-Haga conmigo lo que le parezca, Su Majestad, pues soy la culpable de este desastre que ha caído sobre las espaldas del coronel Brief.
-Estoy seguro de que el coronel Brief habría encontrado muy difícil resistirse considerando su belleza y el gran deseo que tenía de cortejarla, Pan. - Mientras ponía en palabras sus observaciones, Zar Piccolo comenzó a considerar la posición del príncipe. No había ofrecido ninguna explicación acerca del compromiso, aunque Piccolo estaba seguro de que todo el mundo en la corte sabía que estaba considerando seriamente el requerimiento del coronel Brief de cortejar a la condesa Pan. O Maron y el marido habían ignorado esta posibilidad particular o habían sido sordos a los rumores.
Piccolo miró hacia la cabeza gacha de su súbdita.
-Hablaremos más del tema con usted y con el coronel, Pan. Puede arreglar una cita para verme en dos días, pero por el momento debo encontrar un lugar donde esté a salvo. ¿Hay alguien a quien pueda recurrir?
-La condesa N°18 es una buena amiga mía, Su Majestad. Mi cochero debe de estar esperándome para llevarme a su casa.
-¡Bien! ¡Entonces vaya! Y no diga una palabra de este asunto a nadie. No quisiera que nadie se enfadara con el coronel Brief, ni tampoco que usted se viera lastimada por los rumores. ¿Me entiende?
-Su bondad no tiene límites, Su Majestad.
Cuando Pan se fue, Piccolo enfrentó de nuevo a N°17 con una sonrisa dura.
-¿Dónde está Maron? Quiero hablar con ella.
-La princesa Maron no está aquí, Mi Soberano. Su padre está enfermo y le pidió que fuera y se quedara con él por un tiempo.
-¿Debo creer entonces que todo este asunto recae sólo sobre sus hombros?
N°17 tragó con dificultad y trató de recuperar su entereza de ánimo mientras preguntaba con cautela:
- ¿De qué asunto está hablando, Su Majestad?
-¿No ha hecho los arreglos para el compromiso entre la condesa Pan y el príncipe Nappa, sabiendo que el coronel tenía interés en cortejarla, o debo culpar exclusivamente a Maron?
N°17 separó las manos como si estuviera en un aprieto.
-Por supuesto que oímos que el coronel estaba interesado, pero no éramos conscientes de que debíamos prestarle atención. En el momento, nos pareció prudente arreglar un matrimonio entre la muchacha y el príncipe Nappa considerando la fortuna del mayor. Al menos Maron pensó eso.
-Ya veo. - Pensativo, Piccolo torció los labios mientras consideraba la respuesta del príncipe. - ¿Y Maron no había escuchado mis consideraciones hacia el coronel Brief?
-¿Qué consideraciones son esas, Su Majestad? - Las cejas oscuras se unieron en el entrecejo cuando N°17 fingió inocencia. - ¿Nos hemos equivocado en algo y ofendido a Su Excelentísimo?
-Tal vez - replicó Piccolo enfadado. Percibía que N°17 estaba intentando persuadirlo de su completa inocencia, lo que no estaba dispuesto a creer del todo -. Tal vez yo haya cometido un error al enviar a la condesa Pan aquí para que sean sus tutores. Debería haber considerado el hecho de que la niña fue criada sin el rigor usual con que crece la mayoría de las boyardinas. En vista de su educación es comprensible que se haya rebelado contra su autoridad cuando arreglaron semejante compromiso para ella. Sin embargo, poco importa eso ahora. Usted informará con discreción al príncipe Nappa que la condesa Pan no puede casarse con él, pues yo he decretado otra cosa. Debo advertirle que si dice una palabra de esto a alguien que no sea Nappa, quien espero que sea lo suficientemente inteligente como para guardar silencio, me ocuparé en persona de que su lengua sea arrancada del lugar donde se encuentra ahora. ¿Tiene alguna pregunta?
-Ninguna, Su Majestad. Tendré la máxima discreción en lo que concierne a este asunto. - Muy ansioso por aplacar al zar Piccolo, N°17 hizo varias reverencias para enfatizar su muestra de respeto.
-¡Bien! Entonces nos entendemos.
