Capítulo 24
El burbujeo púrpura bien conocido se hizo presente alrededor de la nave, Goku fue el primero en ponerse de pie, expectante, clavando su mirada en el panorama que comenzaba a pintarse entre matices azules y verdes, dejando entre ver el paisaje calmo que reconoció enseguida.
—Planeta Tierra — el corazón del menor dio un salto al oír la voz de la nave anunciar su destino y giró levemente para mirar a su padre, quién fijaba su atención en el cielo iluminado frente a ambos.
— ¿En qué año estaremos? — preguntó Bardock, sintiendo una extrañeza al no haber escuchado el año de destino en la nave, pero atribuyó ese hecho a que era la nave vieja de los Time Breakers y quizá el comando vocal era algo ambiguo, así que le restó importancia tan solo un segundo después.
—Es extraño... — murmuró Goku mientras su sonrisa se hacía floja sobre sus labios. —No puedo sentir claramente el Ki de las personas — comentó, concentrándose nuevamente en su tarea de tratar de adivinar en qué parte del tiempo estaban según el nivel de energía de sus allegados en la Tierra.
—Es verdad, siento a Gohan, Piccolo, Vegeta, Krillin... Mmm, pero, se sienten demasiado... fluctuantes — su voz dudó con el último calificativo, no quería decir que se sentían intermitentes o inestables, pero la verdad es que no sabía si eran poderosos o no, porque era quizá él quien estaba fallando en leerlos.
—Bueno, supongo que tendremos que investigar — Goku se paró bajo la escotilla, girándola y tomándose un momento para saltar al techo de forma suave y discreta.
—Supongo que podría ser aquí, no siento tu energía dentro del planeta — el menor asintió de acuerdo con esa idea, afinando sus ojos para mirar lo más lejos que podía en el horizonte. —De todos modos deberíamos mantener un perfil bajo hasta estar seguros — agregó Bardock, deslizándose de la nave hasta caer de pie sobre el piso de tierra, notando que este era un tanto más seco a lo que imaginaba.
—Están lejos de casa — la preocupación escapó entre las palabras que soltó Goku, llamando la atención de Bardock, quién trató una vez más de entender la energía de Gohan, quién estaba relativamente cerca de ellos. —Gohan está con Krillin, Piccolo y Vegeta... pero, están muy lejos de casa, ¿Será que ya habrán llegado los androides? — preguntó más para sí mismo que por esperar una respuesta a su cuestión, moviendo sus ojos de nuevo a la distancia donde percibía la presencia de su primogénito.
—No lo sé, hay una borrosa y desconocida energía más que los acompaña, pero... no creo que sean los androides, ellos no tienen Ki — Goku arqueó una ceja ante esa información pero no indagó demasiado, se dedicó a seguir a su padre y de un salto se puso firme en la tierra, decidiéndose a comenzar una travesía en esa dirección.
Bardock no rechistó, moviéndose detrás de Goku, quién aceleraba el paso a saltos ágiles entre el entorno en una carrera rápida que llevaba a cabo sin el uso de su Ki para no ser descubiertos.
No tardaron demasiado en estar muy próximos a abordarlos y disminuyeron el paso, andando con cautela y precisión entre las piedras altas que lucían como peñascos aleatorios por entre el panorama árido. Goku sintió que reconocía el paisaje pero no estaba seguro de dónde era, después de todo, había estado en prácticamente todos los lugares del mundo y podría haber estado ahí en el pasado sin hacer nada especial y no lo recordaba claramente, así que no se esforzó en tratar de pensar porque le resultaba tan familiar todos esos trozos de roca formados y apuntando hacia el cielo por los alrededores, continuando con su andar delante de su padre.
—Parece que no va a llegar — la voz agria y empoderada de Vegeta tronó en el aire y crispó a Goku, haciéndolo atrincherarse en su lugar.
— ¿De qué están hablando? — murmuró Bardock, a su lado, demasiado lejos de una abertura entre las rocas para ser capaz de mirar la escena que estaba sucediendo a unos pasos de ellos.
—Tranquilo Gohan, Goku llegará, ya lo verás — la voz de Krillin sonó demasiado cerca y el menor de los viajeros del tiempo se recluyó en su escondite, pues no había calculado adecuadamente la cercanía de su amigo, logrando tomarlo por sorpresa.
— ¿Qué está pasando, Kakarotto? — Bardock insistió, tratando de encontrar una oportunidad para asomarse sobre el hombro de su hijo.
—Están justo aquí, ¡no hagas eso o me harás hacer ruido! — siseó el menor entre dientes, sacándose de encima las manos de Bardock, que lo habían tomado de los costados para tratar de hacerlo a un lado, logrando solamente hacerle cosquillas incómodas que de haber durado más lo habrían hecho soltar una risa escandalosa.
—Pues entonces deja de perder el tiempo y mira qué demonios hacen... — reclamó en el mismo tono, dando dos pasos para atrás para dale a Goku su espacio, pero cuando esté se decidió a asomarse, miró la figura de Piccolo moverse despacio y de espaldas en su dirección.
Su movimiento fue torpe y arrebatado al caminar de reversa en un claro intento de huida, jalando a su padre consigo para tratar de salir de ahí antes de que Piccolo pasara el borde de la piedra y los descubriera, pero la voz de Vegeta surcó los cielos nuevamente, salvándolos de forma improvisada.
— ¿Qué pasa Namek? ¿Vas a escapar? — Goku y Bardock sostuvieron el aliento cuando miraron la espalda de Piccolo, pero este de inmediato regresó un paso al frente ante las palabras de Vegeta.
—Por supuesto que no, solo me había parecido escuchar algo — comentó el sujeto verde, moviendo sus puntiagudas orejas y cruzándose de brazos, lanzando una mirada de duda a sus espaldas, estaba seguro de haber escuchado voces detrás de las piedras, más específicamente, la voz de Goku a dos diferentes tonos. Sacudió su cabeza, pensando que se estaba volviendo loco, regresando a su lugar al lado de Gohan y Krillin.
"Olvidé el buen oído de Piccolo" comentó Goku a través del canal telepático, recibiendo una mirada de reproche y desaprobación por parte de Bardock, quién de un manotazo sordo lo movió a un lado, dándose paso él para poder presenciar la escena.
Sus ojos se abrieron al tope cuando por el rabillo encontró a Vegeta con el uniforme azul claro que ocupaba en los buenos tiempos en el régimen Saiyan, sumado a esto y más sorprendente, Nappa sonreía a su lado y soltaba alguna basura que no entendió del todo y que no le podía importar menos. "No es aquí, vámonos" indicó, sintiendo la urgencia burbujear en su interior y agazaparse en su cabeza con eco escandaloso, sintió que estaba desesperado de abandonar ese lugar por alguna razón.
"¿Qué viste?" Cuestionó el otro, curioso, tratando de pasar de su padre y dar él mismo un vistazo pero este le frenó con la mano.
"Que no es aquí, es todo lo que necesitas saber" Goku frunció el ceño y se zafó del agarre, tratando de pasar de largo a Bardock pero este volvió a ponerse en medio. "¿Por qué eres tan necio? Ya dije que no" los ojos del joven mostraron bravura y enojo fidedigno, plantándose frente a Bardock con molestia , del otro lado de la roca una acalorada discusión y un intento de batalla relucían, pero los dos viajeros parecían ignorar aquel estruendo casi como si no existiera.
"¿Cuál es tu problema? Sólo quiero dar un vistazo" Bardock apretó los labios, era verdad, no sabía cuál era su problema pero una voz dentro de su cabeza le decía que se marcharan de inmediato.
"Ojalá las cosas que haces fueran de verdad vistazos" reclamó, manteniéndose firme en su lugar, usando su cuerpo de barrera.
"¿Ahora vas a decirme que en Vegita lo único que tú hiciste con mi madre solo fue 'mirar'?" Bardock reprimió un gruñido ante esas palabras y sin poder lidiar más con ello, Goku pasó por sobre de él hasta quedar en el borde de la piedra, donde asomó lo esencial para mirar.
Los recuerdos de la batalla contra Vegeta y Nappa llegaron a su mente como un trueno una vez tuvo clara y completa la escena reluciente frente a sus ojos. Reprimió un respingo de sorpresa ante el duelo que se ejercía en ese momento, justo ahora su él de ese tiempo debería estar volviendo del más allá desde el planeta de Kaio-sama.
Bardock lo tomó del brazo de pronto, haciéndolo saltar en su lugar, pues se había perdido en sus recuerdos y entre todos los sentimientos que se enredaron en su pecho aquel día y ahora se evocaban como remolino en su interior, tan frescos que sentía que no había pasado ni un día. Los ojos del mayor indicaban que era hora de partir, recibiendo un asentimiento suave de Goku, quien suspirando hondo, decidió dar un último vistazo a aquella escena. Un vistazo que pretendía inocente, fugaz, imperceptible, irrelevante, sin imaginar que su vista se iba a topar con un panorama que su propia ética y sentimiento heroico no podía soportar.
Bardock sintió todo irse al carajo tan rápido que pensó que era un sueño, o algo peor, una pesadilla, sin duda. Goku no había sentido sus propios pies moverse, haciéndolo preguntarse si de verdad lo había hecho a voluntad. Una maldición clara y alta salió de los labios del mayor al mismo tiempo que una exclamación de asombro sonaba en la boca de todos los presentes, tan atónitos como ellos dos.
Goku apretó los ojos al saber que la había cagado, una vez más, pero no había podido reaccionar a tiempo para comprender las limitantes de su tiempo y su situación, lanzándose sin meditar para, lo que él creía, era salvar a su hijo. El ataque se esfumó como si fuera nada y el polvo que habían generado sus pies al moverse a esa velocidad se disipó en el aire con una lentitud tortuosa.
Gohan, detrás de él, con los ojos abiertos al tope, no cabía en sí mismo. Piccolo estaba entre Goku y Gohan, con los brazos extendidos en la posición protectora que había elegido para salvar a Gohan del ataque de Nappa, sin esperar siquiera que alguien más pudiera actuar más rápido que él.
— ¿Goku? ¿De verdad eres tú? — Krillin fue el primero en romper aquella congelada y tensa escena, pues hasta Nappa y Vegeta parecían no entender que suecedía.
—Eh… yo… pues sí — soltó una risa ahogada y Piccolo de inmediato lo miró con desconfianza.
— ¿Por qué llevas esa ropa? — preguntó, haciéndolo tragar duro, puesto que llevaba un uniforme saiyajin, muy similar al de Raditz a diferencia de que llevaba medias inferiores largas.
—Yo, eh, bueno, lo que pasa es qué… — se rascó la nuca y Gohan llegó hasta su lado, entusiasta.
— ¡Papá! ¡Me alegra mucho que estés aquí! — el niño lo abrazó de una pierna, sin importarle que estuviera vestido así, el pequeño sabía reconocer a su padre.
—Goku, ¿estás bien? — Krillin se acercó también, ante los rostros extrañados de Nappa y Vegeta, quienes debatían en su fuero interno qué hacer. —Pensé que vendrías del otro mundo, ¿por qué no sentí tu energía al llegar a la Tierra? ¿Qué hay con esa armadura? ¿Por qué te ves tan… diferente? — Goku sonrió forzado y nervioso, rascándose la cabeza una vez más.
—Suficiente, Kakarotto, no sé si te estás burlando de nosotros o qué, pero basta de charlas, no pienses que puedes ganarnos — Vegeta ladró, furioso como siempre, en su interior Goku se alegraba de verlo.
—Sí, bueno, yo… ¿qué les parece si solo tenemos una buena lucha y luego todos nos volvemos amigos? — los rostros de extrañeza no se hicieron esperar, seguido de un bufido de Vegeta.
—No juegues conmigo, insecto, ¿crees que te perdonaré así de fácil la vida? — Goku levantó los hombros y asintió, sonriente. Vegeta hizo amago de lanzarle alguna esfera de energía, pero Goku, con solo la ventisca de su mano, lo derribó.
—Por favor, Vegeta, no quiero hacerte daño — suplicó, ante ojos incrédulos que lo observaron al haber tirado a un ser tan amenazante con tanta facilidad.
— ¿De qué hablas, Goku? ¡Acaba con ellos! —soltó Krillin, expectante, dándole ánimos efusivos a su amigo.
— ¡Sí, papá! ¡Termina con ellos! — le secundó Gohan, poniéndose detrás de él.
—Eh, bueno, yo…
— ¡Suficiente! — Bardock finalmente salió de entre las piedras y se llevó otra exclamación por parte de los presentes.
— ¡¿Bardock?! — Nappa pronunció su nombre en voz alta, respondiendo a la silenciosa pregunta que nadie se atrevió a decir cuando lo miraron acercarse. El mencionado odió que fuera Nappa quien lo mencionara, había odiado a ese tipo demasiado cuando vivía en Vegita y tener que ver su desagradable rostro una vez más le daba nauseas.
— ¿Qué demonios haces tú aquí? — esta vez fue el príncipe quien habló, mandando una mirada acusadora y sorprendida, se veía más asustado de lo que hubiera pensado, en realidad.
— ¿Bardock? ¿De qué hablan? ¿Quién diablos es este tipo? — Piccolo preguntó, desconfiado como siempre, lanzando sus afinados ojos en todas direcciones, como si la respuesta fuese a caerle del cielo.
