La historia sobre cómo Gabriel había encontrado a Nooro era bastante inusual.

Porque ahora que lo pensaba bien, todos estaban completamente seguros de que su abuela estaba loca. Le daban medicinas para el tratamiento de la ezquisofrenía, la trataban como alguien que sufría de fuertes alucinaciones, alguien que veía seres inexistentes o que aseguraba poder hablar con seres que solamente ella veía.

—La gente piensa que estoy loca, pero no es culpa mía —susurraba la anciana de cabellos canosos, Gabriel escuchaba con una pizca de curiosidad —. Sucede que cuando los poderes se pierden y las cosas no terminaron bien, la Tortuga te borra la memoria.

¿Una tortuga que borra mentes? Aquello sonaba tan descabellado que hasta risa daba.

—¿La tortuga te borra la memoria? —la abuela asentía —, ¿y por qué la tortuga te borraría la memoria?

—Porque se supone que todos los portadores deben terminar juntos, si las cosas salen bien. Pero mi Lord y yo no terminamos juntos, tristemente.

¿Un Lord? ¿todos los portadores? Había algunas palabras que le quedaban en la mente, palabras que él no comprendía porque ella las utilizaba en ése contexto.

—¡Oh, pero si ahí está Nooro! —saludaba la abuela —. ¡Debes saludarlo! Te está mirando.

Gabriel siguió los celestes ojos de la anciana, pero no vio absolutamente nada. De todas formas, ¿para qué hacerla sufrir aún más?

—Hola, Nooro —saludó con cordialidad, como siempre le habían enseñado.

—Nooro, quiero que sepas que yo no te guardó rencor. De hecho, me gustaría que saludes a mí lindo Plagg, dile por favor que lo extrañó un montón, que fue mi mejor amigo y... ¡ay!

Cuando la abuela hablaba respecto a Plagg, lloraba como nunca antes lo hacía. A Gabriel le daba tristeza, solo que no le daban deseos de abrazarla, y aunque quisiera hacerlo, no podía porque la enfermera llegaba y le ponía una inyección que de inmediato la dormía.

Claro que, en ocasiones las conversaciones giraban en torno a otros temas, aunque también tenían que ver con un tal Nooro.

—El libro prohibido es el que causó el fin de mi Lord y yo —de nuevo hablaba de un Lord —. Si el malvado de nuestros años no lo hubiese obtenido, jamás hubiera ganado.

—¿Hay un libro prohibido? ¿hablas de la Biblia, no? Pero ese libro no es prohibido, solo es sagrado.

Ella rió y acarició tiernamente los cabellos de su nieto.

—Es un libro importante porque tiene toda la historia de todos los portadores, los poderes y miles de secretos que yo nunca conocí, porque no era mi tiempo.

¿Secretos?

—¿A qué te refieres? ¿tú escribiste ése libro?

—Me parece que lo escribieron los... dioses, pero ellos tenían otro nombre.

—Dios es conocido por muchos nombres, abuela. Como: Jehová, Budá... esos son solo algunos ejemplos.

—Querido, si mi memoria no hubiera sido alterada recordaría la palabra adecuada.

Y otros días describía la iglesia.

—Tiene un ventanal enorme, que la hace ver como de película de terror, pero la mariposa morada que brilla durante las noches hace que todo se vea tan maravilloso, es similar a Nooro.

—¿Nooro es una mariposa que habla, quizás? —se burló Gabriel.

—Claro que habla, pero es miedoso. Es difícil que contesté.

—¿Y por qué es miedoso?

—Cada uno de ellos es distinto, Gabriel. Plagg era un torbellino, era una criatura idéntica a un gato, solo que pequeño. Su novia era tierna e inteligente.

—¿El gato tenía novia?

—Pero no era una gata, era una catarina.

Recordaba particularmente una de las conversaciones.

—Cuando alguien quiere el libro encontrar, la música angélical deberá escuchar.

Gabriel recordaba que en su desesperación por haber perdido a su adorada Emilie, había recordado las palabras de su abuela, todos esos disparates que jamás creyó.

Pero, una vez en parte ella había mencionado que el que tuviera el poder absoluto de las joyas, obtendría un deseo muy poderoso, capaz de cualquier cosa volver realidad.

¿Y si ese deseo le devolvía a su amada?

Por eso durante más de un mes, recorrió todas las iglesias de París. Cuando estaba rendido, fue a la última que le quedaba, una bastante alejada de todo.

Revisó cada rincón. Y de pronto, sintió algo bastante... particular.

En el piano había una melodía, por dentro, era algo que... lo llamaba. Cuando se acercó al piano, éste brillo con un gran resplandor que lo dejó ciego por algunos segundos, pero fue como algo que lo llamaba a continuar con la misión que se propuso.

Cuando abrió el piano, encontró una caja con letras raras. La abrió sin pensarlo dos veces, y algo lo cegó nuevamente, otra luz morada.

—¡Hola, soy Nooro!

Nooro.

Una mariposa.

Morado.

Las palabras de su ya difunta abuela cobraron vida cuando estuvo frente a Nooro. ¡¿Acaso la abuela nunca estuvo loca?!

La respiración le comenzó a faltar.

—¿Estás bien?

—Por favor, no te acerques...

Nooro se mantuvo alejado, hasta que Gabriel se incorporó y lo observó con algo de angustia.

—Tú existes... —comentó más para sí mismo.

—¿Alguien te habló de mí?

—Oh, sí. Mi abuela, Bridgette...

—¿Cabello azul, largo?

—No lo sé. Era una abuela, siempre hablaba de ti, de su error, de un Lord, de Plagg, de muchas cosas que creí eran irreales.

Nooro acarició la frente del joven, con ternura. Le estaba dando apoyo.

—Ella cometió un error que le costó mucho trabajo, pero no es mi deber hablarte de ello.

Gabriel no sabía bien si quería saber el error o no, solo quería su deseo y listo, acabar con esa locura de los dioses miniatura.

—Soy Nooro, tengo el poder de controlar mentes, aunque tú te puedes transformar y todo eso...

—Yo solo quiero mi deseo secreto —lo cortó Gabriel.

Nooro se dio cuenta en ese momento de lo mal que estaba ese muchacho, y del aura que transmitía, completamente... desolada, casi sucumbido por un deseo, una ambición que comenzaba a cambiarlo poco a poco.

Lo peor de todo, fue que ese mismo día encontró el libro de los Miraculous.

Con el tiempo, Gabriel se dio cuenta de que Nooro si era miedoso, como había dicho su abuela. Lo trataba del mejor modo posible, le daba chocolates cuando se lo pedía e intentaba no gritarle, aunque su temperamento era muy distinto al propio.

Por eso, para evitar problemas, lo mantenía oculto. Que él se quedará en la guarida, con todas las mariposas, con todo el chocolate. Mientras él simplemente seguía engañando a las personas con que era el hombre perfecto. Así todo era más sencillo, ¿no?

Definitivamente, Nooro y él no eran amigos.