Diez años después
Era la última hora de clase ya de aquel viernes, y estaba deseando terminar ya la semana lectiva. El profesor Kendrick se encontraba en esos momentos explicando la maravillosa conquista de Gran Bretaña por los normandos, y, en cualquier otro momento esa historia le habría parecido de lo más interesante, e incluso habría estado tomando apuntes como una loca, porque era su último curso antes de pasar a la universidad y debía tomárselo lo más en serio posible; pero dos asuntos totalmente diferentes entre ellos ocupaban su mente en aquel instante.
El primero se llamaba Casey. Aquella chica morena de ojos azules que se sentaba en el pupitre de al lado y que le había enviado varios papelitos, diciéndole que le había encantado hablar con ella durante el tiempo de recreo. Había llegado nueva ese curso a su clase y hasta no hace mucho tiempo no había hablado con ella, pero durante el transcurso de una excursión unas semanas atrás, habían intercambiado algunas palabras sobre una construcción medieval que había en aquel lugar. Le pareció increíble poder encontrar alguien con quien hablar de esas cosas más frikis, como sus amigas le solían decir, y después de aquel día habían seguido hablando, tanto en el tiempo que pasaban en el instituto como fuera de él, vía mensajes.
El segundo era el cumpleaños de su madre. Esa noche celebrarían una gran fiesta en casa y estaba muy emocionada, porque le habían hecho creer durante un largo tiempo que ese año no harían nada especial, y ella parecía no estar molesta por el tema, pero Alycia sabía que en el fondo estaba esperando una celebración, así que se la darían.
El timbre sonó después de lo que le había parecido una eternidad y recogió su mochila pacientemente mientras sus demás compañeros hacían lo mismo. Intercambió una pequeña sonrisa con Casey antes de que ambas saliesen hacia el pasillo que conducía al exterior, y al fin de semana que para ella significaba un descanso de todo lo que fuese escolar, y un tiempo extra para disfrutar de su familia.
-¿Vamos juntas andando hoy? -preguntó la chica que continuaba a su lado caminando.
-No, hoy viene mi madre a por mí -sonrió con ganas, porque los días en los que eso pasaba eran casi sus favoritos.
-Oh, en ese caso me voy adelantando -contestó Casey, y notó sus mejillas adquirir un tono rosado cuando se inclinó, depositando un suave y breve beso sobre una de ellas-. Nos vemos el lunes, Aly -se despidió con una sonrisa antes de alejarse.
Suspiró, porque no sabía qué le estaba pasando con aquella chica. Nunca le había atraído ninguna, ni se había puesto nerviosa cuando alguna amiga suya le había regalado un gesto como el que acababa de tener Casey con ella. Pero si algo le habían enseñado en su familia, es que el amor no entendía de sexos, así que ya descubriría si aquello era algo más que una simple amistad.
Sonrió contenta cuando salió completamente del recinto que era su instituto y vio en la acera de enfrente el coche de Lexa mientras la mujer estaba apoyada contra la puerta de este con Maddie en brazos, diciéndole algo que estaba haciendo reír a la pequeña. Se aseguró de que no viniera ningún coche y cruzó la calle rápidamente para poder unirse a la morena y a su hermana.
-Hola, Lex -saludó con alegría cuando llegó a su altura, haciendo que la mujer alzara la vista y la mirase sonriente.
-Hola, monito -se acercó a ella, rodeando su cuerpo con un brazo mientras que con el otro continuaba sosteniendo a su hija pequeña, y besó la cabellera rubia de Alycia- ¿Qué tal el día hoy?
-Agotador -dijo con un gesto dramático que hizo reír a la de ojos verdes, y seguidamente enfocó a la niña que movía los bracitos en su dirección-. ¿Dónde está la niña más guapa de Londres? -la cogió en brazos y le dio varios besos por su rostro, sonriendo al verla hacer el mismo gesto.
-Las dos lo sois -contestó Lexa mirándolas con orgullo mientras se dirigía a la puerta del conductor-. Ponla en la silleta y sube, cariño, que no tenemos tiempo que perder.
Hizo lo que su madre le indicó y se colocó en el asiento del copiloto, dejando su mochila en el suelo entre sus piernas. Su relación con Lexa había sido, desde que tenía memoria, algo muy especial. No era su madre biológica, y tampoco había estado desde el primer día en que ella llegó al mundo, pero en esos diez años que llevaba junto a ella y junto a su otra madre, le había demostrado que un vínculo no solo lo forjaba el tiempo, sino también el amor y las experiencias compartidas.
