DESEOS DEL CORAZÓN

(Desires of the Heart)

Por Zapenstap

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 25 - El Comienzo después del Fin

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La bofetada fue lo fuerte suficiente para girar el rostro de Heero, y por un momento sólo miraba al piso, manos colgando límpidamente, medio doblado de la fuerza de su brazo.

"Qué demonios estás haciendo aquí?" demandó ella, vívida y temblorosa, poseída por un fuego que llameó en su corazón y ardía en furia tras sus ojos. "Cómo te atreves a venir aquí?"

Sabía que había querido protegerla, que no deseaba nada más que salvar su vida, pero de cierta forma era un doloroso y amargo conocimiento. Ella sólo era un cuerpo para él, ya fuese a nivel personal o como una proveedora de paz, simplemente un conducto para sus necesidades. En esta fase de su intimidad la pensaba como una figura y no tenía idea de cómo se sentía—era insultante.

Verlo tan inesperadamente en semejante situación la había inundado con sentimientos que regresaron a un tiempo antes de que se hubiesen tocado y atravesó la ilusión de su relación hasta el clímax de su desconsuelo. Su amor por Heero floreció, escaló y se hundió en el espacio de dos retumbantes latidos. Su rabia ahora era medio implorante, una súplica por que el sufrimiento se detuviera. "Estás tratando de lastimarme? Tienes tan poca consideración por los sentimientos? Mi único deseo es que sólo te mantengas lejos!" Su voz se elevó continuamente hasta que subió a un grito, reverberando por las paredes de la pequeña habitación. "Te odio, Heero!"

Sus ojos se desviaron hacia ella primero, un rico azul oscuro miraba de reojo a donde permanecía a unos pies, su perfil aún ladeado hacia el piso. Luego se enderezó y se giró para encararla.

No dijo nada.

No tenía que hacerlo.

Relena se echó hacia atrás, dedos curvados en su palma mientras retractaba su brazo y caía sobre sus tacones. La piel en la palma de su mano ardía levemente, aunque no podría haber dolido tanto como la mejilla de Heero debía estar ardiendo. La impresión de su mano era de un furioso rojo en su rostro, al menos tres de sus dedos claramente se silueteaban alrededor del pómulo, pero lo que era más sorprendente era la mirada expectante casi resignada en sus ojos. Sólo permanecía ahí sin reaccionar, mirándola como si estuviera atendiendo su funeral y fuera el responsable por su muerte.

Esa expresión la desestabilizó, confundiendo sus pensamientos, perforando su rabia y desmantelando su resolución. Ella no pudo formar palabras para hablar o conjurar insultos para lanzar. No estaba segura de lo que había esperado. Podría haber agarrado sus brazos, empujarla lejos, replicar enojado, o incluso golpearla. Él podría haber hecho una mueca de dolor, o un gruñido o gritado o demandado saber quién demonios pensaba que era. Había esperado algo que hubiese alimentado su fuego en furia, para permitirle licencia de exponer todas las dolorosas emociones acumuladas en su pecho. Había construido un torrente de desalmadas acusaciones que había estado afilando por semanas; preparando liberar sobre Heero una cadena de abuso verbal en respuesta a su dolor si se atrevía a darle razón para usarla.

Él le había dado la razón sólo con venir aquí, pero no había esperado que enfrentara en silencio su rabia, o que incluso el más pequeño jirón de compañía de su parte la desarmara de esta manera. Definitivamente no había esperado ver tal resolución en sus ojos al verla, y no había pensado qué le haría verlo. Estar cerca a Heero ahora—después de haber pasado las últimas semanas tratando de olvidar su rostro—era como haber estado enterrada en la oscuridad y rodeada por frío sólo para serle ofrecida la repentina presencia de una vela, una débil e intermitente luz que estaba iluminando, pero también fría, insensible e inconsciente de su necesidad por ella. Todo lo que había querido al borrar a Heero de su presencia era extinguir esa luz, patear a Heero donde doliera hasta que se rompiera o quebrara o desapareciera, para destruir su dependencia en su brillo sólo para probar que podía enfrentar sola la oscuridad… y aún, realmente no quería vivir en la oscuridad. Confrontarlo de esta manera—furiosa de tener que verlo cuando le había ordenado alejarse y aún ardiendo con la necesidad de tenerlo cerca otra vez—era como intentar derribar una pared de roca con sus puños, una pared que preferiría cubrir con rosas.

"Te dije no protegerme," dijo ella, y se encontró incapaz de encontrar sus ojos, aunque miraba la cafetera lo fiero suficiente para romper el vidrio, apretando sus puños y temblando desde sus hombros hasta sus rodillas. "Te dije que no quería verte." Cuando lo vio en la audiencia había sentido mariposas cosquilleando su estómago y rayos de luna estallaron dentro de su cabeza. Cuando la sacó de ese escenario su corazón había explotado en fragmentos de vidrio iriscente y había respondido aferrándose a él con cada pulgada de su ser. Aún podía sentir el cuero de su chaqueta en sus dedos y el contacto de su piel cuando su mano se había envuelto firme pero gentilmente alrededor de su muñeca. "Pensé que había sido clara."

Heero aún no dijo nada.

En vez se giró hacia la puerta y revisó la seguridad del cerrojo y la silla que había colocado bajo el pomo. Ella levantó la mirada, pero su atención no regresó a ella. Sin mirar en su dirección, sacó su comunicador y lo encendió. Sus adentros hirvieron.

"Aquí Heero Yuy. La Vice Ministra está segura." Hubo una respuesta, pero el volumen estaba tan bajo que Relena no pudo distinguirla claramente. Pensó escuchar que alguien iba a venir a verlos, pero casi fue imperceptible. "Sí," dijo Heero en respuesta, y luego escuchó. Escuchaba atentamente, su rostro vacío como una tabla, mortalmente apuesto aún sin expresión. Escuchaba limpia y claramente, dirigiendo toda su atención a la tarea en mano, casi gentil en su recepción y manejando la situación cuidadosamente. Relena lo observaba como a través de una ventana, y la amargura en su pecho ascendió a un punto elevado. "Sí, me ocuparé de eso. Cambio y fuera." Las palabras salieron de sus labios en baja y distintiva pronunciación. Luego apagó su comunicador.

"Todos están bien¿" preguntó Relena en tonos tranquilos y controlados, desviando automáticamente algo de su atención hacia asumir responsabilidad por las repercusiones de lo que sea que hubiese pasado en el auditorio, pero aún mientras trazaba un plan de contingencia con el cual manejar la situación política y humanamente, el lado emocional aún estaba asediado por el hombre ante ella, un hombre que parecía perfectamente contento de desgraciar su existencia. Su corazón latía espasmódicamente, como si fuera una piedra siendo lanzada en su pecho por un niño despreocupado.

El silencio se extendió mientras Heero evitaba sus ojos, mirando la unión delante de él donde la pared encontraba el piso. Ella esperó mientras movía su mirada para escanear la habitación, observando la ubicación del mobiliario, notando todos los objetos en todos los escritorios y mesones y evaluando la falta de alguna ventana o puerta extra. Esperó hasta que se giró sin mirarla, moviendo su mirada hacia la puerta y revisando el cerrojo otra vez.

"Heero, háblame!"

La demanda fue un sonoro latigazo de dolor, una caverna en su corazón donde su amor por Heero se había hundido sin esperanza de sobrevivir.

Era el peor sentimiento en el mundo, no ser reconocido por alguien que había amado íntimamente, alguien a quien había anhelado por años, que encapsulaba todas las cualidades que había querido tener, alguien por quien se había preocupado más vorazmente que en ella misma, alguien que aún amaba profundo en su corazón. Después de todo esto—protegerla, amarla, romper su corazón—podría pensar en ignorarla. Una sensación desesperada y enojada apretó su corazón hasta que tembló con dolor.

El puño de alguien golpeó al otro lado de la puerta.

"Heero? Heero, es Trowa. Estás ahí?"

Fue entonces que Heero la miró, brevemente, y esa misma expresión resignada en sus ojos revolvió su estómago. Se giró rápidamente hacia la puerta, como si la vista de ella lo quemara. "Sí. Cuál es la situación?" preguntó Heero. Sonó calmado.

"Relena está bien?" La voz de Trowa Barton era calmada bajo presión, poseía una suave y aliviadora cualidad que contrastaba la frialdad en los tonos más profundos de Heero. Su pregunta fue seguida por un imperceptible comentario que Relena reconoció de pertenecerle a Wufei.

"Está aquí," respondió Heero. "Cuál es la situación?"

"La gente está asustada, pero nadie ha sido lastimado," dijo Trowa. "Quédate con Relena mientras terminamos de aplicar los procedimientos de seguridad. El área está contenida pero no asegurada."

"Relena estará bien," intervino Heero. "Preferiría manejar lo táctico. Algo sobre esta situación es sospechosa."

"Ya estás en posición," respondió Trowa. "Sería imprudente dejarla sola. Sólo quédate donde estás. Podrían estar tras ella."

"Trowa," gruñó Heero.

"Estoy encerrándolos."