—Vámonos de inmediato, Kakarotto, ya lo has jodido suficiente — se dirigió a su hijo, ignorando el resto de las cosas. Goku asintió y comenzó a caminar lentamente en reversa hacia su padre, como si hacer un movimiento brusco fuese a romper la escena congelada que tenían delante de ellos.
— ¡No crean que se irán así de fácil! — Nappa, de un salto, había llegado hasta enfrente de ellos, cerrando con su imponente cuerpo su camino.
—Me parece que no has entendido tu lugar, escoria — Bardock levantó una mano, amenazante, pero Nappa sonrió de lado, divertido con la idea de lo que él pensaba era una victoria inminente. —Largo, o te vuelo en pedazos.
—Quiero verte intentarlo, clase baja — Bardock frunció irritado con ese viejo apelativo, conocía un tanto los hechos de ese día, así que sin pensarlo dos veces, lanzó su ataque, asesinando y disolviendo a Nappa en cuestión de segundos sólo con una casi fugaz estela.
Goku abrió grandes los ojos y Bardock sintió el arrepentimiento embargarlo por alguna razón. Antes de que todos los rostros atónitos pudieran comenzar a soltar sus preguntas, el entorno se oscureció y el paisaje se volvió una cortina negra. Giraron a donde sus acompañantes estaban y presenciaron como Gohan y los demás desaparecían en el entorno negro como si estuvieran hechos de arena.
— ¿Qué está pasando…? — Goku murmuró al sentirse sobre el vacío, pero antes de que otra cuestión o el pánico invadiera sus mentes, los dos saiyajins abrieron los ojos de golpe, sorprendidos.
—La prueba terminó — dijo Migi, delante de ellos, al lado de Krauser, quien tenía las manos levantadas en su dirección. —Perdiste, Bardock.
— ¿Qué? — el aludido parpadeó, mirando a su alrededor y topándose con el paisaje de Edolas, parados justo enfrente de la casa del árbol y la nave, de pie a mitad de ese mar dorado de pasto. —No… — sacudió la cabeza, sintiendo su mente doler brevemente mientras todo volvía de golpe y entendía que lo que acababa de suceder había sido la dichosa prueba en donde, por supuesto, había apostado y perdido. —Espera, espera, no puedo perder, yo… — sacudió la cabeza, aun revuelto con las ideas, los recuerdos y hechos regresaban tan bruscamente que dolía. — ¡Fue culpa de Kakarotto! — gruñó, señalándolo acusador, frunciendo mientras el menor cubría su rostro con las manos, entre apenado y culpable, dejando ir un suspiro nervioso, pasando por el mismo malestar que él.
—Pero él y tú son equipo, ¿no? — Bardock soltó una suave maldición, siendo incapaz de argumentar algo contra esa idea.
—Hagámoslo de nuevo, no puede ser posible que perdiéramos… así… — Migi rió brevemente y negó, posando sus ojos saltones en Krauser y susurrándole algo en un idioma incomprensible para los saiyajins. —Te dije que volviéramos — Bardock se giró a Goku, quien aún tenía los ojos apretados fuertemente en una mueca acongojada.
—No fue mi intención, yo sólo… — suspiró, pasándose una mano por la nuca, inocentemente. —Era mi hijo, ¿sí? Solo reaccioné a lo que creí correcto — Bardock bufó, cruzándose de brazos y pensando en cómo iba a solucionar esto, se sentía como un completo imbécil, en primera por haber apostado y en segunda por haber creído que podrían pasar desapercibidos.
—Escucha, Migi, sé que fui un idiota, pero… — el mutante ni siquiera pareció escucharlo, paso de largo hasta estar al lado de Goku, a quién tomó con sus largos dedos carnosos y lo haló en su dirección.
—Es hora de empezar el entrenamiento, Goku — Bardock torció los labios al sentirse ignorado, sintiendo la poca paciencia que le quedaba esfumarse al instante.
—Lo diré una vez, pasta parlante, no me voy a ir, no puedo dejar a Kakarotto aquí, piensa en otra cosa porque no voy a dejar a este cabeza hueca aquí solo — Bardock tomó el otro brazo libre de Goku y tiró de él, alejándolo medio paso de Migi.
—Pensé que eras un hombre de palabra — Migi le miró retador desde su altura, y de haber tenido un rostro más expresivo, le habría mostrado una sonrisa socarrona. —Pero veo que no me equivoqué, no eres más que un cobarde y un mentiroso, ¿no? — Bardock sabía que era una clara provocación, continuando a su disputa sin sentido que habían tenido desde que llegó.
—Soy un hombre de palabra — gruñó, mostrando los dientes. —Pero pensé que…
—Pensaste que ganarías, por eso hiciste una estúpida apuesta a sabiendas que la seguridad de Goku estaba en peligro, para tratar de demostrar que eres un tipo que todo lo puede ¿no? Buscando sentirte superior e invencible, intocable. Pues, nuevas noticias, Bardock, perdiste, fallaste en tu intento patético por demostrar un valor y un poder que no tienes — las palabras parecieron cerrar la boca de Bardock con alguna especie de hechizo, pues este apretó los labios y pasó saliva, sin estar seguro de qué decir. —Ahora, lárgate — Migi se dio la vuelta, arrebatándole a Goku de las manos.
—Disculpe señor mutante, pero, de verdad fue mi culpa, ¿no hay modo de que pueda darnos otra oportunidad? — rogó Goku, mirando el semblante serio y lleno de miedo mal disimulado de Bardock.
—Les estoy dando otra oportunidad justo ahora — Krauser levitó al lado de Bardock, logrando poner a este nervioso enseguida.
—Es hora de irnos, Bardock — el mencionado le miró con el terror sobre sus ojos, buscando con la mirada a Goku en busca de ayuda, pero estaba aprisionado por una de las manos de Migi y en su situación ni uno de los poseía nada de fuerza como para luchar.
—Espera, ¿estás diciendo que me iré justo ahora? ¿A dónde? ¿Cómo…?
—Aprenderás tu propia lección, Bardock, así que no te preocupes por el muchacho, ahora lo cuidaré yo… — Goku trató de zafarse, inútilmente, mirando con la misma expresión incrédula como Bardock era empujado por los campos de fuerza de Krauser al interior de la nave.
— ¡Papá! — Bardock miró a Goku, que cada vez quedaba más lejos, sintiendo su cuerpo ser arrastrado por esa energía invisible hasta el interior de la nave. No importaba cuanto luchara, cuanto quisiera gritar y hacer a ese holograma flotante a un lado, le resultó imposible.
Goku, con los pies imposibilitados sobre el suelo, miró la nave despegar en cuestión de nada y perderse en una bruma púrpura, con Bardock y con Krauser dentro. La ira y la impotencia lo invadieron y de inmediato pensó en atentar contra Migi y salir de ahí a buscar el modo de encontrar a Bardock, o escapar, o algo, pero antes de que siquiera su cerebro pudiera idear un plan, Migi lo soltó y dejó ir un suspiro cansado y tranquilo.
—No te preocupes por él, Goku, todo esto es parte de la promesa — la voz casi robótica de Migi que había usado al conocerse volvió a sonar de su boca. —Los dos tienen cosas que aprender, pero son diferentes tipos de cosas… — explicó, y Goku sintió que una especie de sabiduría salía colada entre esas palabras.
—Espera, ¿quieres decir qué…? — Migi se encogió de hombros y se dio media vuelta, comenzando a caminar al interior de la casa árbol.
—Cuando Jade los encontró, me encomendó dos tareas, Goku, entrenarte aquí en Edolas, y darle a Bardock un camino qué seguir — el muchacho frunció, sin entender absolutamente nada, todo estaba pasando tan rápido que sentía que se estaba perdiendo de muchas cosas.
— ¿Un camino qué seguir? — cuestionó, siguiendo al mutante.
— Bardock no tiene a donde volver — explicó, pasando la puerta de madera y llegando hasta su estantería, donde cogió dos libros gruesos.
— Pero, él podría quedarse conmigo, en mí tiempo… — Migi le miró de soslayo y Goku encontró en esos ojos la verdad: Bardock, por más que él quisiera, jamás pertenecería a su tiempo, no podía encajar en su vida. No estando juntos, al menos.
—Él volverá aquí en un tiempo, lo suficiente para qué pueda saber elegir y al mismo tiempo para que pueda cumplir su labor de llevarte a casa — Goku asintió, aunque no estaba seguro de lo que le estaba diciendo.
—Pero, ¿a dónde lo llevan? ¿Cómo sabes que será ahí dónde él podrá hallar su… camino? — Migi lo pasó de largo de nuevo y avanzó a la salida, dejando la casa del árbol una vez más para llegar hasta el frente de la casa, deteniéndose en medio del pasto.
—Krauser estuvo observando muchas vidas, muchos tiempos, muchos hechos, confío en su elección. Él llevó a Bardock al lugar que él necesita. Y también donde lo necesitan — Goku arqueó una ceja, extrañado, tratando de pensar en qué lugar sería ese.
— ¿Lo llevaste de vuelta con mi mamá? — Migi rió seco, dándose la vuelta para mirar a Goku de frente, observándolo atentamente.
—El problema más común de los seres pensantes es que se aferran al pasado, que sueñan con poder volver a cómo eran sus vidas cuando eran felices. Por qué la felicidad se basa en el placer de repetir, pero la vida no se mueve en círculos, Goku, la vida camina en línea recta — Goku bajó la mirada, pensativo. —En Vegita ya nadie lo necesita, y repetir hechos que él conoce con gente que ya conoce no le dará un nuevo camino, lo mantendrá en el hoyo, por siempre. Lo que Bardock necesita es seguir, hacia un lado donde merezca la pena hacerlo. Un lugar donde también necesiten avanzar — Goku asintió, aunque pesadamente, él no podía siquiera imaginar el peso de lo que acababa de decir aquel mutante, quizá, en realidad, nunca lo entendería. —Por eso hice lo que hice — concluyó, volviendo a levantar los hombros, con simpleza.
—Pero… ¿lo logrará? ¿Encontrar ese camino que dices? — clavó sus ojos al cielo y miró la lejanía, como si pudiera encontrarlo ahí, sobre las nubes.
—Eso ya dependerá de él — Goku frunció los labios ante eso, no estaba seguro de hasta dónde podía llegar la necedad de su padre. —Ahora debes preocuparte por tu entrenamiento, y nada más — Goku recuperó la compostura, asintiendo efusivamente.
—Bien, entonces estoy listo — levantó un puño en el aire, haciendo énfasis en su decisión.
—Me alegra que seas tan entusiasta, eres afortunado de estar en Edolas — Goku levantó las cejas en cuestión, esperando que continuara. —Cuando Vaatu descubrió que sus poderes aumentaban aquí y se volvió un poderoso espíritu, la única forma de derrotarlo fue que Raava, su contraparte de luz, entrenara en este sitio también, lo suficiente para poder enfrentarlo. Desde entonces, los guerreros más fuertes y temerarios de todos los tiempos y universos anhelan poder entrenar aquí en Edolas, buscando ser un día tan poderosos como esos antiguos Dioses — Goku soltó una suave exclamación, sintiendo de nuevo la adrenalina en sus venas.
— ¿Entonces existen guerreros que estuvieron aquí y son así de fuertes? — la ansiedad lo embargó, sintiendo las ganas de poder dominar el Ki en Edolas para luego enfrentar a esos otros guerreros.
—Pues en realidad no. Edolas es un planeta perteneciente a los únicos, por lo que deben viajar en el tiempo, universos y espacio para llegar aquí, y son muy pocos los que pueden lograrlo. Además, cuando llegan aquí, la mayoría muere a los pocos días, incapaces de soportar la reducción de sus habilidades y enfrentarse a las criaturas del bosque — la decepción pintó en el rostro del joven, sacándole un puchero aniñado de frustración. —Los últimos capaces de dominar sus poderes aquí, después de Vaatu y Raava, fuimos Krauser, Jade y yo… ahora somos sólo nosotros dos — Goku tragó duro ante el sentimiento de pérdida que pintó en las palabras de Migi al hablar de su hijo, pero este se compuso con facilidad. —Bueno, entonces, empecemos tu entrenamiento — soltó, tratando de dejar de lado el tema anterior.
—Bien, estoy listo — Goku comenzó a estirar sus extremidades, tratando de pensar qué de todo lo que se venía a la mente harían primero. — ¿Qué tengo qué hacer? ¿Con qué empezamos? — sonrió entusiasta a Migi, pero este solo le entregó los dos libros de la repisa, sin mucho interés. — ¿Qué es esto? ¿Alguna guía de técnicas? No soy muy bueno leyendo…
—No son para que los leas, cabeza hueca — Migi le dio un suave golpe en la cabeza con su largo dedo, haciéndolo soltar un leve quejido. —Mira, así — Le estiró las manos a los costados y después le colocó un libro sobre cada palma abierta a sus extremos. —Ahora, sostenlos por el resto de la tarde — hizo amago de partir, pero Goku soltó un chillido.
— ¿Qué? ¿Eso es todo? ¡¿Cómo se supone que esto me va a ayudar?! — Migi suspiró y negó suavemente, mirando de reojo al saiyajin.
—Créeme, en media hora me estarás rogando que pare — Goku hizo un puchero y Migi ignoró sus quejas yendo directo al interior de la casa. —Y más te vale que no se te caigan, ni hagas trampa, sabré si fallaste, ¿entiendes? — Goku susurró una suave afirmación y divisó al mutante irse.
