Arriving to Geonosis
Lydia se encontraba en el planeta Geonosis encerrada en una habitación, rodeada por guardias que le impedían abandonar el lugar.
—¿Es en serio, Anakin? — Preguntó una Princesa muy indignada mientras el Jedi colocaba su sable de luz en su cinturón como si nada pasara.
—Es para su protección — dijo caminando hacia las puertas ignorando completamente las quejas de la Princesa.
Anakin se detuvo en la puerta antes de abandonar la habitación, miró a Lydia y sonrió cínicamente. Lydia por su parte, miró al Jedi inhalando y exhalando pesadamente.
El Jedi abandonó la habitación y la Princesa miró a través de los ventanales cómo este caminaba a través del pasillo y doblaba en una esquina para luego detenerse. Sin quitar la vista de él, Lydia mordió su labio y esperó a que Anakin estuviera listo.
Cuando sintió que era el momento de actuar, se dirigió hacia las puertas esperando poder atravesarlas sin ningún percance, pero los guardias se pararon en frente de ella obstruyéndole el paso.
—Por órdenes del Maestro Jedi Obi-Wan Kenobi usted debe mantenerse aquí, sin ninguna excusa
Lydia enderezó su postura y levantó su puño golpeando a un guardia en la cara. Los ojos del otro se abrieron ante la sorpresa, y no pudo reaccionar antes de que la Princesa se hiciera cargo de él.
Anakin apareció en el momento en que Lydia intentaba recobrar la respiración. Él asintió; obviamente impresionado y le dedicó una sonrisa a Lydia. Ella se acercó al sorprendido Jedi y besó sus labios para luego seguir con su camino.
—Por cierto... fue un gran plan
Anakin no dijo nada y siguió a la Princesa a través de los pasillos.
Anakin se mantenía en silencio mientras ambos corrían hacia los campos, donde pronto llegarían los droides.
La ansiedad de Lydia se disparó en cuanto vio el brillante traje azul y plateado de la única persona a la que le temía en estos momentos.
Jango Fett.
El sable de luz de Anakin atravesaba cada droide que se acercaba hacia él, y luego de unos segundos de admirar los movimiento del ojiazul, Lydia lo imitó prendiendo su propio sable de luz, haciéndolo girar para acabar con los droides que se encaminaban hacia ella.
Lydia pudo ver de reojo a Obi-Wan, cuyo cabello cobrizo se movía de un lado hacia otro mientras este daba un salto para finalizar dividiendo por la mitad a un destructor.
Jango disparó a Lydia, quien cayó debido al impacto y su sable de luz rodó por el polvoriento y destrozado suelo. Ella se apoyó sobre sus manos y rodillas para poder arrastrarse hacia su sable. En el momento en que llegó a este, soltó un grito ya que las pesadas botas de Jango pisotearon sus manos.
—Terminaré con esto
Lydia quitó rápidamente sus manos, e impulsándose golpeó las piernas de Jango con su pie. El caza recompensas se tambaleó, pero no lo suficiente como para caer, sino que este voló gracias a su jetpack alejándose de su contrincante.
Los ojos de Lydia se encontraron con los de Anakin, quien mostraba preocupación, pero se calmó cuando la Princesa asintió, se puso de pie, y corrió a través del campo de batalla.
Obi-Wan corrió hacia Anakin y junto con él empezó a derribar droides. —¿Acaso Lydia está loca?
—Solo un poco — respondió con naturalidad Anakin.
Lydia pudo ver a Jango disparar en dirección hacia dos Maestro Jedi; intentó acercarse para ayudar, pero su corazón se detuvo ante tal visión. Uno de los Maestros cayó al suelo agarrando con fuerza su pierna ya desgarrada. Le tomó un momento asimilar la situación, y luego de esto volvió a correr hacia su dirección.
—¡Cúbrase, Princesa! — gritó el Jedi desde el suelo, pero Lydia ignoró su orden. Miró alrededor tratando de idear un plan mientras Jango atormentaba a los Jedi. Nada llegaba a su mente, estaba bloqueada, frustrada y la ansiedad junto con la náuseas se estaban apoderando de su ser. Cerró los ojos y respiró tratando de calmarse, hasta que por fin lo consiguió; ya sabia que hacer.
Ella corrió hacia una roca que se encontraba por sobre el campo de batalla, prendió su sable de luz y lo deslizó numerosas veces sobre la roca hasta que cedió por completo. Los Jedi que estaban peleando, incluidos Anakin y Obi-Wan se dieron cuenta del plan de Lydia y corrieron hacia el lado opuesto.
Cada momento vivido del último año junto a los Jedi pasó frente a los ojos de Lydia. El momento en que se enteró que había alguien intentando asesinarla, el momento en que se convirtió en la Padawan de Anakin, y en especial, el momento en que se enamoró perdidamente de él.
Sabía que su Madre estaría orgullosa de ella.
La Princesa gritó al sentir cómo la Fuerza Jedi corría a través de sus venas y deslizó por última vez su sable a través de la roca. Esta se desconectó del punto que la mantenía firme a la tierra, y lentamente comenzó a caer.
Lydia corrió hacia Jango; quien no se había percatado de la situación, ya que estaba concentrado en apuntar a la Princesa con su rifle. Lydia fue más rápida y lo agarró antes de que pudiera dispararle.
—Esto, es por mi Madre — dijo pateando las piernas del caza recompensas. Él cayó y levantó la vista para encontrarse con que las rocas se dirigían hacia él.
Lydia cayó al suelo siendo golpeada por una roca. No se dejó aturdir y volteó para poder ponerse de pie, ignorando el dolor que sentía. Cuando se estaba intentando incorporar pudo ver a todos los Jedi observarla y a Anakin correr hacia ella, para ayudarla a ponerse de pie.
—Lo hiciste — susurró con un brillo especial en sus ojos.
Ella se llenó de orgullo al darse cuenta. Finalmente había derrotado a Jango Fett.
Sus brazos se envolvieron al rededor del cuello de Anakin y él la abrazó ignorando el hecho de que todos los Jedi estaban comenzando a subirse a las naves.
Anakin se alejó de ella sin apartar la mirada de sus ojos y sujetó su rostro entre sus manos.
Lydia sonrió ampliamente.
—Lo hice