Relena escuchó desde una distancia de unos pies el sonido de llaves moviéndose en el cerrojo del otro lado de la puerta, seguido por pasos alejándose por el corredor.

Encerrados. Se sintió temblar. Quién sabía cuánto tiempo pasaría antes de que el área estuviera lo segura suficiente para dejarlos salir?

Ella observó a Heero probar el pomo, girando el pomo primero hacia atrás y luego adelante antes de soltarlo y alejarse de la puerta. La miró por un momento en silencio, sus ojos pasaban sobre la puerta desde el piso hasta el techo, tal vez calculando qué fuerza sería requerida para derribarla, o tal vez simplemente evaluando las dimensiones de su sellada ruta de escape. Lentamente se giró para encararla.

"Estaremos aquí por un tiempo," dijo tranquilamente, tal vez apologético, como si hablarle fuera una obligación que no podría evitar más.

Ella trató de mantener su rostro compuesto. Quería golpearlo, pero todo lo que pudo lograr fue sacudir su cabeza, un pequeño y comprimido movimiento que sintió más como una vibración que un giro. Sabía que sus emociones debían ser planas en su rostro. Podía sentir la tensión en sus párpados y la leve presión de sus labios, todo dentro y fuera presionado para evitar que su expresión se derrumbara. Era como si aplicar suficiente presión mantuviera junto los pedazos de un globo de cristal; muy flojamente y los pedazos caerían, muy apretadamente y colapsarían hacia adentro.

"No puedo creer esto," dijo ella, las palabras temblaron en sus labios. "Después de todo, cómo puedes hacerlo?"

"Hacer qué?"

"Tratarme como nada!"

Su expresión no cambió, lo cual hizo de la mesurada lógica en su voz más enfurecedora. "Relena, tú no eres nada. Vine aquí para protegerte, aún en contra de tus deseos, precisamente porque no eres nada."

Ella presionó sus dedos en sus ojos para sentir la frialdad de su carne, tomando confort en la oscuridad de sus pensamientos. "Odio esto. No entiendes. Deseo que no vinieras, pero no parece importarte lo que deseo."

Sus cejas se juntaron en una expresión de resentimiento, o posiblemente molestia. "No puedo no protegerte, Relena. Respeto tus deseos, pero nunca podría permitir que algo te pasara que pudiera evitar."

"No sé por qué me sorprende. Nunca has hecho algo que te pidiera, especialmente cuando importa mucho para mi."

Él desvió la mirada, sus emociones un misterio, aunque podía decir que estaba pensando por la intensidad con la que miraba a la nada. "No sé qué es lo que quieres que haga," dijo después de un momento. "No quiero que me odies, pero no puedo dejarte desprotegida."

"No necesito tu protección."

Su rostro se tornó malhumorado. Cuando habló fue casi en un monótono, toda emoción drenada cuidadosamente, incluso la inflexión de sus palabras pronunciadas no revelaron la más pequeña pizca de sentimiento. "Sé que no me quieres cerca. No quise molestarte, pero cuando escuché que algo podría pasar vine aquí con la intención de que nunca me vieras. Y luego…" Él sacudió su cabeza como si deshiciera algo perturbador, aunque su tono no cambió. Cualquier ansiedad que pudiera haber sentido no escapó de los confines de su control. "No estoy seguro de qué pasó en ese escenario, pero por un momento pensé que aún al haber venido aquí había fallado. He estado tratando de alejarme de tu camino, pero no creo que pueda dejarte completamente sola, no si eso significa arriesgar tu vida. Deseo entender por qué quieres que lo haga. Sé que te he lastimado, y sé que me odias…" Su control titubeó levemente, luego se calmó de nuevo y retomó el paso, "… que no quieres que te proteja, ni salve tu vida, pero importas demasiado para mi como para cumplir ese deseo."

Ella deseaba poder sentarse sin lucir más débil de lo que ya estaba. "Importo para quién, Heero? No entiendes. Te odio porque te amo, porque te amo y porque ahora sé que mi amor significa nada para ti. Quieres proteger mi cuerpo de las balas, pero puedes apuñalar mi corazón sólo con estar muy cerca. No he podido pensar en nada últimamente excepto lo mucho que me desprecio por dar tanto de mi para que protejas."

Él abrió su boca, pero ella se adelantó.

"Cómo puedo creer honestamente que significo algo para ti? No has hecho nada sino rechazarme, hacerme a un lado e ignorarme desde antes de ser consciente de que no te preocupabas. En esa fiesta, sabías que estaba vulnerable, y aún me dejaste por esas otras mujeres. Realmente piensas que me preocupa tanto ser herida por balas cuando tú estás cerca? Eso es lo último en mi mente, Heero, y duele, incluso ahora, aún esta noche! No necesito tu protección. Lo que quiero es que me dejes olvidarte," dijo ella, y supo que le dolió escucharlo. "Quiero que olvides que me apoyé en ti, que te necesité o te amé. No creo que pueda hacerlo sola si no olvido eso."

El rostro de Heero se retorció en una contorsión de emociones conflictivas. Relena luchó por aferrarse a su propia compostura, los pedazos de su corazón crujían bajo la presión de su control, luchando con derrumbarse y destrozarla con el colapso. Estaba muy enojada para llorar, y muy orgullosa para dejarlo verla. No necesitaba su consuelo más de lo que necesitaba su protección. Ciertamente no necesitaba que la viera tan débil y vulnerable. Se odiaba en este momento. Se odiaba cerca a él y todo sobre ella que tuviera que ver con él. Todo era un desastre, los rotos fragmentos de un sueño despedazado.

"Siento lo de esa noche," dijo él al fin. "Fue confuso. Muy pronto. No sabía qué hacer."

"Lo sientes," repitió ella en una voz que le faltaba fuerza y convicción. No sabía lo que quería decir o qué pensar. Tal vez sonó burlón.

Los ojos de Heero se tornaron en un tono más brillante y fuerte, puestos en ella con una atención que la desvistió de sus defensas. "No quise lastimarte," continuó él, bruscamente esta vez, sus ojos destellaban con la misma rabia que sentía. "Sé que lo arruiné! Deja de mirarme así. Deja de pensar en razones para culparte. Deja de castigarme. No quise que nada de esto pasara!"

Ella se sintió golpeada por sus palabras. "Cómo se supone que debo sentir? Me rechazaste, Heero! Me dejaste creer que me amabas y luego me trataste como si fuera nada! Pensé que teníamos algo juntos. Creí en nosotros!"

Se ahogó cuando él avanzó hacia ella, sus palabras pegajosas en su garganta. La zancada de Heero lo llevó hacia ella rápida e intencionalmente, como un rayo dirigido a su corazón. Tomó sus hombros en sus manos, sujetando sus brazos y clavando sus dedos en su piel hasta que gritó.

"Pensé que morirías," dijo él entre dientes. Su rostro y voz eran aterradores. "Te vi golpear el suelo. Por un segundo pensé…"

Su cabeza cayó hacia adelante como la de una muñeca, pero la levantó de nuevo. "Tú me tratas como si fuera todo un minuto y nada al siguiente. Si puedes salvar mi vida crees que estás protegiéndome, pero no te preocupas por mí. No te preocupas por como me siento por ti. Tú…"

"Cómo que no me preocupo!" Él estaba temblando tan fuerte que ella se sacudía en su agarre. "Cómo puedes acusarme de no preocuparme? Qué demonios quieres de mí? Quieres que te corteje, baile contigo, hable de todo contigo, comparta mi vida contigo? Todos mis secretos? Todo mi dolor? Quieres que te haga el amor? Quieres casarte y vivir feliz por siempre?" Estaba gritando, su voz no era ensordecedora tanto como cruda e intensa, pero más fuerte de lo que ella haya escuchado, como un rugido en sus oídos.

Ella gritó en respuesta. "Sí! Eso es lo que quiero!" No luchó en su agarre. Lo miró a los ojos, su rostro obstinado y fuerte, intentando intimidarlo a pesar de las lágrimas, demandando que se saldría con la suya, demandándolo porque estaba bien, porque lo merecía.

En silencio le sacudió su cabeza, respirando duro y boca levemente separada, aparentemente asombrado de haber perdido tanto control. Aún estaba sujetándola por los hombros, no tan dolorosamente como antes, y sus ojos estaban fijos en su rostro como si fuera lo único que pudiera ver. "Eres hermosa," dijo él, simple y honestamente, sin velo o asombro y sin querer que sonara como halago. Sus manos subieron hacia su cabeza, acariciando su cabello alrededor de sus mejillas. "Sabes que lo eres, verdad? Casi me haces querer…" él descolgó su cabeza y la soltó, alejándose hasta que golpeó la pared y echó hacia atrás su cabeza, cerrando sus ojos. "No puedo hacer esto."

Ella estaba temblando. Fue tan malo que tuvo que contener sus propias manos para mantenerlas tranquilas. Se sentía mejor y peor al mismo tiempo, mejor al finalmente haber liberado lo peor de su enterrado dolor, y peor de tener que sufrir la consecuencia, mejor porque él aún la quería, peor porque no podía tenerlo. No estaba completamente segura de qué había pasado o qué quería decir, pero no se sintió plácido o victoriosa. Habiendo lastimado a Heero con sus palabras y habiendo sida lastimada a cambio, todo lo que quería ahora era escapar.

