N/A. JOJOJO, qué jocoso es esto. LOL.

IURE VEL INIURIA

XXV. ESCAPE

Se lamió la yema del pulgar, y pasó la hoja amarillenta. El libro era antiguo, y unas hojas se pegaban contra las otras, haciendo difícil la lectura. Debía ir despacio para no estropearlo.

El ruido de una puerta abriéndose la interrumpió, y alzó la cabeza para ver a Pettigrew entrando en la habitación. Enarcó las cejas. ¿Por fin esa rata cobarde se atrevía a estar con ella a solas?

Una sonrisa cruel le cruzó el rostro.

El hombrecillo se detuvo, dubitativo, y se frotó las manos con nerviosismo. Luego intentó sonreírla.

-Eh…

-¿Qué? –cortó brusca, apoyando la mejilla en su mano y el codo en la mesa. Iba a divertirse un poco. Tenía curiosidad: ¿a qué habría venido Pettigrew?

Peter se acercó a la mesa, sus ojillos acuosos merodeando. De Bella al resto de la habitación. Al final se detuvieron fijamente en la pila de libros que la mujer tenía sobre la mesa, y cogió uno, abriéndolo por una hoja cualquiera.

-¿Estudiando?

-Demasiado complicado para ti, ¿no?

Fue despectiva, y sarcástica. Puso a Pettigrew nervioso, y sus dedos no pudieron sujetar el libro, que fue al suelo haciendo un golpe seco. Bellatrix puso los ojos en blanco.

-Lo s-siento… yo…

La mujer se fijó en sus curiosos rasgos: esos dientes prominentes; la nariz puntiaguda, que la movía constantemente... No le extraño que su animago fuese una rata.

-¿Qué quieres, Pettigrew? Tengo cosas que hacer –masculló, señalando a todos los libros que tenía abiertos por la mesa, haciendo por fin un último gesto al que yacía en el suelo.

-Yo… me preguntaba si… si tú querrías… -empezó a agacharse para recoger el libro, y a medio camino levantó la vista y clavó sus ojos en Bellatrix. Estaban cerca. Mucho.

Una sola palabra aparecía grande en su mente: escapar.

-Eh… Tengo que…

Bellatrix se levantó de improviso, haciendo mucho ruido al separar la silla de la mesa. En apenas dos segundos había cruzado la habitación y abría la puerta.

¿Se habría vuelto Pettigrew loco? Estaba intentando… con ella…

Se chocó contra el pecho de Rodolphus.

-¿Prisa?

Sus ojos grises se fundieron con los verdes de él, electrizantes. Él no tardó en fijarse en la respiración pesada de su mujer, y alzó la vista, recorriendo la habitación. Peter estaba en medio de la sala, paralizado, avergonzado y pálido. Libros abiertos por la mesa… y un libro, su libro, en el suelo.

Taladró a Pettigrew con la mirada.

-Uy, uy –bromeó mordaz Rabastan, detrás de su hermano.