En su fuero interno, tan solo un segundo después, supo que esa sería la tarde más larga de su vida, y que esa media hora en la que Migi le había asegurado que rogaría por detenerse, parecía que en realidad sería en quince minutos.
Mirando una vez más al cielo tratando de ignorar que ya se había cansado apenas unos momentos después, pensó en su padre, ¿qué clase de aventura tendría él? ¿Sería divertido? ¿Sería entretenido? ¿A dónde estaría viajando? ¿Sería capaz de encontrar ese tan anhelado camino? Y si lo hacía, se preguntaba, con quién.
[…]
Azotó su cabeza una vez más en la pared, pero la sensación y la voz burlona en su cabeza diciéndole que era un completo imbécil no se callaba. Golpeó los puños suavemente contra el mando y se dejó caer finalmente en la silla, cansado de pelear consigo mismo. ¿En qué maldito momento se le había ocurrido hacer semejante apuesta más inútil y estúpida? Era un completo idiota, lo entendía, pero incluso para él era increíble que hubiera accedido a algo como eso. ¡Tenía todas las de perder desde un principio!
Se talló la cara, hastiado, mirando de nuevo la esfera de luz flotando en la cabina, a unos metros de él, era en lo que se había convertido Krauser al parecer en un intento de no interactuar con él. Ni siquiera sabía a donde iba, si regresaría, si sobreviviría, si volvería a ver a Kakarotto y si todo el plan de Migi iba a funcionar.
De nuevo se enojó con él, pero sabía que había elegido aceptar la apuesta por el calor del momento, ningún orgulloso saiyajin podría resistirse a eso, había sido incluso como si Migi le hubiera tendido una trampa. Arrugó la frente ante eso, meditando con cautela en ese pensamiento. Migi era un mutante, y hasta donde él sabía ellos perdían la noción extensa del sentimiento, pero, durante su discusión parecía tan emocional, tocando puntos específicos que le molestaban a él, era casi… casi como si actuara.
Negó, extrañado, era ridículo pensar que todo había sido montado por Migi, ¿para qué? No tenía sentido, bien pudo haberlo noquead o encerrado si no quería que se entrometiera entre Goku y su entrenamiento, ¿por qué llegar a tales extremos? No tenía sentido para él que fuera una trampa y lo mandara a no-sé-qué-lugar. Bufó, nuevamente irritado, la preocupación no abandonaba su cuerpo y apenas habían pasado un par de horas. La idea de no mirar al muchacho lo puso de malas y pronto ya no podía lidiar consigo mismo, se habría seguido golpeando sin tan sólo eso ayudara.
Rindiéndose se puso de pie, pensando en que debería dormir un poco y así olvidarse un momento del pedazo de basura estúpida que era. Pasó al lado de Krauser y le miró de soslayo, era una sensación extraña pero a pesar de haber dejado a Kakarotto con ellos, tenía el presentimiento de que estaría bien. Con suerte, el chico se volvería fuerte y podría volver a su tiempo.
Con suerte, se olvidaría de él.
[…]
Terminó de engullir su breve comida y lanzó los platos a un lado, indiferente. Todo ese gesto amable y docilidad que había adoptado al lado de Goku se había desvanecido, ahuyentado por su constante rabieta y preocupación, era como si su línea de seguridad se hubiera roto y de nuevo su mente ya no conocía los límites o la prudencia dentro de su soledad. Soltó un eructo escandaloso y escupió al suelo un pedazo de algo que se había quedado entre sus dientes, la frustración lo hacía actuar como una bestia, como sólo él mismo podía soportarse.
Bufó, cansino, levantándose de la mesa del comedor y saliendo con paso soso por el pasillo. No estaba seguro de cuantos días habían pasado pero sí sabía que estaba harto de viajar y que su mal humor sólo aumentaba a cada segundo, la preocupación que no lo había dejado dormir era ahora más molesta e irritable, quería parar con todo de una vez por todas, como fuera, estaba muriendo de aburrimiento y la inquietud se lo estaba comiendo vivo.
Pensó en ir a hacer algunos ejercicios o a volver a su cuarto improvisado a dormir de nuevo para variar, pero un sonido extraño llamó su atención cuando pasaba enfrente de la cabina de mando. Asomó la cabeza por la puerta y divisó la figura de Krauser, esta vez completamente humanoide y no ese círculo brillante e inanimado. Estuvo a punto de gruñirle alguna mala palabra o preguntarle que era ese ruido pero antes de que pudiera formular cualquier cosa el sonido se repitió y dio crédito a que se trataba de ñ pitido al presionar los comandos de la nave. Krauser, ajeno a Bardock, a través de sus campos de fuerza, diminutos esta vez, tecleaba insistente alguna cosa que por supuesto el saiyajin no entendía.
— ¿Qué haces? — finalmente Bardock salió de detrás de la pared, pero el mutante no respondió a su cuestión, parecía ni siquiera haberlo escuchado. — ¿Por qué no sólo me dices qué está ocurriendo? — su voz sonó igual de fastidiada que todo él, ya bastante acostumbrado y resignado a que la lámpara brillante no respondiera nunca.
— Espero que estés listo — finalmente esa voz artificial sonó y Bardock levantó las cejas, intranquilo con aquella insinuante premisa.
— ¿Listo? ¿Para qué exactamente? — Krauser se giró a él como si buscara mirarlo a pesar de no tener ojos, al mismo tiempo, la nave siseó escandalosa y el portal temporal se hizo presente alrededor, pintándose en tonos claros frente al cristal de mando.
Bardock miró de inmediato por el ventanal, impaciente por saber a dónde lo había llevado y guardando un poco de esperanza en que en realidad no tuviera que bajar de la nave. —Planeta Tierra — la voz pre grabada de la nave anunció y Bardock lamentó que esta no le dijera el año en el que se encontraba.
— Es broma, ¿cierto? ¿A qué demonios me has traído aquí? — cuestionó sin girarse al mutante, clavando sus ojos al frente mientras trataba por medios visuales y el Ki adivinar donde estaba. — ¿Es aquí el tiempo de Kakarotto? — esta vez sonó más suave, lanzando una mirada dura a su interlocutor, pues había notado que el Ki de este mismo no estaba por los alrededores ni en el planeta.
—No, no lo es, sería algo tonto si lo fuera, ¿no crees? — Krauser lo dijo como si fuera lo más obvio del mundo, admirando con su etérea presencia el paisaje frente a él.
— ¿Entonces qué significa esto? ¿Por qué estamos aquí? ¿Es esto otra estúpida prueba o algo por el estilo? — le dio frente, enrabietado, sintiendo sus venas inflarse en la cien de su frente, exasperado ante la falta de explicaciones.
—No, no es una prueba, Bardock, por mí puedes hacer lo que quieras, destruir este mundo o su universo, si así te parece — el saiyajin soltó un chasquido, apretando los ojos un segundo como si tratara de encontrar sentido a esas palabras. —Sin embargo, no te lo recomendaría, ya que aquí será donde vas a vivir de ahora en adelante — todo el coraje e ira acumulados en Bardock se esfumaron, transformándose en un parpadeo en total sorpresa, terror y negación.
— ¿De qué mierda estás hablando? ¿Me vas… a dejar aquí? — parpadeó, incrédulo, sintiendo su cuerpo temblar azotadoramente.
—Migi me lo pidió específicamente, no puedo hacer nada — Krauser se escudó, aunque bien sabía que él era el que había elegido ese sitio. —Voy a pedirte que no te resistas y bajes de la nave ahora, Bardock, de otra forma, me veré obligado a… — el cuerpo de Krauser fue atravesado por un intento de golpe. Bardock había imaginado que no podía tocarlo, pero invadido por la desesperación no había considerado el indudable hecho de que no podría pelear.
—Regresa la nave a Edolas, inmediatamente — Bardock se recompuso de su fallido ataque y levantó la mano con una esfera de energía en su dirección, amenazante, incluso cuando entendía perfectamente que nada de lo que hiciera podría mejorar su situación ni dañar a Krauser, no iba solo a rendirse sin luchar.
—Bueno, no habría querido llegar a esto, pero no me dejas opción — Bardock quiso evitar un campo de fuerza que aunque invisible entendía que lo dirigiría hacia él, pero había olvidado el hecho de que Krauser fuera de Edolas era mucho más fuerte de lo que esperaba y terminó por golpearlo con fuerza en un costado, derribándolo tan fácil y tan patéticamente que se odió y se avergonzó de sí mismo.
Krauser no perdió tiempo, abriendo la escotilla con el mismo método, empujando a Bardock sin ninguna clase de dificultad por la puerta que acababa de abrir. El saiyajin salió volando sin resistencia por el frente de la nave y dio contra el suelo, seguido de un par de vueltas. Levantó la vista apenas para mirar como el mutante cerraba la puerta, tensando sus músculos para emprender un veloz y agitado movimiento de regreso a la nave, pero apenas pudo ponerse de pie, esta misma ya desaparecía entre la bruma de la misma nada.
— ¡Hijo de puta! — gritó, azotando los puños contra el suelo lleno de ira, sintiendo sus dientes temblar y azotarse en un chasquido desquiciado, totalmente tenso.
Hundió su rostro de nuevo entre el pasto y la tierra debajo de él y gritó con todas sus fuerzas, soltando todas las maldiciones en todos los idiomas que se sabía, fuera de sí. Tras unos minutos envuelto en una crisis y revuelto por las emociones, dejó todo el cuerpo de su peso en el suelo, sin resistencia, como si hubiera muerto y su cuerpo no fuera más que un tonto pedazo de trapo viejo desparpajado en el piso. Se giró sobre de sí y miró ese azulado cielo frente a sus ojos, extendiéndose como si fuera eterno. Sencillamente, no entendía su des fortunio.
— ¡¿Qué te sucede, Dios?! — gritó al cielo, a la nada, a una deidad real o imaginativa. — ¡¿Esto podría ser peor?! — reclamó, sintiéndose en el fondo del hoyo una vez más, abandonado, lejano, sin un propósito, arrepentido, asustado. Su vida parecía haber vuelto al principio y no podía soportarlo, estaba perdido en un nuevo desierto desconocido, sin escapatoria, sin refugio, sin saber a dónde ir o qué hacer. —Sólo… sólo quiero descansar — gimoteó, perdiendo la fuerza en la voz. — ¿Por qué… sencillamente no puedo dormir? — se cubrió los ojos con su antebrazo y se sintió convulsionar sobre el suelo, sobrepasado, siendo atrapado de nuevo en aquel sueño de él volando sobre el cielo al dorado del sol en la eternidad del horizonte azul. Volando, volando…
[…]
Un cosquilleo en el brazo lo despertó, sintió lentamente su cuerpo reaccionar y entendió que se había quedado dormido en el lugar donde Krauser lo había arrojado fuera de la nave y no se había dado cuenta. Su brazo aun cubría sus ojos y el calor del sol le dio rápidamente el entendimiento de que si abría los ojos se toparía con la brillante luz del medio día. Negó para sus adentros con hastío, se sentía lo suficientemente perezoso y emocionalmente cansado como para enfrentarse a la luz, decidiendo tomarse un momento para espabilar completamente.
Sin embargo, el roce en su brazo que lo había despertado se repitió, haciéndolo endurecer sus facciones mientras pensaba en lo que podría ser, un insecto, una planta movida por el viento. La idea se modificó en su mente cuando el roce se hizo presente una vez más, y en esta ocasión fue consciente de que un suave y casi inexistente peso era colocado sobre su pecho, con discreción y cautela, para no despertarlo.
Abrió los ojos debajo de su brazo pero no pudo ver nada, por la posición de aquello que coincidía perfectamente con lo largo de su mano, que lo cubría en su campo visual. Pensando en que podría ser un enemigo –o muy acostumbrado a que estos aparecieran de la nada- elevó lo suficiente su Ki para acumular energía en una mano, dispuesto a atacar si era necesario. Con la misma cautela en la que parecían estarle colocando cosas sobre el pecho, retiró su mano con lentitud, dándose paso a un brillante sol que lo cegó unos segundos antes de que pudiera dar con lo que tenía enfrente.
Sus ojos se hicieron grandes de la impresión y se toparon con un par de ojos negros iguales a los suyos, mirándolo de la misma forma en la que él lo hacía, tan sorprendido como él. Ni uno de los dos dijo nada por lo que parecieron horas de contemplación, siendo Bardock quien apartara la mirada para observar su pecho, encontrando piedritas y flores de diferentes formas y tamaños acomodadas sobre él, en una amorfa forma que él no entendía.
— ¿Estás muerto? — preguntó finalmente el niño de rodillas sentado al lado de él, que aunque parecía asustado y sus palabras sonaban tímidas y angustiadas, parecía no poder aguantar más su pregunta.
— ¿Qué…? No — Bardock se incorporó ligeramente y las piedras y las flores cayeron por los lados, haciendo que el pequeño niño se encogiera en su lugar, temeroso. —No voy a lastimarte, y no estoy muerto — aclaró, pero eso no pareció relajar al infante. — ¿Qué estabas haciendo? — preguntó Bardock tras unos momentos, contemplando que había también una línea de piedras que lo rodeaba por completo, dejando marcada su silueta en el suelo.
—Te estaba enterrando… y dejando flores — soltó, en un hilo de voz, abrazando sus rodillas y mirando con desconfianza al mayor.