Pero la puerta estaba cerrada.

"No sé lo que quieres decir," dijo ella, su voz lo suave suficiente para que no pudiera escuchar el temblor. "Cuando reapareciste la primera vez pensé que todos mis sueños se habían hecho realidad. Entregué todo lo que tenía a ese sueño."

"Relena." Heero pronunció su nombre suavemente, como una brisa, una corriente de aire fresco que irrumpió desde su reserva y la bañó. Fue suficiente para forzar una brecha en su compostura. Giró su cabeza rápidamente para que no viera sus lágrimas. La voz de Heero tomó un tono desesperado casi atractivo, un tono que no sonó natural en la suave y oscura cualidad de su voz. "Qué puedo hacer? Qué debí haber hecho? No podía dejarte desprotegida." Él no dijo nada más, pero ella podía escucharlo pensando, buscando algo que decir, sabiendo que nada haría. Su decisión de ordenarle salir de su vida, incluso al costo de su vida, no era una resolución práctica, y ninguna justificación razonable para sus acciones. Su decisión de odiarlo no estaba basada en ninguna cualidad merecedora, sino en un capricho que aliviara su roto corazón. Él no habló, pero el dolor inundó su rostro, el dolor de la inutilidad, de la miseria.

Ella tembló ante esos ojos.

"No es que quisiera que me dejes morir o resultar lastimada," dijo ella rápidamente. "Es sólo que duele verte cuando no puedo tenerte. Eres…" Ella pensó en todas las cosas que quería decirle, el castigo que de cierta forma la compensaría por sus sentimientos destrozados. No podía explicar por qué llegaban lágrimas para reemplazar sus palabras, derritiendo ese torrente de reprimendas y las laceraciones muy personales que había querido inflingir en él. Las lágrimas llegaron a pesar de sus esfuerzos por detenerlas, no por su pérdida de amor, sino porque realmente no quería lastimar a Heero más de lo que él a ella.

La realización la golpeó con fuerza, y sus lágrimas y rabia se desvanecieron en un instante.

Ella tomó un profundo respiro. "Dijiste que nunca me amaste y nunca quisiste hacerlo." Y aún ahora le había dicho que era hermosa. Casi la había besado antes de alejarse? Qué significaba eso? Qué si era lo que no podía hacer? "Qué dices ahora?"

Heero se apoyó con sus manos planas contra la pared, mirando al suelo entre las puntas de sus botas negras. "Nada ha cambiado, Relena."

Su corazón latía fuertemente y cerró sus ojos, fortaleciéndose contra el dolor pero obligándose a preguntar de nuevo. Mentalmente se preparó para la explicación, nublando su mente y corazón al recordarse que la decepción ya había sido enfrentada. Nada había cambiado, dijo. Ella había pasado semanas pensando en qué no había cambiado, retomando sus palabras, recordando sus propios arrepentimientos, interpretando el significado de los mudos deseos de Heero, intentando entender sus sentimientos y sus razones para ellos: Ella no era lo que estaba buscando, se preocupaba por ella pero no la amaba, no debió haber tenido expectativas tan altas, aún si la atracción estuviese ahí, algunas veces los sentimientos se desgastan y no pueden regresar… etc.

Al principio Heero no continuó, aunque debió haber sabido que esperaba una explicación. En vez, permaneció apoyado contra la pared tan callado como una piedra, mirando a la nada, mirando algo que Relena no podía ver. Cuando habló fue casi para sí. "No estoy listo para esto," dijo. "No creo que estaré listo para esto. Lo que sea que quieras… no es a mi."

Lo que quería? Ella levantó su cabeza, estudiando lo que podía ver de la cara de Heero bajo su cabello. Había tensión en cada línea, una mancha que parecía familiar para Heero por la forma en que el foco de sus ojos parecía dirigido al interior, manejando estrés que parecía más antiguo que este momento, más antiguo que su relación, una lucha que había continuado por años antes de que se hubiesen conocido.

La golpeó que estuviera lastimado, lastimado por algo que era más que por los eventos de un día o un año, lastimado como intuitivamente siempre lo había sabido, aunque se hubiese rehusado a admitirlo o a compartirlo con ella. No lloraría, incluso no reconocería el dolor. Sus labios se separaron instintivamente. "Heero…"

Ella estaba a punto de decir que estaba bien, que entendía que estaba luchando y que podría aceptarlo y a su pasado y amarlo y hacer espacio para eso. Pero entonces se le ocurrió de repente que eso no era necesariamente verdad. No era el pasado evidencia suficiente? Era una simple verdad de que tuvo cosas que quiso, cosas que esperó, una idea de vida y amor que era muy diferente de algo que hubiese experimentado Heero. No se había dado cuenta de cuán profundamente estaban arraigadas en su existencia hasta que sus expectativas fallaban en cumplirse. Siempre había pensado que era sensata, conforme, adaptativa… Pero tal vez no era verdad. Tal vez no se conocía y a sus deseos tan bien como pensaba. Tal vez tampoco conocía muy bien a Heero.

Había pensado que era perfecto.

"He estado tratando de entender qué es lo que quiero," estaba diciendo Heero, y le tomó un momento darse cuenta que había hablado y procesar las palabras. "Lo arruiné, lo sé, pero no quise lastimarte. Relena…" Él dijo su nombre lentamente y pausó, levantando la mirada del piso, no hacia ella sino a la pared, oscuros ojos azules parecían brillar con el fervor de sus pensamientos. "Al principio fue sólo una idea. Pensé que podría adaptarme al hacer lo que hacían otras personas, al hacer lo que se supone debe hacerse. En el pasado, cuando pensaba en ti creía que tal vez había una oportunidad que de pudiera existir y vivir como vivían las otras personas. Siempre has tenido esta fe en mí que nunca he entendido. Es como si pensaras que planeo que las cosas pasen como pasan y que lo creo de alguna forma. Pero eres tú quien lo hace, no yo. Nunca he creado nada. Sólo reacciono con lo que siento en cualquier momento dado. Toda esta relación—todo lo que ha pasado entre tú y yo—ha sido así. Nunca lo planeé o pensé a dónde iba o me pregunté cómo afectarían mis reacciones a otras personas. Incluso a ti. Asumí que tenías todo eso resuelto y harías de eso algo hermoso sin mi ayuda. No creo que pueda ayudar." Pausó, abriendo agujeros en la pared. "Te mentí sobre la guerra. Sueño con ella todo el tiempo, incluso ahora, casi todas las noches, excepto por un breve período donde soñaba contigo. Pero no duró mucho. Aún antes de ir en esa misión supe que las cosas estaban cambiando. Los sueños regresaron, y entre más serias se ponían las cosas entre nosotros, más sofocado comenzaba a sentirme. Sabía que no podría vivir en lo que estabas creando, pero fue más que eso. No se sintió bien. Los sentimientos que tuve por ti—los sentimientos que aún tengo por ti—son importantes para mi, pero son una autoayuda, algo para distraerme de todo lo demás; no son lo que pensarías es amor. No me di cuenta al principio, y no estoy seguro que sepa cómo explicarlo ahora. Me gustas y estoy atraído a ti, pero realmente no te quiero alrededor. Aún si toda la expectativa, el tipo de responsabilidad emocional que va en este tipo de cosas es demasiado de tratar para mi. No quiero estar pensando en ti todo el tiempo, o tener alguna obligación o responsabilidad por tus sentimientos, aún cuando sé qué soy ahora lo quiera o no. No sé si realmente tiene algo que ver contigo, ya sea porque no eres lo que es bueno para mi o si es sólo el estado en el que estoy ahora; todo lo que puedo decir es que esta relación no se siente bien. Sólo la dejé llegar lejos porque sabía que era importante para ti y no quería destruir lo que habías creado. Parecías tan feliz."

Relena cerró sus ojos, tomando profundos y calmados respiros, dejando que las palabras de Heero la bañaran.

"Fue un error," continuó él. "Sé que te lastimé. Siento no comunicar lo que…" Luchó, buscando las palabras para explicarlo.

Ella permaneció en frente de Heero sintiéndose vacía, drenada de todo excepto decepción y orgullo herido. Nunca le había dicho tanto antes, y se preguntó lo difícil que fue, y cuánto había estado pensando en eso. Se le había ocurrido antes que Heero podría no conocer sus propios sentimientos, o no sabría cómo describirlos, pero realmente nunca había pensado en cómo se sentiría para él, o qué significaría para ella. Todo lo que podía decir era que lo que sentía no era lo que ella quería, y no podía estar de acuerdo.

