EL DUELO A MEDIANOCHE Parte 2
-o-
Todo el texto en negrita pertenece, y pertenecerá por siempre jamás, a la gran J.K Rowling.
He añadido unas palabritas, aquí y allá, y este es el resultado.
-o-
En esta historia no ha sido creada ninguna pareja por ahora, porque en este libro, en concreto, me parecen muy niños todavía.
Pero puede que empiece a hacer algo con los adultos, puede que convoque a alguien al Gran Comedor... No sé, estoy abierta a shippeos.
-o-
Dumbledore había decidido parar la lectura hasta después de comer y los había animado a salir a tomar el sol y respirar aire puro.
Un numeroso grupo de leones, serpientes, águilas y tejones se había reunido a la sombra de un gran árbol.
Reían a carcajadas mientras contaban anécdotas divertidas de su vida, pero un pequeño ojiverde estaba muy callado.
Ron y Hermione se habían dado cuenta de que Harry llevaba mucho rato ausente, en su propio mundo, y con una excusa se lo levaron para hablar a solas con él.
Caminaron hasta la cabaña de Hagrid, en silencio, la castaña y el pelirrojo esperaban que el azabache les contase que le preocupaba, pero éste no daba señales de querer hablar.
Escucharon unos pasos a su espalda y miraron hacia atrás. Neville, Dean, Seamus, Theo, Draco, Blaise, Pansy y Daphne se acercaban corriendo.
- Hola... - saludó Theo.
- Hola chicos - devolvió el saludo la castaña, mirando a Harry de reojo.
- ¿Molestamos? - preguntó Draco al oido de Hermione
- Supongo que no... - se encogió de hombros la niña.
- ¿Habéis averiguado ya que le pasa? - preguntó ahora, Theo.
- ¿Vosotros también lo habéis notado? - suspiró Ron, mirando al azabache que hablaba con Blaise.
- Claro, ha estado muy callado... - asintió Daphne preocupada.
- ¿De quién habláis? - preguntó el ojiverde, acercándose.
- De ti - contestó Pansy.
- ¿De mi? ¿Por qué? - se extrañó el pequeño león.
- Estamos preocupados por ti... - le reveló Draco.
- Sabemos que te preocupa algo - añadió Hermione.
- Lo siento, no sabía que era tan trasparente... - se disculpó, serio, Harry.
- Lo eres... - aseguró Draco sonriendo y dándole un empujoncito amistoso.
- Cuéntanos, sea lo que sea te ayudaremos... - rogó Daphne, con voz dulce y maternal.
- ¿Puedes cambiar el pasado? - le preguntó el niño desolado.
- ¿Para qué quieres cambiar el pasado, además de lo obvio? - interrogó la castaña.
- Para que mi padrino y mis tíos no escuchen lo que se leerá después de comer... - respondió, con un suspiro, el ojiverde.
- ¿Fluffy? - adivinó Ron.
- Por ejemplo... - asintió Harry.
- Pero verán que no fue nuestra culpa... - aseguró el pelirrojo.
- ¿Tu madre también? - preguntó, alzando sus cejas, el azabache.
- ¡Oh no! ¡Estamos muertos! Los cuatro... - se lamentó el ojiazul.
- ¿Nosotros también? - se asustó Neville.
- Claro, ya sois de la familia para la bueno y para lo malo... - sonrió maliciosamente el pelirrojo.
- ¿Y si nos contáis que pasó? - cambió de tema Draco.
- No debemos adelantarnos al libro... Aunque por otro lado... - respondió Hermione, pensativa.
- ¿Por otro lado qué? - preguntó Pansy.
- Por otro lado he aprendido que la amistad es mucho más importante que cualquier norma... - sonrió la castaña mirándolos a todos.
- ¿Y si pasa algo? - dudó Harry.
- Hermione tiene razón, somos amigos y eso nos hace fuertes... No pasará nada... - sonrió tranquilizadora, Daphne.
- Esa noche alguno de nosotros supo por primera vez lo que era un cancerbero... - comenzó el ojiverde, con tono cansado.
- ¿Un cancerbero? - se atragantó Seamus.
- ¿Un perrito con tres cabezones? - preguntó, admirado, Blaise.
- Sí, se llama Fluffy y era el motivo por el que no debíamos ir al tercer pasillo - informó la castaña mirando a la nada.
- Pero fuisteis igual... ¿Hermione en qué estabas pensando? - los riño Daphne.
- Fue el destino... - se encogió de hombros la leona.
- Fuimos allí por error, de verdad... - aseguró Harry, a la rubia que lo miraba como una madre enfadada, con tono infantil.
- Estábamos escapando de Filch... - añadió Ron, mirándola con precaución.
- Es mi culpa... El duelo... - entendió, de pronto todo, Draco.
- No fue tu culpa, nadie nos obligó a salir de la torre... - negó Ron con rotundidad.
- Bueno, al menos no a Ron y a mi... - añadió el ojiverde, mirando a Hermione y a Neville.
- A mi tampoco me obligasteis... - aseguró la castaña.
- Yo también os acompañé por mi propia voluntad... - asintió, con una sonrisa, el castaño.
- ¿Sabes Harry? Puede que tus tíos te riñan un poco... Pero Sirius flipará... - intervino Blaise.
- ¿Tú crees? - dudó el azabache.
- Claro, ¿a qué si? - preguntó el moreno a Hermione.
- No sé, no lo conozco tanto... - mintió la castaña, que si había captado la verdadera esencia del animago, y sabía que le daría un infarto cuando se enterase que su adorado ahijado había estado a punto de acabar en el estomago de un cancerbero.
- Pero lo que sí sabemos todos, es que Sirius te adora y pase lo que pase eso no cambiará - afirmó Dean pasando un brazo por los hombros de Harry, que sonrió esperanzado.
- ¡Eso tenlo por seguro! - asintió, enérgicamente, Neville.
- Vamos a comer - apuró Ron a sus amigos.
- Buena idea pelirrojo - aplaudió Blaise, adelantándose con el león.
Durante la comida todos los chicos, leones y serpientes, trataban de animar a Harry, haciéndolo reír.