— ¿Esto es una tumba, entonces? — arqueó una ceja y el niño asintió, evitando mirarlo a los ojos. —Bueno, nunca nadie había hecho eso por mí — sonrió ante lo estúpido e irónico que eso sonaba, que aunque era verdad nunca había reparado en la importancia de esa idea. — Pero puedes ahorrártelo, sigo con vida… por desgracia — lo último lo susurró, aunque estaba más que seguro que el otro lo había oído.
— ¿Por qué estás vivo? Mi mamá dijo que habías muerto — su voz sonó rasposa, a punto de quebrarse, y Bardock entendió su confusión al instante.
—Bueno, yo… no soy… — pasó saliva, quitándose unas piedras más sobre de su cuerpo mientras se sentaba en el suelo. —No soy quién piensas, Goten — el mencionado abrió grandes los ojos y Bardock lamentó su descuido, pateándose internamente y arrepintiéndose de inmediato. Miró alrededor, pensando en si el pequeño venía con Gohan o algo de los otros guerreros bobos, pero al sentir los ki, entendió que Krauser lo había dejado malditamente cerca de la casa de Kakarotto en la montaña Paoz, y que seguramente Goten había llegado ahí por sus propios medios.
— Tú… ¿eres mi papá? — a pesar de que el niño parecía entusiasta, su mirada no dejaba de estar asustada.
—No, Goten, yo… — su lengua se trabó, ¿qué iba a decirle de todos modos? Negó, no tenía idea de en qué año estaba ni cuánto tiempo faltaría para que Goku regresara para la batalla contra Majin Boo, pero estaba seguro de haber oído de la participación de Goten y Trunks en esa pelea, y por el diminuto tamaño del chico podía imaginar que faltaban unos años, quizá, para que este volviera. — ¿Cómo sabes cómo luce tu padre? ¿Por qué dices que lo soy? — no le importó la falta de lógica en su pregunta, Goten era un niño después de todo.
—Mamá tiene fotos tuyas en tooooda la casa — explicó, un poco menos cohibido esta vez. —Y luces así — lo señaló, y Bardock maldijo esas cámaras humanas.
—Bueno, como sea — se talló la cara, lamentando no haberse dado cuenta antes que estaba tan cerca de las principales personas de las que se tendría que esconder. —No le digas a nadie que me viste, ¿sí? — sonrió lo más gentil que pudo, susurrando aquella petición como si en ese momento alguien pudiese escucharles.
—Está bien papá — Goten sonrió por primera vez y Bardock no pudo contradecirlo, no sabía cómo explicarle y pensó que quizá tampoco haría falta, si era lo suficientemente precavido podría marcharse luego de que el niño se fuera y no habría razones para que alguien diera con él. —Aunque mamá siempre está triste, y llora mucho frente a tu fotografía… ¡Seguramente saber que estás vivo la haría sonreír! ¿Podría decírselo sólo a ella? — Bardock pasó saliva fuertemente ante aquello, sintiendo todo su plan caerse al suelo, necesitaba convencer a Goten de mantener la boca cerrada.
—No, Goten, eso… arruinaría la sorpresa… — dijo Bardock, inventando algo lo suficientemente bueno para un niño a máxima velocidad. —Yo, se lo diré pero… será una sorpresa, ¿sí? Así que no debes decirle porque eso lo arruinaría y ella lloraría mucho, ¿entiendes, verdad? — Goten pensó un momento lo que acababa de escuchar, pero terminó asintiendo, entusiasta.
—Bien, entonces sólo lo sabremos tú, yo, Gohan, el señor Piccolo, Trunks… — Bardock le puso una mano sobre la boca rápidamente, frenando sus palabras mientras sentía la paciencia abandonando su cabeza una vez más.
—No, Goten, no puedes decirle a nadie, esto será… el secreto entre papá y tú, de nadie más… — aniñó la voz para tratar de llegar hasta el chico, y este, ante aquello, sonrió y salto brevemente en su lugar, alegre.
— ¡Es un súper secreto entre papá e hijo! — Goten le miró y sin poder resistirse, lo abrazó, lanzándose a él. Bardock lo recibió y se quedó tieso en su lugar, sin saber qué hacer. — ¡Ya quiero que les digas! Trunks siempre está hablando del tío Vegeta y yo nunca tengo qué decir, pero, ahora va a ser diferente, ¿verdad? — Goten se separó, poniéndose de pie y levantando sus manos en el aire, emocionado. — ¡Todo será mejor porque reviviste! ¡Iremos a entrenar, a pescar, a la feria, a la ciudad, juntos tú y yo! — clavo sus ojos en Bardock esperando una respuesta, su mirada decía que había pasado por muchas cosas, pero su voz, era la de un niño. Y Bardock pudo sentir su pena y su dolor, y se miró a él mismo abandonado en las calles de Vegita, sin un padre, con la sensación de vacío dentro. Luego, en su fuero interno, miró a Kakarotto abandonado por él en una nave. Y supo que ser un mal padre era seguramente de familia.
—Sí, será diferente, pero, tienes que prometerme que no le dirás a nadie hasta que yo te diga, ¿sí? — reiteró su punto de interés, sin entender que era esa sensación de empatía y de culpa acumulada que de pronto comenzaba a emanar en su pecho.
— ¡Sí papá, lo prometo! — Goten atendió, veloz. — Tenía… muchas ganas de conocerte — admitió, dejando ver sus ojos aperlados bajó la luz del sol. — ¡Estoy muy feliz! — de nuevo saltó sobre él, abrazándolo, esta vez, discretamente, Bardock correspondió.
[…]
— Y luego papá va a hacer una fiesta enooooorme, y va a invitar a todo el mundo, y habrá pastel, y habrá payasos, y luego iremos a pescar, y al final va enfrentarse al tío Vegeta y luego va a casarse con mamá, y vamos a volar por toda la galaxia juntos — explicó Goten, con entusiasmo, levantando las manos y haciendo ademanes cada que contaba una parte diferente en su historia. — ¡Pero no le digan que les dije porque es una sorpresa! — Gohan volteó a ver a su madre, quien levantó una ceja, extrañada, devolviendo la misma cara llena de sorpresa a su hijo mayor.
—Me parece muy bien, cielo, esperaré eso con ansias — sonrió al pequeño y este asintió, engullendo velozmente lo que le quedaba de comida en el tazón.
— ¡Ahora voy a terminar mis deberes para poder ir con papá! — se levantó de su asiento de un brinco, mirando con los mismos ojos brillantes y llenos de esperanza a su madre. —Ayer jugamos mucho, y me dijo que volviera para planear más cosas de la fiesta — agregó, girando finalmente para correr a su habitación, pues Chi-Chi había decidido enseñarle los primeros niveles educativos en su propia casa, así que sus útiles estaban en su mismo escritorio dentro de su cuarto.
—Jamás había visto a Goten con tantas ganas de estudiar — soltó Gohan, comiendo brevemente de su tazón.
—Ni yo. Aunque… no sé a qué venga todo eso de su padre — Gohan notó la voz triste que su madre dejó ver en sus palabras y suspiró, soltando su plato para colocar una mano en el hombro de la mujer, consolador.
—No te preocupes por ello, seguramente le hace falta esa figura o idea en su vida y solo… lo está usando como… esperanza… lo imagina para rellenar el vacío — Gohan explicó de la mejor forma que pudo a su madre, tratando de disipar su angustia e intranquilidad. —Además, no le está haciendo daño a nadie… y quizá le venga bien… — le sonrió con dulzura y ella asintió, soltando aire con fuerza y recargando sus manos en la mesa, agotada, llevando sus ojos negros a la fotografía de su difunto esposo que reposaba en la pared.
—Bueno, supongo que está bien entonces… pero… me pone triste que se sienta así de solo — Gohan bajó la mirada, entristecido de igual manera, dejando caer sus ojos sobre aquel retrato inmutable en la pared.
—Yo también lo extraño — acordó a lo que sabía que estaba pensando su madre, y esta solo asintió, llena de pesar. —Es muy triste que Goten no lo conociera… pero, ya nada podemos hacer. Déjalo jugar en el bosque, e imaginar lo que quiera. No podemos robarle esto también — Chi-Chi asintió ante lo cierto de aquello, recargándose en su silla mientras su mente volvía a perderse en un pasado que jamás volvería. En una imaginación que no existiría. —Bueno, me voy — Gohan se puso de pie y le dio un beso a su madre en la frente, tomando sus cosas y saliendo de la casa con presura.
Gohan había decidido tomar los últimos años de la escuela media en una ciudad no muy lejana a la montaña Paoz, ni tampoco muy grande; decía que le serviría como base para después poder ir a la gran Ciudad Satán en la Orange Star High School, Chi-Chi no había puesto resistencia ya que consideraba ineficiente la educación en casa a esas alturas, dejándolo ir los últimos dos años antes de poder ir a Ciudad Satán.
Se quedaba solo con Goten desde entonces la mayor parte del día, y aunque ella hacía un buen trabajo como tutora, llegaba un momento en que ambos seguramente se sentían hundidos en la misma sensación de soledad. Piccolo había dejado de frecuentar tanto a la familia luego de que Goten se valiera por sí mismo lo suficiente, y Chi-Chi, tan estricta y ordenada como era, se había sumido en una rutina vacía y sin sentido, cocinando, limpiando, lavando, ayudando a Goten o escuchando a Gohan hablar, y aunque era bien sabido que disfrutaba de sus tareas domésticas, había algo dentro de ella siempre presente, siempre doliendo, siempre vacío y haciendo un eco de un grito desesperado.
—Yo también quisiera poder verlo… — sonrió para sí misma y miró la fotografía, después, una risa sin chiste abandonó sus labios. Sabía, dentro de ella, ni si quiera tan profundo como le hubiera gustado pensar, que aunque él volviera, jamás podría volver las cosas a cómo eran antes. El pasado había quedado demasiado atrás, en recuerdos, en memorias, en instantes irrecuperables e irrepetibles. Quizá, incluso con él ahí, esa felicidad nunca regresaría.
Suspiró, cansada de tanto darle vueltas a lo mismo, cansada de sentirse sola y abandonada, apartada, lamentando su situación todos los días. Al principio, cuando él se había ido, se colgaba a llorar noches enteras, a idolatrarlo, a extrañarlo. Ahora quizá extrañaba más sólo viejas y juveniles sensaciones. Ahora miraba la foto y se veía a ella, en su extraña retrospectiva, y entendió que se extrañaba también, a esa aventurera y sonriente mujer que tenía energías, ganas y fuerzas para querer enfrentar la vida entera. Los años la habían atrapado, suponía. O era quizá que se estaba aferrando a una idea perdida en donde seguía esperando por algo que no volvería, por alguien que no quería regresar. Estaba estancada, en la vida, en el amor, en su existencia, en su rutina, en un matrimonio que se había acabado y nadie quería aceptar. Goku estaba muerto, pero a ojos del mundo ella era aún su mujer. La esposa de un fantasma, la esposa del vacío, del sinsentido, del egoísmo, del silencio, de la soledad, del abandono, del rechazo.
Se levantó bruscamente y agitó la cabeza, de nada le servía auto compadecerse porque de todos modos nada iba a cambiar. No tenía la fuerza ni la entereza para que eso sucediera, y quizá, tampoco cabía en ella esa posibilidad. Sólo ser siempre esa madre, esa esposa, atrapada y olvidada en esa montaña hasta, probablemente, el final de sus tiempos. Pero así estaba escrita su vida, quiso pensar, y entonces la aceptaría. Aunque ya no se sintiera más una persona o mujer, aún era madre, y pasara lo que pasara, así se cayera el cielo literalmente o no, ella no dejaría de serlo, nunca, y era esa la razón por la que se ponía de pie, amarraba el cabello y sonreía en las mañanas mientras hacía el desayuno. Por sus hijos, valía la pena luchar.
Por ellos, por nadie más.
[…]
Maldijo una vez más en sus adentros cuando lo miró venir, corriendo a lo máximo que podía mientras levantaba las manos y sonreía, tratando de ir más rápido a pesar de que era claro que ya no podía. No entendía porque, pero no se había marchado como él quería, no había tomado el valor de comenzar a caminar y perderse en el bosque, o al otro lado del mundo, si quisiera. Se lo había prometido el día anterior, mirarse de nuevo, y a pesar de que en el momento le pareció falso y le mentía para no herirlo, sencillamente sus pies no habían podido escapar y se había quedado merodeando las montañas, durmiendo peligrosamente cerca de aquella pequeña casa, y ahora, a medio día, había aguardado por ese pequeño en el mismo claro donde se habían encontrado el día anterior.
Imaginaba la cara de tristeza y decepción en Goten al no encontrarlo y sencillamente no podía con eso. Entonces no pudo quedarle mal, se lo había prometido, y a él le habían fallado tantas veces y tantas personas en la vida de formas tan crueles y estúpidas, que sabía lo suficientemente bien qué se sentía, mucho más a esa edad. Había sido estupidez, o nobleza, quizá solo su rebuscada e inútil necesidad de contacto humano, de pertenecer a un algo ahora que estaba solo y abandonado, que probablemente él necesitaba a Goten tanto o mucho más de lo que el niño lo necesitaba a él.
—Hey, muchacho — saludó, alborotando el cabello de Goten a forma de saludo mientras él abrazaba su pierna, tan lleno de emoción y felicidad como el día anterior. — No dijiste nada de nada de lo que hablamos, ¿verdad? — preguntó, preocupado, pero el menor negó, entusiasta.
