25

La gente a nuestro alrededor hizo un círculo, parecía un ring para luchar. Yo estaba asustada, por una vez desde que le conocía no quería que le hicieran daño.

-Bien renacuajo, vamos a empezar, el primero que caiga pierde, y el premio será esta chaqueta y esa chica.- dijo señalándome.

-Lo siento, pero yo no lucho, y esta chica no es ningún trofeo, yo solo quiero que me devuelvas mi chaqueta.

-Tendrás que ganártela- dijo el hombre.

Esté comenzó a correr hacia Kanda, que no se movió de su sitio. Cuando el hombre estuvo cerca de él levantó el puño para golpearle. Pero Kanda fue más rápido y esquivó el golpe. Todos y cada uno de los movimientos de Kanda eran precisos, se notaba que estaba entrenado. Los humanos no son como los vampiros, por lo que a Kanda no le costaba mucho trabajo esquivar los golpes.

-¡Vamos Gin!-gritaban los del pueblo.

-¡Golpéale tú puedes!

Gin estaba comenzando a cansarse de que Kanda esquivara los golpes sin hacer esfuerzo alguno en golpear a su adversario.

-¿Qué pasa, es que no vas ha luchar?

-Fui entrenado para luchar cuando es necesario, ni en un momento ni en otro, solo cuando la ocasión lo requiere.

-Pues esta ocasión lo requiere.-Dijo Gin malhumorado.-miró a sus amigos y después de nuevo a Kanda.

-Dame mi chaqueta, no estoy dispuesto a luchar.

Mientras ellos hablaban los amigos de Gin me cogieron por detrás colocándome una pistola en la espalda.

-Pues tendrás que estar dispuesto o si no…-me miró-Kanda notó que miraba hacia otro lado y él también miró. Los hombres enseñaron a Kanda como me tenían acorralada.-O no volverás a ver a esa preciosidad.

-¡Tsk! Maldición. –dijo Kanda cabreado. Volvió la mirada a Gin- Eso es jugar sucio, ella no tiene nada que ver con esto.

-Que quieres que le haga, si no luchas, tendré que provocarte, y ella parece la única que logra hacerlo.

-Kanda, no lo hagas, sabes que yo no puedo…-me cortó.

-Lo sé, pero las cosas han cambiado, y no puedes dar el espectáculo delante de tanta gente, así que solo espera, te libraré de ellos.

-Kanda…

-Está bien, quieres luchar, pues lucharemos.

-Bien, eso es lo que quería escuchar.

-¡Gin! Mira lo que he encontrado. –dijo uno de los amigos.

De la chaqueta de Kanda sacó la katana que tenia escondida en uno de los bolsillos internos de esta. La sacó y se la tiró a Gin.

-Deja eso. –kanda comenzaba a estar bastante cabreado.

Gin la desenvainó. Todas las gentes que estaban allí salieron corriendo.

-Vaya, vaya, que bonita. No sabia que escondías una como esta.

-Eso no te pertenece déjala en la chaqueta y devuélvemela.

-No, esto si que me lo voy a quedar, parece autentica. Seguro que alguien como tú se haría daño usando una cosa de estas. No es un juego para renacuajos como tú.

Antes de darme cuenta Kanda estaba detrás de Gin, le golpeó varias veces con los puños haciendo que este intentara cortarle, pero Kanda esquivaba los ataques. Consiguió quitarle la katana de las manos. Gin cayó al suelo y Kanda puso la katana en su hombro, cerca del cuello de Gin.

-Cogerle el arma a alguien como yo es un delito grave, debería matarte.-Gin estaba asustado, ya que no entendía como había conseguido llegar a esa posición.- Pero mi juramento me prohíbe matarte. –Envainó la katana. Todos los del grupo de Gin salieron corriendo.

Solo nos quedamos Kanda y yo. Kanda me miró, al ver que ya no corría peligro, me sonrió y cogió su chaqueta que estaba en el suelo. Después volvió conmigo y volvió a ponerme la chaqueta sobre los hombros.

-Venga, sigamos.-me cogió del brazo y comenzó a caminar por las calles.

-Kanda, lo siento a sido culpa mía.

-Eso no es verdad.

-Claro que si, por mi culpa él se quedó con tu chaqueta y con la katana.

Se detuvo.

-Raisa, todo ha terminado no hablemos del tema, lo importante es que estas a salvo.

-Pero yo…

-Toma, -me entregó una bolsa.

-Feliz cumpleaños.- me puse colorada al instante.-venga ábrela.

Sin decir nada más abrí la bolsa y encontré un pequeño peluche. Lo saqué, era un pequeño oso panda.