Entonces qué quería? Claramente era algo irracional, como consistente con sus fallas normales. Él tenía razón. Nunca había estado contenta con sólo Heero. Quería el sueño de Heero, su príncipe del cielo; quería que Heero satisfaciera el deseo de una joven de amor y romance, excitación y seguridad. Cuando lo conoció pensó que había encontrado el imposible, un joven cuya fuerza de voluntad fue suficiente para darle la fuerza y el coraje que necesitaba para superar su dolor y abrazar un destino de su propia elección. Había pensado que su aceptación hacia él había forjado un vínculo donde ella podría devolver el favor al darle a Heero la fe y la esperanza que necesitaba para volverse el tipo de persona que necesitaba un mundo pacífico. De cierta forma, tal vez lo hizo, pero no era su error. Su error fue pensar que su relación, lo que sea que fuera, estaba destinada u obligada a completar la fantasía que había comenzado su parte del viaje.

Por supuesto estaba dolida. Había sido como una pequeña niña, una niña cuyo primer sueño había sido destrozado y quien pensaba que la vida tenía que ir con él. Por supuesto lo había tomado duro. Lo había tomado duro porque en adición a idealizar a Heero también había esperado perfección de ella misma. Había querido el romance perfecto, el amor perfecto, la perfecta experiencia sexual, todo conduciendo a un perfecto final feliz. Y por qué no? Ella era Relena Peacecraft, o lo había sido alguna vez. Pero ese sueño realmente nunca había sido uno real. Relena Peacecraft era una ilusión, y siempre lo había sido.

Finalmente lo entendió. Heero era débil, como ella, y terriblemente confundido ante eso; estaba, como Wufei se lo había explicado cuando aún estaba muy autocompasiva para escuchar, suspendido entre dos mundos, sobre extendido a todos sus extremos. Heero llegó a su vida cuando necesitaba desesperadamente a alguien. Había querido ser bueno para alguien, cuidar de alguien, ser íntimo con alguien. Lo había tratado, y falló, entrar en una vida que nunca había conocido.

Fue un gesto de sumisión cuando sus manos cayeron límpidas a sus costados, dejando ir la culpa que tan desesperadamente había querido depositar en Heero; culpa por algo que fue accidental, o al menos no intencional. Sin duda, mucho de eso había sido su propia culpa. Si alguien debió haber cargado con la responsabilidad de la comunicación, debió haber sido ella, quien se enorgullecía de su habilidad para resolver disputas con sólo hablar. Por supuesto, saber no aliviaba el dolor de perder el primer amor de su vida; sin duda, en algunas formas lo hacía más difícil, la hacía sentir peor por todo. Aún quería a Heero más de lo que hubiese querido algo, y alguna parte de ella estaba ocupada pensando en cómo podría cambiar para continuar y amarlo, pero lógicamente, de todo lo que había pasado y de la propia admisión de Heero, sabía que no era probable, o aún en el mejor interés de alguno de ellos, para buscarlo algo más.

Al final, un corazón roto aún era un corazón roto.

Heero aún no había levantado la mirada desde donde estaba, perdido en sus propios pensamientos, pensando oscuramente en los errores que había cometido en el pasado y nubladamente en la incertidumbre de su futuro solo.

Relena se movió casi automáticamente hacia él, deteniéndose lo cerca suficiente a donde su presencia inundó todos sus sentidos. Alcanzó para tocar su chaqueta, pasando sus dedos sobre el cuero y mirando la etiqueta de Preventivo cosida sobre el pectoral izquierdo. Estuvo consciente de su movimiento para mirarla, podía sentir sus ojos caer de su rostro hacia el rumbo indefinido de sus dedos. Ella no estaba segura de lo que quería, ciertamente ningún tipo de reciprocidad, no ahora; tal vez sólo quería llenarse, imprimir un recuerdo de Heero Yuy mientras su certeza y calma duraran.

No esperó que sus brazos se envolvieran a su alrededor y la halaran en un abrazo casi estrujador, pero lo hicieron. Él la levantó y se deslizó contra la pared, ambos de sus cuerpos se hundieron en el suelo en un enredo de extremidades, ropa y cabello. Las duras tabletas de cerámica se sentían frías contra las desnudas pantorrillas y tobillos de Relena, pero no lo notó a través del calor del pecho de Heero, envuelta como lo estaba en cuero, su rostro presionado en el cuello de su chaqueta y sus brazos envueltos fuerte y confortantemente alrededor de su espalda.

"Lo siento," le susurró él en su oído, y ella comenzó a llorar, incapaz de contenerlo cuando estaba abrazándola. Sus lágrimas no eran de rabia o depresión, sino de la pena que llegaba con la pérdida, la desilusión y el conocimiento de que tan pronto como terminara de llorar tendría que dejarlo ir y continuar. Pero era diferente llorar en brazos de Heero que llorar sola, y se aferró a él mientras lloraba, una mano envuelta alrededor de su cuello y la otra clavándose en su hombro. Él la abrazó sin decir nada, pero todo su cuerpo la mantenía cerca, y daba la impresión de que sin importar qué, estaba a salvo.

"Quería que me amaras!" lloró en su hombro, y gritó las preguntas retóricas que sabía no tenían respuestas, las preguntas que no podían responderse razonablemente, y que aún le causaban mucho dolor. "Por qué no lo hiciste? Por qué creí que lo harías?"

Su mano se movió de su espalda para alisar su cabello, y también pareció aliviar sus lágrimas. "Lo siento," dijo. "Fui descuidado. Lo siento."

Sus lágrimas manchaban las mangas de cuero de su chaqueta y se aferró al material. Gritó hasta que su garganta dolía, hasta que sus ojos estaban rojos, sus pulmones adoloridos y no pudo llorar más. Cuando gastó todas sus lágrimas se detuvo, respirando profundo para evitar hipar, cerrando sus ojos contra el pecho de Heero y sumergiéndose completamente en un lugar y tiempo que no parecía existir realmente. Un buen llanto siempre la hacía sentir como si estuviera soñando, como si su realidad se hubiese vuelto un mundo de todas las cosas suaves e indistintas, pero durante ese momento de surrealismo, sus lágrimas se secaron en sus mejillas.

"Heero," dijo ella al fin, y supo que estaba escuchando aún si no dijera nada. "Siento que haya hecho difíciles las cosas, pero no por nada más."

Él se movió, tal vez suspirando, respirando profundamente que su cabeza subió y bajó con el movimiento de su pecho. "Qué quieres decir?"

"Aún cuando duela ahora, no siento amarte. Y no siento haber creído que me amabas, o por lo que tuvimos juntos. De todos los modelos que he construido en mi cabeza e idolatrado con los años, mi idea de ti y mi amor por ti han significado mucho para mí. Estoy feliz de creer en él porque esa creencia me hizo crecer y cambiar en formas que nunca hubiese concebido. Pero también estoy contenta de haber llegado a ver cómo son las cosas realmente, aún cuando me ha dolido y aún cuando te lastimé por eso. Lo que sea que pase, quiero que sepas que creo que necesitaba esto. Conocerte realmente me ha cambiado, y aún si no significo nada para ti, ahora o en el futuro, siempre estaré agradecida por eso."

"Tú siempre significarás algo para mi, Relena."

Ella asintió pero no pudo hablar más. Sin decir nada estaría en su corazón para siempre, aunque no siempre podría amarlo como ahora. Alguna parte de ella siempre lo idolatraría y se preocuparía por él; una parte de ella siempre querría lo mejor para él, aún si no fuera ella, sin importar cuánto doliera; nunca lo olvidaría.

Heero besó su cabello, sus labios se presionaban en su cuero cabelludo, y ella cerró sus ojos, escuchando el sonido del silencio en esta pequeña habitación que era como su propio mundo ahora. Quería que su último recuerdo de Heero—si un último recuerdo tuviera que tener—estuviera lleno de esperanza y pureza, un reflejo de la fuerza y amabilidad que la había llevado a él en primer lugar. Metió su recuerdo de esos momentos en un rincón de su corazón y sólo recordó lo que se sentía tener sus brazos a su alrededor, intentando proteger y preocuparse por ella, intentando aprender cómo proteger su corazón.

"Te amo," dijo ella, no con reverencia, sino simplemente, sólo para decirlo una última vez. "No sé a dónde irás o qué estás planeando hacer, pero si estás listo, ven a verme."

"No esperes por mi," dijo él. "Lo digo en serio, Relena. No estoy planeando regresar."

Fue un rechazo, suavizado un poco para amortiguar el golpe, pero también lo que esperaba. Aún así, tuvo que contener una ahogada sensación en su pecho y garganta antes de poder asentir, aceptando lo que debía ser aceptado, sabiendo que eventualmente, algún día, su corazón cogería el ritmo de su cabeza. "De acuerdo," aceptó ella en un susurro que apenas pasó por sus labios.