— ¡Vamos a jugar a lo mismo de ayer! — le propuso, levantando los puños al aire. Bardock asintió, ocultando avergonzado el entusiasmo.
El día anterior habían terminado en un improvisado entrenamiento luego de que Goten le confesara que su madre se lo tenía prohibido y que Gohan nunca pasaba tiempo con él para eso. Bardock necesitaba des-estresarse y pensó que un combate con uno de los que enfrentó a Majin Buu le serviría de algo pero Goten era débil e ignorante en las artes de la guerra y las peleas, así que sin siquiera planearlo o desearlo, habían terminado en un entrenamiento donde se posicionaba como su mentor. Y ahora, tenía genuino entusiasmo en mirar aprender a un prodigio.
No había un segundo en el que no pensara en Goku y en como irían las cosas, por supuesto, pero no podía pasarse los días tirado y maldiciendo su existencia. No estaba seguro de si de verdad Migi iba a dejarlo varado ahí, pero los días comenzaron a transcurrir más rápido de lo que esperaba y cada vez era menos frecuente las veces que miraba al cielo a esperar que volvieran por él.
En contra de su voluntad, parecía como si estuviera obligado a avanzar.
[…]
—Es muy fuerte, mamá, y me está enseñando técnicas nuevas de cuerpo a cuerpo — dijo Goten con un puchero en el rostro, arrastrando los pies hasta estar frente a su madre.
—Bueno, ya lo verás mañana, cariño, no te preocupes por ello ¿sí? Ahora anda afuera y sube al auto — pidió dulcemente, y el niño torció su rostro de nuevo, inconforme.
— ¿Por qué no puede ir con nosotros? — Chi rió dulcemente y le negó, buscando su bolso apresurada como para darle más atención. —Va a estar triste por no verme, mamá — volvió a quejarse pero su mamá solo dio otra negativa.
— ¿De quién habla? — preguntó Piccolo, parado en la marquesina de la puerta, recién llegado. Los tres voltearon a verlo y Goten fue hasta él, abrazando su pierna con cariño.
— ¡De mi papá! ¡Él es muy fuerte! ¡Estamos entrenando muy duro! ¡Él es el más fuerte de todos! — El Namek frunció y volteó a ver a Gohan, buscando explicaciones.
—Por alguna razón su nuevo amigo imaginario es mi papá, y desde hace como un mes se la pasa hablando de eso — sonrió dulce y tranquilizador, caminando al lado de su mentor mientras esperaba por su madre.
— ¡No es mi amigo imaginario, Gohan! ¡Papá es real, está vivo y vive en el bosque! — señaló a donde se frecuentaba con Bardock, inflando sus mejillas en irritación.
—Ah, claro Goten, lo siento — Gohan le sonrió amoroso y comprensivo y el niño asintió, convencido con su modesta disculpa.
—Sólo es un niño — dijo Chi, uniéndoseles finalmente. — ¿Nos vamos? — pasó de largo de los hombres, subiéndose al copiloto del auto y cerrando la puerta tras de ella.
Piccolo odiaba hacer eso pero lo hacía como un favor a Gohan, así que no podía rechistar. Se subió al conductor y arrancó el auto, llevando a la familia Son de compras como cada tanto, a veces iba, a veces se alejaba mucho tiempo, pero cuando Chi-Chi veía la oportunidad, lo obligaba a llevarla a la ciudad con sus hijos, como en los viejos tiempos.
Sin embargo, Piccolo se quedó pensativo mientras Goten soltaba otra sarta de cosas sobre su padre y detallaba técnicas de combate cuerpo a cuerpo con exactitud. Gohan parecía distraído y disperso, Chi-Chi demasiado cansada y hastiada como para lidiar con lo que creía eran imaginaciones de un niño, ni uno de los dos le había prestado la suficiente atención como Piccolo hacía, dando fe de que los movimientos y técnicas que decía eran técnicas que él ya había visto antes, movimientos que reconocía.
Vegeta peleaba así, Nappa peleaba así, ¿Qué se suponía que significaba eso? Gohan había sido su alumno, moldeado a su forma, y Chi-Chi había sido guerrera pero sus técnicas variaban siempre en las artes marciales clásicas terrícolas. ¿Quién podría haberle dicho a Goten todas esas cosas entonces? Además, sabía que podía ser un niño y todo lo demás, pero Piccolo sabía reconocer una mentira y una alucinación, Goten no tenía ni la habilidad ni la necesidad de inventarse un padre y sacar técnicas de otras culturas y de otros planetas. No supo cómo o porqué, pero una extraña sensación invadió su cuerpo.
[...]
— ¡Nos vemos mañana! — dijo a modo de despedida, abrazando la pierna del hombre, este sonrió de lado y le palmeó la cabeza, sorprendido con que las horas hubieran vuelto a volar así de rápido.
—Bien, estudia cómo te dijo tu madre, ¿de acuerdo? — Goten asintió, levantando sus cosas que usaba para aprender en casa y se volvió a despedir agitando su mano en el aire mientras se alejaba.
Bardock suspiró y lo miró irse, correspondiendo su despedida con un movimiento suave de su muñeca. Se quedó en silencio entonces, cruzado de brazos y con sus ojos la figura de Goten que se veía como un pequeño y borroso punto que de a poco terminó por desvanecerse detrás de una pequeña montaña. Suspiró, aflojando la sonrisa que no se había dado cuenta que llevaba sobre sus labios y se concentró en esa extraña sensación detrás de su cabeza, como si una mirada de ojos duros quisiera partirle la nuca. Quizá estaba loco, o quizá tantos problemas y tanta experiencia en que la vida estuviera llena de porquería, pero podría haber asegurado escuchar ruidos durante el tiempo que estuvo con Goten, pero tras girar la mirada infinidad de veces no había encontrado nada. Goten era naturalmente ruidoso pero ahora que estaba solo, finalmente, como el siseo de una serpiente en el suelo, escuchó el aire romperse en un cuerpo firme, y con ello, una casi imperceptible respiración.
—Ya puedes salir de ahí — la voz suave que había usado por horas al lado de Goten se endureció de pronto, sonando totalmente amenazante. Por un momento dudó que ahora estuviera paranoico y todo hubiese sido producto de su imaginación, pero pasos suaves tanto como el viento comenzaron a andar sobre las hojas, haciendo con cada pie un susurro hasta que los pasos se detuvieron justo detrás de él.
— Así que me notaste — La voz grave y dura de Piccolo sonó y Bardock sonrió de medio lado, no esperaba menos de aquel Namek, de todos modos. Se encogió de hombros y suspiró, mirando aun aquella pequeña colina que escondía detrás el pequeño hogar de los Son.
—No eres el único con buen oído, ¿sabes? — Piccolo se permitió sonreír, pero no bajó la guardia, manteniendo los brazos rígidos en su pose aparentemente relajada e inmutable.
—Parece que sabes mucho... — comentó, recibiendo solo otro asentimiento, como si aquello no tuviese importancia o fuera lo más normal. Piccolo le miró detenidamente, no tenía cola y el rostro era idéntico al de Goku, pero por lo que había estado observando desde hacía horas, estaba claro que no era el padre de Gohan a quien tenía enfrente, y aunque no parecía precisamente hostil, no podía darse el lujo de solo dejarlo pasar sin entender lo que estaba sucediendo al respecto. — ¿Quién eres, saiyajin? — Bardock finalmente quitó sus ojos del frente y dio media vuelta, mirando a Piccolo, quien parecía bastante retador.
—Me llamo Bardock — no tenía caso ocultarle eso, en realidad, lo había atrapado pero él mismo ya lo había previsto tomando en cuenta la cercanía que tenía con la familia de Kakarotto. Sin embargo, también entendía que Piccolo tenía una inteligencia y entereza que se notaba y lo dejaba muy por sobre el grupo de esos dichosos guerreros Z. Ocultarle cosas tan tontas como su nombre o incluso la verdadera situación no tenía caso considerando su estado, así que lo mejor era responder sus dudas y librarse de él, nada más.
— ¿A qué has venido? ¿Qué pretendes? — Bardock torció los labios, pensando en lo que debería de decir, no sabía si responder o no de forma satírica, después de todo era su forma estúpida y natural de ser, pero una parte de él, cansada y desesperada por una charla adulta y quizá sutilmente un desahogo verbal, lo orillaban a ser honesto.
—Yo no quería venir aquí y no pretendo nada, en realidad. No he venido a destruir la Tierra, si a eso te refieres… si fuera por mí, estaría en cualquier otro lado, créeme…— Piccolo angostó los ojos, un tanto dudoso. Era claro que no pretendía destruir o atacar la Tierra, después de todo Gohan le había mencionado que Goten llevaba más de un mes mencionando a "su padre", por lo que era deducible el hecho de que Bardock llevase el mismo tiempo merodeando por ahí. —Sin embargo, no puedo irme, así que parece que viviré aquí ahora…, no tengo qué más hacer… o a donde ir… — dejó ir aire fuertemente por su nariz, bajando los hombros y volviendo su mirada al cielo, esquivo. — Así que este tonto planeta está a salvo, eso era lo que querías escuchar, ¿no? — levantó una ceja, interrogante, mirando de reojo a Piccolo, quien finalmente se relajó un poco.
— ¿Por qué dices que no puedes volver? ¿De dónde vienes? ¿Por qué no puedes irte? — el hastío de tener que responder tantas preguntas se notó en Bardock, pero hacerse el difícil sólo crearía riñas entre ellos y necesitaba mantener su perfil bajo, no quería tener que elevar su Ki ni tener que enfrentarse a la boba pandilla de mequetrefes defensores de la Tierra, así que decidió calmarse, ahorrándose su discurso ácido y grosero y decidiendo ir al grano de una.
—Bueno, es fácil, primeramente, no tengo una nave para irme, después, si obtuviera una nave de esa mujer, Bulma Brief, no es una nave del tiempo como la que busco, y aún si tuviera una nave del tiempo, no tengo una puta idea de a dónde tengo que volver, porque se supone que yo debería estar muerto, y a donde quisiera regresar queda en el maldito fin del universo y no tengo las coordenadas de ese lugar. En pocas palabras, estoy atrapado aquí, ¿feliz? — Piccolo río por lo agrio de la situación narrada y se cruzó de brazos, fingiendo indiferencia. Muchas preguntas le nacieron ya que se notaba que era un viajero del tiempo, un montón de otras cuestiones nacieron también, preguntas sobre su procedencia, el futuro, su parecido con Goku, su apego a Goten, hacia donde iba y si tenía un lugar para volver. Pero no cuestionó nada, sin embargo, miró en los ojos de Bardock la penumbra de su alma y supo que no había nada más para decir.
No le incumbía, y aun si él tuviera curiosidad, se notaba que eran cosas sensibles y demasiado personales. Él más que nadie podía reconocer la pena y la sensación de no estar cómodo con los temas sentimentales y por un momento se vio a él mismo en esos ojos negros y distantes que poseía Bardock. Vacío y sin propósito, solitario y estoico. Abandonado y perdido. Pero sin tener más alternativa que seguir. Seguir, buscar y luchar por ello. Sonrió sin gracia y bajó la mirada, dibujando una expresión satisfecha y calmada, se notaba que no era un tipo malo o peligroso, incluso su personalidad le recordó a Vegeta y lo hizo negar para sus adentros, posiblemente era esa la característica típica saiyajin, esconderse detrás de máscaras impenetrables, y ambos habían terminado en la Tierra, humillados y decepcionados. De ellos mismos, de todo lo demás. Quizá, pensó, Bardock también era un refugiado sin ser capaz de volver, y quizá también, podría encontrar lo que buscaba en la Tierra. Como Vegeta había encontrado a Bulma, como ellos habían concebido a Trunks.
—Bien, como digas, pero no te atrevas a hacerle daño a esa mujer… o a sus hijos, ¿entiendes? — Amenazó recalcando sus palabras, aunque en realidad lo hizo en un tono mucho más alegre y ligero, motivando a Bardock a relajarse un momento y desbocar su irritable y satírica personalidad. Rió suavemente ante eso, Piccolo no era el único capaz de intuir cosas por la forma en la que las decían, arqueando una ceja y clavando sus ojos en Piccolo, divertido, con ganas de jugar y molestar.
— ¿Ah? ¿Qué pasa? — preguntó con tono insinuador, ganándose la atención del Namek en cuanto notó sus ojos burlescos sobre su persona. — ¿Por qué remarcaste tus palabras al mencionarla? — Piccolo frunció el ceño, siendo hasta ese momento consiente de que había puesto énfasis en decir aquello, buscando rápidamente palabras con las cuales defenderse, pero al hacerlo inmediatamente el nerviosismo se coló en su expresión. — ¿No me digas qué tienes interés por esa mujer? — dejó ir la ponzoña y Piccolo se sonrojó efusivamente, más por lo que se atrevía a insinuar que por otra cosa, pero por supuesto que su carmín y su rostro de faceta tambaleante no pasó desapaercibido para Bardock, quien dejó caer la quijada y achicó los ojos, entre sorprendido e incrédulo. — ¡Ah! ¡No puedo creerlo! ¡¿Es en serio?! ¿De verdad te gusta? — soltó una risa fuerte y necesitó taparse la boca tras unos momentos, realmente superado por lo que creía era una revelación, el muy imbécil había caído ante su broma estúpida que había soltado a tientas con el único objetivo de hacerlo molestar. ¡Y vaya que había funcionado!