- Por supuesto, Su Majestad.
-Buenas noches y hasta pronto. Espero que nunca vuelva a ser tan tonto de dirigir su veneno hacia alguien a quien le he otorgado mi favor, ni que contrate a ladrones para que lleven a cabo sus infamias. Todavía tengo que juzgarlo a la luz de la verdad por este asunto. Por su bien, espero que sea inocente de haberse asociado, deliberadamente, con esos bandidos.
Pan llegó temprano al Palacio de las Facetas para cumplir con su cita con Su Majestad Piccolo. Fue allí donde se convirtió en pasiva testigo de la entrada, ejecutada con sumo cuidado, de Trunks. Estaba sentada en un lugar donde él no podía dejar de verla, pero con la mandíbula rígida y las facciones endurecidas, Trunks se negó a reconocer su presencia en la antecámara cuando el comandante Ten Shin Han lo escoltó a la habitación donde lo esperaba el zar.
En la soledad que siguió al paso de Trunks, Pan se encontró, una vez más, dolorosamente asediada por el recuerdo del desprecio que había detectado en la voz de él poco después de que el primer latigazo se hubiera descargado. La había arrojado de su lado, furioso, y se la había entregado a Black para que se la llevara, lo cual reforzó las advertencias de N°18 de que llegaría a odiarla por la trampa que le había tendido. En el momento en que su amiga había pronunciado estas palabras, los sentimientos de él hacia ella parecían no importar demasiado; sin embargo, en este momento, el conocimiento del rechazo de Trunks la llenaba de una pena impensable que no tenía alivio. Era evidente que Trunks no estaba dispuesto siquiera a reconocer su existencia. En realidad, sus esperanzas de reconciliarse con él eran tan débiles que no le habría sorprendido en absoluto oír las objeciones que en ese momento presentaba a las sugerencias del zar.
- Le suplico que me perdone, Su Majestad. - Trunks trató de mantener el control a pesar de su oscura disposición de ánimo, pero le resultaba difícil siquiera considerar la propuesta de Piccolo. - Con todo respeto debo declinar. Nunca podré tomar a la condesa Pan por esposa sabiendo cómo me manipuló para conseguir sus propios fines. Si dentro de unos meses o unos años se requiere mi sangre en el campo de batalla, entonces espero que se derrame honorablemente como soldado a su servicio, pero lo que usted recomienda es pedirme demasiado.
-Me temo que usted ha malinterpretado mis palabras, coronel Brief. - Piccolo sonrió con benignidad. - No le estoy pidiendo que esté de acuerdo con mi proposición. Mientras usted esté en este país, obedecerá cada una de mis órdenes, y lo que deseo ahora es que tome a la condesa Pan por esposa con la mayor prisa posible. Antes de su muerte le prometí a Gohan, el padre de Pan, que me ocuparía del bienestar de su hija, y sería muy laxo en el cumplimiento de esa promesa si permitiera que usted escapara de su participación en este asunto sin buscar alguna forma de retribución.
-¿No fue pago suficiente por mi participación los azotes en mi espalda? - le preguntó Trunks con rudeza.
-Los latigazos fueron en verdad espantosos, pero no corrigen el problema. La condesa Pan ha confesado su culpa al seducirlo con deliberación para que se convirtiera en su salvador... - Levantó los ojos un momento al escuchar un audible bufido de parte de Trunks.- Sin embargo, usted fue el que llevó a cabo la hazaña y es el único que puede enmendar la situación. Después de todo, usted no es un jovencito que puede hacerse el tonto. Es lo suficientemente mayor como para aceptar las consecuencias de sus actos y, supongo, mucho más experimentado en estas cuestiones que Pan. Es obvio que ella tenía una buena razón para creer que usted estaba dispuesto a llevársela, sí no, nunca habría considerado que este plan fuera viable.
-Su Majestad, ¿por qué no es tan gentil y considera mi posición?
Piccolo estaba perdiendo la paciencia con la persistencia de Trunks.
- ¿Acaso no era una virgen en su cama antes de que usted la poseyera? – preguntó exaltado.
Las delgadas mejillas de Trunks se flexionaron con la tensión necesaria para mantener el control y no explotar.
-Era virgen, pero...
