ALUCINACIONES DE VENGANZA
Capítulo 25- Sucumbiéndose en la obscuridad.
Teen Titans no me pertenece, yo sólo creo historias sin fines de lucro.
Cursiva= flashback.
Capítulo 25- Sucumbiéndose en la obscuridad.
Llevo caminando quizás una hora sin rumbo, mis pies ya están cansados, y el ocaso pronto dará paso a la acogedora noche. Es tan hermoso el sol para mi vista, pero la cruda realidad es que se aleja de mí, la llama de esperanza disminuye, y el dolor se vuelve hacer presente en mi pecho devorando la apacibilidad de mis nervios.
"Cierra los ojos un momento" me escucho decir desde mis labios resecos, reconfortados imaginando probar un poco de agua. No puedo hacerlo, tengo que irme lejos, seguir merodeando hasta encontrar algún lugar donde esconderme, perderme entre los enormes edificios, y buscar una zona rocosa en donde nunca me puedan encontrar, por lo menos hasta que me recupere y pueda regresar a Tamaran.
No quiero irme, no quiero alejarme de esta ciudad, de esta tierra que me ha salvaguardado por meses. Es mi nuevo hogar, y no puedo abandonarlo.
"Tienes que hacerlo, no por ti, hazlo por ellos" me responde una voz en mi subconsciente, y temo que tiene razón. No es por mí, sino por ellos. No quiero lastimarlos nuevamente, no quiero dañar nunca jamás a otras personas, pero en especial a mis amigos, me han dado todo, y no quisiera herirlos.
—¡Starfire!— vuelvo a escuchar en mi mente aquellos alaridos, desesperados, pero a la vez cargados con un suspiro de incredulidad. Puedo reconocer algunas voces… Cyborg, Chico Bestia, pero también a él; su fuerte voz me hace sacar una pequeña sonrisa, pero ésta cambia al recordar lo que continuaba después de aquellas palmadas incesantes en la puerta.
Me detengo repentinamente, cerca de una tienda de materiales de agricultura, y me vislumbro frente al cristal un poco empolvado pero no lo suficiente para no ver mi figura demacrada, con el vestido hecho jirones, algo quemado y empobrecido de color gris, en su reflejo. Cierro los ojos y recargo mi frente en él, vislumbrando debajo de mis parpados ese infierno que acababa de vivir.
—¡Starfire! —un último grito y después el sonido de una puerta derrumbada. Sus ojos, tan inquietantes como sorprendidos, no dejaban de posarse sobre mí, como si estuviesen viendo a una completa desconocida…, quizás lo hacían.
El resplandor naranja, tan cegador como siempre, me impedía ver con claridad todo lo que sucedía alrededor. Los mareos no cesaban, y esas voces en mi cabeza me volvían loca, me susurraban ideas entrechocadas, que tal vez sólo mi subconsciente podía comprender.
Mis compañeros, heridos y con el aspecto de haber salido de una montaña de arena, se encontraban en la otra esquina de la habitación, no entendían lo que sucedía, ni yo tampoco, sólo recuerdo ver mucho movimiento y cosas volar por la habitación rompiéndose al estrellarse con el suelo o desintegrándose lentamente en el aire. Todo se divisaba como en cámara lenta, una que se encaminaba por entre el ojo de un huracán, de un desastre.
Aun recordaba el rostro de mi hermana disipándose por el lugar. Aun recordaba que había otros más que también perecieron por ese rayo, luz, energía o lo que sea que me rodeaba. Me sentía culpable, pero también con dignidad debajo de esa capa de horror hacia mí misma.
Parecí entenderlo, poco, pero lo suficiente para tener esa sensación de terror de llegar a donde estaban mis amigos. ¿Qué tal si ellos también se desintegraban al acercarse?
Sería su asesina. Nunca deseé eso. Nunca podría vivir con ello.
Tan pronto mis pies tocaron el sólido piso, una sacudida invadió ese cuarto, y ellos parecieron preocuparse mucho más. Podía leer en sus facciones que querían cruzar ese largo salón invadido de cristales y cosas rotas para poder abrazarme, sin embargo dentro de mí crecía desmesuradamente ese pánico de herirlos.
Algunos pedazos de techo caían, y los Titanes parecieron reaccionar, me miraban incitándome a correr hacia ellos y salir libres por la puerta, no obstante yo sólo di traspiés hacia atrás tratando de evadir cualquier castigo sobre ellos. Me miraron confundidos, y comenzaron avanzar hacia mí, cuidando de no quedar aplastados por uno de los fragmentos de concreto que bajaban en picada.