— ¡Claro que no! ¡¿Qué cosas más estúpidas dices?! — la voz de Piccolo sonó amenazante y seria e hizo que el saiyan frenara su risa ante el casi regaño que el sujeto verde le daba.
—Ya, está bien —alzó las manos como marcando la tregua, en realidad le importaba menos que poco lo que ese alienígena sintiera, y así como él había respetado sus secretos y vida personal al no preguntar nada, él haría lo mismo, y si le gustaba esa tonta humana mujer, entonces no era su maldito problema. —Descuida, no los voy a lastimar, es lo último que quiero... — cambió de tema a lo verdaderamente importante, sincerándose, pensando en Goten y en Goku, en lo estúpido que siempre era y en la determinación actual de no dejarse llevar por la mierda en su cabeza y terminar por cagarse en todo, como siempre.
—Bueno, pero si haces algo te mataré, así tenga que matarte —Piccolo había intentado soltar otra amenaza pero el nerviosismo aun no desaparecía del todo y Bardock soltó otra risa ante su error, sintiendo como sus mejillas volvían a arder al rojo vivo por la vergüenza — ¡Bueno! ¡Pero me entendiste! — gritó, tratando de minimizar su error, Bardock agitó la mano en el aire, asintiendo de acuerdo.
—Sí, sí, como digas — Piccolo bufó y se cruzó de brazos, intentando concentrarse para recuperar la calma — Y deja de preocuparte, ¿quieres? — pidió, tratando de sonar serio por otro momento más antes de que su actitud cretina saliera a flote una vez más. —Con respecto a la Tierra y a ella… — le guiñó un ojo y Piccolo rodó los ojos, intentando ignorar el comentario. — Aunque, en realidad, tú ni siquiera tienes... cosita... ¿no? — cuestionó en parte para seguir jodiendo al namek y en parte por verdadera curiosidad. Piccolo le dio la espalda ante esa mención, disgustado con la forma tan vulgar e indecente de tocar ese tema.
—Suficiente, me largo — dictaminó, cortando toda esa sarta de estupideces. Sacudió su capa al aire y comenzando a caminar de vuelta a la maleza donde había estado espiando horas atrás.
—Haz lo que quieras, Mr. Polla — soltó Bardock provocador y Piccolo chasqueó, dándose la vuelta.
—Te estaré vigilando así que ten cuidado, Saiyajin — trató de recobrar la seriedad y hacer caso omiso a su repentino y estúpido apodo, lanzando una mirada cargada con verdadera amenaza, pero volvió a fracasar en su intento inútil de hacer eso una charla seria, parecía que además de amargados los saiyajins tendían a ser unos estúpidos.
—Si no tienes nada más qué hacer por mí está bien. Pero... no me vigiles tanto cuando estoy bañándome en el río, ya sabes, no creo que quieras ver eso — movió su mano de arriba abajo varias veces, haciendo alusión a su masturbación. Piccolo apartó el rostro a un lado, disgustado y frunciendo en asco, haciendo que el otro soltara una risa, satisfecho con su cometido de incomodar y molestar.
— ¡Eres un grandísimo cerdo! Me largo de aquí — Bardock soltó otra risotada y miró al Namek alzar el vuelo y alejarse del lugar. Sabía que en un momento se enfrentaría a él, Piccolo era mucho más listo que el resto de los guerreros Z, y agradecía en su fuero interno que fuese él y no otro, después de todo, aunque no quisiera admitirlo, por su personalidad sería y estoica, Piccolo le agradaba un poco, y hacerlo rabiar había sido a propósito en un claro acto amistoso. Estaba quizá loco, o tal vez era su soledad, pero esperaba en secreto que no se alejara demasiado, si iba a pasar el resto de su vida en la Tierra esperaba que al menos tuviese una especie de amigo.
[...]
—... y luego está esta... — sacó otra libreta y Bardock se quejó verbalmente en un sonido infantil, mirando todo el cúmulo de libros que Goten ya había extendido al rededor.
— ¿Por qué rayos tienes tanta tarea? ¿Qué mierda haces en la escuela, sino hacer todo esto? — Goten rió bajito y negó, mirando a Bardock hacia atrás, con obviedad.
—No voy a la escuela, mi mamá me enseña en casa — Bardock bufó y se ahorró una maldición, recargando su barbilla en su propia mano y desviando la mirada, hastiado y cansado ya con tantas lecciones que a Goten se le había ocurrido llevar para "hacer entre los dos", él siempre prefería y gustaba de un entrenamiento físico, y aunque al principio había intentado ayudarlo académicamente, había llegado el momento que el aburrimiento generado por el nulo entendimiento había acabado con su paciencia.
— ¿Y por qué ves todas esas cosas a tu edad? Había algo parecido en Vegita pero era de cursos avanzados... — señaló uno de sus libros de matemáticas, Goten rió y se encogió de hombros, sinceramente ignorante y ajeno a sí era o no joven para el nivel de educación que le daba su madre, pasando por alto la mención del planeta Vegita, generalmente no entendía de qué hablaban los adultos así que aquello pasaba totalmente desapercibido.
— A mamá le gusta que seamos muy listos... para no ser como papá — soltó casualmente, como si fuera nada, pero un segundo después atinó a lo que acababa de decir y se mordió la lengua, riendo por lo bajo ante el error que creía, acababa de cometer.
—Bueno, en eso tiene razón — Bardock soltó una risa burlona al pensar en Kakarotto, pero después, regresando de golpe a la mentira que llevaba con Goten, achicó los ojos, dando una breve negación. —Bueno, tampoco es como si fuera tonto, o algo — dijo para defenderse en aquella supuesta e indirecta acusación por parte de la madre del niño. — Lo que sorprende aquí es el argumento motivacional tan retorcido que les ha dicho. ¿No quieres ser como tu papá, Goten? — el niño arqueó una ceja, un tanto extrañado con la forma en que Bardock -su "padre"- hablaba de sí mismo en tercera persona, pero lo dejó pasar, sonriendo ampliamente mientras miraba a lo lejos en las montañas.
— Sí, quisiera serlo... eres muy fuerte papá, y... mamá siempre dice que a ti te importaba mucho ser un poderoso cabeza hueca, pero... no creo que lo seas — Bardock se encogió de hombros, un tanto entristecido con el concepto que la esposa de su hijo e incluso su nieto, tenían sobre Goku, pero entendió que él se había ganado esa imagen luego de mantener tantas máscaras de falsedad y desinterés juntas, era eso lo que proyectaba a las personas a su alrededor en la Tierra, no había más por hacer.
—Bueno, da igual, terminemos con esto para que pueda levantarme, me duelen las piernas — agitó la mano y volvió sujetar el libro de Goten entre sus manos, no queriendo pensar demasiado en tonterías sentimentalistas que no le concernían.
El menor, que estaba sentado en el regazo de Bardock -ambos sentados sobre el suelo-, recargó su cabeza en el pecho del mayor y leyó también las letras que se dibujaban en las páginas, notablemente aburrido también.
— ¡Oh! ¡Entiendo esta pregunta! — saltó Bardock de pronto, señalando uno de los problemas con entusiasmo.
— ¿En serio? ¡Eres increíble, papá! ¿Cómo se resuelve?
—Oye, dije que entendía la pregunta no que sabía la respuesta — Goten bajó los hombros un vez más, con desilusión. Bardock apenas y había terminado de entender el lenguaje terrícola con los libros de Goten, pensar en que pudiera resolver algo como eso era una completa tontería.
— ¿Sabes papá? es muy extraño... — dejó ir el menor luego de unos minutos más en donde ni uno había logrado resolver ni una pregunta.
— ¿Qué cosa, este estúpido libro? Tienes razón, ¿por qué no lo dejamos para mañana? — Bardock cerró la pasta y dejó caer el libro a un lado, sobre el pasto, con frustración y desinterés.
—No, el libro no — el mayor se encogió de hombros, recargando sus manos sobre el suelo para tener mejor apoyo, sin intenciones de continuar estudiando con Goten. — Hablo de estar contigo — Goten miró a lo lejos, como pensativo, sorprendiendo a Bardock quién veía genuina profundidad en aquellas palabras para tratarse de un niño de cinco años. —Se siente extraño... — reiteró y Bardock notó el lastimero tono al fondo de su voz.
— ¿Extraño? ¿A qué te refieres? — indagó, aunque en el fondo sabía que aquel sentimiento, inmaduro o infantil, Goten lo sentía pensando que de verdad era su padre, quizá no estaba en posición de reclamar una explicación a aquello.
—No lo sé, conocerte, se siente extraño — se rascó la nuca, pensativo, y Bardock miró un momento a Kakarotto con ese acto, con esa nobleza en esos ojos agrietados. — Es como... ¡Como golpear a una foca con un pescado! — gritó, emocionado, dejando en el mayor un rostro desencajado entre la sorpresa y la diversión ante una explicación tan infantil e incluso tierna como esa. — ¡En... en Junio! — completó su explicación con entusiasmo, sacando una risa sonora del mayor. — ¡Sí! En Junio... no, ¡en JULIO! Así, extraño se siente..., muchos, muchos golpes — Goten lo dijo con tal seriedad que parecía que lo que decía era tan grave como el demonio, y en realidad, así lo era, al menos para él.
— ¿Y qué se supone que significa eso, Goten? — cuestionó luego de dejar de reír, mirando como de nuevo el pequeño se encogía de hombros y se recargaba sobre su pecho, como si ni él mismo comprendiera el peso de lo que acababa de decir.
—No sé — soltó una risa nerviosa y miró al cielo, perdiéndose un momento en las nubes esponjosas en lo alto. Bardock suspiró y supo en el fondo que no necesitaba una explicación así hubiera sonado tonto lo que el chico dijo, él entendía de sobra lo que debía sentir, lo que debía significar para un niño sin padre, para un hijo de un héroe, para alguien que era diferente de los demás. El sentimiento en sí no tenía explicaciones. —Papá... — llamó de nuevo, dejando entre ver una vez más la temprana y reflexiva entereza del menor, a dispar con su infantil comentario anterior. — ¿Tú me quieres? — por alguna razón la pregunta la hizo con temor, bajando la cabeza y juntando sus manos tímidamente, como avergonzado, incómodo, incluso un tanto tímido.
—Eh... — la cuestión lo tomó por sorpresa y se dio unos momentos para pensar en qué decir. Pensó en levantarse un tanto drástico y olvidar todo eso, pensó en bufar y cambiar el tema a algo que no le diera náuseas, pensó en muchas cosas para eludir una respuesta, pero todas ellas eran lo que exactamente él ya no quería hacer.
Escapar. Estaba harto de escapar.
No le había dicho a tiempo esa clase de cosas a Gine, a su padre, a su hermano, a sus hijos, a nadie en realidad, y ahora sentía ese miedo que da exponer los sentimientos y quedar vulnerable, esa impropia sensación que te embarga al enfrentarse a sentimentalismos. Pero habían cambiado tantas cosas, en su pensamiento, en sus sentimientos, en su fuero interno que quería seguir y avanzar y no ser el mismo fracaso y estúpido que vivía con el arrepentimiento con cada paso que daba que supo que había llegado el día de enfrentar las cosas de pie.
Específicamente esa clase de cosas. Las verdaderas cosas difíciles. Patear, golpear, gritar y hacerse el fuerte cualquiera podía hacerlo. Pararse de pie frente a alguien y decirle que lo amaba, bueno, eso era algo que solamente alguien cargado de determinación y libre de miedos, libre del yugo del auto reclamo, con la seguridad de sus sentimientos y la noción de saber que lo hacía, era entonces que podía atreverse a decirlo en voz alta y de frente. Aquellos que carecían de cobardía.
Llevaba cinco meses en la Tierra y era el mismo tiempo que llevaba conociendo a Goten. Y aunque él no fuera su padre de verdad, era su nieto, su familia, pero incluso más allá de la liga obligada de la sangre, Goten era alguien que se había sabido ganar su respeto y su afecto en ese tiempo. Ya no podía escapar más de las emociones, ya no había tiempo para negarlas más.
Al menos no en esta vida.
—Sí, Goten, lo hago — aceptó sin más preámbulo, sintiendo vergüenza en primera instancia hasta que Goten se giró a él y lo abrazó, sonriente, y miró sobre sus ojos aquella silenciosa congoja apaciguarse. Era como si el niño realmente necesitara eso. Cómo si lo necesitara a él.
—Y yo a ti — Bardock asintió, y la culpa lo invadió al momento que el egoísmo salió a la luz y se sintió bien al saber que ese amor que Goten profesaba -así él creyera que era su padre-, era por él, genuinamente por él y por nadie más. Y se sintió feliz. Se sintió bien. Incluso si no quería admitirlo. — ¡Ya sé! — el niño saltó de pronto, poniéndose de pie mientras recogía todas sus cosas a toda prisa. — ¿Por qué no vamos a la casa por uno de tus trajes? para que dejes de usar esa fea ropa — Bardock estiró su cuello y se puso de pie, haciendo prácticamente caso omiso a lo que el menor decía.
— ¿Qué tiene de malo mi ropa? — preguntó más por hacerlo que porque le importara, el uniforme del ejército era cómodo y fresco, jamás le había importado realmente como luciera este.
—En toda las fotos siempre llevas ropa naranja, mamá me hizo uno igual, ¡así podría ser como tú! — Bardock suspiró, recordaba esa horrible ropa que llevaba Kakarotto siempre, a él no le agradaba en lo absoluto en ningún sentido.