Tres adultos se habían dado cuenta y observaban curiosos la escena, tratando de averiguar que habría pasado en ese paseo por los jardines.
- ¿Sabéis qué...? - preguntó Severus a los merodeadores.
- No tenemos ni idea - lo interrumpió Remus.
- Pero algo pasa y quiero saberlo... - siseó Sirius, molesto.
- Debemos esperar a que Harry quiera contar... - intentó apaciguarlo el hombre lobo.
- Nos haremos viejos entonces - bufó el animago.
- La culebrilla es más cerrado que el culo de una muñeca... - asintió el pocionista, de acuerdo.
- Parece preocupado... - se lamentó el castaño.
- Lleva así desde que empezó el capítulo... - suspiró el ojigris.
- Entonces estará preocupado por algo que haya pasado esa noche... - adivinó el ojinegro.
- ¿Qué será? - se preguntó Sirius.
- Conociéndolo... Quizás debáis prepararos... - les advirtió Severus.
- No puede ser peor que James y este pulgoso... - afirmó Remus.
- Ya lo ha dicho Minerva, es mucho peor... - lo contradijo el pocionista.
- ¿Entonces hablaba en serio? - se asombró el hombre lobo.
- Absolutamente en serio. Potter y Black se dedicaban a molestar, sin ofender.. - aclaró Severus mirando a Sirius, que había permanecido pensativo desde hacía un rato, y que le hizo un gesto con la mano quitándole importancia - Pero Harry se mete en líos a lo grande, casi siempre por alguna estúpida y noble decisión...
- Se parece tanto a Lily... Con la impulsividad de James, claro... - sonrió, con nostalgia, el castaño.
- Pero ese espíritu de sacrificio... Es de la pelirroja... - aclaró el animago, sonriendo también.
- Lily vive en él... - asintió el ojinegro.
- Y James... - añadió el ojigris.
Severus y los merodeadores permanecieron en silencio el resto de la comida, hasta que Dumbledore se levantó y aclaró su garganta, y todos supieron lo que había que hacer.
El director le pasó el libro a Theo, una vez que todos estuvieron cómodos y la lectura continuó.
Tenían grandes probabilidades de que los atraparan Filch o la Señora Norris, y Harry sintió que estaba abusando de su suerte al transgredir otra regla del colegio en un mismo día.
- Lo estaba haciendo, Potter - interrumpió con tono de reproche la profesora de Transformaciones.
- ¿Qué es la vida sin correr algunos riesgos? - sonrió, travieso, Sirius.
- Algunos no son todos... - replicó Severus.
- ¿Seguro? - preguntó, con burla, el animago.
Por otra parte, el rostro burlón de Malfoy se le aparecía en la oscuridad, y aquélla era la gran oportunidad de vencerlo frente a frente. No podía perderla.
- Claro, ¿cómo dejar escapar una oportunidad así? - rodó los ojos el pocionista.
- Tampoco hace falta que seas sarcástico... - replicó, ofendido, el ojiverde.
- Severus usa la ironía y tú... - trató de explicarle el hombre lobo.
- No usas la cabeza... - terminó el ojinegro con burla.
- ¡Si que la uso! - protestó el azabache.
-Once y media -murmuró finalmente Ron-. Mejor nos vamos ya.
- Hermione será nuestra favorita, tú te pareces demasiado a Canuto - suspiró Lunático.
- Pues para mí eso es un halago - replicó el pelirrojo.
- ¡Bien dicho Ron! Y no te preocupes, serás mi favorito siempre y cuando acompañes a Harry en busca de diversión... - le aseguró el animago.
Se pusieron las batas, cogieron sus varitas y se lanzaron a través del dormitorio de la torre. Bajaron la escalera de caracol y entraron en la sala común de Gryffindor.
Todavía brillaban algunas brasas en la chimenea,haciendo que todos los sillones parecieran sombras negras. Ya casi habían llegado al retrato, cuando una voz habló desde un sillón cercano.
- ¿Tan pronto os pillaron? - preguntó Sirius, decepcionado.
- Algo así... - sonrió Ron, avergonzado.
- Pero ese alguien nunca nos delataría - aseguró el azabache, mirando sonriente a Hermione.
- ¿Amigo entonces? - sonrió Sirius mientras el ojiverde y el pelirrojo asentían.
-No puedo creer que vayas a hacer esto, Harry.
- Eso suena a Hermione - interrumpió Pansy.
- ¡Mamá leona a la vista! - rió Blaise.
- ¡Eres tan gracioso! - exclamó, sarcástica, Hermione.
Una luz brilló. Era Hermione Granger; con el rostro ceñudo y una bata rosada.
- Me recuerda a cuando Lily intentaba detenernos... - recordó Sirius, con nostalgia.
- ¿Lo conseguía? - preguntó Harry.
- ¡Nunca! - se ofendió el ojigris.
-¡Tu! -dijo Ron furioso-. ¡Vuelve a la cama!
-Estuve a punto de decírselo a tu hermano -contestó enfadada Hermione-. Percy es el prefecto y puede deteneros.
- Deberías haberlo hecho, les habría dado un buen escarmiento... - rió, malévolo, el prefecto.
- Siempre puedo confiar en mi Percival - intervino, con orgullo maternal, Molly.
- Chicos, eso demuestra que necesito vuestra ayuda... - decidió Percy.
- ¡Eso está hecho! - aplaudieron los gemelos.
- ¡Nooo! Percy, cariño, no lo hagas... - suplicó la pelirroja, viendo como su última esperanza de tener un hijo que no diera problemas se le escapaba.
Harry no podía creer que alguien fuera tan entrometido.
-Vamos -dijo a Ron.
- ¡Eso es cachorro! No dejes que nadie te detenga en tu aventura nocturna - lo animó Sirius.
- Harry no deja que nadie lo detenga en nada... - rumió la castaña.
- Estás exagerando... - sonrió, con cara inocente, el ojiverde.
- No lo hace - aseguró Ron, apoyando a la niña.
Empujó el retrato de la Dama Gorda y se metió por el agujero.