-¡Entonces no hay nada más que decir! ¡No permitiré que ningún otro hombre enmiende sus errores porque fue engañado por una joven novata! ¿Gritaría su decepción en el campo de batalla si fuera engañado por un general inexperto?
- No, por supuesto que no, pero...
Piccolo descargó furioso su mano abierta sobre el brazo de su silla.
- Se casará con la condesa Pan o, lo juro, veré que sea dado de baja sin honores por su servicio en esta tierra.
Después de semejante amenaza, Trunks sólo pudo ceder ante la autoridad de Piccolo. Cuadró los talones mientras ofrecía al zar un saludo seco que significaba la aceptación de sus órdenes.
- Como usted ordene, Su Majestad.
Piccolo se estiró y pulsó una cuerda de plata que hizo que el comandante Ten Shin Han entrara de nuevo en la habitación.
- Puede escoltar a la condesa Pan a mi presencia.
Trunks se atrevió a interrumpir, deteniendo al comandante con su solicitud.
-Le ruego un momento más de su tiempo, Su Majestad.
-¿Sí? ¿Qué pasa? - Piccolo sintió un inmediato escepticismo sobre lo que Trunks pediría.
-Respetaré sus órdenes mientras esté aquí, pero una vez que me vaya, no estaré más bajo su autoridad. - Trunks hizo una pausa mientras el zar inclinaba la cabeza en cauta aceptación de sus palabras, luego continuó con el mismo tono de respeto. - Si usted considera en ese momento que lo he complacido en el cumplimiento de mis obligaciones y que me he mantenido alejado de la condesa Pan, lo que puede ser comprobado por su incapacidad para concebir un hijo mío, ¿me concederá la anulación de este matrimonio antes de que regrese a Inglaterra?
La cabeza del comandante Ten Shin Han giró con rapidez para observar a los dos hombres con una profunda perturbación por la perspectiva del matrimonio de Pan con Trunks. No podía siquiera comenzar a entender el requerimiento, pues él estaría feliz de poner en peligro su vida para conseguir a la condesa como esposa.
Piccolo quedó sorprendido por el ruego, pero no pudo encontrar excusa para negarlo.
-Si todo es como usted dice, coronel Brief, y todavía desea esa separación en el momento de su partida, entonces le concederé su petición, pero debo recordarle que todavía le quedan tres años de servicio aquí.
-Tres años, dos meses y dos días, señor.
-Es mucho tiempo para mantenerse alejado de una mujer tan encantadora, coronel Brief. ¿Considera que puede tener éxito en mantener esa conducta?.
Trunks enfrentó la pregunta con honestidad en su mente. No tenía ninguna seguridad de que fuera capaz de ignorar a Pan como esposa o de poder refrenar sus deseos hasta ese punto, pero quería dejar una puerta abierta para disolver el matrimonio si no encontraba ninguna razón para continuar con él. Por otra parte, quizá su corazón nunca pudiera recuperarse de sus heridas.
-Mi éxito o mi fracaso le será anunciado antes del momento de mi partida, Su Majestad. Usted tendrá un informe completo de la condición de nuestro matrimonio en ese momento.
-Espero que para ese entonces su corazón se haya ablandado con el perdón, coronel. - Piccolo suspiró.
-Podría ahorrar el dolor que sufrirá ella dentro de unos años si nos permitiera que ahora tomáramos caminos separados - sugirió Trunks observando la reacción del zar desde debajo de las cejas.
-¡Jamás! – Piccolo se levantó de la silla en un ataque de ira. - ¡Por todos los cielos, no conseguirá escapar de este matrimonio! ¡Lo veré casado antes de que termine esta semana!
Trunks tuvo la suficiente prudencia como para darse cuenta de que había sido derrotado y que lo más aconsejable era su inmediata obediencia. Colocó una mano en el pecho e hizo una reverencia delante del Zar Piccolo.
- Como usted diga, señor.
Piccolo hizo un duro gesto con la cabeza al comandante Ten Shin Han, que se apresuró a cumplir con la orden. Cuando entró en la antecámara, logró una sonrisa triste mientras se aproximaba a la mujer que tanto admiraba y valoraba.
- El zar Piccolo quiere que entre ahora, Pan.