—No creo que sea buena idea, Goten — admitió, haciendo calentamientos suaves en su lugar.
— ¿Por qué? — apretó los ojos ante la insistencia, siempre le había desagradado que los niños hicieran tantas cuestiones y no supieran entender cuando alguien sencillamente no quería o no le importaba hacerlo.
—Estoy bien con esto, ¿sí? — Goten frunció el ceño, visiblemente triste y decepcionado, y Bardock volvió a maldecir el entusiasmo infantil que siempre brotaba intenso y se mantenía endemoniadamente firme en su cabeza.
— Yo quería... pero... tú dijiste... quería que nos viéramos iguales, papá, quería ser como tú... un poquito — Goten se puso de cuclillas y Bardock sabía que lo siguiente eran un montón de lloriqueos y chantajes, quiso despotricar que no iba a funcionar aquello con él, a Raditz jamás le había permitido usar sus llantos y artimañas de niños para convencerlo de algo, y sabía que no iba a empezar a hacerlo ahora. Giró sobre sus talones para comenzar un intento de reprenda contra Goten, pero al mirarlo atento no encontró lágrimas en él, ni un puchero, sólo el rostro triste y sin intención de un niño solitario. De nuevo se miró a él entre las calles, sucio y hambriento.
Apretó los ojos para no verlo más, y entendió que Goten no insistiría más, como si estuviera acostumbrado a las decepciones y negaciones.
—Mira... — comenzó una justificación que ni él mismo entendió el porqué. —Tu madre está ahí y no puede verme, ¿recuerdas? — Goten asintió una vez, sin voltear a verlo.
—La habitación está arriba, ¿y si entras por la ventana? Ella... no tiene que verte... — soltó como si al hacerlo fuera a recibir una negativa, sin esperanza de que sus palabras convencieran a Bardock. Pero fue exactamente esa falta de confianza, como si de verdad Goten no esperara nada de su propio padre, lo que hizo a Bardock fruncir el entrecejo y soltar una maldición, rindiéndose ante ese niño.
—Con un demonio, vamos por ese estúpido traje — siseó, cruzándose de brazos y mirando a Goten levantar el rostro, con entusiasmo, como si el bajón anterior hubiera sido producto de su imaginación.
— ¡¿De verdad?! — se puso de pie, recibiendo un asentamiento forzado del mayor. — ¡Ven, ven! ¡Vamos! — comenzó a tironearlo por la mano, al obtener resistencia inmediata desistió de su intento, soltándolo y comenzando a avanzar, animado cuando Bardock finalmente empezó a andar detrás de él, aún dubitativo.
Caminaron por el claro y entre algunos árboles por la lisa montaña apenas unos minutos rumbo a la pequeña casa de chimenea humeante. Bardock revisó muchas veces que la energía de Gohan estuviera lejos, percibiendo apenas la de la mujer, que yacía dentro de aquel hogar en la planta baja. Goten le indicó la ventana por la que tenía que subir cuando estuvieron fuera de la casa por la parte de atrás, después salió corriendo como endemoniado hasta la puerta de su hogar, donde saludó a su madre a gritos y luego dio una carrera hasta la habitación.
Bardock suspiró, decidiéndose a saltar y trepar por la pared, sosteniéndose de la ventana abierta y por primera vez posando sus pies dentro de aquel pequeño y desconocido hogar. Se sintió un tanto incómodo al instante, estaba en una habitación de cama ancha con un tocador y un ropero que ocupaba toda una pared de fondo, enajenado con todo y nervioso con que Goten aún no estuviera ahí con él. Como si lo llamara con la mente, el niño se apareció detrás de la puerta, de puntillas, cerrándola con delicadeza y girándose finalmente a Bardock, quien ya esperaba inquieto la indicación para finalmente largarse de ahí y terminar con esa bobería de inmediato.
—Aquí… — Goten susurró, señalando un mueble. Bardock siseó con frustración y anduvo hasta el cajón, abriéndolo sin delicadeza. Sus ojos se toparon con ropa interior de chica y se abrieron en su punto máximo, estupefacto.
— ¿Esta es la habitación de tu madre? — preguntó al niño entre dientes, ahogando las palabras que quería gritar a modo de regaño.
—Pensé que ya lo sabías — respondió el menor imitando el tono en que lo había dicho Bardock. Este golpeó su frente por lo estúpido que había sido, se suponía que era "Goku" y que había vivido ahí, además, era bastante fácil de intuir que las cosas de su hijo estuvieran en la habitación que compartía con esa mujer.
—Bien, sólo dime dónde demonios está — pidió, cerrando el cajón de lencería donde claramente no estaba ninguna ropa de Kakarotto.
—La había visto guardarlos ahí antes, no sé donde puedan estar — Bardock puso los ojos en blanco y movió su mano al otro cajón, encontrando más ropa de mujer, disimulando su interés por las bragas que ahí había.
—Demonios, Goten, esto está tardando demasiado, ¿por qué no sólo lo dejamos para luego? — el niño frunció de inmediato y negó, yéndose contra el ropero, el cual abrió y comenzó a revisar con cautela y silencio. Bardock hizo lo propio en donde estaba, dando casi sin querer un vistazo más al cajón de ropa interior.
—Aquí — Goten habló un poco más alto, llamando a su "padre" con un ademán de mano, este obedeció de inmediato, colocándose de cuclillas al lado del menor, quien sacaba una caja de la parte inferior del mueble, al lado, zapatos de tacón descansaban en el olvido.
— ¿Qué hace eso ahí escondido? — preguntó más como reclamo a la nada misma que por verdadero interés, pero al abrir la caja encontró no sólo los uniformes y botas de Goku, sino también un par de fotografías sueltas, el álbum de su boda y algunas cosas que no estuvo seguro si le pertenecían a su hijo. Las miró extrañado y sacó una cosa por una, ropa, algunas muñequeras, piedras en forma de cosas, fotos de él, el anillo de bodas… el de ambos. — ¿Qué significa esto? — murmuró, sintiéndose sorprendido, incrédulo, ¿por qué Chi-Chi había puesto todo eso que pertenecía a su marido aventado en un viejo y frío mueble? Estuvo a punto de sentir irritación con eso que pintaba muy cercano al desplante, pero sus ojos cayeron en Goten y lo entendió todo. Goku estaba muerto.
No importaba si después iba a volver, ahora mismo estaba muerto y llevaba cinco años así, no podía juzgarla realmente por guardar todo aquello, no tenía caso tener a la mano objetos como esos cuando ya no tenían verdadero uso. Verdadero valor. Ella, como él, necesitaba avanzar, hacía ningún lado si era necesario, pero tenía que hacerlo. O al menos eso quería creer. Sintió empatía por la mujer nacer de su pecho y soltó un suspiro entre melancólico y triste. Dejó las cosas donde estaban tratando de conservar el orden y tomó únicamente aquel Gi naranja entre sus manos.
—Bien, me lo pondré entonces — le dijo al menor, quien asintió y se puso de pie, entusiasmado.
—Voy por el mío, está en mi habitación — anunció, y antes de que Bardock pudiera detenerlo y pedirle que no lo dejara solo, salió corriendo de nuevo y lo abandonó en la habitación.
Dejó ir otra maldición y bajó los hombros, resignado, decidiéndose a cambiarse de ropa ahí mismo para terminar con todo de una vez por todas. Se desvistió con presura y luego se envolvió en aquel pedazo de tela naranja, que si bien olía entre perfumado por algún jabón de ropa, también llevaba el aroma casi imperceptible de su hijo grabado en él. Aspiró sin poder evitarlo y quiso acabar con eso ya, acomodando la cinta azul y las muñequeras donde iban, terminando por meter los pies dentro de un par de viejas botas. Era una sensación bastante extraña, debía admitir, él había orillado a Kakarotto a usar el uniforme del ejército y ahora irónicamente él portaba el suyo.
Odió que fuese cómodo, detestó que le quedara a la medida cada pieza, y cuando finalmente se puso de pie, irguiéndose y contemplándose desde su altura, se sintió verdadera y genuinamente impropio. Goten llegó de nuevo antes de que Bardock pudiera acabar sus cavilaciones y ambos se miraron con el ceño fruncido, entre sorprendido y entusiasmado.
—Te ves igual — murmuró el menor y algo dentro del pecho de Bardock lo hizo pensar que de algún modo Goten subía que no era su verdadero padre. Pero quería que asi fuera. El menor sonrió, ajeno, dando una vuelta frente a Bardock y mostrando con esto su traje naranja de mangas azules largas, una copia casi exacta a la que él llevaba puesta. —Ahora somos iguales, papá — Bardock asintió y soltó aire ruidosamente, recibiendo a Goten con una palmada en el hombro cuando este se aproximó a abrazarlo nuevamente.
— ¿Estás satisfecho? — preguntó, impaciente. Goten asintió en el abrazo para luego separarse, parándose en uno de los lados de la cama e incitándolo a ir con él. Bardock gruñó pero lo hizo, encontrando frente a sus ojos un espejo largo que ocupaba toda la puerta de aquel ropero de madera.
Goten miró el reflejo de ambos con ternura e ilusión, sujetando la mano de Bardock por impulso. Al contrario del muchacho, Bardock miró su reflejo con miedo, con inseguridad, ¿Qué demonios se supone que estaba haciendo? ¿A qué mierda estaba jugando? Parpadeó repetidas veces como si con eso su visión desapareciera de su vista, pero no, era real, estaba ahí de pie, usando la ropa de su hijo, en su casa, de la mano con un niño que no era suyo y supo de inmediato que estaba cagando las cosas otra vez.
¿Qué pretendía? ¿Cuál era el caso de jugar a ser alguien más… a ser Goku? ¿Qué estaba buscando ahí metido, en aquella ropa, en ese lugar? ¿Quería disfrazarse con su piel? ¿Quería ir y jugar a la familia feliz? ¿A qué nada tenía riesgo? ¿A qué no estaba atrapado en la Tierra y que Goten sin duda un día lo entendería todo? Negó, se estaba metiendo en cosas y situaciones que no le concernían, que no le favorecían. Estaba siendo un estúpido otra vez, no podía sencillamente llegar y rellenar un espacio que no le correspondía. Que no quería.
Soltó a Goten y retrocedió dos pasos, apartando sus ojos oscuros de aquella vacilante imagen que se había tendido escalofriante delante de él. Se suponía que no quería lastimarlos, que no quería meterse con ellos, ¿entonces porque estaba ahí? ¿Qué estaba buscando? Negó, sin poder reconocerse a sí mismo, sin poder creerse, sin querer equivocarse demasiado una vez más. Levantó sus cosas a toda prisa del suelo ante los ojos extrañados de Goten, quien acababa de sentir que se rompía su tan añorada epifanía.
— ¿Qué pasa, papá? — preguntó y Bardock se sintió mal de que aquella forma en la que el niño lo llamaba le gustara tanto como lo hacía.
—Me voy, Goten, no me sigas, ¿quieres? — el niño escuchó aquella perpetua voz masculina y firme temblar y temió por él, sin entender en absoluto que estaba pasando.
—Pero… — quiso protestar pero Bardock ya había saltado por la ventana y había partido al bosque a toda prisa.
Se movió habilidoso por los árboles y lamentó que no pudiera usar su Ki para volar. Llegó a la orilla del río y se tiró de rodillas, soltando su ropa a un lado con desprecio, procediendo a sacarse aquel Gi naranja a toda prisa, como si le quemara, como si le doliera la piel, como si lo hiciera creer que era alguien que en realidad no era. Dejó la ropa de Goku a un lado de la suya y se envolvió en su desnudez unos momentos, acariciando sus propios brazos con temor.
Metió sus pies lentamente en el agua fría y se quedó de pie sobre unas rocas, clavando sus ojos en el agua y mirando en esta su reflejo borroso y difuso por las ondas que ahí había. La pregunta se repitió y se maldijo, sin quitar sus ojos bravos de sobre su reflejo, ¿qué estaba buscando ahí? ¿Por qué no se alejaba? ¿Por qué parecía ser él una vil polilla atraída por una luz? ¿Qué eran esos lazos invisibles que tiraban de sus muñecas en esa dirección? Se agachó lo suficiente para que el agua lo cubriera hasta los hombros y cerró los ojos, sintiendo el sol golpearlo fuertemente en la nuca.
No. No quería ocupar el lugar de Kakarotto, lo supo. Ese lugar era y sería de él, siempre, ni aunque portara sobre su piel el mejor disfraz. ¿Entonces qué era? Quizá el hecho de que Goten y Gohan eran su familia de sangre y eventualmente las venas golpeaban en sus venas, llamándose. Pero quizá no era eso tampoco, quizá es que estaban demasiado incompletos, ambas partes, demasiado rotos que la gravedad los llevaba a la incidencia, a la inevitable trama donde huían de ellos mientras se perseguían andando en círculos.
Hundió su cabeza en el agua, buscando deshago, buscando calmarse y que la voz tormentosa en pensamiento guardara un poco de silencio. No, no quería ser alguien más, no quería ser un sustituto. Pero tampoco podía huir de la atracción universal. Ellos eran miel y él era una solitaria y hambrienta abeja, terminaría por buscar desesperado nuevamente su contacto, pero si así era, entonces no quería ser otro sino él. No Goku, no un fantasma. Él, nadie más que él.