Hermione no iba a rendirse tan fácilmente. Siguió a Ron a través del agujero, gruñendo como una gansa enfadada.
- ¿Una gansa enfadada, Harry? - preguntó la castaña ofendida.
- Se supone que es un pensamiento de cuando estoy enfadado... - se justificó el azabache.
- Y cuando estás enfadado dices cosas que no sientes... - lo ayudó Charlie.
-No os importa Gryffindor; ¿verdad? Sólo os importa lo vuestro. Yo no quiero que Slytherin gane la copa de las casas y vosotros vais a perder todos los puntos que yo conseguí de la profesora McGonagall por conocer los encantamientos para cambios.
- Sueno tan estúpida... - se lamentó Hermione.
- No seas tan dura... Sólo querías cumplir las normas... - la consoló Harry.
- Me sentí tan feliz de venir aquí... Tenía miedo de no ser lo suficientemente buena... - confesó la castaña.
- Eso puedo entenderlo... Me pasé todo este mes deseando que me castigaran a quedarme en el castillo... - sonrió, ruborizándose, el ojiverde.
-Vete.
- Ese seguro que fue Ron - adivinó Fred.
- Si suena a pelirrojo malhumorado - asintió George.
- Sólo apoyaba a mi amigo - se defendió Ron.
-Muy bien, pero os he avisado. Recordad todo lo que os he dicho cuando estéis en el tren volviendo a casa mañana. Sois tan...
- No quería que os fuerais de Hogwarts... - reconoció la niña.
- ¿Por qué? Si no te caíamos bien... - se extrañó Ron.
- Vosotros erais mi experiencia mas cercana a tener amigos - confesó la castaña.
- Pero ahora tienes más amigos... - aseguró Dean.
- Y amigas - añadieron Daphne y Pansy.
- Es cierto, pero Harry y Ron son muy especiales para mi... - afirmó Hermione, mirando a sus mejores amigos con un inmenso cariño.
- Y tú para nosotros - contestaron los dos leones abrazándola.
Pero lo que eran no lo supieron. Hermione había retrocedido hasta el retrato de la Dama Gorda, para volver; y descubrió que la tela estaba vacía.
- Creo que Hermione acaba de descubrir las consecuencias de meterse donde no la llaman - se burló Bill.
- En realidad lo aprendí más tarde - aseveró la niña, mirando seria a sus amigos.
- Todos aprendimos mucho más tarde - asintió Harry, tragando saliva.
- Has hecho que me pique la curiosidad... - intervino, Cedric, curioso.
La Dama Gorda se había ido a una visita nocturna y Hermione estaba encerrada,fuera de la torre de Gryffindor.
- James y yo también nos encontramos con su ausencia algunas noches cuando volvíamos de las cocinas - recordó Sirius.
- ¿Y qué hacían en las cocinas? - preguntó Minerva con tono severo.
- ¿Comer? - sugirió Remus con sonrisa inocente.
-¿Y ahora qué voy a hacer? -preguntó con tono agudo.
-Ése es tu problema -dijo Ron-. Nosotros tenemos que irnos o llegaremos tarde.
- ¿Eso es lo que te hemos enseñado? - lo riñó Molly.
- ¿A no ayudar al prójimo? - preguntó, decepcionado, Arthur.
- Y-yo... - tartamudeó Ron.
- No busques excusas, Ronald - siseó, mirándolo furiosa, la señora Weasley.
- Ni vosotros lo regañéis por algo que es asunto de ellos - lo defendió Bill, poniéndose delante de él.
No habían llegado al final del pasillo cuando Hermione los alcanzó.
-Voy con vosotros -dijo.
- ¿En serio? - se asombró Sirius.
- Sí, al final fui con ellos - reconoció, abochornada, Hermione.
- Tanto protestar y... - rió Remus.
-No lo harás.
- Y el Ron amable surge de nuevo... - se burló George.
- ¿Cómo sabes que soy yo? - preguntó el pequeño pelirrojo.
- Porque Harry es demasiado amable para rechazar a alguien - respondió Fred.
- Eso es verdad - aceptó el ojiazul tras pensarlo detenidamente.
-¿No creeréis que me voy a quedar aquí, esperando a que Filch me atrape? Si nos encuentra a los tres, yo le diré la verdad, que estaba tratando de deteneros, y vosotros me apoyaréis.
- ¡Serás caradura! - rugió el animago.
- ¡Canuto! - lo amonestó el hombre lobo.
- Es verdad, tuve mucho morro... - admitió la niña.
-Eres una caradura -dijo Ron en voz alta.
- Sí, definitivamente estos dos se parecen demasiado... - suspiró Remus.
- Te lo dije... - asintió Severus.
- Tendremos que hacer algo... - propuso el hombre lobo.
- ¿De que habláis? - preguntó Sirius, curioso.
- De supervivencia y estrategia... - respondió con una sonrisa, el pocionista.
-Callaos los dos -dijo Harry en tono cortante-. He oído una especie de respiración.
- Cachorro tenemos que hacer algo con tu suerte - se lamentó, con amargura, Sirius.
- ¿Por? - preguntó, distraído, Harry.
- ¿Cuántas personas más te vas a encontrar? - lo interrogó, divertido, el animago.
- Ya lo verás... - sonrió, resignado, el ojiverde.
-¿La Señora Norris? -resopló Ron, tratando de ver en la oscuridad.
- Si está ella, Filch no andará lejos... - adivinó el ojigris
- No es ella, así que dejad de interrumpir... - lo increpó Hermione.
- Vale, vale... - asintió, Canuto, levantando sus manos en son de paz.
No era la Señora Norris. Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos.
- ¿Qué hacías ahí? - preguntó Remus.
- No recordaba la contraseña y no pude entrar... - confesó, sonrojándose, Neville.
- Definitivamente, eres igualito a tu padre... - rió Sirius.
- ¿El tampoco la recordaba? - preguntó, con curiosidad, el pequeño Longbottom..
- Nunca - respondió, con una sonrisa, el hombre lobo.
- ¿Nunca? - insistió el pequeño castaño.
- Nunca - aseguró el animago.