Él la abrazó una vez más, pero ella se movió para soltarse. Si verdaderamente se había terminado entonces era momento de continuar; no podía quedarse aquí todo el día y no quería. Desenredándose de Heero, se levantó, estirando su espalda y saliendo a su propio espacio. Se giró para observar a Heero enmudecida, conteniendo sus sentimientos por él en su corazón, tratando de ocultarlos de su cara. Tuvo que pretender que lo había superado, al menos por ahora. Heero se puso de pie sin ceremonia, su rostro impasivo e indiscernible. Se preguntó cómo se estaba sintiendo. Tal vez estaba melancólico, arrepentido o triste por ella, pero igual era probable que no sintiera nada, o que se sintiera contento, aliviado o complacido. No podía culparlo por lo que sea que sintiera con más justicia por la que pudiera culparse por sus sentimientos; estaba contenta de que su control sobre sus expresiones la detuviera de verlo. Sabía que quería que Heero fuera feliz, algún día, pero prefería no saber de eso todavía. Tal vez en unos meses…

Él sacó su arma y apuntó hacia la cerradura en la puerta.

Ella salió de sus pensamientos. "Todo está bien?" preguntó.

Él gruñó. "Mantenerte a salvo no fue la razón para encerrarnos aquí."

"Oh," dijo ella, y decidió no comentar más, pero puso una mano en su brazo antes de halar el gatillo, deteniendo el disparo que abriría la puerta y los liberaría de la habitación así como de la presencia del otro. "Heero, hay algo que me gustaría que hicieras por mi si no tienes prisa."

"También hay algo de lo que necesito ocuparme. Qué necesitas?"

"Necesito regresar al auditorio. Los Preventivos deben haber mantenido a todos en el mismo lugar y yo necesito estar con ellos. Me siento responsable por esas personas. Podrían estar en pánico, o heridas…" Ella tomó un profundo respiro, endureciendo su resolución. "Viste a Avery?"

"Él se retiró," dijo Heero sin emoción. "Probablemente dejó el edificio. Sería lo lógico."

"Me escoltarás al escenario?" preguntó ella. "Me gustaría terminar mi discurso, pero no puedo ir allá desprotegida. Creo que mi regreso sería más tranquilizador si un Preventivo fuese visto protegiéndome."

Él asintió. Cuando no tuvo nada más que decir, volvió su atención hacia el cerrojo en la puerta. Realineando su blanco, disparó un tiro limpio y directo, la expulsión de la bala amortiguada por un silenciador.

El pomo cayó al piso, muerto, y la puerta se abrió.

Aire fresco entró en la habitación y Heero y Relena no perdieron tiempo en salir. Afuera en el corredor, a unos metros de los pisos negros que marcaban los bastidores oficiales tras el auditorio, la ansiedad se suspendía en el aire como un velo gris, el murmurado zumbido generado por una multitud de personas nerviosas resonaba con temerosa aprehensión. Nadie ocupaba los bastidores tras las cortinas, ni personal del evento ni asistentes técnicos o la más leve pizca de seguridad. Estaba en el auditorio, un lugar que Relena no podía ver tras la cortina, una audiencia esperaba por una resolución. Sus voces retumbaban como un pequeño terremoto en un desierto, enmudecido y violento, pero muy cargado para guardar silencio; era una atmósfera indicativa de control pero no serenidad, salvedad pero no seguridad, aceptación pero no felicidad.

Relena se identificaba con esos sentimientos, su corazón se conectaba con los corazones de aquellos que esperaban. Entendía esa sensación de expectativa, de tanta espera por algo que esperaba se volviera más insoportable que la falta de lo que esperaba. También entendía la confusión y la pena que un inesperado desastre podría causar en el corazón cuando la expectativa era insatisfecha. Para las personas en el auditorio, esos sentimientos estaban vinculados al shock que un ataque en sus líderes había despertado en los pechos. Habían venido esta noche esperando celebrar un anuncio formal de una decisión que sabían ya se había tomado. Habían esperado ver a Relena apoyar a Tom Avery como candidato para la Presidencia de la ESUN y asegurar su futura felicidad; en vez, habían visto a Relena derribada y observaban mientras Avery los abandonaba. Qué portento debía llevar sus palabras mientras se sentaban juntos y pensaban sobre el repentino y torpe instrumento del destino?

Hoy era el día en que arreglaría todos sus errores recientes.

Relena miró el perfil de Heero en la luz, no por consuelo, sino como un recordatorio de que ahora en adelante tendría que sostenerse en su propia fuerza. Estar sola aquí con él no era el mismo tipo de privacidad que habían compartido detrás de las puertas cerradas, pero era íntimo en una forma diferente. Una vez, antes de haberse vuelto lo que eran ahora, la idea de permanecer juntos con Heero en el extremo final de una crisis la hubiese llenado con convicción y la determinación para resistir a la oposición y reconstruir lo que sea que se hubiese roto. Ahora sólo sentía la calma de la inevitabilidad, aceptando el curso de los eventos como un desastre natural que nadie podría haber previsto o detenido, y por el cual no había nadie a quien culpar y nada que resistir. Todo eso fue dejado para evaluar el daño de las ruinas dejadas por la calamidad y tranquilamente comenzó a levantar los pedazos—no para reconstruir, sino para continuar. Y eso también era fuerza.

Como si sintiera sus pensamientos, Heero giró su cabeza para encontrar sus ojos y le dio un movimiento de cabeza.

"Gracias," dijo ella, y lo decía por todo, incluso el dolor en su corazón, dolor que usaría para fortalecer su resolución y reformar su espíritu. También era—en cierta forma—una despedida.

Tomando un profundo respiro, Relena avanzó, alejándose de Heero y entrando al ala al lado del escenario donde la luz era ensombrecida por la cortina. Heero la siguió rápidamente, flanqueándola, pero también como una sombra insustancial. Cuando emergieron en la dorada luz del escenario, las murmuraciones de la multitud se silenciaron. Heero fijó ojos con la peligrosa zancada de un hombre que nunca había fallado en completar una tarea a la cual estaba asignado, sin importar lo violento o arriesgado, pero era Relena quien atrapaba corazones. Relena subió al escenario como la corriente del viento o el fluido del agua, su fluidez y pasos mesurados atraían miradas en una ola que comenzó a un lado del auditorio y se extendió fieramente hacia el otro. Cuando los ojos aterrizaron en su figura, iluminada como lo estaba bajo la luz del auditorio, las voces cesaron de sonar, y para cuando alcanzó el auditorio, había atraído la incondicional atención de cada persona en la habitación. Heero se detuvo a unos pies de la cortina, pero Relena continuó, cruzando el escenario sola hasta que alcanzó el podio que había sido arreglado para Avery en el centro del escenario. Pausó tras él, su mirada desplazándose por el salón en una calmada evaluación de aquellos que estaban presentes para escucharla hablar.

Ellos la miraban, rostros conmocionados se iluminaron con repentino interés y esperanza, aquellos que no estaban sentados se hundieron donde estaban, incluso en el piso en las islas. La miraban como si fuera una aparición, y podrían si la explosión que la derribó en el escenario había estado dirigida para matarla y después de la cual había desaparecido repentinamente. Dudaba que los Preventivos hubiesen permitido que rumores de que estuviera muerta o herida se esparcieran cuando sabían que no, pero los rumores nunca podrían ser completamente controlados sin prueba sólida. Y ahora aquí estaba.

"Buenas tardes," dijo ella en el micrófono, y su voz hizo eco en el silencio. Sabía que esperaban que les dijera mantener la calma, para lograr su propio bienestar, o para anunciar que el perpetrador de la explosión había sido atrapado, pero nada podría haber estado más allá de su mente. Las calamidades del pasado estaban en el pasado. Era momento de avanzar.

"Me gustaría hacer un anuncio," dijo ella. Heero la miró por el rabillo de su ojo, aparentemente curioso, aunque no tuvo que preguntar lo que había planeado cuando tuviera la oportunidad. Ignorándolo, ella esperó, notando que algunos miembros del personal de evento se tambaleaban para activar los operadores de las cámaras de TV que los Preventivos no habían dudado en ordenar apagar durante la confusión, y entonces continuó como si su larga pausa hubiese estado planeada sólo para su efecto dramático. "Vengo a ustedes esta noche como Relena Darlian, la Representante electa para las Colonias y la Vice Ministra de Asuntos Exteriores de la Tierra, y ahora estoy ante ustedes como una mujer penosamente horrorizada." Cuando hablaba era con la fluidez de un discurso practicado, su voz alcanzaba cada oreja, pausando frecuentemente para que el impacto de cada palabra resonara distintivamente en el aire tranquilo y vacío. "Esta noche han presenciado de primera mano evidencia que, a pesar de todo nuestro trabajo en los últimos años, el mundo aún no es una lugar seguro. Este incidente estuvo mal dirigido, y no debe disuadirnos de continuar aquí lo que vinimos a hacer. Los aplaudo por el coraje y la fe con la cual han continuado para apoyar la paz a través de un compromiso a la comunicación abierta, comprensión, honestidad, justicia y creencia hacia el desarrollo de una felicidad más grande entre los seres humanos. Son metas no logradas fácilmente, y algunos les advertirían del peligro de creer muy fuertemente en la fragilidad de tales ideales, pero en lugar de los eventos que ocurrieron esta tarde, sólo puedo asombrarme ante su tenacidad. Dije hace un momento que vengo ante ustedes horrorizada, pero mi pena no es referente al incidente que han presenciado esta noche, ni por ninguna falla suya, sino porque he llegado a creer que yo misma no he estado viviendo con los estándares en mi vida diaria que he endorsado fielmente como nuestro propósito global. He sido diligente pero cautelosa en mis responsabilidades, y como aún estoy aprendiendo y creciendo a través de mis relaciones con otras personas no poseo todo el conocimiento en cómo atar las cualidades en mi y por las que tengo en alta estima en el espíritu de la humanidad." Ella tomó un respiro, sintiéndose temblar con vida, temblando no de nerviosismo, sino de la pasión de la sinceridad. "Sin embargo, no creo que mi debilidad sea causa para dudar, o razón para perder la esperanza. Es a través de comprender nuestros errores y fallas que nos inspiramos para hacer grandes cosas. Es, por lo tanto, que con firme seguridad he tomado una decisión que no anticipé hacer, pero en la cual creo con todo mi corazón."