Una sonrisa dubitativa rozó los labios de Pan mientras se ponía de pie.
-Creí escuchar gritos. ¿Su Majestad está muy enfadado?
- Ciertamente no con usted, mi querida Pan - le aseguró Ten Shin Han.
-¿Dijo para qué quería que fuera? - le preguntó, incómoda.
-No se me permitió que me quedara en la habitación mientras hablaba con el coronel Brief. Tendrá que preguntárselo usted misma.
-Nunca pensé que pudiera enfadar a tanta gente con lo que hice...
– Y qué fue eso, Pan?
- No fue nada de lo que esté orgullosa, Ten Shin Han y preferiría no hablar del tema si es posible. - Luego recordó de pronto que no le había agradecido lo que había realizado al acudir en ayuda de Trunks. Levantó la cabeza y apoyó una mano temblorosa en la de él. - Le estaré eternamente agradecida por su ayuda. Nunca soñé que traería al mismísimo zar Piccolo con usted. ¿Cómo consiguió semejante hazaña?
- No hice más que avisarle que el coronel Brief estaba en peligro y nada pudo detener a Su Majestad. Parecería que el inglés ya se ha ganado el favor del zar y su respeto por sus méritos, Pan. Debo hacerla entrar ahora, el zar Piccolo la está esperando.
Pan respiró profundamente en un esfuerzo por tranquilizar sus nervios y permitió que él la escoltara. Cuando entró, su mirada recorrió con rapidez la enorme habitación y, de inmediato, descubrió a Trunks, erguido, ligeramente a la izquierda del zar. Trunks no hizo ningún intento por mirarla, sino que mantuvo su rígida postura mientras Piccolo le indicaba que se adelantara. Pan obedeció y se hundió en una profunda cortesía delante del monarca.
-Pan, he tomado varias decisiones respecto de su futuro esta tarde - le anunció Piccolo - . Espero que no le resulten demasiado pesadas.
-Sus deseos son órdenes, Su Majestad - le respondió con calma, aunque notó que su voz perdía fuerza al hablar.
-He decretado que el coronel Brief y usted se casen...
Apabullada por su revelación, Pan giró la cabeza para ver la respuesta de Trunks. Aunque él se negaba a encontrar su mirada inquisidora, los músculos de las mejillas bronceadas por el sol se tensionaron en un intento de dominar su fastidio.
- Antes de que termine la semana - continuó Piccolo, sin darle tiempo a que recuperara el aliento -. Se casarán pasado mañana en mi presencia. Esto les dará suficiente tiempo para decidir algunas cuestiones entre los dos. Es impensable que una boyardina rusa viva en el distrito alemán. Por lo tanto, Pan, pregúntele a la condesa N°18 si ella puede tenerlos en su casa como un favor personal hacia mí, y como sé que aceptará, doy este asunto por terminado. Una vez que se haya completado la ceremonia, pueden celebrarlo como mejor les parezca. Estoy seguro de que N°18 disfrutará convirtiéndolo en una gran ocasión, y aunque el coronel está todavía un poco indispuesto por las heridas en la espalda, les urjo a que participen como si se tratara de una situación festiva. No es frecuente que el Zar de todas las Rusias inicie personalmente la unión de dos de sus súbditos favoritos. Pueden considerar mi atención a este asunto como un cumplido personal a los dos. Ahora, ¿hay otro tema que desee discutir?
Esperó, pero como los dos negaron, les sonrió mientras les permitía que se retirasen.
Juntos le rindieron homenaje: Pan con una reverencia y Trunks con un ligero movimiento que le provocó un punzante dolor en la espalda. Cuando se enderezó y giró en los talones para salir de la habitación, Piccolo lo detuvo de golpe.
-Coronel Brief, espero que considere lo afortunado que es de haberse ganado a una esposa tan hermosa y que la trate como corresponde. ¿No es propio de un caballero de su país dar el brazo a su prometida para mostrar cuánto la estima, en especial si hay una audiencia observándolo? Si no hay un requerimiento de este tipo en su país, entonces es mi deber informarle que en esta tierra las circunstancias exigen esos cuidados. ¿Me hago entender?