- Entonces lo de él era peor, al menos yo la recuerdo a veces... -rió contento, Neville.
-¡Gracias a Dios que me habéis encontrado! Hace horas que estoy aquí.No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.
-No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo», pero ahora no te servirá, porque la Dama Gorda se ha ido no sé dónde.
- Eso se llama abandono laboral - interrumpió el ojigris.
- Los alumnos no deben salir por la noche, así que la guardiana de los leones no ha abandonado su puesto, estaba en su tiempo libre - rebatió, con una sonrisa, Dumbledore.
- Claro, se cubren entre ellos... - bufó Sirius.
-¿Cómo está tu muñeca? -preguntó Harry
- Menos mal que está Harry para preocuparse por todos... - sonrió con cariño, Charlie.
- ¿Estás insinuando algo? - preguntó Ron, ligeramente ofendido.
- Nooooo - se apresuró a asegurar Bill, con un gran carcajada.
-Bien -contestó, enseñándosela-. La señora Pomfrey me la arregló en un minuto.
- ¿Entonces por qué tardaste tanto en volver? - lo interrogó Dean.
- Madame Pomfrey me retuvo, por si acaso... - reveló Neville, mirando de reojo a la mujer.
- Poppy es extremadamente celosa de su trabajo... - sonrió, con comprensión,el director.
- Sólo soy cuidadosa con mis pacientes... - afirmó, con orgullo, la enfermera.
-Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más tarde...
- Empiezo a preguntarme como es que Ron tiene amigos... - dudó Percy, mirando a su hermano pequeño.
- Yo también me lo pregunto... - negrita, su padre, con la cabeza.
- Porque es genial - aclaró, con lealtad, el ojiverde.
-¡No me dejéis! -dijo Neville, tambaléandose-. No quiero quedarme aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces.
- Ya sois demasiados... Os pillarán... - se quejó Sirius.
- No lo hicimos - anunció Severus.
- ¿No? - se sorprendió Remus.
- Nadie me notificó que algún león merodeara después del toque de queda... - ratificó la profesora de Transformaciones.
Ron miró su reloj y luego echó una mirada furiosa a Hermione y Neville.
- Debes aprender a controlar tu genio - recomendó Bill a su "bebé".
- Es que estos dos iban a hacer que nos pillaran... - se justificó Ron.
- No es motivo... - replicó Charlie.
-Si nos atrapan por vuestra culpa, no descansaré hasta aprender esa Maldición de los Demonios, de la que nos habló Quirrell, y la utilizaré contra vosotros.
- ¡RONALD BILLIUS WEASLEY! - gritó furiosa Molly
- Vale, ahí me he pasado... - admitió Ron, mirando a los dos leones a los que había amenazado.
- No lo decías en serio... - aseguró Neville.
- Eso lo sabíamos todos, ¿verdad? - asintió, de acuerdo, Harry.
- ¡Pues claro! Si iba a decirte como hacerla... - exclamó, como si fuera obvio, Hermione.
Hermione abrió la boca, tal vez para decir a Ron cómo utilizar la Maldición de los Demonios, pero Harry susurró que se callara y les hizo señas para que avanzaran.
- Menos mal... - sonrió aliviada, Hannah.
- ¡Harry es un bombero! - exclamó Dean, con un grito de euforia.
- ¿Qué es un bombero? - preguntó Draco.
- Son los que apagan los fuegos muggles - explicó, de manera sencilla, el pocionista.
- Entonces el señor Potter es un gran bombero - río Dumbledore.
Se deslizaron por pasillos iluminados por el claro de luna, que entraba por los altos ventanales. En cada esquina, Harry esperaba chocar con Filch o la Señora Norris, pero tuvieron suerte.
- No cantes victoria... - aconsejó Sirius.
- No lo hago - aseguró el ojiverde.
- No es bueno confiarse - asintió, con aprobación, Remus.
- Nunca lo hago - repitió el azabache.
Subieron rápidamente por una escalera hasta el tercer piso y entraron de puntillas en el salón de los trofeos. Malfoy y Crabbe todavía no habían llegado. Las vitrinas con trofeos brillaban cuando las iluminaba la luz de la luna. Copas, escudos, bandejas y estatuas, oro y plata reluciendo en la oscuridad. Fueron bordeando las paredes, vigilando las puertas en cada extremo del salón. Harry empuñó su varita, por si Malfoy aparecía de golpe.
- Algo me dice que no apareciste - interrumpió Terry.
- Entonces tienes buen instinto - señaló Draco con sonrisa triste.
- ¿Era una trampa? - preguntó Cedric.
- Me temo que sí... - respondió el rubio, agachando la cabeza.
Los minutos pasaban.
-Se está retrasando, tal vez se ha acobardado -susurró Ron.
- Acordándome no... Porque nunca pensé en ir... - se autocastigó Draco.
- ¿De verdad? - le preguntó Penelope, confusa.
- Sí, no es algo de lo que me enorgullezca... - admitió el rubio.
- Todos cometemos errores, pero tú ya no te comportas así... - lo consoló Hermione, con una palmadita en su brazo.
Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. Harry ya había levantado su varita cuando oyeron unas voces.
- ¿No decías que no habías ido? - interrogó, desafiante, Ernie.
- Y no lo hice... - aseguró Draco.
- ¿Entonces de quienes son esas voces? - preguntó, esta vez, Zacharias.
- Tal vez deberías preguntarle a Potty... - respondió, con altivez, el slytherin.
No era Malfoy.
- ¿Ves? - se burló el rubio de los tejones.
- Bueno, sigues siendo sospechoso... - insistió Smith.
- Este tío es imbécil... - bufó, enfadado, Ron.
Molly abrió la boca para reñir a Ron, pero su hijo tenía razón, ese niño era imbécil.
-Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.
- ¡Oh no! ¡Filch! - se lamentó Tonks.
- Mi cachorro puede con ese viejo amargado, ya lo ha demostrado - aseguró, con orgullo, el ojigris.
- Eso es cierto... - asintió, sonriendo, el hombre lobo.