-¿Has pasado por la pastelería a recoger la tarta? -le preguntó mientras se ponían en marcha hacia la casa donde vivían desde hacía unos cinco años.
-¡Sabía que se me olvidaba algo! -exclamó golpeando el volante con una de sus manos, y Alycia negó con la cabeza, de forma divertida-. No sé qué haría sin ti, monito. Vamos a por esa tarta, porque no quiero tener a una Griffin enfadada.
-No tenemos tan mal carácter… -se intentó defender.
-¿No? -preguntó sarcástica mientras la miraba de reojo-. Entonces que te negases a nuestro viernes de pizza hawaiana la semana pasada y que rompieses la lámpara que te compramos contra el suelo, ¿era estar de buen humor?
-Bueno… ¡Es que quería ir al festival, Lex! -intentó justificarse.
-Ya lo sé, cariño -le dijo, acariciando su muslo cariñosamente-. Pero tienes 17 años recién cumplidos, y no queremos que te pase nada estando un fin de semana entero tú sola con tus amigas a cinco horas de aquí.
-¿Me prometes que el año que viene me dejaréis? -suplicó.
-Lo hablaremos -le aseguró con una pequeña sonrisa antes de mirar por el retrovisor- ¿Cómo está mi pequeña ahí detrás?
Maddie hizo unos sonidos adorables que hicieron reír a las otras dos y Alycia se giró para jugar con su hermana durante el trayecto. La pequeña de la familia había llegado un año y medio atrás, después de varios intentos de que Lexa se quedase embarazada. Clarke y ella lo habían intentado, porque su relación iba tan bien como al principio y el tener un bebé en común había sido algo que estaba en los planes de ambas desde hacía mucho.
Discutían como cada matrimonio, pero siempre acababan hablando las cosas y arreglándolas, y es que Lexa estaba segura de que haberle pedido a Clarke que se casara con ella hacía ya seis años había sido la mejor decisión de su vida. Le encantaba poder despertar junto a ella cada mañana, y poder haber criado a Alycia a su lado, aunque hubiese sido muy joven, había sido algo mágico. Ahora con Maddie estaba teniendo la oportunidad de poder ver cómo daba sus primeros pasos o cómo aprendía sus primeras palabras, porque era algo que no había tenido con Alycia, por mucho que le doliese, pero sabía que aquella chica adolescente que era casi una copia de Clarke, era tan hija suya como Maddie.
Recogieron la tarta que Lexa había encargado antes de ir a su casa donde Lexa dejaría a Maddie y Alycia junto a Raven y Octavia, que ya se encontraban allí asegurándose de que todo estuviera perfecto, y ella iría a recoger a Clarke a su salida del trabajo para poder comer las dos a solas, y, a la vez, darles tiempo para que lo tuviesen todo preparado cuando volvieran. Llegaron a su casa y las tres salieron del coche, Alycia cargando con la pequeña en brazos y Lexa llevando con mucho cuidado la tarta que habían recogido hasta el interior, donde Raven estaba subida en una escalera colgando globos por las paredes mientras Octavia colocaba todo en el jardín.
-¡Ya hemos llegado! -exclamó Alycia, adelantándose a Lexa junto a Maddie, y yendo a saludar a sus tías mientras la morena se encargaba de dejar el pastel en el frigorífico-. Lex, ¿puedo preguntarte algo antes de que te vayas? -la voz dubitativa Dide Alycia la sorprendió de espaldas tras unos momentos, en los que supuso había dejado a la pequeña de la familia con Raven y Octavia, y se dio la vuelta para observar a su hija.
-Dime, monito -le sonrió cálidamente junto a un asentimiento de cabeza mientras se apoyaba en la encimera de la cocina.
-Dios, no sé cómo decirte esto -rio al ver cómo la chica escondía el rostro entre sus manos momentáneamente.
-¿Tan malo es? -arqueó las cejas, temiendo la pregunta que pudiera tener.
-No, pero… -suspiró y se tomó unos segundos observando a la morena antes de decidirse a hablar- ¿Cómo…? ¿Cómo sabes si te gusta una chica?
La pregunta sorprendió por completo a Lexa, que abrió los ojos de forma casi dramática, observando a Alycia, que se empezó a poner roja al observar la reacción de la morena. Tras unos instantes de sorpresa, Lexa le sonrió con una mezcla de cariño y diversión que hizo que la adolescente se ruborizase aún más.