Un silencio descendió sobre el auditorio, como si nadie se atreviera a respirar por miedo a perturbar la santidad del momento. Relena levantó su mentón, ojos azules destellaban mientras captaban la luz e igualó su voz con el ritmo seguro y continuo de su corazón.

"Deseo dedicar mi vida a la búsqueda y protección de la frágil esperanza de la humanidad de que este mundo puede ser un lugar ideal para vivir, no en la realización de un ideal imposible, sino en anticipación de que el temple de la experiencia de una vida real nos hará lo sabios suficiente para alcanzar una vida más rica y más llena de esperanza al continuar con nuestras metas. Es con esta aspiración que anuncio mi propia intención para postularme a la posición de Presidente de la Nación Unida de la Esfera Terrestre."

Aún antes de terminar de hablar, un rugido eructó en el salón. Relena permaneció sorprendida tras el podio, parpadeando ante un repentino destello de cámaras, su corazón latía en un sonido que lentamente reconoció como un estruendoso aplauso. Su mirada se movió a todos los rincones del salón, encontrando los rostros de las personas que la animaban. Cuando giró su cabeza, captó un vistazo de Heero desvaneciéndose en la oscuridad del ala, muy tarde para decir algo para detenerlo, y sabiendo que no había nada más que decir. Ya habían otras personas subiendo al escenario, Preventivos que nunca habían sido pilotos gundam y figuras oficiales de su trabajo, hombres y mujeres a los que les había dicho numerosas veces que no tenía ambición de lanzarse a la presidencia. Olivia estaba riendo como si Relena le hubiese jugado una buena broma. Algunos de sus otros asociados y asistentes lucían descontentos, no por su elección de lanzarse estaba segura, sino porque había anunciado sus intenciones tan de repente y estarían trabajando toda la noche, probablemente por semanas, para alcanzarle el ritmo a su anuncio. Tendría que designar un personal de campaña rápidamente, y probablemente reclutar gente de su lado quienes ya habían aceptado acompañar a Avery. Estaría furioso con ella, lo sabía, pero no importaba. Ganar o perder, esto era lo que quería, y estaba lista para dar todo lo que tenía, borrar lo que no podía ser y construir un nuevo sueño con materiales nuevos de su propia habilidad y su propia obra.

Era tiempo para continuar. Era momento de reclamar lo que había estado perdido.

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Tan pronto como los aplausos comenzaron a sonar, Heero dejó el escenario, liberando a Relena al brillo de las luces doradas, luces que encendían su cabello y hacía que su figura vestida de blanco destellara como una estrella. Los ojos de Heero se desviaron de Relena hacia la parte trasera de la audiencia donde un hombre permanecía mirando, no a Relena, sino a él. Era alguien que no había esperado ver, pero estaba muy seguro que los otros compañeros querían que notara. Tan pronto como Heero reconoció la atención del hombre al devolver la mirada desde las sombras del ala derecha del escenario, el otro hombre se giró abruptamente y dejó el salón, escabulléndose por las puertas dobles que llevaban directamente al lobby.

Un momento después, una figura con chaqueta de un Preventivo lo siguió.

Y con eso, las últimas piezas del rompecabezas se juntaron.

Lo primero que Heero notó mientras Relena se preparaba para dar su discurso fue que no había habido ningún daño en el auditorio. Unas cuantas luces aparentemente habían volado sus fusibles, pero no había vidrio roto, quemaduras o marcas en el piso, escenario o paredes. Incluso la audiencia no había parecido alborotada. Mientras escuchaba hablar a Relena, Heero había escaneado la multitud, evaluando el humor de la audiencia por el tipo de miedo y pánico que hubiese acompañado una explosión, fuego químico o un tiroteo en un lugar público, pero la mayoría habían estado enfocados en Relena, preocupados por su bienestar, pero no preocupados por el propio. Se habían asustado lo suficiente cuando las luces explotaron arriba y Relena golpeó el escenario, cuando el humo oscureció el escenario y un olor a azufre llenó el aire, pero supuso que una vez que los Preventivos tomaron el control, la seguridad de Relena fue confirmada, y el aire aclarado, todos se calmaron. Sólo Relena había sufrido de lo que sea que hubiese causado la explosión, y era probable que todos hubieran estado hablando de ella.

En verdad supuso que no tenía que salvar su vida, pero lo que había sido salvado como resultado era igualmente valioso.

Después que las puertas al lobby se cerraron a la salida del Preventivo, Heero permaneció por un momento en las alas, satisfaciéndose con un vistazo final de la mujer cuyo corazón había roto y quien por alguna razón se lo había agradecido. Había esperado su rabia, y también sus lágrimas, pero fue sólo en esos últimos minutos cuando la había abrazado que se dio cuenta lo frágil que era ella, lo frágiles que eran los dos, y cuan fuerte debía ser para responder a la crisis de su situación en una forma que había aliviado, si no curado, la más profunda de sus mutuas heridas. Sentía ahora que era desafortunado pero inevitable que las cosas se asentaran de esta forma. Era desafortunado que aún fuera verdad que lo que ella quería o merecía, no pudiera dárselo, e inevitable que el romance y el compromiso que quería de él probablemente fuera algo que nunca sería capaz de darle a nadie; sin duda, Relena podría ser la única mujer que conocería en toda la vida que lo entendiera lo bien suficiente para aceptarlo realmente. Aunque no lo dijo, sintió cuando lo perdonó, comprendiendo su inhabilidad para hacerla feliz a pesar de su amargura, y lo supo cuando de repente admitió entender cómo se sentía ella, y se arrepentía de su despreocupación en lastimarla. Después de eso fue como si una tormenta hubiese pasado, dejando nada sino los solitarios valles de sus almas limpios de ruinas, y una sensación que sólo podría expresarse en silencio y en el consuelo de los brazos del otro.

También estaba agradecido. Subconscientemente, había entrado en una relación con Relena para descubrir si poseía las facultades necesarias para llevar una normal relación humana, si tenía la habilidad para amar y ser amado como las demás personas experimentaban el romance, si de hecho era sólo un muchacho como cualquier otro, y para eso obtuvo su respuesta. Ahora que terminó, supo que tenía que aceptarse y lo que tenía que hacer.

El tumulto de voces cesó mientras Heero se daba la vuelta de la mujer que había tratado de amar e hizo su recorrido por los silenciosos corredores hacia el lobby. Caminó por los blancos pasajes en silencio, reflexionando en su cabeza sobre las palabras que deseaba decir, mucho como Relena lo había hecho para las personas que la adoraban y sacrificaron mucho para ayudarla a construir un mundo en el que sólo ella tuvo la fuerza de convicción de creer, las personas que había rechazado mientras buscaba y resolvía los deseos que Heero no había satisfecho.

Fue una sorpresa cuando Duo emergió de repente de un corredor que cruzaba el de Heero, y lo interrumpió en sus pensamientos. Heero se detuvo cuando Duo se detuvo para esperar por él, luciendo nervioso y moviéndose mientras pretendía no estarlo.

"Uh… Oye, Heero… no me di cuenta que estabas… um, patrullando. Y, uh, cómo está todo?"

Heero ignoró la pregunta. No creía que Duo estuviese involucrado en el engaño del incidente de esta noche, no lo que había pasado en el escenario, sino que probablemente sabía sobre la decisión de Trowa de encerrarlo en una habitación con Relena, y sin duda ya había hecho todo el patrullaje y completado todos los procedimientos de seguridad.

"Necesito que hagas algo por mi," dijo él.

"Uh, seguro. Qué necesitas?"

"Necesito que cuides de mi perro."

Duo parpadeó, rascando su cabeza. "Por qué? Te vas de vacaciones o algo?"

"Me voy al Espacio, y no sé por cuánto tiempo. No puedo llevarlo conmigo. No sé si podré cuidar de él. No dijiste que Hilde podría necesitar un perro?"

"Sí, pero quise decir como un cachorro o algo. Sin ofender, Heero, lo tomaré si quieres que lo haga. Es sólo que me atrapaste un poco fuera de base."

"Es un buen perro. Será un buen guardia. Su nombre es Ted."

Duo rió.

"Qué?" demandó Heero.

"Siempre lo encontré un extraño nombre para un perro."

"Ese fue el nombre con el que llegó. Sólo es un nombre."