Era Filch, hablando con la Señora Norris. Aterrorizado, Harry gesticuló salvajemente para que los demás lo siguieran lo más rápido posible.
- Ha tomado el mando - cuchicheó Alastor al oido de su alumno más aventajado.
- Sí, me he dado cuenta - asintió Kingsley, con una sonrisa divertida.
- Es un líder nato - barboteó, con evidente orgullo, el viejo auror.
- También he notado eso... - respondió Shacklebolt reprimiendo una carcajada, le hacía gracia la adoración del viejo mago hacia el niño.
- Es mi primito, lo lleva en la sangre... - intervino, también con orgullo, Dora en la conversación.
Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Neville acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos.
-Tienen que estar en algún lado -lo oyeron murmurar-. Probablemente se han escondido.
- Es una buena suposición... - afirmó, fingiendo pensarlo, Fred.
- Es que aunque no lo parezca, Filch aveces piensa... - le siguió la broma el animago.
- No como tú... - se burló Lunático de su amigo.
-¡Por aquí! -señaló Harry a los otros y, aterrados, comenzaron a atravesar una larga galería, llena de armaduras. Podían oír los pasos de Filch,acercándose a ellos.
- Está muy cerca - se mordió las uñas Sirius, emocionado.
- ¡Qué emoción! - saltó, Seamus, en su asiento.
- Escucharlo quizás, vivirlo en absoluto... - aseguró, el castaño, sintiendo un escalofrío.
- Estoy de acuerdo contigo Nev - asintió la leona.
- Yo también - sonrió Harry.
- Y yo - se unió Ron.
Súbitamente, Neville dejó escapar un chillido de miedo y empezó a correr, tropezó, se aferró a la muñeca de Ron y se golpearon contra una armadura.
- Sigilo se les da tan mal como a ti... - rió Kingsley.
- No es culpa de Harry, son los malditos genes... - protestó, enfurruñada, Tonks.
- Yo soy sigiloso... - rebatió Sirius.
- A lo mejor eres adoptado... - replicó la metamórfaga, sacándole la lengua.
- ¿Tú crees? - se ilusionó el ojigris.
- ¡Nooo! - negó Draco, levantándose de su asiento para abrazar a Harry, que también negaba con su cabeza..
- ¿Y a vosotros qué más os da? - preguntó, confusa, la pelirrosa.
- Si Sirius es adoptado, Harry no podrá ser mi primo - confesó el rubio.
- ¡Es verdad! Sólo por eso te aceptaré como primo a ti... - entendió Dora, haciéndole un gesto burlón al animago y abrazando después a sus dos primitos.
Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo.
-¡CORRED! -exclamó Harry, y los cuatro se lanzaron por la galería, sin darse la vuelta para ver si Filch los seguía.
- Has escogido la salida correcta, Potter - aplaudió Alastor.
- ¿Pero no decías que había que ser invisible? - se burló Tonks.
- Ya no eran invisibles, así que lo mejor era correr... - replicó el viejo auror.
Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harry delante, sin tener ni idea de dónde estaban o adónde iban. Se metieron a través de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían que estaba a kilómetros del salón de trofeos.
Theo se detuvo, el libro había empezado a parpadear, aparecía y desaparecía a pequeños intervalos, lo que dificultaba la lectura.
Miró a Harry, que era un manojo de nervios en ese momento, y pensó que tal vez... Se acercó a él y le habló entre susurros, para que sólo Ron y Hermione, que estaban sentados a su lado y a los pies de los tres tutores del buscador, pudiesen escuchar.
- Tienes que tranquilizarte o no podré seguir leyendo - le susurró el pelinegro.
- ¿Qué? - preguntó el ojiverde, agachándose para unir su cabeza a la del slytherin y sus dos amigos leones.
- El libro parpadea porqué tu estás muy nervioso - reveló Theo.
- Tiene lógica, los libros están ligados a tu energía... - asintió Hermione.
- Sigue leyendo Theo, me calmaré... - prometió el azabache.
- Te ayudaremos - dijeron Ron y la castaña, tomándose de las manos.
- ¿Va todo bien cachorro? - preguntó Sirius preocupado.
- Si padrino, todo está bien... - afirmó, con un ligero temblor en la voz, Harry.
-Creo que lo hemos despistado -dijo Harry, apoyándose contra la pared fría y secándose la frente.
Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad.
-Te... lo... dije -añadió Hermione, apretándose el pecho-. Te... lo... dije.
-Tenemos que regresar a la torre Gryffindor -dijo Ron- lo más rápido posible.
- Vais a tener que mejorar vuestra forma física... - se burló Bill.
- Es que no habíamos calentado... - se defendió Ron.
- Claro, fue por eso... - rodó los ojos, irónico, el pocionista.
-Malfoy te engañó -dijo Hermione a Harry-. Te has dado cuenta, ¿no?No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.
- Has acertado en todo - murmuró Draco.
- Pero fui horrible al decirle todo eso a Harry - se avergonzó la castaña.
- Era la verdad - la tranquilizó el ojiverde.
- Eso no importa, no debí decirte esas cosas - replicó Hermione, enfadada consigo misma.
Harry pensó que probablemente tenía razón, pero no iba a decírselo.
- Orgullo Potter - río Remus.
- No sólo los Potter son orgullosos... - discutió el director mirando de manera significativa a los merodeadores y a Severus.
- A Dumby le gustan mucho las indirectas, ¿no? - cuchicheó Sirius a sus amigos.
sería tan sencillo. No habían dado más de una docena de pasos,cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos.
- ¿Más gente? - bufó, estresado, el ojigris.
- Esto empieza a parecerse a una fiesta... - asintió, con tono exasperado, el hombre lobo.
- Creo que a este... individuo no lo invitan a muchas fiestas - afirmó Harry, soltando una carcajada.
Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría.
- ¡Oh no! ¡Estáis perdidos! - se solidarizó Susan.
- Peeves los ayudará... - le garantizó Sirius.
- ¿Peeves ayudar? ¿Estamos hablando del mismo duende maldito? - resopló Charlie.
- Si sabes manejarlo, Peeves puede ser muy útil... - replicó, con sonrisa maliciosa, Remus.