-¿Te gusta una chica?
-No lo sé, por eso te pregunto -le recordó.
-Háblame de ella -se interesó, acercándose a Alycia y colocando sus manos sobre sus hombros, dando un suave apretón allí.
-Se llama Casey, es nueva en el instituto y es… -dejó salir un pequeño suspiro que hizo sonreír aún más a Lexa- Jamás me había sentido así con ninguna de mis amigas de clase, Lex. ¿Eso significa que me gusta?
-¿Tú sientes que quieres algo más con ella?
-No sé… Sí, supongo que sí -admitió-. Es que me encanta estar con ella, y antes, cuando hemos salido de clase, me ha dado un beso en la mejilla y ha sido increíble.
-Vaya, Alycia, no me esperaba esto -rio suavemente-. Oye, ¿y Max? ¿Aquel chico del que me hablaste?
-No sé, no creo que me gustase de verdad -se encogió de hombros.
-Vale -dijo simplemente, abriendo sus brazos para que Alycia se acercase a ella, rodeándola con ellos-. Sabes que siempre te voy a apoyar, decidas lo que decidas, tanto yo como tu madre.
-Lo sé, Lex -se separó de ella y la miró con una sonrisa-. Gracias -dijo antes de darle un beso en la mejilla y salir hacia el jardín.
Lexa y ella siempre habían tenido un vínculo especial del que Lexa se sentía especialmente orgullosa. Desde que Alycia era una niña, se habían compenetrado de una forma increíble que sorprendía a Clarke, y aquella conexión no se había roto en ningún momento de todos esos años. A veces Lexa se había tenido que poner más seria y firme, pero en la mayoría de las ocasiones, con Alycia solo sacaba su lado más tierno y más familiar.
-Ey, Woods -la saludó Raven cuando ella fue hasta el salón para despedirse de todas antes de irse-. ¿Ya te vas a por la jefa?
-Sí, está a punto de salir del trabajo -comentó mirando su reloj-. Os ocupáis de todo, ¿no?
-Tranquila, tú simplemente asegúrate de avisarnos cuando vengáis para aquí -dijo mientras colocaba los últimos globos en la pared de la izquierda del salón.
-Genial, voy a despedirme de las niñas -salió al jardín donde estaban Octavia junto a Alycia, que andaba tras Maddie mientras la pequeña exploraba el territorio al aire libre-. O, os dejo al cargo de estos monstruos, me voy a por Clarke.
-¡Eh! -protestó Alycia, haciendo reír a la morena.
-Pórtate bien, y cuida de tu hermana -se acercó a la rubia, besando su frente antes de agacharse a la altura de Maddie, a la que le dio otro beso-. Adiós cariño, las mamás vendrán luego, ¿vale? -sonrió cuando la pequeña hizo varios soniditos mostrando aquella sonrisa tan risueña que le ensanchaba el corazón en el pecho.
Se despidió seguidamente de Octavia antes de poner rumbo hacia el coche e ir a por Clarke. Era el cumpleaños de su mujer, e iba a hacer que fuese especial, por la fiesta que había preparado con la ayuda de Alycia y sus amigas; pero también iba a demostrarle lo especial que seguía siendo para ella. Una pequeña celebración entre las dos.
Una vez más, había llegado el día de su cumpleaños. Se encontraba terminando su turno en el hospital donde seguía trabajando después de todos esos años, y estaba deseando acabar ya, sobre todo tras el mensaje que había recibido de Lexa.
"Te recojo en media hora, quiero tener una cita con mi cumpleañera".
Sonrió al releerlo por quinta o sexta vez, porque su mujer seguía siendo la persona más increíble con la que había tenido la oportunidad de cruzarse en su vida, y le encantaba que siempre tuviera esos detalles con ella. Después de más de diez años de relación, la morena le hacía sentirse especial como el primer día.
No recordaba haberse sentido así con ninguna de sus relaciones anteriores, y eso era lo que lo hacía todavía mejor: sabía que Lexa era la persona con la que iba a pasar el resto de su vida. Habían formado una familia de la que se sentía más que orgullosa, y cada vez que veía a la morena jugando con la pequeña Maddie, o cuando ayudaba a Alycia a hacer los deberes durante sus años en primaria, el sentimiento de ser la persona más afortunada del planeta aparecía en ella.
