la persona que es dueña de él…lo tiene como un tesoro; su valor sentimental es incalculable.
- ¿D-de quien es? –el tono de Abigail era asustado. Los ojos de Lily no mentían.
- De mi madrina, Hermione Granger.
- Oh, por Merlín, yo no…ella lo tenía. –acusó a Beth.
- Eso no importa. –dijo James.- Ni tampoco lo que le habéis hecho al libro. Es lamentable y deplorable el acoso al que habéis sometido a esta niña. ¿Qué os ha hecho?
- Es una squib. –escupió Elfrida.
- ¿Ya esta?
- No merece estar en el mundo mágico.
- Creo que aquí la única chusma que hay sois vosotros.
- ¿Cómo te atreves?
- Será mejor que os vayáis. –dijo James con autoridad. Sus ojos marrones brillaban de rabia y estaba a punto de perder el control.
Beth había comenzado a llorar agazapada en su rincón y temblaba cada vez más mientras miraba el libro roto. Eso era lo que más le dolía, que le hubieran roto el libro; ni siquiera prestaba atención al labio partido.
- Supongo que al final no habrá una unión entre nuestros grupos. –dijo Jacob.
- Nunca hubo tal intención.
- Has elegido mal, chico.
- Adiós. –James dio por finalizada la conversación. Soltó el brazo de Claudia y se agachó para mirar a Beth.
La niña bajó la cabeza escondiéndose y cuando el moreno intentó tocarla, se apartó rápidamente ya sin poder contener el llanto. James se sentó a su lado en el suelo mientras Lily hacia todo lo posible por recoger los fragmentos del libro roto. Sin duda Hermione se iba a llevar un buen disgusto, pero más se iba a disgustar cuando se enterara de lo ocurrido con Beth.
- No pasa nada. –le dijo James.
- Eres Beth ¿no? –dijo Lily sentándose al otro lado y utilizando un tono de voz muy dulce.
Beth asintió, no podía hablar aun.
- Soy James, el hermano de Eric, y ella es Lily.
- Hola Beth. –Lily alargó con cuidado un brazo y posó una mano en el hombro de la niña.- No pasa nada, bonita.
- Ya no están, ya se han ido. –continuó James.
- El…el…el…li…li…libro…
- Eso ahora no importa. –dijo Lily.
- Pe…pe…pero…
- ¿Puedo darte un abrazo, Beth? –pidió Lily muy suavemente.
Beth levantó muy despacio su cabecita y miró a Lily con gruesas lágrimas en los ojos y cayendo por sus mejillas. La pelirroja tenia los brazos abiertos y una pose serena que no hacia sino ocultar su indignación. Pasaron varios segundos antes de que Beth asintiera con la cabeza y abrazara fuertemente a Lily.
- Shhh…shhh…ya está, ya pasó todo. –susurraba Lily acunando a Beth.
James había tomado el libro y ahora era él quien intentaba reunir el máximo número de trozos arrancados. Tenía un semblante muy duro y serio, que solo se relajaba cuando miraba a su hermana y a la niña. Odiaba las injusticias y la forma en que le hacían sentir a uno. No comprendía como nadie en ese pueblo no paraba a esos niños. Lo que hacían era muy cruel y hería la sensibilidad de cualquiera que tuviera un corazón en el pecho. Nunca en su corta vida había utilizado sus apellidos o los de sus amigos para jactarse de algo, pero ese parecía ser el único idioma que entendían esos chicos.
La familia Potter era muy respetada en el mundo mágico por todo lo que habían significado en la muerte de Voldemort y el destierro de la época del terror; además de que provenían directamente de las primeras familias mágicas. Pero nada de eso debería de importar en el mundo. Su padre y sus tíos casi pierden la vida para asegurarse de que no fuera así.
Mirando el libro con el que había aprendido a leer, apretó los labios ahogando una sarta de insultos dirigidos a los chicos del pueblo. Parecía que con su llegada se habían estabilizado los bandos. Pero mirando a Beth, se obligó a dejar de lado la rabia y dejar solo la ternura.
Así que esa era la famosa Beth.
Tanto James como Lily sabían de la existencia de esa hermosa castañita que se había convertido en una amiga muy especial para Eric. Las cartas de su hermano no dejaban lugar a dudas y siempre nombraban a Beth unas diez veces como mínimo. Y así, viendo como intentaba guardar la compostura después de un episodio tan desagradable, James supo ver mucho más allá.
Beth seguía fuertemente agarrada a Lily y no parecía tener intención de soltarla. Su cuerpo menudo y su dulce rostro te invitaban a abrazarla y protegerla, y eso mismo era lo que estaban haciendo los niños Potter.
- Así que tu eres la famosa Beth. –dijo James en voz alta.- Eric nos ha escrito mucho sobre ti, ¿sabes?
- ¿Me vais a pegar también? –preguntó Beth con miedo y aun temblorosa.
- No, bonita.
- ¿Eric os habló de mi? –su semblante se serenó e incluso se sonrojó un poco.
- Ya lo creo. Dice que sois muy buenos amigos.
- Es mi amigo. –corroboró la niña.
- Si, lo es. –repitió Lily.
- Pero ahora lo que debemos hacer es ir a curarte ese labio. –se puso práctico James.- Te acompañaremos a casa.
- ¡No! No, a mi casa no. Mamá no…no puede verme así…-imploró Beth.
- Cariño, tu mamá tiene que saber que…-comenzó a decir Lily.
- No, ella no, por favor.
James y Lily intercambiaron una mirada y después se voltearon hacia Beth de nuevo. Los ojos de la niña tenían un terror infinito y de nuevo había comenzado a temblar. Ellos no habían sido criados para ocultar cosas a sus padres, pero pensando en la situación de Beth, quien sabe lo que hubieran hecho.
- Está bien. –dijo James finalmente.
- Gracias. –susurró Beth.
- Vendrás con nosotros a casa y tía Hermione te curará. –afirmó Lily con seguridad.
- No, no, por favor. Ella…ella se va a enfadar mucho conmigo. Su libro…su libro…ella me lo prestó…
- Ahora eso es lo de menos. Además, seguro que encuentra la forma de arreglarlo. ¿Vale?
- Va-vale. –dijo Beth no muy convencida.
Los dos hermanos se levantaron con agilidad del suelo y después ayudaron a Beth, que apenas se sostenía en pie de lo que le temblaban las piernas. Ya debería de estar acostumbrada a esos altercados, pero nunca antes habían llegado a tal punto de crueldad. Los adultos del pueblo se guardaban de hacer comentarios, pues al fin y al cabo ella era una Bernstein McGregor, pero tampoco la querían allí; los niños y los niños…a ellos no había quien los detuviera.
La importancia de los apellidos era un aspecto común en el mundo muggle y el mundo mágico, pero se agravaba en este último con lo de la pureza de la sangre.
- ¡¡Ridículo!! –gritó James en su interior.
Pasó un brazo por la cintura de Beth, haciendo que se apoyara en su cuerpo, mientras Lily recogía el libro y sus demás pertenencias. Comenzaron a andar despacio, pero con decisión y dispuestos a hacer frente a todo aquel que se pusiera por delante.
Esa no era la forma en que habían pensado en conocer a Beth, pero había creado un fuerte vínculo entre los tres que les serviría para el futuro