- Es cierto, en nuestra época fue un leal compañero de los merodeadores... - confesó el animago, con solemnidad.
- Como si os hiciese falta ayuda... - rodó los ojos, Severus, haciendo reír a los merodeadores.
-Cállate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar.
- Esas no han sido las mejores palabras que podríais haber usado... - sonrió el castaño.
- Le habéis dado el poder - anunció el ojigris.
- ¿Y eso es malo? - preguntó Lisa Turpin.
- Eso puede ser muy malo... - asintió el hombre lobo.
Peeves cacareó.
- Eso no es una buena señal... - negó, con la cabeza, Remus.
- Se está regocijando - asintió, de acuerdo, Sirius.
- Va a delatarlos... - añadió Tonks.
-¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos,os agarrarán del cuellecito.
- Peeves tiene ganas de divertirse... - se lamentó Bill.
- Y será a su costa... - bufó Charlie, que ya estaba pensando en la manera de vengar a sus hermanitos.
-No, si no nos delatas, Peeves, por favor.
- A Peeves no le gusta la gente que pide las cosas por favor... - declaró, con conocimiento de causa, el animago.
- Ahora entiendo porque tú y James os llevabais tan bien con él... - se burló Severus.
- ¡Envidioso! - le sacó la lengua, de manera muy madura, el ojigris.
-Debo decírselo a Filch, debo hacerlo -dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente-. Es por vuestro bien, ya lo sabéis.
- Si os delató, pagará por ello... - amenazó furioso, un pelirrojo que amaba los dragones.
- No lo hizo - aseguró el ojiverde a su protector hermano.
- Bueno... - dudó Ron.
- Harry tiene razón, no le dijo a Filch donde estábamos... - afirmó Hermione.
- Eso es cierto - admitió el pelirrojo.
-Quítate de en medio -ordenó Ron, y le dio un golpe a Peeves.
- ¡Mala idea, pelirrojo! - gritó Sirius.
- Eso no le gustara nada - asintió Remus.
Aquello fue un gran error.
- Lo sabemos - afirmaron los merodeadores.
-¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! -gritó Peeves-. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!
Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.
- Lo mataré... - interrumpió la lectura, Severus, levantándose para caminar, furioso, de un lado a otro sin sentido.
- ¿Están donde creo que están? - preguntó con un hilo de voz Pomona.
- Me temo que sí... - asintió Minerva.
- ¿Es que estos leones atraen los problemas? - se lamentó Filius.
- Son imanes... - siseó Severus, que se había vuelto a sentar en su sitio, pero con Harry en su regazo, y lo abrazaba como si temiese que fuese a escurrirse entre sus dedos.
-¡Estamos listos! -gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta-. ¡Esto es el final!
Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves.
-Oh, muévete -ordenó Hermione.
- ¿Vas a abrirla? - preguntó admirado Justin.
- Claro - asintió la castaña.
- Estarían perdidos sin ti - sonrió Theo a la niña.
Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró-:
¡Alohomora!
- Dios los cría y ellos se juntan... - rodó los ojos Minerva.
- Un valiente corazón temerario, una mente brillante y un leal y valiente soldado... Un gran equipo... - anunció, con diversión en sus ojos, Dumbledore.
- Que nos provocará innumerables dolores de cabeza - aseguró, acariciando un revoltijo de cabello azabache que había vuelto a sentarse con sus amigos, Severus.
Todo el comedor se había girado para mirar al trío de oro, que hablaban entre ellos, entretenidos, y no se daban cuenta de que estaban siendo observados.
- ¿Están hablando de nosotros? - preguntó, de repente, Ron, que había levantado la cabeza y había visto cientos de miradas sobre sus amigos y él.
- No creo - negó el ojiverde.
- Pues claro que estás hablando de nosotros... - bufó la castaña, exasperada por el aturdimiento mental de sus amigos.
El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.
-¿Adónde han ido, Peeves? -decía Filch-. Rápido, dímelo.
- Estáis a salvo, Peeves jamás ayudaría A Filch... - rió, con tranquilidad, el ojigris.
- A salvo, a salvo tampoco estábamos... - discutió Neville.
- ¿Por qué? - preguntó el animago.
- Ahora lo verás... - intentó retrasar el momento, Harry.
-Di «por favor». - continuó leyendo el slytherin, intentando obviar los destellos del libro.
-No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.
-No diré nada si me lo pides por favor -dijo Peeves, con su molesta vocecita.
-Muy bien... por favor.
- Siempre pica... - rieron Lunático y Canuto, encantados con la broma.
- ¿A qué se refieren? - preguntó Zacharias.
- A que hizo que dijera por favor - contestó Ernie.
- Por gente como vosotros todos piensan que los Hufflepuff somos unos inútiles... - tronó la voz de Cedric Diggory.
- Yo no pienso eso - dijo Harry, rápidamente.
- Ni yo - concordó Hermione.
- Nosotras tampoco - dijeron las gemelas Patil.
- Ni nosotros - añadieron Ron, Dean y Seamus.
- A mi me gustan los tejones - admitió Neville, con alegría.
- Gracias Nev - se sonrojó Hannah.
- A nosotros también nos gustan - dijeron varios Ravenclaw.
- Y a nosotros - sonrieron la pandilla de pequeñas serpientes.
- Gracias a todos - agradeció, haciéndoles una reverencia, Cedric.
-¡NADA! Ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja,ja!
- Filch es un blanco tan fácil... - negó, decepcionado, el castaño.
- Sí, Peeves debería avanzar y buscarse retos mayores... - asintió el animago.
- Tendremos que hablar seriamente con él... - afirmó el hombre lobo.
-Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido.
- Eso es lo que realmente le gusta a nuestro Peev, enfurecer al viejo amargado... - sonrió, con cariño, el ojigris.
- Eso es bastante fácil... - aseguró George.
- Lo importante es ser original... - añadió, con sonrisa maquiavélica, Fred.
-Él cree que esta puerta está cerrada -susurro Harry-. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! -Porque Neville le tiraba de la manga desde hacia un minuto-. ¿Qué pasa?