Acabó de atender a los últimos pacientes que tenía ese día y se quitó la ropa que usaba en el hospital en el vestuario antes de recoger sus pertenencias de su despacho y salir de allí con una sonrisa en la boca, porque sabía lo que se iba a encontrar en cuanto cruzase las puertas que separaban el interior del hospital con la calle. La sonrisa se ensanchó al ver a su mujer, apoyada contra las puertas de su coche, sujetando un pequeño ramo de flores con su mano izquierda.
-No hacía falta, y lo sabes -dijo una vez llegó frente a ella, y Lexa se enderezó, acercándose y besándola lentamente en los labios, de esa forma que le hacía suspirar, antes de separarse sonriendo ampliamente.
-Nada es suficiente cuando se trata de ti -respondió, extendiendo el ramo para que lo cogiese, y se acercó a ella de nuevo cuando lo hizo-. Feliz cumpleaños, Clarke.
-Gracias, cariño -susurró antes de que Lexa volviese a capturar sus labios suavemente.
Se entretuvieron entre besos y caricias más de lo que esperaba, pero es que los labios de Lexa y su forma de besarla seguía siendo adictiva incluso después de todo ese tiempo. Se había acostumbrado a poder besar sus labios siempre que quisiera, pero convirtiendo una rutina que podría ser aburrida para muchos otros, en algo extraordinario. Y es que así habían llevado su relación desde un principio: demostrándose lo que eran la una para la otra, sin caer ningún momento en la monotonía o el aburrimiento. Y sabía que con Lexa siempre iba a ser así, porque se lo había enseñado desde el principio.
Subieron al coche, aunque no tenía ni idea de donde se dirigían, pero sabía que Lexa haría de ese momento que iban a tener para ambas algo único. Últimamente no podían disfrutar de todo el tiempo que quisieran para ellas dos, porque la llegada de Maddie a la familia había supuesto que la pequeña se tornase el centro de su atención, y Alycia estaba comenzando a comportarse como una adolescente, así que tenían que estar pendientes de la rubia también. Pero, aun así, los momentos de pasión no habían desaparecido.
Sintió la mano de Lexa entrelazarse con la suya mientras la morena conducía, y miró su perfil perfecto. Apenas tenía veintitrés años cuando habían comenzado su relación, y la edad de diferencia entre ambas era más que considerable, pero aquello no le había impedido enamorarse de ella, porque Lexa ante todo siempre se había caracterizado por una gran madurez, y, con los años, había probado ser una gran madre y una persona excepcional.
-Hemos llegado -anunció Lexa tras un buen rato de conducción, aparcando en el parking de un hotel a las afueras del centro de la ciudad de Londres.
-¿Un hotel? -miró a Lexa con sorpresa una vez bajaron del vehículo, y su mujer se acercó a ella, tomándola por las caderas, y sonriendo mientras la miraba-. Lexa, ¿y las niñas?
-¿Quién ha dicho que vayamos a pasar la noche aquí? -tomó la mano de una confundida Clarke mientras la guiaba al interior del edificio.
Llegaron a recepción, donde Lexa preguntó por una reserva hecha a su nombre, y seguidamente el recepcionista le dio la llave de una habitación. Pensó que irían directamente a la habitación, pero la morena la tomó de la mano, dirigiéndola hasta la puerta que daba paso al restaurante del lugar, y, tras mostrarle la llave de la habitación, un camarero les condujo a una mesa que había ya preparada, con varias rosas sobre ella, y una pequeña cajitas colocada frente a la silla donde su mujer le pidió que se sentase. Miró sorprendida todo aquello, porque sabía que le prepararía algo, pero no se esperaba que fuese hasta aquellos límites, llevándola a un hotel para poder tener intimidad por un rato.
-Lexa… -susurró mientras observaba a su alrededor y luego a la cajita que tenía frente a ella.
-¿No vas a abrirla? -preguntó de forma divertida.
Asintió antes de coger el objeto con sus manos y abrirlo, viendo que dentro había un collar de plata con pequeñas piedras de zafiro, y era absolutamente precioso. Alzó la vista para encontrarse la intensa mirada de Lexa sobre ella, y no pudo hacer más que levantarse y tomar su rostro entre sus manos, besando sus labios a continuación.
-Gracias -susurró contra sus labios-. Es precioso, pero no tenías por qué comprarlo -le regañó mientras volvía a sentarse en su sitio.