Miré a la única persona que podía entender perfectamente mi mirada, y con los ojos llorosos moví la cabeza en negación mientras las palabras se quedaban atoradas en mi garganta, y un golpe en el pecho me agitaba.
No pude ver la reacción de él, pues una explosión me hizo caer, y en cuanto volví a levantarme observé aterrorizada como un tercio del techo ya no existía más, ahora residía por los suelos, como grandes pedazos de un iceberg. Debajo de éstos veía a mis amigos, inconscientes y con sangre resbalando por su piel. Una máquina cerca de ellos había explotado y una hilera de fuego nos dividía.
El corazón no pudo evitar dar un sobresalto, en el que la preocupación me invertía las ganas de ayudarlos, pero la duda asfixiante sobre si les haría daño tocarlos no me dejaba en paz.
— Lo siento —pude alcanzar a decir con voz temblorosa, y con las lágrimas rozándome las mejillas troté hacia mis espaldas, concentré mi energía y como pude, atravesé la azotea.
Me odio profundamente en este momento, odio lo que ha pasado, pero odio más a las personas que causaron que lo hiciera. El remordimiento me envenena por dentro, sólo quiero salir de aquí, de este sufrimiento y culpa, y dormir en paz.
—¿Mamá?— escucho a lo lejos un quejido, una vocecilla temblorosa, y pasos que marcan el asfalto con ese pequeño y débil sonido hueco.
Levanto mi frente y me doy la vuelta, buscando a la primera persona que ha aparecido en las calles que he recorrido, lo cual es muy extraño, pues la mayoría del tiempo hay tráfico y personas paseando; pero hoy, bueno, al parecer no ha sido tampoco un buen día para ellos.
Sus ojitos azules me miran con tristeza y decepción. Mueve sus cortos rizos dorados al negar con la cabeza, y escucho sus sollozos mientras está con la mirada en el suelo.
—No llores —me acerco al pequeño niño de unos 6 años que yace en el medio de la calle frente a mí. Me inclino ante él, y retrocede cuando intento tomarle del hombro, pero después me mira a los ojos reconociéndome.
—¿Por qué lloras? ¿También perdiste a tu mamá? —se me quiebra la voz al escuchar la suya, y pienso en mis padres, ellos ya murieron, en realidad los asesinaron, pero ya he aceptado sus muertes, y sé que no puedo retroceder el tiempo, solo me queda recordarlos, aunque sea lo poco que pude pasar con ellos.
Limpio mis lágrimas, y con uno de mis dedos hago lo mismo con el niño de cabello castaño claro. —¿Quieres que te ayude a buscarla? —él parece sonreírme y asiente tratando dejar de llorar. Luego algo pasa que no me lo esperaba, el pequeño se lanza hacia mí, me rodea con sus delgados brazos el cuello, y siento el más cálido abrazo como el de un hijo a su madre.
Me quedo pasmada por un momento hasta que el escalofrío sube por mi espalda. ¡Mis poderes! Pienso de inmediato sobre lo que le hice a mis captores, a mis amigos, pero entonces cómo es que puedo tocar sin dañar a este pequeño. ¿Eso significa que estoy bien?
No importa, lo abrazo con la misma dulzura que él me confía, y por lo menos en este instante vuelvo a ser la misma de antes.
—¡Vamos! —lo tomo de la mano, aun me siento muy cansada como para cargarlo o como para volar, así que con pasos simultáneos y firmes atravesamos la solitaria calle en busca de otra persona.
—Señorita Raven, ya hemos revisado las zonas que nos indicó, pero ya no encontramos a más personas.
—Gracias, Más y Menos. Reúnanse con las autoridades que están en el centro comunitario junto con Jerico y Aqualad. Ayuden a asistir a las personas que encontraron, y protéjanlas. Los mantendré al tanto si ocurre algo más —pronuncia por el comunicador moviendo algunas teclas de la computadora, entrelazándose con las cámaras de video de la ciudad, pero las cuadras que quiere ver simplemente están sin electricidad. Está inquieta, no puede controlar su nerviosismo, y se siente impotente al no saber qué hacer sin sus poderes.
Puede defenderse, sabe pelear, claro que sí, pero en esta ocasión no sabe a quién enfrentarse. Esta vez no es un enemigo en concreto, sino una comunidad dañada.