- ¿Por qué le tirabas de la manga? - preguntó Remus.
- No te va a gustar saberlo... - le confesó Neville.
- ¿Por qué? - preguntó, esta vez, Sirius.
El libro se quedó en blanco y Theo miró a Harry, que miraba a su padrino, nervioso, sin saber que contestar.
Pidió ayuda a Hermione y Ron que apretaron una mano cada uno del ojiverde y éste inspiro hondo intentando normalizar su respiración.
El texto volvió a aparecer en las páginas y la pequeña serpiente, admirado e intrigado, reanudó la lectura.
Harry se dio la vuelta y vio, claramente, lo que pasaba. Durante un momento, pensó que estaba en una pesadilla: aquello era demasiado, después de todo lo que había estaban en una habitación, como él había pensado.
- ¿Dónde estabas? - interrogó el animago, que ya estaba dando muestras de locura transitoria.
- En... - empezó Harry, sin saber como seguir.
- Con.. - intentó ayudarlo Ron, sin éxito.
- Fluffy... - fue el débil intento de Neville.
- ¡Oh no! - se horrorizó el semigigante.
- Estáis empezando a preocuparme... - dijo el ojigris, con mirada asustada.
- Sigue leyendo, cuanto antes acabemos mejor... - pidió el azabache al slytherin.
Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido.
- ¿Por qué? - volvió con su interrogatorio Canuto.
- Porque había un cancerbero dentro... - soltó el azabache, a bocajarro.
- ¿QUEEEEEEÉ? - rugió, como un auténtico y fiero león, el ojigris.
Ron y Hermione se pusieron sutilmente delante de Harry, su instinto de protección fraternal se había activado al ver a Sirius saltar de su asiento fuera de sí.
Theo, aprovechando que el animago se había quedado en shock, decidió continuar leyendo para acabar con el suplicio de su amigo cuanto antes.
Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos,
- Veo que te fijaste en todo... ¿Crees que era el momento? - preguntó Sirius, que parecía haberse recuperado, con reproche.
- Tú chico, Black, hace todo eso en segundos... se llama analizar la situación... - intervino Alastor.
- Haces una lectura rápida del lugar y la situación actual y decides que hacer... - explicó, brevemente, Kingsley.
- Y buscas una salida... - añadió Tonks.
- Todo eso en segundos - asintió el viejo auror.
- ¿Tú lo hiciste verdad Harry? - preguntó Dora, emocionada.
- No sé cuanto tardé... - se disculpó, por si acaso, el ojiverde.
- Ahora lo veremos... - le sonrió, con confianza, Shacklebolt.
y Harry supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran inconfundibles.
- ¡Reacciona cachorro! - lo apuró el animago.
- Estoy intentando pensar... - se quejó el azabache.
- ¡Pues piensa rápido! - replicó su padrino, ansioso.
- Todo eso ya pasó, y estoy seguro de que Harry salió bien parado... - intentó tranquilizarlo Remus, poniendo una mano sobre su hombro.
- ¡A la vista está! - ayudó Severus, señalando al niño.
Harry abrió la puerta. Entre Filch y la muerte, prefería a Filch.
- Veo que tus prioridades están en orden - sonrió Remus.
- ¿Ves? Has sido rápido - le dijo Kingsley.
- ¿Y vosotros qué hicisteis? - preguntó Dora, al resto de aventureros.
- Nos quedamos pegados al suelo hasta que Harry nos empujó hacia la puerta - confesó, con timidez, la castaña.
- Es que mi amigo siempre sabe pensar en las peores situaciones... - declaró, orgulloso, el pelirrojo.
- Y Hermione tiene los conocimientos - añadió el ojiverde.
- Y Ron el sacrificio... - terminó, con una sonrisa, la niña.
- ¡Iros a un hotel! - se burlaron, con cariño, Draco y Blaise.
Retrocedieron y Harry cerró la puerta tras ellos. Corrieron, casi volaron por el pasillo. Filch debía de haber ido a buscarlos a otro lado, porque no lo no les importaba: lo único que querían era alejarse del monstruo. No dejaron de correr hasta que alcanzaron el retrato de la Dama Gorda en el séptimo piso.
- ¡Menos mal! ¡Al fin estáis a salvo! - suspiró con alivio Sirius.
- ¡Ronald has estado a punto de matarme de un infarto! Ni siquiera los gemelos... - chilló Molly.
- Ronnie os ha desbancado... ¡Chuparos esa! - se burló Bill de los gemelos, distrayendo a su madre y salvando a su hermanito.
-¿Dónde os habíais metido? -les preguntó, mirando sus rostros sudorosos y rojos y sus batas desabrochadas, colgando de sus hombros.
- ¡Y a ti que te importa cotilla! - criticó el animago que todavía estaba algo exaltado.
- No puede evitarlo... - negó con la cabeza, Remus.
- Ella y Violeta son terribles... - asintió Minerva.
-No importa... Hocico de cerdo, hocico de cerdo -jadeó Harry, y el retrato se movió para dejarlos pasar.
- A eso se le llama hacer una entrada apresurada... - rió Penelope.
- Yo la recuerdo algo... accidentada... - sonrió Ron.
- Una maraña de brazos y piernas... - asintió, sonriendo también, Hermione.
- Veo que todos la recordamos igual - rió el ojiverde.
Se atropellaron para entrar en la sala común y se desplomaron en los sillones. Pasó un rato antes de que nadie hablara. Neville, por otra parte, parecía que nunca más podría decir una palabra.
- Del susto se me olvidó como hablar... - confesó Neville, con las mejillas sonrosadas.
- Lo que no sé es como recuperaste el habla después de eso... - se asombró Terry.
- No pude hacerlo hasta la mañana siguiente - rió el pequeño castaño.
-¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? -dijo finalmente Ron-. Si algún perro necesita ejercicio, es ése.
- Me gusta tu humor, hermanito - celebró Fred.
- Nos gusta este Ronnie... - asintió George.
- A él le gustáis calladitos... - replicó el mayor de los hermanos Weasley.