-Sabes que sí, Clarke -estiró su brazo, alcanzando su mano y entrelazando sus dedos sobre la mesa-. Todo lo que quiero hoy es hacerte sentir especial.
Comieron entre anécdotas de sus días, mientras Lexa le contaba cómo iba todo en el restaurante. Al principio no había querido retomar el negocio junto a su hermano, y había tratado de buscar un trabajo por su propia cuenta, pero finalmente, y con la insistencia de Clarke, había vuelto junto a él, y les iba genial en su trabajo.
Finalmente subieron a la habitación del hotel, aunque a Clarke le seguía pareciendo una locura que hubiese pagado una habitación si no iban a pasar la noche allí, pero no iba a quejarse, porque estaba encantada de poder recibir las atenciones de Lexa de aquella forma. Le encantaba tenerla solo para ella.
La morena se puso detrás de su cuerpo cuando entraron, tapándole los ojos y guiándola entre risas por la habitación, y pudo percibir un suave aroma a vainilla antes de que las manos de Lexa le dejasen ver y se encontrara ante ella con una bañera de gran tamaño llena de agua y con pétalos rodeando toda la estancia. Se giró y se encontró con esa sonrisa increíble de Lexa que le había cautivado desde el primer día, y no pudo hacer nada más que acercarse a su boca y besarla, quería recordarle que ella no era la única que se moría por hacer sentir especial a la otra.
Los brazos de Lexa la rodearon completamente por la espalda, y ella la acercó más a su boca cogiéndola por la nuca, gimiendo al recibir la lengua de su mujer con la suya. Sintió las manos de la morena bajar para agarrar el final de su vestido y le permitió que se lo sacara por completo antes de darse la vuelta y comenzar a desabrochar la camisa que llevaba tras deshacerse de su americana.
Se fueron desnudando poco a poco, disfrutando de las caricias de la otra sobre sus pieles y de los besos que se regalaban, y cuando ya no quedaba ninguna prenda que quitar, Lexa se introdujo en la bañera, extendiendo su brazo para que Clarke hiciese lo mismo, sentándose delante de ella, apoyando su espalda en el pecho de la morena. Se relajó entre los brazos de su mujer, disfrutando de los suaves besos que ésta repartía por su cuello y escuchando su respiración contra su oído.
-Me estaba muriendo por tener un momento así para nosotras -la escuchó susurrar contra su piel, y acarició sus manos, que se encontraban sobre su abdomen.
-Y yo también, cariño -entrelazó sus dedos, echando la cabeza hacia atrás para sentir mejor sus labios sobre la piel de su cuello-. Gracias por hacer todo esto, Lex, eres increíble.
-Te lo mereces todo, Clarke -le aseguró-. Era lo mínimo que podía hacer por ti.
Giró su rostro para volver a besar sus labios, porque necesitaba sentirlos contra su boca. Necesitaba más de Lexa, porque con ella nunca era suficiente, y la besó con ganas, dejándose llevar en ese momento tan íntimo para las dos, entregándose una a la otra como lo habían hecho en infinidad de ocasiones anteriores, pero con Lexa, siempre se sentía como si fuera la primera.
Tras unas horas que se le hicieron más cortas de lo que esperaban, fue hora de regresar a casa. Había pasado un momento increíble junto a Clarke, demostrándose mutuamente una vez más que lo que había surgido entre ellas más de diez años atrás seguía ahí, una llama que no se apagaba jamás.
La rubia pensaba que irían a casa a pasar una tranquila tarde con sus hijas, y no se esperaba para nada la sorpresa que habían preparado con ayuda de Octavia y Raven. Había avisado disimuladamente a la pareja y a Alycia una hora atrás que se dirigirían allí en breves y ellas le habían contestado que estaba todo preparado, así que estaba tranquila, porque sabía que el día iba a terminar de forma perfecta, tal y como pretendía que fuese para su mujer.
Aparcaron frente a su casa y vio cómo Clarke fruncía el ceño y la miraba con cara interrogante al percatarse de varios coches conocidos allí. Uy… no había pensado en eso, pero no pasaba nada, simplemente tiró de su brazo sin dejar que dijese a nadie y abrió la puerta de su domicilio, dando ambas varios pasos dentro de la vivienda hasta que Clarke encendió la luz de salón y un numeroso grupo de personas saltaron gritando un "sorpresa" al unísono.