[…]
El cielo tronó y Bardock maldijo nuevamente, el temporal estaba siendo demasiado agresivo últimamente en esas siempre húmedas y forradas montañas y estaba cansado de la tempestad de la naturaleza. Había buscado un refugio a su alrededor pero la cueva pequeña e improvisada que tenía cerca de la montaña Paoz resultaba siendo demasiado húmeda y poco acogedora. No podía elevar su Ki para secarse o calentarse, ni tampoco sabía si era buena idea prender fuego o no, y cuando lo hacía debía usar métodos manuales pues un chispazo con los dedos sería suficiente para alterar a Gohan, Krillin o Vegeta, a quienes constantemente estaba vigilando desde su posición.
Sería una fiera y arrasadora tormenta, sin duda, y el frío estaba calándole los huesos, que, sumado a su mala y precaria alimentación, cada vez parecía soportar menos. Se había quedado con el uniforme de Kakarotto y aunque lo había usado más de una vez como cobijo adicional, no creía que pudiera contra el mal tiempo de esa noche. Tragó duro, de pie frente a la pequeña cueva a unos metros del lugar de encuentro con Goten y se detuvo a meditar.
Debía tomar una decisión al respecto, seguir arriesgando su integridad física ante el inclemente clima, decirles a todos la verdad de una maldita vez por todas y usar su Ki como mejor le viniera en gana… o ser la polilla que iba hacia la luz. Se cruzó de brazos y miró a lo lejos el casi imperceptible camino de humo que hacía rato se había apaciguado, saliendo ahora apenas de aquel pequeño hogar. ¿Qué era lo que más le convenía? ¿Qué podía hacer?
Una parte de él seguía pensando que un día volverían por él, por lo que alterar las cosas no era buena idea y decirle a todos de su presencia y las razones de su estancia ahí sería un gran problema, no quería cambiar drásticamente la línea del tiempo y si lo hacía seguro que la batalla contra Majin Buu saldría muy diferente, no podía arriesgarse a salir a la luz aún. Por otro lado el frío terminaría por matarlo también, y si iba a volver con Kakarotto según las palabras de Migi enfrentarían a Miira y debía estar fuerte y preparado, si menguaba tanto su salud sería más un estorbo que una verdadera ayuda.
Chasqueó fuerte y arrugó el rostro en disgusto mientras su cerebro le dictaba la respuesta. Se escondió del viento mientras esperaba unos minutos más, sintiendo al fin que el Ki de todos se apaciguaba y le decía que finalmente habían caído dormidos, decidiéndose entonces a andar por el bosque en aquella bien conocida dirección. Era una tontería si él mismo se lo replanteaba, podría haber ido a otro lugar, buscar una casa vacía y hacerla suya, pero estaba a mitad de una maldita montaña solitaria y debía caminar mucho para poder llegar al pueblo más cercano y ahora mismo le resultaba imposible, así que aun si era arriesgado no tenía más opción.
Llegó a la casa y la contempló a unos metros de distancia, dudoso, ¿qué iba a hacer de todos modos? ¿Tocar la puerta y pasar como si nada? —Imbécil — siseó para sí mismo y negó, andando con pasos lentos y cautelosos hasta estar pegado a la pared, tratando de calcular la dirección de la lluvia para cubrirse de la lluvia aprovechando la dureza de la construcción, pero apenas cayeron las primeras gotas de agua supo que la tormenta atacaría sin control por todos lados, quedarse afuera de aquella casa era igual de inútil que estar de pie a la mitad del bosque o en aquella diminuta y lodosa cueva donde dormía.
Apretó los dientes cuando sintió la frialdad del agua y sintió fuertes deseos de empujar con su Ki las nubes negras lejos de ahí, le tomaría un segundo abrir un claro sobre su cabeza, pero había mucho que arriesgar y la contradicción volvía a ganar sobre sus deseos. Se rindió ante toda la imposibilidad y la debilidad de su cuerpo, anduvo en puntas por alrededor de aquella construcción en los segundos que le quedaban antes de ser bañado por completo, llegando hasta la ventana y abriéndola de un movimiento. Tragó duro y apretó los ojos antes de finalmente estirarse y poner un pie adentro, infraganti, en medio de la oscuridad como un vulgar ladrón.
Cerró la ventana detrás de sí con cautela, con discreción, quedándose firme y quieto en su lugar, como una estatua, con los ojos calmos mirando a través de aquel cristal donde las gotas comenzaron a golpear cada segundo más fuertemente en su tempestuosa caída. Apretó los labios y sintió el calor propio de un hogar acogerlo, calentando la frialdad de su cuerpo hasta hacerlo sentir reconfortado, hasta darle una sensación de bienestar que al instante lo hizo sentir culpable y lo preocupó.
No quería girar atrás porque se toparía con la realidad, con estar ahí como un estúpido poniéndose en peligro, con ser un intruso y asechar a una inocente familia dormida en la planta de arriba. Se cruzó de brazos y se posicionó firme, diciéndose a sí mismo que se marcharía apenas pasada la lluvia, lo suficiente para que le diera tiempo escapar, que no haría nada más, si era posible, ni siquiera movería un músculo, apenas respirar y buscar el resguardo de la tempestad, nada más.
Su promesa duró apenas un par de minutos antes de que a su nariz le llegara un olor muy particular. Giró sus ojos sin desearlo y encontró a unos pasos de él, envuelto en alguna especie de papel, grandes trozos de pan relleno de alguna clase de dulce, o al menos eso alcanzaba a distinguir por el aroma que de a poco inundó por completo sus pulmones y con esto se llevó totalmente su pensamiento. Quiso ser fuerte e ignorar aquello, no podía arruinar aún más todo y poner su propia persona en ese riesgo por algo tan bobo como eso, pero sus ojos negros no se pudieron despegar de aquel lugar, sintiendo su boca salivar y su tripa tronar en protesta ante aquel manjar.
Apretó los ojos y quiso girar de nuevo a la ventana, a concentrarse en su promesa de no alterar o irrumpir en nada, en no amancillar con sus manos o su presencia aquella tranquila familia, a quebrar algo de aquel armonioso hogar. Había sin embargo cosas más fuertes que él mismo, más fuertes que cualquier ser vivo en realidad, y ser un saiyajin no ayudaba en absolutamente nada, el principio básico de su especie se basaba en comer, o más bien, en devorar, y él apenas y había estado comiendo lo suficiente para subsistir que tener aquellas piezas de pan tan cerca lo estaban volviendo loco.
Se tapó la boca y aguantó la respiración en un acto por demás infantil, pero estaba impacientándose y no quería caer en aquella terrible tentación. Su estómago gruñó en protesta y cuando tuvo que volver a respirar el olor pareció haberse hecho más fuerte y más tentativo. Salivó sin poder evitarlo y maldijo su increíble idea de haber ido hasta ahí solo para sucumbir ante tan bajo y primario instinto.
No hubo más resistencia por su parte, no podía hacer mucho en realidad, no tenía idea de cuánto tiempo se quedaría ahí dentro y moriría de ansiedad si por lo menos no probaba aquello, a esas alturas extrañaba como un loco la comida dela nave de la que siempre se había dedicado en criticar. Se movió dubitativo y vacilante, con cautela y discreción, como si ahí mismo alguien fuese a capturarlo o descubrirlo por el hecho de dar algunos pasos.
Tomó una pieza de pan y la mordió con la misma cautela, disfrutando como casi nunca el sabor, con medida lentitud que se sintió en cámara lenta. Maldijo en su mente que supiera tan bien, detestó que quisiera más, pero por supuesto que esa noche fue bastante fuerte, más de lo que incluso habría podido soportar. Se marchó entrada la madrugada y el resto del día se sintió culpable, se sintió mal por haberlo hecho, como si con ello hubiese generando algún desastre que aún no conocía, y probablemente así fue, pero al caer la noche al siguiente día se encontró a sí mismo de nuevo en aquella cálida y pequeña cocina.
Tomó sin desearlo y sin calcularlo comida de otros lados, picando discretamente y con miedo de un lado a otro, como un pequeño bribón. Lo hizo los días siguientes, incluso cuando ya no llovía, lo hizo con lentitud y astucia hasta que la irracionalidad ganó y terminó por ser un tanto torpe y descarado, hasta hacerlo sin meditar demasiado.
—Gohan… ¿viste dónde quedó el resto de la tarta de ayer? — preguntó Chi, mirando con duda en la nevera. El chico apenas despegó los ojos de su libro un momento para mirar de soslayo a su madre, volviendo su atención a lo que parecía estudiar.
—No, debiste guardarla en otro lado — respondió con el mínimo interés, sin percibir el ceño fruncido de su madre ante aquellas palabras.
—Revisé en todos lados, estoy segura que la dejé aquí — volvió a decir, repitiendo sus acciones y buscando de nuevo entre las cosas. —Tengo la sensación de que han estado desapareciendo cosas… comida, en realidad — se quejó, deteniendo su búsqueda y mirando al frente con duda y extrañeza.
—Tranquila, seguramente se acabó y no te diste cuenta — Gohan sonrió y se puso de pie, dándole un efímero beso en la frente y tomando a prisa sus cosas de la mesa, listo para partir.
—No me crees, ¿cierto? — la pregunta sonó desafiante y molesta, pero Gohan sonrió con pasividad y le dedicó un rostro tranquilo y amigable.
—No es eso, sólo… no quiero que te preocupes por esas cosas, ¿sí? Seguro que Goten lo comió todo cuando no veías, no hay nada más — le sonrió con algo de tristeza y lástima y partió.
Chichi dejó ir un gran suspiro y se giró a la cocina, contemplando con congoja y nostalgia el lugar. Sabía que Gohan había insinuado que probablemente estaba confundida y en su soledad su cerebro le jugaba malas bromas, como otras veces en el pasado, como lo que ocurría con Goten. Negó suavemente y sonrió con algo de pesadez para sí misma, quizá el chico tenía razón y ella se estaba inventando cosas sin desearlo, quizá estaba tan cansada ya que se confundía o se perdía de todo lo que sucedía a su alrededor.
No quiso pensar más y con la misma entereza que siempre anduvo a sus labores domésticas, tratando inútilmente de sacarse aquella loca idea de la cabeza.
Esa noche sin embargo, Bardock, tras sentir el gélido frío del ambiente anunciando el inverno azotar su cuerpo anduvo de nuevo a aquel cálido lugar. Se metió de puntillas por la ventana y dejó caer sus pies sin ruido en el liso piso de aquel recorrido lugar. A sus narices llegó el olor de algo demasiado fuerte, demasiado dulce, demasiado tentativo y podría asegurar que su sabor superaba a cualquier postre anterior. Anduvo con cautela hasta la mesa, donde encontró sobre la superficie una especie de pastel adornado y sin haber sido tocado.
Maldijo en su fuero interno que aquello hubiera estado intacto, le gustaba comer pequeñas cosas para que no lo notaran, terminar con alimentos a medias o engullir los sobrantes de algunas pastas. La absurdez había ganado en él y se había rendido a su estupidez hacía un par de días, al descuido, a la vagues y la confianza, a acostumbrarse a la idea de que todo iba a estar bien.
Sintió su hambriento y ansioso cuerpo clamar por aquello, por querer degustar por lo menos un poco de lo que pintaba frente a él que fue prácticamente arrastrado por sus propios pies. Se pegó al lado del comedor pequeño donde estaba el postre y lo olfateó, ya hablaría al día siguiente con Goten para que este asumiera la culpa de lo que haría a continuación. No hubo oportunidad, sin embargo, al estar ahí, distraído y deseoso, sin ser lo suficientemente listo para notar que aquello no era más que una trampa, un habilidoso y obvio anzuelo, fue capturado por un par de silenciosos ojos que presenciaron su silueta a través de la oscuridad con la casi nula ayuda de la luna en esa noche.
— Tenía razón… — una vocecita susurrante llamó su atención y lanzó sus ojos asustados a la penetrante oscuridad, mirando apenas un suave y casi imperceptible movimiento entre las sombras, oculto detrás del más próximo sofá. —Había alguien… lo sabía… — habló más alto y se irguió, dejando ver su delicada y fina silueta delineada por la luz de la ventana detrás de su lugar.
Bardock palideció al percibirla finalmente ahí, de frente a él, tan real, tan despierta, ¿cómo había sido tan tonto para no haber verificado donde se encontraba guiándose por su débil nivel de energía? Era muy tarde, pensó, tragando duramente mientras sus descolocados ojos la contemplaban moverse en cortos pasos en su dirección. ChiChi, con la misma imposibilidad de visión que él, se detuvo, pegando sus ojos a él.
En la quietud de la noche, en el silencio de aquel lugar, con la premisa de lo desconocido, del miedo, de la verdad, se quedaron suspendidos en esa escena que más bien parecía un sueño, o una pesadilla, una de la que los dos ansiaron rápidamente despertar. Una que no era otra más que una cruda y dolorosa realidad.
NA. Ya sé que Gohan no estudió en una escuela hasta la Orange School, peeero, digamos que lo necesitaba así, además que puedo escudarme en que en este universo paralelo Gohan si estudió desde antes )?
En fin y en todo caso, quedan dos capítulos y el epílogo, iba a alargar más este pero mejor dejo todo el rollo y show de este último viaje (protagonizado solo por el buen Bardock en su última y dura lección para su último crecimiento) para el siguiente capítulo y recorro todo el final para un último y fluido desenlace.
Bueno, no todo es lo que parece y el final no lo tiene ni Obama, así que uwu nos leemos la próxima, gracias si alguien llegó hasta aquí, saludos!