-Es, es precioso. Gracias.

-No tienes que darlas, en los cumpleaños se hacen regalos. –Le miré, por las luces de la ciudad pude ver que estaba sonrojado.- venga, vayámonos de aquí, creo que les hemos aguado la fiesta.-volvimos a caminar hasta el final de la ciudad.

Poco a poco la cuidad fue quedando atrás hasta darme cuenta de que ya no había edificios a mi alrededor, ahora lo único que había eran árboles, que nos rodeaban completamente.

-Desde aquí podremos ver mejor las estrellas.

Durante todo el camino desde que salimos de la ciudad estuve mirando al suelo. Caminaba detrás de él, mientras tiraba de mi mano que aún la tenia agarrada. Paramos en medio del bosque. Kanda me miró.

-Dime, ¿que te ocurre?, estás muy callada

-No es nada.-me miró- quiero saber una cosa.

-Dime.

-Por que la primera noche que luchamos no me mataste.

-¿Eh?

-En el momento en el que me quitaste la pulsera yo estaba indefensa, pero te quedaste parado. Pudiste haberme matado pero no lo hiciste, ¿por que?

-No lo se. Simplemente vi en ti alguien a quién añoro- noté que alguien nos vigilaba.-

-Ya veo. –dije con la cabeza agachada. Y una ligera sonrisa.

-¿Eh?-dijo mirándome.

-Gracias por sacarme de mis pensamientos y por lo de esta noche. Pero como ya sabes, tu eres un caza-vampiros yo un vampiro. Puede que a ellos les haya funcionado, pero… yo…yo no puedo- abrí las alas. Pero Kanda aún me tenía cogida de la mano. – Suéltame. Por favor. Yo no debería estar aquí y mucho menos junto con un caza-vampiros. Somos enemigos así es como ha sido durante mucho tiempo y así es como tiene que seguir -miré muestras manos, sintiendo que no quería irme pero que no tenia opción.

-Mira, hace tiempo pensaba igual que tú que los vampiros y los caza-vampiros no podían estar juntos. Juvia y ese conejo no es el único caso que conozco. Hace tiempo una de los nuestros se enamoró de un vampiro, muchos intentaron separarles, y por desgracia lo consiguieron. Pero al poco tiempo volvieron a encontrarse, y desde entonces no les hemos vuelto a ver.- se giró hacia mi

-¿Que me quieres decir con eso?-le miré

-No puedo saber lo que él hizo, pero yo se que ella nunca paró de buscarle. Hasta que al final lo encontró.

-Perdona, pero nada de eso tiene que ver con nosotros, como ya te he dicho nuestra relación es básicamente cazador y presa, lo mires por donde lo mires siempre va a ser así, de eso estoy segura.

-Puedes estar segura, también, de que no dejaré de buscarte hasta encontrarte.- entonces me soltó la mano. Me alcé pero me quedé unos segundos en el aire. Él se giró dándome la espalda.- te encontraré, estés donde estés… no pararé de buscarte, por que se que no piensas eso en realidad.

Oí sus últimas palabras y salí volando. Pero por que nos pasaba todo a nosotras. Desde que la Reina me concedió este rango, las miradas están más puestas en nosotras. Llegué hasta la azotea de un edificio, en donde me paré. Delante de mí aterrizó una persona.

-Hacia mucho que no te veía, Rania. – empecé.

-Pensaba que no me habías detectado.

-Eres muy ruidosa, y tu olor se percibe desde mucha distancia.

-Bueno es saberlo.-dijo entre risas- Que mala eres Raisa has dejado plantado a ese bombón de caza-vampiro.

-Lo que haga o deje de hacer es asunto mío.

-Si yo estuviera en tú lugar no le hubiera dejado, y hace tiempo que le hubiera mordido. Ñam.- me dijo mientras se reía...- seguro que su sangre es igual de deliciosa que su olor…

-¿Que estás haciendo aquí?- la dije en tono desagradable.

-Si no te das prisa, yo le morderé. Y será mío.

-Rania, que estas haciendo aquí.

-La Reina me ha ordenado que te vigile, parece que últimamente no te quita ojo, ha estado enviándote a varios vampiros para que te vigilen, pero misteriosamente han desaparecido. Pero claro tu eso ya lo sabes.

-Se que me han estado siguiendo, pero yo no tengo nada que ver con sus desapariciones, de eso los culpables deben ser los caza-vampiros.

-¿Como el que acabas de dejar?

-Tsk. No te metas con él.