La cara de Clarke se iluminó por completo al ver a todos sus familiares y personas queridas allí. Incluso un grupo de doctores, colegas del trabajo de Clarke, habían asistido también ya que Lexa los había invitado. La rubia se fijó sobre todo en Alycia, que se encontraba justo frente a ellas y sujetaba con sus brazos a la pequeña Maddie, que tenía en su mano un globo y se mostraba muy sonriente.
-Feliz cumpleaños, mamá -dijo Alycia cuando su madre fue a saludarla.
-Gracias, cariño -se acercó a ella dándole un abrazo, y luego centró su atención en Maddie, cogiéndola en brazos-. Y gracias a ti también, mi pequeñaja.
Lexa se puso a su lado, dejando un beso en la cabeza de su hija pequeña, y saludando seguidamente a Alycia con un gran abrazo, dándole las gracias por el gran trabajo que había hecho con la fiesta. Dejó que Clarke saludase a todos los invitados y ella tomó a Maddie en brazos, dirigiéndose a saludar a su hermano Lincoln y a Anya, que por supuesto también había acudido.
Tras varios años saliendo y acostándose con varias personas diferentes, sin haber sentado ninguno de los dos la cabeza, hacía ya algo de tiempo que los dos habían terminado por aceptar esos sentimientos que Lexa había sabido siempre que tenían, y habían comenzado una relación. Estaba muy feliz de verlos juntos, pues, junto a su familia, eran las dos personas más importantes de su vida.
-Hey, hermanito -le saludó cuando llegó junto a él, dándole un pequeño apretón en el brazo, haciendo que se girase hacia ella.
-Hola, Lex -la saludó con una amplia sonrisa, que se hizo más grande al enfocar a su sobrina más pequeña-. ¡Si está aquí mi chica favorita!
La pequeña rio cuando Lincoln la cogió en brazos, elevándola levemente, y ella se giró para saludar a Anya, dándose un gran abrazo. Ya que Luna estaba tan lejos, y la veía bastante poco, solamente las veces que iba a Cleveland cada dos o tres años, Anya se había convertido en su máxima confidente. Siempre habían tenido una gran relación, pero en los últimos años se había estrechado aún más.
-Lex -la llamó de forma susurrada, y sabía que aquello significaba que quería contarle algún cotilleo-, antes he visto a Alycia hablar por el móvil con una sonrisa muy sospechosa en la cara. Cuidado que algún chico se quiere trabajar a tu pequeña -le dijo con diversión, y la morena le propinó un codazo.
-Déjala, nosotras a su edad también nos poníamos así -defendió a su hija-. Además, quien te dice a ti que sea un chico… -dejó caer antes de alejarse de su amiga, cogiendo a Maddie en brazos para acercarse a los demás invitados para agradecerles también que hubiesen ido a la fiesta.
La fiesta transcurrió en un ambiente muy distendido y alegre. Habían improvisado una pequeña pista de baile en el jardín trasero, y Lexa y Clarke estuvieron bailando juntas un rato hasta que Alycia reclamó a la más joven de las dos para que bailase con ella. Clarke entonces quedó junto a Raven, mientras que Octavia daba de comer a la pequeña Maddie sentada en una de las sillas que había.
-Menuda fiesta te han montado tus chicas, ¿eh? -comentó la castaña.
-Sé que vosotras también habéis ayudado, así que muchas gracias, Raven -le agradeció mientras ambas seguían el ritmo de la música.
-No podíamos negarnos, sino Lexa no nos dejaba comer más veces gratis en el restaurante -bromeó, llevándose un pequeño golpe por parte de la rubia-. Es increíble todo lo que Lexa sigue haciendo por ti después de todo este tiempo.
-Como si tú tuvieras mucha queja con Octavia.
-Ninguna, en realidad -admitió, y ambas sonrieron-. Pero al ser Lexa tan joven cuando comenzasteis, O y yo tuvimos miedo de que se echase para atrás en algún momento.
-Lexa siempre ha demostrado que quería estar conmigo. Con nosotras -aclaró, sintiendo sus ojos humedecerse mientras miraba por encima del hombro a su mujer y su hija bailar mientras hacían tonterías.
-Es una persona excepcional -le concedió Raven-, y me ha dado una sobrinita preciosa que tiene a mi mujer loca.