Duo tosió y tragó. "Sí, sí, lo sé." Miró a Heero de reojo, seriamente, como si considerara algo. "Vas a irte pronto?" Cuando Heero asintió, Duo suspiró. "Entonces supongo que lo recogeré esta noche? Probablemente te extrañará, sabes."

Heero no dijo nada. Algunas cosas tenían que ser.

"Está bien, bueno a menos que tengas algo más… No? Bueno, supongo que sigo mi camino entonces." Él pasó a Heero, manos guardadas en sus bolsillos y tarareando mientras se iba, pero el tono era menos vívido de lo que podría haber sido, y tan pronto como Duo giró por la esquina, se detuvo. Por un momento, Heero permaneció solo en la intersección entre los dos corredores, mirando el camino por el que se había ido Duo y se preguntó si aún estaba caminando o si esperaba ver si Heero continuaría primero. Duo siempre escondía sus preocupaciones, enmascarando sus emproblemadas ideas y luchas internas tras una indiferencia tan constantemente practicada que Duo podía suspender la seriedad tras el disfraz del buen ánimo y en realidad ser feliz. De esta forma era capaz de relacionarse con otros, pero Heero no pensaba que fuera algo que pudiera hacer para sí mismo. Parecía contraintuitivo para él que relacionarse con otras personas involucraría pretender ser alguien más o pretender sentir diferentemente, y que encontraba contraintuitivo ponerlo en práctica. Pero entonces, muchas cosas sobre las relaciones humanas parecían extrañas para Heero. Era evidencia de que había perdido algo en el camino, y para hacer su propio camino en el mundo, tendría que encontrar su propio paso.

Asintiendo hacia Duo en silencioso tributo y despedida, se giró y avanzó por el corredor en dirección a donde había comenzado. Caminó hasta que el corredor se abrió al lobby desde un pasaje lateral que era una ruta más indirecta que las puertas dobles en la parte de atrás que conducían directo al auditorio cuando estaban abiertas. El lobby ahora estaba despejado de la cantidad de personas que lo habían ocupado antes de que comenzaran los sucesos del día, y el frío mármol podría verse marchando en infinitas filas desde el auditorio hasta las puertas de vidrio y ventanas que daban a la calle. Una mirada por el vidrio reveló una esperada falta de vehículos de ayuda en la calle para responder a cualquier llamada de emergencia, ni alguna prensa local o internacional salvo por unos cuantos individuos aburridos que habían estado sentados en los escalones incluso antes de que las puertas se hubiesen abierto la primera vez para dejar entrar al público. Fue confirmación suficiente que—como lo esperaba—ninguna llamada de emergencia había sido hecha.

Tres figuras permanecían en el costado lejano del salón no tan lejos de las puertas de vidrio, escondidas parcialmente del exterior por una enorme columna de piedra y aparentemente no les preocupaba ser vistos. Heero los observó en silencio desde la entrada al corredor que conducía a bastidores, asumiendo que sabían que estaba ahí, y preguntándose qué iba a decir.

Antes de que hubiese salido a ese escenario Heero había esperado confrontar a Trowa, Duo, Wufei y posiblemente Quatre por ocasionar el incidente que—antes de haberlo razonado—lo había obligado a romper su promesa a Relena. Lo que no había podido descifrar era por qué una de esas cuatro personas prepararía algo. Ninguno de los antiguos pilotos Gundam estaban relacionados lo bien suficiente con la situación de Relena y suya para haber sabido cómo actuar, y en tanto como sabía, ninguno de ellos posee el incentivo. Podrían haber sentido pena por Relena, y tal vez por él, pero meterse en sus asuntos privados en una forma tan peligrosa e impersonal había tomado un acercamiento insolente y casi insensible.

Sin embargo, estuvo aliviado de descubrir que ninguno de los pilotos gundam tuvo la culpa.

O no completamente la culpa. Wufei aparentemente había sabido algo sobre eso; suficiente para seguir a la figura con la que Heero había intercambiado miradas con expectativa más que sorpresa, suficiente para saber no hacer una llamada de emergencia para una situación que no la requería. Él era una de las tres figuras en el salón, de pie con sus brazos cruzados en su abrigo Preventivo y una expresión en su cara que era medio pensativa y medio un frunce mientras intercambiaba palabras con los otros dos hombres que lo encaraban.

Uno de los hombres, el que había captado el ojo de Heero en el auditorio y lo mantuvo transfigurado por varios latidos, le decía algo a Wufei que sorprendió al otro piloto y pareció enojarlo, o tal vez indignarlo. No era alguien que Heero conociera bien, además de la vaga asociación, pero Heero tampoco lo había olvidado, y no habría podido olvidarlo si quisiera. Ranlath había llegado a su casa en medio de la noche, irrumpiendo y entrando sin dejar rastro y sin ningún tipo de remordimiento; él era uno de los pocos que podía ganar la atención de Heero con una mirada y mantener esa atención a un punto, y aparentemente lo hizo con inconsciente expectativa. Su estatura era impresionante, alto y ancho sin perder su gracia o sutileza, y sus ojos ardían con fuego interno, como si su mente fuera un volcán activo que pudiera erupcionar en cualquier momento, no de rabia, sino como una fuerza de la naturaleza.

Pero no fue Ranlath quien preocupó a Heero en el momento, absorto como estaba en lo que parecía ser una conversación unilateral con Wufei, quien escuchaba con sus brazos cruzados y no decía nada. Ninguno de ellos miró en dirección de Heero, aunque sin duda estaban muy conscientes de su presencia.

Sólo Mandred giró su cabeza para reconocerlo, la expresión en su rostro abrumada y melancólica, aparentemente más allá de la pena al punto donde la tristeza no podía separarse de la serenidad. Las emociones de Heero se contrajeron como si se detuviera en un cuello de botella, su aliento se atascó en su garganta y su corazón luchaba por aire, cesando de latir por unos segundos y luego comenzó de nuevo en una recuperación rápida y dolorosa. Mientras se acercaba esperaba que Mandred hablara, pero aunque los ojos del hombre reconocieron a Heero, y aunque le asintió para que se les uniera, no dijo nada.

"Entonces puedo decirle a los otros que todo está despejado?" preguntó Wufei. Miró de reojo a Heero mientras se acercaba, pero esperó por una respuesta en el afirmativo de Ranlath antes de girar para irse. "Me iré entonces. Ha sido un placer trabajar con ustedes." Mientras pasaba a Heero, puso una mano en su hombro y pausó lo suficiente para hablar tranquilamente para los oídos de Heero. "Ella se ve mejor," dijo. "Hiciste lo correcto." Y luego continuó en línea recta hacia el auditorio.

"Y," intervino Ranlath de repente, "qué de eso? Cómo está la chica?"

Heero tensó su sorpresa ante la completa falta de preámbulo, áspera brevedad de la pregunta y el tono que demandó una respuesta. "Está mejor," dijo él. "Hablamos." Lentamente, le dio la espalda a Mandred. "Tú arreglaste esto?" preguntó. "Para forzarme a hablar con ella?"

"Parece como algo que haría?" respondió Mandred. "Fui engañado al venir aquí igual que tú. A Ranlath le importa poco la forma como se hagan las cosas en tanto como los resultados sean satisfactorios." Se giró para mirar a Ranlath. "Estás satisfecho?"

"Cuando aceptes regresar conmigo para ajustar las fenestraciones de mis ventanas, estaré satisfecho."

"Las de arriba o las de abajo?" preguntó Mandred.

"Abajo. Por qué demonios te solicitaría meterte en las de arriba?" Él le dirigió una puntual mirada a Heero. "Tu incompetente descuido me ha causado retrasos significativos."

"Esto es sobre negocios?" preguntó Heero oscuramente.

"Todo eso no es sobre aburrimiento es sobre negocios," dijo Ranlath. "Y ciertamente no vine aquí para entretenerme."

Heero sabía que no era sobre Relena, a pesar de la obvia asociación. Más ciertamente esto era sobre Mandred, y específicamente la callosidad con la que Heero lo había tratado, aunque no había conocido el impacto de sus palabras en el momento. Fue descuidado, y si la sensibilidad era una habilidad, probablemente también merecía la etiqueta de incompetente. Supuso que aún era un niño en ciertas formas, particularmente la forma en la que había fallado de ver el impacto que sus palabras, acciones y suposiciones tenían en otras personas, especialmente aquellos que veía como inmaculados e intocables, como Mandred, o incluso Relena. Mandred había sido un maestro para Heero, el tipo de maestro aparentemente sabio, infatigable y bien situado que pensó podía empujar o incluso golpear sin lastimar. En un temperamento por asuntos que tenían poco que ver con Mandred y todo que ver consigo, Heero había hecho eso, e inconsciente e impensablemente lastimó profundamente al hombre.

"No lo sabía," dijo desesperanzado. "No sabía que tuviste hijos. No sabía que murieron. No quise decir lo que dije. Lo siento."