-Parece que últimamente, has estado sintiendo muchas cosas por él…-sorprendida de que me dijera eso cambié mi expresión. Estaba enfadada pero la expresión de mi rostro cambió y se transformó en sorpresa.

-Así que, por lo que parece, esta no es la primera vez que me sigues…

-Es la cuarta vez que te sigo. Que curioso siempre os estoy siguiendo, parece que para la Reina no existís mas que vosotras, no entiendo que os vio, si somos iguales, vosotras y yo.

-¿Pero como es posible que no te detectara?

-Me he mantenido a una distancia prudente, desde la que no pudieras detectarme. Además parece que cuando estás junto a ese bombón los olores desaparecen. Igual que le pasa a Juvia.- me concentré en ella.

-Parece ser que la Reina concede el rango de Ángel Vampiro a mucha gente…

-Lo que pasa es que se a dado cuenta que necesitaba a alguien de confianza que pudiera seguiros. Y que mejor que mi poder para saber lo que sentís.

-Pero aún no has llegado a mi nivel, tus ojos aún están con su color natural.

- Bueno seguro que dentro de poco lo harán, pero yo espero llegar a lo mas alto. Seguro que un día de estos me nombra consejera.

-No te engañes, solo hay doce consejeros, y a no ser que alguien mate a uno de ellos, lo cual dudo, nunca serás nombrada consejera.- me reí.

-Lo que pasa es que me tienes envidia.

Comenzó a acercarse a mí.

-¿Envidia? ¿De ser consejera? Nunca he querido ese puesto. Y este solo es algo con lo que protegerme

-Pues parece que esas ropas no te protegen mucho, aún puedo saber lo que sientes y por quien.- se paró justo delante de mí, como era posible que una niña de la edad que aparentaba, 10 años, tuviera tanto poder.- Es extraño, pero antes de que desapareciera, vuestros sentimientos hacia los caza-vampiros eran de odio, pero al parecer ahora vuestros sentimientos han cambiado.

-Eso no es verdad.

-Claro que es verdad y lo sabes, por que yo también lo sé, puedo sentirlos. Puedes engañarme con la mirada, pero no serás capaz de engañarme con tus verdaderos sentimientos. ¿Sabes cual es tu problema?

-¿Cual?

-Te da envidia es que yo sea más fuerte que tú.

-Eso no es verdad.

-Sabes que si, y yo también lo se. Tienes envidia de que yo sea libre, mientras que tú y Juvia, estáis atadas a unos caza-vampiros, y tenéis miedo de que les pueda pasar algo.

-¡Yo no esto atada a nadie!- La grité.

-A mi no puedes engañarme, puedo saber lo que siente tu corazón y se que sientes algo por ese caza-vampiros. – comenzó a dar vueltas a mi alrededor. Intentaba ocultar mis sentimientos pero contra una persona empática, era prácticamente imposible.- y también se que Juvia ama al otro caza-vampiros. Y que las dos teméis que les pase algo.

-Ya basta…

-También se que tienes miedo de que la Reina se entere y los mate a los dos.

-¡Ya basta! - la paré cogiéndola del brazo.

-Vaya, vaya, parece que te has enfadado.

-No tienes derecho a… -me cogió del brazo y con fuerza lo apretó.

-Si no es verdad todo lo que he dicho, ¿Por qué estás temblando? Como ya te he dicho tienes miedo, aunque no lo quieras admitir.- se liberó. -No te preocupes, la guerra llegará en poco tiempo y dejaras de tener miedo… - se giró- o quizás tendrás más…- abrió las alas- solo el tiempo lo dirá.- echó a volar.

Parece que la Reina no era la única amenaza, además de los consejeros, ahora Rania. Una chica que conocimos días después de que nos convirtieran en vampiros, pero la perdimos la pista un mes después de entrar en la sede. Y parece que había vuelto y con mas poder que antes. Debíamos tener mucho cuidado Rania no era trigo limpio y podía saber mas cosas sobre nosotras que nadie, el poder de la empatía era muy útil, y la Reina lo sabia, ella no se anda con tonterías cuando de caza-vampiros se trata. Ella siempre tiene que salirse con la suya.

Me di prisa en llegar a LandIce Juvia tenia que saber lo que había pasado por que también la afectaba a ella. Pero cuando llegué no había nadie, era muy tarde por lo que ya se habrían despedido.

-"Raisa, Raisa…"-en mi cabeza empecé a escuchar la voz de Juvia.

-"¿Juvia? Juvia ¿donde estas? ¿Estás bien?"

-"Si estoy bien pero tengo que hablar contigo, es bastante urgente"

-"Vale, yo también tengo que hablar contigo y también es urgente. ¿Donde nos vemos?"