Las alarmas tiñeron de rojo todo el cuartel desde hace ya un par de horas. Los agentes policiacos mencionaron que ocurrió una explosión electromagnética de procedencia desconocida que había dañado a varios generadores de energía, lo que dejó sin luz a una parte de la ciudad. Todo iba normal hasta ese punto, no obstante todo cambió cuando se reportaron casos de violencia provocada por ciudadanos en contra de todo aquel federal que se acercara a la zona sin "luz".
No se sabía con certeza qué fue lo que ocurrió, algo ella sospechaba que tenía que ver con la Hermandad del Mal y los planes de los que habló Terra, de los cuales Starfire también podía salir herida. Se dispuso a actuar como lo haría su líder, y en cuanto la mayoría de los Titanes honorarios llegaban a la torre, se dispuso a darles la misión de revisar el área y proteger a las personas de esos "agresores". Grande sorpresa que se llevó al enterarse que la mayoría de la gente de ese espacio se revelaba contra la sociedad atacando a cualquiera que se les acercara.
"Tienen la apariencia de zombies" recordó haber escuchado de los gemelos velocistas, pues describían que los "ciudadanos infectados" tenían marcas negras en la piel y se veían muy pálidos. ¿Acaso podía ocurrir eso? ¿Zombies? Por supuesto, ahora más que nada tenía que abrir paso a esa posibilidad, después de todo su padre era un demonio, un ser maligno que trató de corromperla y convencerla de que el sufrimiento de cada ser que gobiernes es demostrar lo cuan poderoso y grande eres.
Nunca llegaría a esa situación, tal vez así fue su padre, pero eso no significa que ella siga sus pasos. Azar le enseñó a controlar sus sentimientos, y buscar la paz, liberarse de los instintos de Trigon que vivían dentro de ella y mantenerlos para siempre dormidos. Su padre le heredó poderes que con lleva junto con su ser alma, al igual que una parte de su naturaleza, pero no por ser su hija define que ella también será malvada.
Claro que no, Trigon había sido destruido, y ya nada le impediría sentir aquellas emociones a las que era obligada a suprimir. Por fin era libre de apreciar, de amar y demostrar lo que podía sentir.
—¿Ésta es tu casa? —pregunta empujando lentamente la puerta, que sorpresa o no, estaba sin cerrojo.
—Sí, pero mamá ya no estaba cuando desperté —ambos caminan hacia adentro tratando de distinguir las paredes y no colisionar contra ellas, ya que la noche ha aparecido triunfal afuera, dejando a todo en completa obscuridad.
La chica, al encontrar un interruptor trató de encenderlo, pero ninguna luz iluminó los cuartos, eso explicaba por qué desde las colinas no se veía ningún farol encendido aun cuando la tarde se montaba en el cielo.
La pelirroja enciende en su palma una luz verde, e intenta controlar la intensidad para que no ocurra un accidente, no quiere dañar a nadie. Tanto ella como el pequeño caminan y se adentran a la sala, después al corredor que conecta con la cocina, y al asegurarse que no hay nadie ahí suben las escaleras hacia el segundo piso dirigiéndose a los dormitorios.
—Tengo miedo, Starfire, me da miedo la obscuridad —menciona el niño tomando más fuerte la mano libre de la chica, quien no duda en devolverle el gesto, sin lastimarlo, en señal de fortaleza.
Ella se detiene, y agachándose hasta llegar a la altura de esos brillantes ojos azules, le sonríe y le dice: —Verás, te contaré un secreto. Cuando era pequeña yo también le temía a la obscuridad. Pensaba que había alguien dentro de ella, algo que me asustaría; pero un día, mi papá me mencionó que no hay que temerle, que en nuestro corazón hay tanta luz que nos iluminará en esos caminos, y que con sólo amar a alguien, ese calor y amor hacia un ser querido nos mantendría firmes y valientes, pues nunca estaríamos solos. Nunca dejes que el miedo te venza, pues siempre habrá alguien apoyándote, alguien que nos mostrará esa luz de la esperanza.
Llegaron a un cuarto pintado de celeste y con unas nubes esponjosas en el techo, que a su vez dejaban sobrevolar a lo largo de un hilo a unos avioncitos. Existía una ventana en uno de los extremos, ésta dejaba al descubierto la sombre negra de las montañas que se extendían a lo lejos.
El infante se acerca a su cama, y subiéndose en ella toma a uno de sus peluches, un osito café obscuro, el cual es su favorito.
—Él es Tommy. A él también le gustan los superhéroes que ayudan a las personas.
—¡Hola Tommy! —exclama Starfire sonriendo, recordando a varios de sus peluches de la infancia, y la alegría de jugar con ellos.