Mandred lo consideró por un momento con interés antes de hablar. "Quisiste algo de eso," dijo él, "pero no estoy enojado contigo. No eres responsable por no saber. Si algo, soy quien estaba equivocado. Cuando te conocí fui golpeado por tu situación y me tomé libertades contigo que no debí haber tomado. Con lo que has tenido que tratar fue familiar para mí en algunas formas, aunque nunca te conté esas historias, y en espera de ayudar creo que sobrepasé mis límites. Tienes razón en decir que no soy tu padre, y que no tengo asuntos o autoridad para meterme en tus asuntos ni la mitad en que lo hice. En retrospectiva, probablemente no debí haberme involucrado tanto contigo como lo hice. Por un tiempo te volviste como un hijo adoptivo para mí, y fue doloroso recordar que no lo eras y recordar una pérdida que nunca he aceptado totalmente. Me ha tomado un poco de tiempo a solas resolver eso, pero eso no es tu culpa, aunque aceptaré una disculpa por cualquier descortesía por la que debas sentir pena." Pausó él, mirando a Heero con cuidado. "Estás planeando irte, verdad?"

Heero no supo qué decir, pero su silencio fue afirmación suficiente, y Mandred sólo asintió.

"Es natural," dijo Mandred. "Creo que tal vez te obligué a hacer algo para lo que no estabas listo, y ahora tienes que regresar a donde comenzaste a forjar tu propio camino. No pienses que mi ausencia reciente y melancolía son tu culpa. Es el recuerdo de mis propias luchas lo que me plaga. Nunca fuiste una carga."

"Suenas como si te fueras también," dijo Heero.

"Sí. Voy a regresar a casa."

"Vas a casarte?"

"Sí."

"Sería bueno," intervino Ranlath. "Me gusta Immilie. La encuentro inteligente y racional, pero como un todo, las mujeres son más problemáticas de lo que lo valen, y piensan aún peor de nosotros de lo que nosotros pensamos de ellas."

Heero gruñó, aunque no quería estar de acuerdo. "También eres casado?"

"Nunca me he casado. Nunca planeé casarme. No tengo la paciencia para cuidar de alguien indefinidamente. Tengo trabajo que hacer, e investigación. No tengo tiempo para el romance o algunas de las obligaciones sociales que conlleva ese tipo de cosas."

"Hubo una mujer que quiso casarse con él," Mandred rió, y fue placentero de escuchar. "Dios sólo sabe por qué. Aunque él no lo hubiese hecho. Su romance duró por años una vez que ella se dio por vencida en tratar de conservarlo. No resultó tan terrible."

"Sólo porque no me casé con ella," mantuvo Ranlath. Él volvió su atención hacia Heero con ojos que destellaron. "En cuanto a esta chica tuya que nos ha causado tantos problemas, recomiendo dejarla en paz por al menos diez años, más si es del tipo emocional. Y si te sientes inclinado a verla otra vez por cualquier razón, sólo asegúrate de decirle que no quieres casarte con ella. A menos que sea estúpida o manipuladora, eso acabará la mayoría de tus problemas."

"Tal vez un año," enmendó Mandred.

"No planeo regresar," dijo Heero.

"Ahora no," respondió Mandred, "pero nunca sabes lo que pasará en el futuro. Por ahora te diriges a casa, pero algún día podrías desear seguir tus pasos en este lugar. Si eso sucede, se amable, claro y confía en tus instintos."

Hubo un momento de silencio que Heero notó indicaba el fin de las cosas. Había dicho sus disculpas y recibió su último consejo, y ahora era momento de irse y descifrar las cosas por sí mismo.

Mandred le sonrió. "Te deseo la mejor de las suertes. Sé que estarás buscando trabajo. Si te necesito para algo, te lo dejaré saber, para pagarte por tus problemas."

"Gracias," dijo Heero. "Por todo."

Estaba atardeciendo cuando Mandred y Ranlath se retiraron, caminando juntos por las puertas de vidrio y desaparecieron de vista por la esquina del edificio. El cielo ardía con llamas rojas y naranjas que se desvanecían en un rosa y dorado mientras el sol se ponía tras los edificios bloqueando la línea del cielo.

A través de las puertas de vidrio, filamentos dorados de luz caían para formar pequeños arco iris en las paredes y jugaban bromas en los azulejos. Heero permanecía solo con el sol en su rostro y sus manos en los bolsillos de su chaqueta, mirando a la nada, escuchando los sonidos de voces en el auditorio mientras la gente comenzaba a hablar y a reunir sus cosas como un público después de un juego o una película.

Cuando las puertas dobles se abrieron, la gente salió y lo rodeó, todos hablando al mismo tiempo, sobre todo desde la explosión de las luces en el auditorio hasta la campaña de Relena para presidente de la ESUN. Si tuviera la oportunidad de ganar o no así de tarde en el juego no parecía ser tan interesante como el hecho de que estaba postulándose, pero incluso ese tema se perdió entre la corriente de cuerpos humanos y el río de voces humanas que se unían y separaban alrededor de Heero.

Permaneció en el lobby hasta que se vació de todos, y luego esperó un poco más, de pie como una piedra en un salón que era tan lúgubre y sobrio como un museo hasta que pareció que esperó para siempre. Al final se movió, avanzando y abriendo su camino por las puertas de vidrio y a los blancos escalones de concreto del edificio. Desde el oeste, los últimos rayos del sol golpearon sus ojos, y los cubrió con su mano para ver su camino, su sombra se alargaba por las escaleras mientras descendía los escalones y fuera de vista. Hacia el este, pudo ver sobre su hombro la primera de las estrellas nocturnas brillando desde arriba.

Primero escuchó pasos, un rápido golpeteo de tacones en las baldosas del piso y luego en el concreto. Se giró para ver a Relena descendiendo para unírsele, y sólo pudo extender sus brazos para atraparla cuando cayó contra él en un abrazo.

"Gracias por quedarte," susurró ella. "Wufei me dijo."

"No quería irme sin decir adiós," dijo él, y gentilmente removió sus brazos de su cuello. "Estás bien?"

Ella le sonrió, una triste sonrisa que era honesta aún si fuera dolorosa. "Voy a extrañarte," dijo, "pero estaré bien."

Él asintió, sus pensamientos un enjambre de lamentos y arrepentimientos, emociones que flotaban sin amarras en un vacío de soledad que se tragaba todo lo demás. Tampoco iba a ser fácil para él, pero estaba aliviado porque esas emociones eran honestas, y era lo que más quería.

"Heero," dijo Relena. "Sé que no tienes obligación para contactarme y no estoy segura si sería una buena idea, pero si de vez en cuando puedes dejarme saber que estás vivo y bien, estaría agradecida."

"De acuerdo," aceptó él. "Cuídate, Relena."

"Cuídate," dijo ella, y luego se giró y alejó caminando.

En los escalones se separaron, Heero bajó el resto del camino solo y dirigiéndose hacia el noreste hacia el puerto espacial en el mar mientras Relena regresaba al edificio donde un mar de adoradores fans y dedicados miembros de su personal esperaban su regreso, las personas que la amaban y admiraban permanecieron atrás para correr por su campaña.

Más tarde, Relena le diría a la gente cómo alguna vez había amado a un hombre que era peligroso, aunque no para ella, un hombre que había amado profunda e infinitamente y nunca olvidaría. Le diría a la gente que lo suyo fue un hermoso romance, pero breve, y que había aprendido más de esta relación que de cualquier otra en su vida. Le había enseñado sobre el amor y la debilidad, sobre los deseos y los sueños, y la diferencia entre ideales y realidad. Heero no le contaría a nadie una historia, pero recordaría una relación con una chica que admiraba y por la que se preocupaba, una chica que le había mostrado las fortalezas y la fragilidad del amor, y le enseñó a aceptar la vida con sus fallas e imperfecciones. Del otro aprendieron la potencia del deseo, y el valor de conocer sus propios corazones.

Con el sol poniéndose y acercándose el crepúsculo, las sombras se alargaban y oscurecían la superficie de la tierra, pero eran visibles y de cierta forma hermosas cuando llevaban alivio por el brillo de la luz dorada y rosa en el oeste que señalaba el final de un día.

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Fin

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Nota de Inu: Hola a todos!!! Bueno, aquí lo tienen finalmente, el último capítulo de este maravilloso y emotivo fic de Zapenstap. Espero que les haya gustado, muchas gracias por leer y por todos sus lindos mensajes de apoyo. Sé que tal vez esperaban un final feliz donde los protagonistas terminaran juntos pero la autora no lo quiso así y me parece acertado partiendo del hecho de que es muy difícil que una relación se de cuando el 'amor' se basa en un ideal o un deseo. Si ese 'amor' no es correspondido no hay nada que se pueda hacer, jejejeje... No puedes obligar a nadie a corresponderte. En fin, esta es sólo mi humilde opinión, no sé si estén de acuerdo conmigo... Ha sido un gusto y un placer traerles esta linda historia pero no se preocupen porque si les gustó el trabajo de esta autora y quieren leer más historias de Heero y Relena, los invito a que disfruten de la siguiente traducción. Se titula Final Mission Status, espero no demorarme mucho en subir el primer capítulo... jejejeje... Hasta muy pronto!!!