Miró hacia donde Octavia estaba con la pequeña Maddie, dándole la cena mientras le hacía carantoñas, y tuvo que sonreír, porque su hija era todo un encanto. Había sacado el color de pelo y de sus ojos de su madre, y es que era la viva imagen de Lexa. Además, era muy risueña, siempre haciendo sonreír a todo el que estuviera a su alrededor, y es que ella no podía estar más feliz con la familia que entre Lexa y ella habían formado.
Había sido una fiesta estupenda, y se había alargado bastante, por lo que ya era de madrugada cuando habían terminado de recoger toda la casa con ayuda de Alycia y de Raven y Octavia. En ese momento, Lexa observaba a la pequeña Maddie que estaba dormida en la cuna mientras se apoyaba en el marco de la puerta. Sintió unas manos rodearle la cintura y miró hacia atrás para encontrarse con los ojos azules de Clarke, que le sonreía.
-Alycia ya se ha dormido -le comentó-. Me ha pedido que si mañana puede ir a una fiesta con una tal Casey, que van a ir todos los de su clase.
-Casey… -repitió el nombre en tono divertido.
-¿Qué pasa con ella? -frunció el ceño Clarke.
-Esta mañana me ha preguntado que cómo sabía si le gustaba una chica -le dijo, y rio al ver la cara de sorpresa que puso la rubia-. Creo que está coladita por esa chica, es una niña nueva de su instituto.
-Bueno, esto sí que no me lo esperaba -suspiró con fuerza, y Lexa se dio la vuelta mientras soltaba una pequeña carcajada.
-¿Quién lo iba a decir, eh? -sonrió juguetona, cogiendo la mano de su mujer mientras la guiaba hasta el dormitorio que compartían.
-Bueno, tendremos que dejarla ir, ¿no? -dijo Clarke mientras se metían dentro de la cama-. No podemos romperle el corazón.
-Es bastante responsable, seguro que haremos bien en dejarla ir -le aseguró, cogiendo su mano con la suya y besando el dorso de esta.
Clarke asintió antes de acomodarse contra Lexa, descansando su cabeza en el pecho de la morena, mientras esta la rodeaba con su brazo y la apretaba contra ella. Era una postura que habían memorizado a lo largo de los años, y es que se podía decir que les costaba dormir si no estaban así, sintiendo a la otra cerca.
-A veces recuerdo cómo Alycia te miraba cuando era pequeña -murmuró contra la piel del pecho de Lexa-. Era mirada de admiración… Y hoy en día se la sigo viendo cada vez que te mira.
-Siempre la he querido muchísimo, Clarke -le dijo, acariciando su cabellera rubia-. Siempre la he querido como si fuera mi hija.
-Es tu hija, cariño -le aseguró-. Tú eres la que has estado ahí para ella siempre. Eres la que le ha dado todo.
-No sabes cuánto le debo a Anya por sugerir que buscase trabajo como AuPair -suspiró, abrazando a Clarke con más fuerza-. Nunca pensé que me fuese a pasar esto, y hace ya más de diez años.
-Y los que quedan por venir -le contestó, apoyándose con sus manos en el pecho de la morena, observando esos ojos verdes que la miraban de vuelta con ese brillo especial que siempre había podido observar con ellos.
Se inclinó, besándola con suavidad, y Lexa le devolvió el beso de la misma forma. Se acomodó en su pecho de nuevo tras unos segundos, aspirando aquel aroma de Lexa que le volvía loca. Y es que ella también tenía mucho que agradecerle a Raven por decirle que buscase una chica como babysitter. Porque, algo tan cotidiano como podría haber sido aquello, había acabado siendo lo mejor que le había pasado en su vida. Había acabado convirtiéndose en la madre de sus hijas, y en la mujer de su vida. Y sabía que aquella chica tan increíble que la abrazaba por las noches como si le fuese la vida en ello, iba a estar a su lado para siempre.
Bueno, pues hasta aquí nuestra historia.
Espero que os haya gustado el epílogo como colofón de esta historia, y que hayáis disfrutado leyendo cada capítulo como yo he disfrutado escribiéndolos.
Muchísimas gracias a todas las que le habéis dado una oportunidad a la historia, a las que habéis comentado, votado, reído, llorado, muerto de amor, y cualquiera emoción que os haya provocado este fic.
Esta historia acaba aquí, pero me podéis seguir leyendo en The Reckless and the Brave junto a Miss Ginseym y próximamente en un fic nuevo que ya está en marcha.
Una vez más, muchas gracias, significa muchísimo para mí que os toméis vuestro tiempo para leerme.
Nos leemos pronto,
Marina.