-"Espera que ya se donde estás voy enseguida…"- en poco tiempo estábamos juntas.- Raisa, es muy malo pero Rania ha vuelto y parece que ahora es un…

-Un Ángel Vampiro, lo se. También ha venido a verme.

-¿Que vamos ha hacer? Esa niña es odiosa, parece que le gusta torturarnos.

-Vale, tranquila…

-¿Tranquila? ¿¡Como quieres que esté tranquila cuando me ha dicho que se quiere comer a Lavi?- gritó

-Vale, lo siento pero no grites, que te escucho perfectamente.

-Lo siento, estoy un poco alterada… pero ¿Qué vamos ha hacer?

-No lo se, por el momento no podemos dejar que nos intimide. Tenemos que averiguar lo que se propone y a partir de ahí actuar.

-Si. Por cierto ¿que haces aquí? pensaba que estarías en la ciudad donde vas ahora.

-Si, estaba allí, fue donde me encontré con Rania.

-Y dime, ¿estabas tu sola?- dijo levantando una ceja, como si supiera algo.

-Eh… si ¿con quien iba a estar? Yo sola, conmigo misma, nadie más…- comencé a decir cosas sin sentido para que no se me notara. Pero creo que así se me notaba más. Juvia me miraba sonriente.

-Raisa, puedo leerte la mente…-miré hacia otro lado.- pero en este caso no hace falta que lo haga. Aunque si no me lo quieres decir… tendré que hacerlo por la fuerza.- puso cara de concentración.

-Oh… vale, vale…-dije mientras la tapaba los ojos, como si eso impidiera que pudiera leer mi mente.- te lo diré pero basta…- se rió y me quitó mi mano de su cara- odio ese poder tuyo, no hay quien te oculte las cosas.- se sentó y tiró de mí.

-Venga cuenta.

-Pero que cotilla que eres.- la dije, mientras la miraba.

-Si, lo sé pero cuenta, cuenta…- sus ojos me miraban fijamente.

-Pues… estaba con… Kanda…-dije sonrojándome al recordar lo que había pasado. Se rió y comenzó a dar palmaditas silenciosas.

-Espera,- paró- le has llamado Kanda.- me dijo con sorpresa, mientras me miaba.

-Si, él…él me pidió que le llamara así, le gusta más.

-Wiii…- levantó los brazos y se tiró a mi cuello.- como me alegro, ya era hora de que le dieras una oportunidad.

-En realidad no a pasado nada,- se separó- por que noté que nos seguía y me fui.

-Pero le dijiste ¿por que?-negué.

-Le dije que no podría pasar algo entre nosotros, que es imposible. Que entre los caza-vampiros la única relación que puede haber es de odio que de eso estaba segura.

-¿QUE? Pero por que le dijiste eso…- me dio un capón. Yo me encogí de hombros- y ¿él que te dijo?

-Que él pensaba lo mismo hacia tiempo. Y de que podía estar segura de que…- volví a sonrojarme.

-Que… que dime, que te dijo… no me tengas en ascuas.

-Que podía estar segura de que no dejaría de buscarme, por que sabe que en verdad no pienso eso…

-Wiiii…- volvió a levantar los brazos y volvió a abrazarme.

-¡Juvia! Parece que fuera a ti a la que se lo han dicho.- sonreí.

-Es que me alegro mucho por ti. Ya era hora de que pasara algo entre vosotros. No tengo el poder de Rania, ni quiero tenerlo, pero no me hace falta, se te nota en la cara que sientes algo por él, o al menos que te atrae un poco.

-Pero que dices, no se me nota…

-Que no dice.- me dio con el dedo, suavemente en la mejilla- pero Raisa si tienes la cara ardiendo, eso son los nervios…jeje.- con sus poderes hizo un cubito de hielo. – Ten.- me lo puso en la frente. Suspiré- a que sienta bien- asentí.

-Gracias. Pero tú crees que…él…

-Completamente, desde el día que te vio.

-Y que yo…-nada, que no me dejaba terminar.

-Jeje solo hace falta verte la cara. Dime ¿que pasó para que te pusieras tan roja?

Le conté lo que había pasado, que vino y se sentó a mi lado, después lo de la chaqueta. Que me llevó de la mano… Todo, lo que había pasado hasta que Rania apareció y tuve que irme. Cuando llegué a la parte de la historia que me contó Kanda de la caza-vampiros y el vampiro, Juvia me escuchaba más atenta que en cualquier otro momento de la conversación. Después nos quedamos dormidas en LandIce, por lo que no volvimos a la sede.