-Por supuesto, Su Majestad - replicó Trunks de manera concisa y, colocándose al lado de Pan, le presentó su brazo mientras miraba la puerta.
Ella era consciente del disgusto que sentía él por tener que ofrecerle un gesto caballeroso, pero también se había dado cuenta de que él la había barrido con su mirada desde la cabeza a los pies antes de dirigir su vista a la puerta. También había guardado en su memoria una imagen de su apariencia y no tenía necesidad de volver a mirarlo para ver lo orgulloso y apuesto que estaba. En realidad, era demasiado bello en rostro y forma como para permitir que su pulso acelerado recuperara su ritmo normal. Estaba sorprendida por el hecho de que su mano había temblado al depositarse sobre la manga y estaba igualmente asombrada al darse cuenta de cuánto la afectaba su proximidad. Hasta la noche del engaño, había estado distante y poco receptiva, pero ahora, aunque le resultara increíble, su interior bullía de emociones demasiado ambiguas para ser evaluadas con claridad. La cuestión que la perturbaba tenía que ver con los cambios recientes que se habían desarrollado en su interior. ¿Cómo podía ser que ella, la altiva Pan, se hubiera encandilado con un hombre en tan poco tiempo?
-¿Tu coche está fuera? - preguntó Trunks al entrar en la antecámara.
- Sí - respondió con timidez, consciente del disgusto que él sentía por tenerla que acompañar-. Pero no tienes que escoltarme si te resulta una carga demasiado pesada.
-Su Majestad me ha ordenado que muestre mi consideración- respondió con sequedad-, al menos cuando nos estén observando. Hasta que estemos a solas, trataré de cumplir con la directiva que me ha dado.
Con estoicismo, continuó avanzando hasta que dejaron atrás el edificio con un paso más deliberado. La dejó en el carruaje que la esperaba y, al cerrar la puerta, dio un paso atrás con un breve saludo a Roshi. Cuando el coche se alejó del palacio, Pan se apoyó en el respaldo del asiento. Se mordió el labio que le temblaba y apretó los párpados para que no dejaran salir las lágrimas que surgían de su corazón. A pesar de su esfuerzo por controlar el torrente, cayeron en anchos canales desde sus oscuras pestañas. Podría decirse que todo había salido bien, pero no le daba ningún placer pensar que había tanto resentimiento atrapado en el hombre que pronto se convertiría en su marido.
Cuando el carruaje llegó a la mansión de N°18 poco tiempo después, ella estaba en la puerta de entrada esperando su regreso con ansiedad, pero acosada por el torrente de lágrimas que no cesaba de caer por sus mejillas, Pan pronunció una débil excusa y se retiró corriendo a su cuarto, donde se encontró con Milk y una barricada de preguntas angustiadas.
- ¡Oh, mi niña! ¿Qué te ha roto de ese modo el corazón?
Con una súplica para que la dejara sola, Pan cayó boca abajo en la cama con baldaquino y sollozó, miserable, hasta que se sintió completamente seca de emociones. Un poco después una luz irrumpió por la puerta, y, en silencio, Pan se incorporó y permitió que N°18 entrara en la habitación.
-No puedo esperar un momento más. – N°18 se excusó por la interrupción y observó los ojos enrojecidos con gran preocupación. - Querida, ¿qué te ha ocurrido para que te pongas así? ¿Se te ha prohibido la entrada en la corte? - Una tímida sacudida de la oscura cabellera dio la respuesta tácita.-¿Fuiste denunciada por el zar?
-No, nada tan trivial - susurró Pan en su desgracia.
N°18 perdió su aplomo y, tomando a Pan de los hombros, la sacudió mientras le exigía con desesperación una respuesta.
- ¡Por todos los cielos, Pan! ¿Qué sentencia ha decretado para ti Su Majestad?
Pan se tragó otro acceso de lágrimas y pronunció con cuidado cada una de sus palabras como si le costara modularlas.
-Su Majestad, el zar Piccolo, ha ordenado que el coronel Brief se case conmigo antes de que termine la semana.
-¿Qué? – N°18 casi gritó de júbilo. - i Oh, Madre Santísima! ¿Cómo pudo ser tan inteligente?
Pan frunció el entrecejo pues no comprendía a su amiga.