- Me has leído el pensamiento, Bill - sonrió Ron chocando su mano con la de el rompedor de maldiciones.
Hermione había recuperado el aliento y el mal carácter.
-¿Es que no tenéis ojos en la cara? -dijo enfadada-. ¿No visteis lo que había debajo de él?
- ¿Debajo? - preguntó George.
- ¿Debajo de su falda? - interrogó Fred.
- Debajo de sus pies... - respondió, mirándolos mal, la castaña.
-¿El suelo? -sugirió Harry-. No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.
- Sus cabezas eran lo realmente peligroso, hiciste bien vigilándolas... - aplaudió Alastor.
- Yo no podía mirar, estaba demasiado asustada - reconoció Hermione.
- Es normal que estuvieras asustada, no deberíais haber estado ahí - la consoló Remus.
- Fue sin querer... - intentó defenderse la niña.
- Lo sabemos, pero no quiero pensar en lo que podría haber pasado.. - intervino Sirius, con voz temblorosa.
- No lo digas... - lo detuvo Severus, sintiendo un escalofrío.
-No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.
- ¿Para qué le dices nada? - le recriminó Severus.
- Ahora querrá saber que hay debajo de la trampilla... - lloriqueó Sirius.
- ¡Pues claro! - exclamó alegremente el ojiverde.
Se puso de pie, mirándolos indignada.
-Espero que estéis satisfechos. Nos podía haber matado. O peor,expulsado. Ahora, si no os importa, me voy a la cama.
- Deberías poner tus prioridades en orden - le recomendó Sirius.
- Bueno... Si me expulsaran mi madre me mataría... Así que... - replicó el pelirrojo.
- Sí, yo también preferiría morir por un mordisco de un cancerbero que a manos de mi madre... - concordó Seamus.
- Sí, sería menos doloroso... - aseguró Ron.
Ron la contempló boquiabierto.
-No, no nos importa -dijo- Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no?
- No, no lo hicisteis - sonrió la castaña.
- Fue el destino... - rió el ojiverde.
Pero Hermione le había dado a Harry algo más para pensar, mientras se metía en la cama.
- Has dejado de ser mi favorita - anunció Remus, señalando a la niña.
- Espero que hayas aprendido la lección... - se burló Severus.
Hermione los miró a ambos y decidió ponerse a su altura, asi que con toda su madurez y su inteligencia, le sacó la lengua.
El perro vigilaba algo...
- ¡Olvídalo! - chilló histérico Sirius Black.
- No lo hará - negó Ron, divertido.
- ¡Por supuesto que si! - gritó el animago.
- Pero padrino, pensé que tu me entenderías... - protestó el ojiverde haciendo un puchero.
¿Qué había dicho Hagrid? Gringotts sera el lugar más seguro del mundo para cualquier cosa que uno quisiera ocultar...excepto tal vez Hogwarts. Parecía que Harry había descubierto dónde estaba el paquetito arrugado de la cámara setecientos trece.
- Y ahí comenzó su cruzada... - suspiró Hermione.
- Y las horas interminables en la biblioteca para los tres... - se quejó el pelirrojo.
- ¿Tú en la biblioteca? - se sorprendió Percy.
- Horas y horas - asintió Ron.
- Me habría gustado verlo... - se burló Charlie.
- Podrás hacerlo el próximo curso... - afirmó su madre.
- No creo que quieras eso, mamá... - le aseguró Bill.
- ¿Por qué no? - se extrañó Molly.
- Porque me parece que esas horas en la biblioteca acaban en alguna peligrosa aventura... - anunció con una carcajada, Charlie.
- ¡Ron Weasley no quiero que pises la biblioteca el próximo curso! - ordenó, sin saber lo que decía, la señora Weasley.
- ¡Vale, mamá! - se apresuró a prometer el pelirrojo.
Theo cerró el libro que levitó hasta Dumbledore como un boomerang. El director lo recogió, se despidió de todos hasta la cena y se fue a su despacho.
Todos se fueron desperdigando en distintos grupos a lo ancho y largo del castillo, Sirius se llevó a Harry a un aula en desuso porque quería hablar con el niño a solas.
- ¿Pasa algo padrino? - preguntó el ojiverde, al ver el rostro serio del adulto.
- Tranquilo, sólo quiero que hablemos de algo - lo calmó el animago, indicándole con un gesto de su brazo que se sentara.
- ¿De qué? - se interesó el azabache, mientras tomaba asiento en una silla polvorienta.
- Sé que soy un inmaduro y un irresponsable que siempre te está animando a romper las normas... - comenzó el ojigris, avergonzándose por primera vez de su comportamiento.
- Yo no pienso eso... - aseguró, rápidamente, el niño.
- Creo que al menos una parte de ti, si piensa así - suspiró Canuto.
- Yo... - lo intentó, de nuevo, Harry.
- Quiero que entiendas algo, yo te animo a divertirte porque quiero que rías y seas feliz... Pero jamás... JAMÁS voy a estar de acuerdo con que pongas a tu vida en peligro - afirmó Sirius, mirándole fijamente a los ojos.
- Eso ya lo sé, padrino - sonrió el pequeño león.
- No lo entiendes, cachorro... Tú eres lo único que mantuvo vivo en Azkaban, me aferré a ti, a tu recuerdo... - susurró, con un inconfundible gesto de dolor en su cara, el animago.
- No me gusta verte triste... - dijo el ojiverde, lanzándose a sus brazos.
- No estoy triste, sólo quiero que sepas que si te pasa algo yo... - confesó con un temblor en la voz el ojigris, aferrándose a su ahijado en ese abrazo.
- No me pasará nada, ni a ti... Salvaremos todas esas vidas... - prometió el azabache.
- Me conformo con salvar la tuya... - suspiró Canuto.
- Pues yo no, no quiero perder a nadie... - le contradijo el niño, con un gesto de terror en su rostro.
- No te preocupes cachorro, para eso estamos aquí... - lo tranquilizó Sirius meciéndolo suavemente en su abrazo.
-o-
Y aquí termina el capitulo, espero que os haya gustado.
Gracias por leer y gracias por los comentarios.