Un sonido desde el primer piso acapara su atención, piensa en la posibilidad de que sea la mamá de Ethan, por lo cual toma al niño y le dice que hay que bajar.
Ethan, emocionado, baja con cuidado las escaleras en compañía de una de sus superheroínas favoritas, tomándole la mano para no perderse en la obscuridad, y con la otra agarrando fuertemente a su osito favorito.
Los sonidos provienen de la cocina, por lo cual sus pasos van para allá. Cuando doblan la esquina, y entran a ese cuarto extenso, se sorprenden. Dos hombres están ahí parados, buscando quizás algo en las gavetas. Al parecer la luz verde neón llama su atención y voltean ante el niño y la chica, pero esta última ahoga un grito, comienza a temblar y el corazón se le detiene por un segundo.
Reconoce esas líneas negras en la piel, y esos ojos negros y escalofriantes en esos sujetos, pero no son sus compañeros, son personas que no conoce, pero que sabe que son peligrosas. Las piernas no le responden, sólo se queda estática, y escucha las respiraciones de los cuatro presentes, incluyendo la suya.
"Corre" le gritan sus pensamientos pero no reacciona ante ellos, no hasta que los dos sujetos gruñen de manera horripilante y caminan, mejor dicho, corren, hacia ellos.
La pelirroja toma a Ethan y haciendo un esfuerzo por volar llega a la entrada sin estrellarse con nada. Abre la puerta y corre con el pequeño hacia la calle, esperando recuperar fuerzas para salir volando lejos de ahí.
Su respiración es entrecortada, aun duele respirar, aún está débil, y no podrá soportar una pelea con esas cosas. Siente el cuerpecito del pequeño esconderse detrás de ella, al igual que el temblor de sus manos.
—Todo estará bien —recita tratando de calmarlo, pero ni siquiera ella es capaz de librarse de ese angustiante pánico. Y como si hoy fuese literalmente el peor día de su vida, otras 6 personas "infectadas" salen de una de los callejones.
—Ethan, no te separes de mí.
Los gruñidos de aquellas personas no hacen más que sofocar el ambiente, lo convierten en uno de terror, en donde la solitaria calle hará presencia de una batalla por la supervivencia.
Las ideas se mezclan y el dolor de cabeza le propicia una bofetada mental, no puede salir volando de ahí, no puede correr pues no recorrería mucho, además esas "personas" podrían ser más veloces que una persona normal.
Da pasos hacia atrás propiciando más tiempo para idealizar un plan, pero llega un momento en que Ethan y ella tocan con la espalda una de las paredes de la casa contigua. No piensa usar sus poderes, si lo hace no sabe qué podría llegar a hacer, y mucho menos sabe si podría parar. Este era justamente el momento en que necesitaba a los Titanes, a sus amigos, al tipo que era su novio…
Una flamante llama hace que las miradas de todos esas "personas" observen el cielo inducidos en una especie de hipnosis mientras siguen con su vista el objeto prendido en llamas que cae a varios metros de ahí. El sonido de una moto se acerca, pero al parecer a estos seres no les importa más que esa luz brillante y cegadora que ahora chispea como un par de fuegos artificiales.
—¡Sube! —exclama el tipo con un casco negro, que tan pronto como se suben sus dos protegidos, arranca y se pierde nuevamente en la obscuridad de la noche.
¡Volví!
¡Hola, queridos lectores! Seguramente ya estarán hartos de mí, y de mi incesante canción de disculpas por tardar mucho tiempo en subir, y lo sé, soy un monstruo por no actualizar rápido, ni siquiera en mis otros fics
Si, si, yo también me pongo muy triste cuando no puedo escribir y hacer lo que más me gusta, pero la escuela me consume y no me da tiempo para pensar en mis fics T.T
Ya, esta vez ya no les haré una biblia tan larga. Quiero que sepan que aunque tenga mucha tarea por hacer, siempre pensaré en ustedes y no dejaré inconcluso ninguno de mis fics.
Que tengan buena semana. Espero disfruten mucho del capítulo, que aunque está un poco corto, lo hice con toda mi dedicación y sentimientos :´)
Gracias por su apoyo, y gracias por leer todas las cosas que publico, me hacen sentir muy feliz :D
Ya saben, si les gustó el capítulo, no olviden dejar su lindo e importante comentario, eso me anima mucho más de lo que creen, y me hace ponerle mucho más drama a la historia, ya saben, soy bien dramática :3
En fin, que estén muy bien todos, y que tengan una buena semana santa, disfruten de sus vacaciones chicos, y si no tienen como yo, me pongo a llorar con ustedes bye…