- No entiendes. N°18. El coronel Brief me odia, como tú me lo habías advertido. No quiere saber nada de mí y declina profundamente tomarme por esposa.
-Oh, mi querida niña, deja de lado las penas y la angustia- le aconsejó N°18 - . ¿No ves que todo tiene solución? El enfado de Trunks se suavizará con el tiempo. Un hombre no puede ignorar a la mujer que es su esposa.
-¡Me detesta! ¡Me odia! ¡Ni siquiera quiso escoltarme fuera del palacio!
-Sin embargo, cambiará - le aseguró N°18 -. ¿Cuáles son los arreglos?
-Su Majestad preguntó si tú nos aceptarías a los dos en tu casa...
N°18 la interrumpió y le acarició el mentón con un dedo.
-Nunca nadie podrá decir que el zar no tiene la sabiduría y la astucia para manejar por sí solo los asuntos de Rusia. Con esta orden ha demostrado su habilidad para manejar las cosas con inteligencia. - Sonrió a los ojos cargados de lágrimas de Pan y trató de alentarla. - Por un tiempo la ira y aversión que sentís el uno por el otro será un castigo para los dos, Pan, pero cuando la furia pase... - Levantó los hombros en un gesto de alegría. - Sólo Dios sabe cómo van a terminar las cosas. A nosotros nos queda esperar y ver con la ilusión de que todo sea para bien.
N°18 fue a abrir la puerta y recibió con una sonrisa a Milk que esperaba fuera con una tremenda ansiedad. N°18 tomó la frágil mano de Milk en la de ella y la hizo entrar.
- Nunca adivinarás, Milk - dijo con una sonrisa radiante - . El zar ha ordenado al coronel Brief que tome a Pan por esposa.
Las cejas menudas se alzaron por la sorpresa.
- ¡No me diga!
-Sí te digo - le aseguró N°18 - . De hecho, van a casarse antes de que termine la semana, lo que significa pasado mañana.
-¿Tan pronto? - preguntó Milk sorprendida - . ¿Está segura?
- Son Pan acaba de decirlo.
-¿Entonces por qué está tan deprimida? - siguió preguntando Milk sin comprender. Estaba perpleja, pues era incapaz de pensar que alguna mujer pudiera lamentar la idea de casarse con un espécimen tan magnífico.
-Un misterio, sin dudas, pero sus lamentos van a convertirse en júbilo, ¿no lo crees, Milk? - Hizo una breve pausa para recibir su asentimiento.- ¡Sí, Milk! ¡Pero debemos organizar una fiesta para ellos! ¡Una celebración que corone el evento! Debemos decir al coronel que invite a sus amigos y nosotros invitaremos a los nuestros.–N°18 sonrió divertida.- Espero que Maron se sienta completamente devastada cuando se entere del matrimonio de Pan. Será lo que se merece por haber negado a Trunks el derecho de verla. En realidad, se habrían casado antes, si no fuera por esa bruja.
-¡Váyanse, las dos! - gritó Pan dolorida -. Están tomando esto a la ligera y es obvio que no les importo nada. ¡Les digo que estoy sufriendo!
-Entonces te dejaremos que llores en soledad - replicó N°18 sin la menor compasión - . Milk y yo estaremos felices de hacer todos los planes ya que tú te sientes tan mal. - Se dirigió hacia la puerta e hizo una pausa para observar a Pan.- ¿Dónde vais a proferir los votos? ¿Pensasteis en eso?
-Su Majestad tomó la decisión por nosotros. Van a ser pronunciados ante él en el palacio.
-Entonces tenemos que conseguirte un hermoso vestido para la ocasión. Debes estar más guapa que nunca, tanto para el zar como para el coronel Brief.
-No creo que ninguno de los dos se preocupe por mi aspecto-respondió Pan entristecida.
-Sin embargo, debes estar vestida con lo mejor si quieres tener una respuesta cálida de parte de Trunks.
Milk se apresuró a intervenir.
-Mi niña, tiene un sarafan. Es bastante lindo. Pienso que va a hacerle resaltar su belleza, es rosado, tan elegante como ella misma.
-Todo va a estar bien - proclamó N°18 - , y la novia va a dejarlos sin aliento...
